Poul Kjærholm no diseñaba simplemente muebles. Diseñaba estructuras. A mediados del siglo XX, cuando buena parte de los grandes nombres del diseño escandinavo encontraba en la madera el material perfecto para construir una nueva modernidad, el danés decidió mirar hacia otro lado: el acero. Lo trabajó con la precisión de un ebanista, lo despojó de cualquier connotación industrial y lo convirtió en un material elegante, ligero y atemporal. Siete décadas después, sus piezas siguen teniendo la misma capacidad para ocupar un espacio sin imponerse sobre él. Ahora, una exposición en Madrid reúne por primera vez cerca de medio centenar de diseños originales del diseñador.
THE POUL KJAERHOLM COLLECTION, organizada por Fritz Hansen y Naharro, podrá visitarse hasta el 20 de diciembre en el espacio de Naharro, en Sancho Dávila, 4, con entrada libre. La muestra parte de un aniversario triple: los 70 años de tres de las piezas más emblemáticas de Kjærholm, la butaca PK22, la mesa de centro PK61 y el biombo modular PK111, todas concebidas en 1956. Junto a ellas se presentan fotografías, bocetos y otros diseños originales que permiten recorrer la trayectoria de uno de los nombres fundamentales del diseño danés del siglo XX.
Cuando el acero dejó de parecer industrial
Kjærholm perteneció a una generación que cambió para siempre la manera de entender el diseño escandinavo. Sin embargo, mientras sus contemporáneos exploraban las posibilidades de la madera, él encontró su propio lenguaje en el acero, un material que llevó a un territorio inesperado. En sus manos dejó de ser frío o pesado y pasó a formar parte de estructuras visualmente ligeras, precisas y extraordinariamente depuradas.
De sus labios nunca salió el concepto de «lujo silencioso», entre otras cosas porque todavía no existía como categoría. Pero resulta difícil no encontrar en su obra algunos de los principios que hoy asociamos a esa idea: piezas sobrias, materiales nobles, proporciones estudiadas y una ausencia casi total de elementos superfluos. Sus muebles no necesitan reclamar atención para convertirse en protagonistas. Quizá por eso continúan encajando con tanta naturalidad en interiores contemporáneos, desde proyectos residenciales hasta espacios concebidos por algunos de los nombres más reconocidos del interiorismo actual.
Su influencia tampoco se limita al mercado del diseño. Sus piezas forman parte de las colecciones permanentes del MoMA de Nueva York, el Victoria and Albert Museum de Londres y el Louisiana Museum of Modern Art de Copenhague, entre otras instituciones. Diseñadores y arquitectos como Axel Vervoordt, Vincent Van Duysen o Joseph Dirand han incorporado con frecuencia sus muebles a sus proyectos, confirmando la vigencia de un lenguaje creado hace más de medio siglo.
70 años de la PK22 y la PK61
La exposición madrileña encuentra uno de sus principales argumentos en dos piezas que nacieron en 1956 y que todavía hoy forman parte del imaginario del diseño contemporáneo. La primera es la PK22, probablemente una de las creaciones más reconocibles de Kjærholm. Apenas un año después de su lanzamiento comenzó a cosechar reconocimientos internacionales, entre ellos el Grand Prix de la Trienal de Milán, y desde entonces no ha dejado de formar parte de las listas de piezas más deseadas del diseño del siglo XX.
Para celebrar sus siete décadas, Fritz Hansen presenta una nueva versión de la PK22 con Haze, un cuero anilina desarrollado junto al fabricante danés Sørensen. Su acabado ligeramente texturizado y mate, en un tono marrón café oscuro, introduce una mayor sensación de calidez sobre la estructura original de acero cepillado. El resultado mantiene intacta la construcción de la butaca y, al mismo tiempo, modifica su carácter a través de un material que aporta suavidad y profundidad.
La vigencia de la PK22 resulta especialmente llamativa cuando se observa desde la perspectiva de las nuevas generaciones. Thomas Kjærholm, hijo del diseñador, ha explicado cómo la pieza sigue despertando el interés de públicos jóvenes, hasta el punto de convertirse en un objeto que algunos eligen como regalo al terminar sus estudios o con motivo de celebraciones familiares. Una señal de que determinadas piezas consiguen desprenderse de su contexto histórico para convertirse, sencillamente, en buenos objetos.
Junto a ella nació la PK61, una mesa de centro que comparte con la butaca ese mismo espíritu de depuración formal. En 2026 incorpora un nuevo sobre de granito gris blanquecino apomazado, una piedra resistente de matices sal y pimienta que introduce una nueva lectura material sin alterar la arquitectura esencial de la pieza. Juntas, la PK22 y la PK61 contribuyeron a construir una nueva idea de modernidad escandinava: menos dependiente del ornamento y mucho más atenta a la estructura, la proporción y la materia.

El biombo que convirtió el espacio en arquitectura
El tercer protagonista de este aniversario es quizá uno de los diseños menos conocidos de Kjærholm y, precisamente por eso, uno de los más interesantes de la exposición. El PK111 fue diseñado en 1956 para la propia casa que el diseñador proyectó junto a su esposa, la arquitecta Hanne Kjærholm, al norte de Copenhague. Concebido como un elemento para separar las zonas de estar y comedor, el biombo demuestra hasta qué punto el diseñador entendía el mobiliario como parte de la arquitectura.
Con 140 centímetros de altura, estaba pensado para crear intimidad cuando una persona permanecía sentada a la mesa, pero sin bloquear la percepción completa del espacio cuando se ponía de pie. Fabricado en chapa de pino de Oregón, el diseño aprovecha además la dirección vertical de la veta y está concebido para adquirir una pátina cada vez más rica con el paso del tiempo.
Su inspiración procede de los biombos japoneses y orientales, aunque Kjærholm llevó esa referencia a un terreno radicalmente contemporáneo. La verdadera innovación estaba en convertir el biombo tradicional en un sistema modular reducido a una construcción de extraordinaria sencillez. Apenas dos piezas ligeramente desplazadas entre sí bastan para crear una estructura que funciona simultáneamente como mueble, separador y elemento arquitectónico.
La reintroducción del PK111 por parte de Fritz Hansen permite además comprender mejor la amplitud de la obra de Kjærholm. No se trata únicamente de un diseñador interesado en crear sillas, mesas o butacas, sino de alguien que pensaba en cómo los objetos podían modificar la percepción de un espacio. El biombo crea, literalmente, un espacio dentro del espacio.
Una nueva lectura para la PK3
La exposición también incorpora una novedad que no responde a ningún aniversario. Se trata de la PK3, una silla concebida originalmente en 1954 a partir de las primeras investigaciones de Kjærholm con madera y acero. Su construcción combina dos carcasas de madera contrachapada moldeadas mediante presión, soportes visibles de aluminio y una estructura metálica especialmente ligera.
La nueva versión introduce un tapizado frontal que aumenta el confort sin modificar la construcción original. Disponible en roble, nogal y fresno teñido de negro, con bases de acero cromado o acero acabado en pintura negra, la PK3 mantiene la claridad estructural que define la obra de Kjærholm, pero adquiere una expresión algo más cálida gracias al tejido.
Es, en cierto modo, una muestra de lo que ocurre con buena parte de su catálogo: las nuevas incorporaciones no necesitan transformar radicalmente el diseño original. Basta con modificar un material, un acabado o una textura para demostrar que una pieza concebida hace más de 70 años puede seguir funcionando en los interiores de hoy.
Una colección para entender a Kjærholm
Hasta el 20 de diciembre, THE POUL KJAERHOLM COLLECTION ofrece en Madrid una oportunidad poco habitual para contemplar reunidas piezas que normalmente se encuentran dispersas. Organizada por Fritz Hansen, la firma danesa que continúa produciendo buena parte de los diseños de Kjærholm, y Naharro, especializado en piezas originales de grandes arquitectos y diseñadores del siglo XX, la muestra reúne aproximadamente medio centenar de diseños junto a fotografías y bocetos.
El resultado permite leer la obra del diseñador no como una sucesión de iconos aislados, sino como un sistema coherente. Acero, madera, cuero, piedra y contrachapado aparecen una y otra vez bajo una misma premisa: eliminar lo innecesario hasta conseguir que estructura, función y belleza sean prácticamente la misma cosa.
Quizá ahí esté la razón por la que Poul Kjærholm sigue resultando tan contemporáneo. Sus muebles no pertenecen únicamente a una época ni dependen de una tendencia. Fueron concebidos desde una idea mucho más ambiciosa: que un objeto pudiera integrarse en la arquitectura sin desaparecer en ella. Y que, décadas después, siguiera teniendo algo que decir.


