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Por KATY MIKHAILOVA

En Madrid todo cambia. Cambian los restaurantes, las modas, los códigos estéticos, las listas de espera y hasta los barrios. Lo que hoy es imprescindible, mañana parece olvidado. Por eso, cuando un lugar consigue permanecer más de dos décadas y seguir lleno cada noche, quizá ya no estamos hablando de gastronomía. Estamos hablando de carácter.

Llevo más de seis años sentándome en las mesas de Don Lay. Seis años celebrando éxitos, consolándome de fracasos, cerrando acuerdos, reuniendo amigos y recomendándolo una y otra vez a quien me pregunta dónde comer bien en Madrid. Y siempre ocurre lo mismo. Todo el mundo habla del pato laqueado.

Y sí, el pato laqueado es extraordinario, pero hay vida más allá del pato. Mucha vida.

Quizá porque lo verdaderamente interesante de un restaurante no es su plato más famoso, sino todo aquello que sucede alrededor. Lo que permanece cuando la novedad desaparece. Lo que convierte una comida en una experiencia y una experiencia en un recuerdo.

El viernes pasado volví a Don Lay. Y, una vez más, salí pensando que seguimos hablando poco de todo lo demás. Hablamos poco de una lubina que me sirvieron con un delicado toque picante, capaz de reconciliarte con cualquier mal día. De esos platos que no necesitan hacer ruido porque saben exactamente quiénes son. Hablamos poco de unos dim sum que parecen desafiar las leyes de la física. Pequeñas piezas de artesanía gastronómica que llegan a la mesa ligeras, delicadas, casi transparentes, y se derriten en la boca con una elegancia que solo se consigue después de miles de repeticiones, de años de oficio y de una obsesión casi japonesa por la perfección. Hablamos poco de unos torreznos (maridados con tiras de pepino) que aparecieron durante la comida y que me dejaron completamente desarmada. Porque uno cree haberlo probado todo hasta que descubre algo que no sabía ni que existía. Hablamos poco del servicio. Nos atendió Mimi con sumo detalle.

Y eso sí que es raro en Madrid. Porque es relativamente fácil abrir un restaurante bonito. Lo difícil es conseguir que, después de tantos años, cada cliente siga sintiéndose importante. Que el protocolo no resulte frío. Que la profesionalidad no elimine la cercanía. Que el equipo te reciba con la misma sonrisa un martes cualquiera que una noche de máxima ocupación.

Ahí está gran parte del secreto. En la mirada de Nieves Ye. Fundadora de la casa, empresaria, visionaria y heredera de una cultura que entiende la gastronomía como algo mucho más profundo que alimentar el cuerpo. Desde que abrió Don Lay junto a su padre en 2002, ha conseguido algo extraordinariamente difícil: mantener intacta la esencia mientras todo evoluciona a su alrededor.

Y no es fácil. No es fácil defender la cocina cantonesa auténtica durante más de veinte años. No es fácil seguir siendo relevante en una ciudad tan voraz como Madrid. No es fácil sobrevivir en el Barrio de Salamanca, uno de los escenarios más competitivos de Europa. Y, sin embargo, allí sigue. Lleno. Siempre lleno. Quizá porque Don Lay no persigue tendencias. Persigue excelencia. La excelencia de unos dim sum elaborados artesanalmente cada mañana. La excelencia de una bodega de casi cuatrocientas referencias cuidadosamente seleccionadas por Marco Contreras Arellano, uno de esos profesionales que entienden el vino como una conversación y no como una exhibición. La excelencia de una cocina que sigue respetando el producto, el tiempo y el ritual. Y la excelencia de un espacio diseñado por Hurlé & Martín, que ha sabido interpretar perfectamente la personalidad de la casa. Elegante sin ser pretencioso. Sofisticado sin resultar frío. Un lugar donde Oriente y Madrid parecen encontrarse a mitad de camino para conversar tranquilamente durante horas.

Quizá por eso vuelvo. Porque Don Lay me recuerda algo que en estos tiempos parece revolucionario: que la verdadera modernidad consiste en hacer bien las cosas de siempre. En una ciudad obsesionada con lo nuevo, Don Lay ha entendido que el auténtico lujo no está en sorprender. Está en permanecer. Y permanecer, cuando todo el mundo corre, es probablemente la forma más elegante de éxito.

Hay restaurantes a los que uno va. Y luego están esos otros lugares a los que uno acaba perteneciendo un poco. Llevo años entrando y saliendo de Nonnetta. Primero fue el de General Castaños 15. Después llegaron las comidas improvisadas, las reuniones de trabajo que se alargaban más de la cuenta, las cenas con amigos y esas mesas que, sin saber muy bien cómo, terminan convirtiéndose en una especie de segunda casa.

Si me preguntan por qué vuelvo, nunca sé responder exactamente, porque en realidad no es una sola cosa. Es esa terraza escondida de General Castaños 15, un pequeño secreto en pleno centro de Madrid donde parece existir un microclima propio. Cuando la ciudad se derrite en verano, allí corre una brisa inesperada. Cuando llega el invierno, el frío siempre parece quedarse al otro lado de la puerta. Como si Nonnetta hubiera conseguido domesticar el tiempo.

Y luego está Simone. Hay personas que entienden la hostelería como un negocio y otras que la entienden como un arte. Simone pertenece claramente a la segunda categoría. Nos recibe siempre con esa mezcla de profesionalidad y cercanía que hace que uno se sienta importante sin necesidad de que nadie se esfuerce en demostrarlo.

Y, claro, está la mortadela trufada. Porque hay platos que terminan convirtiéndose en una costumbre. Y las costumbres, cuando son buenas, acaban siendo patrimonio emocional. La mortadela trufada de Nonnetta tiene algo especial. Quizá sea el equilibrio entre la intensidad de la trufa y la delicadeza de la mortadela. Quizá sea simplemente que la he comido demasiadas veces felices. No lo sé. Pero cada vez que llega a la mesa siento que estoy saludando a una vieja amiga.

Esta semana, sin embargo, descubrí otra versión de la historia: la de Nonnetta en Príncipe de Vergara 285, y entendí que no habían abierto un segundo restaurante. Habían construido un segundo capítulo. Antes de visitarlo me enviaron un pequeño briefing. Hablaban de una cocina mediterránea centrada en el producto, en el disfrute alrededor de la mesa y en el placer de compartir. De pescados frescos, carnes seleccionadas, mariscos, pasta elaborada a diario y pizzas de larga fermentación. De una cocina sencilla, equilibrada y enfocada al sabor. Pensé que era una bonita declaración de intenciones.

Después fui y comprobé que no era marketing. Era verdad. Nada más entrar uno comprende que allí todo está pensado para transmitir una sensación concreta. Alejarse del restaurante italiano convencional y construir un lugar con alma propia. Maderas recuperadas, libros antiguos, piezas con historia, una iluminación cálida y una atmósfera que mezcla tradición y actualidad sin caer en el decorado impostado.

Las fotografías apenas consiguen captarlo. Las vigas centenarias, las jaulas antiguas suspendidas del techo, las botellas alineadas entre objetos recuperados, los patios escondidos y esos rincones que parecen haber sido transportados piedra a piedra desde algún pueblo del sur de Italia.

Hay momentos en los que uno juraría estar en Sicilia. No en la Sicilia de las postales. En la de verdad. La de las sobremesas eternas. La de las cocinas donde importa más el producto que la etiqueta. La de las familias que entienden que una mesa es mucho más que una mesa.

Y luego llega la comida. El vitello tonnato merece un párrafo propio. Delicado, elegante, perfectamente equilibrado. De esos platos que parecen sencillos hasta que los pruebas y entiendes que detrás hay mucho oficio. Después llegó la pasta. En mi caso, una pasta con gamba absolutamente memorable. De esas que consiguen algo muy difícil: parecer sencillas cuando en realidad son extraordinarias. La textura perfecta, el sabor profundo del mar y esa sensación tan italiana de que no sobra ni falta absolutamente nada.

Porque esa es probablemente la palabra que mejor define a Nonnetta. Equilibrio. Todo tiene sentido. Todo parece estar donde debe estar: la carta, el espacio, el servicio, la cocina abierta, la barra, el ritmo de la sala, la forma en la que los platos llegan a la mesa…

En una época en la que demasiados restaurantes parecen diseñados para ser fotografiados, Nonnetta sigue perteneciendo a esa especie cada vez más escasa de lugares creados para ser vividos. Quizá por eso sigo volviendo, porque el de General Castaños 15 seguirá siendo para mí el lugar de las conversaciones largas, de las sobremesas improvisadas y de esa mortadela trufada que ya forma parte de mi biografía gastronómica, pero el de Príncipe de Vergara 285 me ha permitido descubrir otra faceta de la misma historia. Más abierta, más luminosa, más mediterránea. Dos direcciones distintas. Una misma alma. Y eso, en hostelería, es mucho más difícil de conseguir de lo que parece. Porque hay restaurantes donde se come. Y luego están esos lugares donde uno siempre encuentra una excusa para volver. Nonnetta pertenece, sin ninguna duda, a los segundos. Y quizá ese sea su verdadero secreto. Que no intenta impresionarte. Simplemente te hace sentir en casa. Una casa italiana, claro. De esas donde siempre hay alguien esperando al otro lado de la mesa. Y donde el verdadero lujo no consiste en lo que comes, sino en las ganas que tienes de regresar.

Hay restaurantes que alimentan el cuerpo y otros que alimentan la escena. TATEL Madrid, en plena Castellana, hace ambas cosas. No es solo un restaurante, es una escenografía: luces tenues, elegancia retro, acento internacional y un toque flamenco que irrumpe —literalmente— entre mesas y copas. La música en directo —rumba castiza, nada de lounge anodino— convierte la sobremesa en una especie de tablao emocional donde el protagonismo se reparte entre las ostras, el aguacate a la brasa con gamba roja (sí, el aguacate se ha hecho adulto), y el público que lo llena.
Hay ostras naturales y otras con vestido. Hay rapes como epílogos. Hay cócteles que parecen pensados para quienes coleccionan cenas como quien colecciona portadas. Porque TATEL no es solo gastronomía, que roza la alta cocina sin ponerse pedante, sino coreografía, lugar de paso obligatorio, y excusa perfecta para quedarse un rato más. Un rato largo.

Ubicado en el número 36 de la mencionada arteria de la capital, TATEL Madrid trasciende la categoría de restaurante para convertirse en una auténtica experiencia sensorial. Su propuesta es una fusión vibrante entre la gastronomía española contemporánea, el ambiente sofisticado y una programación artística en vivo que lo posiciona como un emblema del estilo de vida madrileño e internacional. Aquí, todo está pensado para el deleite.

Cocina con raíces, mirada actual

La cocina de TATEL se construye sobre las bases del recetario tradicional español, pero se expresa con una mirada actual, fresca, innovadora. Cada plato se elabora con productos de temporada cuidadosamente seleccionados, y el resultado es una carta que abraza lo local sin renunciar a una proyección global. Desde clásicos como la tortilla trufada o la milanesa TATEL, hasta pescados frescos, arroces con carácter o carnes tratadas con mimo, la propuesta se completa con una coctelería de autor pensada para acompañar cada momento, y una bodega con referencias nacionales e internacionales elegidas con precisión.

Escenario clandestino con alma cosmopolita

El espacio en sí es parte del viaje. Su estética, inspirada en los clubes clandestinos de los años 20 durante la Ley Seca, ofrece una elegancia atemporal con guiños al Art Déco: materiales nobles, luces tenues y una distribución que invita tanto al recogimiento como a la celebración. Todo está dispuesto para que una cena íntima pueda transformarse, en cuestión de minutos, en una velada animada y sorprendente. No es casualidad que este escenario haya sido elegido para rodajes de series como La casa de papel o La Fortuna. Su energía es cinematográfica.

Al mando de los fogones

Al frente de la cocina se encuentra el chef Juan Antonio Medina, figura clave de la alta cocina española, formado en templos como Zalacaín, Arzak y elBulli, y reconocido con una Estrella Michelin por su trabajo en A’Barra. Desde Madrid, lidera el equipo culinario global de TATEL, llevando su visión de la gastronomía mediterránea reinterpretada a cada una de las sedes del grupo. Bajo su dirección, el sabor, la técnica y la calidad del producto conviven en equilibrio perfecto.

Los esenciales de TATEL

Entre los platos que han conquistado a locales e internacionales, la Milanesa TATEL destaca como un icono de la casa. Fina, crujiente, coronada con huevo poché y trufa, es una combinación que eleva lo clásico a lo memorable. La tortilla trufada, por su parte, reinterpreta con personalidad un símbolo de la cocina española, mientras que el arroz con costilla de vacuno cocinado a baja temperatura representa ese mestizaje entre tradición y vanguardia que define la carta. Para cerrar, la ya célebre tarta de queso TATEL, con interior sedoso, base de galleta y helado de miel, se ha convertido en un imprescindible que desafía a los paladares más exigentes.

La música como hilo conductor

La música en vivo es otro de los pilares que convierte a TATEL en un lugar singular. Cada día del año, el restaurante vibra con una programación pensada para animar el ambiente sin robar protagonismo a la conversación ni al plato. Desde vocalistas que llenan el espacio con emoción, hasta DJs que hacen del afterwork un ritual, o percusionistas que marcan el pulso de la noche con el espectáculo Rumba Live Show, todo suma para crear una experiencia multisensorial. Comer aquí es, también, escuchar, sentir, bailar con los sentidos.

Coctelería y bodega a la altura

La coctelería, inspirada en la esencia de las antiguas barras clandestinas, ofrece desde reinterpretaciones de clásicos hasta creaciones propias que rinden homenaje a la sofisticación líquida. Cada trago se acompaña de destilados premium y mezclas elegidas con la misma atención al detalle que define la cocina. A esto se suma una bodega excepcional, comisariada por un equipo de sumilleres que ha reunido etiquetas españolas e internacionales con personalidad y carácter. El vino, como no podía ser de otro modo, marida aquí no solo con los platos, sino con el momento, con la música, con la compañía.

TATEL Madrid es el buque insignia de un grupo que ha llevado esta fórmula de éxito a destinos tan exclusivos como Ibiza, Dubai, Riyadh o Valencia, con nuevas aperturas en camino. Más que una marca, TATEL representa una manera de entender la gastronomía como una celebración de la vida, una experiencia donde cada elemento —la cocina, el entorno, la música y el servicio— se conjugan para crear algo que no se olvida. Porque TATEL se visita, se vive y se recuerda.

Grupo Mosh cierra 2024 con un éxito rotundo, consolidándose como uno de los principales epicentros de la música electrónica a nivel global. Con una inversión histórica de 3.5 millones de euros en concepto de contratación musical y participación de más de 30 Dj’s internacionales de renombre, el grupo ha logrado transformar radicalmente sus espacios emblemáticos, consolidando su presencia en la Costa del Sol como uno de los destinos más exclusivos para los aficionados a la música electrónica y el ocio de lujo.

Inversión histórica y una temporada llena de grandes nombres

La inversión en Dj’s realizada por Grupo Mosh refleja su firme compromiso con la excelencia y su dedicación por crear experiencias únicas que marquen el estándar en la industria del entretenimiento. Esta apuesta significativa ha permitido la participación de más de 30 Dj’s internacionales, consolidando a Grupo Mosh como un verdadero referente y un punto de encuentro para los artistas más prestigiosos y aclamados del panorama global.

Durante toda la temporada, los emblemáticos espacios del grupo han sido testigos de sesiones excepcionales que han cautivado a un público exigente con el talento, la energía y la capacidad de los Dj’s para conectar con la multitud. Entre los nombres más destacados que han pasado por sus escenarios se encuentran &Me, Rampa y Adam Port, tres de los miembros del reconocido colectivo Keinemusik, Black Coffee, Mestiza, Mahmut Orhan, Vintage Culture, Marco Carola, The Martinez Brothers, Gordo, Pawsa, Monolik, Anotr, entre otros grandes artistas, quienes han dejado su huella imborrable en los exclusivos eventos organizados en los renombrados venues de Grupo Mosh.

Grupo Mosh eleva el listón para 2025

Grupo Mosh continúa demostrando su firme compromiso con la calidad y la innovación, ofreciendo una experiencia completa donde la música electrónica de primer nivel se fusiona con una oferta de ocio vanguardista que incluye gastronomía de alto nivel y un ambiente exclusivo. Esta apuesta por la excelencia consolidó al grupo como uno de los mayores referentes de la industria de la música electrónica, gracias a su capacidad para reunir a los artistas más influyentes del momento.

Con la vista puesta en 2025, Grupo Mosh sigue adelante con su ambicioso plan de expansión, preparando nuevos proyectos que continuarán marcando tendencia en la industria del entretenimiento. La marca continúa siendo una de las principales fuerzas impulsoras de la evolución de la Costa del Sol como destino global para la música electrónica y el ocio de calidad.

 

Gran Plaza 2 fue realizado en un estilo neoclásico por el prestigioso estudio de arquitectos Chapman Taylor pero podría evocar a los centros comerciales de Dubái por sus grandes cristaleras, columnas y la majestuosidad de su infraestructura. El centro se encuentra articulado en torno a dos grandes salas inundadas de luz natural.

Este centro comercial dispone de una exhaustiva oferta comercial, con 180 marcas, un supermercado, 6 salas de cine, y una zona exterior única denominada «Los Jardines» incorporando terrazas, áreas de juego, y fuente interactiva. Desde la construcción de los Jardines de Gran Plaza, su imagen se ha renovado y la naturaleza es un elemento presente que aporta serenidad, armonía y sosiego.

Lujo y tiendas

Empezar con un café en “Harry” es recomendable, debido a que, tal y como reza su rótulo Coffee is a state of mind lo que implica para los más cafeteros, que el café es un estado mental y una actitud indispensable para disfrutar del día con energía.

Comenzar nuestras compras en Tous siempre es un acierto y poder lucir unas perlas como la mismísima Audrey Hepburn. Para manifestar tu perfecto desayuno con diamantes, también puedes acudir a José Luis, una de las joyerías españolas por excelencia, que brinda glamour desde 1975.

Si te gustan los clásicos, puedes pasarte por Levi´s porque nunca pasa de moda, al igual que Zara. Muy cerca se encuentran Guess y Marciano, el Ganso o Scotta, que cumple su décimo aniversario.

En lo que se refiere a hacer un break para almorzar, una opción interesante puede ser “Puro ego”, un restaurante circular genuino y singular. “The Fitzgerald” también dispone de un local dentro del centro en el que priman el arte y la creatividad como lema de diseño.

Si eres team iPhone estás de suerte, porque en Gran Plaza 2 hay tienda Apple en plena promoción de iPhone 16 Pro Max. Entre tienda y tienda, podemos encontrar marcas como Dior y Loewe en la perfumería.

Para reponer fuerzas, una parada en Starbucks siempre es útil y además en este local, hay un mural pictórico de naturaleza ejecutado por @soyhaering.

Para las familias que acudan con niños, disponen de la opción “The kids Garage” en la que los niños pueden conducir su pequeño Audi -tamaño infantil- mientras los padres pasean y realizar sus compras.

Sostenibilidad

Desde que nació Gran Plaza 2, la ecología fue una apuesta presente con la implantación de soluciones sostenibles para el medioambiente.

Esta iniciativa les permitió optar al programa dentro del marco del Plan de Recuperación, Trasformación y Resiliencia. Este plan es financiado por la Unión Europea- Next Generation EU-, debido a la planta fotovoltaica que se ejecutó en el centro y que supuso una medida en pro de las energías renovables.

 

El show gastronómico y musical más rompedor de Europa, vuelve a ser en este 2022 el referente de ocio de Madrid.

Con más de 35.000 entradas vendidas desde su estreno, WAH Madrid se consolida una vez más, como el plan elegido en la capital para disfrutar en pareja, en familia o con amigos. En WAH Madrid, la fiesta y la diversión están aseguradas, tan sólo hay que acudir a IFEMA Madrid para vivir la experiencia del espectáculo musical y gastronómico más espectacular del mundo. Al más puro estilo Las Vegas y Broadway, el espectáculo, inédito en España es un show en el que confluye gran parte del talento de la escena nacional e internacional del momento.

WAH 2022

Con un formato disruptivo y una sensacional puesta en escena, WAH Madrid incorpora, además, un elenco de artistas y profesionales que ha trabajado para los Oscars, Eurovisión, el West End Londinense y Broadway, así como para las principales bandas y cantantes del mundo desde Sting a ACDC pasando por algunos de los templos de la ópera y la electrónica internacional; todo ello aderezado con destreza en una mezcla nunca antes vista y con un único lenguaje: la música.

Con una fusión de géneros musicales de lo más dispar desde Puccini, Paco de Lucia, Guns & Roses, Guetta o Lady Gaga, entre otros gigantes de la música-, se mezclan para crear una experiencia única. WAH Madrid no es solo un espectáculo musical sino un nuevo concepto de entretenimiento, una auténtica explosión de sensaciones, que convertirá al público en mucho más que meros espectadores: en parte del show.

WAH, el show de moda de Madrid

ESPECTÁCULO, CENA, DIVERSIÓN Y UN FIN DE FIESTA ÉPICO 

¿Es posible fusionar el talento musical con la experiencia gastronómica más imponente que se haya visto jamás en un espectáculo que aúne diversión y emociones, y culmine en una gran fiesta para todos? La respuesta es sí. WAH Madrid incorpora como parte del show un WAH Food Hall de más de 2000m2 con 12 estaciones gastronómicas con Show Cooking, en un viaje culinario a través de los sabores de los cinco continentes, con performances y actuaciones en vivo.

Delicatesen traídas directamente de las mejores gastronomías del mundo, los mejores ibéricos, hamburguesas gourmet, la mayor propuesta asiática de firma o la mayor oferta vegana para un show de Europa, convierten a WAH Madrid en el place to be de los amantes de la gastronomía y el entretenimiento al más alto nivel. Música, diversión, cena y un fin de fiesta épico que culmina en el lugar perfecto para tomar una copa o un cóctel al estilo de los mejores Night Clubs de Nueva York, todo ello sin salir de IFEMA Madrid.