Con la llegada de la primavera y los primeros planes al aire libre, el ritual del aperitivo vuelve a cobrar protagonismo. Aperol celebra esta temporada de encuentros con su emblemática botella rediseñada, una silueta más estilizada que combina tradición italiana y diseño contemporáneo, convirtiéndose en la compañera perfecta para los planes de Semana Santa: desde terrazas al sol hasta picnics improvisados o comidas con amigos después de una escapada.

Dónde disfrutar del aperitivo con estilo

Aperol invita a descubrir algunos de los locales más especiales donde brindar con la nueva botella y compartir momentos únicos. Entre ellos destacan:

  • El Bonanno – Madrid: Spritzería icónica de La Latina y punto de encuentro del barrio desde los años 90.
  • La Destilería – Bilbao: Espacio de estética industrial y carácter bilbaíno, con personalidad propia.
  • Pez Limón – Zahara de los Atunes: Terraza frente al mar para bailar al atardecer y disfrutar de la libertad.
  • Balneario Beach Club – Tarifa: Oasis playero con carta de productos locales y refrescantes aperitivos.
  • La Playa Surf House – Málaga: Encuentro relajado con vibra surfer y esencia mediterránea.
  • Filippa’s – Valencia: Local elegante y acogedor con toque contemporáneo.
  • Montgo di Bongo – Jávea: Ambiente tropical y desenfadado a los pies del Montgó.
  • Mizzica – Barcelona: Local con aire mediterráneo y personalidad en un barrio vibrante.
  • Cap Sa Sal – Begur: Enclave exclusivo en la Costa Brava con vistas únicas al mar.

Estos espacios reflejan el espíritu vibrante y social de la marca, ideales para compartir el Aperol Spritz y celebrar la temporada.

Un icono renovado para una nueva era

Desde su creación en 1919, Aperol ha sido sinónimo de ligereza, conexión y cultura compartida. La nueva botella mantiene su esencia mientras incorpora detalles contemporáneos: relieve ondulado en el hombro que capta la luz, silueta estilizada inspirada en la arquitectura italiana y etiqueta frontal más pequeña que cede protagonismo al vibrante color naranja.

En la parte trasera, una etiqueta transparente incluye la guía para preparar el Aperol Spritz perfecto, invitando a que cada encuentro se convierta en un momento de celebración.

Con raíces en la tradición italiana

Elaborado en Italia y disfrutado en todo el mundo, Aperol Spritz representa mucho más que una bebida: es una actitud. Es la pausa antes de la noche, el instante dorado donde el día se diluye y comienzan las conversaciones. Su equilibrio ligero, fresco y sutilmente amargo lo ha convertido en el aperitivo social por excelencia.

Mezclado con Prosecco y un toque de soda, el ritual es sencillo y casi intuitivo, pero con capacidad de transformar cualquier momento cotidiano en celebración.

Disponibilidad y expansión

El nuevo diseño se implementará progresivamente a partir de marzo de 2026 en toda la gama de la marca y estará presente en todos los puntos de contacto con el consumidor, tanto en el canal on-trade como en el off-trade, consolidando a Aperol como el aperitivo imprescindible de esta Semana Santa y de la temporada primavera-verano.

La Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (MBFWM) ha cerrado una nueva edición confirmando no solo las tendencias que marcarán la moda, sino también las que definirán el lifestyle de los próximos meses. Entre desfiles, focos y estilismos, un gesto se ha repetido con insistencia en el epicentro social del evento: una copa escarchada, hielo, burbuja y un característico tono rosado. El Paloma se ha convertido en el cóctel omnipresente en el Kissing Room, consolidándose como el gran protagonista líquido de la cita y anticipando su dominio en terrazas durante la temporada primavera-verano.

Donde todo sucede

El Kissing Room de la pasarela madrileña ha vuelto a erigirse como el punto neurálgico donde confluyen modelos, diseñadores y prensa especializada. En este espacio, convertido en termómetro de tendencias más allá de la moda, el Paloma elaborado con Schweppes Pomelo y Tequila 1800 Blanco ha sido el combinado más demandado.

Su éxito no es casual. Refrescante, ligero y con un perfil cítrico sofisticado, responde a una nueva forma de consumo más consciente y social. La combinación de acidez, amargor y un sutil dulzor, junto a una burbuja fina y persistente, lo sitúa como una opción versátil que encaja con los gustos actuales y con una generación que prioriza experiencias equilibradas.

El auge del agave y la consolidación de una tendencia

El crecimiento del Paloma en España está estrechamente ligado al auge de la cultura gastronómica mexicana y, en particular, al interés por los destilados de agave. Cada vez más presentes en cartas y barras, estos productos han despertado la curiosidad de un consumidor que busca sabores más complejos, frescos y menos azucarados.

En este contexto, el papel de Schweppes ha sido determinante. La marca ha impulsado esta tendencia con el desarrollo de Schweppes Pomelo, una referencia diseñada específicamente para potenciar el perfil del cóctel, aportando complejidad y una burbuja elegante que eleva la experiencia.

Por su parte, Tequila 1800 Blanco, elaborado con agave 100 % azul Weber, aporta el equilibrio perfecto entre tradición y modernidad. Su proceso de producción, que abarca desde la recolección manual del agave hasta su destilación, refuerza su posicionamiento como un destilado premium vinculado a la creatividad y al estilo de vida contemporáneo.

El retorno de un clásico que dominará las terrazas

Como ocurre en la moda, la mixología vive un momento de reinterpretación de los clásicos. El Paloma, uno de los cócteles más emblemáticos de México, resurge con fuerza como heredero natural del gin-tonic. Su origen, rodeado de cierto misterio, y su posible vínculo con una canción popular del siglo XIX, añaden un componente cultural que refuerza su atractivo.

Sencillo de preparar, refrescante y ligero, este long drink conecta con una idea de consumo asociada al disfrute relajado y a los espacios abiertos. Un cóctel que evoca sol, mar y desconexión, y que encuentra en las terrazas su escenario natural.

Todo apunta a que el Paloma no se quedará en la pasarela. Su consolidación en un escaparate como la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid lo posiciona como la gran apuesta para los próximos meses. Con un perfil adaptado a las nuevas preferencias del consumidor y el respaldo de marcas clave del sector, este combinado se perfila como el gran protagonista del verano. Si la moda marca el pulso de lo que está por venir, el mensaje es claro: esta temporada, el brindis se sirve en clave cítrica y con acento mexicano.

Cómo preparar el Paloma perfecto en casa

Más allá de su éxito en eventos y terrazas, el Paloma también se consolida como un cóctel accesible para replicar en casa. Su sencillez en la preparación y la facilidad para encontrar sus ingredientes lo convierten en una opción ideal para quienes buscan una alternativa refrescante y equilibrada.

Ingredientes

  • Zumo de lima
  • Sal y tajín (para el borde del vaso)
  • Hielo
  • 4 cl de Tequila 1800 Blanco
  • 2 cl de zumo de limón
  • Schweppes Pomelo
  • Rodaja de pomelo fresco

Elaboración

El primer paso es preparar el vaso: se humedece el borde con zumo de lima y se escarcha con una mezcla de sal y tajín, aportando un contraste entre lo salino y lo cítrico. A continuación, se llena el vaso con hielo y se añade el tequila junto con el zumo de limón. Se completa con Schweppes Pomelo, que aporta la burbuja y el carácter refrescante, y se mezcla suavemente para integrar los sabores. Como toque final, se decora con una rodaja de pomelo fresco, reforzando el perfil aromático del combinado.

Berria cumple cinco años desde su apertura frente a la Puerta de Alcalá y lo conmemora con una serie de acciones que incluyen un menú especial fuera de carta, catas y propuestas en torno a su bodega. El restaurante, consolidado como uno de los referentes gastronómicos y vinícolas de la capital, refuerza así una propuesta basada en la cocina de producto y en una de las vinotecas más amplias de Madrid, con más de 3.000 referencias y una importante selección de vinos por copas.

Un concepto consolidado en el circuito gastronómico madrileño

Durante este lustro, Berria ha desarrollado una propuesta que combina restaurante y wine bar, con cocina ininterrumpida y una oferta adaptada a distintos momentos del día. Su posicionamiento le ha permitido integrarse en el circuito gastronómico de la ciudad y figurar entre los restaurantes recomendados en la Guía Repsol.

La propuesta se articula en torno a la cocina de producto y a una experiencia centrada en el vino, con una bodega que reúne referencias de distintos orígenes y cosechas. A lo largo de estos cinco años, el restaurante ha incluido más de 7.300 referencias en carta, procedentes de 28 países y 198 variedades de uva, y ha servido más de 1.700 vinos por copa.

Un menú especial para celebrar el aniversario

Con motivo de la celebración, Berria incorpora a su oferta habitual un Menú Aniversario que reúne algunos de los platos más representativos de su carta junto a una selección de vinos. Este menú se presenta en tres formatos con precios de 60 €, 75 € y 95 €.

Entre las elaboraciones incluidas se encuentran platos como la patata chip con anchoa y velo ibérico, las croquetas de jamón ibérico, las albóndigas en salsa de cocido madrileño o el pepito de solomillo de ternera en formato katsu sando. La propuesta gastronómica se acompaña de un maridaje con los vinos más demandados durante estos cinco años, seleccionados por el equipo de sumilleres.

Acciones especiales en torno al vino

Además del menú, el aniversario incluye distintas iniciativas dirigidas a los aficionados al vino. Durante el mes de marzo, los clientes podrán acceder a una selección de vinos especiales a precios reducidos, así como a propuestas como el brunch del restaurante o los viernes dedicados a grandes formatos.

Estas acciones se enmarcan en el crecimiento del proyecto, que ha consolidado una comunidad de clientes y ha reforzado su posicionamiento como espacio especializado en vino dentro de la oferta gastronómica de Madrid.

El papel del equipo de sumilleres

Uno de los elementos diferenciales del restaurante es su equipo de sumilleres, dirigido por Mario Ayllón. Este grupo se encarga de guiar al comensal en la elección del vino, aportando distintos enfoques y criterios en función de cada visita. La experiencia en Berria se construye así como un recorrido en el que el vino adquiere un papel central, complementando una propuesta gastronómica que apuesta por el producto y por un servicio especializado.

Por MARCO DE PABLOS

La madrileña Plaza del Carmen atraviesa una etapa de esplendor que la consolida como uno de los enclaves imprescindibles del centro cuando el apetito aprieta. A sus pies, el Grupo Lamucca cuenta con uno de sus espacios insignia bajo el nombre homónimo, pero ahora amplía horizontes con una nueva apertura en las alturas: Makáá, ubicado en la azotea del recién inaugurado Thompson Madrid.

Al detalle

El restaurante se despliega en el rooftop del establecimiento hotelero como un espacio concebido al milímetro, donde cada rincón responde a un momento distinto del día. El acceso, desde la propia plaza, anticipa la experiencia. Un ascensor conduce hasta el escenario de la velada. La primera parada dominada por su Reposado Bar, perfecto para un cóctel bajo el cielo capitalino. Al atravesarlo, sobre un delicado vacío de luces que evoca una aquelarre de luciérnagas, se revela el corazón del proyecto: el comedor, articulado en torno a una barra cuadrada rodeada de asientos, con una paleta de tonos tierra. A su alrededor, las mesas se insinúan entre frondosas plantas y arbustos, componiendo pequeños refugios que invitan a la charla y el disfrute. Y como telón de fondo, unas vistas inmejorables que se despliegan a través de amplias cristaleras, convirtiendo a la ciudad en parte esencial del relato.

El universo visual de Makáá lleva la firma de Patricia Bustos, cuya intervención traduce el concepto de fuego desde la calma. Volúmenes suaves, texturas vivas y guiños a la arquitectura brutalista de los años setenta conviven con una estética mediterránea que dialoga con la azotea. Bustos construye un escenario táctil y sereno, donde cada detalle —desde los óculos que enmarcan el skyline hasta las superficies envejecidas que respiran el paso del tiempo— convierte el espacio en una experiencia sensorial.

Las brasas, el hilo conductor

En este nuevo restaurante, el fuego es el protagonista. La cocina se muestra a la vista, con el tiempo que cada producto necesita, recuperando esa idea de volver al origen. Según sus artífices, esta nueva propuesta “mira al Mediterráneo, pero se cocina desde Madrid”, y en ella: “el producto manda”.

La carta es amplia y pensada para que cualquiera encuentre su sitio, pero con un hilo conductor evidente: el fuego. Aparece ya desde el inicio, en platos como el tartar de tomate ahumado, una versión vegetal muy bien resuelta y que nada tiene que envidiar al tartar de carne más clásico, con el que convive. A partir de ahí, el recorrido se mueve entre verduras, pescados y carnes, siempre con la brasa como nexo. En los entrantes, la huerta tiene peso, con propuestas como la coliflor a la brasa o los puerros con salsa romesco. De la lonja llegan pescados como la lubina o el lenguado, trabajados con precisión para mantener su carácter, mientras que en las carnes destacan el pollo a la brasa, la pluma ibérica o el lomo bajo, bien afinados y coherentes con el planteamiento general.

Mención aparte merecen las guarniciones, que aquí no se quedan en segundo plano. Las patatas fritas, un clásico que aquí no defraudará, funcionan como un valor seguro, y los tirabeques aportan un contrapunto más fresco, pero igual de apetecible. En los postres, el cierre mantiene el nivel, con opciones como las originalísimas frambuesas con chantilly o el suflé de chocolate. La propuesta se completa con una carta de vinos amplia y una selección de cócteles que invitan a prolongar la cita y las ganas de volver, una idea que merodeará tu cabeza nada más abandonar Makáá.

Por KATY MIKHAILOVA
Qué suerte (y no es una frase hecha) de poder desaparecer un miércoles cualquiera en el corazón de Chamberí y entrar en un lugar donde todo está pensado para que el tiempo deje de importar.

Pilar Akaneya (C/ Espronceda, 33) no es solo un restaurante. Es casi un ritual. Un pequeño Kioto en Madrid, donde la gastronomía japonesa se vive desde la raíz, con una propuesta estacional que se va transformando a lo largo del año.

Siete mesas. Solo siete. Como si alguien hubiera decidido que el lujo no está en tener más, sino en que pase menos… pero mejor. Siete mesas para apenas 23 comensales, en un espacio concebido para que cada detalle tenga sentido y cada gesto sea parte de la experiencia.

Desde el primer gesto (cuando te descalzas, te ofrecen unas zapatillas y dejas fuera el ruido del mundo) empieza algo que no es exactamente una cena. Es otra cosa. Más lenta. Más consciente. Más íntima. Un recibimiento que forma parte de la tradición japonesa, con ese momento casi ceremonial de la toalla caliente como símbolo de purificación, mientras el equipo te introduce en la historia y el concepto del lugar.

Fui con Luis María Díaz de Bustamante (autor de El viudo, Planeta), y los dos tuvimos la misma sensación: aquí no vienes a comer, vienes a escuchar el sabor.

Porque todo sucede con una precisión casi emocional. El carbón encendido, la carne que se trabaja delante de ti, el instante exacto en el que decides cómo quieres ese bocado. El juego entre fuego y tiempo. El gesto de cocinar tu propia pieza, casi como un hot pot japonés, pero llevado a una dimensión más silenciosa, más elegante (una experiencia ligada al sumibiyaki, la técnica japonesa de cocción a la brasa que define la esencia del lugar).

Y luego el arroz. Siempre el arroz. Ese acompañante que en realidad sostiene todo. O platos como la anguila estilo Kanto (124,90 euros dentro del Menú Fukuroi), cocinada a baja temperatura y terminada a la brasa con una salsa secreta, servida sobre arroz en un tradicional masu japonés, que elevan la experiencia más allá de la carne.

La experiencia gira alrededor del Kobe y del Matsusaka (procedente de Ito Ranch) como si fueran más que carne: como si fueran memoria, cultura, obsesión por el detalle. Cada corte es una excusa para detenerte. Para no hablar. Para simplemente estar. Incluso el maridaje se plantea como una extensión de la experiencia (con opción de añadirlo por separado), permitiendo al comensal personalizar aún más el recorrido. Para quienes buscan una experiencia más completa, el Menú Sansekai (195 euros) propone una inmersión más amplia dentro del universo del sumibiyaki.

Hay algo profundamente bello en ese silencio. En ese “ruido del sabor” que aparece cuando todo lo demás desaparece. En ese concepto de omotenashi (la hospitalidad japonesa llevada al extremo) donde la serenidad, la elegancia y la atención al detalle no son discurso, sino práctica constante.

Sales de Akaneya con la sensación de que durante unas horas el mundo ha ido más despacio. Y de que, quizás, así debería ser más a menudo. Un pequeño Kioto en Chamberí, donde la gastronomía se convierte en una forma de detener el tiempo.

El Día del Padre ha dejado de ser, para muchos, una fecha marcada únicamente por regalos materiales. En un contexto donde el tiempo se ha convertido en el verdadero lujo, propuestas como la de BLESS Hotel Madrid elevan la celebración hacia una experiencia sensorial y emocional. En pleno Barrio de Salamanca, el establecimiento plantea una jornada que invita a detenerse, mirar alrededor y, sobre todo, disfrutar. Entre vistas y sobremesas , la idea es clara: celebrar.

Brindar desde las alturas: el magnetismo de Picos Pardos

La llegada de la primavera devuelve a la ciudad uno de sus espacios más codiciados: Picos Pardos Sky Lounge. El rooftop de BLESS Hotel Madrid se sacude el invierno y recupera su esencia más abierta y luminosa, consolidándose como un refugio urbano donde el ritmo se desacelera.

Aquí, el Día del Padre se transforma en una excusa perfecta para reencontrarse con Madrid desde otra perspectiva. Cócteles de autor, conversaciones sin reloj y un skyline que acompaña la tarde convierten la experiencia en algo más profundo que un simple brindis. Es, en esencia, una reivindicación del tiempo compartido frente a la inercia cotidiana.

Pinzelada Lounge: la elegancia de lo cotidiano

Para quienes buscan una celebración más íntima y reposada, Pinzelada Lounge propone un viaje gastronómico que comienza desde primera hora del día. Su oferta de desayunos, que combina opciones saludables y recetas clásicas reinterpretadas, marca el tono de una jornada que apuesta por el disfrute pausado.

A medida que avanza el día, el espacio evoluciona hacia una propuesta culinaria pensada para compartir. Platos que dialogan entre tradición y contemporaneidad construyen el escenario perfecto para una comida familiar donde la sobremesa no es un trámite, sino el verdadero protagonista.

El valor de celebrar

Más allá de la oferta gastronómica o las vistas, la propuesta de BLESS Hotel Madrid encierra un mensaje que conecta con una tendencia cada vez más evidente: la necesidad de desacelerar. Frente a celebraciones fugaces, el hotel apuesta por reivindicar los pequeños rituales —una conversación que se alarga, una copa que no entiende de horarios— como el auténtico lujo contemporáneo.

Porque, en última instancia, el Día del Padre no se mide en objetos, sino en instantes. Y pocas cosas resultan tan memorables como aquellos momentos que, sin darnos cuenta, consiguen detener el tiempo.

Hay regalos que se olvidan y otros que se disfrutan sorbo a sorbo, como los grandes destilados. Este Día del Padre es la ocasión perfecta para levantar la copa por quienes nos enseñaron a valorar el tiempo, el cuidado en los detalles y el placer de compartir. Elegir una botella excepcional es, además de un obsequio, un gesto que habla de legado, carácter y celebración. Aquí, nuestra selección.

Bushmills 10 Year Old: el lujo es cuestión de tiempo

Bushmills 10 Year Old es un single malt irlandés que demuestra que la verdadera sofisticación requiere paciencia. Triple destilado y madurado al menos diez años en barricas de bourbon y jerez, ofrece un whiskey suave y equilibrado con notas de miel, vainilla, chocolate con leche y cítricos. Elegir Bushmills es apostar por la historia de la destilería más antigua con licencia desde 1608 y por un lujo que se saborea con cada sorbo.

1800 Guachimonton: tradición mexicana en una botella icónica

Inspirado en el Valle del Tequila y en el sitio arqueológico de Los Guachimontones, Patrimonio Mundial de la UNESCO, 1800 Guachimonton es una referencia súper premium de 1800 Tequila. Elaborado con 100% agave Blue Weber, se añeja en barricas de roble americano y se termina en barricas de licor de naranja, logrando un perfil suave con notas de miel y cítricos. Su botella de cerámica roja, evocando pirámides y arcilla, convierte a esta edición en un regalo memorable.

Maestro Dobel 50 Cristalino: innovación que seduce

Maestro Dobel 50 Cristalino combina tradición y vanguardia. Elaborado con 100% agave Blue Weber y envejecido durante tres años en barricas de roble, su filtrado con carbón activo elimina el color sin sacrificar complejidad. El resultado es un tequila sedoso y sofisticado, con notas de caramelo, miel, frutos secos y matices frutales, ideal para quienes buscan un regalo que sorprenda y deleite.

José Cuervo Tradicional: el tequila para compartir momentos

Con más de dos siglos de historia, Jose Cuervo Tradicional Silver representa la esencia del tequila icónico. Su perfil aromático, con notas de agave cocido y matices herbales y frutales, es perfecto para disfrutar solo o en cócteles clásicos como la Margarita, la Paloma o la Muletta. Un destilado pensado para brindar y crear recuerdos compartidos en este Día del Padre.

El restaurante Sessions del mítico Hard Rock Hotel Madrid, ubicado en el número 17 de la Ronda de Atocha, inicia una nueva etapa gastronómica con una carta completamente renovada que amplía su propuesta sin perder su identidad. La idea es clara: platos pensados para compartir, sabores reconocibles pero con personalidad y una experiencia que encaja con el espíritu del hotel. La nueva oferta se construye sobre tres pilares que definen el concepto del restaurante: mantenerse fiel al estilo Hard Rock que impregna el espacio, incorporar un marcado toque castizo y apostar por una cocina hecha íntegramente en casa. El resultado es una carta versátil que combina referencias internacionales con guiños muy madrileños.

Tres pilares para una carta con personalidad

La nueva propuesta de Sessions se apoya en tres pilares: mantener el espíritu Hard Rock, incorporar un toque castizo y apostar por una cocina hecha en casa. El resultado es una carta que combina referencias internacionales con platos muy reconocibles de la tradición madrileña.

Ese guiño local se percibe especialmente en los entrantes, donde aparece un pequeño recorrido por el tapeo más castizo, muy en línea con la oferta gastronómica del vecindario en el que se ubica el hotel. No faltan las gildas —con boquerones o anchoas—, la ensaladilla rusa o las clásicas croquetas de jamón, pensadas para abrir boca y compartir.

A este apartado se suman otros “picoteos madrileños”, como la tabla de jamón ibérico con tomate rallado y picos de pan, las patatas bravas con alioli de ajo negro, los torreznos sobre patata revolcona o el calamar frito con alioli y lima.

Junto a ellos conviven propuestas con guiños más internacionales, como los Nachos Overdrive con carne desmechada casera, guacamole y salsa de queso o las croquetas de mac & cheese, que completan una carta pensada para compartir y disfrutar sin demasiadas reglas.

El horno Josper, el gran protagonista

Si hay un elemento que define la cocina de Sessions es el horno Josper. Este horno de carbón se convierte en el auténtico motor de la cocina y en el responsable de ese toque ahumado que marca buena parte de la carta.

Gracias a él, muchas de las carnes alcanzan un punto especialmente intenso, desde cortes como el entrecot hasta elaboraciones más informales como hamburguesas o tacos de ternera que ganan profundidad de sabor gracias al paso por las brasas.

Las hamburguesas son, de hecho, uno de los grandes platos estrella de la casa. Se elaboran con carnes seleccionadas y pan brioche, en combinaciones que buscan intensidad y equilibrio. Entre las más destacadas está la Hamburguesa Española, que combina carne de ternera con guiso de rabo de toro desmigado, queso Idiazábal y alioli de ajo negro, un auténtico must de la carta, o la Cuatro Quesos, con salsa cremosa, bacon y cebolla frita.

El Josper también entra en juego en otros platos principales como la pechuga de pollo de corral con piel crujiente, la lubina a la bilbaína —una de esas elaboraciones que merece pedirse sí o sí— o las costillas cocinadas a baja temperatura con salsa barbacoa asiática.

El final más dulce

La parte dulce mantiene la misma filosofía: recetas reconocibles pero bien ejecutadas. No faltan clásicos como la tarta de queso o el brownie con helado. No obstante, si hay un postre que cobra especial protagonismo en este momento del año es la torrija caramelizada con helado. Con la llegada de la Cuaresma, este dulce tradicional se convierte en una de las propuestas más apetecibles de la carta, aportando ese guiño final a la tradición que ahora también forma parte de la identidad del restaurante.

Durante la Cuaresma, muchos comensales buscan alternativas al consumo de carne, especialmente los viernes de vigilia. En ese contexto, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa y se convierte en una oportunidad para redescubrir algunos de los productos más apreciados del mar. En Azahara, el restaurante andaluz ubicado en el barrio de Salamanca, el protagonista indiscutible es el atún rojo salvaje, un producto que vertebra gran parte de su propuesta gastronómica y que encuentra en este momento del calendario una ocasión perfecta para brillar.

El sabor del sur llega a Madrid

La gastronomía andaluza es una de las más reconocibles del panorama culinario español. Sabrosa, directa y profundamente ligada al producto, su esencia se basa en el disfrute y en una forma de vivir la mesa sin artificios. Ese espíritu es precisamente el que define la propuesta de Azahara, un restaurante que ha logrado trasladar a la capital los sabores más auténticos del sur.

Detrás del proyecto se encuentra el empresario hostelero Sergio Fermosell, impulsor del Grupo Macarena, responsable también de otros establecimientos como Macarena, Marimorena y Casa Julián, además de Jarana. Con Azahara, Fermosell ha creado un espacio donde conviven recetas tradicionales andaluzas y una mirada contemporánea que respeta el producto por encima de todo.

Una oda al atún rojo salvaje

El gran hilo conductor de la carta es el atún rojo salvaje, uno de los pescados más valorados por los amantes de la gastronomía. En Azahara llega directamente desde las costas andaluzas gracias a productores especializados como Gadira y JC Mackintosh, lo que garantiza la calidad y trazabilidad de cada pieza.

La cocina del restaurante explora prácticamente todas las partes del atún y sus diferentes texturas, desde crudos y semicrudos hasta elaboraciones tradicionales. En la carta destacan propuestas como el tartar de descargamento o el jamón de ventresca ahumado, el tataki de lomo blanco o el singular tuétano de atún, una elaboración poco habitual en Madrid que se asa en horno de carbón y se sirve con tartar del propio espinazo y yema de huevo.

En el apartado de platos calientes tampoco faltan clásicos de la cocina del sur como el atún encebollado o el morrillo de atún rojo, recetas que reflejan la tradición marinera andaluza y que convierten a este producto en el auténtico protagonista de la experiencia gastronómica.

Mucho más que atún: tradición andaluza en cada plato

Aunque el atún rojo sea el eje de la propuesta, Azahara es también un homenaje a la cocina andaluza en sentido amplio. Su carta reúne recetas que forman parte del imaginario gastronómico del sur, reinterpretadas con una presentación contemporánea.

Entre ellas destacan las croquetas de puchero o de choco y tinta, las berenjenas cordobesas con salmorejo, la ensaladilla rusa con ventresca y mojama o sus pescados fritos, todos ellos aptos para celíacos. A estos platos se suman guiños a otras tradiciones culinarias, como el taco de langostinos de Sanlúcar acevichados con guacamole, que mezcla influencias mexicanas y peruanas.

Furtivo, el secreto mejor guardado del restaurante

Más allá del comedor principal, Azahara esconde un espacio singular que se ha convertido en uno de los grandes atractivos del restaurante: Furtivo. Este espacio, situado en la planta inferior y concebido como un speakeasy gastronómico, acoge durante todo el año espectáculos de ronqueo de atún rojo salvaje.

En estas citas, la pieza llega suspendida desde el techo hasta la mesa de despiece, donde comienza el tradicional proceso de corte que da nombre al ronqueo por el sonido que produce el cuchillo al rozar la espina del pescado. Los asistentes pueden disfrutar después de la propuesta gastronómica del restaurante o de un menú degustación centrado exclusivamente en este producto.

Un espacio que respira Andalucía

La experiencia se completa con una bodega de más de 150 referencias en la que destacan vinos de Cádiz y de otras zonas de Andalucía, además de una selección de cócteles de autor con guiños al sur, algunos de ellos elaborados con vino de Jerez.

El interiorismo, diseñado por el estudio Las2Mercedes, traslada al comensal a una atmósfera luminosa y mediterránea que evoca Andalucía en pleno corazón de Madrid. Un escenario perfecto para disfrutar, especialmente en estas semanas de Cuaresma, de una cocina donde el pescado y el producto del mar se convierten en protagonistas absolutos.

Archidom Studio, estudio de arquitectura e interiorismo firma en Madrid su nuevo proyecto: 61. (Sixtyone), un espacio concebido como una experiencia inmersiva donde pasado y contemporaneidad dialogan a través de la materia, la luz y la memoria.

Grupo Mosh, el grupo que inició su trayectoria en Marbella con Mosh Fun Kitchen, líder en ocio y gastronomía de lujo, presenta en la capital su proyecto más ambicioso hasta la fecha: el restaurante y club 61., un espacio llamado a redefinir la noche madrileña. Detrás de esta nueva apertura se encuentra el sello inconfundible de ARCHIDOM Studio, el estudio que en los últimos años ha firmado algunos de los espacios gastronómicos y de ocio que han marcado el pulso estético del Mediterráneo y que ahora crea en la capital una propuesta destinada a convertirse en referencia.

Ubicado en el número 61 de una calle emblemática del centro de la ciudad, el local ha sido concebido como un escenario envolvente donde cada elemento responde a una narrativa espacial precisa. Desde el inicio, el estudio planteó un objetivo ambicioso: crear un lugar que pareciera haber existido siempre. No como una recreación histórica, sino como una joya latente, descubierta y revelada. Un interior donde la pátina del tiempo no es artificio, sino argumento.

ARCHIDOM, reconocido por su capacidad para convertir espacios en destinos, integra arquitectura, interiorismo e identidad creativa bajo una misma visión, desarrollando en 61. un concepto que equilibra contraste, teatralidad y sofisticación.

Romanticismo veneciano y brutalismo: un diálogo arquitectónico

En 61., ARCHIDOM propone un encuentro inesperado entre el romanticismo veneciano y el brutalismo. La narrativa espacial se inspira en la Venecia aristocrática y en la atmósfera de sus palazzos. El espacio principal se configura como la gran sala de recepción de un noble veneciano: un entorno de luces veladas, reflejos dorados y una decadencia sofisticada que aporta profundidad y carácter.

Las líneas rotundas y los materiales crudos, de inspiración industrial, conviven con detalles ornamentales y guiños clásicos. Una barra de madera de gran presencia articula el conjunto, coronada por una lámpara diseñada a medida por el estudio y realizada por artesanos vidrieros. La chimenea esculpida funciona como hogar central. Los suelos de madera conviven con alfombras antiguas, mientras el techo revestido en pan de oro y plata genera un juego de destellos sutiles que transforma la percepción del espacio a lo largo del día.

La iluminación, concebida como parte esencial del relato arquitectónico, acompaña la evolución natural del lugar: lo que comienza como restaurante muta orgánicamente hacia club sin rupturas, gracias a una arquitectura pensada para cambiar de atmósfera. No se trata solo de diseño, sino de una puesta en escena donde cada recorrido, cada sombra y cada material activan una experiencia sensorial.

La fachada, compuesta por grandes vidrieras artesanales de vidrio coloreado, introduce una dualidad entre exhibición y misterio. Por la noche, el interior proyecta hacia la calle matices ámbar y verdes, convirtiéndose en una presencia cromática singular dentro del paisaje urbano madrileño.

En la zona posterior emerge una segunda escena: el “almacén de arte”. Aquí la estética vira hacia un lenguaje más industrial, evocando el espacio donde se guardan los tesoros acumulados durante generaciones. Vigas con roblones, lucernarios y pilares metálicos contrastan con terciopelos, cortinajes densos y mesas de mármol. La tensión entre lo estructural y lo ornamental genera un equilibrio sofisticado entre contención y exceso.

La gran vidriera central baña el ambiente con una luz cálida que evoluciona al ritmo de la música. El mueble de DJ, esculpido en mármol y acero y diseñado por el estudio, se concibe como una pieza híbrida entre mobiliario y escultura.

El arte como parte de la arquitectura

En coherencia con la visión del estudio, el arte no actúa como complemento, sino como parte estructural del concepto. Las obras, de artistas emergentes y consolidados, se renovarán cada seis meses, manteniendo el espacio en constante movimiento.

ARCHIDOM ha buscado piezas únicas en anticuarios, almacenes e inventarios privados de medio mundo: tapices renacentistas italianos, espejos de gran formato procedentes de palacios franceses y alfombras persas dialogan con obras contemporáneas, generando una conversación entre épocas. Cada pieza ha sido integrada estratégicamente para interactuar con la luz, la circulación y los materiales, reforzando la sensación de estar en un entorno vivo.

La atención al detalle se extiende a todos los elementos del proyecto de Grupo Mosh, con un marcado sello made in Spain: desde el vestuario diseñado por CASONÁ hasta piezas de LOEWE incorporadas en la propuesta estética. El contrapunto internacional lo aporta NIKE, que ha desarrollado una línea especial para el espacio, subrayando su carácter contemporáneo.

Gastronomía y experiencia inmersiva

Fiel al espíritu de Grupo Mosh, 61. apuesta por una exclusividad que no se exhibe, sino que se descubre. Tras una fachada discreta se despliega un universo donde gastronomía, arte, música y diseño conviven de manera natural, sostenidos por una arquitectura que lo articula todo.

La propuesta culinaria, liderada por Franco Franceschini, chef ejecutivo del grupo, dialoga con el entorno: precisa, cosmopolita y con acentos internacionales. La experiencia gastronómica evoluciona al ritmo del espacio, acompañando su transformación y reforzando su carácter inmersivo.

61. se plantea como una experiencia pausada. Un interior que invita a detener la mirada, a descubrir matices en sucesivas visitas y a entender el lujo desde la profundidad material y conceptual.

Marbella y Madrid, unidas por el diseño

Con 61., Grupo Mosh traslada a Madrid la energía y sofisticación que han definido sus emblemáticos espacios en Marbella, junto a la creatividad de ARCHIDOM, que convierte esta expansión en un hito: transformar un local en un escenario y un proyecto en un fenómeno cultural.

El resultado es un interior que no se limita a ambientar, sino que construye relato. Un espacio donde cada elemento posee memoria y cada detalle ha sido sometido a un proceso creativo riguroso.

61. llega a Madrid como un lugar que no se explica, se experimenta. Y lo hace con la firma de ARCHIDOM como garantía de una nueva manera de entender el lujo nocturno: narrativa, sensorial y profundamente arquitectónica.