El turismo del vino vive uno de sus mejores momentos. Frente a las vacaciones masificadas y los destinos convencionales, cada vez son más los viajeros que buscan experiencias capaces de conectar gastronomía, naturaleza y cultura en un mismo viaje. En ese escenario, la Ribera del Duero se consolida como uno de los grandes referentes del turismo de interior en España, especialmente cuando el verano da paso a los primeros días de la vendimia y el paisaje vitícola alcanza uno de sus momentos de mayor belleza.

Con esa filosofía, Bodegas Cepa 21 ha diseñado una programación especial desde finales de agosto hasta principios de octubre que invita a descubrir el territorio desde una perspectiva mucho más inmersiva. Lejos de limitarse a las tradicionales visitas a bodega, la firma presidida por José Moro propone tres experiencias que permiten al visitante recorrer los viñedos, comprender el origen de cada vino y participar activamente en algunas de las labores que dan forma a una de las denominaciones de origen más prestigiosas del mundo.

La iniciativa responde a una tendencia cada vez más consolidada dentro del sector turístico: el viajero ya no busca únicamente degustar un vino, sino entender todo aquello que sucede antes de que llegue a la copa. El paisaje, la sostenibilidad, las personas y las tradiciones se convierten así en parte esencial de una experiencia que trasciende la simple cata para convertirse en un auténtico viaje sensorial.

Un picnic entre viñedos para descubrir el lado más relajado de la Ribera del Duero

Entre las propuestas más atractivas de la programación destaca el exclusivo Picnic entre Viñas, una experiencia pensada para disfrutar del paisaje en uno de los momentos más especiales del año, cuando los viñedos comienzan a prepararse para la vendimia.

La actividad arranca con una copa de Hito Rosado como bienvenida y continúa con un recorrido guiado por los viñedos y las instalaciones de la bodega, donde los visitantes descubren el proceso de elaboración que da vida a los vinos de Cepa 21. La experiencia culmina al aire libre con una cata de Cepa 21 y Malabrigo acompañada por un picnic elaborado con productos locales, una propuesta que invita a detener el tiempo y contemplar el paisaje desde el corazón mismo del viñedo.

Más que una visita, se trata de una forma diferente de acercarse al territorio, disfrutando del silencio, la gastronomía y el entorno natural que han convertido a la Ribera del Duero en uno de los grandes destinos enoturísticos del país.

Conocer el vino empieza por entender la tierra

Para quienes desean profundizar en el trabajo que se desarrolla en el viñedo, Cepa 21 propone una experiencia centrada en la viticultura regenerativa, una práctica que gana cada vez más protagonismo dentro del sector vitivinícola por su apuesta por la salud del suelo y el equilibrio del ecosistema.

El recorrido permite conocer de primera mano cómo la bodega aplica este modelo de cultivo para elaborar vinos capaces de expresar con fidelidad la identidad de cada parcela. Tras la visita, los participantes disfrutan de una cata comentada de cinco de las referencias más representativas de la casa —Hito Rosado, Hito, Cepa 21, Malabrigo y Horcajo— acompañadas por una cuidada selección de productos gourmet diseñada para potenciar los matices de cada vino.

La propuesta convierte la degustación en una experiencia de aprendizaje, donde cada copa ayuda a comprender la estrecha relación entre el viñedo, el clima, la tierra y el resultado final que llega al consumidor.

La vendimia deja de ser un espectáculo para convertirse en una experiencia

La programación culmina con una de las actividades más esperadas por quienes visitan la Ribera del Duero en esta época del año: el Taller de Vendimia. Una propuesta que invita a abandonar el papel de espectador para convertirse, aunque solo sea por unas horas, en bodeguero.

Los participantes tendrán la oportunidad de recoger la uva de forma manual, aprender los criterios con los que se seleccionan los mejores racimos y recuperar uno de los rituales más tradicionales del mundo del vino: el pisado artesanal de la uva, una práctica que conecta con siglos de historia vitivinícola y permite comprender el valor que hay detrás de cada cosecha.

La jornada concluye con una cata de Hito y Cepa 21 acompañada por productos locales, poniendo el broche final a una experiencia diseñada para acercar al visitante al verdadero origen del vino. Además, la actividad está adaptada para familias, permitiendo que también los más pequeños participen en diferentes propuestas pensadas para su edad y descubran de forma lúdica la cultura vitivinícola.

Mucho más que visitar una bodega

Con esta nueva programación, Cepa 21 reafirma una visión del enoturismo basada en la autenticidad y la conexión con el territorio. La bodega entiende que el vino no comienza en la copa, sino mucho antes, en el paisaje, en el trabajo diario de quienes cuidan el viñedo y en una cultura transmitida durante generaciones.

Las tres experiencias reflejan esa manera de entender la Ribera del Duero: como un lugar donde naturaleza, gastronomía, sostenibilidad y tradición conviven para ofrecer al visitante una vivencia difícil de replicar en otros destinos.

En un momento en el que el turismo busca propuestas cada vez más personalizadas y memorables, Cepa 21 demuestra que el verdadero lujo no siempre reside en la exclusividad, sino en la posibilidad de vivir experiencias auténticas, comprender el origen de las cosas y regresar a casa con una historia que contar, además de una botella de vino.

Por MARCO DE PABLOS

Hace cinco años, un incendio voraz redujo a cenizas un proyecto único. Dani Ochoa no se detuvo y volvió con una propuesta igual de contundente, con la que ha recuperado lo perdido. En Montia, la cocina convierte el fuego en renacimiento.

Madrid queda atrás y, a menos de sesenta kilómetros de la capital, San Lorenzo de El Escorial aparece como uno de los refugios rurales con más encanto de la región. Una escapada imprescindible, especialmente durante los meses de verano en los que el calor se instala en el asfalto y ambiente capitalino. Dominando el paisaje se alza el Real Monasterio de El Escorial, la gran joya del Renacimiento español que Felipe II mandó construir en el siglo XVI y que, siglos después, sigue marcando el carácter histórico de la localidad. Rodeado de naturaleza y aire serrano, el municipio guarda también otra joya que ha sabido renacer literalmente de sus cenizas. Hablamos de Montia, el restaurante liderado por Dani Ochoa en pleno centro del pueblo. Un proyecto gastronómico que, tras el incendio que obligó a cerrar sus puertas en 2021, logró reconstruirse sin perder la esencia que lo ha convertido en una de las propuestas más singulares de la alta cocina española, recuperando además la Estrella Michelin que perdió tras el fuego y revalidando sus dos Soles Repsol.

Basta con subir cinco escalones para adentrarse en un universo casi élfico. La entrada ya anticipa el carácter del lugar, destacando la disposición de varias pacas —como se conoce popularmente a los fardos de paja en los prados— que introducen desde el primer momento esa conexión entre lo rural y lo orgánico. A la derecha se abre una sala amplia y acogedora, presidida por una chimenea y una extensa mesa pensada para encuentros grupales más íntimos. Más adelante aparece la cocina vista, siempre en movimiento, y, apenas unos pasos después, el verdadero corazón de Montia: un espacio cálido y frondoso, de pocas mesas, donde cada asiento aparece revestido con mantas de piel y dos majestuosos robles naturales atraviesan el techo, integrándose en el ambiente y convirtiéndose en parte esencial de la escenografía del lugar. La estructura, construida en madera y rodeada de cristaleras tanto en la parte superior como en la pared frontal, genera un efecto invernadero que permite que la luz natural inunde la sala durante todo el día. Frente a los comensales, un pequeño huerto del que Ochoa y su equipo recolectan a diario hojas, brotes y plantas que terminarán formando parte de los pases y bebidas. La conocida expresión “del huerto a la mesa” cobra aquí un sentido estricto, aunque la filosofía de Montia va mucho más allá. En su menú, el producto de proximidad desempeña un papel fundamental y el vínculo con el entorno está realmente presente. Es el caso de sus panes, elaborados artesanalmente en el obrador Abantos, situado a apenas tres minutos a pie del restaurante, o su sal y mantequilla de cabra, procedentes de Saelices y La Cabezuela, respectivamente. Aunque si hay otro elemento indispensable dentro de la experiencia de este proyecto, es su carta líquida.

El chef Dani Ochoa junto a su equipo recolectando brotes de su propio huerto.

El maridaje, cuidadosamente diseñado para acompañar cada pase, varía constantemente y entiende la bebida como un ingrediente más del plato. Aunque el vino tiene un protagonismo especial, también aparecen vermús y cervezas. Predominan los vinos naturales procedentes de variedades autóctonas. En torno a ellos, el restaurante ha construido un universo propio y un lenguaje paralelo que se ha convertido en una parte esencial de la experiencia gastronómica, porque aquí gusta lo poco convencional, la experimentación y el factor sorpresa. El resultado son simbiosis únicas.

La propuesta de Montia se construye semana a semana, en función de lo que ofrecen la Sierra de Guadarrama y los productores locales de confianza con los que el restaurante mantiene una relación constante. Una cocina viva, profundamente ligada a la temporalidad y al territorio, que toma forma a través de dos menús degustación, además de una versión más breve disponible de miércoles a viernes, excepto festivos. Los tres comparten una misma filosofía y buena parte de las elaboraciones, variando en el número de pases y en la profundidad del recorrido gastronómico.

La experiencia comienza incluso antes del primer bocado. El menú se presenta encuadernado entre dos cortezas de árbol tratadas, un detalle que anticipa el universo estético y conceptual del restaurante. Esa misma singularidad se traslada a las vajillas y soportes sobre los que se sirven las elaboraciones, todas ellas creadas por artesanos sanlorentinos. El recorrido arranca con tres pequeños aperitivos: tortilla de chalotas, galleta de paté de paloma y tosta de cangrejo. A continuación llegan los llamados “interludios”, pases que actúan como transición y anticipan la complejidad de los platos principales. Entre ellos aparece un berberecho en escabeche de tomillo blanco y hierba luisa; un rebozuelo (setas silvestres) salteado con jugo de carne con una combinación de calabaza con salsa holandesa de azafrán, mantequilla y azahar, probablemente uno de los platos más inesperados y memorables. También destacan la lámina de trucha cruda acompañada de reducción de champiñón, crema de guisantes y lepidio —una planta de huerta—, y la colmenilla, seta recolectada por el propio equipo y rellena de liebre con parmentier.

Ensaladilla salvaje.

Setas, mantequilla y azafrán.

Los platos principales profundizan todavía más. Desde los guisantes con espárrago verde y velo de cerdo ibérico, hasta el ravioli de asadurilla relleno de cabrito o el propio cabrito servido junto a una delicada “ensalada líquida”. En el tramo final aparecen dos caminos posibles. Por un lado, los célebres callos, una de sus especialidades, servidos en dos pases. Por otro y para quienes prefieren alejarse de la casquería, la alternativa se mueve en el universo de la caza, con propuestas como la paloma torcaz con crema de lombarda y salsa elaborada con los propios huesos del ave o el arroz de jabalí.

Los postres mantienen intacta la capacidad de sorpresa que define todo el menú. Especialmente memorable resulta el crujiente de miel con helado de queso de cabra y granizado de espinacas, una combinación tan inesperada como equilibrada o la Fistulina hepatica con almendra amarga. Un postre que remite de inmediato al sabor de las cerezas o frutos del bosque y que, sin embargo, está elaborado a partir de una seta.

Ensalada de espinacas y helado de queso.

Al finalizar, entregan al cliente un compost presentado en un sobre junto al menú seleccionado, cuidadosamente sellado con cera y fuego. Ese mismo fuego que hace cinco años les arrebató todo. Desde entonces, han sabido renacer y reinventarse. Como el compost que entregan, su propuesta encarna una lógica de regeneración continua, donde lo que fue residuo se convierte en una segunda oportunidad.

Por MARCO DE PABLOS

Madrid tiene la capacidad de transportar al comensal a cualquier rincón del mundo sin necesidad de salir de la ciudad. Pero hay lugares que, más que un viaje, consiguen despertar el recuerdo de unas vacaciones. En pleno corazón de la capital, a escasos metros de Plaza de España, existe un restaurante donde el aroma del carbón de encina, la calidad del producto y una cocina profundamente ligada al norte de España invitan a empezar el verano antes incluso de hacer la maleta. La Charca Restaurante ha logrado convertir la tradición asturiana y gallega en una propuesta gastronómica que conquista tanto por el sabor como por la experiencia que la rodea.

Un viaje gastronómico al norte sin salir de Madrid

Cuando llegan los meses de verano, Asturias y Galicia se convierten en dos de los destinos más deseados por quienes buscan naturaleza, buena gastronomía y producto de temporada. La Charca recoge precisamente esa esencia y la traslada a la capital a través de una carta donde el protagonismo recae sobre las brasas y una cuidada selección de materias primas procedentes del norte peninsular.

El restaurante, perteneciente al Grupo Asgaya, con otro local homónimo en los alrededores del Bernabéu, ha encontrado junto a Plaza de España el escenario perfecto para reivindicar una forma de cocinar en la que el producto habla por sí solo. Aquí no hacen falta artificios: carnes seleccionadas de Galicia y Asturias, pescados llegados desde la costa cantábrica, mariscos y verduras de temporada encuentran en el carbón de encina el mejor aliado para potenciar su sabor sin enmascararlo. Una propuesta que recuerda a esas parrillas tradicionales del norte donde el fuego marca los tiempos.

Chuleta a la brasa.

Las brasas como auténtica protagonista

La cocina de La Charca gira alrededor de una parrilla que trabaja con carbón de encina, un elemento que imprime personalidad a cada elaboración. Desde un jugoso solomillo hasta un espectacular chuletón de vaca madurada, o unas chuletillas de cordero, las carnes llegan con el punto exacto que permite apreciar toda su jugosidad y calidad. Mención aparte merece el cachopo, otro de los grandes imprescindibles de la casa y un guiño inconfundible a la cocina asturiana más tradicional.

Sin embargo, limitar la propuesta únicamente a la carne sería injusto. Los pescados ocupan un lugar igualmente destacado. Rodaballo, lubina, pixín —el nombre con el que se conoce al rape en Asturias—, pargo o atún rojo encuentran en las brasas una cocción que respeta su textura y realza su sabor natural. A ello se suman mariscos como las zamburiñas o las navajas y una selección de platos fuera de carta que cambian según la temporada, reforzando esa apuesta por el producto fresco y el mercado. Entre los entrantes, sobresale una delicada anchoa servida sobre pan brioche y mantequilla ahumada, un bocado sencillo en apariencia, pero lleno de matices, que anticipa el cuidado con el que se trabaja cada plato.

La experiencia se completa con los grandes clásicos de la cocina asturiana que han convertido al Grupo Asgaya en una referencia desde hace años. La fabada asturiana, las verdinas con bogavante o los callos elaborados al estilo tradicional siguen ocupando un lugar privilegiado en una carta que consigue equilibrar la contundencia de la cocina de cuchara con la ligereza de los pescados a la brasa.

Ventresca a la brasa a la bilbaina.

Setas de temporada confitadas en carbón de encina con crema trufada de apio nabo.

Como toda buena comida merece un final a la altura, resulta difícil marcharse sin probar alguno de sus postres. La tarta de quesos asturianos, con un sutil toque de queso azul, ofrece un equilibrio perfecto entre intensidad y cremosidad. Al igual que su arroz con leche.

El mejor momento para descubrir las Jornadas del Bonito de Gijón

La visita cobra todavía más sentido durante estos meses gracias a las Jornadas del Bonito de Gijón, una cita gastronómica que el Grupo Asgaya celebra tanto en su emblemático restaurante Asgaya, en Doctor Fleming —que además cuenta con una agradable terraza para disfrutar del verano—, como en La Charca Restaurante.

Coincidiendo con la temporada del bonito del Cantábrico, ambos establecimientos incorporan durante un tiempo limitado una selección de recetas que rinden homenaje a uno de los pescados más apreciados de época estival. Entre ellas destacan la ventresca de bonito en escabeche con tomate de temporada y cebolla morada, el taco de bonito en escabeche con pimientos asados en carbón de encina, el bonito a la brasa con encebollado de sidra o la ventresca a la brasa con salsa bilbaína. Una oportunidad perfecta para acercarse a uno de los productos estrella del norte sin abandonar la gran urbe.

Ventresca de bonito en escabeche.

Taco de bonito en escabeche.

Un comedor que invita a quedarse

Más allá de la cocina, La Charca conquista por la atmósfera que ha sabido crear. A pesar de encontrarse en una de las zonas con mayor movimiento, el establecimiento transmite una sorprendente sensación de calma desde el primer momento. El espacio resulta acogedor, con alrededor de una quincena de mesas que permiten disfrutar de la comida sin el bullicio habitual de otros locales del centro.

Nada más entrar, una barra de líneas limpias y tonos blancos marca el carácter del establecimiento. La decoración apuesta por el minimalismo, con un ambiente luminoso, extremadamente cuidado y una sensación de limpieza y orden que se percibe en cada rincón. Ese equilibrio visual encuentra su contrapunto en unos llamativos techos que aportan personalidad al espacio y rompen la sobriedad del conjunto. Completa el espacio un patio interior, alrededor del cual se sitúan varias mesas.

A todo ello se suma un servicio excepcional, que consigue elevar aún más la experiencia. La atención es cercana, profesional y constante, con un personal pendiente en todo momento de que cada detalle esté cuidado, sin resultar invasivo.

En apenas unos meses, La Charca Restaurante ha conseguido hacerse un hueco entre las direcciones gastronómicas más interesantes del entorno de Plaza de España. Lo ha logrado apostando por una fórmula que nunca pasa de moda: excelente producto, brasas bien trabajadas, recetas con raíces, un servicio impecable y un espacio donde resulta fácil sentirse cómodo. Y ahora que el verano invita a pensar en escapadas al norte, quizá la mejor manera de abrir boca sea reservar una mesa aquí.

Oporto siempre ha sido sinónimo de belleza. Calles empedradas, fachadas cubiertas de azulejos, bodegas históricas y miradores con vistas al Duero hacían de la Ciudad Invicta un lugar mágico. Pero la ciudad portuguesa guarda una nueva versión menos evidente y mucho más actual. A pocos minutos del centro histórico, la Avenida da Boavista se ha convertido en el epicentro de un Oporto diferente: más creativo, más sofisticado y con una energía urbana que mezcla arquitectura de vanguardia, cultura y una gastronomía que mira al futuro sin olvidar sus raíces.

Para descubrir esta nueva cara de la ciudad, el punto de partida perfecto es el Crowne Plaza Porto, un alojamiento que ha renovado por completo su propuesta para convertirse en mucho más que un lugar donde dormir. Tras una transformación integral, sus 232 habitaciones —incluidas 42 suites— presentan ahora una estética contemporánea, elegante y funcional, pensada para descansar después de un día explorando Oporto. Sus vistas privilegiadas al skyline de la ciudad convierten cada despertar en una pequeña invitación a salir a descubrir todo lo que ocurre más allá de la ventana.

Una llegada entre arquitectura futurista y una cena con alma mediterránea

El primer encuentro con el Oporto más moderno empieza a pocos pasos del hotel. La imponente Casa da Música aparece como una declaración de intenciones: un diamante de hormigón que rompió con la arquitectura tradicional portuguesa y que hoy es uno de los grandes símbolos culturales de la ciudad. Entrar en su interior es descubrir un sorprendente diálogo entre madera, azulejos portugueses y líneas futuristas que convierten cada espacio en una experiencia visual.

La visita puede coincidir incluso con alguno de los ensayos abiertos de la Orquesta Sinfónica, una de esas casualidades que hacen que un viaje tenga algo especial. Porque Oporto no se trata solo de ver monumentos; se trata de encontrar momentos.

Cuando cae la tarde, el plan continúa sin necesidad de desplazarse demasiado. En la planta baja del Crowne Plaza Porto espera soMos Restaurant & Lounge, uno de los grandes protagonistas de esta nueva etapa gastronómica del renovado establecimiento hotelero. Su terraza funciona como un pequeño oasis urbano en plena avenida, un espacio donde la ciudad baja el ritmo y la mesa se convierte en el centro de la experiencia.

Su propuesta apuesta por una cocina mediterránea basada en el producto fresco y de temporada, con platos que respetan el origen de cada ingrediente. Pescados y mariscos del Atlántico, carnes seleccionadas y recetas con identidad portuguesa forman parte de una carta que busca algo más difícil que sorprender: emocionar.

Sábado: arte, naturaleza y un refugio de bienestar en pleno viaje

El segundo día comienza con una de las visitas imprescindibles para entender el espíritu creativo de Oporto: la Fundação de Serralves. Este espacio único combina arte contemporáneo, arquitectura y naturaleza en un mismo recorrido. Diseñado alrededor del museo creado por el arquitecto Álvaro Siza Vieira y la elegante Casa Art Déco, Serralves representa esa mezcla tan característica de Oporto: respeto por la historia y una mirada constante hacia lo que viene.

Uno de los momentos más especiales llega al recorrer el Tree-top walk, una pasarela elevada entre las copas de los árboles que ofrece una perspectiva diferente del parque y de la propia ciudad. Es una pausa dentro del viaje, una forma distinta de observar Oporto lejos del ruido y las rutas habituales.

Después de una mañana cultural, el plan perfecto está dentro del propio hotel. El Porto Urban SPA del Crowne Plaza Porto ofrece ese momento necesario para bajar pulsaciones: circuito de aguas, baño turco, sauna y tratamientos personalizados pensados para recuperar energía. En una escapada de 48 horas, encontrar un espacio donde simplemente dejarse cuidar se convierte casi en un lujo.

Al caer la noche, Boavista vuelve a despertar. El destino es el histórico Mercado do Bom Sucesso, reconvertido en uno de los lugares más dinámicos de la ciudad. Entre puestos gastronómicos, productos locales y ambiente cosmopolita, es el sitio perfecto para comprobar que la nueva Oporto también se disfruta mezclándose con quienes viven allí.

Domingo: el brunch que convierte una despedida en una experiencia más del viaje

Oporto pertenece claramente a aquellos destinos que nunca querrías abandonar. Y la mejor forma de alargar la escapada llega de la mano de The Sunday Brunch de soMos Restaurant & Lounge.

Este brunch se convierte en uno de los grandes momentos del fin de semana: estaciones de show cooking con huevos preparados al gusto, carnes trinchadas, repostería artesanal, quesos nacionales, productos frescos y una irresistible fuente de chocolate que convierte la mañana del domingo en un auténtico ritual gastronómico.

Más que un desayuno tardío, es una experiencia para disfrutar sin mirar el reloj. Una celebración de la cocina, del producto y de esa manera tan portuguesa de entender la vida: con tiempo, conversación y placer alrededor de una mesa.

Antes de decir adiós a la ciudad, un último paseo por la Rotunda da Boavista permite contemplar el Monumento a la Guerra Peninsular y despedirse de esta zona que representa a la perfección el nuevo espíritu de Oporto: elegante, creativa y todavía capaz de sorprender.

De la playa de Foz al cóctel perfecto: el verano también tiene su propio plan en Oporto

Cuando llega el buen tiempo, Oporto suma un ingrediente más a su encanto: el Atlántico. Desde el Crowne Plaza Porto, las playas de Foz do Douro quedan a pocos minutos y ofrecen uno de esos escenarios que parecen diseñados para una tarde de verano perfecta. Allí donde el río Douro se encuentra con el océano, las playas, el paseo marítimo y la luz del atardecer crean uno de los rincones más especiales de la ciudad.

El plan es sencillo y precisamente por eso funciona: una tarde junto al mar, una vuelta al hotel y un cóctel en el soMos Lounge para empezar la noche. Su ambiente moderno, su carta de cócteles y su selección de snacks convierten este espacio en el lugar ideal para alargar la conversación hasta la madrugada.

Después llega la cena, de nuevo en soMos Restaurant & Lounge, donde la cocina mediterránea vuelve a ser protagonista con una propuesta ligera y basada en ingredientes frescos, muchos de ellos procedentes incluso del huerto urbano del propio hotel. Una experiencia que demuestra que en Oporto no hace falta elegir entre ciudad, mar y gastronomía: todo puede formar parte del mismo viaje.

Porque quizá el mayor descubrimiento de una escapada de 48 horas no sea solo conocer una nueva ciudad, sino encontrar la manera perfecta de vivirla. Y en el nuevo Oporto, esa manera pasa por Boavista, por el Crowne Plaza Porto y por lugares como soMos, donde diseño, sabor y hospitalidad se encuentran en el mismo punto.

Por MARCO DE PABLOS

En el número 36 de la calle Zurbano se alza un majestuoso palacete reconvertido en hotel: el Santo Mauro. Con una larga historia a sus espaldas, hoy es punto de encuentro de huéspedes de lo más variopinto y aún conserva rincones poco conocidos, como su restaurante La Biblioteca, confirmando que allí sí es oro todo lo que reluce.

“Soyez les bienvenus” (Sean bienvenidos). En francés, claro. Porque esa es exactamente la sensación que anticipa uno al detenerse frente a un edificio de semejante porte. La de estar, por un instante, lejos de aquí. Y la idea no resulta en absoluto descabellada. Basta observar su fachada para intuir la clara inspiración gala de la que bebió el arquitecto Juan Bautista Lázaro de Diego a finales del siglo XIX al diseñar el actual Hotel Santo Mauro. Lo que hoy es uno de los establecimientos más exclusivos de la capital fue, en otro tiempo, la casa palacio de Mariano Fernández de Henestrosa y Ortiz de Mioño, duque de Santo Mauro. Una residencia señorial cuya elegancia sigue evocando a ese inconfundible halo francés capaz de transportar a cualquiera a una época más cercana a la corte del Rey Sol. Una percepción que no hace más que intensificarse al cruzar sus puertas y adentrarse en su interior. Tan evidente resulta ese allure que hasta Caroline de Maigret, epítome de lo chic —o, lo que es lo mismo, una auténtica francesa de bien—, ha ejercido como embajadora del mismo en los últimos tiempos. 

Sin embargo, la historia del Santo Mauro también ha atravesado épocas muy distintas antes de convertirse en el exclusivo refugio que es actualmente. Durante la Guerra Civil, el palacio fue confiscado, aunque años después regresaría a manos de la familia. Más adelante, sus estancias abandonaron temporalmente el carácter residencial para convertirse en sede de distintas embajadas, entre ellas las de Rumanía, Canadá y Filipinas. No sería hasta 1989 cuando el edificio inició una nueva vida como hotel, una etapa que terminaría de consolidarse en 2011 con su incorporación a AC Hotels by Marriott, la cadena fundada por Antonio Catalán, bajo cuya gestión adquirió la personalidad que ahora nos recibe.

Su interiorismo lleva el inconfundible sello de Lorenzo Castillo, responsable de reinterpretar sus más de 45 habitaciones y suites; sus imponentes salones, con especial protagonismo de los conocidos como Rojo y Chino —no hace falta demasiada imaginación para entender el porqué de tales apelativos—; los espacios gastronómicos que articulan la propuesta culinaria del alojamiento; y su particular edén. Este último, rodeado de frondosa vegetación, alberga sofisticado mobiliario de forja con cojines de rayas en tonos azules, fuentes, un kiosco de bebidas y una imponente pérgola cubierta, flanqueada por faroles y cercada por arbustos, plantas e incluso palmeras, que actúa como terraza de La Biblioteca. Es precisamente en este oasis donde se ofrece, durante estos meses, el servicio en mesa del restaurante, y no en el interior del mismo. Un remanso de paz a escasos metros del Paseo de la Castellana, ideal para refugiarse de las altas temperaturas que azotan Madrid en estas fechas. 

Ubicado en el antiguo salón de lectura del duque, de ahí su nombre, La Biblioteca ofrece una experiencia ya consolidada como una de las más exclusivas de cuantas se disfrutan en la ciudad. Con la llegada de la nueva temporada, el espacio presenta una carta renovada que evoluciona al mismo ritmo que lo hace la vida, abrazando la frescura y la ligereza propias del producto en su mejor momento, especialmente oportunas para la estación que acompaña estos meses, aunque sin renunciar en ningún momento a la identidad y personalidad que lo definen. 

Ingredientes en su punto óptimo, elaboraciones más sutiles y una mayor presencia de verduras son los pilares que sostienen esta nueva etapa que cuenta con Rafa Peña como asesor y director del bistró. Una carta que mantiene intacta la esencia de la casa, en la que el caviar desempeña un papel protagonista. Cómo no. 

Caviar o nada

La carta arranca con una cuidada selección de aperitivos y platos para compartir donde el producto vuelve a ocupar el centro de todo. Desde las ostras bretonas —al natural o a la brasa—, hasta los delicados profiteroles de caviar, guiños inequívocos a la tradición culinaria francesa, o las croquetas de cecina de vaca y de gamba de Palamós, bocados que funcionan como una antesala precisa y calculada de lo que se entiende por un suculento banquete. 

Entre los entrantes destacan elaboraciones como la ensalada de tomates con salpicón de bogavante, la ensalada de judía verde braseada o el salmorejo. Mención aparte merecen los raviolis con parmesano y caviar, que en los últimos tiempos se han consolidado como uno de los platos estrella en muchos de los locales más en boga.

En el apartado de productos de lonja, destacan propuestas como el pez limón a la brasa con escabeche de verduras o el rape a la romana con caviar, mayonesa y ensalada. Platos de apariencia sencilla, pero que no te engañen. Todo un must en carta. Las carnes mantienen ese carácter atemporal con elaboraciones que dialogan con lo clásico desde una mirada actualizada. Entre ellas, el solomillo con mirepoix de verduras al estragón, las chuletas de cordero en milanesa o la suprema de pollo campero rellena a las finas hierbas con rebozuelos.

Finalmente, aquí se confirma aquello de que a nadie le amarga un dulce, porque incluso los más reticentes al postre acaban sucumbiendo a alguno de los que se proponen. Son pocos, pero más que suficientes. Imprescindible su torrija con helado de caramelo salado, de obligada repetición si de verdad se quiere disfrutar como merece. También destacan el soufflé de avellana con helado de naranja o las fresas con nata y merengue, junto a su palet d’or, un bombón de chocolate con origen en la ciudad francesa de Moulins, coronado, de forma tan sutil como ostentosa, con una hoja de oro.

A ello se suma una carta de vinos especialmente cuidada, pensada para acompañar cada pase, y una potente selección de champagne, con Laurent-Perrier como firma imprescindible. Porque, como en los fastuosos banquetes y bacanales de Luis XIV de Francia, donde el champagne empezaba a perfilarse como símbolo de celebración y refinamiento, no hay mejor final para un festín de tal magnitud. Bon appétit.

Cada verano hay quienes buscan grandes viajes y quienes prefieren descubrir destinos que lo tienen todo a pocas horas de casa. Cantabria pertenece a ese segundo grupo. En apenas unos kilómetros es posible pasar de una playa salvaje a un pueblo medieval, caminar entre bosques, visitar una cueva Patrimonio de la Humanidad y terminar el día compartiendo unas rabas frente al mar o tomando un vermut en una barra con décadas de historia.

Si todavía no has decidido dónde escaparte este verano, hay un itinerario que combina naturaleza, gastronomía y alojamientos con personalidad para conocer una de las regiones con más encanto del norte de España.

Dormir entre prados, a veinte minutos de Santander

Uno de esos lugares que invitan a bajar el ritmo se encuentra en Barcenaciones, un pequeño pueblo del valle de Reocín donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Allí, rodeado de prados y muy cerca de algunos de los principales atractivos turísticos de Cantabria, se encuentra La Tierruca Homes, un complejo formado por siete bungalows independientes construidos a partir de contenedores marítimos reciclados y transformados en alojamientos de diseño.

Las viviendas, de una o dos habitaciones, cuentan con jardín privado, barbacoa, cocina totalmente equipada y acceso a una piscina común de agua salada. Todo está pensado para disfrutar de unos días de desconexión sin renunciar a la comodidad. Su ubicación permite visitar fácilmente lugares como Santillana del Mar, Comillas, las playas de Oyambre o Luaña, la cueva de El Soplao, el Parque Natural Saja-Besaya o las Cuevas de Altamira, mientras que el propio entorno invita a caminar entre prados, recorrer senderos junto al río Saja o simplemente descansar lejos del bullicio de la costa.

Para familias, parejas o grupos de amigos, reservar el complejo completo se convierte además en una opción perfecta para celebrar encuentros privados, retiros o escapadas compartidas.

Santander, una ciudad que se disfruta desde sus barras

Después de una mañana de playa o de una excursión por el interior, Santander ofrece otra de sus grandes razones para visitarla: su cultura gastronómica. Más allá de los restaurantes, la capital cántabra sigue conservando una tradición muy arraigada de vermuts, cañas, terrazas y tapeo que convierte cualquier paseo por el centro en una ruta gastronómica improvisada.

En pleno Ensanche santanderino, tres establecimientos representan especialmente bien esa manera de entender el ocio.

Las Hijas de Florencio, el regreso de un clásico

La reapertura de Las Hijas de Florencio ha supuesto la recuperación de uno de los bares históricos de Santander. Situado junto al Paseo de Pereda, mantiene la esencia de las tabernas tradicionales con dos barras protagonistas, una amplia terraza frente al mar y una carta basada en los grandes clásicos del aperitivo: croquetas, tortillas, ensaladilla, embutidos, tostas o las ya conocidas lascas de parmesano.

Es uno de esos lugares donde resulta fácil alargar el vermut hasta la comida mientras se contempla la bahía.

Cortés, el bar donde siempre pasa algo

A pocos metros aparece Cortés, uno de los locales con más ambiente del centro de la ciudad. Su cocina permanece abierta durante buena parte del día, lo que permite pasar del aperitivo a una comida informal, continuar con una copa de vino o terminar compartiendo una cena. Su propuesta mezcla recetas tradicionales del Grupo Riojano con influencias mexicanas, donde conviven tacos de cochinita pibil, margaritas y mezcales con croquetas, ensaladilla o el ya popular bikini ibérico Cortés.

Su reconocimiento con un Solete Repsol confirma lo que muchos santanderinos ya sabían: es uno de esos bares a los que siempre apetece volver.

Vermutería Solórzano, una institución del aperitivo

Hablar de vermut en Santander es hablar de Vermutería Solórzano.

Con más de un centenar de referencias y un ambiente que conserva intacta la esencia de las vermuterías clásicas, este establecimiento continúa siendo uno de los grandes puntos de encuentro de la ciudad. Rabas, caracolillos, gildas o huevos rellenos acompañan una oferta donde el vermut sigue siendo el gran protagonista.

Su barra, marcada por décadas de historia, resume perfectamente esa costumbre tan santanderina de reunirse alrededor de un aperitivo antes de comer.

Mucho más que tres bares: una ruta gastronómica por Grupo Riojano

Detrás de estos establecimientos se encuentra Grupo Riojano, que durante los últimos años ha ido recuperando algunos de los espacios más emblemáticos de la hostelería cántabra al mismo tiempo que desarrollaba nuevos conceptos gastronómicos. Quienes dispongan de varios días pueden ampliar la ruta con algunas de sus direcciones más conocidas.

La histórica Bodega del Riojano sigue siendo uno de los grandes templos de la cocina tradicional de Santander; Kandela apuesta por la cocina de brasas y el producto; el Balneario de la Magdalena ofrece una de las terrazas con mejores vistas de la bahía para disfrutar de arroces y pescado; mientras que el Café Centro Botín resulta perfecto para hacer una pausa después de visitar uno de los grandes referentes culturales de la ciudad.

Fuera de Santander, la propuesta continúa con Bar Pepe, en Somo, una parada imprescindible tras un día de playa; Pan de Cuco, en Suesa, donde la cocina cántabra contemporánea encuentra uno de sus mejores exponentes; Primera Vaca, ideal para compartir pizzas artesanas y cocina de producto en un entorno rural; o La Carnaza, para quienes prefieran una buena hamburguesa con personalidad.

Una escapada que combina costa, naturaleza y gastronomía

Una de las grandes ventajas de Cantabria es que no obliga a elegir. Es posible dormir rodeado de naturaleza, desayunar viendo prados, pasar la mañana en una playa del Cantábrico, recorrer pueblos como Santillana del Mar o Comillas y terminar el día compartiendo unas tapas frente al mar en pleno centro de Santander. Ese equilibrio entre paisaje, patrimonio, tranquilidad y gastronomía es precisamente lo que convierte a la región en uno de los destinos más completos para quienes todavía buscan una escapada de verano. Y es que no hace falta recorrer miles de kilómetros para descubrir un lugar al que siempre apetece volver.

La influencia ya no se mide únicamente en cifras, aunque ellas acumulen millones. Se mide en la capacidad de generar conversación, de marcar tendencias y de conectar con una generación que consume contenido a la velocidad del vértigo. Lola Lolita y Sofía Surfers lo saben bien. Convertidas en dos de las personalidades digitales más relevantes del país, han hecho de la autenticidad su principal activo y de las redes sociales una plataforma desde la que construir algo mucho más grande que una comunidad.

FEARLESS las reúne este verano en el Hotel Santo Mauro de Madrid para retratar un momento clave de sus trayectorias. Jóvenes, ambiciosas y plenamente conscientes del lugar que ocupan, representan una nueva forma de entender la notoriedad: más cercana, más espontánea y, al mismo tiempo, extraordinariamente influyente.

Entre risas, confidencias y la compañía de Brownie, Cibeles y Cristiano, el inseparable perro de Lola y los gatos de la editora de esta cabecera, respectivamente, habla sobre la familia, el éxito, la exposición pública y los proyectos que están por venir. “Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”, afirman. Una frase que resume el vínculo que las une y que explica, en parte, cómo han llegado hasta aquí.

Además, ambas son férreas defensoras de los derechos de los animales —una causa que apoyan activamente y visibilizan de forma habitual en sus plataformas—, y coinciden en una misma idea: «Los animales representan amor puro, hogar y paz». En este número queda reflejado. Son indomables.

Una mañana de lujo

Relojes y joyas capturan los primeros rayos de sol, ofreciendo un sinfín de propuestas con las que adornar la piel. Cada pieza traduce la elegancia del amanecer en forma de objeto, en una de las estaciones del año en las que más brillan.

Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet a la caza del mamut

Uno ha revolucionado la forma en que entendemos los espacios; la otra ha transformado la manera de contar historias. Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet son dos de los grandes creadores españoles de las últimas décadas. Proceden de disciplinas aparentemente alejadas y, sin embargo, comparten mucho más que años de amistad. Ahora también un posible nuevo proyecto cinematográfico con un sorprendente protagonista: un mamut de nombre Alvarito.

Sara Zaldívar, al servicio del arte

Por amor al arte, literalmente. Así ha construido su recorrido Sara Zaldívar, una de las mecenas y coleccionistas más destacadas de España. Hace tres años, junto a Alejandra Arias, decidió apostar por la cerámica con CerARTmic, reivindicando el poder del barro. Para demostrarlo, reúne a su particular pandilla, engalanada con metales preciosos, en una aleación tan inesperada como fascinante.

Aprende a decir NŌ (architects)

En el trabajo de NŌ architects hay algo que se resiste a ser explicado de forma directa. Sus espacios no buscan imponerse, sino revelarse lentamente, como si siempre hubieran estado allí. Entre el paisaje, la luz y el vacío, su arquitectura se construye desde una idea de esencialidad que remite más a lo ritual que a lo formal.

Agathizar la arquitectura

Precursora de un fenómeno propio, el de la “agathización”, la relación de Ágatha Ruiz de la Prada con la arquitectura se remonta a siglos atrás y ha acabado convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. En estas páginas, convive con algunos de los principales referentes de la disciplina en España, en un encuentro impulsado por ECOcero, y deja entrever que aún arrastra una cuenta pendiente.

La cantera del diseño nos descubre su interior desde Neolith

La cantera de la arquitectura y el interiorismo se reúne en Neolith llevando algo más que la casa a cuestas, su propio estudio. El resultado son estos bodegones tan personales que recuerdan que, aunque el resultado sea lo visible, lo verdaderamente decisivo siempre ocurre en el interior. 

Duchamp 2.0

El arte sigue explorando los límites entre lo cotidiano y lo estético, desplazando objetos funcionales hacia nuevos territorios de significado. En ese contexto, “Tienes una flor”, impulsada por Geberit, convierte el inodoro en un punto de partida para el diseño, reuniendo a veinte de los estudios más destacados del panorama actual.

Palito Dominguín lleva el arte en la sangre

Palito Dominguín ha crecido marcada por un instinto artístico poco común, propio de una de las estirpes más importantes del panorama cultural nacional. Aún así, no siempre lo ha tenido fácil. Abrirse paso en el mundo del arte más allá de su apellido también ha sido parte del recorrido. Ahora debuta con su primera exposición, un punto de partida que confirma que su trayectoria no es solo herencia, aunque lo lleve en la sangre.

Los enigmas de la Orden de Malta

Pocas instituciones pueden presumir de haber atravesado casi nueve siglos de historia sin renunciar a su esencia. La Orden de Malta, heredera de una tradición que hunde sus raíces en la Jerusalén medieval, sigue siendo hoy una referencia internacional en los ámbitos de la asistencia, la acción humanitaria y el compromiso cristiano. Al frente de su Asamblea Española se encuentra Aline Finat y Riva, condesa de Villaflor, primera mujer en ocupar la presidencia de la institución en nuestro país. Charlamos con ella acerca la realidad de una organización tan fascinante como desconocida para el gran público, donde la vocación de servicio continúa siendo, nueve siglos después, la principal razón de ser.

Si no lo viste, te lo perdiste, ¿o no? PREMIOS MUJER FEARLESS 2026

Todo estaba a favor. Todo menos el tiempo, que decidió colarse como invitado sorpresa en la V edición de los Premios Mujer Fearless, celebrados en el Teatro Magno. Aun así, y como ya es tradición, una veintena de mujeres —y algún que otro hombre— fueron reconocidos por hacer exactamente lo que mejor saben, cada cual en su terreno, abriendo no solo paraguas, sino también camino a las generaciones futuras.

Federico Jiménez Losantos, última parada

Federico Jiménez Losantos es uno de los comunicadores más reconocibles —y también más polémicos— del panorama radiofónico español. Voz inconfundible de la radio desde hace décadas, ha convertido la opinión en un género propio y el debate en un estilo de vida. Periodista, escritor y tertuliano, su figura ha atravesado medios, etapas ideológicas y momentos distintos de la vida pública y cultural española sin perder nunca el humor que le caracteriza.

Ya estuvo en FEARLESS hace casi dos años, cuando protagonizó una de nuestras portadas más icónicas, rodeado por quienes cada mañana le acompañan en la Crónica Rosa. Hoy vuelve a esta cabecera no para explicarse ni para justificarse, sino para responder. También para que le conozcamos aún mejor. No necesita biografía ni presentación, solo una pregunta tras otra. Y alguien que escuche.

Por MARCO DE PABLOS

Si hay algo que la cantante argentina Tini y el también cantante y compositor Sebastián Yatra tienen en común cada vez que aterrizan en Madrid, además de llenar recintos y acaparar algún que otro titular, es que ambos reservan mesa en La Cabrera. Este restaurante argentino, ubicado en pleno barrio de Salamanca y con cocina non stop desde las 12:00 hasta las 23:30 horas, se ha convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de la capital para los amantes de la gastronomía porteña, aunque su verdadero éxito va mucho más allá de los rostros conocidos que cruzan sus puertas. Aquí se viene a disfrutar de una de las mejores carnes de Madrid y, de paso, a viajar a Buenos Aires sin salir de la península. Porque pocos asados consiguen emocionar tanto a quienes nacieron al otro lado del Atlántico —doy fe de ello— como los que salen de las brasas de estas cocinas. Su ambiente recrea el de los tradicionales quinchos, nombre con el que se conoce a los espacios de los hogares argentinos destinados a preparar asados y reunir a familiares y amigos, considerados el corazón de muchas viviendas rioplatenses, que suelen estar decorados con reliquias familiares, vajillas antiguas, letreros de calles y otros recuerdos cargados de historia. En La Cabrera no falta ninguno de esos detalles.

Pero la historia de este establecimiento comenzó mucho antes de conquistar Madrid. Su primer local abrió las puertas en el barrio bonaerense de Palermo —el equivalente al Malasaña madrileño por su ambiente bohemio y su animada escena gastronómica— de la mano del reconocido parrillero Gastón Riveira. Desde entonces, el restaurante se ha convertido en un auténtico referente de la parrilla, con presencia en varios países de Latinoamérica y reconocimiento internacional por figurar en rankings como 101 World’s Best Steak Restaurants.

En 2023, La Cabrera desembarcó en la capital española de la mano del Grupo Los Lirios, liderado por José Luis Ansoleaga, con la intención de trasladar a Madrid el culto por el carbón y la leña. Hoy, además del local capitalino, la marca cuenta con otro en Barcelona y prepara una próxima apertura en Málaga. Mientras tanto, en Latinoamérica continúa expandiendo su legado: solo en Chile suma tres locales y en Argentina, donde nació el proyecto, cuenta con varios restaurantes repartidos por todo el país.

Un festín sin prisa y sin pausa

Ya en la mesa, la experiencia comienza por la carta líquida. Con alrededor de 70 referencias, la bodega propone un recorrido enológico con el vino argentino como gran protagonista, acompañado de una cuidada selección de etiquetas españolas y chilenas. Por supuesto, no falta el Malbec, la variedad insignia del país y el maridaje perfecto para una buena parrilla. La propuesta se completa con una variada carta de cócteles, en la que conviven clásicos como el mojito o la caipiriña con otras elaboraciones pensadas para abrir el apetito, acompañar la comida o, porque no, alargarla.

A continuación, y a modo de preludio —porque en ningún momento dejan de llegar platos a la mesa hasta que termina completamente repleta—, aparecen las “armonías” o cortesías, pensadas para untar o dipear con una correcta variedad de panes. Después llegan los entrantes, entre los que resulta imprescindible su empanada de carne de cuadril cortado a cuchillo y acompañada por cuatro nuevas “experiencias”, como las denomina la casa: una selección de salsas pensadas para acompañarla. Entre ellas destaca una versión del chimichurri con un twist, ligada con frutos rojos, y una preparación servida en pipeta que, en realidad, no es otra cosa que un almíbar de tomillo capaz de potenciar el sabor de la empanada. También resultan imprescindibles el chorizo criollo, ideal para un buen choripán, y la provoleta, uno de los grandes clásicos de la parrilla argentina.

Después llega el auténtico protagonista del festín: la carne. Aunque la carta también incluye apetecibles opciones de pescado, como el salmón o el pulpo a la parrilla, además de una cuidada selección de verduras a la brasa, es en su propuesta cárnica donde La Cabrera Madrid despliega todo su potencial. La selección gira en torno a carnes de raza Angus y Wagyu. Criadas en las praderas de La Pampa argentina, estas piezas destacan por su extraordinaria calidad y dan lugar a cortes emblemáticos como el vacío de centro, la entraña, el ojo de bife o el tradicional bife de chorizo. A ellos se suman grandes formatos pensados para compartir, como el Tomahawk o el T-Bone, así como excelentes cortes españoles madurados procedentes de Galicia, entre ellos un magnífico chuletón Dry Aged. En su mayoría, las carnes llegan directamente desde Argentina, sobresalen por su jugosidad y por una ejecución impecable en la parrilla, que respeta el punto elegido, y sobre todo, el recomendado, permitiendo apreciar todo el sabor del producto.

La experiencia se completa con una original selección de sales aromatizadas elaboradas por la casa —de vino tinto Malbec, pimentón de La Vera y paprika o ajo y perejil provenzal— y una serie de salsas caseras, como la mayonesa de ajo negro, el pesto de remolacha o una delicada espuma de vino Malbec, concebidas para realzar cada corte sin eclipsar a la protagonista. Y un consejo: no dejes de pedir alguna de sus guarniciones. Sus patatas fritas figuran, sin exagerar, entre las mejores de Madrid.

Dulce final

Por último, llega el momento del postre, un capítulo que aquí sería un error saltarse. Si la carne pone el broche de oro a la comida, los postres son el colofón perfecto para una experiencia con auténtico sabor argentino. Hay dos imprescindibles. El primero son sus espectaculares panqueques de dulce de leche, que llegan a la mesa ligeramente caramelizados y generosamente rellenos con un dulce de leche importado directamente desde Argentina. Se sirven acompañados de un cremoso helado casero que aporta el contraste perfecto. La otra gran tentación es la tradicional chocotorta, uno de los postres más emblemáticos de Argentina. Elaborada con las típicas chocolinas —las clásicas galletas de chocolate argentinas—, dulce de leche y queso crema, conquista a cualquier amante del dulce. Puede sonar contundente, y lo es, pero hay placeres que merecen la excepción.

En un Madrid y, especialmente, en un distrito cada vez más saturado de propuestas gastronómicas entrelazadas, resulta interesante descubrir rincones como este, donde la esencia del origen está presente en cada detalle. Tanto es así que muchos de sus clientes son oriundos del país cuya cocina representa, un hecho que refuerza su autenticidad y marca la diferencia dentro de la escena culinaria de la ciudad, consolidándose como una de esas direcciones imprescindibles para quienes buscan comer bien, sin pretensiones, donde el producto y el respeto por la tradición son los verdaderos protagonistas. La Cabrera es el lugar indicado.

Ibiza volverá a consolidarse este verano como uno de los grandes place to be del panorama nacional e internacional. En este contexto, Maestro Dobel, el primer tequila cristalino del mundo y líder global en su categoría, desembarca en la isla de la mano de BLESS Ibiza The Site, uno de los proyectos hoteleros más exclusivos y ambiciosos del Mediterráneo. Una alianza que no es fruto del azar, pues ambas marcas comparten una misma visión del lujo, basada en experiencias memorables, diseño, alta gastronomía y una manera de disfrutar mucho más sensorial, sofisticada y conectada con el estilo de vida actual.

The Cloud 9, el rooftop donde el lujo se sirve en copa

El corazón de esta colaboración late en The Cloud 9, el espectacular rooftop de BLESS Ibiza The Site. Con vistas privilegiadas a las cristalinas aguas pitusas, este espacio se convierte en el escenario perfecto para que Maestro Dobel despliegue todo su universo de marca.

La firma mexicana cuenta con una destacada presencia a través de una barra exclusiva, intervenciones en el DJ booth, elementos lumínicos y un espectacular photocall pensado para convertirse en uno de los rincones más fotografiados del verano ibicenco. Una experiencia inmersiva donde la coctelería y el diseño se integran de forma natural en uno de los espacios más exclusivos.

Cócteles de autor para inaugurar el nuevo icono de Ibiza

Durante la inauguración oficial de BLESS Ibiza The Site, celebrada el pasado 18 de junio, Maestro Dobel fue uno de los grandes protagonistas de la velada. La marca contó con un exclusivo córner experiencial en The Palm, el auténtico epicentro social del hotel, donde los invitados pudieron descubrir algunas de sus propuestas de coctelería más icónicas.

La sofisticada Black Diamond Margarita, el elegante Paloma Cristalino y el refrescante Dobel Twist fueron algunas de las creaciones que conquistaron a los asistentes, poniendo en valor la innovación y la excelencia que caracterizan a la firma mexicana.

Más allá de una simple colaboración, la presencia de Maestro Dobel en BLESS Ibiza The Site refleja una nueva forma de entender el lujo. Hoy, la exclusividad no solo reside en el destino o el espacio, sino en la capacidad de crear experiencias memorables donde la gastronomía, la mixología, el diseño y el entretenimiento conviven de forma natural.

En un entorno que reúne algunas de las propuestas gastronómicas, musicales y culturales más destacadas del Mediterráneo, Maestro Dobel encuentra el escenario perfecto para seguir consolidando su posicionamiento como una de las marcas de tequila premium más innovadoras del panorama internacional.

Con esta alianza, Maestro Dobel continúa ampliando su presencia en algunos de los destinos lifestyle más prestigiosos del mundo, reforzando su vínculo con una nueva generación de consumidores que busca autenticidad, diseño y experiencias de alto nivel. Este verano, el tequila cristalino que revolucionó la categoría suma un nuevo capítulo en Ibiza, consolidando su presencia en uno de los hoteles llamados a convertirse en el gran referente del lujo mediterráneo.

El Jardín del madrileño hotel InterContinental estrena una experiencia gastronómica al aire libre que combina cocina a la brasa, producto de temporada y vino en una de las terrazas más exclusivas de la capital. Disponible solo los jueves por la noche, su nuevo Menú Brasas promete convertirse en uno de los imprescindibles de la temporada.

Cuando llega el verano a Madrid, encontrar una terraza donde desconectar del ritmo de la ciudad se convierte casi en una necesidad. Y si además la propuesta incluye buena gastronomía, un entorno rodeado de vegetación y una cocina pensada para compartir, el plan gana aún más atractivo. Con esa premisa nace ‘Jueves de Brasas’, la nueva experiencia gastronómica de El Jardín del InterContinental Madrid.

Disponible exclusivamente los jueves, de 19:30 a 22:30 horas, esta propuesta invita a disfrutar de las noches estivales alrededor del fuego con un menú diseñado para quienes buscan una cena diferente en uno de los espacios al aire libre más especiales de la ciudad.

Un menú para compartir alrededor de las brasas

Por 65 euros, el Menú Brasas propone un recorrido gastronómico que pone el foco en el producto de temporada y en el sabor de la cocina al fuego. La experiencia comienza con una selección de entrantes para compartir: pan rústico con mantequilla ahumada, criollo a la brasa con mahonesa de chimichurri y aguacate asado, tomates de temporada con aliño de humo, ensalada yum y manzana ácida, además de un carpaccio de picaña madurada con salsa vitello tonnato y encurtidos.

El plato principal es un chuletón de lomo bajo de 700 gramos, cocinado a la brasa y acompañado de patatas Ratte asadas con crema agria y cebollino, además de pimientos asados al fuego. Para terminar, el menú permite elegir entre un flan de coco con gelée de piña y caramelo tropical, una panacota de vainilla con nueces o fruta fresca.

Carpaccio de picana madurada con salta vitello tonnato con encurtido.

Chuleton de lomo bajo de 700g.

La propuesta se completa con una botella de Ercavio Vino de Meseta Tempranillo 2023, de la bodega Más Que Vinos, un proyecto de referencia en Castilla-La Mancha reconocido por su apuesta por el viñedo tradicional y la elaboración de vinos con identidad propia.

Al frente de la propuesta gastronómica se encuentra el chef Miguel de la Fuente, cuya cocina apuesta por el producto de temporada, los sabores mediterráneos y una visión contemporánea que incorpora influencias internacionales sin perder de vista la calidad de la materia prima.

Un jardín con historia en uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid

Hablar del InterContinental Madrid es hablar de uno de los grandes iconos de la hotelería de lujo de la capital. Inaugurado en 1953 sobre el antiguo Palacio de los Duques de Aliaga, por sus salones y terrazas han pasado algunas de las grandes personalidades del siglo XX. Entre ellas, la inolvidable Ava Gardner, una de las grandes protagonistas del Madrid más glamuroso de los años cincuenta y sesenta, que convirtió el hotel en uno de sus lugares habituales durante su estancia en la ciudad.

Ese espíritu elegante y cosmopolita sigue vivo hoy en El Jardín, un auténtico oasis escondido en pleno Paseo de la Castellana. Rodeado de una exuberante vegetación, con fuentes que amortiguan el bullicio de la ciudad y diferentes espacios pensados para alargar la sobremesa o disfrutar de una copa al caer la tarde, se ha consolidado como una de las terrazas gastronómicas más especiales de Madrid.

Es precisamente en este escenario donde cobran sentido los nuevos ‘Jueves de Brasas’, una experiencia que recupera el placer de las cenas de verano, en un entorno con tanta historia como encanto.