Brach Madrid Le Restaurant presenta su nueva carta con una propuesta que reafirma su identidad gastronómica: una cocina centrada en el producto, la técnica y el disfrute pausado de la mesa. Bajo la dirección del chef Adam Bentalha, el espacio continúa evolucionando hacia una experiencia donde el ritmo de la cocina abierta y la sala forman parte esencial del relato.
Esta nueva etapa refuerza una manera de entender la gastronomía que no tiene prisa. Una cocina pensada para comer bien, pero también para estar, conversar y alargar la experiencia sin mirar el reloj.
El fuego como eje
La brasa se convierte en uno de los grandes protagonistas de la nueva carta, con elaboraciones en Josper que aportan intensidad y profundidad a cada plato. Desde el calamar entero relleno con fregola sarda hasta el lomo de lubina con verdinas, setas silvestres y guanciale crujiente, la propuesta se mueve entre la precisión técnica y el sabor directo.
También destacan elaboraciones más contundentes como la carrillera de Black Angus, el tartar de ternera con tuétano y raifort o el chuletón de vaca madurado con salsa bearnesa, que refuerzan el carácter del fuego como elemento central de la cocina.

Compartir la mesa como parte de la experiencia
En Brach Madrid Le Restaurant, compartir no es un detalle, sino el punto de partida. La carta incorpora una selección de platos pensados para disfrutar entre varios, como los tacos crujientes de lubina, el aguachile de pulpo asado o el crispy rice con tartar de atún. Una propuesta que invita a probar, mezclar y repetir sin rigidez, reforzando una idea de cocina más libre, más social y más cercana.
Final dulce y sobremesa sin prisa
El cierre llega de la mano del chef pastelero Fabien Emery, con postres que reinterpretan la tradición francesa desde una mirada contemporánea, pensados para prolongar la experiencia en mesa sin romper el ritmo.
La carta de vinos y la selección de cócteles acompañan ese mismo espíritu: quedarse un poco más, pedir otra copa, alargar la conversación. Porque al final, en Brach Madrid, la experiencia no termina cuando llega el último plato, sino cuando decides levantarte de la mesa.



