Schweppes convierte su histórico rótulo de la Gran Vía en el punto de partida de un proyecto cultural con cine, arquitectura, historia y rutas por la ciudad.

El luminoso de Schweppes que corona el Edificio Carrión desde 1972 es uno de esos raros anuncios que hace tiempo dejaron de hacer publicidad para empezar a hacer ciudad. Más de cinco décadas después, sus tubos de neón forman parte del ADN visual de Madrid y se han convertido en un testigo privilegiado de todo lo que ha ocurrido a sus pies durante más de medio siglo: de la Transición a la Movida, de los viejos cines a la Gran Vía de los musicales, del Madrid de los grandes nombres al de las nuevas generaciones. Ahora, la marca quiere reivindicar esa historia con ‘Bajo el neón de Schweppes: testigo luminoso de la historia de Madrid’, un nuevo proyecto cultural que propone redescubrir la capital y, más concretamente una de sus arterias principales, a través de uno de sus grandes iconos.

La iniciativa arrancará el 16 de septiembre en el Cine Capitol con un encuentro abierto al público que reunirá voces de la arquitectura, el cine, la historia y el diseño. La conversación, moderada por el periodista Moisés Rodríguez, girará en torno a una pregunta tan sencilla como interesante: ¿cómo consiguió un anuncio convertirse en parte de la identidad de toda una ciudad?

Cinco miradas para entender un icono

El encuentro reunirá a cinco expertos con perspectivas muy diferentes. La periodista y divulgadora cultural Eugenia Bugallal repasará la evolución de la Gran Vía y las figuras que ayudaron a convertirla en uno de los grandes escenarios de Madrid. La arquitecta María Teresa Muñoz, especialista en el Edificio Carrión, pondrá el foco en la relación entre el edificio y el luminoso, concebidos desde el origen para convivir con la luz y la publicidad.

También participarán el cronista Alfonso J. Ussía, que abordará la dimensión emocional del neón y su vínculo con varias generaciones de madrileños, y Maxi Gilbert, diseñador de iluminación y fundador del Museo de la Luz de Madrid, que reivindicará el neón como una forma de expresión con personalidad propia frente al dominio de las pantallas digitales. Cerrará el recorrido el cineasta Álex de la Iglesia, que hablará del papel decisivo de su película El día de la bestia en la transformación del luminoso en un auténtico personaje del imaginario cinematográfico español.

La jornada terminará precisamente con la primera proyección en 4K de El día de la bestia (1995), una de las películas que más contribuyeron a convertir el neón de Schweppes en una imagen inseparable de Madrid. La famosa escena final, con sus protagonistas encaramados al luminoso, forma ya parte de la memoria visual del cine español.

Fotografía original de Gran Vía (Madrid) modificada con IA: punto de vista elevado generativamente y elementos añadidos.

600 kilos de historia sobre la Gran Vía

El neón de Schweppes no es precisamente un elemento discreto. Situado a unos 37 metros de altura, mide 10,65 metros de ancho por 9,36 de alto, pesa alrededor de 600 kilos y está compuesto por 104 tubos de neón. Su característica cortina luminosa suma otras 312 barras que generan el efecto de movimiento que lo hace reconocible desde prácticamente cualquier punto de la avenida.

Instalado en 1972, el rótulo sustituyó al histórico anuncio de Camel y coincidió con una España que empezaba a mirar hacia fuera después de décadas de aislamiento. Con el tiempo, dejó de funcionar únicamente como soporte publicitario para convertirse en parte del skyline madrileño. Su importancia quedó especialmente clara en 2010, cuando el Ayuntamiento lo declaró rótulo histórico tras la polémica generada por la normativa que amenazaba con hacer desaparecer buena parte de los grandes luminosos de la ciudad.

De la pantalla al paseo por Madrid

‘Bajo el neón de Schweppes’ no terminará con la película. El proyecto continuará con ‘NEÓN COLOSAL de Schweppes y las historias por iluminar’, un tour cultural gratuito que recorrerá durante aproximadamente una hora la Gran Vía, previa reserva y por tiempo limitado.

La ruta viajará desde los orígenes de la avenida hasta el Madrid más contemporáneo, pasando por personajes y lugares como Pedro Chicote, Ernest Hemingway, Ava Gardner, Frank Sinatra, Luis Buñuel, Pedro Almodóvar o Álex de la Iglesia. También habrá espacio para la Guerra Civil, la Movida, los antiguos hoteles y cines y la historia de la coctelería madrileña, con el Bar Cock como parada final.

Con este proyecto, Schweppes recupera una historia que lleva décadas literalmente iluminando Madrid. Porque el neón puede seguir siendo un anuncio, pero después de 54 años también es otra cosa: un pedazo de memoria urbana que ha conseguido sobrevivir a los cambios de la ciudad y convertirse en parte de ella.

El icónico cronógrafo de carreras se reinventa con una caja más compacta, nuevo diseño y una edición limitada que celebra la llegada de la Fórmula 1 a la capital española

Madrid se prepara para vivir su primer gran capítulo de la Fórmula 1 y TAG Heuer ha decidido celebrarlo como mejor sabe: con un nuevo cronógrafo nacido para la velocidad. La firma suiza presenta el TAG Heuer Carrera Chronograph Sport, una reinterpretación de uno de los pilares de su colección Carrera que llega coincidiendo con el Formula 1 TAG Heuer Gran Premio de España 2026, con la marca como socio principal y cronometrador oficial del campeonato.

El lanzamiento supone el regreso de uno de los grandes cronógrafos deportivos de TAG Heuer, ahora con una estética más contundente y unas proporciones revisadas. La receta mantiene intacto el ADN que Jack Heuer imprimió al Carrera desde 1963: máxima legibilidad, precisión y una conexión directa con el mundo de la competición.

Más compacto, más cómodo y más deportivo

La gran transformación está en la caja. El nuevo Carrera Chronograph Sport reduce su diámetro de 44 a 42 milímetros, mientras que la distancia entre asas pasa de 49,8 a 48,6 mm. También adelgaza. Sus 14,17 mm de grosor, frente a los 15,48 mm de la generación anterior, buscan ofrecer una presencia más equilibrada y cómoda en la muñeca.

El rediseño se extiende al conjunto de la caja, con laterales cepillados y un bisel más fino que combina acero y un inserto de cerámica pulida. Los pulsadores, inspirados visualmente en los pistones y componentes de los motores de alto rendimiento, refuerzan el carácter racing del reloj sin renunciar a una estética suficientemente elegante para el día a día.

Un Carrera que vuelve a mirar al circuito

En el interior late el Calibre TH20-00, movimiento de manufactura de TAG Heuer visible a través del fondo de zafiro y dotado de una reserva de marcha de 80 horas. El conjunto se completa con un brazalete de acero en forma de H, ahora con diseño cónico y un sistema que permite cambiar los eslabones fácilmente en casa. También existe una alternativa con correa de piel perforada, un guiño directo al automovilismo clásico.

La esfera recupera además uno de los principios fundacionales del Carrera: que toda la información pueda leerse rápidamente incluso a gran velocidad. Los números árabes sustituyen a los índices de la generación anterior y una disposición tricompax revisada organiza las funciones del cronógrafo. La fecha se sitúa a las seis y la escala taquimétrica vuelve a poner el foco en la velocidad.

Cinco caras para un mismo espíritu

La nueva colección está formada por cinco referencias que juegan con diferentes combinaciones de color y acabados. El azul, uno de los tonos más reconocibles del Carrera, llega tanto con brazalete de acero como con correa de piel marrón perforada. También hay una versión verde turquesa de estética más contemporánea y una configuración plateada tipo «panda», con contadores negros y bisel de cerámica negra.

La alternativa en negro opalino es probablemente la más agresiva del conjunto. Los contadores negros se integran en la esfera y los detalles rojos de las agujas del cronógrafo e indicadores aportan un marcado aire de instrumentación de competición.

Una edición limitada para el primer GP de Madrid

Pero la pieza que concentra todas las miradas es el TAG Heuer Carrera Chronograph Sport Spain Limited Edition, creado para conmemorar la primera edición del Formula 1 TAG Heuer Gran Premio de España 2026 en Madrid. Sobre la base del nuevo modelo de 42 mm, esta versión incorpora detalles en rojo y amarillo tanto en las agujas centrales del cronógrafo como en la correa de piel perforada, un homenaje directo a los colores de España.

El fondo de zafiro lleva grabada la inscripción Spain Limited Edition y el reloj se entrega en un estuche diseñado por el artista español Manu Campa, conocido por sus interpretaciones del mundo del motor. La presentación incluye además una lámina numerada y firmada por el artista, inspirada en la energía del circuito MADRING y en la llegada de la Fórmula 1 a Madrid.

Con el Carrera Chronograph Sport, TAG Heuer no se limita a actualizar uno de sus cronógrafos más reconocibles. La marca aprovecha la llegada de la Fórmula 1 a Madrid para devolver al Carrera a sus raíces competitivas, pero con unas proporciones y un lenguaje de diseño adaptados al presente. Velocidad, precisión y relojería vuelven a encontrarse en un escenario que, por primera vez, tiene a la capital española como protagonista.

Por MARCO DE PABLOS

El slice neoyorquino ya tiene acento madrileño. Snob Pizza ha llegado con la misión de convertir una porción de pizza, una masa de culto y un ritual callejero en el nuevo bocado de moda de en la capital.

Hay una tendencia gastronómica que quizá aún faltaba por aterrizar definitivamente en Madrid dentro del incesante desfile de modas culinarias de los últimos años: los pizza slices. Esos icónicos trozos de pizza que forman parte del paisaje cotidiano de ciudades como Nueva York, donde llevan décadas siendo un recurso rápido y popular, pero que terminaron de instalarse en el imaginario colectivo gracias a la industria audiovisual. Basta recordar aquella escena de Fiebre del sábado noche en la que Tony Manero, el personaje interpretado por John Travolta, recorre las calles de Brooklyn mientras devora dos porciones de pizza dobladas y apiladas una sobre otra, recién compradas en Lenny’s Pizza, un local que ya gozaba de cierta fama en la ciudad y cuya popularidad se disparó tras aparecer en la gran pantalla. Pero la fiebre por esos bocados triangulares en formato XXL está lejos de decaer, reclamando ahora un hueco fuera de territorio americano.

“Estábamos en un viaje familiar a Nueva York y casi todos los días acabábamos parando a comer un slice. Era un ritual muy sencillo: entrar, elegir un trozo enorme, comerla rápido y seguir con el día. Detrás de ese gesto, había muchísimo producto, técnica y personalidad. Al volver nos hicimos una pregunta muy básica: ‘¿Dónde podemos comernos esto en Madrid?’ Y no encontramos una respuesta”, explica Ignacio de la Riva, CEO y fundador de Snob Pizza, un establecimiento ubicado en el corazón del barrio de Salamanca dedicado en exclusiva a la venta de estos suculentos bocados. “La oportunidad era importar el ritual, no copiar un decorado neoyorquino. La hostelería te enseña enseguida que una buena hoja de cálculo no sirve si el producto no emociona y el cliente no quiere volver. Snob está justo en ese cruce entre método, obsesión por el detalle y una idea muy sencilla de disfrute”, explica. Quizá ahí esté la clave de un negocio que crece al ritmo de sus masas.

¿Qué parte de la cultura neoyorquina queríais importar y qué elementos sabíais que había que adaptar al consumidor madrileño?

Queríamos importar la espontaneidad. Allí el slice no necesita una ocasión especial: puede ser una comida rápida, una parada entre planes, algo que compartes o algo que te comes solo de pie. Esa libertad y ese punto democrático nos parecían muy potentes. Lo que había que adaptar era la experiencia. Aquí el cliente valora mucho poder sentarse, compartir, acompañar la comida con una cerveza o un vino y quedarse un rato. Por eso mantuvimos el servicio directo y el formato informal, pero cuidamos más el espacio, la marca, la carta y la hospitalidad. Es Nueva York en la energía, pero hecho desde Madrid.

«Somos snobs con el producto, no con la gente»

El nombre Snob tiene una contradicción interesante. Un formato muy callejero con un término que suele utilizarse como crítica social. ¿Qué queríais provocar con ese concepto y qué mensaje hay detrás de la marca?

Nos gustaba precisamente esa contradicción. La pizza es probablemente uno de los productos menos snobs que existen. Es popular, se come con la mano y pertenece a todo el mundo. Llamarnos Snob era una manera de jugar con la idea de que cuidar muchísimo algo sencillo no tiene por qué convertirlo en algo solemne. Queríamos provocar una sonrisa y, a la vez, expresar nuestra filosofía: podemos ser muy exigentes con la masa, los ingredientes, el diseño o el servicio, pero sin perder el humor, la cercanía ni la informalidad. Somos snobs con el producto, no con la gente.

El vuestro es, precisamente, uno de los productos más versionados del mundo. ¿Qué elementos eran intocables para vosotros y cuáles queríais reinventar para crear algo propio?

Lo intocable era la lógica del New York slice: una pizza grande, una masa fina con estructura, base crujiente, centro flexible y una porción que se pueda doblar sin romperse ni quedarse blanda. También eran intocables el equilibrio y la sencillez; si una pizza pesa demasiado o los ingredientes tapan la masa, deja de funcionar.

Donde queríamos aportar algo propio era en los sabores, los acabados y la experiencia de marca. Por eso conviven una Margarita o una Pepperoni muy reconocibles con combinaciones como Hot Pepperoni, Pastrami Burrata o nuestras salsas. La reinvención no consiste en añadir cosas por añadir, sino en introducir un giro que tenga sentido en cada bocado.

Decís que queréis elevar el slice sin quitarle su esencia callejera. ¿Dónde está la línea entre hacerlo más premium y convertirlo en algo que deja de ser auténtico?

La línea está en no confundir premium con complicado. Elevar el slice significa utilizar buena materia prima, dominar la fermentación, ser consistentes y cuidar el espacio y el servicio. No significa convertirlo en un plato que necesite explicación, cubiertos o una liturgia. Para nosotros sigue siendo auténtico mientras puedas entrar sin planificarlo, pedir una porción, doblarla con la mano y disfrutarla de una forma directa. El día que el concepto se vuelva más importante que el placer de comerte la pizza, habremos cruzado esa línea.

«Hay una generación que aprecia la calidad y el diseño, pero no necesariamente quiere manteles, reservas con semanas de antelación o tickets altos cada vez que sale»

Si alguien piensa en la localización de un local de slices neoyorquinos probablemente lo imaginaría en Malasaña, Lavapiés, Chamberí o Chueca antes que en el de barrio de Salamanca. ¿Por qué elegisteis Lagasca? ¿Buscabais romper esa expectativa y acercar la pizza callejera a un público distinto?

Lagasca fue una elección consciente. Nos interesaba precisamente sacar el slice del lugar donde todo el mundo esperaba encontrarlo y demostrar que un producto callejero, informal y accesible podía tener sentido en el barrio de Salamanca. No queríamos disfrazarlo de restaurante de lujo, sino crear contraste. Además, vimos una zona con mucha vida de barrio, oficinas, comercio y restauración, pero con espacio para propuestas más ágiles y contemporáneas. Snob puede funcionar para alguien que vive cerca, para quien sale del trabajo, para una familia o para un grupo que empieza la noche. Esa mezcla era muy atractiva.

¿Cree que el barrio de Salamanca está cambiando? ¿Existe una nueva generación que ya no busca solo restaurantes punteros o de ticket alto, sino sitios más informales pero con identidad y concepto?

Sí, creo que está cambiando, igual que está cambiando Madrid. Hay una generación que aprecia la calidad y el diseño, pero no necesariamente quiere manteles, reservas con semanas de antelación o tickets altos cada vez que sale. Busca sitios informales que tengan una identidad clara y donde el producto esté muy bien hecho. El barrio de Salamanca sigue teniendo su oferta más clásica, pero hoy convive con conceptos más jóvenes, directos y especializados. Para nosotros esa convivencia es una oportunidad. Snob no intenta parecerse a lo que ya había en el barrio, sino aportar otra forma de consumirlo.

La masa con fermentación larga es una de vuestras grandes señas de identidad. ¿Cuánto tiempo tardasteis en encontrar vuestra receta y qué fue lo más complicado del proceso?

El proyecto completo estuvo más de cuatro años madurando y la masa ocupó una parte enorme de ese proceso. Hubo muchas pruebas hasta encontrar una receta que funcionara no solo recién salida del horno, sino también cortada en porciones, expuesta el tiempo adecuado y regenerada sin perder textura. Lo más difícil fue encontrar el equilibrio entre crujiente y flexible. Una pizza estilo New York no puede ser una napolitana estirada ni una base fina y seca. Tiene que tener mordida, doblarse sin romperse, aguantar los ingredientes y seguir siendo ligera. Y después está la consistencia: conseguirlo una vez es relativamente fácil; conseguirlo todos los días es el verdadero reto.

¿Qué errores o aprendizajes tuvisteis durante el desarrollo del producto antes de abrir?
El principal aprendizaje fue que el slice es un sistema, no simplemente una pizza grande cortada en triángulos. Cambiar un pequeño detalle en hidratación, fermentación, temperatura, cantidad de salsa o queso altera por completo el resultado. También aprendimos que recetas muy buenas en una pizza entera no siempre funcionan por porciones.

Cometimos el error, al principio, de querer resolver demasiado con ingredientes. Con el tiempo entendimos que había que quitar, simplificar y dejar que la masa fuese protagonista. Y aprendimos que el producto debe diseñarse junto con la operativa: cómo se hornea, cómo se conserva, cómo se recalienta y cómo llega al cliente forman parte de la receta.

¿El modelo está pensado principalmente para el consumo en local, el take away o el delivery? ¿Cómo imaginabais desde el inicio que iba a consumir la gente Snob Pizza?

El corazón del modelo es la experiencia en el local y el take away, porque ahí el cliente ve las pizzas, elige la porción y entiende mejor el ritual. Diseñamos un espacio pequeño, con servicio directo en barra, que permite comer rápido pero también quedarse. El delivery es importante y responde a una demanda real, pero tiene más dificultad técnica: una pizza crujiente y flexible debe llegar en buenas condiciones. Por eso no pensamos Snob como una marca exclusivamente de reparto. Queremos que los tres canales convivan, pero sin sacrificar producto por volumen.

«Nos gustaría que Snob pudiera crecer, pero no a costa de convertirlo en una copia de sí mismo»

¿Cuál ha sido la mayor sorpresa desde la apertura, algo que no esperabais encontrar en la respuesta del público?
Una de las mayores sorpresas ha sido la amplitud del público. Podíamos pensar que el concepto iba a atraer sobre todo a gente joven o muy conectada con la cultura gastronómica, pero hemos visto vecinos, familias, gente de oficinas, clientes mayores y personas que vienen expresamente desde otros barrios.

También nos ha sorprendido la rapidez con la que la gente ha entendido el formato y ha creado sus propios momentos de consumo. Y, por supuesto, el nivel de repetición: que alguien vuelva y tenga ya su slice o su salsa favorita es una señal mucho más valiosa que una visita puntual por curiosidad.

¿Puede compararse el fenómeno del slice con la proliferación de las smash burgers

La comparación tiene sentido porque ambos formatos convierten un producto muy popular en una categoría especializada, con marcas muy definidas y una experiencia rápida. Las smash burgers demostraron que podía haber mucha innovación dentro de algo aparentemente sencillo. Con el slice puede ocurrir algo parecido. Creo que veremos más aperturas, pero una categoría se consolida cuando deja de depender de la tendencia y aparecen operadores consistentes. No basta con una estética neoyorquina o una pizza grande. El cliente aprenderá a distinguir masa, horneado, equilibrio y servicio. Esa exigencia será positiva para todos.

¿Tenéis pensado expandiros? ¿Qué tendría que pasar para dar ese siguiente paso?

Antes de expandirnos, queremos consolidar Lagasca y asegurarnos de que el modelo es sólido, reconocible y replicable sin perder calidad. La buena acogida nos ha dado confianza para dar el siguiente paso con la apertura del local del Bernabéu.

La expansión forma parte de nuestra visión, pero sin prisas. Cada nueva apertura debe responder a una demanda real, contar con un equipo y unos procesos capaces de mantener el mismo nivel de producto, servicio y experiencia, y aportar valor a la marca. Crecer por crecer es relativamente fácil. Crecer manteniendo el alma del proyecto es lo difícil.

Fotografías: Cortesía Snob Pizza

Eduardo Guerrero regresa a Madrid en cuatro únicas funciones. Del jueves 3 al domingo 6 de septiembre, el Teatro Fígaro (Dr. Cortezo, 5) acoge el estreno nacional de ‘Códigos’, el nuevo montaje del bailaor y coreógrafo gaditano. Acompañado de José del Calli al cante y Pino Losada a la guitarra, Eduardo Guerrero ofrece su última propuesta al público madrileño en cuatro veladas exclusivas. “Más que un espectáculo flamenco, ‘Códigos’ es una reflexión sobre la identidad y su lenguaje, la capacidad para renacer sin perder nuestra memoria”, explica Eduardo Guerrero. Entradas en Gruposmedia.com, con funciones a las 20:00, salvo el domingo (18:00).

“En este viaje tradición y futuro dejan de ser opuestos, para hablar un mismo idioma”, añade el genio de Gadir sobre un trabajo íntimo e introspectivo. Baile, cante y guitarra dialogan así “en libertad” para deshacer los códigos heredados y descubrir otras formas de expresión. A diferencia de grandes producciones donde el flamenco aspira a ser un arte total, Eduardo Guerrero da un paso más hacia su esencia: el baile como búsqueda final, trance donde olvidarse para encontrarse a uno mismo.

Transgresor y atávico, Eduardo Guerrero no esconde sus influencias japonesas del kabuki y la danza butoh. Apoyado en el entrenamiento y nutrición del deporte de alta competición, su elasticidad y expresividad le han erigido en bailaor único y sin igual, referente actual del flamenco de vanguardia en los escenarios más relevantes del planeta. En un eterno retorno al origen, perseguidor incansable, nadie como Eduardo Guerrero representa la continua combustión interna y renacimiento de nuestro arte declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Con dirección y coreografía de Eduardo Guerrero, ‘Códigos’ cuenta con música original de Pino Losada, vestuario de Paloma de Alba y calzado de Begoña Cervera.

Actualmente, la Compañía Eduardo Guerrero es una de las más prolíficas y de mayor proyección nacional e internacional, con otros seis espectáculos en gira: ‘Guerrero’, ‘Desplante’, ‘Debajo de los pies’, ‘Faro’, ‘Origen’ y ‘Onírico’, éste último concebido exprofeso para el Teatro Olympia María Callas de Atenas.

La segunda mitad del año se presenta cargada de bolos dentro y fuera de nuestras fronteras. Mientras ‘El manto y su ojo’, su última gran producción, cierra los detalles de su Gira 2027, Eduardo Guerrero regresará a Japón en octubre y actuará en Rusia en noviembre. Entre otros escenarios nacionales, también visitará el Teatro Villamarta de Jerez con motivo del 150 Aniversario de Manuel de Falla.

Combustión interna

El flamenco personal e intransferible de Eduardo Guerrero levanta pasiones allí donde va. Su búsqueda creativa le lleva a traspasar sus propios límites físicos y mentales, siempre creciendo como artista y como persona. Eduardo Guerrero se sumerge en un combate consigo mismo, tan íntimo como brutal: “Me despojo de todo adorno para revelaros el pulso que arde bajo mi piel”. “No busco el aplauso, busco sobrevivirme”, ataja el bailaor, que concibe el escenario como un altar de resistencia, el cuadrilátero de “una lucha sin cuartel entre el instinto y el silencio, donde lo ancestral arde y se transforma”. “Esto ya no es un espectáculo, es un trance”, concluye.

Fotografía: FÉLIX VÁZQUEZ
Por KATY MIKHAILOVA

Querido Simón,

Anoche, desde una Venecia virtual, escribiste que habías entendido que “las flores nos sobreviven”. Yo te contesté que las flores sobreviven porque nunca aprendieron a despedirse.

Porque cumplir años (no diré cuántos) quizá consista precisamente en eso. En haber sobrevivido a suficientes despedidas como para empezar a sospechar que algunas cosas no desaparecen. Cambian de nombre. De plaza. De ciudad. De amor. De torero. De sueño. Incluso de siglo.

Tú, por ejemplo, llevas toda una vida despidiéndote sin terminar de irte.

Te despediste del niño al que Picasso puso una mano sobre la cabeza y le dijo que sería torero. Del joven que llegó a Madrid sin dinero. Del aspirante que soñaba con vestirse de luces. Del matador que tomó la alternativa en Nimes. De plazas, de toreros, de triunfos, de fracasos y seguramente de unos cuantos enemigos que, conociéndote, habrás tenido la cortesía de ir sustituyendo por otros.

Pero sigues aquí. Entre Picasso y Morante. Como si la Historia hubiera olvidado comunicarte que también tú tenías que pasar de página.

Simón Casas junto a Morante de la Puebla. (Fotografía extraída de @simoncasas1).

Contigo, además, una conversación rara vez termina en el mismo lugar en el que empezó. Uno puede comenzar hablando de una corrida en Nimes y terminar en “La Náusea” de Sartre. Preguntar por José Tomás y acabar hablando de Dios. Consultarte un problema sentimental y recibir una disertación sobre la muerte, el valor y la condición humana. Y a las cuatro de la mañana. Lo sé porque lo he hecho.

En realidad, creo que Simón Casas habla un idioma propio. No es exactamente francés, español, ni taurino.

Es simoniano. Un idioma en el que cabe todo: una plaza de toros, una mujer, un cuadro, la destrucción, un verso en prosa, un recuerdo de hace cincuenta años, la habitación 111 de aquellos felices años 60, y Morante de la Puebla. Todo ello en una misma oración sin que aparentemente exista delito gramatical alguno.

Y luego estamos los demás intentando traducirlo. Supongo que eso sucede cuando se han vivido demasiadas vidas dentro de una sola.

Hubo un tiempo en Madrid en el que no eras el hombre al que todos conocían. No dirigías plazas. No producías figuras. No escribías libros. No existía todavía alrededor de ti esa mitología construida durante décadas entre Francia y España, entre la gloria y el fracaso, entre Picasso y Morante.

Estabas solo.Tan solo que te escribías cartas a ti mismo.

Me contaste que ibas al Palacio de Correos y te las enviabas para experimentar, unos días después, esa pequeña felicidad doméstica de abrir el buzón y descubrir que alguien había pensado en ti. El remitente eras tú.

Kafka habría necesitado doscientas páginas. A ti te bastó un sello.

Siempre que recuerdo esa historia pienso que contiene bastante más de Simón Casas que cualquier biografía.

Después llegó todo. Picasso había puesto una mano sobre tu cabeza cuando eras un niño y te había anunciado que serías torero. Y torero fuiste.

El 17 de mayo de 1975 tomaste la alternativa en Nimes. Te la dio Ángel Teruel padre, con Paco Alcalde de testigo.

Y muy pronto comprendiste que no serías el torero que habías soñado ser. Hay personas que tardan una vida entera en descubrir para qué no sirven. Tú necesitaste bastante menos. Es bastante Simón Casas.

Así que hiciste algo mucho más extraño. Dejaste de intentar convertirte en el protagonista y empezaste a fabricar protagonistas.

Y es que hay algo extraordinariamente coherente en que un hombre como tú haya terminado viviendo intelectualmente entre Picasso y Morante. Entre el hombre que te anunció que serías torero y un torero que, algunos días, parece pintado por un hombre que lleva medio siglo muerto.

Y luego está la política. Me has contado que Jacques Chirac llegó a proponerte ser ministro. Dijiste que no. A cualquier otro hombre que rechazara ser ministro podríamos llamarlo loco. En tu caso, probablemente habría sido aceptar el cargo lo verdaderamente extravagante. Ministro de qué, además. ¿De Tauromaquia, Metafísica y Asuntos Morantistas? No habría presupuesto suficiente.

(Fotografía extraída de @simoncasas1).

Simón Casas junto a Rafael Garrido saludando al rey Felipe VI durante la última corrida de la Prensa celebrada. (Fotografía extraída de @simoncasas1).

También escribes. Libros, recuerdos, pensamientos y esas pequeñas bombas filosóficas que dejas caer como quien abandona pruebas en la escena de un crimen.

Supongo que Kafka habría disfrutado mucho contigo. O habría pedido cambiar de mesa. Todavía no lo tengo claro.

Lo más divertido de todo esto es que yo no sabía quién eras. Mientras otros podían recitar tu biografía taurina, yo había elaborado una teoría bastante más sencilla: aquel señor francés que aparecía constantemente alrededor de Talavante debía de ser una especie de fotógrafo excéntrico con muchísimo tiempo libre.

No estoy orgullosa. Aunque tampoco estaba completamente desencaminada.

Fue Ángel Teruel hijo quien tuvo que explicarme quién demonios era Simón Casas.

Y entonces ocurrió una de esas bromas privadas que le gustan a la Historia: descubrí que quien te había dado la alternativa en Nimes, medio siglo antes, había sido precisamente su padre.

Ahí comprendí que el mundo del toro no es pequeño. Es kafkiano.

Uno entra por una puerta en 2026 y se encuentra esperando dentro a alguien de 1975.

Días después llegó Ciudad Real. El callejón. Talavante. Roca Rey. La cena. Tus historias. Tus frases. Y algo más importante. La amistad.

Aunque tampoco sé si amistad es exactamente la palabra. Porque hay personas que llegan a nuestra vida horizontalmente y otras que, sin que nadie les conceda el cargo, terminan ocupando ese extraño lugar situado un poco más arriba. El del maestro. El del mentor. A veces, incluso, el del padre que la vida coloca fuera del árbol genealógico.

Tú has terminado ocupando para mí ese lugar. Quizá por eso puedo encontrarme a las cuatro de la mañana explicándote una catacrisis. Sí, catacrisis. La crisis se me había quedado pequeña.

Que, por cierto, los griegos llamaron “kátharsis” a esa extraña forma de purificación que llega después del dolor. Dicen que de esa misma idea de pureza y etimología nació Katerina como nombre , nuestra Katalina versión castiza; quizá por eso hay nombres que no designan a una persona, sino que anuncian una manera de atravesar la vida.

A esas horas de madrugada, además, cualquier desengaño sentimental adquiere dimensiones comparables a la caída del Imperio romano. Yo hablo. Tú escuchas. A veces te ríes. Otras me regañas. Después haces un silencio y dices una frase.

Normalmente no sé si la has leído en algún sitio, si acabas de inventarla o si llevo veinte minutos hablando únicamente para que pudieras colocarla. Pero funciona.

A veces no porque me des una respuesta, sino porque consigues desplazar el problema hasta un lugar desde el que parece más pequeño.

Eso hacen algunos padres. Eso hacen algunos maestros. Y eso hacen, sobre todo, quienes ya han vivido lo suficiente como para saber que casi ninguna tragedia es tan definitiva como parece de noche.

Quizá por eso vuelvo siempre a la historia de las cartas. Porque la vida tiene un sentido del humor bastante sofisticado.

Aquel joven que necesitaba escribirse a sí mismo para no sentirse solo terminó convirtiéndose, muchos años después, en el hombre al que otros llaman cuando sienten que la soledad les queda demasiado grande.

Hay cierta justicia poética en eso. O cierta ironía. Contigo nunca sé dónde termina una y empieza la otra.

Has dicho muchas veces que no eres empresario. Eres productor. Productor de emociones, de estética, de sueños. Puede ser.

Yo añadiría que también eres productor de personajes. Empezando por ti mismo.

Francés y español. Torero y productor. Escritor y provocador. Intelectual y pícaro. Sentimental y excesivo. Un hombre capaz de hablar de la muerte y cinco minutos después discutir un cartel. De escribir libros y rechazar ministerios.

Quizá por eso sigues teniendo algo de aquel niño al que Picasso puso una mano sobre la cabeza. Porque sigues creyendo. En el toro. En el arte. En la belleza. En los personajes. En Morante. En las flores. Y, sospecho, también en algunas cosas en las que aseguras no creer. Y sólo Dios lo sabe.

Anoche, desde tu Venecia virtual, dijiste que las flores nos sobreviven. Yo pensé que sobreviven porque nunca aprendieron a despedirse.

Hoy creo que me faltó añadir algo. Algunos hombres tampoco.

Feliz cumpleaños, Simón.

Hay una Mallorca que aparece cuando termina el verano. La de las tardes de luz dorada, los caminos de tierra, el cuero, el ante y ese Mediterráneo que, cuando baja el sol, cambia los azules luminosos por tonalidades mucho más profundas. Es esa versión más tranquila de la isla la que Lottusse lleva a su nueva colección de otoño/invierno, una propuesta en la que el paisaje no aparece como simple inspiración estética, sino que se traduce directamente en colores, materiales y prendas.

La firma mallorquina, fundada en 1877, recupera así parte de su identidad para construir una temporada alrededor de una idea que cada vez tiene más peso en la moda: invertir en piezas que sobrevivan a las tendencias. El resultado es un armario donde el cuero, el ante y las pieles comparten protagonismo con una gama cromática cálida en la que el marrón, en todas sus versiones, se convierte en el auténtico hilo conductor.

Brown is the New Black

Moka, whisky, chestnut, espresso… El marrón llega esta temporada con muchas más posibilidades de las que tradicionalmente le hemos concedido. Lottusse lo convierte en uno de los grandes protagonistas de su colección y lo lleva desde el calzado hasta las prendas exteriores y los accesorios. La clave está precisamente en no quedarse con un único tono. Los diferentes marrones permiten crear contrastes dentro de un mismo look y funcionan especialmente bien junto a otros colores inspirados en la naturaleza. El resultado es una paleta sofisticada, fácil de combinar y, sobre todo, alejada de esa sensación de tendencia pasajera.

En piel pulida, ante o acabados más artesanales, el marrón cambia de personalidad. Puede resultar elegante junto a un traje, relajado con denim o convertirse en la base de un estilismo completo. Una versatilidad que explica por qué los tonos tierra llevan varias temporadas dejando de ser una apuesta exclusivamente otoñal para convertirse en auténticos básicos del armario.

Back to basics

Hay piezas que no necesitan presentación. Un Chelsea, un Derby, un mocasín o un zapato con hebilla llevan décadas formando parte del vestuario masculino y, precisamente por eso, tienen la capacidad de sobrevivir a los cambios de tendencia. La nueva propuesta masculina de la firma isleña juega con esa seguridad. El cuero continúa siendo el gran protagonista en una selección de zapatos que apuesta por diseños reconocibles y fáciles de incorporar tanto a estilismos más formales como a otros mucho más relajados. Los sneakers de piel aportan la alternativa casual, pero mantienen la misma línea limpia y contenida.

Donde la colección gana especialmente en personalidad es en las prendas exteriores. El shearling vuelve a reclamar su lugar cuando bajan las temperaturas, presente en cazadoras y chaquetones que combinan volumen y textura. A ellos se suman modelos con cuello de pelo y cazadoras de inspiración safari realizadas en ante, piezas con suficiente carácter para convertirse en el centro de cualquier look sin necesidad de demasiados complementos. Una propuesta masculina que apuesta por el armario a largo plazo y no tanto en acumular novedades como en encontrar esas piezas que funcionan temporada tras temporada y que incluso pueden ganar atractivo con el paso del tiempo.

Marcar la diferencia

El calzado y los complementos terminan de dar forma a la colección con una selección pensada para acompañar más allá de una temporada. En la propuesta femenina, las botas altas de piel patinada comparten protagonismo con botines de tacón, mocasines estructurados, bailarinas, zapatos de hebilla y modelos de cordones. Diseños diferentes, pero unidos por una misma apuesta por los materiales y los acabados artesanales. A ellos se suman bolsos de hombro, totes y modelos cruzados, entre los que destaca Noodbags, uno de los diseños icónicos de Lottusse, elaborado en piel trenzada como guiño a la tradición artesanal mallorquina.

La misma atención por las texturas se traslada a las prendas exteriores, donde el ante, la piel y el borreguillo se convierten en protagonistas. Cazadoras, bomber, gabardinas y abrigos con cuellos voluminosos aportan el punto de carácter a una colección que entiende los complementos y las prendas de abrigo como algo más que piezas funcionales: son las que terminan de definir el estilismo.

En todos ellos aparece una misma idea: la artesanía como antídoto frente a la moda de usar y olvidar. Lottusse recupera materiales, técnicas y siluetas vinculadas a su origen mallorquín para crear piezas que puedan seguir funcionando cuando la tendencia que las rodea ya haya cambiado. Y es que unas buenas botas, un bolso de piel o una cazadora de ante no necesitan reinventarse cada temporada para seguir teniendo sentido.

Fotografías: Jorge Pérez Ortiz

El director financiero mandó un email. Asunto: presupuesto de campaña. El mensaje era breve y, para cualquier equipo creativo, ligeramente aterrador: “Este trimestre no hay. Usad IA”. Podría haber sido el comienzo de una reunión incómoda, una reducción de presupuesto o, directamente, el principio del fin. En Nude Project decidieron tomárselo literalmente. Si había que usar inteligencia artificial, se usaría. Alquilaron un robot, lo sentaron junto al equipo creativo y le dieron trabajo: diseñar las prendas, construir las imágenes y, de paso, protagonizar la campaña. El resultado es Sorry, This Is AI, el primer drop de la colección FW26 de Nude Project, una vuelta a la oficina pasada por el filtro de una generación que ya no sabe si está intentando escapar del trabajo o automatizarlo.

La inteligencia artificial es, por supuesto, uno de los grandes temas del momento. Pero Nude Project no la aborda desde el territorio habitual de los algoritmos, la productividad o las promesas futuristas. La aterriza en algo mucho más reconocible: la oficina. Ese lugar donde conviven el que llega tarde, el que nunca desconecta, el que trabaja por su cuenta, el que desaparece un viernes alegando estar enfermo y el que, inexplicablemente, aparece a las once de la mañana con rango de director. Porque si algo hace Nude Project es convertir los códigos cotidianos en parte de su propio lenguaje. Y esta vez los clichés laborales no se quedan en la campaña, también se convierten en prendas.

El dress code de la nueva oficina

Para su primer lanzamiento de FW26, Nude Project mira hacia el workwear y lo lleva a su terreno: siluetas relajadas, materiales pensados para los meses fríos y una clara apuesta por las prendas de exterior. Pantalones de pana, bombers acolchadas, chaquetas de piel y piezas reversibles construyen una colección en la que el diseño y la calidad tienen tanto peso como el concepto.

La gracia está en que cada pieza lleva consigo una personalidad. No son simplemente pantalones, bombers o sudaderas: son personajes de oficina convertidos en ropa. El director, el freelancer, el presidente, el que se escaquea para cogerse un día libre. Una especie de organigrama textil en el que los cargos importan bastante menos que la actitud.

El Director Corduroy Pant, por ejemplo, toma el clásico pantalón carpenter y lo convierte en una pieza de pana 100% algodón en tono oliva. Su corte recto, la caída limpia y el bajo con tejido de contraste —pensado para llevarse con vuelta de puño— se completan con un bordado a la altura del muslo. Tiene algo de uniforme y algo de declaración de intenciones. Y, como apunta la propia marca con su habitual sentido del humor, está pensado para durar más que cualquier puesto de director.

Después está The Freelancer Bomber Jacket, una bomber acolchada de corte boxy confeccionada en poliéster 100%, con forro completo y una construcción que aporta peso y presencia. El cuello trenzado en contraste, el bordado frontal y la etiqueta trasera tejida funcionan como pequeños códigos de identidad. Es una chaqueta concebida para el entretiempo, pero construida con la contundencia de una prenda de invierno. Como el freelancer: aparentemente improvisado, pero sorprendentemente preparado.

Pero si hay una pieza que concentra el lado más sofisticado del drop, esa es The Chairman Leather Jacket. Confeccionada en piel de oveja 100% y acabada con un aged wash aplicado a mano, incorpora cuello funnel, broches grabados y un detalle debossed en el pecho. Es la pieza más trabajada de la colección y llega, además, en una tirada corta. Una interpretación del imaginario ejecutivo que sustituye el traje convencional por una chaqueta con mucha más personalidad.

Si la IA va a hacer el trabajo, al menos que se vista bien

Hay algo especialmente irónico en que una colección nacida de la orden de “usad IA” termine hablando tanto de lo humano. De los personajes, las manías, los códigos compartidos y esas pequeñas situaciones absurdas que hacen que cualquier oficina se parezca un poco a todas las demás. Nude Project utiliza la inteligencia artificial como punto de partida, pero no deja que se convierta en protagonista absoluta. El verdadero protagonista sigue siendo el equipo, la ropa y la cultura que existe alrededor de ella.

Sorry, This Is AI funciona así como una especie de sátira sobre el presente: una campaña creada alrededor de la obsesión contemporánea por automatizarlo todo, pero hecha desde la perspectiva de quienes siguen teniendo que volver a la oficina. Porque mientras la tecnología promete hacer desaparecer tareas, puestos y procesos, Nude Project recupera algo mucho más tangible: una buena chaqueta, un pantalón que aguanta el paso del tiempo, una bomber que funciona de dos maneras y ese tipo de prendas que terminan formando parte del uniforme personal. La IA podrá escribir el email. Podrá generar una imagen. Incluso podrá sentarse en la mesa de reuniones. Pero, por ahora, el dress code sigue siendo cosa nuestra.

La Prairie presenta Swiss Pristine, una nueva colección concebida para pieles sensibles y estresadas que une minerales glaciares, innovación biotecnológica y décadas de investigación celular en un sofisticado ritual de tres pasos.

Las cumbres alpinas, los glaciares milenarios o el silencio mineral de las montañas suizas son lugares donde la naturaleza parece haber detenido el tiempo. En el extremo opuesto, la innovación avanza a una velocidad vertiginosa, algo especialmente palpable en los laboratorios de investigación, donde cada molécula, cada proceso y cada tecnología se someten a años de estudio para descubrir nuevas formas de cuidar la piel. Swiss Pristine, la nueva colección de La Prairie, nace precisamente en ese punto de encuentro entre la pureza de una naturaleza preservada durante milenios y una ciencia suiza que lleva décadas explorando el universo celular.

La nueva propuesta de la maison parte de una premisa tan sencilla como esencial: una piel bella comienza con una barrera cutánea fuerte y equilibrada. La capa más externa de la piel funciona como un escudo frente a las agresiones del entorno y, cuando se encuentra en buen estado, su equilibrio se traduce en luminosidad, suavidad, elasticidad y un aspecto saludable. Pero el mundo contemporáneo no se lo pone fácil. Contaminación, falta de sueño, viajes, exposición digital, ritmos circadianos alterados y un estilo de vida sometido a una velocidad constante construyen lo que La Prairie denomina «fatiga moderna», una suma de pequeños factores de estrés que puede terminar reflejándose en el rostro.

Nuevos lujos

La piel tiene memoria. Y también acusa el ritmo al que vivimos. Una barrera comprometida puede manifestarse de maneras tan visibles como las líneas de expresión, los poros, la aspereza, la falta de luminosidad, las irregularidades en el tono o el enrojecimiento. Seis señales que, lejos de ser independientes, pueden estar relacionadas con la deshidratación, la alteración de la función barrera, el estrés oxidativo, los desequilibrios del pH o la desestabilización del microbioma cutáneo.

Es ahí donde Swiss Pristine concentra toda su ambición. La colección ha sido especialmente desarrollada para pieles sensibles y estresadas, con el objetivo de ayudar a reparar y fortalecer la barrera cutánea y devolver al rostro una apariencia más uniforme, luminosa, suave y resistente. Y lo hace a través de una fórmula en la que naturaleza y ciencia no compiten, sino que se potencian mutuamente. El resultado es una nueva interpretación del lujo cosmético: no se trata únicamente de embellecer la superficie, sino de trabajar sobre aquello que sostiene la belleza de la piel.

Tres tesoros suizos

En el corazón de Swiss Pristine se encuentra una combinación excepcional de tres activos. El primero procede directamente de la naturaleza: minerales glaciares suizos obtenidos en los Alpes del Valais, donde antiguos glaciares han conservado durante milenios minerales en un estado de extraordinaria pureza. Calcio, magnesio y potasio se incorporan a las fórmulas mediante una avanzada tecnología de microencapsulación en liposomas de origen vegetal que imitan las capas lipídicas de la piel.

La tecnología permite que estos minerales permanezcan protegidos hasta entrar en contacto con la piel, momento en el que liberan sus propiedades. El calcio contribuye al mantenimiento de una barrera cutánea fuerte; el magnesio favorece los procesos de reparación epidérmica y ayuda a preservar su función barrera, además de contribuir a las defensas naturales frente al estrés oxidativo; mientras que el potasio participa en la regulación del equilibrio hídrico y en las respuestas normales de la piel ante los factores de estrés externos.

El segundo gran protagonista pertenece al territorio de la biotecnología. HyPower LP52™, desarrollado por los científicos de La Prairie en colaboración con dos instituciones académicas suizas de referencia, HES-SO y ETH Zurich, es un ingrediente activo patentado diseñado para ayudar a la piel a responder frente al estrés y reforzar su capacidad de adaptación. Procedente de un microorganismo resistente y obtenido mediante un sofisticado proceso de biotecnología de precisión, concentra nutrientes destinados a fortalecer la resistencia celular de la piel.

El proceso, desarrollado en Suiza, comprende tres etapas: el cultivo controlado del microorganismo en un biorreactor, la liberación de su núcleo rico en nutrientes mediante una técnica patentada y, finalmente, la extracción y purificación del ingrediente. Ciencia de precisión aplicada a la piel.

Y todavía queda el tercer elemento, quizá uno de los secretos mejor guardados de la maison: Exclusive Cellular Complex™. Patentado originalmente en 1998 y protegido de nuevo durante otros veinte años en 2014, este complejo celular es una de las grandes señas de identidad científica de La Prairie. Su elaboración requiere tres laboratorios de vanguardia: dos partes de la fórmula se producen por separado y posteriormente son combinadas por científicos especializados en un tercer laboratorio. Su misión es igualmente ambiciosa: ayudar a proteger la piel frente a los factores de estrés externos, estimular sus procesos naturales de reparación y renovación y mejorar su resistencia general.

Naturaleza milenaria, biotecnología de precisión y ciencia celular. Tres universos que convergen en una misma fórmula.

La piel, en tres tiempos

Swiss Pristine se articula como un ritual de tres productos concebido para acompañar a la piel desde la preparación hasta la protección. Tres texturas ligeras, frescas y fluidas que se absorben rápidamente y envuelven el rostro con una sensación inmediata de confort.

Swiss Pristine Essence

El ritual comienza con Swiss Pristine Essence, el paso preparatorio destinado a equilibrar la piel y crear las condiciones óptimas para el resto del protocolo. Su fórmula incorpora Exclusive Cellular Complex™, HyPower LP52™ y los minerales suizos encapsulados, fusionando la inspiración de los Alpes con la investigación científica más avanzada de La Prairie.

Swiss Pristine Serum

A continuación llega Swiss Pristine Serum, el verdadero corazón reparador de la colección. Clínicamente probado para ayudar a reparar y fortalecer la piel, actúa sobre los seis signos clave asociados a una piel de aspecto saludable: líneas de expresión, poros, suavidad, luminosidad, uniformidad y enrojecimiento. Su textura ligera se funde con el rostro y crea un delicado velo reconfortante que deja la piel visiblemente más luminosa y perfeccionada.

Swiss Pristine Cream

El último gesto es Swiss Pristine Cream, una crema calmante, ligera y de rápida absorción concebida para fortalecer y reparar la barrera cutánea. En su fórmula vuelven a encontrarse los tres protagonistas de la colección: Exclusive Cellular Complex™, HyPower LP52™ y los minerales glaciares suizos, con calcio, magnesio y potasio. Juntos trabajan para recuperar el equilibrio y mejorar visiblemente la calidad de la piel.

El resultado es una piel que parece haber recuperado algo que la vida moderna le había arrebatado: su capacidad de resistencia, su confort y su luminosidad natural.

Una fórmula convertida en objeto de deseo

En La Prairie, la experiencia del lujo no termina en la fórmula. También se encuentra en aquello que sucede antes incluso de tocar la piel. Cada envase de Swiss Pristine presenta un acabado de Laca Craquelada con efecto Hielo, una técnica decorativa inspirada en las formas dinámicas que los glaciares suizos esculpen lentamente a lo largo del tiempo.

El resultado es deliberadamente único. No existen dos patrones exactamente iguales: cada pieza presenta sus propios matices, profundidad y fluidez. El craquelado convierte cada frasco en una pequeña pieza de arte y lleva la inspiración alpina desde el interior de la fórmula hasta el exterior del ritual.

También la sensorialidad ha sido cuidadosamente concebida. Las texturas son ligeras y frescas, pensadas para envolver la piel sin sobrecargarla, mientras una delicada fragancia evoca la pureza de los glaciares: un acorde sutil, almizclado y ligeramente próximo al aroma de la propia piel, diseñado para transmitir una sensación de calma y confort.

Porque Swiss Pristine no propone simplemente una nueva rutina. Propone una nueva idea de belleza: más silenciosa, más científica, más consciente de aquello que ocurre bajo la superficie y, sobre todo, profundamente suiza.

En un momento en el que la piel se enfrenta a un mundo cada vez más exigente, La Prairie vuelve a mirar a su territorio de origen para encontrar respuestas. De las cumbres del Valais a los laboratorios suizos de biotecnología; de los minerales preservados por los glaciares durante milenios a una investigación celular que continúa redefiniendo la alta cosmética. Swiss Pristine es la celebración de esa dualidad, la naturaleza en su estado más puro y la ciencia en su expresión más sofisticada. Todo un lujo.

Por ALBERTO CASTILLO

Tras más de veinte años cerrado, el antiguo lugar de peregrinación de Font Romeu reabre sus puertas convertido en un hotel de cuatro estrellas. A su alrededor, la estación pirenaica muestra en verano su otra cara: la de un destino donde el golf se juega a 1.800 metros de altitud y la naturaleza del Parque Regional de los Pirineos Catalanes envuelve cada rincón.

Cuando el frío del invierno se retira de la Cerdaña francesa, la estación de Font Romeu, referencia durante décadas en el Pirineo para el entrenamiento en altura de deportistas de élite, despliega en los meses cálidos otra versión de sí misma menos conocida por el gran público: la de un destino de montaña donde el deporte, el aire limpio de los 1.800 metros y el patrimonio histórico conviven en armonía.

A esa combinación de naturaleza, deporte y tradición se ha incorporado un nuevo elemento llamado a ser uno de los protagonistas por derecho propio. El Gran Hotel L’Ermitage, un edificio histórico clasificado que durante generaciones fue lugar de culto y de peregrinación, ha reabierto sus puertas tras más de dos décadas cerrado y al que se ha sometido a una profunda renovación. El resultado es un alojamiento exquisito donde descansar tras completar los nueve hoyos de uno de los campos de golf más altos de Europa o simplemente dejarse llevar por el deleite que provoca la sensación de dormir con todo tipo de comodidades en un lugar de cuyas piedras emana una profunda espiritualidad que se respira entre sus gruesos muros.

El renacer de un santuario: del culto al lujo discreto

El lugar conocido como el Ermitage de Font-Romeu fue, durante siglos, el corazón espiritual de la zona y prácticamente la única edificación existente en medio del bosque. Su origen data del siglo XIV como un pequeño oratorio que se construyó para venerar una imagen de la virgen aparecida en el bosque. En los siglos XVI y XVI se amplió la capilla y se convirtió en un santuario de peregrinación con la construcción de una hospedería para acoger a ermitaños y peregrinos. El antiguo santuario siguió existiendo y permaneció como el centro religioso e histórico del lugar hasta nuestros días donde los lugareños profesaban su fe cristiana.

Jean Parent, conocido restaurador local, también acudía de niño. Sus recuerdos de infancia alimentaron una idea y una pasión que el tiempo ha cimentado en lo que es hoy el Gran Hotel L’Ermitage. Junto con su socia y decoradora Hélène Bier, Parent ha levantado sobre el edificio original un hotel de 22 habitaciones, que este verano se ha ampliado a 44, en el que conservó los muros de piedra local, las cubiertas de pizarra y el rojo intenso de las carpinterías originales, sin renunciar al carácter de un edificio que respira historia en cada rincón, enclavado en un bosque rodeado de montañas al que acudía en su infancia. Tuvimos ocasión de charlar con Jean Parent, quien nos contagió su entusiasmo al relatarnos como desde hace años tenia como objetivo recuperar para Font Romeu y dar una nueva vida a este histórico lugar.

En cada una de las habitaciones y suites, cada una de ellas diferente del resto, se percibe el mimo y el cariño que se ha puesto en su decoración, con motivos que evocan las montañas de Europa, combinando materiales naturales como la madera, la piedra, el cuero o las pieles con un estilo moderno y lujoso, pero sin opulencia y sin perder las raíces que lo ligan a esta tierra.

De hecho, pese a lo que sugiere su nombre, el Gran Hotel no pretende ser un establecimiento excluyente, más al contrario, abierto a todo el mundo. Sobre esta filosofía se ha inspirado la decoración de la ampliación del hotel. Las 22 nuevas habitaciones invitan a viajar por otros continentes, y cada planta está inspirada en un macizo distinto. Son las montañas del mundo que aspiran a atraer al mayor número posible de visitantes.

Font Romeu: la estación que entrena para la altura

Font Romeu es uno de los lugares más prestigiosos del mundo para las concentraciones de deportistas de élite, especialmente en deportes de resistencia como atletismo, ciclismo, triatlón, esquí de fondo o natación. Su atractivo se debe a una combinación difícil de igualar de fisiología, infraestructura y entorno. Como nos explica Christian Sarran, director de la Oficina de Turismo de Font Romeu, la altitud de 1.800 metros se considera óptima para estimular adaptaciones fisiológicas. Además, dispone de un clima excepcional para entrenar, con alrededor de 300 días de sol al año, con un aire seco y limpio, instalaciones de primer nivel, y gran variedad de terrenos, desde carreteras de montaña para ciclismo, senderos de trail; pistas forestales, recorridos llanos para rodajes suaves o puertos largos para trabajo de resistencia.

Font Romeu, nos explica Christian Sarran, ha construido su reputación sobre la nieve y el entrenamiento en altura, pero es en verano cuando revela su carácter más completo.

En este enclave de la Cerdaña francesa, en pleno Parque Natural Regional de los Pirineos Catalanes, entre bosques de pinos y panorámicas sobre el macizo del Cambre d’Aze y el Puigmal, el paisaje no distingue entre temporada altas o baja, sino entre formas distintas de recorrerlo: con esquís en invierno, a pie o en bicicleta de montaña en primavera y otoño, y, cada vez más, con un palo de golf en la mano durante los meses cálidos. Es el deporte, en todas sus expresiones, el que marca el ritmo de las estaciones.

Golf a 1.800 metros: la naturaleza como rival

Si el Ermitage representa la tradición recuperada, el campo de golf municipal de Font Romeu representa la otra cara de la misma moneda: la naturaleza convertida en desafío deportivo. El diseño, obra del histórico jugador francés Jean Garaïalde e inaugurado en 1985, suma nueve hoyos a par 36 en poco más de dos kilómetros y medio, donde el bosque y las pendientes obligan a recalcular cada golpe.

La altitud aquí, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en su seña de identidad. El resultado es un campo exigente pero profundamente gratificante, donde el golf deja de ser un deporte de césped perfecto y se convierte en una disciplina de montaña: técnica, física y visualmente espectacular.

Recientemente se ha hecho cargo de la gestión Benoît Pourtanel, con el reto de abrir una nueva etapa en un club profundamente integrado en el entorno y de ampliar la afición a este deporte en un campo tan singular.

Precisamente para un amateur como el que escribe estas líneas, la primera impresión al visitarlo es de sorpresa al comprobar que no todo el golf tiene que ser como lo idealizamos. Acostumbrado a la imagen de grandes praderas planas donde la bola siempre se alcanza a la vista, la visión del golf de Font Romeu es, cuanto menos, sorprendente. Aquí la falta de pericia o la precipitación si no lees adecuadamente el terreno y las condiciones del campo antes de golpear la bola, puede hacer que se esconda para siempre en medio del bosque. En mi caso, la prudencia me recomendó probar la zona de prácticas, donde pude comprobar en primera persona que no es tan sencillo como parece, y que para hacer un buen swing se requiere, como en casi todo, combinar técnica, coordinación y práctica, cualidades que, honestamente, no me adornan.

El campo de golf y el Ermitage no solo están unidos por la proximidad entre ambos. Son un símil de la historia de Font Romeu: un lugar que ha convertido lo que ya tenía —un santuario, una altitud, un bosque de pinos— en algo nuevo sin renunciar a lo que fue. El edificio que durante generaciones acogió peregrinaciones hoy recibe viajeros; la montaña que durante décadas se pensó solo para el invierno hoy se recorre también con un palo de golf en la mano. Tradición, deporte y naturaleza mirando al futuro sin renunciar al pasado.

Por MARCO DE PABLOS
Fotografía JUAN CARLOS VEGA
Estilismo NOELIA VILLAVERDE

ANA BRITO, conocida en redes como @elshowdebriten y respaldada por más de medio millón de seguidores, conquista a quien la descubre. Pódcast, libro y televisión dibujan una trayectoria en constante movimiento y siempre acompañada de una sonrisa, recordando que pase lo que pase el show debe continuar.

Existen días, por pocos que sean, en los que todo sale como uno espera. En cambio, hay muchos otros en los que los contratiempos y percances se encadenan uno tras otro. De cómo afrontes estos últimos es de lo que va la vida, y Ana Brito lo sabe bien. Comenzó a hacerse popular hace seis años de manera nada intencionada. Ella lo confirma: “De repente surgió. Me vi sin trabajo, empecé a hacer vídeos, se empezaron a viralizar, vi que gustaban y decidí profesionalizarlo y tomármelo más en serio”. El resto es historia viva de Internet. Si aún no le ponen cara, quizá lo hagan al leer su username en redes sociales: @elshowdebriten. Aglutina la friolera de más de medio millón de seguidores en Instagram y, junto al también creador de contenido y cómico Xuso Jones, copresenta uno de los pódcast más laureados por la crítica y el público, Poco se habla

La mañana en la que se llevó a cabo esta producción, que por cierto resultó bastante accidentada y recordó a esos días llenos de imprevistos, Ana se mostró tal y como se deja ver tras la pantalla. Cruzó las puertas de los Teatros Luchana en compañía de uno de los miembros de su equipo de representación, ambos nerviosos, ya que al día siguiente ponían fin a la gira de su pódcast, colgando el cartel de sold out en los cines Capitol. Todo ello, en directo y frente a un patio de butacas a rebosar. Sin embargo, en ningún momento perdió la sonrisa, procurando que el resto del equipo presente tampoco lo hiciera.

Una sala repleta de asientos tapizados en terciopelo rojo, ocupados únicamente por plumíferos, bolsos y los looks que minutos después se enfundaría, la esperaba. Sin saberlo, se convirtió en la prueba de fuego para lo que enfrentaría horas después. Mientras la maquillaban en un cuarto de luces reconvertido en camerino, comentaba junto a su manager las campañas y demás colaboraciones que tenía pendientes para ese día. Le lancé la primera y única pregunta que pude hacerle durante ese momento, pues al poco tiempo comenzaron los flashes y, con ello, el espectáculo.

– ¿Aceptas todo lo que te proponen?

– No, al revés. Digo que no a muchas cosas, bien porque no se alinean con lo que quiero hacer o con la forma que tengo de hacerlas, o porque no es una marca que yo consumiría ni usaría sus productos. Creo que hay que mantenerse un poco en tus trece para no acabar siendo Wallapop.

En todo momento supo mantener el humor y la ironía que le caracterizan y que le han acompañado a lo largo de estos años, incluso en los momentos más difíciles. “Siempre lo he utilizado como una herramienta para desdramatizar las cosas malas que me pasaban a mí o a la gente de mi alrededor”, comenta, para luego rematar: “Para hacer la vida un poco mejor a los demás o para reírme de mí misma y de lo que me pasaba”.

Ana Brito lleva total look de cazadora y pantalón con estampado floral, de MOSCHINO JEANS, y sandalias negras de tacón de REDONDO BRAND para MARTINELLI.

Durante más de tres horas, conocimos a una mujer cercana, cariñosa y, como no, bromista. Un “híbrido”, tal y como ella misma revela, entre Briten y Ana Brito. Una existe únicamente para entretener. Es la showwoman. La otra encarna todo lo que no se ve, pero que resulta igual de importante: el back office, la planificación y el propósito. En ese sentido, comparte: “Cuando la gente me conoce espera que sea un chiste andante y yo ya voy con la coletilla de ‘no soy tan graciosa’. Quizá ese día no me apetece hacer bromas”.

«Cuanto menos enseñes de tu vida privada menos información tiene la gente para usarla en tu contra. Me he creado redes para entretener, a veces lo consigo y otras no tanto. Todo lo que no sea eso, no lo comparto»

La madrileña también tiene otras facetas mucho menos conocidas. “Aunque soy bastante payasa y siempre estoy haciendo el ganso, soy una persona calmada, callada, a la que le encanta hablar de filosofía, metafísica y temas místicos”, confiesa a esta revista. Y como cualquier mortal tiene sus límites: “De mi vida personal no publico casi nada y me encanta que sea así. Me protege, no solo de las redes. Cuanto menos enseñes de tu vida privada menos información tiene la gente para usarla en tu contra. Me he creado redes para entretener, a veces lo consigo y otras no tanto. Todo lo que no sea eso, no lo comparto”.

Finalizado el shooting, se despide uno por uno de quienes han participado en él, incluida su mano derecha. Propone continuar la entrevista en una cafetería. Apenas recorrimos unos metros por la madrileña calle Luchana, durante los cuales ahondé en su nerviosismo ante lo que se avecinaba. “Me suelo poner bastante nerviosa en los directos porque soy muy autoexigente, pero tengo un compañero con el que me entiendo muy bien. Sabemos sacar lo mejor el uno del otro y el público es súper agradecido. Soy más exigente conmigo misma que el público con nosotros”, cuenta.

Vestido mini de encaje negro con detalles florales y ribetes de plumas, de CELIA B, y sandalias de tacón de REDONDO BRAND para MARTINELLI.

«En redes hay un discurso muy hipócrita. Se exige honestidad y transparencia, pero cuando alguien se muestra tal cual es y no estás de acuerdo, se le ataca. Yo he tenido consecuencias»

Ya en el interior, con bastante ruido de fondo —incluido el llanto de un bebé, algo que no le perturba siendo madre de dos niños—, Ana pone todas las facilidades para que se escuche bien lo que quiere decir. Su elección es un café muy caliente. Mientras llega, continúa profundizando en las dos vertientes humorísticas que posee. “En redes, mi humor es más blanco, intenta no crear polémica y gustar a todo el mundo. Pero yo, Ana Brito, tengo un humor muchísimo más negro, y eso se ve, por ejemplo, en el pódcast, donde soy tal cual. De hecho, la mayoría de las polémicas que he tenido vienen de ahí”. 

– ¿El pódcast se edita?

– Muy poco, salvo que el invitado lo pida. A veces cortan cosas para protegerme.

– ¿Tú lo habrías emitido?

– Sí. Siempre he sido de “lo hacemos y ya vemos”. El humorista inglés Ricky Gervais dice que el problema no está en lo que dices, sino en quién lo recibe. Mi comentario no es ofensivo; te ofendes tú ante mis comentarios. Otro ejemplo es Juan Dávila. En sus shows podría parecer que falta constantemente al respeto a la gente, pero también está dando voz a muchas personas que quieren sentirse vistas y que se toman con humor lo que a otros les parece políticamente incorrecto. Entonces, ¿quién tiene el problema ahí? La vida es muy corta. ¿Por qué le damos importancia a esas tonterías? Hay que darle valor a las cosas que realmente lo tienen.

Al hilo, añade: “La gente crea una imagen de ti en su cabeza y, cuando dices o haces algo que no encaja con esa proyección, se rompe el cliché y llegan los ‘no me esperaba esto de ti’ o ‘te dejo de seguir’”. Curtida en la era digital, afirma: “En redes hay un discurso muy hipócrita. Se exige honestidad y transparencia, pero cuando alguien se muestra tal cual es y no estás de acuerdo, se le ataca o intenta cancelar. Yo he tenido consecuencias. En redes te expones a ello”. Y es que Brito, pese a tener cierto grado de influencia —algo que ella misma reconoce—, manifiesta “cagarla” continuamente: “Hace poco me enteré de que tenía las solicitudes de mensajes cerradas, de que se podían quitar comentarios… Soy la típica que no sabe usar bien Instagram. Una boomer que se ha colado aquí sin querer”.

«Ahora mismo todo el mundo es cancelable. El ejemplo más claro es Karla Sofía Gascón: la suben, la hunden y luego la rescatan. Cancelar me parece poco ético e inmoral»

La influencer también ha coqueteado con los platós de televisión siendo colaboradora en varios programas de la parrilla en los últimos años. Su foto de perfil en redes, un montaje que superpone su rostro sobre el cuerpo, sofá y plató que utilizaba la reconocida presentadora estadounidense Ellen DeGeneres, refleja su admiración por formatos de esa índole. Fue ella, con su característico pelo corto y rubio, la conductora durante muchos años de uno de los espacios con mayores índices de audiencia en Norteamérica, conocido por su tono rebelde, su humor negro y por poner siempre a los famosos en el centro de la diana, quienes, pese a ello, acudían noche tras noche a sentarse frente a frente. A Brito le encantaría poder presentar algo similar en España. “Ya hay formatos que han abierto camino y demostrado que se pueden hacer cosas diferentes”, reflexiona. Sin embargo, la política de la cancelación también alcanzó a Ellen, eliminando su programa. Sobre esto, Ana responde: “Ahora mismo todo el mundo es cancelable. El ejemplo más claro es Karla Sofía Gascón: la suben, la hunden y luego la rescatan. Cancelar me parece poco ético e inmoral”.

Blusa de popelín con bolsillo y botonadura, de KARL LAGERFELD; sandalias de tacón de MARTINELLI; y sombrero de ala ancha prestado.

Hasta que ese momento llegue, puede presumir de haber publicado El lado bueno de las cosas (Ediciones Temas de Hoy), un libro que se presenta como una guía sincera y divertida para quienes buscan encontrar su propósito, superar sus miedos y vivir una vida más plena y feliz. “Me ofrecieron escribirlo y sentí que podía aportar desde lo que a mí me había servido en mi propio proceso de autoconocimiento”, explica. El 100 % de los beneficios recaudados se destina a la Fundación Soñar Despierto, que acompaña a jóvenes en riesgo de exclusión social cuando cumplen 18 años. “Igual que yo he cumplido mi sueño y lo sigo haciendo, quiero que estos chicos también puedan lograrlo”.

A corto plazo, aspira a conquistar nuevos territorios junto a Xuso. “Queremos ir a Latinoamérica; están surgiendo oportunidades y hay un mercado enorme, también en Estados Unidos”, cuenta. El objetivo parece estar al alcance de la mano y, a juzgar por su trayectoria, es casi una certeza. Como ella misma concluye: “El éxito está en sentirte bien con lo que haces, ilusionado y agradecido, escuchando tu intuición y siendo fiel a ti mismo. Si vives interpretando un papel, ese castillo se cae porque es mentira”. Ella cumple esa máxima al pie de la letra y motivos no le faltan para seguir materializando todo lo que se propone. Porque, al fin y al cabo, el show siempre debe continuar.

Maquillaje y peluquería LUCÍA BARANDA y EVA CORTÉS para HARPO Make up School
Agradecimientos TEATROS LUCHANA