La influencia ya no se mide únicamente en cifras, aunque ellas acumulen millones. Se mide en la capacidad de generar conversación, de marcar tendencias y de conectar con una generación que consume contenido a la velocidad del vértigo. Lola Lolita y Sofía Surfers lo saben bien. Convertidas en dos de las personalidades digitales más relevantes del país, han hecho de la autenticidad su principal activo y de las redes sociales una plataforma desde la que construir algo mucho más grande que una comunidad.

FEARLESS las reúne este verano en el Hotel Santo Mauro de Madrid para retratar un momento clave de sus trayectorias. Jóvenes, ambiciosas y plenamente conscientes del lugar que ocupan, representan una nueva forma de entender la notoriedad: más cercana, más espontánea y, al mismo tiempo, extraordinariamente influyente.

Entre risas, confidencias y la compañía de Brownie, Cibeles y Cristiano, el inseparable perro de Lola y los gatos de la editora de esta cabecera, respectivamente, habla sobre la familia, el éxito, la exposición pública y los proyectos que están por venir. “Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”, afirman. Una frase que resume el vínculo que las une y que explica, en parte, cómo han llegado hasta aquí.

Además, ambas son férreas defensoras de los derechos de los animales —una causa que apoyan activamente y visibilizan de forma habitual en sus plataformas—, y coinciden en una misma idea: «Los animales representan amor puro, hogar y paz». En este número queda reflejado. Son indomables.

Una mañana de lujo

Relojes y joyas capturan los primeros rayos de sol, ofreciendo un sinfín de propuestas con las que adornar la piel. Cada pieza traduce la elegancia del amanecer en forma de objeto, en una de las estaciones del año en las que más brillan.

Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet a la caza del mamut

Uno ha revolucionado la forma en que entendemos los espacios; la otra ha transformado la manera de contar historias. Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet son dos de los grandes creadores españoles de las últimas décadas. Proceden de disciplinas aparentemente alejadas y, sin embargo, comparten mucho más que años de amistad. Ahora también un posible nuevo proyecto cinematográfico con un sorprendente protagonista: un mamut de nombre Alvarito.

Sara Zaldívar, al servicio del arte

Por amor al arte, literalmente. Así ha construido su recorrido Sara Zaldívar, una de las mecenas y coleccionistas más destacadas de España. Hace tres años, junto a Alejandra Arias, decidió apostar por la cerámica con CerARTmic, reivindicando el poder del barro. Para demostrarlo, reúne a su particular pandilla, engalanada con metales preciosos, en una aleación tan inesperada como fascinante.

Aprende a decir NŌ (architects)

En el trabajo de NŌ architects hay algo que se resiste a ser explicado de forma directa. Sus espacios no buscan imponerse, sino revelarse lentamente, como si siempre hubieran estado allí. Entre el paisaje, la luz y el vacío, su arquitectura se construye desde una idea de esencialidad que remite más a lo ritual que a lo formal.

Agathizar la arquitectura

Precursora de un fenómeno propio, el de la “agathización”, la relación de Ágatha Ruiz de la Prada con la arquitectura se remonta a siglos atrás y ha acabado convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. En estas páginas, convive con algunos de los principales referentes de la disciplina en España, en un encuentro impulsado por ECOcero, y deja entrever que aún arrastra una cuenta pendiente.

La cantera del diseño nos descubre su interior desde Neolith

La cantera de la arquitectura y el interiorismo se reúne en Neolith llevando algo más que la casa a cuestas, su propio estudio. El resultado son estos bodegones tan personales que recuerdan que, aunque el resultado sea lo visible, lo verdaderamente decisivo siempre ocurre en el interior. 

Duchamp 2.0

El arte sigue explorando los límites entre lo cotidiano y lo estético, desplazando objetos funcionales hacia nuevos territorios de significado. En ese contexto, “Tienes una flor”, impulsada por Geberit, convierte el inodoro en un punto de partida para el diseño, reuniendo a veinte de los estudios más destacados del panorama actual.

Palito Dominguín lleva el arte en la sangre

Palito Dominguín ha crecido marcada por un instinto artístico poco común, propio de una de las estirpes más importantes del panorama cultural nacional. Aún así, no siempre lo ha tenido fácil. Abrirse paso en el mundo del arte más allá de su apellido también ha sido parte del recorrido. Ahora debuta con su primera exposición, un punto de partida que confirma que su trayectoria no es solo herencia, aunque lo lleve en la sangre.

Los enigmas de la Orden de Malta

Pocas instituciones pueden presumir de haber atravesado casi nueve siglos de historia sin renunciar a su esencia. La Orden de Malta, heredera de una tradición que hunde sus raíces en la Jerusalén medieval, sigue siendo hoy una referencia internacional en los ámbitos de la asistencia, la acción humanitaria y el compromiso cristiano. Al frente de su Asamblea Española se encuentra Aline Finat y Riva, condesa de Villaflor, primera mujer en ocupar la presidencia de la institución en nuestro país. Charlamos con ella acerca la realidad de una organización tan fascinante como desconocida para el gran público, donde la vocación de servicio continúa siendo, nueve siglos después, la principal razón de ser.

Si no lo viste, te lo perdiste, ¿o no? PREMIOS MUJER FEARLESS 2026

Todo estaba a favor. Todo menos el tiempo, que decidió colarse como invitado sorpresa en la V edición de los Premios Mujer Fearless, celebrados en el Teatro Magno. Aun así, y como ya es tradición, una veintena de mujeres —y algún que otro hombre— fueron reconocidos por hacer exactamente lo que mejor saben, cada cual en su terreno, abriendo no solo paraguas, sino también camino a las generaciones futuras.

Federico Jiménez Losantos, última parada

Federico Jiménez Losantos es uno de los comunicadores más reconocibles —y también más polémicos— del panorama radiofónico español. Voz inconfundible de la radio desde hace décadas, ha convertido la opinión en un género propio y el debate en un estilo de vida. Periodista, escritor y tertuliano, su figura ha atravesado medios, etapas ideológicas y momentos distintos de la vida pública y cultural española sin perder nunca el humor que le caracteriza.

Ya estuvo en FEARLESS hace casi dos años, cuando protagonizó una de nuestras portadas más icónicas, rodeado por quienes cada mañana le acompañan en la Crónica Rosa. Hoy vuelve a esta cabecera no para explicarse ni para justificarse, sino para responder. También para que le conozcamos aún mejor. No necesita biografía ni presentación, solo una pregunta tras otra. Y alguien que escuche.

La Real Academia de la Historia ha nombrado a José Luis Sánchez García Académico Correspondiente de la institución, a propuesta de los académicos Carmen Sanz Ayán, Javier Puerto Sarmiento y Luis Alberto de Cuenca y Prado. La comunicación oficial del nombramiento fue realizada por la directora de la Academia, Carmen Iglesias, Condesa de Gisbert, durante un acto celebrado en la sede de la corporación.

Durante la presentación se destacó la amplia trayectoria investigadora y académica de Sánchez García, subrayando especialmente su dedicación al estudio, la investigación y la difusión de la Historia a lo largo de su carrera. En la actualidad dirige la revista Cuadernos de Investigación Histórica y el Seminario Nacional de Historia «Cisneros», además de haber coordinado diez volúmenes colectivos dedicados a la investigación histórica y de haber publicado numerosos trabajos científicos que avalan su recorrido en este ámbito académico.

Asimismo, se puso de relieve su sólida formación intelectual, al ser Doctor en Filosofía Pura por la Universidad Lateranense de Roma y Doctor en Ciencias de la Educación por la Universitat de València. Ha desarrollado una extensa trayectoria en la Universidad Católica de Valencia, institución de la que fue uno de sus impulsores junto al cardenal Agustín García-Gasco, desempeñando distintos cargos de responsabilidad como Vicerrector y Director del Departamento de Ética, Antropología y Doctrina Social de la Iglesia, consolidando así una carrera académica de amplio alcance.

Tras recibir la distinción, el nuevo Académico Correspondiente expresó su agradecimiento a la Real Academia de la Historia por la confianza depositada en su persona y manifestó su voluntad de colaborar activamente con la institución en la promoción del conocimiento histórico y la investigación científica, reafirmando su compromiso con la divulgación rigurosa del pasado.

Durante su intervención evocó las enseñanzas de su maestro, el filósofo Julián Marías, afirmando: “La historia es el ámbito en el que aparece la realidad humana en su condición temporal. Por ello busca la verdad histórica sobre el hombre y su trayectoria a lo largo del tiempo”, una idea a partir de la cual subrayó la importancia de la búsqueda de la verdad histórica como una tarea racional, crítica y documentada, esencial para comprender con mayor profundidad la evolución de las sociedades.

El nuevo Académico Correspondiente destacó asimismo la labor que viene realizando la Real Academia de la Historia en la conservación, investigación y difusión del patrimonio histórico español, felicitando a sus miembros por su compromiso continuado con la cultura y el conocimiento. Finalmente, expresó su agradecimiento al académico Feliciano Barrios por su asesoramiento técnico y por el apoyo prestado en la organización del acto.

Con este nombramiento, José Luis Sánchez García se incorpora al cuerpo de Académicos Correspondientes de la Real Academia de la Historia, un reconocimiento que distingue su aportación a la investigación, la docencia y la promoción de los estudios históricos en el ámbito académico y cultural.

Por Manuel Quintanar

I.

En la calle Orfila, dedicada por la Villa de Madrid a Mateo Orfila, ilustre mahonés, padre de la Toxicología forense en el último tercio del siglo XVIII y principios del XIX, y pionero en la revisión de errores judiciales (casos Mercier y Lafarge), químico formado en Valencia y, sobre todo en París, creador de su Museo de Anatomía, ex Decano de la Facultad de Medicina de París, en definitiva, prohombre de la Patria, se sitúa el Hotel Orfila. Exclusivo oasis de lujo en la mencionada y recoleta calle, cerca de la cual, por cierto, en 1936 fue apresada por anarquistas de la FAI y, con posterioridad, asesinada y martirizada en la Dehesa De la Villa por la vesania y el odio a la fe, otra mallorquina, María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa de la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico, delatada por el portero del edificio en el que se pudo refugiar en la aledaña calle de Monte Esquinza, y cuyos restos mortales descansan en la cercana Capilla “Cachito de Cielo” de la Calle Belén.

II.

El mencionado espacio (Hotel Orfila) ha sido testigo de numerosos e inolvidables encuentros, cafés y sobremesas en su precioso jardín, entre otros, con mi maestro el Profesor Cobo del Rosal, cuyas palabras vienen ahora a mi memoria, precisamente a propósito del lamento de la falta de reconocimiento en España de los errores judiciales, en parte debido a los estrechos márgenes de nuestro recurso de revisión ante el Tribunal Supremo, por cierto, cuya sede queda muy cerca del Hotel en la Plaza De la Villa de París.

III.

Pero antes de evocar algunas de las reflexiones de mi maestro, me permito subrayar, una vez más, las bondades de este hotel, la exquisita atención, extremo cuidado de cualquier detalle, la profesionalidad de quienes conforman su equipo, bien dirigidos, motivados, y extraordinariamente preparados, con un lujo de chef, Mario Sandoval, absoluto primer espada en su materia. Decorado por piezas y obras de arte de extraordinario buen gusto y valor, entre otros, un retrato del Rey Fernando VII de Vicente López.

IV.

En momentos en que la justicia criminal resulta zarandeada por las particulares contingencias de la política, con un ex presidente del gobierno de España investigado por la Audiencia Nacional, también a escasos metros, y numerosos cargos políticos investigados y/o juzgados por estos tribunales, recuerdo la sensibilidad con que ponderaba mi maestro el debido respeto del derecho a la imparcialidad de jueces y fiscales (inédita condena por delito contra la intimidad de un Fiscal General del Estado), al derecho a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva, fundamentales derechos condensados en el artículo 24.2 de la Constitución española. Entre otras razones, por la confianza que debe poder depositar la ciudadanía en la justicia y la evitación del escudo de los partidos políticos en el denominado lawfare o cualquier otro espurio interés por parte de una judicatura que en su representación en el Consejo General del Poder Judicial podría identificarse, de forma interesada, con alguna sintonía de carácter ideológico o particular medro personal.

V.

Proponía el Profesor Cobo del Rosal una radical laminación de ese injustificado privilegio del aforamiento, una más consensuada designación del Fiscal General del Estado, vía parlamentaria y no gubernamental, un más abierto acceso a la selección de jueces y fiscales por la vía de los denominados turnos (profesionales con aquilatada experiencia y neutralidad y prestigio), y una menos delegada instrucción en las unidades especializadas de Policía Judicial, cuya misión principal consiste en recabar indicios racionales de criminalidad. Pero dicho esto, como titula Emilia Landaluce en un brillante artículo en El Mundo de 16 de junio del presente 2026, “y Garzón emergió de la cloaca”.

VI.

Porque este inhabilitado ex juez nos “obsequió” recientemente con una entrevista en El País que retrata al personaje, una vez más (¿cuántos retratos de un delincuente inhabilitado por Sentencia firme del Tribunal Supremo se necesitan para caer en la cuenta de que no está bien idealizarlo o ponerlo como ejemplo en una entrevista, siquiera sea para que diga lo que convenga?). En palabras de Emilia Landaluce: “El domingo emergió Garzón, otra criatura de las aguas fecales, en El País para enturbiar el lodazal en el que chapotea la izquierda… En la entrevista, el juez inhabilitado dice cosas extraordinarias para alguien de quien conocemos su íntima relación con el ex comisario (Villarejo). ‘He trabajado muchos años con la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías autonómicas, que han hecho labores impresionantes, pero nunca he visto lo que estoy viendo ahora. En este caso (refiriéndose al de Begoña Gómez) hay juicios de valor, cuando un informe policial tiene que ser un análisis de hechos lo contrario es mediatizar al juez. Son palabras públicas. Las de sus comilonas con Villarejo y su mujer son de otra índole del primer juez, que en España recibió el apelativo de estrella y al que se apartó de la carrera por grabar en prisión, las conversaciones de los cabecillas de la Gürtel, con sus abogados'».

VII.

Para empezar, yo remitiría a numerosas publicaciones del Profesor Cobo del Rosal en relación con los jueces estrella, la Audiencia Nacional como “casa de los horrores” y al nulo respeto que este personaje les profesaba a las garantías procesales propias del Estado de Derecho. Pero por precisar, utiliza, siempre tendenciosamente, alguna terminología de técnica jurídica, para tachar indirectamente a la UCO y la UDEF, en los temas que afectan al presidente Sánchez y a su círculo (y circo) de tipos criminológicos de autor, de manipuladores de informes y de valoraciones invasivas y excesivas en el marco de su competencia, descalificando así la instrucción y haciendo al expresidente Zapatero una víctima del sistema. Omite, desconozco si voluntariamente, puesto que a fuer de leer numerosos autos suyos no creo que sea demasiado docto en Derecho, que los indicios racionales de criminalidad que deben reflejar, encontrar, recabar y aportar a la investigación las unidades de policía judicial, amén de objetivables, entrañan, ya en su desvelamiento, una inicial y prognóstica valoración. Por una parte, la racionalidad de los indicios (valoración lógica) y, por otra, su vinculación a la criminalidad que sólo define, por principio, exclusivamente el Código penal (tipos penales concretos, conceptos de autor, cooperador necesario, etc.), que, siendo ley, y para su interpretación, exige ya una previa y cierta valoración. Por tanto, los investigadores no pueden sustraerse a dicha inicial valoración jurídica, indispensable para desvelar que sea indicio y que no lo es. Por poner un ejemplo, en la actuación policial más elemental que es la detención, ya hay una valoración jurídica.

VIII.

Lo que a Emilia Landaluce le ha faltado decir en su artículo es que, si fue el primer juez estrella en España, lo fue por la operativa de una geometría mefistofélica a la que yo denomino triángulo diabólico. Se trata de: 1. Uso (y abuso) de la gestión de los arrepentidos (suave inquisición sin auténtico arrepentimiento pero con un inherente interés en el lucro de ventajas penales y procesales que genera por sistema el agravio con el impenitente que se declara inocente) o eufemísticamente colaboradores de la justicia. 2. Los medios de comunicación a los que se filtra la parte de instrucción que conviene a la propia ególatra y narcisista personalidad del propio juez estrella y a la oportunidad de medro político con instrumentalización del sistema de justicia, erigiéndose así en un político con toga (de hecho, Garzón llegó a ser diputado, y cuando su decepcionante paso por la política no le brindó la ocasión de ser Ministro del Interior (alma de comisario), regresó a su juzgado (regreso que motivó una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal con posterioridad) e intentó investigar al entonces presidente del gobierno don Felipe González Márquez, que a la luz del devenir de la historia en España, me parece un gran presidente del gobierno, o mejor dicho, expresidente del gobierno. Dicho triángulo es determinante, junto a una legislación siempre defectuosa, de macro procesos, generalmente en la Audiencia Nacional, con decenas o centenares de imputados, ralentización de los ritmos que permiten administrar justicia, y una sobre exhibición personal para mayor gloria de la figura del juez redentor de turno en España, en definitiva, de una justicia injusta.

IX.

De todas las querellas que le habrán interpuesto a este exjuez fue la de mis queridos colegas y amigos José Antonio Choclán e Ignacio Peláez (q.e.p.d.), la única que prosperó con toda razón, pero no la única que la tenía. De este tipo de jueces metidos a políticos trato en mi nuevo libro “La nueva justicia penal” (próxima publicación), con una capítulo dedicado a los errores judiciales y la responsabilidad que pueden contraer los jueces y fiscales así como la Administración (ya hablaremos de la ministra Robles conformando Sala en una Sentencia revisada por el Supremo continente un flagrante error judicial que llevó a la condena y cumplimiento de dos inocentes de nacionalidad marroquí, uno de los cuales falleció en prisión sin poder ver reconocida su inocencia).

X.

Que la Divina Pastora, cuya imagen se venera, por cierto, en la parroquia de enfrente del Hotel Orfila, Santa Elena, nos proteja, y que Dios nuestro Señor nos libre del mejor de los pleitos, porque siempre será peor que la peor de las componendas en los tiempos procesales corrientes de nuestra justicia criminal.

Por Manuel Quintanar

El padre Ariel Suárez ha llevado a cabo una maravillosa obra de reconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad la Virgen del Cobre en La Habana (la “Cachita”), sin apenas medios, con el esfuerzo, el trabajo y la fe de un pueblo también maravilloso que no se rinde, ni ser rendirá jamás ante la más descarnada adversidad, pues en su genética está el ser irreductible en su hispanidad.

Le conocí hace ya más de cinco años y hemos venido manteniendo una relación de apoyo y amistad mutuas que creo que son el paradigma de la hermandad, del mismo hispano cubano sentir, un mismo corazón y afán, y un tener una fe rendida a nuestra Madre la santa Virgen María. Lo suyo es una continuada labor de ayuda a los suyos en comedores sociales, labor pastoral a la infancia, juventud y compañía y asistencia a los mayores. Soy testigo de esa labor y de la feliz y sobria parroquia que gobierna en La Habana con la ayuda del Eterno Dios.

En el convencimiento de que la única Cuba libre, tiene que ver con lo que paradigmáticamente es renovar cotidianamente los citados esfuerzo y fe en el Templo eterno, esperamos todos una Cuba mejor, lo cual se vislumbra inevitable pues la situación es límite y de lesa humanidad. En un momento como el presente, es más necesaria dicha perseverancia y fe en la Libertad. Ninguna pócima mágica la va a proporcionar, y ninguna proclama encendida debe vendernos nadie, y menos algunos carroñeros a la espera de la muerte de la codiciada presa y dispuestos a la venganza o a un despiadado “hacer negocio”. Las soluciones políticas y económicas que se precipitarán próximamente podrán tener una fácil venta ante la reinante necesidad pero deberían tener muy presente el plano inclinado en que deben ser integradas y, sobre todo, la justicia social.

España, nación Madre Patria, debería ejercer un papel no secundario en la recuperación de nuestros hermanos cubanos, en cuya sangre está la nuestra, con la ayuda que le sea posible, y entiendo que es mucha, aunque sólo sea por los ininterrumpidos vínculos sostenidos con esa parte hermana del corazón de España (aquí cabe recordar a los maniqueos la buena relación Castro/Franco).  

Si como Unamuno recordaba “a presión de siglos nuestra lengua española lleva inserta una filosofía” y la misma es para Cuba y para España, el contenido de sentido de la palabra Libertad será mucho más que una constitución o un ordenamiento de derechos, conteniendo como esencia suya y propia, la dirección a lo auténtico, a lo verdadero, es decir, a la Dignidad humana. Y abandonado ya el espantajo comunista, en que sólo pueden creer unos cuantos nostálgicos, el mefistofélico fraude será mutar ese genuino concepto de Libertad por otros sustitutivos sucedáneos (y falsos), negocio para los carroñeros.

Ojalá no se imponga la descarada sumisión a los halcones oligocráticos que en nombre de los Estados Unidos de América se anuncia por su Gobierno. España también se la juega, aunque nuestro triste deambular por la escena internacional presagie una ayuda más bien débil e inoperante cuando no torpe (veáse la mínima y bufa imagen de Albares como compendio didáctico de “en los que hemos quedado”).

Desde hace siglos, el sufrimiento de los cubanos solo puede ser superado por los cotidianos esfuerzos de las gentes que todavía creen en una misma genética espiritual. Nos la jugamos una vez más. Esperemos que España esté a la altura y viva y comparta como propia la difícil situación. Esperemos también que el gobierno de España, ya muy desgastado el actual, esté liderado por un político que estimo a la altura y sensato. Esperamos la mayoría eso del señor Núñez Feijoó.

Desde los comienzos es imposible explicar la historia de España sin Cuba y la de Cuba sin España. La denominada generación del 98 no es más que el resultado de la profunda depresión y el inolvidable trauma de la definitiva separación, una reflexión intelectual sin la que es difícil entender nuestro presente. Una muerte anunciada hacía siglos, es al mismo tiempo la muerte de un proyecto, España, que como recuerda el Papa León XIV, es diálogo con Cristo y presencia de nuestra Santa Madre, y que tiene que ver con la dignidad humana, con la interpelación y diálogo constante con nuestro Creador, en nuestra lengua y sin acepción de razas o procederes.

Por eso, Padre Ariel, le escribo estas letras y siento son insuficientes para expresar lo que muchos españoles sentimos respecto de ese trozo de España, que es Cuba. Ojalá estemos a la altura todos en la inminente y progresiva catarsis de la bellísima Isla. ¡Viva Cuba libre, viva la auténtica Libertad!

Por Manuel Quintanar

I.

Por sugerencia del profesor Tirado (Filosofía) he podido ver, por primera vez, la película “La parada de los monstruos” (1932) de Tod Browning y producida por Irving Thalberg (Freaks en su versión original). Hay que verla. Aunque sólo sea porque fue objeto de toda suerte de incomprensiones y de censuras, en su momento, en los Estados Unidos. Basada en el cuento corto de Tod Robins “Spurs” cuyo argumento es la venganza de un artista circense con acondroplasia objeto de la manipulación de una trapecista que se casa con él para apropiarse de su fortuna.

II.

Durante años prohibida en el Reino Unido, la Metro Goldwing Mayer cosechó un fracaso de público y crítica especializada. Fue recortada de 90 a 60 minutos con un prólogo y un epílogo felices para poder ser comercializada, debido al, para la época, “mal gusto” y “patologizante cosmos” en el que se desarrolla. Un circo en el que parte de las atracciones del mismo residía en la exhibición y aparente escarnio de las deformidades humanas (“el hombre oruga” sin brazos ni piernas, dos hermanas siamesas, una hermafrodita, enanos y otras malformaciones físicas). Con el paso del tiempo la crítica ha ido decantando el valor de la cinta, aunque lamentablemente se haya perdido el original.

III.

He podido verla con mis alumnos y celebrar un debate o cineforum a propósito de la misma. Lo repetiría. Alguna alumna ha compartido la misma sensación que motivó la lacerante crítica inicial por descarnada o, si se quiere, “escandalizante”. Algún otro lo ha conectado con el debate en torno a la monstruosidad. Es decir, la alteración del “orden” de la naturaleza en contados casos en la especie humana. Respecto de la idea “orden”, “ordenación”, “causalidad” y “fines” el debate debiera haberse celebrado en el aula de filosofía de la naturaleza. Otros se han fijado en la época en que fue realizada, años 30 del siglo XX, desarrollo de la eugenesia en Inglaterra e incipiente auge del nazismo. Por último, los que, con mayor atención al sentimiento de humanidad han querido ver el paradigma del alma humana como conectada con la dignidad propia de la persona al margen de la materia corruptible (el cuerpo).

IV.

En cualquier caso, me parece, aunque no lo piense y diga yo, sino la mayor parte de la crítica reciente, sobre todo a partir de los años 90 en que fue homenajeada por la Mostra de Cinema de Venezia, una obra maestra, de culto, pero muy alejada del género terror en el que desafortunadamente se la encasilló, sino en el género, si se quiere, drama o tragedia. Sugerente en todos los ámbitos de la vida. El mundo de los valores, el alma humana, los fines de la vida, el amor unido al sufrimiento, la codicia y los vicios morales en contraste con las virtudes en este caso del lado de la solidaridad de los más débiles en defensa de la dignidad de cualquier persona, los avances de la ciencia médica como genocidas en prácticas eugenésicas y abortivas. El genocidio silencioso, que no se ve, porque la estética de la realidad del sufrimiento ofende, y ésta debe ser aniquilada.

V.

El “monstruo”, término que se ha usado en la filosofía clásica desde Grecia y Roma, ya superado y desterrado, habita en cada uno de nosotros cuando no vemos en cada persona lo que realmente es por el hecho de serlo. A mí se me ocurren unos cuantos acreedores de este título ya propio de película de terror. Como epílogo diré que el “hombre oruga” o “torso viviente”, Prince Randian, tuvo cuatro hijos, uno de ellos su ayudante profesional, todos ellos sin ninguna anomalía, igual que su mujer con la que estuvo hasta su muerte. Johny Eck, en la cinta el “medio hombre”, parecía que su cuerpo terminase en la cintura, pero padecía una agenesia sacra, teniendo piernas y pies minúsculos y atrofiados, fue un brillante músico, fotógrafo, ilusionista, pintor y completó una vida plena. De modo que, repito, acaso el “monstruo” soy yo.

Por Manuel Quintanar

I.

La “soave inquisizione” (Padovani) o “Storia della colonna infame” (Manzoni). Historia judicial que se repitió en el último cuarto del siglo XX con la excusa de una “legislazione di emergenza” creada por la política (especialmente la izquierda justicialista) para laminar las garantías procesal penales en procedimientos por tráfico de drogas, terrorismo y crimen organizado principalmente (también corrupción) y que se articuló bajo fórmulas de macro procesos con centenares de imputaciones, instrucciones eternas a mayor gloria del juez instructor (o fiscal), prisiones provisionales y medidas espectaculares de entradas y registros, detenciones, secreto sumarial, etc., pero, sobre todo, con “los denominados arrepentidos”.

II.

Dicha infamia delincuencial, bajo la cobertura del Estado y con la excusa de «la lucha contra el crimen» (jerga belicista impropia de una investigación judicial), se sustentaba en tres pilares fundamentales: a) el juez/fiscal instructor (el protagonista); b) los medios de comunicación (decisivos al momento de acabar con la fama, el honor y la dignidad de los inocentes atrapados bajo las garras del sistema inquisitorial); y c) el «arrepentido» o «arrepentidos» (personajes cuyo arrepentimiento residía en el evidente móvil de lucro, consistente en las ventajas procesales y sustantivas que el sistema les dispensaba a cambio de sus delaciones, sin sujeción alguna al control de la verdad).

III.

La mini serie de HBO Max resulta imprescindible, porque resume lo anterior con una fidelidad a la realidad basada en la verdad judicial (“verdad de papel”), lacerante y escarnecedora de los derechos del hombre (pedagógica para los alumnos de Derecho), en particular de este periodista de gran éxito en televisión, uno de los pioneros en la RAI, Enzo Tortora, falsamente acusado de pertenecer a la Camorra napolitana y de ser traficante de drogas, por fiscales y jueces, arrepentidos y medios de comunicación. El calvario, kafkiano, pues durante prácticamente la totalidad del proceso Enzo Tortora ignoraba la etiología de la acusación (tan falsa como esquizoide y mitomaníaco el principal acusador, Giovanni Pandico, por cierto, protagonizado por un gran actor), se prolongó por espacio de 5 años, casi un año bajo arresto domiciliario y siete meses de prisión provisional. Detenido en 1983 fue condenado por los cargos de pertenencia a la Nuova Camorra Organizzata de Raffaele Cuttolo y tráfico de drogas por el Tribunal de primera instancia de Nápoles el 15 de septiembre de 1985 a 10 años de prisión.

IV.

El 15 de septiembre de 1986 la Corte de Apelación de Nápoles lo absolvió con todos los pronunciamientos favorables por no sostenerse la fiabilidad y credibilidad de las pruebas (inexistentes si excluimos las declaraciones de los “denominados arrepentidos”, Pandico, Melluso y Barra). El 17 de junio de 1987 la Corte de Casación confirmó la absolución. Unos meses después en mayo de 1988 moriría Enzo Tortora.

V.

La víctima de un aquelarre judicial-mediático con la colaboración indispensable de unos delincuentes, muchos de ellos asesinos, pretendidamente “arrepentidos”, sin obligación alguna de decir verdad, sin consecuencia alguna de carácter ni penal ni procesal por llevar a término calumniosas invenciones en relación con un profesional independiente (tan distante de la democracia cristiana como del comunismo en cualquiera de sus versiones), hasta entonces no protegido de la jauría de fiscales y jueces de izquierda, por el “sistema”, y que fue llamado durante el calvario procesal sufrido por Marco Pannella para presentarse a las elecciones del Parlamento de Europa por el Partido Radical (liberal-progresista) por el que fue elegido renunciando poco tiempo después para que no se considerase un privilegio inmunizador el escaño europeo.

VI.

Uno de los victimarios de este escandaloso error judicial (¿) fue el Juez Di Pietro, posteriormente fundador de un partido político y diputado (¿estaría ya haciendo política a costa de las víctimas de la Camorra?). El Juez Marmo pidió perdón a Tortora con posterioridad (ya tarde). Surgían los jueces estrella de los que en España brilló en su vedettismo el ex Juez Garzón, condenado en España por prevaricación muchos años después, muy partidario de la gestión de estos arrepentidos sobre la base de cuyas declaraciones se construyeron enteras instrucciones sin mayor corroboración que una falsaria versión de la realidad en materias tan graves como tráfico de drogas o crimen organizado en general. También este último con sus expectativas políticas descaradas (llegó a ser diputado, tras lo cual volvió a su Juzgado, investigando a algunos de sus más señalados compañeros en el Gobierno). Por cierto, no abandona el foco, sea por fas o por nefas, ahora nombrado Presidente de una enfática y ridiculamente llamada “Comisión de la Verdad”. La Verdad y Garzón podría titularse la tragedia.

VII.

Pero, como decíamos, sin la colaboración de los medios es imposible el funcionamiento de los “jueces estrella” en su, en algunos casos, auténtico trastorno psicopático necesitado de notoriedad. A Tortora en la “Caserma” le prometen salir detenido por una puerta lateral sin esposas y de forma discreta. Lo cierto es que es icónica la imagen de Tortora saliendo del cuartel de Carabineros esposado y fotografiado por una multitud de medios incluyendo su cadena la RAI con la que cada viernes en su “Portobello” convocaba a 28 millones de italianos. Los medios como chacales ciegos en la destrucción de la imagen del periodista y, por supuesto, de la persona. Tortora no sabía de qué y por qué se le acusaba. Funcionaba todo como una denuncia anónima. Sufrimiento suyo y de su familia que, como a tantos, acaba por destrozar su vida en cualquier sentido, excepto en el moral.

VIII.

Y los arrepentidos: un proxeneta (Melluso) quien sostuvo que se le veía por locales nocturnos de Milán con Cuttolo y proveía de cocaína a artistas, actores, etc. (Tortora era conocido por no frecuentar este tipo de locales); un esquizoide fabulador (Pandico) asesino de dos funcionarios por no entregarle una copia de su certificado de nacimiento; Barra, un camorrista, asesino múltiple. La Justicia en manos de los delincuentes. Los Jueces siguiendo la línea de investigación marcada por la fantasía interesada de los “denominados arrepentidos”. La Ley a los pies de la delincuencia y el oportunismo.

IX.

Son muchas las disfunciones que se produjeron con los privilegios concedidos por la legislación italiana a los “arrepentidos” (legge dei pentiti e dei dissociati de 1982). Ley criminógena y fuente de la victimización de inocentes señalados por los delincuentes, incluso infiltrados en los procedimientos para desviar de la verdad las investigaciones, con el derecho a mentir y ninguna obligación. Las declaraciones se podían pactar previamente con los fiscales. También en España muy lamentablemente. Convertir a los inocentes en irreductibles y a los delincuentes “arrepentidos” bendecidos por los nuevos gestores de la moral colectiva beneficiarios de condenas reducidas, absoluciones y ausencia de medidas cautelares, incluso con falsas identidades, protección de sus familias, operaciones de cirugía, etc. La infamia de la que hablaba Beccaria elevada a la categoría de virtuoso mecanismo de lucha contra la criminalidad organizada. Ojo, no confundir al “arrepentido” gestionado por el Fiscal o el Juez Instructor con el confidente policial.

X.

En definitiva, una “cultura judicial” de “lucha” en busca de su “verdad”. El medro político y profesional de algunos togados. Afortunadamente, en Italia se operó una buena reforma del Códice di Procedura Penale y una Ley de Responsabilidad de Jueces y Fiscales por errores judiciales. En España lamentablemente no. Por ello, seria deseable una “Comisión de la Verdad para errores judiciales” y un Día de las Víctimas de Errores Judiciales.

XI.

Dedico este artículo a Mauro Mellini, amigo y maestro, y Miembro del Consiglio Superiore della Magistratura, Senador por el Partido Radical, quien me prestó todos los medios para poder estudiar estos casos de patología judicial en Italia en los años 90.

Por LUIS MARÍA DÍAZ DE BUSTAMANTE

La primera vez que su administrador le sugirió que se presentase a ese concurso televisivo donde celebridades compiten de muy malas maneras por intentar emular a un chef, Mr. Karl bajó sus gafas oscuras, le miró con ligera estupefacción y le despidió. Nunca nadie se había atrevido a faltarle al respeto de tal manera.

Sin embargo, unos meses más tarde (y también una inspección fiscal desfavorable mediante), el apodado káiser de la moda, el genio que había dirigido la mejor casa de alta costura del siglo, se encontraba cocinando un vulgar pollo asado en aquel plató, donde hacía un calor insoportable por culpa de los focos deslumbrantes y olía a puerro quemado en mantequilla.

Mr. Karl no tenía opción, la productora pagaba una fortuna y aquél era su último recurso para no morir de inanición.

A decir verdad, esto último no le parecía tan grave, de hecho, estimaba que era la manera más adecuada y digna de desaparecer (“un cadáver ha de yacer delgado, es una muestra de respeto y consideración a los que te lloran” se repetía a sí mismo), pero no podía permitir que algo le faltase a Choupette, una gata birmana de color azul crema a quién alimentaba con varias latas de caviar Beluga al día y con quién había decidido pasar el resto de su existencia.

La gente podría pensar que Choupette era la última distracción de un diseñador extravagante:

La gente no tenía ni idea.

Tras el paso de la vida, Mr Karl había comprendido que esa mascota era su único y verdadero amor, el ser que jamás le había decepcionado; Choupette siempre lucía elegante y dispuesta, algo apreciado por cualquier persona inteligente; Choupette era displicente pero grácil y atlética, algo que Mr. Karl ansiaba desde que era un adolescente rollizo y demasiado amable; Choupette había sido creada a su imagen y semejanza: Choupette era impecable, inabordable, insoportable.

Todas las demás personas que Mr. Karl había conocido y encumbrado (secretarios con cuerpos de efebos interesados en su dinero, modelos desequilibradas y vulnerables que habían quedado atrapadas en alguna peligrosa adicción, incluso las costureras del taller que con tanta diligencia habían hecho realidad sus diseños), habían acabado abrazando la vulgaridad o, en el peor de los casos, la gordura.

A pesar de haber tenido siempre una relación odiosa con la comida (el Sr. Karl no comprendía esa fascinación general por lo gourmet, a su parecer, solamente la gente holgazana y rústica se dejaba vencer por la ansiedad y la gula de una generosa ración de alimento), se había ganado el favor del jurado.

Sí, semana tras semana, esas tres personas que juzgaban sus platos (y que, a efectos de Mr. Karl, eran seres chabacanos y prescindibles) parecían adorar el aura de misterio que le conferían aquellas gafas de sol que jamás se quitaba.

Semana tras semana, esas tres personas parecían sentirse fascinadas por los enormes anillos de oro con los que adornaba sus manos finas y huesudas, también por su pelo largo y plateado, que siempre llevaba recogido en una coleta (incluso le habían permitido sustituir una de esas redes higiénicas antiestéticas que la manipulación de alimentos exige por una especie de tiara que el diseñador había confeccionado en cinco minutos con papel de aluminio).

Lo cierto es que Mr. Karl había demostrado una pericia absoluta en el arte de las esferificaciones, las espumas y las deconstrucciones; no había tanta diferencia entre la preparación de un plato de alta cocina y un desfile de alta costura. Al final, sólo se trataba de contar una historia, de producir una fantasía. Mr. Karl había conseguido deshacerse de todos los rivales del concurso gracias a su habilidad para desollar conejos (utilizando la misma técnica que había perfeccionado décadas atrás, cuando todavía existía la libertad de moda y abrigarse con martas cibelinas era sinónimo de estatus y de buen gusto) y su capacidad para cortar enormes cantidades de cebolla en juliana sin derramar ni una sola lágrima (gracias al cristal ahumado de esas gafas tan características). Sin embargo, no había conseguido, por el momento, derrotar a su eterna enemiga: Inés.

La animadversión entre ambos concursantes había ido creciendo a lo largo del programa, aunque no siempre fue así. De hecho, hubo un tiempo en el que habían sido un tándem de éxito icónico e inigualable; hubo un tiempo en el que Inés lo había sido todo para Mr. Karl y Mr. Karl lo había sido todo para Inés: un amor a primera vista imposible de consumar, lo que lo hacía todavía más potente.

Cuando se conocieron, Inés era adorablemente esquelética y tenía una mirada profunda e irreverente, producida por unos ojos grandes y negros que al maestro le recordaban al color de los escarabajos de Las mil y una noches. Él le había hecho rica; ella le inspiraba como nadie. Su existencia ilimitada en común, se regía por fiestas sin fin, viajes privilegiados en los jets de las élites que gobiernan el primer mundo, copas de champagne y ostras sin medida. Todo era arte, dinero, poder; todo era vanidad. Y, sin embargo, de manera inesperada y en el momento más inoportuno, Inés, en el colmo de la originalidad, decidió cometer una herejía:

Casarse.

Si al menos su marido hubiese sido un hombre incorrecto, original, pasional o tóxico, ese matrimonio habría sido aceptado por Mr. Karl, pero la inteligente Inés eligió compartir su vida con un señor corriente, anodino, incluso buen tipo. Eso era algo que a Mr. Karl le desestabilizaba.

Inés dejó de ser esa figura etérea y frívola que le acompañaba en ese viaje vital para convertirse en una señora burguesa, sobria y aburrida, una mujer comme il faut: una mujer que tendría hijos, se ocuparía de su familia y jamás volvería a estar ebria antes de las once de la mañana. A Mr. Karl eso le parecía imperdonable.

El azar (y una productora ávida de morbo y con muchas posibilidades económicas) había querido que se reencontrasen en ese concurso. Inés seguía estupenda. Mismos ojos, misma delgadez, quizás deteriorada por más arrugas, pero igualmente carismática y esbelta.

A Karl le divertía ver cómo su antigua compañera de baile se defendía extraordinariamente bien con los caldos, los sofritos y todos esos términos tan poco cosmopolitas que habían aprendido durante las últimas semanas. Ver a Inés preparando esos manjares era un auténtico espectáculo: se movía entre los pucheros con la misma armonía que en las pasarelas y Mr. Karl volvía a sentir la admiración por la que había sido su mejor musa. Con el tiempo, Mr. Karl había comprendido que la irritante decisión de Inés simplemente era el espejo de su soledad, de la tristeza que provoca la sensación de insatisfacción permanente inherente a las existencias vacías. También le reconfortaba la idea de que tuviese problemas económicos (la participación en un espectáculo así sólo podía obedecer a la necesidad del vil metal). Definitivamente, la única persona digna de competir con Mr. Karl en esa final era Inés.

El sonido de las cacerolas se mezclaba con el cronómetro que anunciaba la necesidad de comenzar con la preparación de los postres. Quedaban treinta minutos para que terminase la competición. Los familiares de los dos finalistas estaban sentados en un altillo observando la prueba. Inés seguía casada con ese hombre con aspecto de ingeniero informático que la miraba con ojos de cordero degollado. En el caso de Karl, Choupette miraba recelosa la actuación de su amo (también observaba de reojo, la papada amable del marido de Inés, preguntándose quizás si sabría mejor que el caviar Beluga).

Inés parecía sobrepasada, moliendo con un mazo cacao puro para su bavaroise de chocolate. Karl se dio cuenta de que su compañera no había pulsado el botón de encendido del abatidor de temperatura (lo que imposibilitaba la terminación del postre).

El artista mundialmente conocido, el genio que había recibido todas las condecoraciones posibles, se encontraba ahora ante un dilema: el amor o el juego justo.

Mr. Karl se acercó al abatidor, acarició el botón y entonces, en un gesto de innata nobleza y tras un instante de reflexión, se metió la mano derecha en el bolsillo. Había elegido el amor: Choupette no volvería a pasar hambre.

Por Manuel Quintanarun jurista que aún cree en la ley como límite moral del poder

I.

Mi querido Alfonso ya te echamos mucho de menos todos los que hemos tenido el privilegio de compartir muchos momentos contigo. Creo que poco puedo aportar a todo lo que de bueno se ha dicho de ti. Simplemente corroborarlo.

II.

Nos conocimos con la hija de uno de tus mejores amigos y también amigo mío, Carlos Domecq, con el que estarás ahora. Nuestra querida y genial Dolo, tan amiga de la rima como tú, nos presentó y, desde entonces, ya más de 15 años. Cada vez que he podido estar contigo, para mí ha sido una impagable lección de filosofía de vida y, por consiguiente, de lo divertida que puede ser en compañía de buena gente de verdad.

III.

También nos une una ciudad que te encantaba visitar, Valencia, mi tierra y la de tu otro queridísimo amigo, Tip, José Luis Sánchez Polack. Fuiste Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana y todavía nos acordamos de tu homenaje a Tip en Valencia con Iñaki Zaragüeta. Está grabada, fue en el Ateneo, organizada por La Razón, de la que fuiste cofundador y muy recomendable como semblanza del genio del humor y como muestra de tu sentido de la amistad.

IV.

Me da vergüenza reconocer que me emocionó esa rima que te inventaste para todos los valencianos y que le atribuiste a autor desconocido, o por lo menos eso creo yo, “Yo quiero para mi tumba”:

“El azul de la Albufera,

La luz de la Malvarrosa;

Mi Virgen junto a una rosa,

Mi Cristo, junto a un clavel.

El aroma de la piel

De mi Valencia adorada.

No quiero en mi tumba, nada

De oro, lujo o apariencia;

Quiero trabajo, decencia,

Amor, y jamás cizaña.

Mi Señera de Valencia,

Y mi Bandera de España.”

V.

Defendiste la singularidad de nuestra querida Región, su historia propia, su imposible identidad con la abominable invención de unos pretendidos Païssos Catalans, su lengua, su cultura, sus tradiciones y sus gentes. Y eso queda acreditado en multitud de artículos a lo largo de tu dilatada y brillantísima historia como columnista.

VI.

Nos brindaste momentos inolvidables en el “El debate del estado de la Nación” de Luis Del Olmo (Gorroño, Escolano, etc.), junto con Mingote y Tip, entre otros. Nos hiciste aprender y reír con tu “Tratado de las buenas maneras” y “El Marqués de Sotoancho”.

VII.

Ahora que te encuentras con ellos no te olvides de nosotros querido Alfonso pues un poco huérfanos de tu columna de “El Debate” nos hemos quedado. Bueno, al menos por fin con Don Pedro Muñoz Seca, asesinado en Paracuellos.

VIII.

Nos has dejado a mi querido Bosco Ussía, otro genio, y Alfonso, ya consumada pluma de nuestras letras con mayúscula.

IX.

Te doy las gracias por tantos buenos momentos, por las rimas que me dedicaste, y por todas las divertidísimas tertulias que compartí contigo. Te doy la enhorabuena por la Medalla que te impuso mi querida Cristina Cifuentes, la máxima distinción de la Comunidad de Madrid el 2 de Mayo.

X.

Pero, sobre todo, porque estoy seguro de que ningún obispo te podrá negar estar con el Jefe y tu querido Tip. Hace poco, mi amigo Enrique Cerezo (otro de esos buenos que aún quedan) me regaló la película La garbanza negra, que en paz descanse, donde mi querido Pepe Truchado (también allí, en la Paz Eterna) se inventó la estética de Tip y Coll.

Por Manuel Quintanar, un jurista que aún cree en la ley como límite moral del poder

La dignidad de la mujer —su autonomía, su espacio interior, su cuerpo y su conciencia— constituye uno de los pocos consensos éticos que una sociedad democrática no puede permitirse erosionar. Sin embargo, nuestra época, tan fascinada por la apariencia del cambio, ha descuidado lo esencial: la mujer no necesita un nuevo léxico político, sino que se le garantice, sin ambigüedades, el núcleo duro de su libertad mediante la ley penal, que es el último muro que una comunidad levanta frente a la violencia.

Desde ahí, desde ese último muro, me veo obligado a poner sobre la mesa algunas reflexiones que, por incómodas, llevan demasiado tiempo silenciadas.

La primera es casi un misterio cultural: ¿por qué desapareció del debate la figura del parricidio o conyugicidio como homicidio agravado? España llegó a castigar más severamente al hombre que mataba a su esposa que a quien daba muerte a un desconocido. Lo hacía por un motivo civilizatorio: reconocer que la traición al vínculo, la violencia ejercida en el ámbito íntimo, es la destrucción del lugar donde debería residir la máxima protección. Recuperar esa figura no es arcaísmo; es una exigencia ética.

La segunda reflexión es más incómoda aún. La explotación sexual, la prostitución coactiva, la trata de seres humanos y el proxenetismo no son delitos: son fracturas morales del Estado. Resulta inexplicable que su castigo no se agrave en un momento en que la mujer es convertida —por mafias, por mercados, por plataformas digitales— en un objeto consumible. Y más inexplicable todavía es que el usuario, el consumidor último de esa instrumentalización, permanezca al margen de cualquier reproche penal. ¿Con qué rostro puede una sociedad hablar de igualdad mientras excusa a quien financia su destrucción?

La tercera deriva hacia lo que debería ser un clamor: el tipo penal del acoso sexual es hoy un refugio para acosadores inteligentes. El legislador ha tejido un artefacto tan repleto de requisitos que las víctimas deben demostrar más que quienes sufren coacciones básicas. Penalmente, el mensaje es espantoso: “Toléralo un poco más. Prueba el grado exacto de sufrimiento. Acredita la intensidad.” No. El acoso sexual debe ser castigado con la misma claridad con la que se protege la propiedad o la integridad física: sin matices que perpetúan el silencio.

En cuarto lugar, es urgente restaurar la escala de gravedad que la cultura jurídica española siempre tuvo clara. La violación es, en nuestro imaginario moral, una de las mayores agresiones a la libertad humana. Y sin embargo, hoy convive en un espacio penológico que, en términos sociales, la sitúa casi al nivel de delitos cuya gravedad cultural es menor. No basta con reformular palabras. Hay que devolver a la violación el peso penal que refleja su significado moral.

Hay, además, un bien jurídico que apenas comenzamos a comprender: la intimidad. En particular, la intimidad digital de la mujer. La utilización inconsentida de su imagen, de su cuerpo, de su vida privada en redes, no es un simple atentado a la privacidad: es una forma moderna de cosificación. Es preciso levantar sobre ello un muro penal inexpugnable. El machismo ya no golpea solo con el puño, golpea con el clic. Y un clic puede destruir la identidad de una mujer con la misma intensidad que un golpe físico.

Por último, me pregunto —y no encuentro aún respuesta convincente— qué responsabilidad tienen quienes, hombres o mujeres, medran políticamente en nombre de las mujeres pero las perjudican con su negligencia. ¿Qué responsabilidad penal, ética o social pesa sobre quienes abanderaron reformas que resultaron en beneficios penitenciarios masivos para agresores sexuales? ¿Qué responsabilidad tiene quien hizo bandera electoral de una causa que luego no supo custodiar con rigor jurídico?

No se puede hablar “en nombre de todas” cuando se legisla para unas pocas. No se puede reclamar protección simbólica mientras se dinamita la protección real. Y, sobre todo, no se puede confundir ideología con justicia.

Porque al final, proteger a la mujer no es un gesto político. Ni un discurso performativo. Ni una consigna de campaña.

Es un acto moral. Y el Derecho Penal, cuando se usa con rigor, sin oportunismo y sin retórica vacía, es el instrumento más honesto para proteger esa moral.

Este ensayo no pretende cerrar nada.
Solo abrir una conversación que, por dignidad, España no puede seguir aplazando.

Continuará…

A mi querida madre.

Hay quien se pasa la vida buscando el sentido de las cosas. El para qué, el por qué, el hacia dónde. Mientras tanto, la gramática ya había resuelto el misterio. El universo se sostiene en las preposiciones.

Entre, sobre, bajo, contra, hasta, hacia. No dicen nada por sí solas, pero lo significan todo. Son puentes que conectan, flechas que empujan, límites que protegen o encarcelan. La humildad hecha función gramatical. Relacionar en silencio.

El ser humano se define por sustantivos. La vida, por preposiciones. Cuando decimos que vamos a algún lugar, ya estamos aceptando la existencia del destino. Cuando venimos de otro, reconocemos un pasado. Si amamos con alguien, es imposible amar solos. Cada trayectoria vital es un esquema preposicional.

Somos movimiento. No el quién, sino el entre quiénes. No el qué, sino el hacia qué.

También hay fronteras. Vivir sin alguien revela lo que falta. Estar bajo algo pesa. Luchar contra todo agota. Y el adiós también lleva preposición. Me voy por tu bien. El consuelo sintáctico.

Una amiga tuvo un novio que le exigía hablar siempre con sujeto y predicado. Le pedía que vigilara hasta las preposiciones que usaba. Como si controlar el lenguaje del otro fuese la forma más barata de controlar su realidad. Los hay empeñados en ser comisarios de la gramática ajena. Grammar bullies los llama la vida.

Y mientras tanto, en ABC, Alfonso Ussía recordaba hace poco que hemos cambiado la convicción por el adverbio. Todo exageradamente intenso, absolutamente rotundo, moderadamente idiota. Quizá tenga razón. Nos hemos acostumbrado a gritar con los matices en vez de pensar con las palabras.

Por eso yo reivindico hoy la preposición. La convicción suave. La verdad que une en lugar de adornar. La conexión que no presume.

Entre tú y yo, solo hay una preposición. Y eso lo cambia todo.