Por KATY MIKHAILOVA
Fotografía MARIO SIERRA
Estilismo BEATRIZ MORENO DE LA COVA

Acumulan millones de seguidores y se han convertido en el referente de cientos de adolescentes, pero hubo un tiempo en el que LOLA LOLITA y SOFÍA SURFERS, como se han hecho llamar artísticamente en sus perfiles en redes sociales, eran como esos jóvenes a los que hoy inspiran. Y, en buena medida, lo siguen siendo, porque pese a su gran proyección mediática, apenas superan la veintena. Sin embargo, ambas tienen las ideas claras y una ambición notable que las ha llevado a ocupar el lugar que hoy ostentan, sin dejar que nadie les dé gato por liebre.

Los gatos sobreviven a las caídas de maneras misteriosas. Siempre aterrizan. Quizá por eso existe aquello de las siete vidas. Porque hay criaturas que, incluso cuando todo se rompe, encuentran la manera de recolocarse sin hacer demasiado ruido.

Lola (24) y Sofía Moreno (22), más conocidas como Lola Lolita y Sofía Surfers, tienen algo profundamente felino. No solo porque vivan rodeadas de gatos —seis en el caso de una, tres en el de la otra, respectivamente— y también de algún perro, como Brownie, el can de pelaje marrón chocolate que aparece en estas páginas, sino por esa mezcla singular de sensibilidad e independencia, de ternura y distancia, de exposición y refugio.

No empezaron siendo un personaje. Empezaron siendo dos hermanas, con sol y playa del Mediterráneo, con gatos adoptados y con esa manera de crecer sin darse demasiada cuenta de que el talento bien gestionado te ayuda a brillar.  Y después vino el ruido. Las pantallas. Los millones (entre las dos suman más de seis millones de seguidores en Instagram, y más de quince en Tik Tok). 

Y, sin embargo, no se rompió lo importante. Porque Lola es impulso, movimiento y esa energía que no se explica pero que se ejecuta. Tiene algo de vértigo bonito, de quien construye mientras corre. Sofía, en cambio, observa, absorbe, se mueve hacia dentro incluso cuando viaja lejos. Si una acelera, la otra ordena. Si una expone, la otra matiza.

Han aprendido a convivir con la mirada constante sin convertirse del todo en lo que se espera de ellas. Entendieron antes que muchos que la exposición no sustituye a la identidad. Que el algoritmo no puede ser un hogar. Hablan de la familia como quien habla de raíces; de los animales, como quien habla de verdad; del éxito, como quien sabe que pesa. No hay épica en su historia. Hay continuidad. Y quizá por eso funcionan. Porque, mientras otros se reinventan constantemente para no desaparecer, ellas han optado por algo más difícil, reconocerse en cada versión. Siete vidas, al final, no es empezar de nuevo. Es no dejar de ser quien eres, aunque todo cambie.

En la imagen de portada de este artículo, Sofía luce top y falda en blanco perla, de DE LA CIERVA Y NICOLÁS; y pendientes de oro blanco y brillantes, de DINH VAN. Lola lleva vestido de organza líquida, también de DE LA CIERVA Y NICOLÁS. Sobre estas líneas, vestido bordado con pedrería y cristales, de RUBÉN HERNÁNDEZ COSTURA; y plataformas de piel efecto metálico, de AQUAZZURA.

Ahora viajemos en el tiempo. Primavera de 2026, con la inspiración ubicada en esta, nuestra edición de verano. Hotel Santo Mauro. Madrid. Una de esas tardes de abril en las que el sol promete y la lluvia traiciona. Los jardines húmedos, las piedras oscurecidas, el verde más verde que nunca. Dentro, terciopelos, maderas nobles, una luz baja que parece pensada para que todo suceda un poco más despacio.

El Santo Mauro no es exactamente un hotel. Es más bien una casa donde alguien ha decidido que el tiempo no corra. Un lugar donde todo, desde las telas de Gastón y Daniela, los silencios, hasta la forma en la que cae la luz, tiene algo de escenografía emocional.

Ahí aparecen ellas. Lola ríe. Sofía sonríe. Se mueven con naturalidad entre los estilismos pensados por Bea M. de la Cova, los focos de Mario Sierra y mis gatos, como si todo formara parte de una misma escena cotidiana. Marco dirige. Y ellas bailan entre toma y toma, se miran con esa complicidad automática de las hermanas que no necesitan explicarse demasiado. Son espontáneas, sencillas, jóvenes y, sin embargo, llevan más vida vivida de la que corresponde a su edad digital.

Ambas llevan vestidos drapeados de licra, de DANIELA LINARES; Sofía, con brazalete y anillos de oro blanco y brillantes; y Lola, con brazalete de oro amarillo, todo de DINH VAN.

Siempre han sido equipo, cuentan casi restándole importancia. “Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”. No hay épica en la frase. Hay estructura.

La familia aparece pronto. Como refugio, pero también como límite. Como ese lugar que sostiene cuando todo alrededor se amplifica. “Nuestra madre muchas veces es quien nos pone límites, y eso también es cuidarnos”.

Entre frase y frase, se prueban un vestido, se levantan, vuelven, alguien ajusta una luz. Todo fluye. No hay rigidez. Cuando se les pregunta por ese momento en el que la vida deja de ser normal, no hay un punto exacto. No hay una escena fundacional. Más bien una transición lenta, casi imperceptible, desde el instituto hasta esa sensación difusa de empezar a ser observadas. Y, sin embargo, lo verdaderamente interesante es lo que no cambia: “Si mañana desaparecieran las redes, seguiríamos siendo nosotras”. Lo dicen sin énfasis. Como quien no necesita convencer a nadie. Y ahí hay algo profundamente contemporáneo. Y es que en un mundo donde muchos dependen del escaparate para existir, ellas parecen tener claro que la identidad no se negocia con el algoritmo.

“Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”

Lola habla de casa, de sus animales, de proyectos que construye casi desde dentro. Sofía, en cambio, se inclina hacia fuera. Viajar, moverse, absorber lo que pasa. Dos maneras distintas de estar en el mundo, sostenidas por una misma raíz. “Los animales representan amor puro, hogar, paz”, explican. Y quizá por eso todo encaja. Porque mientras fuera todo se acelera, dentro de ese universo hay algo que sigue funcionando con otra lógica. Más lenta. Más esencial.

Bolero de plumas, de GOROF; top de punto con escote bardot, de TRUCCO; pantalón corto de seda, de MARIO SALAFRANCA; y tacones de piel estampada, de MAGRIT.

El éxito aparece, inevitablemente, pero no como destino, sino como consecuencia. Les ha dado libertad, dicen, pero también una responsabilidad enorme. Porque cuando millones de personas te miran, cada gesto pesa un poco más. “Perder lo que hemos construido da vértigo. Pero también sabemos que, con o sin redes, encontraríamos nuestro camino”, confiesan a esta cabecera.

Entre toma y toma, Cristiano (que no entiende de entrevistas ni de narrativa) irrumpe como un pequeño caos con forma de gato. Cibeles observa desde la distancia, elegante, diplomática. El contraste es perfecto. Y hay algo ahí. Porque, como ellos, Lola y Sofía conservan ese punto indomable. Esa parte que no termina de pertenecer del todo al lugar donde está.

Lola lleva vestido de flecos con abalorios dorados, de WOMANZE, y sus propias joyas.

La conversación se vuelve ligeramente más afilada cuando aparece la exposición. No desde el drama, sino desde la lucidez. “Estar muy expuesta no significa sentirse acompañada”. Silencio breve. Nadie subraya la frase. Pero se queda. Han aprendido a filtrar, a distinguir entre crítica y ruido, a no quedarse demasiado tiempo en lo que no construye. Y, sobre todo, a proteger. “Con los años hemos aprendido que hay cosas que es mejor no enseñar”, dicen. No es censura. Es criterio.

“Estar muy expuesta no significa sentirse acompañada”

En un entorno que empuja constantemente a mostrarse más, a decir más, a ser más, ellas han entendido que parte del equilibrio está precisamente en lo contrario. En reservar. En mantener un espacio propio al que nadie más tiene acceso.

Cuando hablan de su faceta empresarial, el tono cambia apenas un matiz. Más concentración, más precisión. Son conscientes de que, detrás de la aparente naturalidad hay estructura, equipo, decisiones: “Sostener lo construido requiere equilibrio. Mucha cabeza y capacidad de adaptarse”. Y ahí, quizá, está la clave de todo. Porque crecer puede ser casi accidental, pero sostener implica intención. Implica carácter.

Las hermanas lucen vestidos de crepé con cuerpo corsetero y falda drapeada, de VICTORIA COLECCIÓN. Las acompaña Brownie, el perro de Lola, presente durante la sesión.

Fuera sigue lloviendo. Dentro, el Hotel Santo Mauro continúa funcionando como un pequeño paréntesis en el tiempo. Alguien recoge un foco, alguien comenta la última toma, alguien cruza el salón con prisa. Mi nariz termina sangrando en un gesto casi anecdótico por un zarpazo propiciado por Cristiano. ¡Qué esperar de un gato madridista! La pasión también es cosa de las fieras. Ellas siguen riendo. Cristina Santaolalla, representante de ambas, bromea con un “ya que duele, grábalo”.

“Nunca hemos querido interpretar un personaje”. Lo dicen al final, casi como una nota al margen. Y, sin embargo, es probablemente la frase que sostiene todo lo demás.

Siete vidas, al final, quizá no tengan que ver con resistirlo todo, sino con saber quién eres —y no olvidarlo— cuando todo el mundo parece querer escribir tu papel por ti.

Chaqueta y pantalón de flecos, ambos de cuero, de ELISABETTA FRANCHI; tacones de charol, de MAGRIT; y pendientes de oro blanco con brillantes, de DINH VAN.

Maquillaje y peluquería CRISTO RODRÍGUEZ para Guerlain, en el caso de Lola, y KÉRASTASE para ambas, respectivamente
Producción MARCO DE PABLOS
Asistente de fotografía SERGIO MARTÍN
Asistente de estilismo DIEGO SERNA
Agradecimientos HOTEL SANTO MAURO

La influencia ya no se mide únicamente en cifras, aunque ellas acumulen millones. Se mide en la capacidad de generar conversación, de marcar tendencias y de conectar con una generación que consume contenido a la velocidad del vértigo. Lola Lolita y Sofía Surfers lo saben bien. Convertidas en dos de las personalidades digitales más relevantes del país, han hecho de la autenticidad su principal activo y de las redes sociales una plataforma desde la que construir algo mucho más grande que una comunidad.

FEARLESS las reúne este verano en el Hotel Santo Mauro de Madrid para retratar un momento clave de sus trayectorias. Jóvenes, ambiciosas y plenamente conscientes del lugar que ocupan, representan una nueva forma de entender la notoriedad: más cercana, más espontánea y, al mismo tiempo, extraordinariamente influyente.

Entre risas, confidencias y la compañía de Brownie, Cibeles y Cristiano, el inseparable perro de Lola y los gatos de la editora de esta cabecera, respectivamente, habla sobre la familia, el éxito, la exposición pública y los proyectos que están por venir. “Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”, afirman. Una frase que resume el vínculo que las une y que explica, en parte, cómo han llegado hasta aquí.

Además, ambas son férreas defensoras de los derechos de los animales —una causa que apoyan activamente y visibilizan de forma habitual en sus plataformas—, y coinciden en una misma idea: «Los animales representan amor puro, hogar y paz». En este número queda reflejado. Son indomables.

Una mañana de lujo

Relojes y joyas capturan los primeros rayos de sol, ofreciendo un sinfín de propuestas con las que adornar la piel. Cada pieza traduce la elegancia del amanecer en forma de objeto, en una de las estaciones del año en las que más brillan.

Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet a la caza del mamut

Uno ha revolucionado la forma en que entendemos los espacios; la otra ha transformado la manera de contar historias. Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet son dos de los grandes creadores españoles de las últimas décadas. Proceden de disciplinas aparentemente alejadas y, sin embargo, comparten mucho más que años de amistad. Ahora también un posible nuevo proyecto cinematográfico con un sorprendente protagonista: un mamut de nombre Alvarito.

Sara Zaldívar, al servicio del arte

Por amor al arte, literalmente. Así ha construido su recorrido Sara Zaldívar, una de las mecenas y coleccionistas más destacadas de España. Hace tres años, junto a Alejandra Arias, decidió apostar por la cerámica con CerARTmic, reivindicando el poder del barro. Para demostrarlo, reúne a su particular pandilla, engalanada con metales preciosos, en una aleación tan inesperada como fascinante.

Aprende a decir NŌ (architects)

En el trabajo de NŌ architects hay algo que se resiste a ser explicado de forma directa. Sus espacios no buscan imponerse, sino revelarse lentamente, como si siempre hubieran estado allí. Entre el paisaje, la luz y el vacío, su arquitectura se construye desde una idea de esencialidad que remite más a lo ritual que a lo formal.

Agathizar la arquitectura

Precursora de un fenómeno propio, el de la “agathización”, la relación de Ágatha Ruiz de la Prada con la arquitectura se remonta a siglos atrás y ha acabado convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. En estas páginas, convive con algunos de los principales referentes de la disciplina en España, en un encuentro impulsado por ECOcero, y deja entrever que aún arrastra una cuenta pendiente.

La cantera del diseño nos descubre su interior desde Neolith

La cantera de la arquitectura y el interiorismo se reúne en Neolith llevando algo más que la casa a cuestas, su propio estudio. El resultado son estos bodegones tan personales que recuerdan que, aunque el resultado sea lo visible, lo verdaderamente decisivo siempre ocurre en el interior. 

Duchamp 2.0

El arte sigue explorando los límites entre lo cotidiano y lo estético, desplazando objetos funcionales hacia nuevos territorios de significado. En ese contexto, “Tienes una flor”, impulsada por Geberit, convierte el inodoro en un punto de partida para el diseño, reuniendo a veinte de los estudios más destacados del panorama actual.

Palito Dominguín lleva el arte en la sangre

Palito Dominguín ha crecido marcada por un instinto artístico poco común, propio de una de las estirpes más importantes del panorama cultural nacional. Aún así, no siempre lo ha tenido fácil. Abrirse paso en el mundo del arte más allá de su apellido también ha sido parte del recorrido. Ahora debuta con su primera exposición, un punto de partida que confirma que su trayectoria no es solo herencia, aunque lo lleve en la sangre.

Los enigmas de la Orden de Malta

Pocas instituciones pueden presumir de haber atravesado casi nueve siglos de historia sin renunciar a su esencia. La Orden de Malta, heredera de una tradición que hunde sus raíces en la Jerusalén medieval, sigue siendo hoy una referencia internacional en los ámbitos de la asistencia, la acción humanitaria y el compromiso cristiano. Al frente de su Asamblea Española se encuentra Aline Finat y Riva, condesa de Villaflor, primera mujer en ocupar la presidencia de la institución en nuestro país. Charlamos con ella acerca la realidad de una organización tan fascinante como desconocida para el gran público, donde la vocación de servicio continúa siendo, nueve siglos después, la principal razón de ser.

Si no lo viste, te lo perdiste, ¿o no? PREMIOS MUJER FEARLESS 2026

Todo estaba a favor. Todo menos el tiempo, que decidió colarse como invitado sorpresa en la V edición de los Premios Mujer Fearless, celebrados en el Teatro Magno. Aun así, y como ya es tradición, una veintena de mujeres —y algún que otro hombre— fueron reconocidos por hacer exactamente lo que mejor saben, cada cual en su terreno, abriendo no solo paraguas, sino también camino a las generaciones futuras.

Federico Jiménez Losantos, última parada

Federico Jiménez Losantos es uno de los comunicadores más reconocibles —y también más polémicos— del panorama radiofónico español. Voz inconfundible de la radio desde hace décadas, ha convertido la opinión en un género propio y el debate en un estilo de vida. Periodista, escritor y tertuliano, su figura ha atravesado medios, etapas ideológicas y momentos distintos de la vida pública y cultural española sin perder nunca el humor que le caracteriza.

Ya estuvo en FEARLESS hace casi dos años, cuando protagonizó una de nuestras portadas más icónicas, rodeado por quienes cada mañana le acompañan en la Crónica Rosa. Hoy vuelve a esta cabecera no para explicarse ni para justificarse, sino para responder. También para que le conozcamos aún mejor. No necesita biografía ni presentación, solo una pregunta tras otra. Y alguien que escuche.

Por MARCO DE PABLOS
Fotografía OCTAVIAN CRACIUN

Precursora de un fenómeno propio, el de la “agathización”, la relación de Ágatha Ruiz de la Prada con la arquitectura se remonta a siglos atrás y ha acabado convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. En estas páginas, convive con algunos de los principales referentes de la disciplina en España, en un encuentro impulsado por ECOcero, dejando entrever que aún arrastra una cuenta pendiente.

“Me llamo Ágatha Ruiz de la Prada y Sentmenat”, espeta sin titubeos la diseñadora española de mayor renombre internacional. Reina del color —y también de la polémica— ha construido una marca personal convertida en fenómeno global, con decenas de licencias, que abarcan desde el prêt-à-porter hasta líneas textiles y de hogar, colecciones infantiles, vajillas, cascos de motocicleta, productos de limpieza, papelería y un largo etcétera de artículos “agathizados”, valoradas en millones de euros. Sin embargo, todavía hay algo que se le resiste, y resulta llamativo, porque precisamente alude a su nombre completo para reivindicar la herencia arquitectónica que la precede y que tanto la apasiona.

“Mi padre era arquitecto, el padre de mi padre también… Todos. En mi familia siempre ha habido una gran relación con importantes referentes de la arquitectura”, cuenta la actual marquesa de Castelldosríus, título heredado por vía materna y perteneciente a la familia de su abuelo, Félix de Sentmenat y Güell . Una genealogía en la que destacan figuras clave como Eusebi Güell y el marqués de Comillas, grandes mecenas de Antoni Gaudí y responsables de la financiación de buena parte de sus proyectos. En especial, Güell, quien ejerció como su principal impulsor, convirtiéndose en pieza fundamental para el desarrollo de su obra.

«Creo que tengo más de arquitecta que de modista«

Pero ahí no queda todo. La vinculación familiar de la mujer que ha hecho, literalmente, de su capa un sayo con la disciplina continúa a través de José Antonio Coderch de Sentmenat, uno de los arquitectos españoles más influyentes del siglo XX y pariente del ya citado Félix de Sentmenat. A esta nómina se suman los Sert y, en particular, Josep Lluís Sert, el arquitecto que diseñó la Fundación Miró, situada en el barcelonés parque de Montjuïc, y la Fundación Maeght, al suroeste de Francia, convertida en los últimos años en escenario de algunos de los desfiles más célebres de la firma Jacquemus. “Uno de los míticos”, exclama, reforzando aún más la continuidad de una tradición arquitectónica que ha acompañado a la familia durante generaciones y que su padre, Juan Manuel Ruiz de la Prada y Sanchiz, continuó. Este es considerado, entre los entendidos del sector, uno de los referentes de la arquitectura residencial madrileña. Su firma puede apreciarse en edificios como Velázquez 89, Zurbano 73 o General Martínez Campos 51. “Era mucho mejor arquitecto que persona”, rememora. No resulta entonces extraño que ella misma se defina como “una arquitecta frustrada”.

“Creo que tengo más de arquitecta que de modista. Me interesa mucho el concepto y estoy acostumbrada a que lo importante sea lo esencial, además del volumen. No las cursilerías”, sentencia. Y es que, en buena medida, Ágatha Ruiz de la Prada podría entenderse, a su manera, como una auténtica proyectista, capaz de abordar las estructuras, formas y geometrías desde una mirada ajena al ornamento y de trasladar ese lenguaje al universo de la moda.

Lo ha demostrado colección tras colección a través de propuestas en las que los gestos constructivos son protagonistas: vestidos globo de dimensiones imposibles, como los presentados en la primavera-verano de 2014; prendas comparables a mesas camilla, sostenidas por estructuras metálicas, o faldas con forma de paraguas, anticipadas ya un año antes; o atuendos recorridos por espirales que evocaban pequeños remolinos sobre vestidos de líneas depuradas, presentados en la colección otoño-invierno de 2013 y convertidos más tarde en la imagen del cartel de una de las exposiciones que la diseñadora ha realizado en el Palacio de los Duques de Cadaval, en Évora. Sin olvidar aquella vez, allá por 2008, en la que la gran manzana se rindió a sus pies con una colección inspirada en Las Meninas, cuyas siluetas reinterpretan la obra de Diego Velázquez a través de volúmenes rotundos y lecturas escultóricas, con la infanta Margarita como referencia. Un conjunto todo él poblado de color, el otro gran emblema de la casa, y precisamente el rasgo que muchos consideran ausente en el mundo de la arquitectura, aunque ella discrepa: “Nunca ha sido sobrio; otra cosa es que algunos lo perciban así, de forma bastante simplista”. Y añade: “Siempre ha habido arquitectos buenísimos a lo largo de los siglos, pero el problema es que la gente tiene muy mal gusto. El 90% de las personas hacen la mayor inversión de su vida en un piso que pasan años pagando y, si les preguntas quién lo ha diseñado, no tienen ni idea. Así que eso de la sobriedad…Hay muchas casas que son realmente bonitas”. No le falla el olfato en ese terreno. “Siempre reconozco cuando un edificio es bueno. Hay gente muy rica que tiene casas muy horteras. Puedes encontrar más belleza, quizá, en una casa muy humilde en África, hecha con barro y sin apenas nada, que en otra construida con mucho dinero, pero también con muy mal gusto”, exclama. 

«Me hacen mucha gracia estas reuniones de arquitectos, porque es una profesión que he conocido muy bien. Tengo más feeling con ellos que con los abogados»

Ágatha es también sobradamente conocida por sus casas y por la disposición tan particular que en ellas imprime. Recientemente se ha mudado a otro hogar guiándose por su instinto, porque para ella “el espacio es requeteimportante. Igual que debes sentirte cómodo con tu cuerpo, donde más cómodo tienes que estar es en tu propia casa. Es vital. Por eso me encanta la arquitectura, el interiorismo y los muebles buenos”. Tanto es así que uno de sus planes favoritos es desplazarse hasta el país transalpino para asistir al Salone del Mobile —la feria de mobiliario y diseño de interiores más grande e influyente del planeta—, aunque reconoce que “cada día veo más instalaciones chorra y menos piezas con verdadero valor”. 

Fue también en Italia, y más concretamente en Venecia —ciudad que visitó hace unos días— donde se cercioró aún más de que el mundo de la moda tiene mucho que ver con el arte y, por extensión, con la arquitectura. La causa fue una muestra dedicada al diseñador Dries Van Noten, quien además ha adquirido un palacio en el que ella presume de haber estado en numerosas ocasiones. Lo define como un “señor con una sensibilidad extraordinaria y, como buen belga, con un gusto apoteósico. El mismo buen gusto que tiene para la ropa lo tiene para el arte y la arquitectura”. Por eso se declara plenamente fiel a esa idea de que quien tiene buen gusto en un terreno, lo tiene también para el otro. 

De izqda. a dcha.: Álvaro Estúñiga, José Antonio Granero y César Vidal.

De izqda. a dcha. y de arriba abajo: Tristán López-Chicheri, Carlos Lamela, Ignacio Vicens, Eva Longoria, Julio Touza y Carlos Rubio Carvajal.

Jorge Bellido, CEO de ECOcero; Jordi Antonijoan, fundador de MATTER; Ágatha Ruiz de la Prada; y Jorge Fernández, de ECOcero.

De hecho, hay una cosa clara: hablamos el mismo idioma. Uno muy particular y muy loco”, sentencia ante esta cabecera. A la vista está. El pasado mes de mayo acudió a la llamada de FEARLESS y ECOcero, firma de paneles acústicos decorativos y sostenibles líder en el sector, con cuyo fundador, Jorge Bellido, mantiene una excelente relación: “Me llevo de maravilla y me encanta lo que hacen”, confesó. Pero no fueron los únicos: “Estos arquitectos me apasionan”, añadió, en alusión a los integrantes del ya bautizado G15 de la Arquitectura, un grupo de referentes de la disciplina que conforman el jurado de los recientemente renombrados FEARLESS Architecture Madrid Awards (FAMA): Ignacio Vicens, Carlos Lamela, Héctor Ruiz, José Antonio Granero, Álvaro Estúñiga, Ángel Cava, Julio Touza, Tristán López-Chicheri, Carlos Rubio Carvajal y César Vidal, además de Eva Longoria, de grupo Rockwell, y María José Piccio Marchetti. Y, aunque ausentes a la velada, Lázaro Rosa-Violán y César Ruiz Larrea. Con todos ellos, la soberana del color se movió con naturalidad, como en su propio territorio creativo, en un encuentro tan breve como intenso. Un visto y no visto que, sin embargo, bastó para ser recordado y, mejor aún, inmortalizado.

“Me hacen mucha gracia estas reuniones de arquitectos, porque es una profesión que he conocido muy bien. Tengo más feeling con ellos que con los abogados. Así que me encanta que me inviten a estos encuentros, porque todos me resultan apasionantes”, reitera. La reunión tuvo lugar en el Meet Design Center, en la calle Claudio Coello 55, el nuevo espacio que la firma MATTER ha abierto en la capital, y en cuya configuración ECOcero ha participado de forma activa. Fue su entrada principal el auténtico centro neurálgico de la cita. Un espacio revestido con paneles en distintas tonalidades rojizas, un color muy presente en los grandes proyectos del padre de la protagonista, aquellos ladrillos achatados de un rojo inspirado en César Manrique que, por casualidad, también se coló en las instantáneas. En el centro, un sofá que concentró todas las miradas, convertido en punto de conversación. Una escena con aire Friends en clave arquitectónica, que la diseñadora impregnó con su esencia a través de su presencia. Azul, amarillo, naranja, rosa… todos se amontonaban entre trajes de pantalón y chaqueta negros, azul marino y gris, certificando su irrupción como un elemento capaz de desbancar la mitología sobria de este mundo y convertirla, con ella, en pura locura. “Me gustaría mucho, mucho, ‘agathizar’ un edificio, tanto, que no pondría condiciones. Podría ser un colegio, una iglesia, un aeropuerto, un hotel…”, alude Ruiz de la Prada. Dicho queda.

Por MARCO DE PABLOS

Cuando Barcelona abrió el concurso para la rehabilitación de varios edificios del distrito 22@, José María Torralba, Alejandro Ciudad y Carlos Campos decidieron presentar una propuesta conjunta sin imaginar que aquel proyecto acabaría transformándose en algo mucho más determinante que una adjudicación. Lo que comenzó como un ejercicio compartido de intuición terminaría convirtiéndose en el origen de ROTO Estudio, hoy una de las firmas con mayor proyección dentro del panorama nacional arquitectónico.

El concurso —que finalmente no ganaron— permanece, sin embargo, como una pieza fundacional dentro de su trayectoria. “Aunque fue un proyecto que no nos adjudicaron, para nosotros sigue siendo una victoria personal”, explican sus fundadores. “Ha envejecido con una dignidad asombrosa sobre el papel. Volvemos a él constantemente y siempre nos arranca una sonrisa”. Lejos de entender aquella resolución como un fracaso, encontraron en ese proceso una certeza mucho más valiosa: la convicción de que su manera de pensar la arquitectura poseía ya una identidad propia, sólida y honesta.

Fundado en 2021, ROTO Estudio nació precisamente de esa intuición compartida. De comprender que el verdadero éxito no siempre reside únicamente en construir, sino también en ser capaces de sostener una mirada coherente sobre el espacio, la ciudad y la forma de habitar. “Fue el momento en el que entendimos que ROTO no era solo una idea, sino una realidad capaz de generar una arquitectura de la que siempre nos sentiríamos orgullosos”, recuerdan.

– El nombre del estudio es muy esclarecedor. ¿Qué significa para vosotros esa idea de “romper” dentro de la arquitectura?

Para nosotros, en un mundo que se consume a pasos agigantados y donde todo es desechable, romper es, simplemente, perdurar. Parece una contradicción, pero el acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido. Rompemos con la inercia de la obsolescencia. Romper no es un gesto de violencia sobre la forma, sino un compromiso con la resistencia: fracturar esa rueda de consumo frenético para proponer espacios que se mantengan en pie, física y emocionalmente, mientras todo lo demás pasa de largo. En ROTO, romper significa detener el tiempo.

– En un contexto donde la disciplina parece cada vez más ligada a lo inmediato y lo visual, ¿en qué momento sentisteis la necesidad de desafiar a ese modelo?

– Nos negamos a aceptar que la arquitectura tiene fecha de caducidad y nos dimos cuenta de que el sector estaba cayendo en una especie de fast-fashion espacial: proyectos diseñados para el impacto inmediato de un flash, pero que envejecen mal a los cinco años, tanto física como conceptualmente. Fundamos el estudio para perseguir la permanencia. No nos interesa lo que es tendencia hoy, sino lo que seguirá siendo relevante en un futuro. Queríamos romper con ese paradigma de la novedad por la novedad y proponer una alternativa donde el diseño no pase de moda porque no responde a ellas, sino a verdades constructivas y humanas. ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre.

«El acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido»

– Defendéis una arquitectura “sobria, precisa y silenciosa”. En un mundo saturado de estímulos, ¿puede lo silencioso convertirse en un verdadero lujo?

– Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura. Para nosotros, el silencio no es un concepto místico, es una herramienta de libertad. En un mundo saturado que intenta capturar nuestra atención a cada segundo, la arquitectura tiene la responsabilidad de actuar como un paréntesis: un lugar donde nada te invade.

Lo que hoy es verdaderamente escaso es la disponibilidad de uno mismo. Proyectar un espacio silencioso es, en realidad, regalar tiempo al habitante. Una arquitectura sobria y precisa no es una arquitectura vacía, es un escenario que no te impone un estado de ánimo ni te reclama atención constante. Es el valor de lo esencial: crear un refugio donde el ruido del mundo se detiene para que la vida, en su forma más pura y personal, pueda volver a suceder sin interferencias.

– También dais mucho peso al paso del tiempo. ¿Cómo se diseña un lugar pensando en cómo va a vivirse dentro de diez o veinte años?

– Diseñar pensando en el futuro no es intentar adivinar qué pasará en veinte años, sino construir un escenario que sea capaz de abrazar el cambio. Los sueños tienen diferentes plazos y la arquitectura debe ser lo suficientemente generosa para adaptarse a ellos. A veces, proyectamos un lugar sabiendo que es solo una etapa, un refugio para el presente; en esos casos, nuestra misión es exprimir todo el potencial de ese ‘ahora’ para que el cliente lo habite con plenitud. Otras veces, el diseño debe ser más elástico: prever la llegada de un nuevo miembro a la familia, la necesidad de un rincón para el pensamiento o la transformación del trabajo en el hogar. No diseñamos monumentos estáticos, sino estructuras sensibles que aceptan la evolución de quienes las viven. Para nosotros, proyectar a largo plazo es crear una base sólida y honesta que permita que la vida fluya, cambie y se reescriba sobre ella sin que el espacio pierda su sentido.

– Frente a una sostenibilidad muchas veces convertida en discurso, defendéis una postura más crítica basada en construir menos y mejor. ¿Cómo se convence a un cliente de ese enfoque?

– Convencer a un cliente de que construir menos es construir mejor requiere un cambio de perspectiva: pasar de la economía del coste a la economía del tiempo. Es cierto que lo que nace para perdurar exige una inversión inicial distinta, pero si medimos la vida de un edificio en décadas y no en meses, la durabilidad es la única apuesta segura. No hay nada más costoso y menos sostenible que aquello que debe ser reparado o sustituido al poco tiempo. Debemos ser conscientes de que operamos en un mundo de recursos finitos, y no me refiero solo a la materia, sino a la energía que sostiene cada espacio. Nuestra labor es pedagógica: enseñamos que la verdadera sostenibilidad no es un añadido tecnológico, sino una decisión arquitectónica. Al final, la mayor forma de respeto hacia el planeta es crear algo tan preciso y honesto que nadie sienta jamás la necesidad de derribarlo. La renuncia a lo superfluo es, en realidad, una ganancia de libertad y de futuro.

«Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura»

Entre Muros.

Desde esta visión, ROTO Estudio profundiza en las ideas que definen su manera de entender la arquitectura: desde su aproximación a los workplaces —cada vez más protagonistas en las nuevas dinámicas laborales— y al modelo contemporáneo de vivienda, hasta su relación con la ciudad y la forma en la que habitamos los espacios. Una reflexión sobre cómo construir lugares capaces de permanecer, adaptarse y responder de forma honesta a quienes los viven.

-En vuestros proyectos de workplace, la oficina se plantea como un espacio pensado para ser habitado. ¿Cómo creéis que debería evolucionar la arquitectura del trabajo en los próximos años?

– La oficina ya no es un lugar al que se va; es un lugar en el que se habita. Como ocurre en el cine o en la propia literatura, la arquitectura es un espejo de la sociedad, y hoy nuestra sociedad demanda refugio. El futuro del trabajo no pasa por jerarquías rígidas ni por espacios asépticos, sino por la domesticidad. En proyectos como LOOM Home, nuestra obsesión es que el usuario se sienta tan seguro y acogido como en su propio hogar. Crear espacios de oficina ‘domesticados’ significa entender que la productividad nace del bienestar. Necesitamos rincones para ese café que nos reconecta o zonas de descanso que respeten nuestros ritmos biológicos. No estamos diseñando estaciones de trabajo, estamos diseñando escenarios de vida. La arquitectura del trabajo debe evolucionar hacia una sensibilidad donde el espacio nos cuide, permitiéndonos ser más humanos mientras somos profesionales. El verdadero lujo en el workplace hoy es, simplemente, sentirse en casa.

-En vivienda, sin embargo, el enfoque parece aún más íntimo y específico. ¿Cómo evitáis la repetición en un contexto donde muchas soluciones tienden a estandarizarse?

– Evitamos la estandarización mediante un ejercicio de escucha casi antropológica. Cada persona tiene una forma de habitar que es única, un mapa de hábitos que no puede resolverse con soluciones genéricas. Nuestra labor es traducir esas necesidades íntimas en espacios, pero bajo una premisa clara: la buena arquitectura es la que se vuelve silenciosa.

Para nosotros, el éxito de un proyecto reside en que el habitante no note que la arquitectura está ahí porque jamás le pone barreras. Solo nos damos cuenta de que algo está mal diseñado cuando nos incomoda: ese mueble de cocina inaccesible o ese rincón muerto que nunca logras habitar. Proyectamos para eliminar esas fricciones. Buscamos que el espacio fluya de tal manera que el cliente pueda ser él mismo sin obstáculos. Al final, no diseñamos casas para ser admiradas, sino para ser vividas.

Vivienda LDR.

Vivienda LDR.

– Referenciáis a importantes figuras del sector. ¿De qué manera reinterpretáis esas influencias para evitar caer en una estética reconocible o derivativa?

– No miramos a los grandes nombres para calcar sus formas, sino para descifrar el rastro que dejaron. Reinterpretar no es repetir un lenguaje, es heredar una obsesión por la excelencia. No nos interesa el ‘estilo’ de un maestro, que no es más que el residuo del tiempo, sino la pulsión que le llevó a colocar una piedra sobre otra de una manera determinada. Para evitar lo derivativo, buscamos la raíz, no la hoja. Nos fijamos en cómo resolvieron el silencio, en cómo tensaron los materiales o en cómo domesticaron el vacío. La verdadera influencia se siente en la solidez de una decisión bien tomada.

«ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre»

Con una identidad cada vez más definida y una manera de proyectar basada en la coherencia y la permanencia, ROTO Estudio atraviesa ahora una etapa de consolidación y crecimiento estratégico. Nuevos proyectos, distintas escalas y la exploración de otros ámbitos como el retail o la restauración forman parte de una evolución que el estudio aborda sin renunciar a la precisión ni al rigor que han marcado su trayectoria desde el inicio.

– Compartís una visión muy clara desde el inicio. ¿Cómo ha influido vuestra relación previa en la forma en la que trabajáis hoy?

– Nuestra relación es el cimiento de todo lo que construimos. Se basa en un respeto profundo que, con los años, se ha transformado en una suerte de gramática común. No necesitamos grandes explicaciones para entendernos; compartimos una frecuencia que nos permite detectar cuándo una idea tiene la fuerza suficiente para seguir adelante o cuándo debemos descartarla.

Auditorio Santalucía.

Auditorio Santalucía.

– En un momento de crecimiento, ¿cómo se protege esa coherencia inicial frente a la escala, los nuevos encargos y las inevitables presiones del mercado?

– Es un reto constante. Existe una vorágine exterior que parece querer engullirlo todo, pero la combatimos fortaleciendo nuestra mirada común. La coherencia de ROTO no nace de una imposición, sino de un equipo que comparte una misma forma de entender el oficio; eso es lo que nos permite crecer sin desvirtuarnos. Sin embargo, no somos ajenos a la realidad. Los arquitectos no poseemos verdades absolutas. En este momento de expansión, entendemos que nuestro papel es también el de gestores de la realidad de nuestros clientes. El mercado oscila sin pausa y nos obliga a ser flexibles. Ser coherentes hoy no significa ser rígidos, sino tener la lucidez de saber cuándo es necesario parar, reformular y continuar desde un nuevo paradigma que se adecue a la capacidad económica del proyecto. Para nosotros, proteger nuestra esencia es precisamente eso: saber adaptar nuestra precisión a las mareas del mundo real sin renunciar nunca a la honestidad de lo que construimos.

Por MARCO DE PABLOS
Fotografía ROMÁN CEPEDA

REMEDIOS y SAMARA AMAYA se mueven por el flamenco como quien respira. La voz de la madre, una de las grandes del género en España, parece desafiar al tiempo, mientras su hija, forjando una carrera en solitario, promete dejar su propia huella en él. Ambas conocen los obstáculos de la industria y saben lo que cuesta abrirse camino en ella, pero, al final, su medida del éxito es simple y rotunda: que les guste a ellas.

En su mano izquierda, Camarón de la Isla llevaba tatuada una estrella de David y una luna creciente, un símbolo que hoy también adorna la piel de Remedios Amaya, conocida como “La Camaronera” por su estrecho vínculo con el cantaor isleño, y la de su hija, Samara. Ambas llevan sus raíces como estandarte, conscientes de que forman parte de una de las últimas estirpes del flamenco. 

“Este tablao lo había visto por la tele con Lola Flores y muchos otros artistas que hicieron un reportaje aquí. Y la verdad es que siempre había tenido ganas de venir a esta casa tan preciosa”, cuenta la matriarca, haciendo referencia al Corral de la Morería. Por su icónico escenario y bajo la atenta mirada de los personajes que protagonizan Pelando la pava —la obra que adorna el interior del local, realizada por Juan Barba y encargada por Manuel del Rey, fundador del establecimiento hace más de siete décadas— han pasado algunos de los cantaores y bailaores más laureados de todos los tiempos: desde Pastora Imperio, encargada de inaugurarlo, hasta Antonio Gades, Lucero Tena o La Paquera de Jerez, y ahora, también ellas. 

Están en su hábitat, sobre las tablas y bajo los focos de un enclave mítico. Porque la felicidad de Remedios ha tenido siempre como telón de fondo otro santuario del flamenco: el histórico escenario de Los Gallos, en pleno barrio de Santa Cruz, uno de los arrabales con mayor aura de la capital hispalense, ciudad en la que ambas residen en la actualidad. “Ahí ha sido donde yo me he hecho artista”, confiesa la mayor del clan. 

Su nombre original es María Dolores Amaya Vega y nació en Triana. No podía ser de otra manera. Desde muy joven comenzó a alternar en las grandes salas de la capital andaluza, donde fue dándose a conocer entre los principales referentes del género en España y ganándose el aplauso unánime de los más entendidos. Así fue forjando una trayectoria sólida y respetada hasta que, en 1983, dos productores y grandes amigos suyos, Paco Cervantes y Gonzalo García Pelayo, se pusieron en contacto con ella para comunicarle, posiblemente, la noticia más importante de toda su carrera. “Yo vivía entonces en Málaga, tenía unos 19 años y mi hijo mayor apenas contaba con unos meses”, recuerda emocionada. “Un día me llamaron y me dijeron: ‘Remedios, nos hemos acordado de ti’. Yo pregunté: ‘¿Qué pasa?’. Y me respondieron: ‘Hemos pensado llevarte a Eurovisión’. No me lo podía creer: ‘¿Cómo que voy a ir a Eurovisión a representar a España?’”. Al evocarlo, su voz se quiebra levemente. “Ahí sentí que se cumplía un sueño, porque lo que yo quería era darme a conocer al mundo entero”. 

Remedios Amaya sobre su paso por Eurovisión: “Fui allí representando a España y representando mi raza, porque yo soy gitana por los cuatro costados. Representé lo que soy”

Su participación en el concurso musical por excelencia en Europa marcó un antes y un después. Interpretó Quién maneja mi barca en solitario y llenó el escenario con su sola presencia. Salió con la melena suelta, los bucles perfectamente definidos y una cinta estilo boho cruzando su frente, a juego con un vestido de rayas blancas y azules elegido a última hora. La organización le prohibió el diseño original: un traje negro con pedrería que se perdía sobre el color del escenario. Esa fue la excusa que le dieron. Actuó descalza, al no encontrar zapatos de su número que combinaran con el look final, y sentó cátedra ante un público que no estaba preparado ni para esa actuación ni para la fuerza de una mujer así. “Yo flipé. No gané, porque no me dieron ni un punto, pero bueno… Fui allí representando a España y representando mi raza, porque yo soy gitana por los cuatro costados. Representé lo que soy”, rememora.

La cantante de éxitos que aún hoy resuenan en grandes reuniones como Turu Turai, Me voy contigo, La calle del olvido o Dos toreros, mantiene su timbre como si los años no hubieran pasado. Fuimos testigos de ello. Entre foto y foto, se arrancaba a cantar, dejando atónitos a todos cuantos por allí pululábamos, pese a que grandes tabiques nos separasen de ella. Su voz es infinita.

A su llegada, pidió una manzanilla con una rodaja de limón. Quién sabe si ese es su secreto mejor guardado, aunque, a ciencia cierta, parece no ser lo único que la mantiene imparable. Con la mirada puesta en el futuro, reconoce que se presentan cosas muy prometedoras. “Yo digo que este año es el mío”, afirma. “Tengo un proyecto con unos cantantes mexicanos maravillosos. Me encanta la idea. Siempre he soñado con cantar con artistas de otros lugares sin perder mis raíces, porque eso es lo mío. Pero también quiero llevar mi música a otros terrenos, compartirla con gente buena que te transmita cosas”. Además, hay una grabación en marcha con Cucurucho Valdés, nieto de Bebo Valdés, uno de los más grandes intérpretes que ha dado Cuba, algo que para ella representa un logro muy importante. “Y, por supuesto, cuando llegue el momento, grabar con mi hija Samara. No porque sea mi hija, sino porque canta como los propios ángeles. Cada día canta mejor”, concluye orgullosa y entusiasmada, dejando claro que su legado sigue y seguirá vivo por mucho tiempo.

El nombre de su primogénita no es en vano. Samara significa la protegida de Dios, un concepto que parece marcar cada paso de su vida personal y profesional. “En mi familia todos cantan y bailan, quien no toca la guitarra, toca el cajón… y todo con un nivelazo. Yo, sin embargo, no abrí la boca en casa hasta los 16 o 17 años”, admite a FEARLESS.

Ha crecido escuchando flamenco, pero no fue hasta unos años antes de alcanzar la mayoría de edad cuando decidió soltar todo lo que llevaba dentro. “Fue una Nochebuena. En casa se celebra muchísimo el 24 y el 25 de diciembre y ya me dejaban beberme una copita. Y con esa copita salí cantando. Recuerdo que mi gente se miraban unos a otros como diciendo: ‘No. Esto no puede ser verdad’”, narra con una sonrisa. “Fue el momento en el que pude decir: ‘Voy a soltarlo’. Ahí empezó todo. A partir de entonces, mi madre comenzó a llevarme y a subirme a los escenarios”.

Reconoce que no es sencillo ser hija de una de las grandes artistas flamencas. “Por una parte es una putada y, por otra, tiene algo muy bueno porque al final eres hija de… y, al menos, te escuchan. Pero luego vienen las comparaciones. Es jodido”. No resulta extraño, por tanto, que la presión haya estado presente desde sus inicios. Sin embargo, lejos de frenar su camino, esa carga no la ha detenido y, a la vista está, tampoco lo hará. De hecho, se muestra agradecida por haber crecido en un entorno como el suyo. “Si hablamos de flamenco, bajo mi punto de vista, el estudio, conservatorio o técnica, tiene que ir acompañado de la vivencia. Tienes que estar en una juerga, vivir la noche o la tarde. Da igual la hora. Una juerga se puede hacer a cualquier momento, porque lo que se vive ahí no se aprende en un libro”, pone de manifiesto, citando a Paco de Lucía, firme defensor de esta misma idea.

“Tengo el listón muy alto y para mí no vale cualquier cosa”, asegura. En este momento se encuentra inmersa en el desarrollo de nuevos proyectos: “Quiero grabar varios temas, hacer cosas con mi madre y también en solitario. Me interesa fusionar el flamenco, hacer propuestas novedosas e integrarlo con otras culturas. Creemos que es el momento”, explica.

Mientras tanto, a la vida solo le pide poder triunfar, aunque no se considera especialmente amiga de la fama, tal y como asegura: “No busco el foco. Yo hago lo que siento a mi manera. Si le gusta a diez personas, bien. Si le gusta a cien, también. Sobre todo, que me guste a mí”. Y, por supuesto, salud.

Antes de despedirse, hace una última reivindicación. “Está muy bien fusionar y evolucionar, a mí me encanta, pero creo que la gente se está olvidando de la raíz. Tenemos la suerte de que todavía hay grandes artistas vivos. A veces parece que no interesa mirar atrás porque ‘eso no vende’. Un día ya no estarán y entonces tendremos que buscarlos en vídeos. Ahora todavía se les puede escuchar de cerca. No deberíamos olvidarnos de eso”. Razón no le falta. Y para mantener vivo ese legado estarán artistas como ella, con una trayectoria prometedora y una identidad firme que no olvida de dónde viene.

Termina la jornada y madre e hija abandonan el Corral, no sin antes hacernos partícipes de una promesa. “Oye, Remedios, ¿y si hablamos para que vengas con Samara a cantar aquí una noche?”, cuenta emocionada la propuesta. “Yo me quedé así y les dije: ‘Sí, claro’”. Habrá que esperar.

Maquillaje y peluquería BELÉN TUDANCA para HARPO MAKE UP SCHOOL
Agradecimientos CORRAL DE LA MORERÍA
Por MARCO DE PABLOS
Fotografía ALICIA RAMOS

Antes de imponer su filosofía del slow work en marcas de lujo como Taschen o Abadía Retuerta, Cristina Díaz de Bustamante ya sabía que en la creatividad, la prisa es enemiga. Desde su estudio, mezcla estrategia, paciencia y autenticidad, demostrando que escuchar más y correr menos puede ser la clave del éxito.

En un mundo donde la inmediatez parece ser la única moneda de cambio, Cristina Díaz de Bustamante propone una nueva alternativa. Reconocida como una de las voces más influyentes en dirección y estrategia de marca, ha logrado transformar ideas en experiencias memorables, liderando proyectos para firmas como Abadía Retuerta, Four Seasons Hotel Madrid, Paris 64 o Taschen.

Fundadora de su propio estudio creativo, compuesto por todo un equipo multidisciplinar que abarca desde diseñadores gráficos hasta productores audiovisuales, es férrea defensora de una máxima: “Siempre digo que somos ‘alfareros del diseño’, también que proponemos una comunicación ‘hecha a mano’. Trabajar más despacio te permite adentrarte en los mundos de tus clientes con una mayor visión y comprensión”.

La paciencia como ventaja

Defensora del slow work, un concepto quizá desconocido para muchos pero que acabará por imponerse, Cristina aclara que no se trata de un lujo ni de una renuncia, todo lo contrario, es una ventaja. “Las prisas no son buenas. Cuando trabajas despacio pones tus cinco sentidos en funcionamiento y los resultados son infinitamente mejores”, asegura. Este enfoque consciente y pausado no significa incumplir plazos, sino alcanzarlos y superar expectativas, siempre desde la calidad, la atención y la reflexión.

La escucha y la observación son pilares de su proceso creativo: “Vivimos en un mundo frenético, saturados de información. La observación es primordial para entender las tesituras de los clientes, para captar insights y tendencias que luego se pueden aplicar en el proceso creativo. Solo desde el silencio se puede crear con sentido”.

Este método requiere también enseñar a los clientes a valorar la calidad sobre la cantidad. Cristina describe su papel como un “acompañamiento en la definición de su estrategia desde la confianza”. “Nos interesa escucharles y luego ayudarles a ordenar sus ideas… No se trata de hacer mucho o todo, sino de hacer menos y, como bien dices, mejor”, puntualiza. “Para mí, el lujo es un concepto especial. Es la suma de muchos factores tratados con delicadeza… Las marcas de ese nivel deben tener una ‘empatía sofisticada’ y observar hacia dónde va el mundo”, ahonda desde la experiencia que la avala.

Y es que Díaz de Bustamante aplica la misma filosofía de autenticidad en cada proyecto, distinguiendo lo que es coherente de lo que simplemente sigue una tendencia. “Lo que es auténtico responde precisamente a la cultura de la empresa. Cuando una marca tiene una cultura real de sostenibilidad, buen hacer y sensibilidad, eso se percibe. Lo que no es real, cae por su propio peso. Es solo ruido”.

Mindfulness en acción

La dimensión espiritual es central en la vida y el trabajo de esta adalid del slow work. Certificada en Mindfulness y Psicología positiva, construye sus decisiones estratégicas desde la calma y la conciencia. “Uno de mis mantras es ‘vivir un día a la vez’, no futurizar demasiado. Entonces, intentas hacer lo mejor que puedes con aquello que tienes encima de la mesa. Meterte de lleno en una sola tarea facilita mucho tanto el proceso creativo como la toma de decisiones”, reflexiona.

Incluso la espiritualidad se refleja en la creación artística y cultural que abandera: “Muchos artistas han creado a lo largo de la historia desde este prisma, como Mark Rothko, o más recientemente Rosalía, que ha elaborado un álbum lleno de contenido místico que se nota que se gestó con mimo y tiempo”.

Asimismo, destaca por capacidad para conectar a mujeres líderes de opinión, fomentando un entorno de soporte mutuo: “Nos interesan el crecimiento y el progreso y colaboramos para que todo ello se dé. Nos nutrimos las unas a las otras desde la no competencia y creo que esto es porque somos cada vez más conscientes de que juntas, llegamos más lejos”.

Para ella, el éxito no se mide por premios o cifras: “Para mí el éxito es la paz interior”. Y para quienes sienten la presión de la vida acelerada, propone un gesto concreto y sencillo: “Propondría una pequeña rutina, un ‘ritual’ de media hora al día… Estás en silencio, te conectas con el momento presente y con la divinidad, y luego haces lo que tienes que hacer lo mejor que puedes y sueltas el resultado”. Porque como recuerda, la clave no está en correr, sino en avanzar con consciencia. O mejor dicho, vivir y trabajar sin prisa, pero sin pausa.

Por MARCO DE PABLOS
Fotografía ROBERTO MAROTO
Estilismo NOELIA VILLAVERDE

A los 53 años debutó en un sector que antes miraba con recelo y al que hoy abraza. Con el tiempo, confiesa, aprendió que la moda le abrió los ojos y le cerró la boca. Más de una década después, y tras haber vivido mucho, quizá demasiado, PINO MONTESDEOCA puede presumir de algo excepcional: haberse encontrado a sí misma. También de formar parte del elenco de un filme de Almodóvar.

“Admiro profundamente todo lo que haces”, le confesó doña Letizia a la protagonista de estas páginas apenas veinticuatro horas antes de la realización del presente reportaje. Una afirmación que, por supuesto, no resulta gratuita y que Pino Montesdeoca difícilmente esperaba escuchar de labios de la reina. Desde hace varios años se ha consolidado como una de las modelos punteras del panorama de la moda española. Temporada tras temporada, diseñadores y firmas se rinden ante su tez de porcelana, su larga melena plateada y su arrolladora personalidad, deseosos de verla lucir sus últimas creaciones dentro y fuera de la pasarela. ¿Quién se lo iba a decir cuando, siendo una niña, aspiraba a ser cantante o astronauta? Pero la vida da muchas vueltas, y si no, que se lo digan a ella.

Su presencia se intuía en el interior de la floristería Fransen et Lafite, dentro del antiguo barrio de las Musas, ahora conocido como Las Letras. Sabíamos de su llegada incluso antes de que atravesara las cortinas que separaban el espacio en el que el equipo se desplegó del resto del local. Aquella mañana abundaban peonías, gerberas y crisantemos, entre otras muchas variedades florales; sin embargo, Pino destacaba por encima de todas. Se movía por allí con la misma libertad con la que el viento agita las copas de los árboles. Así es ella, una mujer libre que a temprana edad  comenzó a tener  la sensación de no encajar. “Me daba la impresión de que no encajaba ni siquiera en mi familia. Incluso podía mirar a los demás y pensar: ‘¿De verdad son de mi familia?’”, cuenta, y recalca: “Tenía ideas de ser diferente. Siempre me sentí diferente”.

Mientras la terminan de ataviar, relata algunas de esas vivencias que le acompañan desde la infancia y que han marcado su manera de estar en el mundo. Como canaria que es, vivía con entusiasmo los días previos a la llegada del carnaval. Durante esas fechas, su casa se llenaba de personas diversas, entonces oprimidas a ojos del mundo, que pasaban horas cosiendo disfraces. Su familia, con algún que otro miembro ejerciendo como diseñador, no solo abría las puertas de su taller, también las de su hogar. Cobijada por aquellas paredes, aprendió que cada persona necesita un espacio seguro en el que poder mostrarse tal como es. Así, entre confidencias y secretos, observaba cómo quienes acudían encontraban la forma de expresarse con naturalidad, al margen de una sociedad que no siempre se lo ponía fácil. Pero todo cobraba sentido con la llegada de Don Carnal, cuando aquellas personas se transformaban y salían a la calle siendo, por fin, quienes realmente querían ser. “Era mágico”, rememora emocionada.

Pino luce traje de chaqueta y pantalón de INMA LINARES y sandalias de LILY & YOU.

Voló del nido antes de cumplir la mayoría de edad, en compañía de su gran amor, y a partir de ese momento inició una vida errante: primero en Suecia, después en los Balcanes y, poco tiempo más tarde, en Bahamas. Tras bordear la muerte a causa de la picadura de un mosquito, regresó a España. En ese transcurso tuvo dos hijas, gracias a quienes —especialmente a la insistencia de una de ellas y de su yerno— probablemente estemos entrevistándola hoy. Fueron ellos los que, una vez superada la enfermedad y a los 53 años, le animaron a enviar unas imágenes suyas a la agencia de representación de modelos y actores Wanted, con la que continúa trabajando en la actualidad. “Me dijeron: ‘Tú vas a trabajar un montón, eres especial’. Y pum: me salió un anuncio para Mercedes con Raúl Arévalo. Después empezaron las campañas, llegaron los fotógrafos y, a partir de ahí, las editoriales. Luego vino la moda, la pasarela y, más tarde, el cine. Yo fui cogiendo cada cosa con una ilusión casi infantil”, explica a esta cabecera.

En tu trayectoria, ¿alguna vez has escuchado la expresión “es demasiado tarde”?

– Creo que yo misma lo dije.

Ha pasado más de una década, pero Montesdeoca mantiene una convicción intacta. “¿Tú recuerdas por qué estoy aquí yo?”, pregunta. “Estoy aquí por mi edad. Si hubiese tenido 30 años, posiblemente no habría tenido ese plus, ¿no?”. Ella, a quien en varias ocasiones me referí como la Kristen McMenamy patria, mantiene otra certeza con la cabeza bien alta: “La moda me abrió los ojos y me cerró la boca”. “Es la herramienta que tienes para expresarte como persona, para mostrar a los demás quién eres. En mi caso, quiero que vean el tipo de mujer que soy: a la que le gusta moverse, que no es excesivamente glamurosa… pero que, al mismo tiempo, sí lo es. Soy elegante, pero también muy indigente. Soy elfa y a la vez bruja. Tengo muchas facetas y eso es lo que transmito con la ropa. Es lo que me enseñó esta industria”, reflexiona.

– Antes de poner un pie en la pasarela, ¿en qué piensas?

– En ser digna.

Para la canaria, la dignidad es una de las dos cosas que considera primordiales en la vida. La otra es ser consecuente. “Antes lo intuía, ahora lo confirmo”, dice. “Creo que si pierdo eso, pierdo el norte. Pierdo todo”. Esa coherencia se manifiesta en su manera de habitar el cuerpo y el tiempo. En algún trabajo le sugirieron ocultar los brazos por considerarlos flácidos, evitando prendas de tirantes o de manga corta. Su respuesta fue firme: “No, no, pónmelo, pónmelo. Que se vea, que las mujeres nos ponemos así”. “La flacidez es algo bastante normal. Y yo te juro, por Dios, que no me voy a matar seis veces a la semana en tres horas de gimnasio. No tengo tiempo para eso”, alude.

Vestido de E.R.A.X.; casquete de paja de estructura rígida con velo, de MIMOKI; y sandalias de tacón de LILY & YOU.

Asimismo, en una única ocasión tuvo que sobrellevar un comentario alusivo a sus años, sin mala intención, recalca, pero que escuchó claramente. Fue entre bambalinas de la ya desaparecida pasarela Cibeles —hoy conocida como MBFWM— cuando alguien murmuró: “Me tocó la pureta”. Ella, sin pelos en la lengua, respondió: “Soy vieja, pero no estoy sorda. Piensa un poquito por qué estoy aquí. Quizá yo estoy aquí para abrirte camino, para que tú no tengas que dejar esto cuando tengas 30. Puede ser que puedas seguir desfilando con 40 o con 50”.

Algunos de estos episodios los narra en su reciente título La edad es un número. La actitud lo es todo (La Esfera de los Libros), un “libro de emociones”, tal y como ella lo describe. “En él hablo de emociones, porque, no sé si lo sabrás, para mí lo más importante de esta vida es el amor. Hay que ir entregando amor por ahí; las cosas siempre van mejor así”, comenta, y prosigue: “No somos los únicos que sentimos, no somos los únicos que vivimos cosas. Eso es lo que intento contar a través de mi vida: cómo me sentía cuando era pequeña, qué sentí por mi madre, qué sentí con la muerte, qué sentí con el amor. Todo esto, ¿no? Emociones, de eso se trata”.

¿Te dejaste algo por contar?

– Claro. ¿Tú qué te crees que yo le voy a contar todo a todo el mundo? Ni hablar.

¿Habrá segunda parte?

– Nunca. No volvería a escribir otra vez, porque yo escribo para mí. Y eso de que alguien pueda estar leyéndolo me resulta casi una violación de mi intimidad.

Esas emociones de las que hace gala se vuelven especialmente patentes en dos momentos que relata en ese primer y único escrito que ha firmado. El primero, su relación con la muerte; el segundo, íntimamente ligado al anterior, el fallecimiento de su marido y gran amor, ocurrido hace tres años.

Sobre lo primero, explica que aquella experiencia reafirmó algo que ya imaginaba: la importancia del amor. “Me dijeron, sobre las cuatro y media de la tarde que no iba a sobrevivir a la noche. Todo fue una tormenta en mi cabeza que tuve que asimilar muy rápido. ‘¿Cómo me voy a morir?’, pensaba. Y llegó un momento en que me dije: ‘¿Pero saben los míos que yo les quise, que los he querido? ¿Lo saben?’. Me preguntaba si había sido capaz de demostrarlo de verdad, si iba a quedar mi amor o si había sido una imbécil que no había sabido expresarlo. Me quedé con una paranoia enorme. Y pensé: ‘Vale, si no lo hice, la he cagado. He metido la pata hasta el fondo’”, manifiesta. “Cuando se me dio la oportunidad de seguir, aseguré: ‘A mí no se me escapa esto más’. Y desde entonces, por donde quiera que voy, lo intento”.

«Mi mayor sueño es seguir soñando»

Vestido midi vaporoso de bambula con manga larga y volantes, de SIMORRA, y sandalias de tacón de LILY & YOU.

En relación a su eterno amor, recalca que siempre lo recuerda con cariño. “Todavía, en la soledad de casa —que adoro—, surge algún tema o llega un aroma que me recuerda a él. O pienso que a esa hora podríamos estar haciendo algo juntos, o en la cocina preparando su comida favorita. Somos seres humanos, ¿no? Siempre termino esa mezcla de llanto y sonrisa pensando en él. Y cierro esos momentos con un agradecimiento profundo. Pasé una vida entera a su lado y siempre me dejó ser quien yo era. Eso es lo que más le agradezco”, admite con una tierna sonrisa.

Pese a todos los baches que ha tenido que afrontar, no se considera una mujer fuerte. “Tengo las expectativas en su justa medida. El sentido común, para mí, es fundamental. Cuanto mayores son las expectativas, mayor es también la frustración. Por eso no creo que eso sea fortaleza”, asume.

Ahora, además, puede presumir de haber encontrado su sitio consigo misma, de estar a gusto y feliz en su propia compañía, algo que, admite, la capital le ayuda a cultivar. También puede regocijarse de ser, en parte, toda una chica Almodóvar, pues participa en la última gran película del manchego, Amarga Navidad. “Fue él quien me quiso allí. Es un tío maravilloso. Yo estoy flipando con el momento Almodóvar”, declara entre la admiración y la incredulidad que le provoca formar parte de su universo.

Top palabra de honor y encorsetado con falda tubo, ambos en paillettes, combinado con un maxi abrigo de tafetán con volumen, todo de THE 2ND SKIN CO.

Por aquellos días, la primavera comenzaba a vencer el pulso del letargo invernal. Lo hacía entre las enladrilladas calles del Madrid del Siglo de Oro, con un sol que asomaba tímidamente, pero que ahí estaba. Le pregunto a Pino si le queda algún sueño por cumplir. ”Yo no sueño. Yo vivo intensamente el momento. Este momento que he vivido hoy, lo he vivido a tope. No me quiero perder ni un segundo”, comenta, para sentenciar: “Mi mayor sueño es seguir soñando”. Con la autoridad de quien ha vivido y aprendido deja una advertencia: “Lo único que sí le pido a cualquier persona que se me acerque, sea de la edad que sea, es que se explore, que vaya hacia dentro, a ver quién es. Atrévete y, si no te atreves, deja una puertita abierta. La gente, antes de salir afuera, tiene que meterse dentro, porque quien da miedo de verdad es uno mismo”.

Apurando un café y a punto de salir hacia el coche que la aguarda, confiesa que le gustaría creer en la reencarnación y en que los que se fueron la están esperando. “Me encantaría creer en tantas cosas”, ríe. La intercepto una última vez, aludiendo a si, en otra vida, volvería a elegir ser ella misma. “¿Y si no, quién…?”, responde con una mueca cómplice. “Esta ya me la conozco y funciona… ¿Y si la otra me sale rana?”.

Maquillaje y peluquería RODRIGO GALO (The Crew Art) para Saigu Cosmetics y L’oreal Pro
Asistente de fotografía NEREA PADILLA
Asistente de maquillaje y peluquería CARLOS JEREZ
Agradecimientos FRANSEN ET LAFITE
Por MARCO DE PABLOS
Fotografía MARIO SIERRA
Estilismo BEATRIZ MORENO DE LA COVA

Su vida fue diseccionada y expuesta hasta límites que hoy resultarían impensables. Una marabunta de ataques se cebó con ella mientras el ruido crecía y su silencio se interpretaba como aceptación. Ahora, MAR FLORES rompe esa narrativa y, a través de sus memorias, revela cómo vivió aquella etapa, poniendo los puntos sobre las íes y sentenciando su verdad. Porque, como bien dicen, después de la tormenta siempre llega la calma.

Muy pocos son capaces de mantenerse en el foco mediático con el paso del tiempo, incluso cuando no existe una noticia aparentemente novedosa que lo justifique. Desde que en la década de los noventa su fama alcanzara el punto álgido, prolongándose durante el nuevo siglo, la protagonista de este número ha acaparado cientos de portadas, la inmensa mayoría de ellas sin estar involucrada ni haberlo buscado. Resulta complicado establecer paralelismos con su historia, porque pocos podrían haber sobrevivido a una exposición tan feroz y continuada. Atrapada durante años en el ojo del huracán y sin manual de salida, hizo del silencio su mejor aliado. Pero el tiempo —y el karma, algo que bien conoce— ha terminado colocando a cada cual en su sitio y hoy es ella quien, con voz propia, ha decidido ocupar el lugar que le corresponde.

La borrasca Harry irrumpía aquella madrugada en la península, desatando un temporal marítimo que amenazaba con herir la costa y dejar su huella en cada rincón del mapa. En el centro geográfico, la climatología tampoco da tregua. Madrid amanece bajo un cielo blanco y deliberadamente dramático, que parece prometer nieve, pero termina conformándose con una llovizna persistente. El frío es cortante y seco. Por la calle Eloy Gonzalo, padres e hijos avanzan a la carrera, paraguas en mano, hasta la fila de espera de la ruta escolar que acabará llevándose a los pequeños al colegio. Son las nueve de la mañana y el termómetro titubea con el cero.

De manera escalonada e ininterrumpida, los integrantes de esta producción comienzan a llegar a los estudios encargados de acogerla, ubicados a apenas unos metros de la vía citada. Uno tras otro, cada uno con su cruz, van marcando terreno. Desde el primer momento, dos nombres se repiten con la insistencia de un mantra, destinados a marcar el pulso de la jornada. Por un lado, María Félix; por el otro, Mar Flores.

La primera, La Doña, María Bonita, la mujer que México convirtió en mito antes incluso de que el tiempo tuviera ocasión de hacerlo. Actriz, icono, leyenda e inspiración de este proyecto. La segunda, María del Mar Flores Caballero, quien comparte algo más que el nombre: comparte esa rara cualidad que distingue a las mujeres que trascienden su biografía. Ambas han sido observadas, interpretadas y juzgadas hasta convertirse en rostros que ya forman parte del imaginario colectivo de todo un país.

Aparece pocos minutos después de las nueve y cuarto, con la melena suelta y húmeda, como recién lavada, deportivas brillantes, pantalones de cuero marrón chocolate, jersey beige y chaleco de pelo. Se encarga de presentarse personalmente ante cada miembro del equipo —servidor incluido, cuyo encuentro va acompañado de un “por fin te pongo cara”—. “¿Quién me falta?”, pregunta mientras avanza por el interior del camerino, saludando a Victoria, la asistente de estilismo escondida entre los vestidos que más tarde lucirá.

Acto seguido, se sienta en una de las sillas para comenzar el ajetreo que siempre conlleva una sesión de estas características. Alrededor, se debate sobre estilismos, tiempos y demás necesidades; Mar atiende atentamente a todo lo que sucede tras de sí a través del espejo.

Vestido de tafetán con cuerpo de crepé negro, de FABIO ENCINAR; carré de cashmere y seda, de HERMÈS; sandalias de MARTINELLI; pulsera LOVE de oro amarillo, de CARTIER; y sombrero de ALEXIA ÁLVAREZ DE TOLEDO.

Se trata de una de las contadas entrevistas que la madrileña ha concedido a lo largo de su vida. Llega meses después de la publicación de sus memorias, Mar en Calma (La Esfera de los Libros), que ya va por su segunda edición, y precede al debut de su pódcast ¿Qué habrías hecho mejor?, del cual ya da cuenta en su libro y que ahora finalmente materializa.

Las tornas han cambiado. Si durante años fueron otros quienes ocuparon horas, minutos y titulares hablando de su vida, hoy es Mar quien ha decidido dejar de dar la callada por respuesta. Televisiones, radios, prensa del corazón, e incluso la tradicionalmente acuñada como “seria”, confluyeron durante mucho tiempo en una misma diana. Una vorágine mediática en la que quedó sumida tras saltar a la fama después de ganar un concurso de moda impulsado por la revista Elle y de probar suerte en París. A su regreso a España, con apenas veinte años y a raíz de su primera relación sentimental, de la que nació su hijo mayor, todo saltó por los aires.

“El momento en el que descubrí que Mar Flores era un personaje ocurrió hace muchos años. Me empecé a sentir muy incómoda en mi propia piel. No entendía lo que pasaba ni sabía cómo gestionar la situación que estaba viviendo. Tuve que acudir a terapia personal para tratarlo. Fue entonces cuando me di cuenta de que me estaba comiendo el personaje”, narra, dejando constancia de cómo fue el principio del que muchos pensaban también sería su fin. Una vez más, estaban equivocados.

Vestido de seda, de MARINA RINALDI; mules de AQUAZZURA; sombrero de ALEXIA ÁLVAREZ DE TOLEDO; pulsera LOVE de oro amarillo, de CARTIER; y pendientes de MARQUISE.

“Lo más importante de haber escrito este libro ha sido dejar un testimonio de lo que consideraba relevante contar al mundo. Y la parte esencial ha sido decir la verdad y romper el silencio de tantos años”, revela. Ese silencio fue, de hecho, su gran cómplice y también el que permitió que otros inventaran relatos, algunos de los cuales la modelo llegó a dar por ciertos.

«Mi pecado ha sido confiar y la penitencia ha sido pública»

“Cuando una persona empieza a creer todo lo que dicen de ella, como me pasó a mí, llega a un punto… Recuerdo una vez que me pregunté: ‘¿Yo hice esto?’. Y quien estaba delante me respondió: ‘No, yo estaba presente’. Fue entonces cuando pedí ayuda”, admite con sinceridad, para proseguir: “Esto invita a una reflexión, porque a veces, en el mare magnum de la vida, de las situaciones y de los prejuicios que recibimos de la sociedad o incluso de amigos, cuando dicho instante aparece —si es que lo hace— hay que sentarse, ser fuerte y pedir auxilio”. “Duele mucho escuchar cosas que no son ciertas. Te lo puedo asegurar. Creo que sobreviví porque soy naif. No lo viví realmente tan duro como lo estaba sintiendo; de haberlo hecho, hubiera desaparecido del mapa. Es duro aguantar lo que yo aguanté”, sentencia ante esta cabecera.

– ¿Hay alguna verdad que durante mucho tiempo no te hayas permitido reconocer, ni siquiera a ti misma, y que ahora finalmente has expresado?

– Cuando uno calla no otorga, pero las verdades tampoco se cuentan. Ahora he decidido abrir la puerta, contar la verdad y ahí queda reflejada mi experiencia de vida.

– ¿Qué te ha resultado más difícil a lo largo de todo el camino que has recorrido al escribirlo?

– Lo más duro ha sido recordar todo lo vivido. Me he dado cuenta que había muchos episodios que mi persona había olvidado o había puesto en algún otro lugar más cómodo para no sufrir. Ha sido un proceso de casi ocho o nueve meses que, te diría, casi se puede comparar con un embarazo bastante complicado.

– Publicar unas memorias implica exponerse de nuevo. ¿Has tenido miedo a volver a ser juzgada?

– Ya no me importa. Realmente lo hice porque ya había pasado el proceso de dolor. Me encontraba en una etapa de agradecimiento, de perdón y con la necesidad de comunicar lo que yo había vivido, por si alguna de mis experiencias pudiesen servir a otras mujeres u hombres que atravesarán situaciones similares.

Mar lleva camisa de tafetán negro, de TOT-HOM; pantalones bordados de azabache, de MARIO SALAFRANCA; stilettos de AQUAZZURA; y bolero de tafetán, de FABIO ENCINAR.

En esas vivencias, que conforman el hilo conductor de esta entrevista, Mar se define a sí misma como alguien “trabajadora y muy disciplinada; una mujer familiar, divertida, algo tímida, precavida y sincera”. Pudimos comprobarlo de primera mano durante aquella jornada. Antes de que comenzaran los flashes, lanzó una promesa a Mario Sierra, con todos los presentes como testigos: “Hace mucho que no trabajamos juntos”, comentó, recordando viejos tiempos, y añadió: “Lo voy a dar todo”. No faltó a su palabra. A la vista está.

“Lo más duro ha sido recordar todo lo vivido. Me he dado cuenta que había muchos episodios que mi persona había olvidado o puesto en algún otro lugar más cómodo para no sufrir”

Esa determinación contrasta con la frustración que deja entrever en algún episodio de su escrito. En las más de doscientas páginas que lo conforman, hay una que se repite de forma reiterada: “maldición”. Lo hace con contundencia, dando cuenta de lo confuso que debió ser todo. En una de las ocasiones en que este término se manifiesta, lo verbaliza así: “La maldición que me atormenta, esa de que por cada cosa buena que me pasa sucede otra mala, apareció de nuevo”. ¿Acaso estaba predestinada desde niña a vivir una historia de cuento? ¿O fue el destino quien, de algún modo, decidió trazar ese camino? Ella lo tiene claro.

“No creo en el destino. Creo que el destino lo hacemos nosotros. Pero sí es verdad que la educación influye mucho. La manera en que nos enseñaban hace 40 ó 50 años nada tiene que ver con cómo se hace ahora. Salvando, obviamente, las diferencias generacionales, mis padres intentaron educarme de la mejor forma que supieron”, admite.

Y es cierto que habitamos una realidad diferente. Muchas de las situaciones que Mar tuvo que afrontar en aquella época hoy no serían toleradas. Las denuncias que interpuso habrían seguido adelante, seguramente fallando a su favor, y el martirio que vivió se habría frenado a tiempo. O eso es lo que nos gustaría creer. “Sinceramente, pienso que sí han cambiado las cosas porque he conseguido algo más de lo que esperaba. La gente puede pensar y comparar el momento actual con la España de hace 30 años. Hoy es más fácil todo”, concluye.

Vestido de seda en color caldera con escote asimétrico, de NABEL MARTINS; chaqueta adamascada de COOSY; pendientes de caracolas naturales con amatistas talladas, esmeraldas y tanzanitas, montados en oro amarillo, y anillo con marco de malaquita tallada, diamantes y topacios azules facetados, todo de MARQUISE. En esta página, revestimiento mural Panthera, de ARTE.

– ¿Qué parte de tu testimonio crees que todavía incomoda cuando se cuenta?

– Incomodan muchas cosas. La gente tendría que tener una visión más amplia y más bonita de la vida. Todo se supera con amor y con honestidad.

– En Mar en Calma repites en varias ocasiones que en el pecado has llevado la penitencia. ¿Cuál ha sido ese pecado? ¿Consideras este libro tu confesión?

(En el estudio se hizo un silencio profundo, que solo fue interrumpido por un leve “wow” de la propia protagonista).

– Cuando te enseñan a decir que sí por educación, cuando te enseñan a agradar a todo el mundo por educación y, de alguna manera, te enseñan a confiar en todo el mundo. Mi pecado ha sido confiar y la penitencia ha sido pública. Ese es el desbalance que yo he notado en mi vida. Y eso es lo que me ha pasado factura.

– ¿Cómo ha cambiado tu relación con el silencio?

– Le di la bienvenida. Es importante aceptar que el silencio no ayuda.

– ¿Ya no lo consideras refugio?

– No, en absoluto.

– Y si la Mar que escribe hoy pudiera sentarse con la Mar de hace 20 años, ¿qué le diría?

– La Mar de hace años no se creería esta situación. Dentro del dolor que he vivido y de los cambios, todavía conservo un poquito de aquella Mar pequeña, inocente o divertida que era yo. Así que creo que se chocarían las manos y se felicitarían mutuamente.

– Con todo lo bueno y lo malo que has vivido, si pudieras volver a nacer, ¿elegirías ser nuevamente Mar Flores?

– No quiero volver a ser Mar Flores.

Antes de cambiar de tema, sugiero una última pregunta: “Ahora, ¿qué le pides a la vida?”. Nuevamente, el silencio hace acto de presencia, el mismo del que tanto le ha costado desprenderse. Una lágrima recorre su rostro y uno de los presentes le ofrece un pañuelo. Finalmente, con la voz contenida, indica: “Esa pregunta no sé responderla”.

Mar Flores luce vestido de tul con madroños, de PILAR BANDE; botines de MAX MARA; sombrero de ALEXIA ÁLVAREZ DE TOLEDO; pulseras de YLIANA YEPEZ; y pendientes de ébano y brillantes, de MARQUISE.

Pese a ello, hoy es una mujer feliz y, sobre todo, en paz consigo misma. De alma noble y cercana, capaz de animarse y de contagiar su energía a quienes la rodean. Como aquel día, cuando pedía música cada vez que esta se detenía o soltaba un espontáneo “¡Olé, España!” al ritmo de uno de los cambios que más encajaba con la ocasión. Es una Mar renovada, en calma, como bien indica su título, que está emprendiendo nuevos proyectos.

Mar sobre su participación en DecoMasters: “Me llevo una experiencia increíble y un nuevo enfoque de proyección de vida, por así decirlo. Ahora voy mirándola de otra manera”

El primero es DecoMasters, el nuevo talent show de Televisión Española en el que participa junto a Carlo, su hijo mayor. En él, diez parejas de celebridades compiten por convertirse en auténticos profesionales del diseño de interiores, enfrentándose a retos reales de decoración. El concurso, presentado por Patricia Montero, cuenta con un jurado y un elenco de participantes a la altura: desde Antonia Dell’Atte o María Zurita y Borbón, hasta las Dominguín Bosé o la más joven del clan Pantoja.

Gracias a este, estamos descubriendo una faceta de ella hasta ahora desconocida, aunque en realidad siempre ha estado presente. Una veta que ha ido alimentando a lo largo de los años dada su amistad con algunos de los mejores interioristas del país, entre ellos Tomás Alía y Pascua Ortega.

“Ha sido divertido. Había personas que no había visto antes y me ha encantado conocer. Para mí también ha sido un paso a nivel personal, porque ese personaje que llevo siempre encima me lo he quitado y he podido disfrutar de ser María del Mar Flores Caballero”, reconoce. “Espero que todo el mundo lo esté disfrutando y se esté sorprendiendo. Yo, desde luego, me llevo una experiencia increíble y un nuevo enfoque de proyección de vida, por así decirlo. Ahora voy mirándola de otra manera”.

Vestido de seda verde con cintas, de SIMORRA; pulsera LOVE de oro amarillo, de CARTIER; pulsera de oro blanco con brillantes y piedras facetadas en forma de hojas, y pendientes de caracolas naturales con chatones de turquesas, montados en oro amarillo, todo de MARQUISE.

También verá la luz su pódcast ¿Qué habrías hecho mejor?, un formato en el que Mar se lanza de lleno, explorando uno de los canales de mayor éxito en la actualidad y volviendo a ponerse a los mandos, como en sus primeros años en la profesión. “Este proyecto es algo que me hace muchísima ilusión y creo que realmente hay mucho más que en el libro: se va a ver y descubrir cómo soy, así como el interés que me producen las personas y sus historias”, manifiesta en primicia a FEARLESS. “Vamos a poder ver conversaciones mías con los invitados y reflexionaremos sobre qué habrían hecho mejor en distintos aspectos de su vida”.

Con las agujas del reloj acercándose a las tres, todos cuantos han conformado la producción abandonan los estudios por tandas. Mar se queda entre los últimos, despidiéndose de cada uno con la serenidad que le caracteriza. Cuando finalmente sale, lo hace con un look completamente diferente al primero que le vimos: botines de tacón negros, falda morada con un ligero vuelo a ras de los tobillos y parte superior negra. Se dirige a otro compromiso. Una pequeña transformación que parece una metáfora de lo que ha sido y es su vida. Dejar atrás lo que ya no necesita y avanzar hacia lo que está por venir. Porque como escribe en sus memorias: “Ya le he dicho al de arriba que gracias, que ya no es necesario que me mande más golpes, que ya puedo y sé aprender sin ellos”. Dios la oiga.

Maquillaje y peluquería CRISTO RODRÍGUEZ para Guerlain, L’oreal Pro & Extensionmania
Asistente de fotografía DAVID SANTA CRUZ
Asistente de estilismo VICTORIA IZAGUIRRE
Agradecimientos ARTE WALLS & LÁZARO ROSA-VIOLÁN

En el nuevo número de primavera de FEARLESS, Mar Flores protagoniza una edición que florece con ella. Icono indiscutible de los noventa, empresaria y mujer resiliente, atraviesa hoy una etapa de renovación profunda tras la publicación de sus memorias, donde rompe años de silencio y reconstruye, con voz propia, los capítulos más mediáticos de su vida.

Después de haber sido observada, cuestionada y expuesta hasta límites que hoy resultarían impensables, Mar decide tomar la palabra y poner los puntos sobre las íes. “Mi pecado ha sido confiar y la penitencia ha sido pública”, revela con la serenidad que solo da el tiempo. Lejos del ruido que durante años marcó su relato, se muestra firme, reflexiva y dueña de su verdad.

Desde un presente marcado por nuevos proyectos —como su participación en Decomasters— y con varios horizontes profesionales en camino, Mar encarna una evolución consciente: la de quien ya no se esconde ni se justifica, sino que se reafirma. Más libre. Más auténtica. Más ella que nunca.

En esta edición especial, protagoniza una doble portada que respira exactamente lo que representa hoy. Esta primavera, FEARLESS se llena de luz, segundas oportunidades y mujeres que transforman la tormenta en calma.

¡Sírvanse a la carta!

Los clásicos nunca mueren, y en la industria del lujo esa máxima se reafirma cada temporada. Esta primavera, las grandes casas joyeras y relojeras rescatan sus emblemas más icónicos para reinterpretarlos con un giro fresco y vibrante: siluetas eternas que renacen a través del color, la luz y nuevos códigos estéticos. En este número, ese espíritu se traslada a un festín mexicano donde la tradición sirve de escenario a las piezas más deslumbrantes, celebrando un diálogo entre herencia y modernidad que florece con fuerza propia.

El show de Briten debe continuar

Ana Brito, conocida en redes como @elshowdebriten y respaldada por más de medio millón de seguidores, conquista a quien la descubre. Pódcast, libro y televisión dibujan una trayectoria en constante movimiento y siempre acompañada de una sonrisa, recordando que pase lo que pase el show debe continuar.

Un linaje flamenco llamado Amaya

Remedios y Samara Amaya se mueven por el flamenco como quien respira. La voz de la madre, una de las grandes del género en España, parece desafiar al tiempo, mientras su hija, forjando una carrera en solitario, promete dejar su propia huella en él. Ambas conocen los obstáculos de la industria y saben lo que cuesta abrirse camino en ella, pero, al final, su medida del éxito es simple y rotunda: que les guste a ellas.

Pino Montesdeoca, a flor de piel

A los 53 años debutó en un sector que antes miraba con recelo y al que hoy abraza. Con el tiempo, confiesa, aprendió que la moda le abrió los ojos y le cerró la boca. Más de una década después, y tras haber vivido mucho, quizá demasiado, Pino Montesdeoca puede presumir de algo excepcional: haberse encontrado a sí misma. También de formar parte del elenco de un filme de Almodóvar.

¡Abran paso!

España está llena de talento joven que marca tendencia en arquitectura y diseño a nivel global. Ellos son un perfecto ejemplo. Con siete años de trayectoria trabajando en equipo, no han dejado de crear y conceptualizar espacios capaces de despertar todos los sentidos. Son David Meana, Ignacio Navarro, Iñigo Palazón y Ricardo Fernández, y juntos componen Estudio DIIR. Si aún no los conocen, estén atentos, darán mucho que hablar.

A la mesa con el G15 de la arquitectura

Durante años hemos confundido estar conectados con estar juntos. Por eso, cuando un grupo de personas decide apagar los teléfonos y sentarse a hablar, el gesto adquiere una fuerza casi política. La penúltima cena del G15 fue exactamente eso: una mesa compartida como acto consciente, como espacio de escucha y pensamiento, donde la arquitectura dejó de ser solo profesión para convertirse en conversación. Convocada por Mindway y con la presencia de Agatha Ruiz de la Prada como co-anfitriona, la velada reunió a algunas de las miradas más influyentes del panorama arquitectónico y creativo español. No para exhibir logros, sino para preguntarse cómo queremos vivir, construir y contar el futuro.

Vivir es urgente

Cuando la ciencia escucha y la experiencia toma la palabra, la medicina cambia de forma. La Fundación Contigo nace del encuentro entre un oncólogo que aprendió a mirar más allá y una paciente que decidió no aplazar la vida. Una historia sobre cáncer, compromiso humano y la urgencia vital de vivir.

El pasado hecho presente de Gregorio Marañón

Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, II marqués de Marañón, acaba de ser reelegido al frente del Patronato del Teatro Real, consolidando más de una década de liderazgo al frente de uno de los escenarios más emblemáticos de España. Abogado, financiero y académico de prestigio, Marañón combina su brillante trayectoria profesional con una pasión desbordante por la cultura y el patrimonio, impulsando proyectos que van desde la revitalización del Teatro Real hasta la creación de fundaciones que protegen nuestro legado histórico. Su historia y sus logros invitan a descubrir cómo una vida puede transformar la cultura de un país.

México: un viaje a todo color

México se despliega como un territorio de contrastes y profundidad cultural, donde la historia no pertenece al pasado y la identidad se expresa en cada gesto cotidiano. Entre paisajes que van del desierto al trópico y una creatividad que atraviesa gastronomía, arte y arquitectura, el país invita a ser leído con calma. Una mirada curada y contemporánea a México, atendiendo a su esencia, su carácter y su extraordinaria capacidad de seducción.

El retorno de Mario Conde

Estrenamos NAMELESS, un cuestionario sin biografía oficial y sin personaje, pensado para quienes ya han sido demasiado visibles como para seguir fingiendo anonimato. Un espacio para Anonymous mediáticos, para hablar cuando ya no hace falta explicar quién eres. Y no es casualidad que este lugar lo ocupe Mario Conde.

Mario fue el primero en habitar este territorio cuando aún no sabíamos muy bien qué iba a ser todo esto. Antes de premios, antes de siglas, antes incluso de tener forma. El nacimiento de FEARLESS fue una portada inédita, un logotipo recién estrenado y un artículo suyo. Así empezó la conversación.

Seis años después, seguimos aquí. Quizá con menos ingenuidad, pero con la misma curiosidad. Por eso tenía sentido volver a empezar con él. Porque hay personas que en lugar de inaugurar secciones, inauguran épocas. Hoy no le pedimos que opine, ni que sentencie. Hoy simplemente le preguntamos. Y escuchamos.

Desconocemos si su color favorito es el verde, pero hoy es la tonalidad que impregna su día a día y lo acompaña en cada paso. Hace ya tiempo que FERNANDO OJEDA decidió predicar con el ejemplo, sobre todo para inculcar a sus hijas los valores que defiende. De ahí nació (R)Forest Project, una iniciativa con la que apostó todo al verde y, como suele decirse, a hacer de este mundo un lugar mejor.

Fotografía ROBERTO MAROTO

El sol bañaba las copas de los árboles que pueblan las más de 100 hectáreas de los Jardines de El Buen Retiro, en pleno corazón de la capital. O mejor dicho, en uno de sus pulmones. La localización no podía ser más simbólica. Hasta allí llegó Fernando Ojeda, padre, modelo, empresario —durante un tiempo fue el encargado de gestionar algunos de los clubs que noche tras noche sacuden la vida nocturna madrileña y que se encuentran a escasos metros de este vergel metropolitano— y, desde hace seis años, activista gracias a (R)Forest Project, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la reforestación y la regeneración de ecosistemas que él mismo se encargó de fundar. En el marco de La familia que eliges, Fernando ha encontrado en la naturaleza esa familia extendida, diversa y generosa, a la que hoy dedica su vida y con la que ha decidido caminar. 

Fernando, ¿qué fue lo que te llevó a replantearte tu estilo de vida anterior y dar el paso hacia la creación de (R)Forest Project? ¿Hubo algún hecho personal que marcó ese cambio?

Lo que me movió fue la necesidad de darles un ejemplo real a mis hijas. Me di cuenta de que no bastaba con enseñarles valores en casa, sino que debían vivirlos. Pese a haberme dedicado siempre a la hostelería y a la noche (quizás lo más opuesto que existe), siempre he disfrutado del campo y mi familia se ha dedicado al sector, por lo que el cambio fue total y arriesgado, aunque al mismo tiempo conocido y amable para mí.

¿Cómo fue la transición de tu vida pasada hacia este nuevo camino, y qué reacción tuviste por parte de tu entorno más cercano al compartir tu decisión?

Hubo quien pensó que era una locura y que no tenía sentido, pero yo soy cabezota y creía mucho en mi proyecto y en las ganas que tenía de que funcionase.

Mirando atrás, ¿cuál dirías que fue el mayor reto al iniciar (R)Forest Project?

El mayor reto fue convencer a otros de que era posible y viable. No solo se trataba de plantar árboles, sino de crear conciencia y de cambiar la idea preconcebida que muchos tenían de este sector. Al inicio, encontrar apoyo financiero y logístico fue difícil; sin embargo, tuve suerte de dar con las personas adecuadas y, poco a poco, fuimos creciendo.

¿Qué objetivos te planteaste en los inicios y cuáles son hoy las metas o retos principales que guían vuestro trabajo?

Al principio, el objetivo era claro: plantar árboles y restaurar espacios degradados. Hoy, además de eso, buscamos generar comunidad, fomentar la educación ambiental y desarrollar proyectos de resiliencia que permitan que lo que hacemos permanezca en el tiempo. Queremos que no se trate solo de reforestar, sino de regenerar, perdurar y ayudar a empresas y particulares a mejorar a través de sus propias acciones.

Hasta la fecha, ¿cuántos árboles habéis logrado plantar y qué proyecto consideras el más significativo de la fundación?

Aunque hemos plantado miles de árboles en distintos puntos, no llevo la cuenta porque no creo que sea eso lo que nos haga grandes, sino la voluntad y el resultado de cada uno de ellos. Cada proyecto tiene algo especial, y recuerdo perfectamente cada uno porque de todos siempre surge una anécdota única, un paisaje nuevo, una comunidad o personas que se involucran y se quedan en mi memoria.

¿Qué tipo de actividades desarrolláis en (R)Forest Project y de qué manera involucráis a la comunidad en ellas?

Organizamos jornadas de plantación para empresas, talleres educativos en colegios, charlas de sensibilización y actividades de seguimiento de los bosques. También ayudamos a particulares y empresas a compensar su huella de carbono y a adoptar mejores prácticas laborales. La comunidad es clave: son ellos quienes se comprometen a cuidar y defender los árboles plantados. Sin esa implicación, nada tendría sentido.

A lo largo de tu experiencia como emprendedor y activista, ¿cuáles han sido las lecciones más importantes que has aprendido liderando este proyecto? 

He aprendido que la naturaleza no tiene prisa, pero nunca se detiene. También que la verdadera transformación empieza en lo pequeño: un gesto, una semilla, una conversación. Y, sobre todo, que las personas, cuando se sienten parte de algo grande, son capaces de mover montañas.

¿Cuáles son los principales desafíos que afrontáis al ejecutar proyectos de reforestación en España?

Los mayores desafíos son el clima, la falta de agua y la burocracia. España es un país con suelos muy degradados y cada vez más afectado por las sequías. Además, los trámites administrativos pueden ralentizar procesos que deberían ejecutarse con urgencia.

En un contexto marcado por los incendios forestales, especialmente cuando llega el verano, ¿qué opinas sobre esta situación y qué sensación te produce ver los bosques afectados? ¿Qué medidas consideras imprescindibles implementar para evitarlos?

Me duele en lo más profundo ver un bosque arder, porque sé lo mucho que cuesta llegar a verlos maduros y biodiversos. Los incendios no solo destruyen árboles, sino también historias, comunidades, biodiversidad y futuro. Creo que la prevención es clave: mantener cortafuegos, limpiar montes, educar en responsabilidad y apostar por un modelo rural vivo que cuide de sus bosques. 

Una de las medidas que implementaremos desde (R)Forest es el proyecto “Lienzo en Negro”, que nace como una respuesta necesaria y transformadora ante la devastación de los incendios. Donde antes hubo llamas y cenizas, se imagina un lienzo oscuro que espera ser pintado de verde y de vida. La iniciativa busca recuperar terrenos quemados mediante la reforestación y la restauración de ecosistemas, devolviendo el color a la tierra y la esperanza a las comunidades. Cada árbol sembrado es una pincelada de futuro, una manera de demostrar que, incluso en los paisajes más oscuros, puede renacer la vida con más fuerza y belleza.

«Las personas, cuando se sienten parte de algo grande, son capaces de mover montañas»

Más allá de la reforestación, ¿qué otras medidas preventivas o de resiliencia estáis impulsando desde la fundación para proteger y mantener a largo plazo los bosques plantados?

Trabajamos en proyectos de regeneración del suelo, introducción de polinizadores y herbáceas en nuestras plantaciones para enriquecer la biodiversidad, sistemas de riego sostenibles y en implicar y concienciar a las comunidades locales en el cuidado de los bosques. Siempre apostamos por la plantación de especies autóctonas adaptadas al terreno, para que tengan más posibilidades de sobrevivir.

Si pudieras transmitir un mensaje a la sociedad sobre la importancia de cuidar los bosques, ¿cuál sería?

Los bosques son nuestros pulmones, nuestro refugio y nuestro legado. Sin ellos no hay vida. Cuidarlos no es un acto de generosidad, es un acto de supervivencia.

Sabemos que tienes un vínculo cercano con los animales y que forman parte de tu vida. ¿Qué papel juegan tus perros en tu día a día, y qué acciones existen para proteger la fauna que habita en los entornos que reforestáis?

Mis perros me recuerdan la sencillez y la alegría de estar en la naturaleza. En nuestras iniciativas, buscamos siempre crear hábitats para la fauna local: cajas nido, corredores biológicos y refugios que permitan que la vida vuelva a florecer junto con los árboles.

Por último, ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje que te ha enseñado el planeta?

El mayor aprendizaje es la humildad. El planeta no nos necesita a nosotros, pero nosotros sí lo necesitamos a él. Cuando lo entendemos, cambia por completo la forma en que vivimos y nos relacionamos con todo lo que nos rodea.