Por ALBERTO CASTILLO

Hasta hace bien poco, las estaciones de esquí vivían casi en exclusiva de la nieve y toda la actividad económica se generaba en torno a ella. Una vez terminada la temporada, se paraban los remontes, dejando a los esquiadores entonando el Pobre de mí. Pero algo está cambiando en la montaña. Hoy las estaciones de esquí se enfrentan al reto de adaptar sus infraestructuras y recursos a un nuevo paradigma motivado no solo por los cambios en la climatología y sus efectos en la cantidad y en la calidad de la nieve, sino también, y en mayor medida, por los cambios en los gustos de los usuarios, que quieren seguir disfrutando de la montaña más allá de la temporada invernal.

Esta nueva realidad está propiciando un giro de las estaciones para ofrecer al visitante una experiencia más completa acorde a las nuevas tendencias, al tiempo que garantizan su propia sostenibilidad. En los Pirineos las estaciones han dado un paso al frente para satisfacer las demandas de ese nuevo perfil de visitante que también hace uso de los remontes, de las pistas y de los diferentes servicios cuando la nieve ha desaparecido. Este nuevo paradigma es la bicicleta de montaña. Donde en invierno se esquía, en verano se pedalea. Y nos hemos venido al Pirineo francés para comprobar in situ de qué manera la fiebre del mountain bike marca la actividad veraniega de las estaciones.

Cambre d’Aze, paraíso del MTB

Cambre d’Aze, forma parte, junto con Formiguères y Porté-Puymorens, del Trio Pyrénées, una agrupación de tres estaciones históricas de esquí en los Pirineos Orientales, ubicados en la Cerdaña francesa, que han unido fuerzas para combinar sus fortalezas y recursos en el desarrollo de una oferta turística más completa durante todo el año. La bicicleta es la protagonista de este esfuerzo que permite mantener la actividad de las estaciones más allá del invierno.

Abrigada por las imponentes paredes del macizo del Cambre d’Aze (2.750 m), esta pequeña estación del Pirineo Oriental francés en forma de circo glacial ofrece en invierno unas condiciones excepcionales por la cantidad y calidad de su nieve. Cuando esta desaparece, caminos serpenteantes entre frondosos bosques sustituyen a las pistas de esquí y las bicicletas marcan el ritmo de los descensos. Para alguien como yo, no precisamente experto en ciclismo y menos aún en la modalidad de enduro de montaña, la primera impresión es de respeto. Pero, ¿quién dijo miedo?

Antes de tomar el telesilla de El Mouli, desde Saint-Pierre-dels-Forcats, en la primera parada para alquilar las bicicletas y la equipación necesaria (casco integral, protecciones de espalda, pecho, hombros, codos y rodillas), ya puedo intuir que la aventura no me va a dejar indiferente. El aspecto de las bicicletas, provistas de dobles suspensiones y de neumáticos de gran anchura para facilitar el control en los descensos por terrenos escarpados, me sugiere que nos espera algo más que un relajado paseo en un bucólico y florido paisaje.

Una vez pertrechados como si fuéramos Robocop pedaleamos hasta el remonte en la base de la estación. Las sillas, que en invierno trasladan a los esquiadores, se han adaptado para permitir transportar la bicicleta cómodamente. Desde este telesilla tenemos una fiel panorámica de lo que nos va a deparar esta experiencia. A mis pies veo descender a los ryders entre cerradas curvas, saltos y derrapes de vértigo. Muchos de ellos chavales de corta edad que parece que han nacido subidos a una bici. Parece fácil, visto desde la silla, pero sospecho que detrás hay un nivel suficiente de técnica de la que yo carezco. Lo pude comprobar en el primer descenso, en el que afortunadamente, las protecciones cumplieron sobradamente con su papel.

La primera bajada por la pista Tippie Toppie respondió de manera exacta a mis expectativas. A pesar de ser un circuito azul, el más asequible para iniciarse en eso de tirarse montaña abajo, exige destreza, control y cierto desparpajo, cualidades —salvo la última— de las que carezco. No es de extrañar, por previsible, el imponente leñazo de bienvenida con el que me bautizo a los primeros metros de iniciar el descenso. Pero, salvado este pequeño aviso, completo sin problemas el recorrido. La adrenalina es total y el balance, muy positivo. A pesar de los sustos y de alguna que otra magulladura, la experiencia es altamente recomendable.

Volvemos a tomar la silla de El Mouli para hacer un descanso en el Chalet Sylvain, un restaurante con terraza situado a los pies de la llegada del remonte, y, tras un tentempié, retomar la actividad. En esta ocasión, de la mano de Llorenç Balart, jefe de Explotación de Trio Pyrénées, encaramos la pista Tuttie Fruttie. Hay una notable diferencia al descender por lo que en invierno es una pista verde. Una anchura más que suficiente y seis kilómetros de cómoda bajada me hacen recuperar la confianza en mis nulas condiciones ciclísticas y he de reconocer que este, para mí desconocido, mundo del MTB ha despertado un gusanillo que augura grandes momentos de diversión en la naturaleza.

Este es un punto a favor de Cambre d’Aze. Se trata de un destino plenamente familiar, en el que no hace falta tener una envidiable forma física para encontrar un plan divertido a la medida de cada uno, desde las opciones más exigentes hasta las de esfuerzo moderado. El éxito de este nuevo enfoque para la temporada estival está atrayendo cada vez a más visitantes, lo que ha llevado a la estación a ampliar progresivamente sus circuitos e incrementar la venta de forfaits durante el verano.

El Bike Park tiene pistas para satisfacer a todos los niveles y, a lo largo del territorio de la estación, entre sus dos áreas de Eyne y Saint-Pierre-dels-Forcats, podemos descubrir grandes bosques de pino negro, praderas de alta montaña y senderos que conducen hasta lagos glaciares, refugios y miradores con vistas a la Cerdaña y al macizo del Carlit, que pueden recorrerse en mountain bike o a pie, haciendo trekking.

Después de recuperar fuerzas dando cuenta de un suculento entrecot asado a la piedra en el chalet Sylvain, termina la breve pero intensa experiencia en Cambre d’Aze. Es suficiente para quedarnos con ganas de volver, por lo que nos trasladamos a Formiguères, una preciosa estación rodeada por los bosques y lagos del Capcir que ofrece algunos de los paisajes más emblemáticos del Parque Natural Regional de los Pirineos Catalanes. Su entorno incluye más de 700 kilómetros de itinerarios de bicicleta de montaña, con una oferta de bike park especialmente orientada a principiantes y familias. Aunque nuestra intención era probar algunos de sus recorridos y visitar los lagos de Camporells, una fuerte tromba de agua y granizo, acompañada de un gran aparato eléctrico, obliga por seguridad a cerrar la estación. Dejaremos la aventura para otra ocasión, junto con esta foto para el recuerdo.

Oporto siempre ha sido sinónimo de belleza. Calles empedradas, fachadas cubiertas de azulejos, bodegas históricas y miradores con vistas al Duero hacían de la Ciudad Invicta un lugar mágico. Pero la ciudad portuguesa guarda una nueva versión menos evidente y mucho más actual. A pocos minutos del centro histórico, la Avenida da Boavista se ha convertido en el epicentro de un Oporto diferente: más creativo, más sofisticado y con una energía urbana que mezcla arquitectura de vanguardia, cultura y una gastronomía que mira al futuro sin olvidar sus raíces.

Para descubrir esta nueva cara de la ciudad, el punto de partida perfecto es el Crowne Plaza Porto, un alojamiento que ha renovado por completo su propuesta para convertirse en mucho más que un lugar donde dormir. Tras una transformación integral, sus 232 habitaciones —incluidas 42 suites— presentan ahora una estética contemporánea, elegante y funcional, pensada para descansar después de un día explorando Oporto. Sus vistas privilegiadas al skyline de la ciudad convierten cada despertar en una pequeña invitación a salir a descubrir todo lo que ocurre más allá de la ventana.

Una llegada entre arquitectura futurista y una cena con alma mediterránea

El primer encuentro con el Oporto más moderno empieza a pocos pasos del hotel. La imponente Casa da Música aparece como una declaración de intenciones: un diamante de hormigón que rompió con la arquitectura tradicional portuguesa y que hoy es uno de los grandes símbolos culturales de la ciudad. Entrar en su interior es descubrir un sorprendente diálogo entre madera, azulejos portugueses y líneas futuristas que convierten cada espacio en una experiencia visual.

La visita puede coincidir incluso con alguno de los ensayos abiertos de la Orquesta Sinfónica, una de esas casualidades que hacen que un viaje tenga algo especial. Porque Oporto no se trata solo de ver monumentos; se trata de encontrar momentos.

Cuando cae la tarde, el plan continúa sin necesidad de desplazarse demasiado. En la planta baja del Crowne Plaza Porto espera soMos Restaurant & Lounge, uno de los grandes protagonistas de esta nueva etapa gastronómica del renovado establecimiento hotelero. Su terraza funciona como un pequeño oasis urbano en plena avenida, un espacio donde la ciudad baja el ritmo y la mesa se convierte en el centro de la experiencia.

Su propuesta apuesta por una cocina mediterránea basada en el producto fresco y de temporada, con platos que respetan el origen de cada ingrediente. Pescados y mariscos del Atlántico, carnes seleccionadas y recetas con identidad portuguesa forman parte de una carta que busca algo más difícil que sorprender: emocionar.

Sábado: arte, naturaleza y un refugio de bienestar en pleno viaje

El segundo día comienza con una de las visitas imprescindibles para entender el espíritu creativo de Oporto: la Fundação de Serralves. Este espacio único combina arte contemporáneo, arquitectura y naturaleza en un mismo recorrido. Diseñado alrededor del museo creado por el arquitecto Álvaro Siza Vieira y la elegante Casa Art Déco, Serralves representa esa mezcla tan característica de Oporto: respeto por la historia y una mirada constante hacia lo que viene.

Uno de los momentos más especiales llega al recorrer el Tree-top walk, una pasarela elevada entre las copas de los árboles que ofrece una perspectiva diferente del parque y de la propia ciudad. Es una pausa dentro del viaje, una forma distinta de observar Oporto lejos del ruido y las rutas habituales.

Después de una mañana cultural, el plan perfecto está dentro del propio hotel. El Porto Urban SPA del Crowne Plaza Porto ofrece ese momento necesario para bajar pulsaciones: circuito de aguas, baño turco, sauna y tratamientos personalizados pensados para recuperar energía. En una escapada de 48 horas, encontrar un espacio donde simplemente dejarse cuidar se convierte casi en un lujo.

Al caer la noche, Boavista vuelve a despertar. El destino es el histórico Mercado do Bom Sucesso, reconvertido en uno de los lugares más dinámicos de la ciudad. Entre puestos gastronómicos, productos locales y ambiente cosmopolita, es el sitio perfecto para comprobar que la nueva Oporto también se disfruta mezclándose con quienes viven allí.

Domingo: el brunch que convierte una despedida en una experiencia más del viaje

Oporto pertenece claramente a aquellos destinos que nunca querrías abandonar. Y la mejor forma de alargar la escapada llega de la mano de The Sunday Brunch de soMos Restaurant & Lounge.

Este brunch se convierte en uno de los grandes momentos del fin de semana: estaciones de show cooking con huevos preparados al gusto, carnes trinchadas, repostería artesanal, quesos nacionales, productos frescos y una irresistible fuente de chocolate que convierte la mañana del domingo en un auténtico ritual gastronómico.

Más que un desayuno tardío, es una experiencia para disfrutar sin mirar el reloj. Una celebración de la cocina, del producto y de esa manera tan portuguesa de entender la vida: con tiempo, conversación y placer alrededor de una mesa.

Antes de decir adiós a la ciudad, un último paseo por la Rotunda da Boavista permite contemplar el Monumento a la Guerra Peninsular y despedirse de esta zona que representa a la perfección el nuevo espíritu de Oporto: elegante, creativa y todavía capaz de sorprender.

De la playa de Foz al cóctel perfecto: el verano también tiene su propio plan en Oporto

Cuando llega el buen tiempo, Oporto suma un ingrediente más a su encanto: el Atlántico. Desde el Crowne Plaza Porto, las playas de Foz do Douro quedan a pocos minutos y ofrecen uno de esos escenarios que parecen diseñados para una tarde de verano perfecta. Allí donde el río Douro se encuentra con el océano, las playas, el paseo marítimo y la luz del atardecer crean uno de los rincones más especiales de la ciudad.

El plan es sencillo y precisamente por eso funciona: una tarde junto al mar, una vuelta al hotel y un cóctel en el soMos Lounge para empezar la noche. Su ambiente moderno, su carta de cócteles y su selección de snacks convierten este espacio en el lugar ideal para alargar la conversación hasta la madrugada.

Después llega la cena, de nuevo en soMos Restaurant & Lounge, donde la cocina mediterránea vuelve a ser protagonista con una propuesta ligera y basada en ingredientes frescos, muchos de ellos procedentes incluso del huerto urbano del propio hotel. Una experiencia que demuestra que en Oporto no hace falta elegir entre ciudad, mar y gastronomía: todo puede formar parte del mismo viaje.

Porque quizá el mayor descubrimiento de una escapada de 48 horas no sea solo conocer una nueva ciudad, sino encontrar la manera perfecta de vivirla. Y en el nuevo Oporto, esa manera pasa por Boavista, por el Crowne Plaza Porto y por lugares como soMos, donde diseño, sabor y hospitalidad se encuentran en el mismo punto.

Oculto entre los recónditos parajes de la Cantabria infinita se halla el Palacio de la Helguera, una casona del siglo XVII que conserva el esplendor de la nobleza de otra época y que hoy juega a ser mucho más que un hotel boutique: también es un peculiar anticuario. Aquí, el check-out puede incluir un recuerdo mucho más especial que una fotografía.

Por MARCO DE PABLOS

En un pequeño pueblo de los valles pasiegos de Cantabria se alza un palacio del siglo XVII cuya puerta principal permanece siempre entreabierta. Cercado por verdes y frondosos paisajes resulta mágico encontrar una fortaleza de estas dimensiones entre prados y montañas. Basta cruzar ese umbral, apenas abierto unos 45 grados, para comprender que el verdadero viaje empieza al otro lado.

La historia abre sus puertas

Su imponente fachada principal, levantada en sillería cántabra con piedra extraídas de los montes aledaños y conservada intacta desde su construcción, flanqueada por naranjos centenarios y asentada sobre el primer gran espacio ajardinado del establecimiento —dentro de las aproximadamente nueve hectáreas que conforman su propiedad—, da la bienvenida al Palacio de la Helguera. Esta distinguida casa señorial mandada construir por el Conde de Santa Ana de las Torres, destacado miembro de la familia Ceballos, linaje noble y propietario original del edificio, es hoy un exclusivo hotel boutique de lujo, integrado en la prestigiosa colección Relais & Châteaux, que cuenta con spa y restaurante reconocido por la Guía Michelin.

Malales Martínez Canut ha sido la artífice de este singular viaje en el tiempo. Actual propietaria del palacio junto a su marido, ha liderado también el proyecto de interiorismo que, en colaboración con María Mas, ha dotado al establecimiento del carácter tan peculiar que lo define. Once habitaciones —bautizadas y decoradas en consonancia a los personajes históricos vinculados al complejo que las inspiran, desde el Conde de la Gomera o el Barón de Puerto Rico hasta el Duque de Wellington—, un imponente salón, recibidores, patios y restaurante conforman un escenario de marcado carácter rococó. Sobre este envolvente conjunto se despliega un personalísimo mobiliario seleccionado pieza a pieza, compuesto por auténticas objetos de época que, en su mayoría, también están a la venta para los huéspedes. Y es que el hotel funciona, al mismo tiempo, como un anticuario.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Esta casona, declarada Bien Protegido, se distribuye en tres plantas vertebradas por una majestuosa escalera de piedra que conserva su balaustrada original. Cada uno de sus rincones desprende historia. A lo largo del recorrido, las paredes se visten con cuadros enmarcados en dorado que representan personajes de inspiración medieval, envueltos en un sutil halo de fantasía. La moqueta que cubre los suelos esconde antiguas maderas de olmo y roble, mientras los techos artesonados completan la atmósfera.

Uno de los espacios más cautivadores se encuentra en la entreplanta: un amplio salón que parece sacada de una novela histórica. Tapices, tresillos, cómodas afrancesadas, una imponente mesa, estanterías repletas de libros y obras de arte repartidas por doquier convierten este rincón en una suerte de museo viviente. Presidiendo la estancia, una espectacular chimenea aporta durante los meses más fríos una calidez que invita a demorarse entre sus paredes.

Fotografía ALBA GINÉR

Vistas infinitas

En el exterior, el encanto no hace más que crecer. El verde se convierte en el auténtico protagonista gracias a unos jardines exquisitamente cuidados, auténticos vergeles salpicados de flores, con especial protagonismo para las hortensias, que durante la visita lucían en su máximo apogeo y abrazaban la propiedad con una explosión de color digna de una pintura de Monet. Al final del jardín aguarda el plato fuerte, una piscina infinita que se asoma a la Vega de Pas, creando un contraste hipnótico entre el intenso azul del agua y el infinito manto verde del paisaje. Resulta difícil apartar la mirada. A su alrededor, un cuidado mobiliario de jardín con todo lo necesario y más, mientras que, a escasos metros, una piscina climatizada permite disfrutar de las mismas vistas en cualquier época del año. La experiencia se completa con un área wellness perfectamente equipada, donde no falta ningún detalle. Los huéspedes disponen de toallas, albornoces y todas las comodidades necesarias para disfrutar de un circuito de bienestar con jacuzzi, hamman, baño turco y gimnasio, además de una carta de tratamientos personalizados.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Sabores con doble origen

Pero aún hay más. El hotel también alberga su propuesta gastronómica, el restaurante Trastámara, liderado por el chef Renzo Orbegoso Hinojosa, cuya cocina establece un interesante diálogo entre la tradición cántabra y la peruana. Este rincón foodie cuenta con diferentes espacios, tanto en el interior —decorado con la misma estética señorial y aires pompadour que impregnan todo el palacio— como en una terraza exterior, especialmente recomendable al caer la tarde. Aquí, la despensa manda. Verduras de huerta, pescados del Cantábrico, quesos pasiegos y productos de temporada son la base de su carta. Entre los imprescindibles destacan el steak tartar, el mosaico de langostino y gambón con gel de lima y encurtidos, los nigiris de causa limeña o un ceviche que refleja a la perfección esa fusión entre las dos culturas gastronómicas. En los platos principales brillan la lubina con salsa de champagne y, para los amantes de la carne, el solomillo a la pimienta con aroma de tomillo, puré de batata y verduras de temporada, además del laminado de vacuno acompañado de milhojas de patata y bouquet de ensalada. Mención aparte merece el vino recomendado, Mar de Fondo, una de las grandes referencias de la región, con un marcado carácter salino, propio de las bodegas de la zona situadas a ras del mar. Por supuesto, conviene reservar un hueco para el postre. La crème brûlée con milhojas de manzana es todo un must, mientras que la torrija de sobao pasiego se convierte en un delicioso homenaje a uno de los productos más emblemáticos de la comarca. Precisamente los sobaos vuelven a cobrar protagonismo en los generosos desayunos que se sirven en este mismo enclave. Panes artesanos, bollería local, lácteos que narran la profunda tradición ganadera de la comarca y quesadas recién horneados componen el festín matutino. Cuando el tiempo acompaña, desayunar en la terraza, con semejante telón de fondo, es una de esas pequeñas experiencias capaces de marcar el resto de la jornada. Aunque en un lugar así, resulta difícil que algo vaya mal.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Alrededor de toda la finca, existen rincones pensados para detenerse a leer, conversar o, simplemente, contemplar, una vez más, el paisaje. Si apetece explorar los alrededores, pueblos con tanto encanto como Santillana del Mar o Suances se encuentran a escasos kilómetros, mientras que Santander está a apenas media hora en coche. Incluso para quienes viajan sin vehículo, la estación de Torrelavega queda muy próxima. Pero lo cierto es que cuesta encontrar una razón para marcharse. Palacio de la Helguera reúne todo lo necesario para desconectar, convirtiéndose en uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse y donde la verdadera experiencia reside en disfrutar del privilegio de habitar un palacio.

Cada verano hay quienes buscan grandes viajes y quienes prefieren descubrir destinos que lo tienen todo a pocas horas de casa. Cantabria pertenece a ese segundo grupo. En apenas unos kilómetros es posible pasar de una playa salvaje a un pueblo medieval, caminar entre bosques, visitar una cueva Patrimonio de la Humanidad y terminar el día compartiendo unas rabas frente al mar o tomando un vermut en una barra con décadas de historia.

Si todavía no has decidido dónde escaparte este verano, hay un itinerario que combina naturaleza, gastronomía y alojamientos con personalidad para conocer una de las regiones con más encanto del norte de España.

Dormir entre prados, a veinte minutos de Santander

Uno de esos lugares que invitan a bajar el ritmo se encuentra en Barcenaciones, un pequeño pueblo del valle de Reocín donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Allí, rodeado de prados y muy cerca de algunos de los principales atractivos turísticos de Cantabria, se encuentra La Tierruca Homes, un complejo formado por siete bungalows independientes construidos a partir de contenedores marítimos reciclados y transformados en alojamientos de diseño.

Las viviendas, de una o dos habitaciones, cuentan con jardín privado, barbacoa, cocina totalmente equipada y acceso a una piscina común de agua salada. Todo está pensado para disfrutar de unos días de desconexión sin renunciar a la comodidad. Su ubicación permite visitar fácilmente lugares como Santillana del Mar, Comillas, las playas de Oyambre o Luaña, la cueva de El Soplao, el Parque Natural Saja-Besaya o las Cuevas de Altamira, mientras que el propio entorno invita a caminar entre prados, recorrer senderos junto al río Saja o simplemente descansar lejos del bullicio de la costa.

Para familias, parejas o grupos de amigos, reservar el complejo completo se convierte además en una opción perfecta para celebrar encuentros privados, retiros o escapadas compartidas.

Santander, una ciudad que se disfruta desde sus barras

Después de una mañana de playa o de una excursión por el interior, Santander ofrece otra de sus grandes razones para visitarla: su cultura gastronómica. Más allá de los restaurantes, la capital cántabra sigue conservando una tradición muy arraigada de vermuts, cañas, terrazas y tapeo que convierte cualquier paseo por el centro en una ruta gastronómica improvisada.

En pleno Ensanche santanderino, tres establecimientos representan especialmente bien esa manera de entender el ocio.

Las Hijas de Florencio, el regreso de un clásico

La reapertura de Las Hijas de Florencio ha supuesto la recuperación de uno de los bares históricos de Santander. Situado junto al Paseo de Pereda, mantiene la esencia de las tabernas tradicionales con dos barras protagonistas, una amplia terraza frente al mar y una carta basada en los grandes clásicos del aperitivo: croquetas, tortillas, ensaladilla, embutidos, tostas o las ya conocidas lascas de parmesano.

Es uno de esos lugares donde resulta fácil alargar el vermut hasta la comida mientras se contempla la bahía.

Cortés, el bar donde siempre pasa algo

A pocos metros aparece Cortés, uno de los locales con más ambiente del centro de la ciudad. Su cocina permanece abierta durante buena parte del día, lo que permite pasar del aperitivo a una comida informal, continuar con una copa de vino o terminar compartiendo una cena. Su propuesta mezcla recetas tradicionales del Grupo Riojano con influencias mexicanas, donde conviven tacos de cochinita pibil, margaritas y mezcales con croquetas, ensaladilla o el ya popular bikini ibérico Cortés.

Su reconocimiento con un Solete Repsol confirma lo que muchos santanderinos ya sabían: es uno de esos bares a los que siempre apetece volver.

Vermutería Solórzano, una institución del aperitivo

Hablar de vermut en Santander es hablar de Vermutería Solórzano.

Con más de un centenar de referencias y un ambiente que conserva intacta la esencia de las vermuterías clásicas, este establecimiento continúa siendo uno de los grandes puntos de encuentro de la ciudad. Rabas, caracolillos, gildas o huevos rellenos acompañan una oferta donde el vermut sigue siendo el gran protagonista.

Su barra, marcada por décadas de historia, resume perfectamente esa costumbre tan santanderina de reunirse alrededor de un aperitivo antes de comer.

Mucho más que tres bares: una ruta gastronómica por Grupo Riojano

Detrás de estos establecimientos se encuentra Grupo Riojano, que durante los últimos años ha ido recuperando algunos de los espacios más emblemáticos de la hostelería cántabra al mismo tiempo que desarrollaba nuevos conceptos gastronómicos. Quienes dispongan de varios días pueden ampliar la ruta con algunas de sus direcciones más conocidas.

La histórica Bodega del Riojano sigue siendo uno de los grandes templos de la cocina tradicional de Santander; Kandela apuesta por la cocina de brasas y el producto; el Balneario de la Magdalena ofrece una de las terrazas con mejores vistas de la bahía para disfrutar de arroces y pescado; mientras que el Café Centro Botín resulta perfecto para hacer una pausa después de visitar uno de los grandes referentes culturales de la ciudad.

Fuera de Santander, la propuesta continúa con Bar Pepe, en Somo, una parada imprescindible tras un día de playa; Pan de Cuco, en Suesa, donde la cocina cántabra contemporánea encuentra uno de sus mejores exponentes; Primera Vaca, ideal para compartir pizzas artesanas y cocina de producto en un entorno rural; o La Carnaza, para quienes prefieran una buena hamburguesa con personalidad.

Una escapada que combina costa, naturaleza y gastronomía

Una de las grandes ventajas de Cantabria es que no obliga a elegir. Es posible dormir rodeado de naturaleza, desayunar viendo prados, pasar la mañana en una playa del Cantábrico, recorrer pueblos como Santillana del Mar o Comillas y terminar el día compartiendo unas tapas frente al mar en pleno centro de Santander. Ese equilibrio entre paisaje, patrimonio, tranquilidad y gastronomía es precisamente lo que convierte a la región en uno de los destinos más completos para quienes todavía buscan una escapada de verano. Y es que no hace falta recorrer miles de kilómetros para descubrir un lugar al que siempre apetece volver.

Ibiza volverá a consolidarse este verano como uno de los grandes place to be del panorama nacional e internacional. En este contexto, Maestro Dobel, el primer tequila cristalino del mundo y líder global en su categoría, desembarca en la isla de la mano de BLESS Ibiza The Site, uno de los proyectos hoteleros más exclusivos y ambiciosos del Mediterráneo. Una alianza que no es fruto del azar, pues ambas marcas comparten una misma visión del lujo, basada en experiencias memorables, diseño, alta gastronomía y una manera de disfrutar mucho más sensorial, sofisticada y conectada con el estilo de vida actual.

The Cloud 9, el rooftop donde el lujo se sirve en copa

El corazón de esta colaboración late en The Cloud 9, el espectacular rooftop de BLESS Ibiza The Site. Con vistas privilegiadas a las cristalinas aguas pitusas, este espacio se convierte en el escenario perfecto para que Maestro Dobel despliegue todo su universo de marca.

La firma mexicana cuenta con una destacada presencia a través de una barra exclusiva, intervenciones en el DJ booth, elementos lumínicos y un espectacular photocall pensado para convertirse en uno de los rincones más fotografiados del verano ibicenco. Una experiencia inmersiva donde la coctelería y el diseño se integran de forma natural en uno de los espacios más exclusivos.

Cócteles de autor para inaugurar el nuevo icono de Ibiza

Durante la inauguración oficial de BLESS Ibiza The Site, celebrada el pasado 18 de junio, Maestro Dobel fue uno de los grandes protagonistas de la velada. La marca contó con un exclusivo córner experiencial en The Palm, el auténtico epicentro social del hotel, donde los invitados pudieron descubrir algunas de sus propuestas de coctelería más icónicas.

La sofisticada Black Diamond Margarita, el elegante Paloma Cristalino y el refrescante Dobel Twist fueron algunas de las creaciones que conquistaron a los asistentes, poniendo en valor la innovación y la excelencia que caracterizan a la firma mexicana.

Más allá de una simple colaboración, la presencia de Maestro Dobel en BLESS Ibiza The Site refleja una nueva forma de entender el lujo. Hoy, la exclusividad no solo reside en el destino o el espacio, sino en la capacidad de crear experiencias memorables donde la gastronomía, la mixología, el diseño y el entretenimiento conviven de forma natural.

En un entorno que reúne algunas de las propuestas gastronómicas, musicales y culturales más destacadas del Mediterráneo, Maestro Dobel encuentra el escenario perfecto para seguir consolidando su posicionamiento como una de las marcas de tequila premium más innovadoras del panorama internacional.

Con esta alianza, Maestro Dobel continúa ampliando su presencia en algunos de los destinos lifestyle más prestigiosos del mundo, reforzando su vínculo con una nueva generación de consumidores que busca autenticidad, diseño y experiencias de alto nivel. Este verano, el tequila cristalino que revolucionó la categoría suma un nuevo capítulo en Ibiza, consolidando su presencia en uno de los hoteles llamados a convertirse en el gran referente del lujo mediterráneo.

Hay viajes que dejan, literalmente, un buen sabor de boca. El Balneario de Panticosa es un histórico complejo hotelero conocido tradicionalmente por las propiedades de sus aguas termales. Un turismo orientado a la salud y al bienestar que atraía a sus visitantes favorecido por un entorno de alta montaña inigualable y en el que la propiedad del Grupo Nózar (Aguas de Panticosa SA, Bodegas Enate, Bodegas Laus, etc), ha abierto una nueva etapa con importantes cambios, tanto en la gestión como en el concepto de ocio. De cara a la temporada estival la nueva dirección ha apostado por situar la gastronomía en un lugar preferente en la experiencia del visitante y en una de las razones para visitar este enclave histórico del Pirineo aragonés.

ALBERTO CASTILLO para FEARLESS

En el Balneario de Panticosa el paisaje, además de ser admirado, se puede también saborear. A 1636 metros de altura, la alta cocina cobra todo el protagonismo para fundirse en una inmersión transversal con la naturaleza y el bienestar. Es entonces cuando placer de la mesa se saborea a fuego lento, como el tiempo, que parece detenerse al abrigo de las cumbres que rodean este mágico lugar del Valle oscense de Tena.

La cocina como nueva experiencia sensorial

El epicentro de esta nueva etapa que ha abierto la llegada a la dirección de Rafael Jiménez con su nuevo equipo de profesionales es El Lago, el restaurante donde el chef Rubén Pertusa ha desplegado una sofisticada propuesta de menú degustación cerrado en el que el producto juega con la creatividad y con la memoria del emblemático lugar que en su día fue este espacio dentro del Balneario y que hoy forma parte de uno de sus grandes atractivos.

Ubicado frente al icónico Ibón de Baños, el restaurante convierte cada servicio en algo casi escénico y en parte esencial del relato gastronómico. Desde el comedor se perciben las distintas tonalidades del paisaje, el movimiento del agua del lago y hasta casi la respiración de las montañas, convirtiendo cada velada en una experiencia única.

Podemos corroborar que el menú que degustamos, compuesto por unas combinaciones de puerro cítrico con salsa holandesa; foie mi cuit caramelizado con esturión Nacarii; trucha con salsa de cava, y lomo de ciervo asado con castañas, es deliciosamente exquisito.

El nuevo enfoque del restaurante El Lago forma parte de un viaje gastronómico completo, donde cada espacio juega su propio papel. En La Brasserie, en el Hotel Continental, y también bajo el sello de Pertusa, se ha revisado la tradición culinaria local desde un enfoque contemporáneo con una nueva carta que incluye entrantes fríos y calientes (patatas bravas, nachos, embutidos ibéricos…) como antesala del contundente plato principal basado en carnes a la brasa (paletilla de cordero, chuletón vacuno, solomillo o magret de pato). El sello de calidad de las carnes de la zona cocinadas en su punto de textura y sabor.

La Fontana, en la plaza central, mantiene el sabor de Italia con excelentes «antipasti», ensaladas, pastas con sabrosas salsas y una gran variedad de pizzas. Especialmente recomendables, la provoletta con champiñones, y la ensalada de burrata, rúcula y tomates secos. Y para alargar el tardeo con un coctel o un picoteo, el espacio El QBO es el punto de encuentro informal para relajarse y dejarse ver al aire libre.

El emblemático Gran Hotel de Panticosa

El Gran Hotel del Balneario de Panticosa, uno de los grandes iconos del Pirineo aragonés, ha dado un paso definitivo hacia el presente: permanecer abierto todo el año. Una decisión que va más allá de la operativa y que refuerza su vocación de convertirse en un destino sin temporada, pensado para disfrutarse en cualquier momento.

Inaugurado en 1895, este edificio histórico forma parte del ADN del balneario y acaba de ser distinguido como Hotel Monumento, una categoría que solo comparten tres establecimientos en Aragón y que reconoce su valor arquitectónico y cultural.

Su silueta, casi inalterada, conserva la elegancia de otra época, mientras el interior propone una experiencia que combina historia, calma y naturaleza. Alojarse aquí no es solo dormir en un hotel: es formar parte de un lugar donde el tiempo parece ir más despacio.

Aguas termales milenarias

Las aguas termales de Panticosa, conocidas desde época romana, siguen siendo el corazón del balnearioun legado que se traduce en tres formas de entender el bienestar: El Espacio Termal del Gran Hotel, exclusivo y de aforo limitado, pensado para la desconexión absoluta; Las Termas de Tiberio, con luz natural y con tratamientos personalizados, y el Balneario del Quiñón, orientado al cuidado terapéutico

Naturaleza inmersiva

En invierno, la proximidad a estaciones como Formigal y Panticosa refuerza su atractivo activo; en verano, el valle de Tena se convierte en un espacio de exploración y descanso con un sinfín de actividades: senderismo entre cascadas, ascensiones a picos emblemáticos, rutas accesibles como la Ruta del Pueyo o las Pasarelas, subida en el Tren de Tramascastilla al Ibón de Las Paules, la tirolina gigante de Hoz de Jaca, o el divertido laberinto de los Pirineos en el que deberás encontrar la salida de un bosque de 4.000 cipreses plantados, entre muchas otras posibles actividades.

Más de un siglo después de su origen, Panticosa sigue siendo fiel a lo que siempre fue: un lugar al que se viene a sanar, a respirar y a reconectar. Ahora, además, se viene a vivir una experiencia 360º.

Del 4 al 13 de junio, el histórico Círculo Ecuestre de Barcelona abre sus puertas a una nueva generación de creadores con Ecléctica Barcelona, una iniciativa que convierte el diseño, la arquitectura, el arte y la música en un ejercicio de diálogo colectivo. Integrado en la programación de Barcelona 2026 Capital Mundial de la Arquitectura, el proyecto reúne a interioristas, arquitectos y figuras de la cultura para intervenir distintos espacios del emblemático edificio desde miradas inéditas.

Entre las colaboraciones más esperadas se encuentra la de L35 Architects y la artista Queralt Lahoz, una propuesta que explora las conexiones entre espacio, emoción y sonido. Conversamos con Cristina Anglès, de L35, y con la propia Lahoz sobre este encuentro creativo, que comparte cartel con otras voces destacadas del panorama cultural y del diseño nacional en una edición que reivindica la creatividad como lenguaje transversal.

Para L35 Architects, participar en Ecléctica Barcelona supone mucho más que una intervención efímera. La firma ha encontrado en este proyecto una oportunidad para reflexionar sobre nuevas formas de habitar y experimentar la arquitectura, especialmente en un contexto tan simbólico como el de Barcelona, ciudad que este año ejerce como Capital Mundial de la Arquitectura.

“Ecléctica nos pareció un proyecto muy especial desde el principio”, explica Cristina Anglès. “Primero porque sucede en Barcelona, que es nuestra casa, y porque forma parte del Año de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura, un contexto muy estimulante para repensar cómo se vive la arquitectura hoy”.

Uno de los aspectos que más atrajo al estudio fue la posibilidad de intervenir temporalmente un espacio tan cargado de historia como el Círculo Ecuestre. “Nos interesaba muchísimo la idea de abrir un lugar tan hermético y simbólico a miradas completamente nuevas. Poder transformarlo temporalmente y hacer que la gente lo descubra desde otro lugar, más libre, más inesperado y más sensorial”.

Esa aproximación conecta directamente con la filosofía de trabajo de L35, centrada en la experiencia de quien habita los espacios. “Trabajamos mucho desde cómo se recorre un lugar, cómo cambia el ritmo de quien lo habita o cómo una atmósfera puede modificar el estado de ánimo”, señala Anglès.

Arquitectura para sentir y no solo para observar

En un momento en el que las nuevas generaciones consumen cultura de forma cada vez más inmersiva, la arquitecta considera que el reto ya no consiste en explicar la arquitectura desde un punto de vista técnico, sino emocional.

“Las nuevas generaciones ya no se acercan a la arquitectura desde lo puramente académico. Les interesa la experiencia, la atmósfera y la identidad de los lugares”, afirma Anglés. Precisamente por eso considera que Ecléctica funciona como un formato especialmente atractivo: “No vienes solo a mirar espacios; entras, escuchas, tocas y atraviesas ambientes que te generan algo”.

La presencia de músicos, artistas y perfiles creativos amplía además los códigos tradicionales de la arquitectura y la acerca a públicos que quizás nunca visitarían una exposición convencional.

El encuentro entre L35 y Queralt Lahoz

La colaboración con Queralt Lahoz surgió de forma natural. Aunque proceden de disciplinas aparentemente alejadas, ambas partes descubrieron rápidamente puntos de encuentro. “Compartimos algo muy parecido: ambas construimos atmósferas y trabajamos desde la emoción. Ella lo hace con la voz y nosotros con la luz, los materiales o el espacio”, explica Anglès.

Más que diseñar un espacio para una artista, el objetivo era construir una instalación capaz de transmitir el universo creativo de Lahoz. “Queríamos crear algo que hablara de su energía y de esa mezcla tan suya entre fuerza y vulnerabilidad”.

El proceso llevó al estudio a explorar territorios poco habituales dentro de la práctica arquitectónica. “Nos obligó a trabajar desde un lugar mucho más intuitivo y menos racional. Intentábamos traducir una voz, una presencia o una tensión emocional en luz, color, sonido y textura”. La arquitecta resume el proceso con una imagen especialmente reveladora: “Fue muy interesante pensar el espacio casi como si fuera una canción, con silencios, intensidad, ritmo y cambios de atmósfera”.

Una pausa emocional dentro del recorrido

La instalación concebida para Ecléctica busca convertirse en un refugio dentro del recorrido expositivo. Un lugar donde el visitante pueda bajar el ritmo y experimentar el espacio desde una dimensión más íntima. “Queríamos generar una especie de pausa dentro de Ecléctica. Un lugar donde cambia la acústica, baja el ritmo y el cuerpo entra en otro estado”, explica Anglès.

La propuesta combina iluminación, música y textiles para construir una atmósfera contenida y casi cinematográfica. Un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea está desplazando el foco desde la imagen hacia las sensaciones. “Estamos dejando atrás una arquitectura demasiado obsesionada con la imagen para volver a pensar más en cómo se sienten los espacios”, sostiene. “Hay un interés creciente por crear lugares más humanos, flexibles y conectados con el bienestar”.

Queralt Lahoz: “La cultura no tiene por qué vivirse de una sola manera”

Para Queralt Lahoz, participar en Ecléctica Barcelona supone formar parte de un formato que desafía las categorías tradicionales. “Este tipo de eventos ayudan a acercar la creatividad a nuevas generaciones porque rompen bastante las barreras entre disciplinas y también la idea de que la cultura tiene que vivirse de una sola manera”, explica. La artista destaca que el proyecto trasciende los formatos convencionales de exposición o concierto para convertirse en una experiencia inmersiva. “Aquí no vienes solo a escuchar música o a ver interiorismo: entras en una atmósfera. Y eso conecta muchísimo con las nuevas generaciones, porque buscan experiencias más auténticas y emocionales”.

Sobre el diálogo entre su universo musical y la propuesta espacial desarrollada junto a L35, Lahoz apostó desde el principio por una intervención contenida y esencial. “Creo que lo óptimo era que fuese algo muy minimalista, porque siento que la música debe llenar el espacio y que este no debe estar recargado de demasiada información”, mantiene.

La artista también ha participado activamente en la definición de la identidad visual y sensorial de la instalación. “Hemos trabajado mucho desde los colores, las texturas y las sensaciones. Me encanta la idea de que el espacio sea como un abrazo, algo cálido y confortable, pero al mismo tiempo con una energía muy potente y un poco subversiva”.

Una visión que encaja perfectamente con el espíritu de Ecléctica Barcelona, una cita que busca demostrar que la creatividad contemporánea ya no entiende de compartimentos estancos y que las mejores conversaciones surgen precisamente cuando disciplinas distintas deciden encontrarse.

Venecia suma un nuevo motivo para escaparse a la ciudad de los canales. En pleno centro histórico, a pocos pasos de la Piazza San Marco y del Teatro La Fenice, el hotel de cinco estrellas Nolinski Venezia, perteneciente a la colección Evok, incorpora una nueva firma gastronómica de referencia: el legendario restaurante genovés Zeffirino.

Fundado en 1939 en Génova, Zeffirino desembarca en la laguna veneciana con una propuesta que une tradición, producto y memoria culinaria. La apertura supone un nuevo capítulo para una casa histórica que ha servido a personalidades internacionales y que mantiene intacta su identidad a través de generaciones de la familia Belloni.

Un viaje gastronómico desde Génova hasta Venecia

La llegada de Zeffirino a Nolinski Venezia no es solo una apertura, sino un diálogo entre dos formas de entender la hospitalidad italiana. Por un lado, la sofisticación contemporánea del hotel veneciano; por otro, la tradición ligur de una cocina basada en el respeto absoluto al producto y a las recetas originales.

En este nuevo espacio, la propuesta gastronómica se centra en la cocina genovesa más auténtica, con una fuerte presencia de elaboraciones artesanales y pasta fresca elaborada a diario dentro del propio restaurante. La carta reivindica el sabor como eje central, sin artificios, apostando por la pureza de las materias primas.

El pesto como ritual: la esencia de la casa Belloni

Si hay un elemento que define la identidad de Zeffirino es su emblemático pesto genovés, considerado por muchos como uno de los más reconocidos de Italia. Elaborado con albahaca de Prà, Parmigiano Reggiano, pecorino, piñones, ajo y aceite de oliva virgen extra, sigue el método tradicional: todo se machaca en mortero de mármol.

En Venecia, este ritual gastronómico se traslada incluso a la sala, donde el pesto se termina de preparar frente al comensal en un carrito especial. Un gesto que refuerza la dimensión escénica y artesanal de la experiencia.

Platos icónicos de la tradición ligur

La carta de Zeffirino en Venecia reúne algunas de las recetas más representativas de la casa, todas ellas vinculadas a la cocina del norte de Italia, como las trofie al pesto, emblema absoluto de la cocina ligur; los paffutelli alla Frank, raviolis creados en homenaje a Frank Sinatra; la focaccia di Recco, una de las especialidades más icónicas de Liguria; el branzino al sale, lubina cocinada en costra de sal; y el gelato al pistacchio, preparado al momento con pistachos caramelizados. Cada uno de estos platos refuerza la idea de una cocina transmitida de generación en generación, donde la técnica y la memoria familiar ocupan un papel esencial.

Dos espacios, una misma filosofía

La experiencia de Zeffirino en Venecia se divide en dos conceptos complementarios dentro de Nolinski Venezia.

En la tercera planta, Zeffirino Ristorante representa la versión más elegante y gastronómica del proyecto. Es un espacio centrado en el servicio de comidas, donde la cocina se presenta en su forma más refinada y ceremonial.

En la planta baja, Il Caffè Zeffirino ofrece una interpretación más relajada y social. Con un ambiente más informal alrededor del patio interior del hotel, funciona como un punto de encuentro para distintos momentos del día, manteniendo siempre la esencia de la hospitalidad italiana.

Una nueva parada en el mapa gastronómico de Venecia

Con esta apertura, Zeffirino refuerza su presencia internacional sin renunciar a su origen genovés. La llegada a Venecia representa un equilibrio entre tradición y expansión, donde la cocina ligur encuentra un nuevo escenario en una de las ciudades más icónicas del mundo.

En la intersección entre historia, producto y lugar, Nolinski Venezia se convierte así en el nuevo hogar de una de las casas más emblemáticas de la gastronomía italiana.

Una madre representa cuidado, dedicación y constancia. Este Día de la Madre, más allá de los regalos materiales, la tendencia apunta hacia algo mucho más valioso: compartir tiempo y crear recuerdos. Desde propuestas gastronómicas hasta escapadas entre viñedos o planes urbanos y creativos, la clave está en regalar experiencias que perduren.

Sabores convertidos en recuerdo

En esta línea, FISAN propone elevar el regalo tradicional con una experiencia gastronómica de altura. Su Pack Deluxe Experiencia Jamón de Bellota transforma el acto de regalar en un momento de conexión alrededor de la mesa. Elaborado a partir de jamón de bellota ibérico 75% raza ibérica de Alta Gastronomía, el pack incluye diez sobres listos para disfrutar, presentados en una elegante caja. Una propuesta pensada para saborear sin prisas, donde el verdadero lujo es el tiempo compartido.

Madrid desde las alturas

Celebrar el Día de la Madre en Madrid es también una invitación a redescubrir la ciudad desde otra perspectiva: la de sus azoteas. Espacios donde el ritmo se ralentiza, las vistas se convierten en protagonistas y la gastronomía acompaña momentos que invitan a quedarse. Entre cielos abiertos y panorámicas únicas, estas direcciones elevan cualquier celebración.

El Cielo de Montera

Ubicado en plena Gran Vía, este hotel propone una experiencia donde la sofisticación se combina con el carácter castizo de la ciudad. Su restaurante, situado en la novena planta, se convierte en un oasis donde disfrutar de una cocina que rinde homenaje al producto local con técnicas contemporáneas. Platos como el tataki de atún rojo, las ostras aliñadas o el rodaballo salvaje dibujan una carta pensada para compartir y celebrar sin prisas, en un entorno luminoso con vistas al skyline madrileño.

Para quienes prefieren una celebración más distendida, esta azotea —la más alta de la Gran Vía— es el escenario perfecto. Con Madrid extendiéndose a sus pies, propone un plan relajado donde la coctelería de autor cobra protagonismo. Inspirada en los barrios más castizos, su carta líquida se acompaña de un picoteo gourmet con guiños a la tradición, ideal para un brindis al atardecer o una tarde que se alarga sin mirar el reloj.

Ginkgo Sky Bar

En uno de los laterales de la Plaza de España, este espacio se ha consolidado como uno de los imprescindibles para quienes buscan un plan especial. Su propuesta “The Art of Brunch” transforma esta tradición en una experiencia completa, donde la cocina internacional convive con smoothies, champagnes y una selección de cócteles cuidadosamente elaborados. Todo ello con la ciudad y su skyline como telón de fondo, en un ambiente cosmopolita y relajado que convierte el brunch en una ocasión perfecta para celebrar el Día de la Madre con estilo.

Escapada entre viñedos

En un momento en el que el verdadero lujo se mide en tiempo y calma, una escapada entre viñedos se convierte en uno de los regalos más especiales para el Día de la Madre. Lejos del ritmo de las grandes urbes, el paisaje de La Rioja invita a desconectar y reconectar, a partes iguales, en un entorno donde la naturaleza y la tradición marcan el compás.

Las Villas de Finca La Emperatriz representan a la perfección esta filosofía. Rodeadas de viñedos centenarios, estas villas ofrecen una experiencia íntima y sofisticada, pensada para disfrutar sin prisas. Paseos entre cepas, catas de vino, atardeceres infinitos y el silencio del campo se combinan para crear una estancia que va más allá del descanso. Aquí, cada detalle está diseñado para que el tiempo se detenga: desde la privacidad de las villas hasta la conexión directa con el mundo del vino, que permite descubrir el origen, el proceso y la esencia de uno de los grandes símbolos de nuestra cultura gastronómica. Una propuesta perfecta para regalar no solo una escapada, sino una vivencia compartida que invita a celebrar desde la tranquilidad, el paisaje y el placer de lo auténtico.

Siempre Sevilla 

Aunque sus grandes celebraciones, marcadas en el calendario por muchos, ya hayan pasado, Sevilla sigue siendo uno de los destinos más atractivos para una escapada primaveral, con grandes citas aún pendientes en su agenda social. Con temperaturas agradables y un ambiente más relajado, la ciudad hispalense invita a descubrir su esencia con calma.

Para alojarse, la colección de Mercer Hoteles ofrece distintas opciones con personalidad propia. Desde el encanto histórico de EME Catedral Mercer, ubicado en el barrio de Santa Cruz y con su icónica terraza con vistas a la Catedral, hasta la sofisticación de Mercer Plaza Sevilla, frente al Ayuntamiento y con restos de muralla romana en su interior.

Para quienes buscan una experiencia más íntima, Mercer Sevilla, en pleno barrio del Arenal, ofrece un exclusivo hotel boutique en una casa palacio del siglo XIX. Y si la idea es disfrutar de mayor independencia, Mercer Residences Sevilla combina la comodidad de un apartamento con los servicios de un hotel de lujo en una histórica casa palacio barroca.

La experiencia se completa con una oferta gastronómica a la altura. En Bar Plaza Restaurante, la cocina de producto y las vistas a la Plaza de San Francisco crean el escenario perfecto para un almuerzo relajado. Muy cerca de la Giralda, Mi Arma Restaurante ofrece una propuesta basada en la tradición sevillana con un toque actual.

Para los amantes del vino, Vinoteca Maestro se presenta como un refugio sofisticado donde descubrir referencias nacionales e internacionales acompañadas de tapas gourmet. Y para una experiencia más gastronómica, Restaurante María Luisa pone en valor el producto con una cocina mediterránea creativa y equilibrada.

Brindar… en casa

Celebrar en casa también puede ser especial si se cuidan los detalles. Jose Cuervo propone una forma desenfadada y versátil de celebrar, llevando la coctelería a cualquier momento del día. Con su tequila Tradicional Blanco, elaborado con 100% agave azul, la firma invita a reinterpretar clásicos que nunca fallan. La frescura cítrica de la Paloma, el equilibrio icónico de la Margarita o el toque especiado del Mexican Mule se convierten en aliados perfectos para brindar sin protocolos, adaptándose tanto a un aperitivo ligero como a una celebración más especial. Más allá de las recetas, la propuesta pone el foco en la experiencia: compartir, improvisar y disfrutar sin reglas. Porque, al final, lo importante no es solo el cóctel, sino el momento que se crea alrededor de él.

Un plan con “vidilla”

Para quienes buscan un plan diferente, Licores del Mono se une al espacio VI8RA para proponer una experiencia inmersiva donde arte, música y coctelería se encuentran en un mismo lugar. Entre luces neón, ambiente creativo y una cuidada selección musical, los asistentes podrán dejarse llevar mientras exploran sabores como Verbena de Limón, Sarao de Hierbas o Antojo de Galleta, en un formato pensado para disfrutar, crear y celebrar sin prisas. El evento tendrá lugar los días 6 y 7 de mayo, de 19:00h a 21:00h, y contará con plazas limitadas para mantener una experiencia íntima y cercana. Las reservas podrán realizarse a través de la web de VI8RA.

Este Día de la Madre, el mejor regalo no se envuelve: se vive. Ya sea alrededor de una mesa, frente al skyline madrileño o el sevillano o entre viñedos, la verdadera tendencia es clara: regalar tiempo, emociones y experiencias que se queden para siempre.

Entre el océano Pacífico y el desierto, Ica emerge como uno de los destinos más fascinantes —y aún poco explorados— del Perú. A tan solo unas horas de Lima, esta región reúne paisajes extremos, historia milenaria y una cultura gastronómica y vitivinícola que la convierten en una experiencia completa. Desde las enigmáticas Líneas de Nazca hasta la riqueza natural de Paracas, pasando por la tradición del pisco, Ica invita a un viaje donde cada parada conecta con la esencia más auténtica del país.

Un destino donde el desierto se encuentra con el océano

La región de Ica sorprende por su diversidad paisajística. En un mismo territorio conviven extensas dunas doradas y playas salvajes, configurando un escenario que parece sacado de otro mundo. Uno de sus grandes emblemas es la Reserva Nacional de Paracas, un espacio natural de más de 300.000 hectáreas donde los acantilados se funden con el mar y la biodiversidad se despliega en todo su esplendor.

Este enclave no solo destaca por su belleza, sino también por la variedad de experiencias que ofrece. Desde deportes acuáticos como kayak o windsurf hasta playas de aguas turquesas y arena blanca ideales para el descanso, Paracas es una parada imprescindible. A ello se suma su valor cultural, reflejado en espacios como el museo dedicado a la civilización Paracas, que permite comprender la profundidad histórica de la zona.

Más allá de la costa, el desierto de Ica abre la puerta a experiencias inolvidables. Recorridos en vehículos 4×4 entre dunas, atardeceres infinitos y propuestas de glamping convierten el paisaje en un escenario donde la aventura y el confort se encuentran. Cenas bajo las estrellas, rodeadas de silencio y naturaleza, elevan la experiencia a otro nivel.

Paisaje de la Reserva Nacional de Paracas.

Kitesurf en Paracas.

Islas Ballestas.

Las Líneas de Nazca, un misterio que sigue fascinando al mundo

Pocos lugares en el planeta generan tanta fascinación como las Líneas de Nazca, uno de los mayores enigmas arqueológicos de la humanidad y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estas gigantescas figuras trazadas sobre la tierra, visibles únicamente desde el aire, continúan despertando preguntas sobre su origen y significado.

Con cerca de 800 geoglifos que representan formas geométricas y figuras de animales, este conjunto monumental se extiende a lo largo de cientos de kilómetros. Su precisión, escala y antigüedad —se estima que fueron creadas entre el 500 a.C. y el 500 d.C.— convierten la visita en una experiencia tan impactante como difícil de olvidar.

Figura del mono. Líneas de Nasca

La Ruta del Pisco: tradición, sabor y cultura en cada copa

Hablar de Ica es hablar de pisco, la bebida insignia de Perú. La Ruta del Pisco se presenta como una de las experiencias más completas para adentrarse en la cultura local, combinando historia, gastronomía y tradición vitivinícola.

Este recorrido permite descubrir el proceso de elaboración del pisco, desde el cultivo de las uvas hasta la destilación, además de degustar distintas variedades y aprender a preparar cócteles icónicos como el pisco sour o el chilcano. Cada bodega ofrece una mirada única, convirtiendo la visita en un viaje sensorial.

Entre las paradas imprescindibles se encuentran la histórica Hacienda La Caravedo, considerada una de las destilerías más antiguas de América Latina, y Viña Tacama, uno de los viñedos más antiguos del continente. También destacan Hacienda Queirolo, Tabernero, Bodega San Nicolás y Bodega Murga, esta última reconocida por su enfoque que combina tradición e innovación en cada destilado.

Pisco Puro

Hotel Libertador en la Reserva Nacional de Paracas.

Excursión en el desierto, en la Reserva Nacional de Paracas.

Un destino que empieza a conquistar Madrid

El auge del pisco no se limita a Perú. En ciudades como Madrid, su presencia es cada vez mayor, tanto en tiendas especializadas como en restaurantes de cocina peruana, donde se reinterpretan los cócteles clásicos y se introduce al público europeo en esta tradición.

Este creciente interés convierte a Ica no solo en un destino turístico, sino en un embajador cultural que traspasa fronteras. Su capacidad para combinar paisajes únicos, historia ancestral y una identidad gastronómica sólida lo posiciona como uno de los lugares más atractivos para quienes buscan experiencias auténticas.

Ica, una joya por descubrir en el sur de Perú

A tan solo 300 kilómetros de Lima, Ica representa una escapada perfecta para quienes desean explorar una cara distinta del país. Su accesibilidad, sumada a la riqueza de sus atractivos, la convierte en un destino versátil que combina naturaleza, cultura y placer.

Lejos de los circuitos más masificados, Ica ofrece una experiencia genuina, donde cada paisaje y cada copa de pisco cuentan una historia. Un lugar que, una vez descubierto, deja claro por qué es uno de los secretos mejor guardados del Perú.