Fotografía LAURA ÁLVAREZ
Fotografía LAURA ÁLVAREZ

Koral Antolín ha consolidado un lenguaje propio en el que el textil se convierte en el eje central de su práctica artística. A través de lanas, algodones y técnicas como el bordado, los apliques o el punch needle, sus obras conjugan tradición artesanal y experimentación contemporánea, generando piezas que combinan presencia escultórica, delicadeza y fuerza estética. Partiendo siempre del dibujo, sus composiciones evolucionan hacia universos abstractos y orgánicos donde la línea, la textura y el volumen se convierten en narrativas sensoriales y emocionales.

Su trabajo invita a detenerse y recorrer cada obra desde una mirada íntima, explorando el ritmo, la densidad y el vacío como elementos esenciales de su lenguaje visual. Este universo creativo se plasma especialmente en su último proyecto expositivo “En constante movimiento”, una reflexión sobre la vida como flujo continuo y sobre cómo nuestras decisiones y experiencias moldean la identidad y el entorno.

Además de su obra en estudio, Koral desarrolla trabajos a medida de gran formato para espacios hospitality, colaborando con firmas como Hyatt, Fairmont, Royal Caribbean International y Paradores. Desde cabeceros artísticos hasta murales de gran escala, integra su universo textil en entornos arquitectónicos, creando piezas que dialogan con el espacio y con quienes lo habitan.

Con esta trayectoria como telón de fondo, Koral comparte en esta entrevista su recorrido personal, su vínculo con el material textil y la manera en que su obra se transforma de la idea al gesto, del boceto a la pieza final, consolidando un saber hacer que la sitúa como maestra del savoir faire.

Para empezar por el principio, ¿cuándo descubriste que querías dedicarte al arte? ¿Hubo algún momento concreto o fue algo que fue apareciendo poco a poco? 

No recuerdo un momento concreto en el que dijera “quiero ser artista”, pero sí tenía claro que necesitaba dedicarme a algo vinculado a lo creativo, ya fuera el teatro, la danza o la pintura. Con el tiempo, fui explorando distintos caminos dentro de ese ámbito, lo que me permitió adquirir herramientas. Más que una decisión puntual, ha sido un proceso gradual de acercamiento hacia un lugar que sentía propio, en el que podía expresarme con mayor libertad.

Estudiaste Bellas Artes, pero hoy tu lenguaje creativo gira mucho en torno al textil. ¿Cómo diste con ese camino? ¿Recuerdas el momento en el que dijiste “esto es lo mío”? 

El textil llegó después de trabajar en ámbitos como la imagen, el diseño o la publicidad, cuando sentí la necesidad de volver a algo más personal. Con base en el dibujo, descubrí en las fibras una nueva forma de expresarme, con volumen y textura. Aunque siempre he sido inquieta y cambiante, en 2018 decidí centrarme en lo textil para profundizar y hacer crecer el proyecto, dejando que, por ahora, todo evolucione desde ahí.

El textil tiene algo muy físico, muy manual. ¿Qué te atrapó de trabajar con lana, algodón o bordado frente a otros lenguajes más tradicionales dentro del arte? 

Me atrapó precisamente eso, lo físico. La lana, el algodón o el bordado tienen algo muy honesto, muy directo. Son materiales y técnicas que hablan de tiempo, de cuidado, de proceso. Me interesa esa relación más lenta con la obra, porque hace que todo tenga más peso.

Tu trabajo empieza muchas veces en el dibujo y acaba convertido en una pieza textil con volumen y presencia casi escultórica. ¿En qué momento sientes que la obra deja de ser un boceto y empieza realmente a tomar vida? 

Para mí, el momento clave es el paso del papel al material. El dibujo me sirve para estructurar la idea y suelo trabajar de forma bastante planificada, especialmente en los cuadros, donde el resultado final se ajusta mucho al boceto. Sin embargo, al trasladarlo al textil, la obra cambia: aparecen el volumen, las texturas y los relieves, y la pieza adquiere una presencia que no puede anticiparse del todo. En las obras más escultóricas hay más margen para la improvisación, ya que el propio material guía el proceso. En conjunto, ese tránsito es el momento en el que la idea deja de ser boceto y se convierte en obra.

«El textil conecta con algo muy humano, muy antiguo, y quizá por eso ahora vuelve a tener tanta presencia»

Trabajas con materiales muy tradicionales, pero el resultado es completamente contemporáneo. ¿Cómo conviven en tu obra la artesanía más clásica y la experimentación? 

Siempre me han interesado mucho las técnicas tradicionales, porque implican tiempo, oficio y conocimiento, y eso es algo que valoro mucho. Me gusta aprender cómo se han hecho las cosas, entender bien el proceso y saber hacerlas correctamente. Pero una vez que conozco la técnica, no me interesa aplicarla de forma purista, sino mezclarla con otras, adaptarla o usarla con libertad para que encaje con lo que quiero expresar. 

Para mí el bordado, los hilos o los trenzados son un lenguaje, igual que lo puede ser la pintura o el dibujo. Busco poder expresarme desde ahí, combinando técnicas y llevándolas a un terreno más personal. Creo que por eso en mi trabajo conviven lo artesanal y lo contemporáneo de una forma bastante natural. 

En tu proceso creativo, ¿te dejas llevar más por la intuición o necesitas tener bastante claro hacia dónde va la pieza desde el principio? ¿Cómo decides cuándo una obra está terminada? 

En mi proceso hay una parte intuitiva muy importante, pero con mis obras necesito planificación. Como trabajo con mucho espacio negativo con un lenguaje muy lineal, debo ser muy precisa: a diferencia de otros materiales como el óleo, no puedo cubrir errores; si me equivoco, tengo que empezar de nuevo. Por eso dedico mucho tiempo a la fase de diseño, bocetaje y experimentación antes de empezar la obra sobre el tejido final. 

Casi todas las decisiones de composición y de paleta de color las tomo en el boceto. Una vez selecciono un boceto definitivo, lo llevo a gran escala sobre el tejido, y es en este momento cuando tomo las decisiones finales sobre texturas y grosores de los trazos. La obra la considero realmente terminada cuando la tenso en el bastidor: es entonces cuando adquiere cuerpo y contraste de volúmenes entre los bordados y la tela. 

«Una obra funciona cuando permite que quien la mira proyecte algo suyo»

Tu proyecto expositivo “En constante movimiento” gira en torno a la idea de que la vida está siempre cambiando y avanzando. ¿De dónde nace esa reflexión? ¿Tiene algo de autobiográfico? 

Aunque la exposición tenga raíces personales, la reflexión sobre el cambio y el movimiento va más allá de mi historia: habla de cómo la vida y la sociedad nos atraviesan, cómo nuestra identidad se moldea por nuestro entorno y nuestras experiencias, incluso cuando no tomamos decisiones conscientes.

Tus piezas invitan a mirar, algo que hoy en día no siempre es fácil. ¿Qué es lo que más valoras del espectador? 

Valoro mucho cuando alguien se detiene de verdad. No hace falta que entienda todo, pero sí que se tome el tiempo de mirar, de acercarse, de dejarse llevar por la pieza. Invitar a recorrer los trazos.  Vivimos muy rápido y muchas veces miramos sin ver, así que cuando alguien conecta con la obra desde la curiosidad o desde la emoción, para mí ya tiene sentido

Fotografía LAURA ÁLVAREZ

Fotografía LAURA ÁLVAREZ

Cuando alguien se planta delante de una de tus obras, ¿prefieres que entienda exactamente lo que querías contar o te gusta más que cada uno saque su propia lectura? 

Me interesa más que cada persona saque su propia lectura. Yo parto de ideas muy concretas, pero no busco que se interpreten de una sola manera. Creo que una obra funciona cuando permite que quien la mira proyecte algo suyo, cuando se genera una relación personal, aunque sea distinta a la que yo tenía en mente.

Parte de tu trabajo también vive fuera de galerías, en hoteles y espacios similares. ¿Cómo cambia tu forma de crear cuando sabes que la pieza va a convivir con la arquitectura y con personas que quizá no estaban buscando arte? 

Cuando hago obra única, ya sea para exposiciones, proyectos personales o para hoteles que buscan piezas singulares, puedo permitirme aplicar técnicas más complejas y explorar libremente. 

Cuando trabajo en obra seriada, como en el reciente encargo para el Parador de Ibiza con 68 piezas, la principal diferencia está en la parte técnica: debo elegir técnicas que sean viables de reproducir a escala y que permitan mantener la calidad de cada obra. En estos casos, las piezas deben dialogar entre sí y con el espacio donde se instalarán, adaptando la paleta de color y cuidando que todo funcione en conjunto. Para poder ejecutar proyectos de esta magnitud cuento con un equipo de tres bordadoras que me ayudan a llevarlo a cabo. 

Siempre me ha inspirado la arquitectura y el interiorismo, por lo que disfruto mucho imaginando y creando obras a medida para un espacio concreto y es un privilegio poder llevar arte allí donde no se espera y trabajar con quienes valoran invertir en ello. 

«Cuando alguien conecta con la obra desde la curiosidad o desde la emoción, para mí ya tiene sentido»

También realizas intervenciones en directo, creadas frente al público. ¿Qué pasa cuando el proceso —que normalmente es algo muy personal— se convierte en algo compartido? 

Crear en directo es una experiencia muy enriquecedora. El público puede ver cómo se desarrolla la obra y se genera un diálogo inmediato. Es precioso ver cómo alguien valora, pregunta o comenta, y que pueda comprender el proceso de manera tan cercana. Lo único que añade presión es el tiempo, las técnicas son lentas y no hay un resultado inmediato, pero eso también está bien; nos permite entender que no todo es rápido y que hay que aprender a entenderlo y aceptarlo. 

En una época dominada por lo digital, tu trabajo reivindica el gesto manual y lo táctil. ¿Crees que por eso el arte textil está viviendo un nuevo momento de interés? 

Creo que sí. Vivimos rodeados de pantallas y de imágenes rápidas, y cada vez hay más necesidad de volver a lo físico, a lo que se hace con tiempo. El textil conecta con algo muy humano, muy antiguo, y quizá por eso ahora vuelve a tener tanta presencia

Con la vista puesta en el futuro, ¿hacia dónde sientes que se mueve ahora tu trabajo? ¿Hay materiales o formatos que tengas ganas de explorar? 

Ahora mismo siento que mi trabajo se está moviendo hacia piezas más tridimensionales, más cercanas a lo escultórico. Me interesa investigar con el volumen, con la transparencia y con la mezcla de materiales. Aunque el formato cuadro de pared sigue siendo mi ojito derecho. No tengo una idea cerrada de hacia dónde ir, pero sí la sensación de que necesito seguir experimentando. Para mí es importante que el trabajo siga cambiando.

Berria cumple cinco años desde su apertura frente a la Puerta de Alcalá y lo conmemora con una serie de acciones que incluyen un menú especial fuera de carta, catas y propuestas en torno a su bodega. El restaurante, consolidado como uno de los referentes gastronómicos y vinícolas de la capital, refuerza así una propuesta basada en la cocina de producto y en una de las vinotecas más amplias de Madrid, con más de 3.000 referencias y una importante selección de vinos por copas.

Un concepto consolidado en el circuito gastronómico madrileño

Durante este lustro, Berria ha desarrollado una propuesta que combina restaurante y wine bar, con cocina ininterrumpida y una oferta adaptada a distintos momentos del día. Su posicionamiento le ha permitido integrarse en el circuito gastronómico de la ciudad y figurar entre los restaurantes recomendados en la Guía Repsol.

La propuesta se articula en torno a la cocina de producto y a una experiencia centrada en el vino, con una bodega que reúne referencias de distintos orígenes y cosechas. A lo largo de estos cinco años, el restaurante ha incluido más de 7.300 referencias en carta, procedentes de 28 países y 198 variedades de uva, y ha servido más de 1.700 vinos por copa.

Un menú especial para celebrar el aniversario

Con motivo de la celebración, Berria incorpora a su oferta habitual un Menú Aniversario que reúne algunos de los platos más representativos de su carta junto a una selección de vinos. Este menú se presenta en tres formatos con precios de 60 €, 75 € y 95 €.

Entre las elaboraciones incluidas se encuentran platos como la patata chip con anchoa y velo ibérico, las croquetas de jamón ibérico, las albóndigas en salsa de cocido madrileño o el pepito de solomillo de ternera en formato katsu sando. La propuesta gastronómica se acompaña de un maridaje con los vinos más demandados durante estos cinco años, seleccionados por el equipo de sumilleres.

Acciones especiales en torno al vino

Además del menú, el aniversario incluye distintas iniciativas dirigidas a los aficionados al vino. Durante el mes de marzo, los clientes podrán acceder a una selección de vinos especiales a precios reducidos, así como a propuestas como el brunch del restaurante o los viernes dedicados a grandes formatos.

Estas acciones se enmarcan en el crecimiento del proyecto, que ha consolidado una comunidad de clientes y ha reforzado su posicionamiento como espacio especializado en vino dentro de la oferta gastronómica de Madrid.

El papel del equipo de sumilleres

Uno de los elementos diferenciales del restaurante es su equipo de sumilleres, dirigido por Mario Ayllón. Este grupo se encarga de guiar al comensal en la elección del vino, aportando distintos enfoques y criterios en función de cada visita. La experiencia en Berria se construye así como un recorrido en el que el vino adquiere un papel central, complementando una propuesta gastronómica que apuesta por el producto y por un servicio especializado.

Por MARCO DE PABLOS

La madrileña Plaza del Carmen atraviesa una etapa de esplendor que la consolida como uno de los enclaves imprescindibles del centro cuando el apetito aprieta. A sus pies, el Grupo Lamucca cuenta con uno de sus espacios insignia bajo el nombre homónimo, pero ahora amplía horizontes con una nueva apertura en las alturas: Makáá, ubicado en la azotea del recién inaugurado Thompson Madrid.

Al detalle

El restaurante se despliega en el rooftop del establecimiento hotelero como un espacio concebido al milímetro, donde cada rincón responde a un momento distinto del día. El acceso, desde la propia plaza, anticipa la experiencia. Un ascensor conduce hasta el escenario de la velada. La primera parada dominada por su Reposado Bar, perfecto para un cóctel bajo el cielo capitalino. Al atravesarlo, sobre un delicado vacío de luces que evoca una aquelarre de luciérnagas, se revela el corazón del proyecto: el comedor, articulado en torno a una barra cuadrada rodeada de asientos, con una paleta de tonos tierra. A su alrededor, las mesas se insinúan entre frondosas plantas y arbustos, componiendo pequeños refugios que invitan a la charla y el disfrute. Y como telón de fondo, unas vistas inmejorables que se despliegan a través de amplias cristaleras, convirtiendo a la ciudad en parte esencial del relato.

El universo visual de Makáá lleva la firma de Patricia Bustos, cuya intervención traduce el concepto de fuego desde la calma. Volúmenes suaves, texturas vivas y guiños a la arquitectura brutalista de los años setenta conviven con una estética mediterránea que dialoga con la azotea. Bustos construye un escenario táctil y sereno, donde cada detalle —desde los óculos que enmarcan el skyline hasta las superficies envejecidas que respiran el paso del tiempo— convierte el espacio en una experiencia sensorial.

Las brasas, el hilo conductor

En este nuevo restaurante, el fuego es el protagonista. La cocina se muestra a la vista, con el tiempo que cada producto necesita, recuperando esa idea de volver al origen. Según sus artífices, esta nueva propuesta “mira al Mediterráneo, pero se cocina desde Madrid”, y en ella: “el producto manda”.

La carta es amplia y pensada para que cualquiera encuentre su sitio, pero con un hilo conductor evidente: el fuego. Aparece ya desde el inicio, en platos como el tartar de tomate ahumado, una versión vegetal muy bien resuelta y que nada tiene que envidiar al tartar de carne más clásico, con el que convive. A partir de ahí, el recorrido se mueve entre verduras, pescados y carnes, siempre con la brasa como nexo. En los entrantes, la huerta tiene peso, con propuestas como la coliflor a la brasa o los puerros con salsa romesco. De la lonja llegan pescados como la lubina o el lenguado, trabajados con precisión para mantener su carácter, mientras que en las carnes destacan el pollo a la brasa, la pluma ibérica o el lomo bajo, bien afinados y coherentes con el planteamiento general.

Mención aparte merecen las guarniciones, que aquí no se quedan en segundo plano. Las patatas fritas, un clásico que aquí no defraudará, funcionan como un valor seguro, y los tirabeques aportan un contrapunto más fresco, pero igual de apetecible. En los postres, el cierre mantiene el nivel, con opciones como las originalísimas frambuesas con chantilly o el suflé de chocolate. La propuesta se completa con una carta de vinos amplia y una selección de cócteles que invitan a prolongar la cita y las ganas de volver, una idea que merodeará tu cabeza nada más abandonar Makáá.

En un momento en el que el sector inmobiliario tiende a la estandarización, The New Madrid consolida una forma de operar que sitúa al cliente en el centro de cada decisión. La firma, liderada por Ariana Meiler e Isabella Yitani, ha construido un modelo donde la compraventa de una propiedad no se limita a una transacción, sino que se convierte en un proceso acompañado de principio a fin.

La cercanía, el criterio y la dedicación marcan el ritmo de cada operación. El objetivo no es únicamente cerrar una venta, sino generar relaciones duraderas. La confianza y la recomendación se convierten así en los principales motores de crecimiento de la compañía.

Un modelo basado en el acompañamiento

El punto de partida en The New Madrid es siempre el mismo: escuchar. Cada cliente entra en un proceso que comienza con una conversación honesta, donde se analizan necesidades reales, contexto vital y objetivos a largo plazo.

A partir de ahí, el equipo construye una estrategia personalizada. No existen procesos estandarizados. Cada operación se diseña como un proyecto único, desde la búsqueda del activo hasta la negociación, la reforma o la gestión posterior.

El acompañamiento es continuo. La comunicación fluida y la transparencia sostienen cada fase del proceso y permiten que el cliente tome decisiones con información clara y una visión global del mercado.

Comunicación como herramienta estratégica

Desde sus inicios, The New Madrid entendió que la comunicación era una pieza clave en la construcción de marca. La firma ha apostado por plataformas como Instagram y TikTok para trasladar su trabajo al entorno digital, no como escaparate, sino como espacio de contenido y posicionamiento.

Esta estrategia ha permitido conectar con una audiencia que valora la estética, el estilo de vida y la coherencia narrativa. Las propiedades dejan de ser el único foco para dar paso a un relato más amplio, donde el proceso, el criterio y la experiencia adquieren protagonismo.

En esta línea surge Raw Experience, un formato propio que reinterpreta la presentación de propiedades en fase de obra. Este enfoque abre el acceso a espacios en transformación y permite entender el proyecto desde su origen, generando un entorno de interacción entre clientes, profesionales y la propia firma.

Liderazgo femenino y visión integral

El proyecto está liderado por Ariana Meiler e Isabella Yitani, cofundadoras y co-CEOs, que aportan una visión complementaria en la dirección de la empresa.

Ariana Meiler, Brand Director, impulsa la comunicación y el posicionamiento de la firma, integrando estrategia y contenido como parte esencial del negocio. Su enfoque conecta la identidad de la marca con cada punto de contacto con el cliente.

Isabella Yitani, con formación en ingeniería e interiorismo, lidera el área comercial y de desarrollo de negocio. Su perfil combina análisis, intuición y visión estratégica, con un papel clave en la gestión de activos, la rentabilidad y el desarrollo de proyectos.

Ambas comparten una misma filosofía: el valor de un inmueble no se limita a sus características, sino a la forma en que encaja con la vida de quien lo habita.

Madrid como eje de crecimiento

En estos cinco años, The New Madrid ha desarrollado su actividad en barrios y zonas de alta demanda como Salamanca, Chamberí, Justicia, El Viso o La Moraleja. La firma ha trabajado con operaciones de alto valor, con un ticket medio que oscila entre los 2 y 3 millones de euros, y con activos que alcanzan cifras significativamente superiores.

El 85% de su cartera de clientes es internacional, reflejo del posicionamiento de Madrid como destino residencial e inversor. El crecimiento anual cercano al 25% confirma la solidez del modelo y su capacidad de adaptación a un mercado exigente.

La firma también ha ampliado su presencia a otras ubicaciones como la Costa del Sol o Baleares, manteniendo una estrategia de expansión progresiva y alineada con su identidad.

Un servicio 360º en real estate

The New Madrid articula su propuesta a través de tres áreas que operan de forma integrada y complementaria. El área de Real Estate se centra en la captación y comercialización de propiedades, con un enfoque estratégico orientado al valor a largo plazo. A través de Interior Design & Architecture, la firma desarrolla proyectos personalizados que optimizan cada espacio y refuerzan su potencial. Por su parte, Property Management ofrece una gestión integral de los activos, orientada a la rentabilidad y al cuidado del patrimonio.

Este modelo permite acompañar al cliente en todas las etapas del proceso, combinando conocimiento del mercado, criterio estético y una gestión eficiente en una propuesta unificada.

Una visión sostenida en el tiempo

A cinco años de su creación, The New Madrid se posiciona como una firma que ha redefinido la relación entre cliente y agente inmobiliario. Su modelo no se centra en la operación aislada, sino en la construcción de vínculos, la coherencia en cada decisión y la creación de valor a largo plazo.

Más que intermediarios, actúan como asesores. Más que operaciones, construyen relaciones. Y desde ahí, continúan desarrollando una forma de entender el real estate que evoluciona junto a la ciudad y sus dinámicas.

 

Quedan apenas unos días para entrar en TomBlack Café x Only YOU Boutique Hotel Madrid (C. del Barquillo, 21). Hasta el 29 de marzo, este espacio efímero ocupa el corazón de Salesas con una propuesta que desplaza la rutina y sitúa la experiencia en primer plano. El café deja de ser un gesto automático y adquiere una dimensión consciente, pausada y precisa. El tiempo se ensancha dentro de este lugar. Cada elemento está dispuesto para sostener esa sensación: la luz, los materiales, el ritmo del servicio. Nada se presenta como accesorio. Todo suma.

Afinidades que no necesitan explicación

La unión entre la mítica sastrería TomBlack y Only YOU Boutique Hotel Madrid no responde a una estrategia visible, sino a una sintonía más profunda. Hay marcas que coinciden en la superficie; otras se reconocen en la forma de hacer. Aquí ocurre lo segundo. Ambas marcas comparten una forma de construir identidad basada en el detalle, la precisión y una estética coherente.

El enclave —un palacete del siglo XIX— acoge esta intervención sin perder carácter. El espacio se abre tanto a huéspedes como a visitantes, generando un entorno donde la hospitalidad se convierte en un lenguaje propio y reconocible.

Un lenguaje hecho de materia y luz

El proyecto, desarrollado por Pinopuente, se articula a partir de decisiones materiales muy concretas. El lino en tonos neutros estructura el ambiente. La luz natural define el paso de las horas. Las texturas aportan profundidad sin estridencias.

El conjunto funciona como una instalación en movimiento. A lo largo del día, el espacio adquiere matices distintos. La atmósfera evoluciona de forma orgánica, sin necesidad de intervención evidente. Cada objeto, desde la vajilla hasta la disposición del mobiliario, responde a una lógica unificada.

Comer como quien observa

La propuesta gastronómica se integra en esa misma visión. El Menú TomBlack plantea un recorrido definido, donde cada plato forma parte de una secuencia pensada. Las croquetas de jamón ibérico y bacalao al pil-pil introducen el inicio; el carpaccio de aguacate aporta frescura y textura.

Entre los principales, la lubina de Aquanaria con arroz meloso de sepia y el solomillo madurado de vaca con jugo de setas, parmentier y foie poêlé desarrollan el núcleo del menú con claridad. El cierre llega con la tarta fluida de queso y helado de yogur búlgaro, que mantiene el equilibrio hasta el final.

Durante la tarde, la carta se adapta a otro ritmo. Aparecen propuestas dulces como la Tarta Sacher o el Apple crispy, junto a opciones saladas como el bikini trufado de pavo, el mollete de cecina o la Gilda Only YOU. El cóctel Lady Salesas introduce una nota más expresiva dentro de una oferta que mantiene su coherencia.

Una presencia limitada

La fecha de cierre forma parte del concepto. La temporalidad define el carácter del proyecto y refuerza su intensidad. Todo ocurre dentro de un margen concreto. TomBlack Café x Only YOU Boutique Hotel estará disponible hasta el 29 de marzo. Una invitación a entrar, recorrerlo y formar parte de un espacio pensado para ser vivido con atención. ¿A qué esperas?

SONA 3 Estimulador de Clítoris
Por Katy Mikhailova

Si Frida Kahlo viviera en 2026, probablemente seguiría sin tener Instagram. No por rebeldía, sino por coherencia: Frida nunca necesitó mostrarse, siempre prefirió sentirse. Tampoco haría reels. Le darían pereza. Seguiría escribiendo en cuadernos, dibujando cuerpos abiertos, flores que sangran, corazones con grietas.

Lo que sí haría, por primera vez en su vida, sería no pedir permiso para su propio placer.

Frida pasó media vida intentando domesticar el dolor. El físico, el amoroso, el existencial. Corsés, quirófanos, abortos, traiciones, amantes imposibles. Convirtió su cuerpo en campo de batalla, pero también en laboratorio emocional. En 2026 descubriría que ese laboratorio ya existe, que el deseo también se investiga, se diseña, se estudia. Y que incluso tiene estética, incluso dentro del mundo de los juguetes sexuales.

No hablaría de juguetes sexuales. Frida hablaría de objetos íntimos con dignidad artística. Piezas minimalistas, silenciosas, casi escultóricas. Cosas que podrían convivir con un perfume de autor o una vela japonesa. Porque incluso para tocarse, Frida exigiría belleza, incluso en los juguetes eróticos.

SONA 3 Estimulador de Clítoris

SONA 3 Estimulador de Clítoris

En algún momento alguien le hablaría de LELO. No como marca, sino como idea: el placer entendido como experiencia estética, no como urgencia. Frida lo resumiría con una frase suya, reinventada:

—“Antes creía que el deseo era instinto. Resulta que también era diseño.”

Le fascinaría especialmente saber que existe algo llamado SONA, un dispositivo que revolucionó la estimulación femenina usando ondas sonoras, sin contacto directo, dentro de una nueva generación de juguetes sexuales. Este estimulador de clítoris —también considerado un succionador de clítoris— le parecería profundamente contemporáneo: sentir sin tocar, vibrar sin invadir, excitar sin forzar. Diría que es casi conceptual, como una instalación artística. Y aún más al descubrir que esta tecnología SENSONIC™ no solo estimula la superficie, sino que activa una zona más amplia del clítoris, generando sensaciones más profundas y envolventes. Un gesto invisible, pero radical.

Y ahora, en 2026, descubriría que esa idea ha evolucionado en SONA™ 3 y SONA™ 3 Cruise. Versiones más fluidas, más elegantes, más personales. Frida lo compararía con la moda:

—“El placer también tiene su alta costura. Antes era barroco. Ahora es minimalista.”

Pero entendería también que esta evolución no es solo estética. SONA™ 3 y SONA™ 3 Cruise, dentro del universo de los juguetes eróticos, están fabricados en silicona líquida de tacto real, extraordinariamente suave, pensada para adaptarse al cuerpo como una segunda piel. Incorporan 10 modos y 16 niveles de intensidad, permitiendo una personalización casi intuitiva del ritmo y la experiencia. Y, por primera vez, el control se expande más allá del objeto: la conexión con la LELO App abre un espacio íntimo donde el placer se diseña, se guarda, se reinventa.

No hablaría de intensidades ni de modos. Hablaría de ritmo, de transiciones suaves, de esa nueva lógica del deseo que no busca el impacto inmediato, sino la experiencia completa. El placer como algo que se construye con intención, como un buen gesto frente al espejo: sin estridencias, pero imposible de ignorar. En eso reconocería la tecnología SmoothRise™, capaz de eliminar cambios bruscos y crear una progresión continua, casi coreografiada.

Y si afinara más la mirada, distinguiría matices. SONA™ 3, con su precisión delicada, sus modos exclusivos como “Acábame” o “Fuera de Control”, pensados para explorar límites con elegancia. SONA™ 3 Cruise, en cambio, le parecería casi inteligente: su tecnología Cruise Control™ ajusta automáticamente la intensidad según la presión, manteniendo un flujo constante incluso en los momentos de mayor intensidad. Como si el objeto entendiera el cuerpo sin necesidad de explicaciones.

SONA 3/Cruise Estimulador de Clítoris

SONA 3/Cruise Estimulador de Clítoris

Lo que más le intrigaría, sin embargo, no sería la tecnología, sino la ciencia. Frida, que siempre quiso entender su cuerpo, sonreiría al saber que por fin alguien lo está estudiando en serio. Que en 2021, la Unidad de Estudios Sexológicos del Centro de Investigación CERNEP de la Universidad de Almería realizó un estudio pionero sobre el uso de SONA™ 2 Cruise. Cien mujeres, ecografías, análisis reales. No opiniones vagas, sino datos.

Frida leería los resultados como si fueran un poema moderno: más intensidad, más frecuencia, más facilidad, más conexión en pareja, más deseo incluso en soledad. Y diría, con ironía suave:

—“Tardaron siglos en estudiar el corazón. Tardaron aún más en estudiar el clítoris. Lo verdaderamente revolucionario no es el aparato, es que por fin nos tomaron en serio.”

En el fondo, Frida no se sorprendería. Siempre supo que el cuerpo era su única patria real. Lo que cambia en 2026 no es su deseo, sino el contexto: por primera vez, la tecnología no intenta corregirlo ni explicarlo, solo acompañarlo. Incluso cuando la distancia aparece, pensaría en esa posibilidad

nueva de conexión: compartir el control a través de una sala privada, explorar el deseo en tiempo real desde lugares distintos. Porque el placer, como el arte, tampoco entiende de límites físicos.

Frida seguiría enamorándose mal, por supuesto. De personas complicadas, de proyectos imposibles, de ideas que no funcionan. Nunca sabría vivir sin drama. Pero ahora tendría algo nuevo: la posibilidad de no usar el sexo como anestesia emocional.

Y quizá, por primera vez en su vida, no necesitaría que nadie la salvara.

Ni Diego.

Ni el arte.

Ni el amor.

Solo su cuerpo, su deseo y una intuición que habría entendido antes que nadie:

El verdadero lujo no es que te deseen.

Es desearte tú, con belleza, con ciencia y sin pedir permiso.

SONA 3/Cruise Estimulador de Clítoris

SONA 3/Cruise Estimulador de Clítoris

Alphabet, compañía de renting y movilidad corporativa del Grupo BMW, presenta una nueva iniciativa que pone el foco en una realidad cada vez más presente pero poco visibilizada: el vehículo profesional no solo forma parte del trabajo, también acompaña la vida personal y familiar de miles de autónomos y profesionales.

Una realidad cotidiana hecha campaña

Bajo el concepto Papify, la compañía reconoce a quienes, además de recorrer kilómetros por motivos laborales, también ejercen de “chófer” en su día a día. Desplazamientos a actividades extraescolares, entrenamientos o compromisos familiares forman parte del uso real de estos vehículos, que trascienden el ámbito estrictamente profesional.

La campaña, creada por Tangity part of NTT DATA, convierte esta realidad en una propuesta tangible: transformar esos kilómetros de conciliación en una tarjeta de combustible de hasta 150 euros, canjeable en futuros contratos de renting con Alphabet.

Movilidad que entiende la vida real

Según datos del sector, cerca del 93% de los clientes de renting son pequeños empresarios y autónomos. Para ellos, el vehículo es tanto una herramienta de trabajo como un elemento esencial en su vida personal.

Con Papify, Alphabet refuerza su posicionamiento como un partner de movilidad flexible, capaz de adaptarse a las necesidades reales de sus clientes y de reconocer el papel que juega el vehículo en su día a día.

Una dinámica sencilla con recompensa directa

La campaña invita a los usuarios a acceder a una plataforma digital donde, tras completar un breve formulario, pueden optar a una tarjeta de combustible de hasta 150 euros. Este incentivo se aplica a futuros contratos de renting con Alphabet, integrando la acción dentro de una estrategia de relación a largo plazo con el cliente.

Una idea con origen en lo cotidiano

Desde Alphabet, la iniciativa se enmarca en una visión más amplia de la movilidad, tal y como explica Ángeles Roca, gerente de Marketing de la compañía: el vehículo se integra de forma natural tanto en el ámbito profesional como en el personal, y la campaña busca reconocer esa doble dimensión con un incentivo alineado con las necesidades reales de los usuarios.

En la misma línea, desde Tangity part of NTT DATA destacan que la propuesta nace de una verdad cotidiana y cercana, capaz de conectar con las personas y aportar valor tanto a la marca como al usuario final.

Más allá de una acción puntual

Papify trasciende el carácter promocional para convertirse en un punto de partida de conversación sobre la conciliación, el uso mixto del vehículo profesional y el papel del renting como solución adaptada a la vida real.

Con esta iniciativa, Alphabet reafirma su papel como un actor clave en la movilidad corporativa, apostando por una relación más cercana, empática y alineada con el día a día de los profesionales.

Hay muchas formas de sentirse parte de la Selección Española: celebrar los goles desde el sofá, vivir cada prórroga como si estuvieras en el banquillo… o empezar el día frente al espejo con los rostros de quienes están marcando el ritmo del fútbol actual. Old Spice vuelve a jugar fuerte y presenta una edición limitada de sus productos con algunos de los nombres propios del panorama futbolero del momento. Una colección que convierte el gesto cotidiano de abrir el neceser en algo más cercano a pisar el vestuario antes de un gran partido. Porque no, no todos pueden correr la banda como ellos. Pero oler a victoria —o al menos a seguridad— está mucho más al alcance.

Frescura con actitud de titular

La edición especial celebra el patrocinio de Old Spice a la Selección Española con una propuesta que mezcla humor, carácter y ese rojo reconocible que ya forma parte del imaginario colectivo del equipo.

La fórmula no cambia. Ni falta que hace: fragancias intensas, larga duración y esa sensación de frescura que aguanta el ritmo de cualquier jornada. Pero esta vez hay un giro: cada producto tiene rostro propio.

Una alineación pensada para convertirse en el nuevo imprescindible del baño. Desodorante en barra, spray y gel 3 en 1 forman un tridente funcional diseñado para mantenerse fresco desde la primera reunión hasta el último plan del día.

Un tridente para el día a día

El desodorante en barra se mantiene como el clásico infalible, eficaz, discreto y preparado para resistir incluso en los momentos de más presión. Su fragancia combina notas de vainilla bourbon, bergamota y ámbar, logrando un equilibrio entre intensidad y ligereza.

El formato en spray apuesta por la inmediatez, un gesto rápido que activa una sensación refrescante al instante, con un aroma envolvente pensado para quienes buscan impacto desde el primer segundo.

Por su parte, el gel de baño 3 en 1 resume la practicidad contemporánea, cuerpo, cabello y rostro en un solo paso, sin renunciar a una limpieza profunda ni a una fragancia duradera.

Old Spice es patrocinador oficial de la Selección Española, y este es el mejor momento para sumarse a su espíritu ganador y preparar el terreno para lo que está por venir, con el Mundial cada vez más cerca.

Por KATY MIKHAILOVA
Qué suerte (y no es una frase hecha) de poder desaparecer un miércoles cualquiera en el corazón de Chamberí y entrar en un lugar donde todo está pensado para que el tiempo deje de importar.

Pilar Akaneya (C/ Espronceda, 33) no es solo un restaurante. Es casi un ritual. Un pequeño Kioto en Madrid, donde la gastronomía japonesa se vive desde la raíz, con una propuesta estacional que se va transformando a lo largo del año.

Siete mesas. Solo siete. Como si alguien hubiera decidido que el lujo no está en tener más, sino en que pase menos… pero mejor. Siete mesas para apenas 23 comensales, en un espacio concebido para que cada detalle tenga sentido y cada gesto sea parte de la experiencia.

Desde el primer gesto (cuando te descalzas, te ofrecen unas zapatillas y dejas fuera el ruido del mundo) empieza algo que no es exactamente una cena. Es otra cosa. Más lenta. Más consciente. Más íntima. Un recibimiento que forma parte de la tradición japonesa, con ese momento casi ceremonial de la toalla caliente como símbolo de purificación, mientras el equipo te introduce en la historia y el concepto del lugar.

Fui con Luis María Díaz de Bustamante (autor de El viudo, Planeta), y los dos tuvimos la misma sensación: aquí no vienes a comer, vienes a escuchar el sabor.

Porque todo sucede con una precisión casi emocional. El carbón encendido, la carne que se trabaja delante de ti, el instante exacto en el que decides cómo quieres ese bocado. El juego entre fuego y tiempo. El gesto de cocinar tu propia pieza, casi como un hot pot japonés, pero llevado a una dimensión más silenciosa, más elegante (una experiencia ligada al sumibiyaki, la técnica japonesa de cocción a la brasa que define la esencia del lugar).

Y luego el arroz. Siempre el arroz. Ese acompañante que en realidad sostiene todo. O platos como la anguila estilo Kanto (124,90 euros dentro del Menú Fukuroi), cocinada a baja temperatura y terminada a la brasa con una salsa secreta, servida sobre arroz en un tradicional masu japonés, que elevan la experiencia más allá de la carne.

La experiencia gira alrededor del Kobe y del Matsusaka (procedente de Ito Ranch) como si fueran más que carne: como si fueran memoria, cultura, obsesión por el detalle. Cada corte es una excusa para detenerte. Para no hablar. Para simplemente estar. Incluso el maridaje se plantea como una extensión de la experiencia (con opción de añadirlo por separado), permitiendo al comensal personalizar aún más el recorrido. Para quienes buscan una experiencia más completa, el Menú Sansekai (195 euros) propone una inmersión más amplia dentro del universo del sumibiyaki.

Hay algo profundamente bello en ese silencio. En ese “ruido del sabor” que aparece cuando todo lo demás desaparece. En ese concepto de omotenashi (la hospitalidad japonesa llevada al extremo) donde la serenidad, la elegancia y la atención al detalle no son discurso, sino práctica constante.

Sales de Akaneya con la sensación de que durante unas horas el mundo ha ido más despacio. Y de que, quizás, así debería ser más a menudo. Un pequeño Kioto en Chamberí, donde la gastronomía se convierte en una forma de detener el tiempo.

Si estás buscando un destino donde la Semana Santa no sea solo vacaciones, sino una experiencia que combine relax, naturaleza y diversión para toda la familia, entonces Sotogrande debería estar en tu radar. Desde aventuras para los niños y actividades al aire libre hasta momentos de desconexión frente al mar y experiencias gastronómicas únicas. ¡Aún estás a tiempo!

Diversión para los niños, desconexión para los adultos

Entre el 28 de marzo y el 5 de abril, los más pequeños tienen un abanico de actividades pensadas solo para ellos. Desde el Easter Kids Golf Camp en The Alto hasta los campamentos de pádel y tenis en Reserva Club, cada jornada combina deporte, creatividad y diversión al aire libre. El momento estrella llega el 5 de abril con la Easter Extravaganza en The Beach: una búsqueda de huevos, música y Mr. Bunny creando recuerdos que se quedarán para siempre.

Mientras los niños se divierten, los adultos pueden sumergirse, además de verdad, en el SPA & Wellness de SO/ Sotogrande, más de 3.500 m² de instalaciones con tratamientos inspirados en el Atlántico y la flora local. Jardines, piscinas y circuitos hidrotermales crean un oasis donde cada minuto se siente como un regalo para ti mismo.

Gastronomía de proximidad

En Sotogrande, comer no es solo saciar el hambre, es vivir la cultura local. En Cortijo Santa María 1962, el chef con estrella Michelin Nicolás Isnard y Leandro Caballero presentan el Menú Al-Andalus, un recorrido por la historia culinaria del sur reinterpretada con creatividad contemporánea.

Para quienes buscan algo más informal y social, Ancala ofrece “Entre Granos”, un menú que pone el producto local en el centro, y The Beach combina arena, piscina y un ambiente luminoso, convirtiéndose en un lugar perfecto para disfrutar de la primavera y compartir momentos con amigos o familia.

Naturaleza y mar en estado puro

El Mediterráneo y la naturaleza son los verdaderos protagonistas de Sotogrande. Clases de vela para principiantes, Wingfoil para los más atrevidos y rutas en e-bike por el Parque Natural de Los Alcornocales permiten descubrir paisajes que quitan el aliento. Las excursiones al Castillo de Castellar combinan historia, senderismo y picnic con vistas panorámicas que te hacen sentir que has viajado en el tiempo y en la naturaleza al mismo tiempo.

Cada actividad aquí tiene un encanto especial: desde recorrer bosques mediterráneos y avistar fauna local hasta deslizarse sobre el mar impulsado por el viento, todo está pensado para conectar con la belleza del entorno de manera activa y memorable.

Cultura, tradición y escapadas cercanas

Sotogrande permite combinar playa y descanso con cultura e historia. La Semana Santa de San Roque despliega solemnidad y emoción, mientras rutas históricas como la Ruta de Paco de Lucía y la Ruta de los Búnkeres muestran la riqueza cultural del área.

A pocos minutos, los pueblos blancos de Jimena de la Frontera y Casares invitan a paseos tranquilos, el Castillo de Castellar y Estepona ofrecen patrimonio y panoramas, y un salto a Gibraltar permite explorar The Rock, la cueva de St. Michael y su animada Main Street. Y, claro, para quienes buscan calma, las playas de Guadalquitón, Cala Los Toros y Cala Sardina se prestan para largos paseos y atardeceres de postal frente a un Mediterráneo especialmente luminoso en primavera.