Realización MARCO DE PABLOS
Fotografía ROBERTO MAROTO
Agradecimientos CLUB PASIÓN HABANOS

Relojes y joyas ganan protagonismo y se convierten en piezas clave para construir cualquier look. Esferas, metales y piedras preciosas conviven con diseños que van de la discreción al exceso, demostrando que el lujo también está en los detalles. Aquí algunas de las propuestas que marcan el pulso de la temporada y que prometen no pasar desapercibidas.

*En la imagen de portada, alianza Marquesina de oro amarillo y diamantes (3.100 €); sortija Tutú Arlequín de oro rosa con pavé de brillantes y piedra de luna, motivo cuajado de diamantes y diamantes negros talla brillante, y centro con cabujones de piedra de luna naranja engastados en garras (8.975 €); sortija Cesta Redonda en oro rosa mate (4.600 €); sortija Les Grandes Rocailles de oro rosa con pavé de zafiros rosas y semiesfera de oro bañada en rodio negro, cuajada de zafiros rosas redondos facetados en diferentes tonos y tamaños (6.885 €); y sortija Sophia de oro gris con cornalina y amatista (5.400 €), todo de GRASSY.

Reloj BR-05 Chrono S.T. Dupont con cronógrafo automático de 42 mm, esfera marrón efecto sol realzada con detalles dorados y brazalete integrado de acero (19.200 €). Una edición limitada de BELL & ROSS.

Reloj Seamaster Aqua Terra Shades de 38 mm en acero, con esfera color arenisca y brazalete de acero pulido y cepillado con eslabones redondeados (7.300 €), de OMEGA.

Sortija Perlée Diamonds Crossed de oro amarillo con diamantes (10.400 €); y collar Vintage Alhambra adornado con 20 motivos en oro amarillo y cornalina (20.600 €), todo de VAN CLEEF & ARPELS.

Reloj de la colección L’Heure du Diamant de oro blanco ético y engastado con diamantes, con esfera azul aventurina y movimiento mecánico (63.100 €), de CHOPARD.

Reloj Classic Fusion Titanium Deep Blue de 42 mm con caja de titanio satinado y pulido y correa de caucho azul con piel de aligátor (9.000 €), de HUBLOT.

Del sushi al wagyu, de la robata a los platos de temporada. Makoto Madrid reivindica una cocina japonesa contemporánea en un espacio donde el diseño y la gastronomía comparten protagonismo.

Makoto aterrizó en Madrid con vocación internacional y, después de su primer año en la capital, encara una nueva temporada dispuesto a hacerse mucho más que un hueco entre los nombres propios de la gastronomía japonesa de la ciudad. El restaurante del chef japonés Makoto Okuwa, convertido desde hace años en uno de los nombres de referencia en Miami y con presencia en distintos rincones del mundo, apuesta por una cocina contemporánea, un interiorismo de impacto y una carta pensada para distintos momentos y bolsillos.

Lo primero que llama la atención no está en la carta, sino encima de la cabeza y a su alrededor. El interiorismo, obra de Clavel Arquitectos, es uno de los grandes argumentos del espacio: los techos, emulando ondas de agua en tonos dorados, bañan el restaurante de una luz cálida y construyen una atmósfera especialmente envolvente. A este juego de luces y formas se suman diferentes toques vegetales, con el verde como protagonista, que aportan frescura y equilibran la calidez del conjunto. Una enorme barra ocupa buena parte del local y permite sentarse frente a la cocina para contemplar cómo se prepara cada plato. Fuera, la terraza prolonga esa experiencia en un ambiente más relajado, pero igualmente acogedor.

Restaurante Makoto en Madrid.

Restaurante Makoto en Madrid.

Un japonés que también se come con los ojos

Sin embargo, Makoto no quiere vivir únicamente de la puesta en escena. Su apuesta pasa también por una cocina japonesa reconocible pero abierta a otros sabores y, sobre todo, capaz de llegar a un público más amplio. La carta reúne algunos de los grandes éxitos de la marca —como el Hamachi Crispy Rice, el Dynamite Hand Roll, el Frosty Wagyu Fried Rice (imprescindible) o el Wagyu Beef Hot Stone— junto a nuevas incorporaciones de temporada como el tiradito koji, las ostras con mignonette, las coles de Bruselas o el cordero a la robata. Y es que ese es otro de sus puntos fuertes. La propuesta no permanece estática, sino que se adapta a cada estación para dar protagonismo a los productos que encuentran en ella su mejor momento.

No hace falta ser un fanático del sushi para disfrutar de Makoto. Hay pescado, sí, pero también carne, arroz, robata y otras elaboraciones que permiten construir una comida a medida. La materia prima se nota cuidada y las elaboraciones llegan bien ejecutadas, con ese equilibrio entre técnica japonesa y sabores más familiares que define la cocina de Okuwa.

Comer bien sin esperar una ocasión especial

La otra baza es el precio. Frente a la idea de que un japonés de estas características tiene que reservarse para una celebración, Makoto busca ampliar su público y convertirse también en una opción para el día a día. Hay propuestas más informales que permiten comer por menos de 30-40 euros y, a mediodía, sus Bento Box ofrecen una alternativa completa por 38 euros. Una estrategia que cobra especial sentido en una zona donde la competencia entre restaurantes japoneses no deja de crecer al mismo ritmo que lo hacen sus precios. 

También ayuda que la cocina funcione non stop hasta el cierre. Makoto entiende que Madrid no come necesariamente a la hora que dictan los horarios convencionales y apuesta por un restaurante que pueda funcionar tanto para una comida improvisada como para una cena que se alargue, un encuentro entre amigos o una noche en la que el ambiente tenga tanto peso como lo que ocurre sobre el plato. Porque ese es, probablemente, el verdadero juego de Makoto en Madrid. No limitarse a ser un japonés más.

Un largo historial

Detrás está Makoto Okuwa, formado en Japón desde los 15 años y posteriormente instalado en Estados Unidos, donde trabajó junto a Masaharu Morimoto. Hoy su universo suma diez restaurantes entre Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, con Madrid como primera escala europea. Y la expansión continúa: antes de que termine 2026, el grupo prevé abrir un nuevo restaurante en Latinoamérica y estrenar un nuevo concepto al otro lado del charco.

Madrid, mientras tanto, parece ser una parada con intención de permanencia. Y Makoto juega sus cartas con bastante claridad: un espacio que entra por los ojos, una cocina que no exige ser devoto del sushi y una propuesta lo suficientemente flexible como para que comer bien no tenga que convertirse siempre en una excepción.

«La originalidad está en volver al origen». Antonio Gaudí enunció la oración y Carlota Medina de Toro decidió tomarle la palabra. No porque le falten ideas, sino porque quizá, cuando prácticamente todo está inventado, la verdadera novedad consista precisamente en saber dónde mirar. En su caso, el camino hacia ese origen la llevó directamente a su abuela, Pepa Merello, y a un bolso que una artesana había hecho a medida para ella. Años después, Carlota empezó a pedirle prestado aquel accesorio cada vez que necesitaba sentirse un poco más segura. Lo que comenzó como un gesto cotidiano entre abuela y nieta terminó convirtiéndose en algo mucho más difícil de explicar: una especie de talismán, uno de esos objetos a los que, sin saber muy bien por qué, acabamos atribuyendo la capacidad de devolvernos a nuestro sitio. Partiendo de aquella historia y con la intención de recuperar lo que funcionaba, darle una vuelta y llevarlo al presente, nace MERELU, una marca de marroquinería Made in Spain que dará mucho que hablar.

El primer resultado de ese ejercicio de memoria es ORIGEN, la primera pieza de la firma, fabricada artesanalmente en Ubrique y reinterpretada a partir de aquel bolso familiar. Piel de ternero, líneas limpias, diferentes colores y una construcción pensada para acompañar. Puede llevarse en la mano, al hombro o cruzado, adaptándose a distintos momentos del día sin perder su identidad. Porque la intención no es crear un bolso condenado a una temporada, sino una pieza capaz de quedarse, ganar historias con el tiempo y acabar formando parte de la vida de quien lo lleva.

Un bolso que empieza mucho antes de la marca

La firma toma su nombre de Merello, el apellido de aquella abuela que está en el principio de todo, y de la unión simbólica de mere, asociado a lo puro y auténtico, y Lu, como evocación de la luz. Pura luz es, precisamente, la idea que articula el proyecto. Una luz que, según la propia Carlota, todos llevamos dentro y que en ocasiones necesitamos volver a encontrar. El bolso aparece entonces como un objeto cotidiano capaz de activar algo menos tangible: seguridad, memoria, identidad. Una lectura mucho más interesante que la del accesorio como simple complemento de un look.

La elección de Ubrique tampoco es casual. Si MERELU quiere construir una nueva casa española de marroquinería, hacerlo en uno de los grandes epicentros nacionales del trabajo de la piel era casi una cuestión de principios. Allí, generaciones de artesanos han convertido el conocimiento técnico en oficio y el oficio en patrimonio. En ORIGEN, ese saber hacer se aprecia en la construcción de la pieza, en sus acabados y en el cuidado de cada detalle, pero también en una manera de entender el producto que mira más allá de la temporada. Para su creadora, además, Cádiz representa otra de las ideas que atraviesan MERELU de principio a fin: la luz. La misma que está en el nombre de la marca y que aquí aparece de una forma mucho más palpable, en el paisaje, en el carácter y en esa luminosidad tan propia del sur. Todo parece volver al mismo sitio.

Y MERELU ya mira hacia delante. Con ORIGEN como punto de partida, la firma trabaja en nuevos diseños que seguirán explorando esa mezcla de artesanía, funcionalidad y carácter que está en su ADN. El siguiente paso será también físico: Medina de Toro confía en poder abrir un espacio propio en aproximadamente un año, un lugar desde el que seguir construyendo la casa que está levantando con mucho esmero. No es un camino menor para una marca que acaba de nacer, pero quizá precisamente ahí esté el interés, en comprobar hasta dónde puede llegar una historia que comenzó con un bolso prestado de una abuela y que hoy aspira a convertirse en algo mucho más grande. Arte, artesanía y alegría siguen siendo las coordenadas. Y ORIGEN, es el principio.

Fotografías: Cortesía
Por KATY MIKHAILOVA

Hay lágrimas que mueren sin haber nacido. Se quedan detrás de los ojos, esperando. Primero con paciencia, después con cierta dignidad y, al final, con ese rencor pequeño que tienen las cosas creadas para cumplir una función a las que nadie permitió hacerlo.

SC dejó de llorar a los catorce años. No sé exactamente qué ocurrió aquel día. Quizá tampoco importe. A determinada edad los hombres toman decisiones absurdamente solemnes. No volveré a llorar. No volveré a enamorarme. No volveré a llamar. Y uno cree que basta con pronunciar una frase para que el cuerpo obedezca durante el resto de su vida.

El cuerpo, por suerte, es bastante menos disciplinado. Durante más de sesenta años, las lágrimas de SC siguieron allí.

Me gusta imaginarlas viviendo detrás de sus ojos. Hacinadas. Envejeciendo. Viendo pasar mujeres, plazas, toros, hijos, amigos, derrotas, hoteles, amaneceres y alguna que otra gloria. Cada vez que ocurría algo digno de ser llorado, una se levantaba convencida de que por fin había llegado su turno. Y nada.

Simón apretaba los dientes. La lágrima volvía a sentarse. Debe de ser terrible ser lágrima y que no te dejen llorar. Porque pensamos siempre en el hombre que contiene el llanto, pero nunca en el llanto contenido. Nadie se pregunta qué ocurre con todo aquello que no dejamos salir. Adónde van las lágrimas que rechazamos. Si caducan. Si se secan. Si guardan memoria. Si una lágrima que debía caer por una madre puede terminar cayendo cincuenta años después por un toro.

Yo creo que sí. Creo incluso que las lágrimas llevan una contabilidad bastante seria. Una especie de Hacienda sentimental, mucho más implacable que la otra, que ya es decir. Todo lo que no se llora queda pendiente.

Y un día llega la inspección. Ahora, a los setenta y tantos, Simón ha decidido volver a llorar. O quizá no lo ha decidido él. Quizá han decidido ellas.

Después de más de medio siglo encerradas, sus lágrimas se han amotinado. Han presentado una reclamación formal. Exigen recuperar el tiempo perdido. Y salen cuando les da la gana. Por un recuerdo. Por una ausencia. Por una faena. Por una canción. Por alguien que se fue. Por alguien que todavía está. Por la belleza, que a determinadas edades empieza a parecerse peligrosamente a la nostalgia.

No lloran solamente lo que ocurre hoy. Lloran también lo que no pudieron llorar entonces.

Tal vez por eso existen lágrimas desproporcionadas. Uno cree que llora por lo que acaba de suceder y resulta que lleva dentro un atasco de cuarenta años. El ser humano tiene esa soberbia. Cree saber incluso por qué llora.

Hace unos días con SC escribí a mano unos apuntes a partir de sus ideas, y dejé una frase que no consigo quitarme de la cabeza. Hablaba de su relación sentimental con sus lágrimas. Me parece extraordinario.

Porque para mantener una relación sentimental hacen falta dos. Simón y sus lágrimas. Un hombre que las abandonó siendo casi un niño y unas lágrimas que, incomprensiblemente, le fueron fieles. No se marcharon con otro. Esperaron.

Aquí es donde la historia se vuelve un poco kafkiana. Porque quizá una mañana Simón se despierte y descubra que ya no es él quien posee a sus lágrimas, sino sus lágrimas quienes le poseen a él. Que han organizado su propia existencia a sus espaldas. Que conocen mejor que él sus muertos, sus amores, sus derrotas y sus miedos. Que llevan sesenta años archivándolo todo.

Una burocracia del alma. Expediente amor. Expediente toro. Expediente amigo muerto. Expediente mujer perdida. Expediente miedo. Expediente felicidad. Todo perfectamente clasificado. Pendiente de llorar.

Y quizá durante todos aquellos años en los que Simón no lloraba, lloraban ellas. Porque las lágrimas también lloran.

Lloran cuando nadie las necesita. Cuando nacen para recorrer una mejilla y las condenan a vivir detrás de un párpado. Lloran cuando un hombre confunde fortaleza con sequía. Y lloran, sobre todo, porque no tienen vida propia. Necesitan de nosotros para existir.

Eso es lo terrible. Hay algo profundamente injusto en negarle una lágrima a una tristeza. Como negarle el ruedo a un toro. Como escribir una carta durante sesenta años y no encontrar nunca el valor de echarla al buzón.

Nos han contado además una mentira bastante eficaz. Que llorar es perder. Que el hombre fuerte aguanta. Que la dignidad consiste en no quebrarse delante de nadie. Durante generaciones hemos educado a los hombres para que sepan morir con cierta elegancia, pero no necesariamente para que sepan estar tristes.

Y así nos ha ido. Simón decidió a los catorce años que no lloraría más y ha necesitado toda una vida para desobedecer a aquel adolescente. Tiene gracia.

Pasamos media existencia intentando ser fieles a quienes fuimos, cuando crecer consiste también en traicionarnos un poco. Ahora Simón llora.

Y yo no creo que se haya vuelto más débil. Creo que simplemente ha llegado tarde a una cita consigo mismo. Muy tarde.

Pero hay citas a las que todavía merece la pena llegar. Aunque sea con más de sesenta años de retraso. Aunque al abrir la puerta encuentres esperando a todas tus lágrimas. Las de los catorce. Las de los treinta. Las de los cincuenta. Las que correspondían a días que ya ni recuerdas.

Estarán enfadadas, supongo. También cansadas. Algunas habrán envejecido contigo. Déjalas salir, querido Simón. No las castigues. Al fin y al cabo, han esperado toda una vida.  Y no hay nada más triste que una lágrima que no puede llorar.

Fotografía: Embalse de Valdecañas desde Finca Los Ángeles de Teruel
Por MARCO DE PABLOS

Cien años después de revolucionar Barcelona con su primer desfile de alta costura, Santa Eulalia vuelve a mirar hacia delante sin perder de vista aquello que la hizo grande. Para celebrar aquel gesto, presenta HERITAS, una nueva fragancia que reivindica aquel mismo espíritu audaz e innovador.

Juan Carlos I y Lamine Yamal son dos nombres que difícilmente imaginaríamos compartiendo armario y, sin embargo, ambos forman parte de la historia de Santa Eulalia, el histórico templo de la moda barcelonesa fundado en 1843. El rey emérito pasó por sus salones, vistió sus trajes e incluso dejó una pequeña huella en la propia boutique —durante una de sus visitas sugirió que los clientes pudieran ver a los sastres trabajar; le hicieron caso y hoy es posible contemplar ese trabajo artesanal a través de una cristalera desde la propia planta de sastrería—. Hoy es el astro del fútbol, y muchos otros ídolos de su generación, quien cruza sus puertas, demostrando que aunque cambien las décadas, la capacidad de Santa Eulalia para vestir a hombres y mujeres muy dispares entre sí permanece intacta. “Nuestros clientes tienen estilos, edades y necesidades muy diferentes, pero también algo en común: valoran la calidad y esperan una atención impecable. El lujo es algo profundamente personal”, sentencia Lluís Sans, presidente y actual propietario de la firma.

Espacio dedicado a la sastrería a medida de Santa Eulalia.

Pero Santa Eulalia no llegó hasta aquí por casualidad. Antes de convertirse en una de las grandes direcciones de la moda española fue una pequeña tienda de tejidos abierta en 1843 por Josep Taberner y su hijo Salvador en el Pla de la Boqueria, cuando Barcelona todavía era una ciudad amurallada. El negocio crecería al ritmo de una metrópoli que también estaba cambiando y, a comienzos del siglo XX, la familia Sans entraría en escena para convertir aquella tienda en algo mucho más ambicioso, guiados por dos valores que todavía hoy permanecen perennes: la audacia y la innovación.

La verdadera revolución llegaría en 1926. Mientras las grandes casas parisinas comenzaban a convertir la presentación de una colección en un acontecimiento social, ellos decidieron importar aquella fórmula y posicionar la Ciudad Condal al nivel de la capital gala. En la planta superior de su establecimiento del centro histórico, organizaron su primer desfile, convirtiéndose en pioneros de una nueva manera de entender y presentar la moda. Detrás de aquella apuesta estaba Pere Formosa (casado con una de las hijas de la familia Sans), director creativo hasta 1970 y figura esencial en su transformación —fue, además, el encargado de introducir en España la falda pantalón, una prenda que ya habían popularizado previamente Paul Poiret y Elsa Schiaparelli—. El éxito fue tal que los siguientes shows pasarían a celebrarse bajo estricta invitación personal.

Desde entonces ha pasado más de un siglo y Santa Eulalia ha sobrevivido a la Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial, a los nuevos hábitos de consumo y a la globalización del lujo. Por el camino, abrió una tienda en Tánger, presentó colecciones en Venecia y Nueva York, llegó a contar con más de 750 empleados y talleres propios y, en 1968, se lanzó al prêt-à-porter. Hoy, continúa mirando hacia delante como espacio multimarca, reuniendo una selección de grandes firmas internacionales que transita de lo mainstream a lo underground —Balenciaga, Tom Ford, Alaïa, Jil Sander, Toteme, Willy Chavarria, Ami Paris o The Row— y que conviven con su propio atelier. Una capacidad de adaptación que adquiere todavía más valor cuando se mira desde la perspectiva de un negocio familiar. “Solo un 30% de estas empresas llega a la segunda generación y un 2% a la cuarta. Nosotros estamos ya en la séptima”, confiesa Sans. Para continuar: “A lo largo de nuestros 183 años ha habido varios momentos en los que la continuidad estuvo realmente en riesgo. Si los superamos fue, en gran medida, gracias a mi compromiso y al de quienes me antecedieron”.

Esa continuidad no se explica únicamente por la capacidad de adaptación, sino también por aquello que han decidido no cambiar. Como ellos mismos reconocen, uno de sus grandes valores diferenciales está en la atención, una manera de entender el servicio que se percibe incluso en los pequeños detalles. La mañana en que tuve oportunidad de visitar sus instalaciones, varios de los clientes habituales se dirigían por su nombre de pila a quienes les atendían, y viceversa. Una familiaridad que dice mucho de la relación que la casa ha construido con quienes la visitan y que explica, en buena medida, cómo ha conseguido mantenerse durante tantos años en una de las principales arterias de Barcelona, codeándose con las firmas más poderosas del planeta —muchas de ellas presentes también en sus propios muestrarios— y compitiendo de tú a tú con grandes conglomerados del lujo, sin perder por ello su identidad. “Ser Santa Eulalia significa no renunciar a la calidad, a la profesionalidad y a poner al cliente en el centro”, reitera Sans.

«Solo un 30% de las empresas familiares llega a la segunda generación… Nosotros estamos ya en la séptima»

Y si hay un elemento que ha acompañado a la compañía durante todo ese recorrido es, precisamente, Barcelona. No es casualidad que la casa lleve el nombre de su copatrona, ni que su símbolo sea la cruz en forma de aspa en la que, según la tradición, murió Santa Eulalia. Ese idilio ha trascendido generaciones y reconocimientos —en 2011 recibió la Medalla de Oro al Mérito Cívico— y continúa presente sin renunciar sus raíces. “Barcelona ha cambiado y nosotros con ella, pero ese vínculo se ha mantenido intacto durante casi dos siglos”.

Lluís Sans, presidente y propietario de Santa Eulalia, junto a HERITAS, el nuevo perfume de la firma, creado con motivo del centenario de su primer desfile de alta costura.

No sorprende que su historia también pueda empezar a contarse a través del olfato. La firma lleva un tiempo explorando el universo de las fragancias y hoy lo hace también desde una de sus vertientes más singulares. En el interior del local de más de 2.000 metros cuadrados que atesora en Paseo de Gracia existe un espacio dedicado a la perfumería nicho. Es algo así como una gruta, con decenas de frascos de cristal que, como minerales preciosos, capturan la luz y la multiplican en una sinfonía de colores. Un escenario casi hipnótico que sirve de telón de fondo para una nueva creación que viene a ampliar el universo de elixires ya desarrollados, pues el viaje olfativo comenzó en 1947: un perfume concebido con motivo del centenario de aquel primer desfile de alta costura que les situó a la vanguardia.

Su nombre es HERITAS y ha sido creado por Chris Maurice, perfumista de tercera generación y nieto de una fiel clienta de la maison. Todo queda, de alguna manera, en casa. Como recalca Irene Gisbert, directora creativa: “Solo nos pueden entender si nos conocen”. El resultado es una fragancia concebida como una segunda piel que, en sus propias palabras, evoca ese primer rayo de luz que irrumpe en la pasarela justo antes de que aparezca la modelo.

El frangipani es el gran protagonista de la composición, una flor envolvente que se despliega sobre un fondo en el que la vainilla, en su versión más pura, aporta dulzor sin resultar empalagosa; el sándalo introduce una nota cálida y oriental al tiempo que estructura la fragancia; la raíz de iris juega con el contraste y el benjuí pone el broche final. El resultado es un perfume unisex pensado para romper moldes, tal y como llevan haciendo toda la vida. Al fin y al cabo, como sostiene Lluís, “en Santa Eulalia, nuestra historia se percibe nada más entrar”.

Fotografías: Cortesía

Penélope Cruz sabe que hay ocasiones en las que un look no necesita presentación. Para la premiere de La bola negra en el Festival de Cine de San Sebastián, celebrada el pasado 20 de septiembre, la actriz volvió a confiar en la maison francesa para construir un estilismo de pies a cabeza. ¿El resultado? Una imagen sofisticada, rotunda y absolutamente Chanel.

El vestido, una imponente creación de Matthieu Blazy perteneciente a la colección Crucero de la firma, fue el punto de partida. De silueta voluminosa y cuerpo ceñido, destacaba por su profundo escote en V, sus mangas cortas rematadas con grandes volantes y un delicado motivo de plumas bordado en el centro, justo al final del escote. El conjunto se completó con unos zapatos también de Chanel, llevando la apuesta por la maison hasta el último detalle.

SAN SEBASTIAN, GUIPUZCOA BASQUE, SPAIN – SEPTEMBER 20: Actress Penelope Cruz on the red carpet for ‘La bola negra’ at the Victoria Eugenia Theatre on 20 September 2026 in San Sebastian, Guipuzcoa, the Basque Country, Spain. ‘La bola negra’ adapts and expands on an unfinished play by Federico Garcia Lorca. It tells three stories of men from different eras, linked by sexuality, desire, pain and legacy. The film opens in Spanish cinemas on 25 September and has been selected by the Spanish Film Academy to represent Spain at the upcoming Oscars. (Photo By Unanue/Europa Press via Getty Images)

Las joyas pusieron el broche final. Cruz escogió los pendientes trepadores Bouton de Camélia, realizados en oro blanco de 18 quilates y diamantes y pertenecientes a la colección homónima de Chanel Fine Jewelry. A ellos sumó dos piezas de Alta Joyería de la casa: el anillo Plume de Chanel, en oro blanco de 18 quilates y diamantes, y el anillo Ruban, también realizado en oro blanco de 18 quilates y diamantes.

Tres piezas que aportaron luz al conjunto sin competir con la fuerza del vestido y que subrayaron, una vez más, la estrecha relación entre Penélope Cruz y la maison. En San Sebastián, la actriz volvió a demostrar que pocas alianzas funcionan con tanta naturalidad sobre la alfombra roja como la suya con Chanel.

SAN SEBASTIAN, SPAIN – SEPTEMBER 20: Javier Calvo, Penelope Cruz and Javier Ambrossi attend the «La Bola Negra» screening during the 74th San Sebastian International Film Festival at Victoria Eugenia Theater on September 20, 2026 in San Sebastian, Spain. (Photo by Juan Naharro Gimenez/WireImage)

Fotografías: Cortesía

Con el Gran Canal como telón de fondo y el Renacimiento respirando en cada esquina, Tiffany & Co. ha elegido uno de los escenarios más icónicos de Venecia para presentar la colección otoño de Blue Book 2026: Hidden Garden, su gran cita anual con la alta joyería.

La noche del 17 de septiembre, el histórico Fondaco dei Tedeschi, junto al puente de Rialto, se convirtió en el escenario de una gala en la que naturaleza, arte y joyas excepcionales se encontraron en una puesta en escena tan sofisticada como el universo que propone la nueva colección. Entre los invitados estuvieron Begoña Vargas, Anya Taylor-Joy, Arón Piper y Matilda De Angelis, todos ellos luciendo diseños de Tiffany & Co.

Un jardín imaginario en el corazón de Venecia

Diseñada por Nathalie Verdeille, vicepresidenta sénior y directora artística de la firma, en colaboración con el Tiffany Design Studio, Hidden Garden continúa el viaje creativo de Blue Book 2026 alrededor de la exuberancia de la naturaleza y el descubrimiento. Sin embargo, aquí la naturaleza no se limita a reproducirse: se transforma. Jardines imaginarios, frutas maduras y enredaderas en flor cobran nuevas dimensiones a través de formas escultóricas y gemas excepcionales. El resultado juega entre lo abstracto y lo literal, creando un universo de alta joyería en el que la luz se convierte prácticamente en otro material.

Es precisamente ahí donde reside el encanto de Hidden Garden, en imaginar la naturaleza llevada a su versión más extraordinaria, donde cada piedra y cada volumen parecen formar parte de un paisaje secreto. Una visión exuberante, intensa y deliberadamente teatral que encaja a la perfección con la personalidad de Blue Book.

Alta joyería con acento de moda

La noche también tuvo un marcado componente fashion. Para la presentación de la colección, las modelos vistieron diseños de Givenchy firmados por Sarah Burton, creando un diálogo entre las piezas de Tiffany & Co. y la moda contemporánea.

Y si algo demostró la gala es que la alta joyería ya no vive únicamente en las vitrinas: también forma parte de una conversación estética mucho más amplia. En Venecia, las joyas de Hidden Garden encontraron en los looks de Givenchy y en sus invitados internacionales el contexto perfecto para desplegar toda su fuerza visual.

Entre ellos, Begoña Vargas aportó el inconfundible sello español a una velada que reunió nombres internacionales del cine, la moda y la cultura. Junto a ella, Anya Taylor-Joy, Arón Piper y Matilda De Angelis completaron una lista de invitados que convirtió la presentación en uno de los grandes momentos de la temporada para Tiffany & Co.

El escenario perfecto

No podía haber un lugar más apropiado para esta nueva fantasía de Tiffany. El Fondaco dei Tedeschi, uno de los grandes monumentos renacentistas de Venecia, se alza frente al Gran Canal, junto al puente de Rialto. Originalmente concebido como puesto comercial para mercaderes alemanes y reconstruido a comienzos del siglo XVI, el edificio fue durante siglos un punto de encuentro para el comercio internacional y el intercambio de culturas, artesanía y objetos de lujo.

Ahora, siglos después, vuelve a reunir esos mismos conceptos, pero bajo una nueva mirada. Naturaleza, artesanía, lujo y cultura se encuentran en Hidden Garden para cerrar el viaje creativo de Blue Book 2026 con una colección que convierte la exuberancia en joya y Venecia en el escenario perfecto para descubrirla.

Fotografías: Cortesía

La exfoliación química da un paso más hacia los rituales de belleza en casa. Natura Bissé presenta Diamond Molecular Acid4 Peel-Mask, una mascarilla-peeling inspirada en los tratamientos profesionales que combina, por primera vez en una misma fórmula, cuatro ácidos utilizados en estética: glicólico, láctico, pirúvico y tranexámico. La propuesta busca renovar, alisar e iluminar la piel en tan solo 10 minutos, con una fórmula de pH controlado diseñada para ofrecer una exfoliación eficaz y respetuosa con la piel, sin rojeces ni descamación, según la marca.

Cuatro ácidos, una acción renovadora

La fórmula concentra un 14% de potencia renovadora, distribuida entre un 10% de ácido glicólico, un 2% de ácido láctico, un 1% de ácido pirúvico y un 1% de ácido tranexámico. La combinación está pensada para actuar sobre diferentes necesidades de la piel: desde la textura y la luminosidad hasta las manchas, la uniformidad del tono y los signos del fotoenvejecimiento.

El ácido glicólico favorece la renovación cutánea y ayuda a mejorar textura y luminosidad, mientras que el láctico contribuye a la hidratación y a mejorar la apariencia de la hiperpigmentación. El pirúvico está orientado al fotoenvejecimiento y las imperfecciones, y el tranexámico ayuda a reducir la apariencia de manchas oscuras y a unificar el tono.

A estos activos se suman niacinamida, pantenol, extractos de nopal y granada y el complejo PolyLift-X, que complementan la fórmula con propiedades antioxidantes, hidratantes y de efecto tensor.

Un tratamiento inspirado en la estética profesional

Uno de los elementos diferenciales de la propuesta es también su formato. La mascarilla está elaborada con fibra de banana de origen vegetal y biodegradable, con certificación Oeko-Tex, y se presenta en dos piezas para adaptarse al rostro como una segunda piel y favorecer la absorción de los activos.

La marca recomienda utilizarla una vez por semana, especialmente cuando la piel necesita un extra de luminosidad o antes de una ocasión especial. También la plantea como un ritual de renovación después del verano, tras viajes largos o en periodos de poco descanso.

¿Cómo utilizarla?

Sobre la piel limpia y seca, se colocan las dos partes de la mascarilla y se deja actuar durante diez minutos. Tras retirarla, se aclara el rostro con agua y se continúa con el sérum y la crema habituales. Durante el tratamiento, Natura Bissé recomienda utilizar diariamente protección solar SPF 50.

El resultado que busca Diamond Molecular Acid4 Peel-Mask es una piel más luminosa, lisa, uniforme y jugosa, trasladando al cuidado doméstico una experiencia de exfoliación hasta ahora más vinculada a los tratamientos profesionales.

El nuevo gesto de belleza de Natura Bissé promete convertir esos 10 minutos semanales en un auténtico reset para la piel: una dosis de exfoliación, luminosidad y efecto buena cara sin salir de casa. Porque si la piel puede renovarse mientras hacemos scroll, ¿por qué no darle también un pequeño momento de protagonismo?

Por MARCO DE PABLOS
Fotografía SEBASTIÁN SÁNCHEZ
Asistente de fotografía ADRIANA ROJAS

Por amor al arte, literalmente. Así ha construido su recorrido SARA ZALDÍVAR, una de las mecenas y coleccionistas más destacadas de España. Hace tres años, junto a Alejandra Arias, decidió apostar por la cerámica con CerARTmic, reivindicando el poder del barro. Para demostrarlo, reúne a su particular pandilla, engalanada con metales preciosos, en una aleación tan inesperada como fascinante.

Tenga cuidado! Las mochilas son uno de nuestros principales enemigos”, exclamaba uno de los galeristas que por aquellos días custodiaba las piezas expuestas en su espacio de CerARTmic al fotógrafo encargado de realizar estas instantáneas. La advertencia respondía al voluminoso bulto que este cargaba a sus espaldas, indispensable para transportar y proteger todo su equipo. La escena tuvo lugar en la Fundación Ortega-Marañón, sede de la tercera edición de esta muestra. Sus salas daban cobijo a cientos de obras de distintas formas, colores, tamaños e inspiraciones. No en vano, CerARTmic es la única feria de arte en España dedicada de manera exclusiva e íntegra a la cerámica, con un objetivo claro: acercar esta disciplina al gran público.

Al frente del proyecto se encuentra la coleccionista y mecenas Sara Zaldívar. Junto a ella, mano a mano, Alejandra Arias. Ambas forman un tándem unido por inquietudes similares y una pasión compartida por el arte desde la infancia. Su vínculo con la cerámica, sin embargo, se consolidó cuando decidieron poner en marcha esta exhibición, impulsadas por el deseo de reivindicar y dar visibilidad a una disciplina artística que atraviesa un momento de especial efervescencia. “La cerámica siempre ha estado relegada a ámbitos más domésticos o artesanales. Ni siquiera en ARCO se permitían este tipo de obras. Es ahora cuando instituciones, museos y amantes del arte apuestan por ellas”, comparte Zaldívar. Quién lo iba a decir. Ni la mítica escena de Ghost, en la que Demi Moore y Patrick Swayze moldeaban barro al son de Unchained Melody, logró otorgarle el reconocimiento que hoy parece haber conquistado. Ahora, ha abandonado ese discreto segundo plano para reclamar un papel protagonista y CerARTmic ha sido precursora y visionaria. “Nuestra idea es que las propuestas sean variadas en cuanto a técnica y concepto, para que el visitante pueda tener una percepción global de lo que se está desarrollando actualmente en el arte”, explica.

SARA ZALDÍVAR Mecenas, coleccionista, directora de Huntress of Art y fundadora de CerARTmic. Una mujer con una sensibilidad artística fuera de lo común y una mirada capaz de detectar belleza donde otros aún no la han visto.

“Vivimos en un mundo tan digitalizado y tecnológico que aquello que se hace de manera manual, pausada e incluso imperfecta resulta cada vez más necesario para reconectar con nuestros sentimientos más ancestrales”, señala la también directora de Huntress of Art, una consultoría especializada en asesorar a coleccionistas, particulares y empresas en el descubrimiento, adquisición y gestión de obras de arte. A su juicio, este es uno de los principales factores que explican el creciente interés que la cerámica ha despertado entre coleccionistas e instituciones durante los últimos años. Pero no es el único. “La velocidad a la que vivimos nos impulsa a buscar objetos táctiles, creados con calma y respeto por los procesos, porque la cerámica tiene sus propios tiempos”, añade. Y no le falta razón, especialmente en una ciudad como Madrid, donde el ritmo frenético apenas deja margen para detenerse y contemplar lo que nos rodea. De esa necesidad nacen iniciativas como esta.

– ¿Tiene cabida la inteligencia artificial en este ámbito?

– La IA acabará por ser una disciplina más, como la pintura, el vídeo o la propia cerámica. Si el artista tiene un gran concepto, el medio es lo de menos.

Si lo dice es por algo, pues pocas personas entienden el arte como ella. Incluso en esta edición contaban con un dispositivo que combinaba tecnología y creación artesanal, y sobre cuyas piezas posa la protagonista. Cántaros y jarrones moldeados en una arcilla blanquecina, decorados con distintos grabados realizados a partir de un instrumento que al ponerse en funcionamiento emitía sonidos vinculados a cada trazo. Una especie de cardiogramas sonoros sobre barro que se convirtieron en uno de los elementos más aplaudidos de la exposición por un público muy diverso, contribuyendo a desmontar el mito de que el arte es algo elitista y reservado a unos pocos. “Esa es una idea, sobre todo, transmitida o alimentada por los medios de comunicación, que siempre dan voz, por ejemplo, al último récord de subasta… Es una parte del mercado, pero no lo es todo. Si quieres coleccionar hay miles de opciones para todos los bolsillos”, reivindica. 

“No se pone en valor el efecto que tiene la cultura”

– ¿Cómo describiría el momento que vive el arte en España? ¿Cree que el talento recibe el reconocimiento que merece?

– España tiene grandísimos artistas y grandes galerías. Sin embargo, no existe una masa crítica de coleccionistas, lo que complica que el círculo funcione. Además, las instituciones españolas no ponen el foco en proyectar a nuestros artistas en el extranjero, lo que hace que les resulte muy difícil atraer coleccionistas de otros países 

– ¿Existe suficiente educación artística en nuestro país como para formar nuevos públicos y futuros coleccionistas? 

– Creo que no. El gran público sigue percibiéndolo como algo elitista, cuando en mi opinión no es así en absoluto. Las galerías de arte ofrecen un contenido cultural excepcional y gratuito para la ciudad y aun así hay mucha gente que no se siente cómoda entrando en ellas. Esto debería formar parte de la vida cotidiana desde la infancia.

“No se pone en valor el efecto que tiene la cultura”, sentencia la curadora. Y pone como ejemplo dos ciudades que, por el contrario, sí han apostado firmemente por ella y cuyos resultados, según afirma, “hablan por sí mismos”. Una de ellas es Málaga, con dos grandes centros culturales de proyección internacional como el Centre Pompidou y el Museo Picasso, a los que se suman otros espacios como el Thyssen. Una metrópoli en la que, además, en distintos barrios se impulsa y apoya el arte urbano, del mismo modo que sucede en Bilbao, la otra urbe que Zaldívar señala como referente. Especialmente desde la irrupción del denominado efecto Guggenheim, que transformó la escena artística. Tanto el emblemático edificio diseñado por Frank Gehry como una programación expositiva que reúne algunas de las propuestas más innovadoras del arte contemporáneo han convertido a la ciudad en un referente cultural.

Ahora, la capital busca posicionarse en ese pódium y, para ello, cuenta con perfiles como el de Sara, Alejandra y la troupe que las acompañó en la velada organizada en la Fundación Ortega-Marañón para presentar esta edición de la feria, en la que no faltó una de las firmas por excelencia que lleva por bandera la artesanía y el buen hacer a mano, Vista Alegre, ni tampoco En Tus Fogones, encargado de servir la cena que degustaron las asistentes. Un grupo de mujeres de distintos ámbitos sociales, todas ellas enfundadas en atavíos de oro, plata y demás metales preciosos que destacaban nada más atravesar el lugar. Entre ellas se encuentran la empresaria Mónica Sada; Raquel Giménez, al frente de Manero —y que Sara califica como su «happy place»—, recién aterrizado además en Marbella; la soprano Angélica de la Riva; las artistas Teresa de la Pisa y Nicole Furman; Carmen Panadero, presidenta de WIRES y referente en el sector inmobiliario; la directora de la Fundación Aladina, Ishtar Espejo; y la directora de esta cabecera, Katy Mikhailova. “Mujeres empoderadas, libres, trabajadoras”, como las define la anfitriona, que “aman el arte” y acudieron a la llamada para demostrarlo, porque, como reza uno de los eslóganes más recurrentes de la anfitriona, “Art turns me on”, y eso se nota.

ISHTAR ESPEJO Directora de la Fundación Aladina, una organización que realiza una labor encomiable acompañando a niños y adolescentes con cáncer y a sus familias. No es casualidad que parte de los fondos recaudados a través de algunas de las actividades organizadas en el marco de CerARTmic se destinaran posteriormente a la fundación.

ANGÉLICA DE LA RIVA Soprano de trayectoria internacional, reconocida por su versatilidad vocal y su presencia escénica, una auténtica diva dentro y fuera de los escenarios. ¡A la vista está!

TERESA DE LA PISA Artista de vocación, casi podríamos definirla como una mujer del Renacimiento. Su trabajo transita entre distintas disciplinas y oficios, demostrando una creatividad insaciable. Además, será la encargada de representarles en Homo Faber, el mayor evento de artesanía contemporánea de Europa.

MÓNICA SADA Emprendedora incansable y mente detrás de Unicskin, una de las firmas que mejor encarnan la nueva generación de la belleza, donde ciencia, tecnología y eficacia van de la mano.

RAQUEL GIMÉNEZ El alma de Manero, un universo que va mucho más allá de la restauración. Sus espacios, convertidos ya en destinos en sí mismos, han seducido a Madrid y Alicante y aterrizan ahora en Marbella para seguir haciendo de la experiencia un arte.

NICOLE FURMAN Artista de sensibilidad única y universo propio, ha construido un lenguaje creativo tan personal como magnético, en el que conviven intuición, experimentación y una mirada profundamente libre sobre la realidad.

CARMEN PANADERO Una de las voces más relevantes del sector inmobiliario en España y presidenta de WIRES, red de mujeres líderes en el real estate que impulsa la visibilidad y el liderazgo femenino en la industria.

ALEJANDRA ARIAS Cofundadora de CerARTmic junto a Sara Zaldívar y coanfitriona del encuentro, aporta al proyecto una combinación poco común de sensibilidad, criterio y visión. Con una sólida trayectoria en el mundo del arte, se ha convertido en la compañera perfecta para dar forma a una iniciativa que reivindica la cerámica desde una mirada actual.

Schweppes convierte su histórico rótulo de la Gran Vía en el punto de partida de un proyecto cultural con cine, arquitectura, historia y rutas por la ciudad.

El luminoso de Schweppes que corona el Edificio Carrión desde 1972 es uno de esos raros anuncios que hace tiempo dejaron de hacer publicidad para empezar a hacer ciudad. Más de cinco décadas después, sus tubos de neón forman parte del ADN visual de Madrid y se han convertido en un testigo privilegiado de todo lo que ha ocurrido a sus pies durante más de medio siglo: de la Transición a la Movida, de los viejos cines a la Gran Vía de los musicales, del Madrid de los grandes nombres al de las nuevas generaciones. Ahora, la marca quiere reivindicar esa historia con ‘Bajo el neón de Schweppes: testigo luminoso de la historia de Madrid’, un nuevo proyecto cultural que propone redescubrir la capital y, más concretamente una de sus arterias principales, a través de uno de sus grandes iconos.

La iniciativa arrancará el 16 de septiembre en el Cine Capitol con un encuentro abierto al público que reunirá voces de la arquitectura, el cine, la historia y el diseño. La conversación, moderada por el periodista Moisés Rodríguez, girará en torno a una pregunta tan sencilla como interesante: ¿cómo consiguió un anuncio convertirse en parte de la identidad de toda una ciudad?

Cinco miradas para entender un icono

El encuentro reunirá a cinco expertos con perspectivas muy diferentes. La periodista y divulgadora cultural Eugenia Bugallal repasará la evolución de la Gran Vía y las figuras que ayudaron a convertirla en uno de los grandes escenarios de Madrid. La arquitecta María Teresa Muñoz, especialista en el Edificio Carrión, pondrá el foco en la relación entre el edificio y el luminoso, concebidos desde el origen para convivir con la luz y la publicidad.

También participarán el cronista Alfonso J. Ussía, que abordará la dimensión emocional del neón y su vínculo con varias generaciones de madrileños, y Maxi Gilbert, diseñador de iluminación y fundador del Museo de la Luz de Madrid, que reivindicará el neón como una forma de expresión con personalidad propia frente al dominio de las pantallas digitales. Cerrará el recorrido el cineasta Álex de la Iglesia, que hablará del papel decisivo de su película El día de la bestia en la transformación del luminoso en un auténtico personaje del imaginario cinematográfico español.

La jornada terminará precisamente con la primera proyección en 4K de El día de la bestia (1995), una de las películas que más contribuyeron a convertir el neón de Schweppes en una imagen inseparable de Madrid. La famosa escena final, con sus protagonistas encaramados al luminoso, forma ya parte de la memoria visual del cine español.

Fotografía original de Gran Vía (Madrid) modificada con IA: punto de vista elevado generativamente y elementos añadidos.

600 kilos de historia sobre la Gran Vía

El neón de Schweppes no es precisamente un elemento discreto. Situado a unos 37 metros de altura, mide 10,65 metros de ancho por 9,36 de alto, pesa alrededor de 600 kilos y está compuesto por 104 tubos de neón. Su característica cortina luminosa suma otras 312 barras que generan el efecto de movimiento que lo hace reconocible desde prácticamente cualquier punto de la avenida.

Instalado en 1972, el rótulo sustituyó al histórico anuncio de Camel y coincidió con una España que empezaba a mirar hacia fuera después de décadas de aislamiento. Con el tiempo, dejó de funcionar únicamente como soporte publicitario para convertirse en parte del skyline madrileño. Su importancia quedó especialmente clara en 2010, cuando el Ayuntamiento lo declaró rótulo histórico tras la polémica generada por la normativa que amenazaba con hacer desaparecer buena parte de los grandes luminosos de la ciudad.

De la pantalla al paseo por Madrid

‘Bajo el neón de Schweppes’ no terminará con la película. El proyecto continuará con ‘NEÓN COLOSAL de Schweppes y las historias por iluminar’, un tour cultural gratuito que recorrerá durante aproximadamente una hora la Gran Vía, previa reserva y por tiempo limitado.

La ruta viajará desde los orígenes de la avenida hasta el Madrid más contemporáneo, pasando por personajes y lugares como Pedro Chicote, Ernest Hemingway, Ava Gardner, Frank Sinatra, Luis Buñuel, Pedro Almodóvar o Álex de la Iglesia. También habrá espacio para la Guerra Civil, la Movida, los antiguos hoteles y cines y la historia de la coctelería madrileña, con el Bar Cock como parada final.

Con este proyecto, Schweppes recupera una historia que lleva décadas literalmente iluminando Madrid. Porque el neón puede seguir siendo un anuncio, pero después de 54 años también es otra cosa: un pedazo de memoria urbana que ha conseguido sobrevivir a los cambios de la ciudad y convertirse en parte de ella.