La exposición “Tienes una Flor”, comisariada por Katy Mikhailova, y en colaboración de Geberit, abre sus puertas en White Lab (Paseo de la Castellana 168) el lunes y podrá visitarse hasta el jueves.  

En un territorio históricamente dominado por la funcionalidad, Geberit, firma líder en porcelana sanitaria y tecnología para el baño, abre una conversación radicalmente distinta: ¿puede un objeto concebido para la pura utilidad convertirse en arte, emoción y discurso cultural? De esa pregunta nace “Tienes una flor”, una exposición ideada por la periodista Katy Mikhailova que transforma un elemento tan cotidiano y aparentemente invisible como el inodoro —pensado para desaparecer en la rutina doméstica— en una serie de instalaciones vivas donde naturaleza, diseño y pensamiento contemporáneo conviven de forma inesperada.

Inspirada en el gesto fundacional de Marcel Duchamp, la propuesta no se limita a cuestionar qué es arte, sino que amplía el debate hacia un territorio más complejo y actual: qué ocurre cuando aquello diseñado exclusivamente para servir se desplaza al campo de la contemplación, la belleza y la reflexión crítica. Aquí no se trata simplemente de intervenir un sanitario, sino de resignificarlo, de alterar su lectura cultural y emocional dentro del espacio doméstico y expositivo.

Veinte estudios de interiorismo, arquitectura y diseño ante un mismo punto de partida

La fuerza del proyecto reside en su convocatoria coral. Veinte estudios de interiorismo, arquitectura y diseño de referencia en el panorama español aceptan reinterpretar un mismo objeto desde su propio lenguaje estético y conceptual, bajo la dirección artística del paisajista Fran Cisneros. 

Participan Lázaro Rosa-Violán, María Santos, Tristán López Chicheri (L35 Architects), ARCHIDOM Studio, Patricia Bustos, Alejandra Pombo, Minimal Studio, FL-ARE, Cuarto Interior, MUHER, MORPH, El Departamento Estudio, Il Mio Design, Sandra Antón junto a la artista Ainhoa Moreno, Masquespacio, CIDON interior design & contract, Urban Matters Studio, OOAA Arquitectura y Borja Esteras x SHAMELESS. A esta constelación de miradas se suma la propia galería anfitriona, a través de White Lab Studio, que también interviene el espacio, reforzando la idea de que el contexto expositivo es parte activa de la obra.

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En este diálogo entre disciplinas destaca especialmente la aportación del paisajista Fran Cisneros, que introduce la dimensión del paisaje como lenguaje sensible dentro del objeto. Su intervención desplaza la lectura del sanitario hacia un terreno orgánico, donde lo vegetal no es ornamento sino estructura narrativa. En su propuesta, la naturaleza no decora: coloniza, suaviza y reinterpreta el objeto industrial hasta convertirlo en un umbral entre lo doméstico y lo vivo.

Junto a él, cobra un papel esencial White Lab, responsable de articular y dar coherencia global al proyecto, conectando las distintas intervenciones en un relato expositivo común. Su trabajo opera como hilo conductor entre piezas muy diversas, asegurando que la exposición no sea solo una suma de miradas, sino una experiencia continua donde cada intervención dialoga con la siguiente. White Lab actúa así como estructura invisible del relato, convirtiendo la diversidad en discurso.

Un nuevo enfoque de la sostenibilidad: cambiar la mirada

“Tienes una flor” propone, además, una lectura contemporánea del legado duchampiano. Si el ready-made desplazó el objeto cotidiano al espacio artístico para cuestionar su significado, esta exposición añade una capa adicional: la sostenibilidad entendida no solo como reutilización material, sino como transformación cultural de la percepción. En un contexto saturado de producción de nuevos objetos, el proyecto plantea otra dirección posible: resignificar lo existente no como gesto decorativo, sino como posición crítica.

La exposición se inaugurará el próximo lunes 25 de mayo y podrá visitarse hasta el jueves de esa misma semana, inclusive, en Paseo de la Castellana, 168, en horario de lunes, martes y jueves, de 10:00 a 18:00 horas, y los miércoles, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas. Un espacio donde diseño, arte y pensamiento se encuentran para redefinir, desde lo cotidiano, la manera en que miramos lo que nos rodea. 

Las azoteas se han convertido en uno de los grandes símbolos del verano madrileño y pocas consiguen captar tan bien el espíritu de la ciudad como RT60 Rooftop Bar. La terraza de Hard Rock Hotel Madrid inaugura nueva temporada y lo hace reafirmando su posición como uno de los espacios imprescindibles para quienes buscan gastronomía, ambiente y vistas privilegiadas en pleno centro de la capital.

Situado en la octava planta del hotel, RT60 se aleja del concepto clásico de rooftop para convertirse en un punto de encuentro donde cada detalle está pensado para disfrutar del tardeo madrileño. Desde primera hora de la tarde, la terraza comienza a llenarse de una energía relajada que evoluciona al ritmo de la puesta de sol, los cócteles y la música, creando ese ambiente que transforma cualquier día entre semana en un pequeño plan de verano.

Con unas vistas abiertas hacia el Madrid de los Austrias y diferentes espacios que combinan zonas más animadas con rincones pensados para desconectar, el rooftop vuelve a posicionarse como uno de esos lugares a los que siempre apetece volver cuando suben las temperaturas en la ciudad.

Una cocina informal con sabores viajeros y espíritu veraniego

La nueva propuesta gastronómica de RT60 apuesta por una cocina fresca, accesible y muy pensada para compartir. Lejos de una carta excesivamente formal, la terraza propone una selección de platos concebidos para acompañar largas sobremesas, encuentros improvisados o cenas que empiezan con algo ligero y terminan alargando la noche entre amigos.

Los sabores del mar tienen un gran protagonismo en la carta con propuestas como los ceviches de lubina o atún rojo, elaboraciones ligeras y llenas de matices que encajan perfectamente con el ambiente veraniego del espacio. A ellos se suman opciones como el pulpo a la plancha, tacos de ternera melosa o lubina en tempura, en una combinación que mezcla inspiración internacional con un formato desenfadado y muy adaptable al ritmo de este espacio.

También hay hueco para platos más casual y reconocibles, desde hamburguesas hasta quesadillas o guacamole con totopos, pensados para compartir mientras Madrid empieza a caer lentamente bajo la luz del atardecer. Una propuesta gastronómica que entiende perfectamente qué busca el público cuando sube a una terraza.

Cócteles de autor y música para dejarse llevar

Si hay algo que define la experiencia en RT60 Rooftop Bar es su capacidad para convertir el atardecer en un auténtico ritual. La coctelería juega aquí un papel fundamental gracias a una carta de autor que apuesta por mezclas frescas, aromáticas y muy visuales, perfectas para acompañar uno de los momentos más especiales del día.

La propuesta líquida combina perfiles tropicales, cítricos y florales en creaciones como Matcha Colada, Violet Tonic o Spiced Paloma, mientras que opciones más golosas como Cheerscake o Espresso per Favore aportan un punto más divertido y sorprendente a la experiencia. Esta temporada, además, RT60 incorpora una selección especial de spritz elaborados junto a St-Germain, aportando un aire elegante y muy veraniego a la carta.

Más allá de la gastronomía y los cócteles, RT60 ha conseguido consolidar una personalidad propia dentro del circuito de terrazas madrileñas. Música, diseño, una ubicación privilegiada y una atmósfera cuidada hacen que cada visita funcione.

Por MARCO DE PABLOS

Cuando Barcelona abrió el concurso para la rehabilitación de varios edificios del distrito 22@, José María Torralba, Alejandro Ciudad y Carlos Campos decidieron presentar una propuesta conjunta sin imaginar que aquel proyecto acabaría transformándose en algo mucho más determinante que una adjudicación. Lo que comenzó como un ejercicio compartido de intuición terminaría convirtiéndose en el origen de ROTO Estudio, hoy una de las firmas con mayor proyección dentro del panorama nacional arquitectónico.

El concurso —que finalmente no ganaron— permanece, sin embargo, como una pieza fundacional dentro de su trayectoria. “Aunque fue un proyecto que no nos adjudicaron, para nosotros sigue siendo una victoria personal”, explican sus fundadores. “Ha envejecido con una dignidad asombrosa sobre el papel. Volvemos a él constantemente y siempre nos arranca una sonrisa”. Lejos de entender aquella resolución como un fracaso, encontraron en ese proceso una certeza mucho más valiosa: la convicción de que su manera de pensar la arquitectura poseía ya una identidad propia, sólida y honesta.

Fundado en 2021, ROTO Estudio nació precisamente de esa intuición compartida. De comprender que el verdadero éxito no siempre reside únicamente en construir, sino también en ser capaces de sostener una mirada coherente sobre el espacio, la ciudad y la forma de habitar. “Fue el momento en el que entendimos que ROTO no era solo una idea, sino una realidad capaz de generar una arquitectura de la que siempre nos sentiríamos orgullosos”, recuerdan.

– El nombre del estudio es muy esclarecedor. ¿Qué significa para vosotros esa idea de “romper” dentro de la arquitectura?

Para nosotros, en un mundo que se consume a pasos agigantados y donde todo es desechable, romper es, simplemente, perdurar. Parece una contradicción, pero el acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido. Rompemos con la inercia de la obsolescencia. Romper no es un gesto de violencia sobre la forma, sino un compromiso con la resistencia: fracturar esa rueda de consumo frenético para proponer espacios que se mantengan en pie, física y emocionalmente, mientras todo lo demás pasa de largo. En ROTO, romper significa detener el tiempo.

– En un contexto donde la disciplina parece cada vez más ligada a lo inmediato y lo visual, ¿en qué momento sentisteis la necesidad de desafiar a ese modelo?

– Nos negamos a aceptar que la arquitectura tiene fecha de caducidad y nos dimos cuenta de que el sector estaba cayendo en una especie de fast-fashion espacial: proyectos diseñados para el impacto inmediato de un flash, pero que envejecen mal a los cinco años, tanto física como conceptualmente. Fundamos el estudio para perseguir la permanencia. No nos interesa lo que es tendencia hoy, sino lo que seguirá siendo relevante en un futuro. Queríamos romper con ese paradigma de la novedad por la novedad y proponer una alternativa donde el diseño no pase de moda porque no responde a ellas, sino a verdades constructivas y humanas. ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre.

«El acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido»

– Defendéis una arquitectura “sobria, precisa y silenciosa”. En un mundo saturado de estímulos, ¿puede lo silencioso convertirse en un verdadero lujo?

– Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura. Para nosotros, el silencio no es un concepto místico, es una herramienta de libertad. En un mundo saturado que intenta capturar nuestra atención a cada segundo, la arquitectura tiene la responsabilidad de actuar como un paréntesis: un lugar donde nada te invade.

Lo que hoy es verdaderamente escaso es la disponibilidad de uno mismo. Proyectar un espacio silencioso es, en realidad, regalar tiempo al habitante. Una arquitectura sobria y precisa no es una arquitectura vacía, es un escenario que no te impone un estado de ánimo ni te reclama atención constante. Es el valor de lo esencial: crear un refugio donde el ruido del mundo se detiene para que la vida, en su forma más pura y personal, pueda volver a suceder sin interferencias.

– También dais mucho peso al paso del tiempo. ¿Cómo se diseña un lugar pensando en cómo va a vivirse dentro de diez o veinte años?

– Diseñar pensando en el futuro no es intentar adivinar qué pasará en veinte años, sino construir un escenario que sea capaz de abrazar el cambio. Los sueños tienen diferentes plazos y la arquitectura debe ser lo suficientemente generosa para adaptarse a ellos. A veces, proyectamos un lugar sabiendo que es solo una etapa, un refugio para el presente; en esos casos, nuestra misión es exprimir todo el potencial de ese ‘ahora’ para que el cliente lo habite con plenitud. Otras veces, el diseño debe ser más elástico: prever la llegada de un nuevo miembro a la familia, la necesidad de un rincón para el pensamiento o la transformación del trabajo en el hogar. No diseñamos monumentos estáticos, sino estructuras sensibles que aceptan la evolución de quienes las viven. Para nosotros, proyectar a largo plazo es crear una base sólida y honesta que permita que la vida fluya, cambie y se reescriba sobre ella sin que el espacio pierda su sentido.

– Frente a una sostenibilidad muchas veces convertida en discurso, defendéis una postura más crítica basada en construir menos y mejor. ¿Cómo se convence a un cliente de ese enfoque?

– Convencer a un cliente de que construir menos es construir mejor requiere un cambio de perspectiva: pasar de la economía del coste a la economía del tiempo. Es cierto que lo que nace para perdurar exige una inversión inicial distinta, pero si medimos la vida de un edificio en décadas y no en meses, la durabilidad es la única apuesta segura. No hay nada más costoso y menos sostenible que aquello que debe ser reparado o sustituido al poco tiempo. Debemos ser conscientes de que operamos en un mundo de recursos finitos, y no me refiero solo a la materia, sino a la energía que sostiene cada espacio. Nuestra labor es pedagógica: enseñamos que la verdadera sostenibilidad no es un añadido tecnológico, sino una decisión arquitectónica. Al final, la mayor forma de respeto hacia el planeta es crear algo tan preciso y honesto que nadie sienta jamás la necesidad de derribarlo. La renuncia a lo superfluo es, en realidad, una ganancia de libertad y de futuro.

«Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura»

Entre Muros.

Desde esta visión, ROTO Estudio profundiza en las ideas que definen su manera de entender la arquitectura: desde su aproximación a los workplaces —cada vez más protagonistas en las nuevas dinámicas laborales— y al modelo contemporáneo de vivienda, hasta su relación con la ciudad y la forma en la que habitamos los espacios. Una reflexión sobre cómo construir lugares capaces de permanecer, adaptarse y responder de forma honesta a quienes los viven.

-En vuestros proyectos de workplace, la oficina se plantea como un espacio pensado para ser habitado. ¿Cómo creéis que debería evolucionar la arquitectura del trabajo en los próximos años?

– La oficina ya no es un lugar al que se va; es un lugar en el que se habita. Como ocurre en el cine o en la propia literatura, la arquitectura es un espejo de la sociedad, y hoy nuestra sociedad demanda refugio. El futuro del trabajo no pasa por jerarquías rígidas ni por espacios asépticos, sino por la domesticidad. En proyectos como LOOM Home, nuestra obsesión es que el usuario se sienta tan seguro y acogido como en su propio hogar. Crear espacios de oficina ‘domesticados’ significa entender que la productividad nace del bienestar. Necesitamos rincones para ese café que nos reconecta o zonas de descanso que respeten nuestros ritmos biológicos. No estamos diseñando estaciones de trabajo, estamos diseñando escenarios de vida. La arquitectura del trabajo debe evolucionar hacia una sensibilidad donde el espacio nos cuide, permitiéndonos ser más humanos mientras somos profesionales. El verdadero lujo en el workplace hoy es, simplemente, sentirse en casa.

-En vivienda, sin embargo, el enfoque parece aún más íntimo y específico. ¿Cómo evitáis la repetición en un contexto donde muchas soluciones tienden a estandarizarse?

– Evitamos la estandarización mediante un ejercicio de escucha casi antropológica. Cada persona tiene una forma de habitar que es única, un mapa de hábitos que no puede resolverse con soluciones genéricas. Nuestra labor es traducir esas necesidades íntimas en espacios, pero bajo una premisa clara: la buena arquitectura es la que se vuelve silenciosa.

Para nosotros, el éxito de un proyecto reside en que el habitante no note que la arquitectura está ahí porque jamás le pone barreras. Solo nos damos cuenta de que algo está mal diseñado cuando nos incomoda: ese mueble de cocina inaccesible o ese rincón muerto que nunca logras habitar. Proyectamos para eliminar esas fricciones. Buscamos que el espacio fluya de tal manera que el cliente pueda ser él mismo sin obstáculos. Al final, no diseñamos casas para ser admiradas, sino para ser vividas.

Vivienda LDR.

Vivienda LDR.

– Referenciáis a importantes figuras del sector. ¿De qué manera reinterpretáis esas influencias para evitar caer en una estética reconocible o derivativa?

– No miramos a los grandes nombres para calcar sus formas, sino para descifrar el rastro que dejaron. Reinterpretar no es repetir un lenguaje, es heredar una obsesión por la excelencia. No nos interesa el ‘estilo’ de un maestro, que no es más que el residuo del tiempo, sino la pulsión que le llevó a colocar una piedra sobre otra de una manera determinada. Para evitar lo derivativo, buscamos la raíz, no la hoja. Nos fijamos en cómo resolvieron el silencio, en cómo tensaron los materiales o en cómo domesticaron el vacío. La verdadera influencia se siente en la solidez de una decisión bien tomada.

«ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre»

Con una identidad cada vez más definida y una manera de proyectar basada en la coherencia y la permanencia, ROTO Estudio atraviesa ahora una etapa de consolidación y crecimiento estratégico. Nuevos proyectos, distintas escalas y la exploración de otros ámbitos como el retail o la restauración forman parte de una evolución que el estudio aborda sin renunciar a la precisión ni al rigor que han marcado su trayectoria desde el inicio.

– Compartís una visión muy clara desde el inicio. ¿Cómo ha influido vuestra relación previa en la forma en la que trabajáis hoy?

– Nuestra relación es el cimiento de todo lo que construimos. Se basa en un respeto profundo que, con los años, se ha transformado en una suerte de gramática común. No necesitamos grandes explicaciones para entendernos; compartimos una frecuencia que nos permite detectar cuándo una idea tiene la fuerza suficiente para seguir adelante o cuándo debemos descartarla.

Auditorio Santalucía.

Auditorio Santalucía.

– En un momento de crecimiento, ¿cómo se protege esa coherencia inicial frente a la escala, los nuevos encargos y las inevitables presiones del mercado?

– Es un reto constante. Existe una vorágine exterior que parece querer engullirlo todo, pero la combatimos fortaleciendo nuestra mirada común. La coherencia de ROTO no nace de una imposición, sino de un equipo que comparte una misma forma de entender el oficio; eso es lo que nos permite crecer sin desvirtuarnos. Sin embargo, no somos ajenos a la realidad. Los arquitectos no poseemos verdades absolutas. En este momento de expansión, entendemos que nuestro papel es también el de gestores de la realidad de nuestros clientes. El mercado oscila sin pausa y nos obliga a ser flexibles. Ser coherentes hoy no significa ser rígidos, sino tener la lucidez de saber cuándo es necesario parar, reformular y continuar desde un nuevo paradigma que se adecue a la capacidad económica del proyecto. Para nosotros, proteger nuestra esencia es precisamente eso: saber adaptar nuestra precisión a las mareas del mundo real sin renunciar nunca a la honestidad de lo que construimos.

El 22 de mayo se celebra el Día Internacional del Cóctel Paloma y Tequila 1800 lo reivindica con una versión fresca, sofisticada y pensada para dominar terrazas, afterworks y noches largas.

El 22 de mayo no es una fecha cualquiera para los amantes del buen beber: es el Día Internacional del Cóctel Paloma. Un clásico mexicano que ha pasado de receta de bar tradicional a icono global del terraceo con estilo propio.

Su origen se atribuye al legendario bartender Don Javier Delgado Corona, desde su mítico bar La Capilla en Tequila, Jalisco. Desde ahí, el Paloma ha ido ganando calle, barras y reputación hasta convertirse en una de las copas más pedidas del mundo cuando suben las temperaturas. 

1800 Paloma: cuando lo clásico se pone en modo premium

La versión de Tequila 1800 no juega a copiar una receta clásica ni a disfrazarla de tendencia pasajera. Lo que propone es una reinterpretación mucho más refinada de un cóctel que lleva años conquistando barras de medio mundo. El 1800 Paloma se construye sobre una base de tequila 100% agave azul Weber —en versión Blanco o Cristalino para quienes buscan un perfil todavía más premium— y suma zumo de lima fresca, sirope de agave y soda de pomelo para lograr una mezcla fresca, cítrica y perfectamente equilibrada.

La clave está precisamente ahí: en el equilibrio. Tiene la frescura suficiente para convertirse en el cóctel perfecto de tardeo, pero también el carácter necesario para mantenerse como protagonista cuando cae la noche. No resulta empalagoso ni excesivamente dulce; entra limpio, refresca y deja ese punto ligeramente amargo del pomelo que invita automáticamente al siguiente trago.

A nivel visual también juega fuerte. Servido con mucho hielo, borde de Tajín para quienes buscan un giro spicy y coronado con una rodaja de pomelo, el 1800 Paloma tiene ese factor “quiero pedirlo porque queda bien en cualquier mesa” que hoy importa tanto como el sabor. Es sofisticado sin parecer pretencioso y moderno sin perder su esencia mexicana.

La nueva copa de las terrazas

Hay cócteles que requieren ceremonia y otros que simplemente fluyen con el plan. Ahí es donde el 1800 Paloma está encontrando su terreno natural. Se ha convertido en una de esas bebidas que aparecen cada vez más en terrazas, rooftops y cartas de coctelería donde la estética importa, pero el ambiente todavía más.

Su éxito tiene mucho que ver con el momento actual: consumidores que buscan bebidas más ligeras, refrescantes y fáciles de disfrutar, sin renunciar a cierta sofisticación. Frente a combinados más pesados o recetas excesivamente complejas, el Paloma entra como una opción directa, fresca y social. Funciona igual de bien en un afterwork improvisado que en una cena larga o una noche que empieza tranquila y termina sin hora.

Y otro punto a favor: también funciona en casa. Su preparación es sencilla, accesible y rápida, algo que encaja perfectamente con la tendencia de elevar los planes domésticos sin complicarse demasiado. Porque sí, hay cócteles para bartenders expertos… y luego está este, que consigue parecer especial incluso cuando lo improvisas un jueves cualquiera. Y es que el Paloma está más vivo que nunca.

Por Manuel Quintanar

I.

Por sugerencia del profesor Tirado (Filosofía) he podido ver, por primera vez, la película “La parada de los monstruos” (1932) de Tod Browning y producida por Irving Thalberg (Freaks en su versión original). Hay que verla. Aunque sólo sea porque fue objeto de toda suerte de incomprensiones y de censuras, en su momento, en los Estados Unidos. Basada en el cuento corto de Tod Robins “Spurs” cuyo argumento es la venganza de un artista circense con acondroplasia objeto de la manipulación de una trapecista que se casa con él para apropiarse de su fortuna.

II.

Durante años prohibida en el Reino Unido, la Metro Goldwing Mayer cosechó un fracaso de público y crítica especializada. Fue recortada de 90 a 60 minutos con un prólogo y un epílogo felices para poder ser comercializada, debido al, para la época, “mal gusto” y “patologizante cosmos” en el que se desarrolla. Un circo en el que parte de las atracciones del mismo residía en la exhibición y aparente escarnio de las deformidades humanas (“el hombre oruga” sin brazos ni piernas, dos hermanas siamesas, una hermafrodita, enanos y otras malformaciones físicas). Con el paso del tiempo la crítica ha ido decantando el valor de la cinta, aunque lamentablemente se haya perdido el original.

III.

He podido verla con mis alumnos y celebrar un debate o cineforum a propósito de la misma. Lo repetiría. Alguna alumna ha compartido la misma sensación que motivó la lacerante crítica inicial por descarnada o, si se quiere, “escandalizante”. Algún otro lo ha conectado con el debate en torno a la monstruosidad. Es decir, la alteración del “orden” de la naturaleza en contados casos en la especie humana. Respecto de la idea “orden”, “ordenación”, “causalidad” y “fines” el debate debiera haberse celebrado en el aula de filosofía de la naturaleza. Otros se han fijado en la época en que fue realizada, años 30 del siglo XX, desarrollo de la eugenesia en Inglaterra e incipiente auge del nazismo. Por último, los que, con mayor atención al sentimiento de humanidad han querido ver el paradigma del alma humana como conectada con la dignidad propia de la persona al margen de la materia corruptible (el cuerpo).

IV.

En cualquier caso, me parece, aunque no lo piense y diga yo, sino la mayor parte de la crítica reciente, sobre todo a partir de los años 90 en que fue homenajeada por la Mostra de Cinema de Venezia, una obra maestra, de culto, pero muy alejada del género terror en el que desafortunadamente se la encasilló, sino en el género, si se quiere, drama o tragedia. Sugerente en todos los ámbitos de la vida. El mundo de los valores, el alma humana, los fines de la vida, el amor unido al sufrimiento, la codicia y los vicios morales en contraste con las virtudes en este caso del lado de la solidaridad de los más débiles en defensa de la dignidad de cualquier persona, los avances de la ciencia médica como genocidas en prácticas eugenésicas y abortivas. El genocidio silencioso, que no se ve, porque la estética de la realidad del sufrimiento ofende, y ésta debe ser aniquilada.

V.

El “monstruo”, término que se ha usado en la filosofía clásica desde Grecia y Roma, ya superado y desterrado, habita en cada uno de nosotros cuando no vemos en cada persona lo que realmente es por el hecho de serlo. A mí se me ocurren unos cuantos acreedores de este título ya propio de película de terror. Como epílogo diré que el “hombre oruga” o “torso viviente”, Prince Randian, tuvo cuatro hijos, uno de ellos su ayudante profesional, todos ellos sin ninguna anomalía, igual que su mujer con la que estuvo hasta su muerte. Johny Eck, en la cinta el “medio hombre”, parecía que su cuerpo terminase en la cintura, pero padecía una agenesia sacra, teniendo piernas y pies minúsculos y atrofiados, fue un brillante músico, fotógrafo, ilusionista, pintor y completó una vida plena. De modo que, repito, acaso el “monstruo” soy yo.

Casa Decor cierra este domingo sus puertas y, entre decenas de espacios impecablemente ejecutados, materiales nobles, cocinas soñadas y baños donde uno podría perfectamente plantearse empezar una nueva vida, en FEARLESS hemos hecho lo que más nos gusta: seleccionar desde la emoción. Porque no siempre lo más grande es lo más memorable. Ni lo más caro, lo más sexy. Ni lo más fotografiado, lo más inteligente.

Nos interesan los espacios que construyen atmósferas. Los que cuentan historias. Los que entienden que el lujo contemporáneo ya no consiste en impresionar, sino en provocar sensaciones.

Doce espacios que nos han hecho parar, mirar y, en algunos casos, quedarnos bastante más de la cuenta.

Neolith por PersonalK

“Entre superficies y palabras” propone un espacio donde el lujo se redefine como calma y contemplación. Concebido por Neolith y PersonalK, este salón sugiere la sensación de un lugar donde el tiempo se suspende, invitando a leer, pensar, escuchar música o simplemente estar. Su carácter singular reside en esa dualidad sutil entre lo nuevo y lo nostálgico, como si cada superficie guardara una memoria silenciosa. En este entorno, el verdadero privilegio no es lo material, sino la posibilidad de detenerse y habitar el tiempo con plenitud.

Technogym por Ruiz Velázquez Architecture & Design

“Sand Stone. Arquitectura para el cuerpo” redefine la relación entre bienestar y deseo, desplazando la idea del esfuerzo como castigo hacia una experiencia más sensorial y contemporánea. En este entorno ideado por Technogym y Héctor Ruiz, el cuerpo deja de disciplinarse para empezar a habitarse con placer. El espacio se transforma en una arquitectura emocional donde el movimiento no responde a la culpa, sino a la atracción, alejándose del gimnasio tradicional como lugar de penitencia para acercarse a una visión más íntima y consciente del autocuidado.

Geberit x Zooco

«Lo invisible» del Espacio Geberit x Zooco, pone en valor una sofisticación que no necesita mostrarse para existir. Lo verdaderamente inteligente se oculta tras el tabique, donde la arquitectura deja de ser solo forma visible para convertirse en sistema silencioso que hace posible la vida cotidiana. En este espacio, lo invisible no es ausencia, sino precisión: instalaciones, flujos y soluciones técnicas que desaparecen de la vista para permitir que todo lo demás ocurra con naturalidad. Una idea de lujo discreto que no busca protagonismo, sino sostener, con elegancia invisible, aquello que damos por hecho.

Doimo Cucine

“La cocina como impronta”, creado por el equipo de DOIMO CUCINE, redefine este espacio como un escenario cotidiano donde suceden las conversaciones más importantes. Minimalista, cálida y con una elegancia profundamente italiana, la propuesta entiende que la cocina ha dejado de ser únicamente un lugar funcional para convertirse en un núcleo emocional del hogar. Aquí se cocina mucho más que alimentos: se elaboran vínculos, decisiones y recuerdos. Un pequeño parlamento sentimental donde la vida diaria se organiza entre gestos, palabras y silencios compartidos.

Espacio ESs, Interiores. Estudio Sandra Antón

“Cobalto. The Lobby”, un espacio construido por ESS Interiores y el Estudio Sandra Antón, imagina el lobby como un lugar al que uno entraría incluso sin tener reserva, solo por el deseo de permanecer. En esta propuesta, el lujo hotelero se vuelve narrativo, con una estética que mezcla exotismo contenido y una nostalgia cuidadosamente construida. Todo respira un aire editorial y cosmopolita, como si el espacio estuviera pensado tanto para ser vivido como para ser fotografiado. “Cobalto” no solo recibe: envuelve, sugiere y transporta, con esa elegancia ligeramente irónica de quien podría perfectamente pedir un Negroni incluso a media mañana.

Tarimatec x AIA

“Estratos”, un espacio imaginado por Tarimatec x AIA, plantea el wellness no como tendencia, sino como una experiencia espacial profundamente sensorial. A través de una arquitectura construida en capas, el proyecto articula el recorrido, la luz y la materia como si fueran parte de una misma respiración. Más que un baño, “Estratos” se percibe como una secuencia emocional cuidadosamente coreografiada, donde cada transición invita a una forma distinta de calma, transformando lo cotidiano en un ritual silencioso de bienestar.

SixtyPro

“Savia”, de SIXTYPRO, propone un ambiente más físico y emocional. Con una presencia material marcada por la textura, el peso y la autenticidad, el proyecto se construye a partir de madera, cobre y tonos tierra que evocan una conexión directa con lo esencial. Aquí, la idea de tendencia pierde relevancia frente a la noción de permanencia, dando lugar a una estética sobria y atemporal donde lo importante no es lo efímero, sino aquello que permanece y se integra con la vida con naturalidad.

AITEX por Paccieri Studio

“The Listening Bar”, un lugar concebido por AITEX x PACCIERI STUDIO, parte de una idea tan simple como inusual hoy: un lugar pensado para escuchar. En este contexto, el diseño se convierte en una experiencia auditiva, emocional y casi ritual, donde el sonido estructura la forma de habitar. Lejos de la sobreestimulación contemporánea, el proyecto reivindica los tiempos lentos, la sensualidad contenida y un lujo que no necesita imponerse ni elevar la voz para ser percibido. Un espacio que no compite por atención, sino que la afina.

Jacob Delafon por U Interior Design

En “Aether”, la estética se despliega de forma contenida, serena y profundamente elegante, construyendo un baño que no busca impresionar, sino acompañar. Todo en el espacio parece estar pensado para bajar el ritmo: la luz, los materiales y la composición invitan a respirar mejor, a desacelerar y a dejar fuera lo innecesario, incluso esos mensajes irrelevantes que llenan el día. Una seducción discreta que no exige atención, sino calma.

JYSK x Sudio MO

“Porque también hay interiores capaces de contar biografías”, el espacio “La del patio”, creado por JYSK x Studio MO, construye una atmósfera íntima, doméstica y casi cinematográfica. Aquí, la memoria, la tradición y la contemporaneidad conviven con una naturalidad cuidadosamente equilibrada, como si cada elemento formara parte de una historia que ya ha sido vivida. El resultado es un interior que no solo se habita, sino que también se lee: un escenario silencioso donde las capas del tiempo se superponen sin estridencias, revelando una biografía hecha de gestos cotidianos y detalles persistentes.

Nuet Ceramics por Mayice

La sensualidad de la honestidad material, de Nuet Ceramics por Mayice, se despliega en “Al desnudo” como una declaración de principios: el minimalismo no tiene por qué ser frío. El proyecto celebra la cerámica, la estructura y la luz en su estado más esencial, revelando una belleza directa, sin artificios ni ornamentos innecesarios. Aquí, cada elemento se muestra tal como es, sin maquillaje ni sobre explicaciones, confiando en la fuerza de lo auténtico para construir una estética serena, honesta y profundamente sensorial.

Impar Grupo

“El viaje del humo”, de IMPAR GRUPO, se imagina como el club donde probablemente terminaría ocurriendo algo interesante. Con una teatralidad medida, una atmósfera envolvente y una sensualidad casi clandestina, el espacio construye una narrativa donde cada rincón parece sugerir un acontecimiento posible. Aquí, el diseño no se limita a acompañar la experiencia, sino que la activa y la provoca, generando un entorno cargado de intención, misterio y deseo contenido. Un lugar donde lo visual, lo sonoro y lo emocional se entrelazan hasta hacer que la noche parezca siempre a punto de empezar.

No todos los espacios necesitan ser estridentes para resultar memorables, ni todas las propuestas llamativas permanecen en el recuerdo. Pero estos doce sí lo hacen. Lo consiguen a través de una construcción cuidada de atmósfera, concepto y experiencia, donde el diseño no se basa en el impacto inmediato sino en la coherencia del conjunto. Son proyectos que trabajan la contención, la materialidad y la narrativa espacial para generar interés sostenido más allá de lo visual. ¡Aún están a tiempo!

La creación para Gabrielle Chanel siempre fue un misterio íntimamente ligado a la libertad. Una libertad entendida como la capacidad de recorrer su mundo interior, hecho de recuerdos, viajes, encuentros e intuiciones, para transformarlo en símbolos que, con el tiempo, se convertirían en su propio lenguaje de elegancia. Esa visión es el punto de partida de la nueva colección de Alta Joyería de CHANEL: Signes & Symboles.

La Maison reinterpreta algunos de los emblemas más personales de su fundadora —la camelia, la estrella, el sol y el león— y los traduce en un universo de 85 piezas donde la memoria se convierte en forma y la identidad en diseño. Estos símbolos, presentes tanto en su biografía como en sus espacios vitales como el apartamento de la rue Cambon o la villa La Pausa, se elevan aquí a un lenguaje contemporáneo de Alta Joyería.

Un lenguaje entre arte, geometría y libertad creativa

La colección se construye como un diálogo entre pasado y presente, en el que CHANEL explora una visión de la joyería más libre y artística. Lejos de los códigos clásicos, Signes & Symboles combina referencias a la Antigüedad y al arte bizantino con una estética opulenta y profundamente estructurada. Los volúmenes escultóricos conviven con composiciones geométricas precisas, donde la simetría vertical y horizontal organiza el ritmo de collares, anillos y broches.

El uso del color y de las gemas excepcionales es otro de los pilares fundamentales de la colección. Zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes —las llamadas “cuatro gemas nobles”— protagonizan piezas de gran complejidad técnica. A ellas se suma una paleta cromática intensa y deliberada: azules profundos, rojos vibrantes, verdes luminosos, naranjas, amarillos y rosas que construyen un lenguaje visual propio de la Maison.

Los símbolos convertidos en joya

En este universo, los grandes símbolos de Gabrielle Chanel adquieren una nueva dimensión. El león, emblema de fuerza y protección, se materializa en piezas donde conviven diamantes, rubíes y ónix en composiciones de gran impacto visual. La camelia se transforma en una flor de precisión casi arquitectónica, reinterpretada en diamantes y saphirs rosas. La estrella y el sol aparecen como amuletos luminosos, joyas que evocan energía, guía y movimiento dentro del imaginario de la colección.

Más allá de su valor estético, la propuesta introduce una lectura más íntima de la joyería: la de las piezas concebidas como talismanes. Collares, anillos y colgantes articulan símbolos en oro, piedras de color y diamantes, planteando joyas que pueden llevarse de forma individual o en combinación, reforzando la idea de libertad y modularidad.

Con Signes & Symboles, CHANEL presenta mucho más que una colección de Alta Joyería. Propone una relectura contemporánea de su propio origen creativo, donde la herencia se transforma en lenguaje y los símbolos de Gabrielle Chanel siguen evolucionando como un sistema vivo de expresión estética.

Venecia suma un nuevo motivo para escaparse a la ciudad de los canales. En pleno centro histórico, a pocos pasos de la Piazza San Marco y del Teatro La Fenice, el hotel de cinco estrellas Nolinski Venezia, perteneciente a la colección Evok, incorpora una nueva firma gastronómica de referencia: el legendario restaurante genovés Zeffirino.

Fundado en 1939 en Génova, Zeffirino desembarca en la laguna veneciana con una propuesta que une tradición, producto y memoria culinaria. La apertura supone un nuevo capítulo para una casa histórica que ha servido a personalidades internacionales y que mantiene intacta su identidad a través de generaciones de la familia Belloni.

Un viaje gastronómico desde Génova hasta Venecia

La llegada de Zeffirino a Nolinski Venezia no es solo una apertura, sino un diálogo entre dos formas de entender la hospitalidad italiana. Por un lado, la sofisticación contemporánea del hotel veneciano; por otro, la tradición ligur de una cocina basada en el respeto absoluto al producto y a las recetas originales.

En este nuevo espacio, la propuesta gastronómica se centra en la cocina genovesa más auténtica, con una fuerte presencia de elaboraciones artesanales y pasta fresca elaborada a diario dentro del propio restaurante. La carta reivindica el sabor como eje central, sin artificios, apostando por la pureza de las materias primas.

El pesto como ritual: la esencia de la casa Belloni

Si hay un elemento que define la identidad de Zeffirino es su emblemático pesto genovés, considerado por muchos como uno de los más reconocidos de Italia. Elaborado con albahaca de Prà, Parmigiano Reggiano, pecorino, piñones, ajo y aceite de oliva virgen extra, sigue el método tradicional: todo se machaca en mortero de mármol.

En Venecia, este ritual gastronómico se traslada incluso a la sala, donde el pesto se termina de preparar frente al comensal en un carrito especial. Un gesto que refuerza la dimensión escénica y artesanal de la experiencia.

Platos icónicos de la tradición ligur

La carta de Zeffirino en Venecia reúne algunas de las recetas más representativas de la casa, todas ellas vinculadas a la cocina del norte de Italia, como las trofie al pesto, emblema absoluto de la cocina ligur; los paffutelli alla Frank, raviolis creados en homenaje a Frank Sinatra; la focaccia di Recco, una de las especialidades más icónicas de Liguria; el branzino al sale, lubina cocinada en costra de sal; y el gelato al pistacchio, preparado al momento con pistachos caramelizados. Cada uno de estos platos refuerza la idea de una cocina transmitida de generación en generación, donde la técnica y la memoria familiar ocupan un papel esencial.

Dos espacios, una misma filosofía

La experiencia de Zeffirino en Venecia se divide en dos conceptos complementarios dentro de Nolinski Venezia.

En la tercera planta, Zeffirino Ristorante representa la versión más elegante y gastronómica del proyecto. Es un espacio centrado en el servicio de comidas, donde la cocina se presenta en su forma más refinada y ceremonial.

En la planta baja, Il Caffè Zeffirino ofrece una interpretación más relajada y social. Con un ambiente más informal alrededor del patio interior del hotel, funciona como un punto de encuentro para distintos momentos del día, manteniendo siempre la esencia de la hospitalidad italiana.

Una nueva parada en el mapa gastronómico de Venecia

Con esta apertura, Zeffirino refuerza su presencia internacional sin renunciar a su origen genovés. La llegada a Venecia representa un equilibrio entre tradición y expansión, donde la cocina ligur encuentra un nuevo escenario en una de las ciudades más icónicas del mundo.

En la intersección entre historia, producto y lugar, Nolinski Venezia se convierte así en el nuevo hogar de una de las casas más emblemáticas de la gastronomía italiana.

Por MARCO DE PABLOS

En plena Milla de Oro madrileña se esconde otra milla menos conocida, la gastronómica, cuyo epicentro se encuentra en la calle Jorge Juan y sus confluencias. La principal de ellas: el callejón de Puigcerdà. Allí, en uno de los edificios que conforman este pequeño enclave convertido ya en referencia culinaria de la capital, se alza ÁRDIA, el proyecto con el que Nazario Cano regresa al lugar donde comenzó una parte decisiva de su trayectoria.

Han pasado veinticinco años desde que el chef asumiera por primera vez la jefatura de cocina en el desaparecido restaurante Amparo, también ubicado en ese emplazamiento. Desde entonces, su carrera lo ha llevado por distintos destinos hasta regresar a su tierra natal, Alicante, donde también dirige la propuesta gastronómica del resort Ritual de Terra Moraira. Pero su vuelta a Madrid solo podía producirse aquí, en el mismo enclave que acompañó su crecimiento profesional y al que ahora retorna reivindicando una cocina de raíz tradicional, apoyada en el gran recetario español y en el producto nacional de primer nivel.

El que tuvo retuvo

El proyecto, que abrió sus puertas el pasado mes de diciembre, desarrolla un universo culinario y experiencial con identidad propia. Para ello, Cano se ha reencontrado en los fogones con el chef Víctor Vila después de nueve años de trayectorias separadas. Juntos articulan una propuesta sustentada en una cocina sabrosa, clásica y profundamente vinculada al producto de temporada, donde los guisos, los platos de cuchara y los arroces —tanto secos como melosos, en claro guiño a sus raíces valenciana— conviven con elaboraciones terminadas a la brasa.

Las dos primeras plantas del espacio están destinadas al restaurante. La planta baja, concebida como homenaje a las tradicionales vermuterías madrileñas, funciona como punto de encuentro para el aperitivo y el picoteo informal, con propuestas que van desde gildas, quesos, salazones, anchoas y embutidos hasta opciones más sofisticadas como ostras y caviar, acompañadas por vermut de barrica y una reinterpretación propia del clásico Yayito madrileño. Todo ello en un espacio con cocina ininterrumpida desde el mediodía hasta la medianoche y terraza a pie de calle.

Una carta con sabor a tradición

Entrando en materia, ÁRDIA apuesta por una cocina reconocible y muy centrada en el producto, donde la tradición se revisa con cierta sofisticación, pero sin perder el sabor. Entre los entrantes destaca el brioche de tartar de atún rojo, uno de esos platos que sorprenden más en boca que a simple vista, gracias a la intensidad y equilibrio de sus matices, con especial predominio del atún y un riquísimo brioche, que no es tan fácil como puede parecer. También resulta especialmente llamativo el salpicón de bogavante, una de las sugerencias del chef, tanto por su apariencia estética (de lo más fotogénica) como por su frescura.

La huerta tiene igualmente un papel importante dentro de la carta. La coliflor a la brasa con hummus de burrata es uno de los platos más inesperados y recomendables, capaz de transformar por completo un producto aparentemente sencillo y raramente apetecible. A ello se suman opciones como las alcachofas fritas con salsa romescu, la ensalada de tomates con brócoli frito o las setas al ajillo.

Imprescindibles son también sus arroces, pensados para compartir y muy ligados a las raíces levantinas del fundador. Los hay para todos los gustos: desde propuestas más contundentes con lomo de vaca madurado hasta versiones marineras con bogavante o alcachofas.

En el apartado de carnes sobresale el rabo de toro guisado al vino tinto con parmentier de patata, especialmente meloso y tierno, además del pollo coquelet relleno de trufa y foie con setas de temporada y cebollitas. También destacan el cochifrito o el canelón de cocido con setas y trufa, otro de los imprescindibles de la casa. Entre los pescados, el rigatoni de lenguado a la meunière se posiciona como uno de los grandes aciertos de la carta y una recomendación obligada. Completan la propuesta el risotto de calamar o la merluza en salsa verde con kokotxas y almejas.

Los postres mantienen ese equilibrio entre tradición y creatividad. Desde la clásica tarta de queso, reinterpretada aquí con burrata y trufa rallada al momento, hasta propuestas más frescas como los crepes de pistacho, melón, hierbabuena y limón o el arroz con leche y coco. Para los más clásicos tampoco faltan la tarta de chocolate o la carrot cake.

La propuesta líquida corre a cargo del maître y sumiller João Silva, responsable de una bodega con más de un centenar de referencias en la que predominan los vinos nacionales, acompañados de algunas etiquetas internacionales procedentes de países como Francia o Argentina.

ÂM-BAR: El secreto mejor guardado

El ático de ÁRDIA se convierte en uno de los secretos mejor guardados de la temporada en Madrid. Bajo el nombre de ÂM-BAR, este cocktail floor ocupa la terraza superior del restaurante y propone un viaje líquido por la geografía española a través de una carta de siete cócteles inspirados en distintas regiones —Madrid, Galicia, Asturias, Castilla, Alicante, Andalucía y Canarias—, firmados por el mixólogo Alonso Serrano. A esta propuesta se suma una selección de clásicos y una cuidada bodega de destilados con más de sesenta referencias.

Con la llegada del buen tiempo, el espacio se perfila como uno de los grandes focos de actividad del proyecto, especialmente gracias a su terraza exterior, pensada para disfrutar de la propuesta al aire libre. De miércoles a sábado, a partir de las 21.00 horas, el rooftop cobra vida con sesiones de DJ en directo, consolidando su carácter de punto de encuentro entre gastronomía, coctelería y ocio nocturno.

La programación se amplía con diferentes propuestas experienciales, como los martes de whisky, sesiones de degustación guiada en torno a etiquetas como Hibiki, Macallan o Laphroaig, o los jueves de Champagne & Afterwork, una cita que invita a alargar la tarde con cócteles de autor, champagne y una selección gastronómica firmada por Nazario Cano, siempre acompañada de música en directo hasta la medianoche. A ello se suma el acceso a una cava de puros en el propio rooftop.

Entre las activaciones más destacadas de la temporada se encuentra también la llegada, por tiempo limitado, de Maguro Gishiki, el pop-up japonés que el chef dirige en el resort Ritual de Terra Moraira y que aterriza por primera vez en Madrid. Desde finales de abril hasta julio, el espacio acogerá una barra nikkei en la que se elaborarán en directo tiraditos, ceviches y nigiris, siempre bajo la mirada creativa de Cano y condicionados por el mejor producto fresco.

ÁRDIA se suma a la nueva energía gastronómica del callejón de Puigcerdà con una propuesta que combina cocina, producto y experiencia en un mismo espacio. Desde sus fogones hasta su terraza, el proyecto de Nazario Cano invita a descubrir una cocina de sabor reconocible y una forma distinta de entender el disfrute. Una excusa perfecta para acercarse, quedarse y volver.

El icónico queso italiano vive uno de sus mejores momentos en España y reivindica su versatilidad más allá de la pasta, conquistando desde restaurantes Michelin hasta bistrós de moda

Hay pocos productos capaces de moverse con naturalidad entre un menú degustación de alta cocina y una propuesta informal pensada para compartir. Parmigiano Reggiano es uno de ellos. El histórico queso italiano, considerado uno de los grandes emblemas gastronómicos de Italia, atraviesa además un momento especialmente relevante en España, donde continúa creciendo tanto en consumo como en reconocimiento gastronómico.

Lejos de quedar reducido al papel de queso rallado para platos de pasta, Parmigiano Reggiano se reivindica hoy como un ingrediente transversal capaz de aportar profundidad, textura y complejidad aromática en contextos culinarios muy distintos. Ese ha sido precisamente el mensaje que el Consorcio Parmigiano Reggiano ha querido trasladar en Madrid a través de dos encuentros gastronómicos celebrados en espacios radicalmente diferentes: el restaurante VelascoAbellà, con una estrella Michelin, y Tribeca Bistro, uno de los locales más dinámicos del panorama madrileño actual.

De la Edad Media a la cocina contemporánea

La historia de Parmigiano Reggiano explica buena parte de su singularidad. Su origen se remonta a la Edad Media, hace más de nueve siglos, cuando los monjes de la región italiana de Emilia-Romaña desarrollaron un queso de gran formato pensado para soportar largas conservaciones. Nacía así un producto elaborado únicamente con leche, sal y cuajo que, siglos después, sigue produciéndose bajo prácticamente los mismos métodos artesanales.

Hoy, su elaboración continúa protegida por la Denominación de Origen Protegida (DOP), que obliga a producirlo exclusivamente en las provincias de Parma, Reggio Emilia y Módena, además de determinadas zonas de Mantua y Bolonia. Todo el proceso —desde la alimentación de las vacas hasta la maduración mínima de 12 meses— debe realizarse dentro de esta área concreta del norte de Italia.

Esa fidelidad al origen es una de las claves de su prestigio internacional y también uno de los motivos por los que el consumidor español muestra cada vez más interés por el producto auténtico. España se ha consolidado ya como el séptimo país del mundo que más Parmigiano Reggiano importa, mientras las exportaciones continúan creciendo y la demanda internacional supera ya la mitad de las ventas totales del Consorcio.

Un queso capaz de cambiar según su maduración

Parte de la versatilidad de Parmigiano Reggiano reside en sus distintos tiempos de maduración. Los quesos más jóvenes, entre 12 y 19 meses, presentan perfiles delicados y lácteos con notas de yogur y mantequilla, ideales para aperitivos o platos frescos. A medida que avanza la maduración aparecen aromas más complejos, con recuerdos de frutos secos, especias, heno o caldo.

Las versiones más envejecidas, de más de 36 o incluso 45 meses, desarrollan matices intensos de cuero, tostados o setas secas, convirtiéndose en quesos de degustación casi contemplativa. Esta evolución aromática permite que Parmigiano Reggiano funcione tanto en elaboraciones sencillas como en platos de gran complejidad técnica.

De un Michelin a un bistró

En VelascoAbellà, el restaurante de Óscar Velasco y Montse Abellà, Parmigiano Reggiano ha servido como hilo conductor de una propuesta gastronómica centrada en el diálogo entre distintas maduraciones del queso y diferentes armonías con vino. Como ejemplo de esa interpretación gastronómica, el restaurante ofrecerá durante un mes una sopa fría de verduras, berberechos y lascas de Parmigiano Reggiano de 30 meses, un plato que explora el lado más elegante y umami del producto sin perder frescura.

Pero el queso italiano también ha demostrado su capacidad de adaptación fuera de la alta cocina. En Tribeca Bistro, Parmigiano Reggiano se ha integrado en una propuesta mucho más desenfadada a través de unos chips de berenjena crujientes con salsa pomodoro y espuma de Parmigiano Reggiano de 24 meses, una receta pensada para compartir y conectada con una gastronomía urbana y contemporánea.

Mucho más que un queso para pasta

La capacidad de Parmigiano Reggiano para integrarse en distintos estilos de cocina responde también a su propio método de producción. Elaborado exclusivamente con leche cruda y sin aditivos ni fermentos añadidos, el queso desarrolla de forma natural una complejidad aromática que lo convierte en un ingrediente extremadamente versátil.

Además, su larga maduración y el trabajo de las bacterias lácticas hacen que sea naturalmente sin lactosa, una característica cada vez más valorada por el consumidor actual.

Más allá de la cocina, Parmigiano Reggiano también ha encontrado un espacio creciente en el mundo del maridaje. Dependiendo de su afinidad aromática y de su maduración, puede acompañarse tanto de vinos blancos y tintos como de champagne o incluso cócteles clásicos como el Negroni o el Paloma.

Nueve siglos después de su nacimiento, Parmigiano Reggiano sigue demostrando que la tradición y la versatilidad no solo son compatibles, sino que pueden convertirse en la receta perfecta para seguir conquistando nuevas generaciones de consumidores.