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Berria cumple cinco años desde su apertura frente a la Puerta de Alcalá y lo conmemora con una serie de acciones que incluyen un menú especial fuera de carta, catas y propuestas en torno a su bodega. El restaurante, consolidado como uno de los referentes gastronómicos y vinícolas de la capital, refuerza así una propuesta basada en la cocina de producto y en una de las vinotecas más amplias de Madrid, con más de 3.000 referencias y una importante selección de vinos por copas.

Un concepto consolidado en el circuito gastronómico madrileño

Durante este lustro, Berria ha desarrollado una propuesta que combina restaurante y wine bar, con cocina ininterrumpida y una oferta adaptada a distintos momentos del día. Su posicionamiento le ha permitido integrarse en el circuito gastronómico de la ciudad y figurar entre los restaurantes recomendados en la Guía Repsol.

La propuesta se articula en torno a la cocina de producto y a una experiencia centrada en el vino, con una bodega que reúne referencias de distintos orígenes y cosechas. A lo largo de estos cinco años, el restaurante ha incluido más de 7.300 referencias en carta, procedentes de 28 países y 198 variedades de uva, y ha servido más de 1.700 vinos por copa.

Un menú especial para celebrar el aniversario

Con motivo de la celebración, Berria incorpora a su oferta habitual un Menú Aniversario que reúne algunos de los platos más representativos de su carta junto a una selección de vinos. Este menú se presenta en tres formatos con precios de 60 €, 75 € y 95 €.

Entre las elaboraciones incluidas se encuentran platos como la patata chip con anchoa y velo ibérico, las croquetas de jamón ibérico, las albóndigas en salsa de cocido madrileño o el pepito de solomillo de ternera en formato katsu sando. La propuesta gastronómica se acompaña de un maridaje con los vinos más demandados durante estos cinco años, seleccionados por el equipo de sumilleres.

Acciones especiales en torno al vino

Además del menú, el aniversario incluye distintas iniciativas dirigidas a los aficionados al vino. Durante el mes de marzo, los clientes podrán acceder a una selección de vinos especiales a precios reducidos, así como a propuestas como el brunch del restaurante o los viernes dedicados a grandes formatos.

Estas acciones se enmarcan en el crecimiento del proyecto, que ha consolidado una comunidad de clientes y ha reforzado su posicionamiento como espacio especializado en vino dentro de la oferta gastronómica de Madrid.

El papel del equipo de sumilleres

Uno de los elementos diferenciales del restaurante es su equipo de sumilleres, dirigido por Mario Ayllón. Este grupo se encarga de guiar al comensal en la elección del vino, aportando distintos enfoques y criterios en función de cada visita. La experiencia en Berria se construye así como un recorrido en el que el vino adquiere un papel central, complementando una propuesta gastronómica que apuesta por el producto y por un servicio especializado.

Por KATY MIKHAILOVA
Qué suerte (y no es una frase hecha) de poder desaparecer un miércoles cualquiera en el corazón de Chamberí y entrar en un lugar donde todo está pensado para que el tiempo deje de importar.

Pilar Akaneya (C/ Espronceda, 33) no es solo un restaurante. Es casi un ritual. Un pequeño Kioto en Madrid, donde la gastronomía japonesa se vive desde la raíz, con una propuesta estacional que se va transformando a lo largo del año.

Siete mesas. Solo siete. Como si alguien hubiera decidido que el lujo no está en tener más, sino en que pase menos… pero mejor. Siete mesas para apenas 23 comensales, en un espacio concebido para que cada detalle tenga sentido y cada gesto sea parte de la experiencia.

Desde el primer gesto (cuando te descalzas, te ofrecen unas zapatillas y dejas fuera el ruido del mundo) empieza algo que no es exactamente una cena. Es otra cosa. Más lenta. Más consciente. Más íntima. Un recibimiento que forma parte de la tradición japonesa, con ese momento casi ceremonial de la toalla caliente como símbolo de purificación, mientras el equipo te introduce en la historia y el concepto del lugar.

Fui con Luis María Díaz de Bustamante (autor de El viudo, Planeta), y los dos tuvimos la misma sensación: aquí no vienes a comer, vienes a escuchar el sabor.

Porque todo sucede con una precisión casi emocional. El carbón encendido, la carne que se trabaja delante de ti, el instante exacto en el que decides cómo quieres ese bocado. El juego entre fuego y tiempo. El gesto de cocinar tu propia pieza, casi como un hot pot japonés, pero llevado a una dimensión más silenciosa, más elegante (una experiencia ligada al sumibiyaki, la técnica japonesa de cocción a la brasa que define la esencia del lugar).

Y luego el arroz. Siempre el arroz. Ese acompañante que en realidad sostiene todo. O platos como la anguila estilo Kanto (124,90 euros dentro del Menú Fukuroi), cocinada a baja temperatura y terminada a la brasa con una salsa secreta, servida sobre arroz en un tradicional masu japonés, que elevan la experiencia más allá de la carne.

La experiencia gira alrededor del Kobe y del Matsusaka (procedente de Ito Ranch) como si fueran más que carne: como si fueran memoria, cultura, obsesión por el detalle. Cada corte es una excusa para detenerte. Para no hablar. Para simplemente estar. Incluso el maridaje se plantea como una extensión de la experiencia (con opción de añadirlo por separado), permitiendo al comensal personalizar aún más el recorrido. Para quienes buscan una experiencia más completa, el Menú Sansekai (195 euros) propone una inmersión más amplia dentro del universo del sumibiyaki.

Hay algo profundamente bello en ese silencio. En ese “ruido del sabor” que aparece cuando todo lo demás desaparece. En ese concepto de omotenashi (la hospitalidad japonesa llevada al extremo) donde la serenidad, la elegancia y la atención al detalle no son discurso, sino práctica constante.

Sales de Akaneya con la sensación de que durante unas horas el mundo ha ido más despacio. Y de que, quizás, así debería ser más a menudo. Un pequeño Kioto en Chamberí, donde la gastronomía se convierte en una forma de detener el tiempo.

El restaurante Sessions del mítico Hard Rock Hotel Madrid, ubicado en el número 17 de la Ronda de Atocha, inicia una nueva etapa gastronómica con una carta completamente renovada que amplía su propuesta sin perder su identidad. La idea es clara: platos pensados para compartir, sabores reconocibles pero con personalidad y una experiencia que encaja con el espíritu del hotel. La nueva oferta se construye sobre tres pilares que definen el concepto del restaurante: mantenerse fiel al estilo Hard Rock que impregna el espacio, incorporar un marcado toque castizo y apostar por una cocina hecha íntegramente en casa. El resultado es una carta versátil que combina referencias internacionales con guiños muy madrileños.

Tres pilares para una carta con personalidad

La nueva propuesta de Sessions se apoya en tres pilares: mantener el espíritu Hard Rock, incorporar un toque castizo y apostar por una cocina hecha en casa. El resultado es una carta que combina referencias internacionales con platos muy reconocibles de la tradición madrileña.

Ese guiño local se percibe especialmente en los entrantes, donde aparece un pequeño recorrido por el tapeo más castizo, muy en línea con la oferta gastronómica del vecindario en el que se ubica el hotel. No faltan las gildas —con boquerones o anchoas—, la ensaladilla rusa o las clásicas croquetas de jamón, pensadas para abrir boca y compartir.

A este apartado se suman otros “picoteos madrileños”, como la tabla de jamón ibérico con tomate rallado y picos de pan, las patatas bravas con alioli de ajo negro, los torreznos sobre patata revolcona o el calamar frito con alioli y lima.

Junto a ellos conviven propuestas con guiños más internacionales, como los Nachos Overdrive con carne desmechada casera, guacamole y salsa de queso o las croquetas de mac & cheese, que completan una carta pensada para compartir y disfrutar sin demasiadas reglas.

El horno Josper, el gran protagonista

Si hay un elemento que define la cocina de Sessions es el horno Josper. Este horno de carbón se convierte en el auténtico motor de la cocina y en el responsable de ese toque ahumado que marca buena parte de la carta.

Gracias a él, muchas de las carnes alcanzan un punto especialmente intenso, desde cortes como el entrecot hasta elaboraciones más informales como hamburguesas o tacos de ternera que ganan profundidad de sabor gracias al paso por las brasas.

Las hamburguesas son, de hecho, uno de los grandes platos estrella de la casa. Se elaboran con carnes seleccionadas y pan brioche, en combinaciones que buscan intensidad y equilibrio. Entre las más destacadas está la Hamburguesa Española, que combina carne de ternera con guiso de rabo de toro desmigado, queso Idiazábal y alioli de ajo negro, un auténtico must de la carta, o la Cuatro Quesos, con salsa cremosa, bacon y cebolla frita.

El Josper también entra en juego en otros platos principales como la pechuga de pollo de corral con piel crujiente, la lubina a la bilbaína —una de esas elaboraciones que merece pedirse sí o sí— o las costillas cocinadas a baja temperatura con salsa barbacoa asiática.

El final más dulce

La parte dulce mantiene la misma filosofía: recetas reconocibles pero bien ejecutadas. No faltan clásicos como la tarta de queso o el brownie con helado. No obstante, si hay un postre que cobra especial protagonismo en este momento del año es la torrija caramelizada con helado. Con la llegada de la Cuaresma, este dulce tradicional se convierte en una de las propuestas más apetecibles de la carta, aportando ese guiño final a la tradición que ahora también forma parte de la identidad del restaurante.

El restaurante Los 33 acaba de escribir una nueva página en su historia: ha recibido su primer Sol de la Guía Repsol en la gala celebrada en Tarragona el pasado 16 de febrero de 2026. Un reconocimiento que no solo confirma su excelencia gastronómica, sino que lo consolida como uno de los locales imprescindibles del panorama madrileño.

Ubicado en el vibrante barrio de Las Salesas, el proyecto impulsado por Ignacio Ventosa y Sara Aznar nació hace casi cuatro años con una idea clara: crear el restaurante al que ellos mismos querrían ir. Hoy, esa visión cercana, honesta y centrada en el disfrute compartido se ve respaldada por uno de los galardones más codiciados del sector.

Un Sol que premia la honestidad y el producto

El Sol de la Guía Repsol distingue a aquellos restaurantes que recomendarías sin dudar y a los que siempre deseas volver. En el caso de Los 33, el jurado ha valorado especialmente la calidad de la materia prima, la coherencia de su propuesta culinaria y un servicio atento y profesional, acompañado de una bodega inquieta y bien seleccionada.

“Recibir nuestro primer Sol es una alegría inmensa y un orgullo compartido”, han declarado sus propietarios, que destacan el esfuerzo y la pasión de todo el equipo como el verdadero motor del proyecto.

Brasas, identidad hispano-uruguaya y una cocina con alma

Al frente de los fogones está el chef Oswaldo González, quien ha sabido construir una propuesta que tiende un puente entre España y Uruguay. La carta apuesta por platos sencillos, donde el producto de temporada y la excelencia en los cortes son protagonistas absolutos.

La leña y el fuego no son solo una técnica, sino el alma de la casa. Carnes, pescados y verduras pasan por la parrilla con un respeto absoluto por el origen y el proveedor, configurando una experiencia gastronómica auténtica y reconocible.

Cocina ininterrumpida y un espacio para todos los planes

Uno de los grandes atractivos de Los 33 es su cocina non stop, abierta de 13:00 a 01:00 horas. Esta amplitud horaria ha convertido al restaurante en punto de encuentro para comidas de negocios, cenas entre amigos, citas informales o copas nocturnas.

El espacio se divide en dos ambientes: una zona más informal, con mesas altas y sofás sin reserva, y otra más formal, con mesas bajas frente a la parrilla y posibilidad de reserva. A ello se suma una gran barra en la entrada, perfecta para disfrutar de su propuesta líquida.

Una bodega de más de 100 referencias y coctelería de autor

La bodega de Los 33 reúne más de 100 vinos que combinan grandes etiquetas nacionales e internacionales con referencias singulares difíciles de encontrar. Una selección pensada tanto para el aficionado clásico como para el explorador inquieto.

La coctelería, bajo la dirección creativa de Kevin González, eleva la experiencia con seis cócteles de autor y dos mocktails fijos en carta, además de propuestas rotativas según temporada, diseñadas para armonizar con la intensidad de las brasas.

Reconocimientos que consolidan su posición en el ranking gastronómico

Este primer Sol Guía Repsol se suma a una trayectoria ascendente. En 2024, Los 33 ya fue reconocido como restaurante recomendado por la Guía Repsol. En 2025, obtuvo la distinción de recomendado por la Guía Michelin, y actualmente ocupa el puesto número 15 en el ranking internacional The World’s 101 Best Steak Restaurants.

Con este nuevo galardón, Los 33 no solo reafirma su identidad basada en el respeto al producto y el fuego como eje central, sino que se posiciona definitivamente como uno de los restaurantes de moda en Madrid que marcan tendencia y elevan el listón de la gastronomía capitalina en 2026.

Cuando bajan las temperaturas, Madrid se adapta. El invierno llega con bufandas, platos de cuchara y calles frías, pero también con terrazas que se reinventan para seguir siendo protagonistas del ocio urbano. Estufas, mantas, cerramientos y una atmósfera cada vez más cuidada convierten el terraceo invernal en uno de los planes más apetecibles de la temporada.

El terraceo: un hábito madrileño

Lejos de ser una excepción, disfrutar de una terraza en invierno se ha consolidado como una costumbre en Madrid. Restaurantes y bares apuestan por espacios pensados para combatir el frío sin renunciar al aire libre, creando ambientes cálidos que invitan a quedarse, alargar sobremesas y convertir cualquier día en un plan especial.

Zuma Madrid: invierno con acento japonés

En pleno Paseo de la Castellana, la terraza de Zuma Madrid demuestra que el frío no está reñido con la sofisticación. Cubierta y perfectamente acondicionada, se presenta como un refugio elegante donde disfrutar tanto de un cóctel como de una cena completa. Su propuesta de cocina japonesa contemporánea y su cuidada coctelería convierten el espacio en una opción ideal para quienes buscan un plan invernal con un punto exótico y cosmopolita.
Paseo de la Castellana, 2

Lamucca a pesar del frío

El grupo Lamucca ha convertido el invierno en una oportunidad para transformar sus terrazas en auténticos escenarios de encuentro. Desde rincones íntimos para cenas tranquilas hasta espacios animados para comidas navideñas o tardeos, cada local ofrece una experiencia distinta. Luces cálidas, platos reconfortantes y un ambiente festivo hacen que sus terrazas sigan siendo un punto de referencia durante toda la temporada fría.

Ultramarines del Coso: el invierno sabe a vermut

En Malasaña, Ultramarines del Coso mantiene viva la tradición del aperitivo incluso en los meses más fríos. Su terraza en la plaza de San Ildefonso se convierte en el lugar perfecto para disfrutar del sol de invierno con un vermut, gildas o anchoas, mientras que al caer la noche el espacio invita a cenas informales al aire libre, con sabores de taberna reinterpretados por el chef Andy Boman “El Flaco”.
Calle de San Joaquín, 16

Magadán: comer al aire libre frente al Parque del Oeste

Con vistas privilegiadas al Parque del Oeste, Magadán apuesta por un terraceo invernal cómodo y bien pensado. Estufas, mantas y un ambiente acogedor permiten disfrutar de comidas y cenas al aire libre incluso en pleno invierno, convirtiendo su terraza en un plan perfecto para quienes no renuncian al exterior tampoco cuando bajan las temperaturas.
Calle Pintor Rosales, 9

Ubicado en el número 7 de la calle Orfila, Brazza promete convertirse en uno de los templos gastronómicos más comentados de la capital. Es la primera aventura europea del chef argentino Franco Malacisa, un nombre de culto en Buenos Aires que, junto a su hijo Donato, presenta en Madrid una propuesta de cocina emocional, libre y profundamente personal, donde las brasas son el hilo conductor de cada plato.

Franco Malacisa y su cocina sin fronteras

Con más de treinta años de trayectoria, Franco Malacisa ha recorrido medio mundo antes de aterrizar en España. Su historia es la de un cocinero inquieto, que se formó entre Buenos Aires, Cinque Terre, Gales, Escocia, París o Moscú, y que hoy plasma en cada creación una mezcla de técnica, emoción y recuerdos familiares.

Inspirado por su abuela toscana, Malacisa afirma que “cocina como sus abuelas, solo que de forma profesional”. Esa herencia y su espíritu viajero dan forma a un estilo propio donde el fuego es tanto herramienta como lenguaje.

Una dupla familiar con sello argentino

Brazza es también una historia de familia. Donato, su hijo de 25 años, dirige el restaurante y comparte con Franco cada servicio, formando una pareja culinaria inseparable. A ellos se suma Eddy Espín, con experiencia en el Grupo La Ancha, al frente de la sala, garantizando que cada visita se viva como una experiencia sensorial completa.

Un viaje de sabores por medio mundo

La carta de Brazza cambia cada semana, movida por el impulso creativo del chef. En ella se mezclan influencias del Mediterráneo, Sudamérica y Europa del Este en platos donde cada ingrediente se exprime al máximo.
Entre los entrantes destacan el paté de campo casero con tostadas a la brasa, el falafel con tahina y labneh, o unas mollejas con crème fraîche de chimichurri que resumen la esencia del restaurante: intensidad, libertad y sabor.

El fuego como protagonista

En Brazza, todo pasa por las brasas. Desde los portobellos con emulsión de patata trufada o el pulpo a la brasa con patatas baby hasta los grandes cortes de carne argentina y europea: entraña, ojo de bife, cuadril o chuletón, entre otros.

También hay espacio para pescados como el atún rojo con mango y soja o el salmón rosado con espárragos y salsa teriyaki. Las guarniciones, como los espárragos trigueros o el boniato a la chapa con crema agria, completan la experiencia.

El dulce final: clásicos con carácter

La propuesta de postres rinde homenaje a los sabores argentinos con el queso y dulce, la chocotorta o el panqueque de dulce de leche. A ellos se suman opciones internacionales como la pavlova con frutos rojos o la tarta de queso con salsa de frutos rojos, perfectas para cerrar el festín.

Vinos y cócteles con historia

La bodega de Brazza es un viaje líquido: predominan los vinos españoles de pequeñas parcelas, con guiños a Francia y Argentina. Además, su carta de cócteles rescata clásicos reinterpretados con el sello de Malacisa, completando una propuesta pensada para disfrutar sin prisas.

Con su mezcla de autenticidad, carácter y emoción, Brazza se posiciona como una de las aperturas más esperadas del año. Una cocina que no busca etiquetas, sino despertar sensaciones.

Fotografía OCTAVIAN CRACIUN
Texto MARCO DE PABLOS

El callejero de cualquier metrópolis del mundo, además de orientar, a veces también puede inspirar. Basta con pasear por el madrileño barrio de Las Letras para comprobarlo en primera persona. A pocos metros de ese enclave se encuentra uno de los hotspots más vibrantes y codiciados de la capital, pero para comprender su origen, hay que remontarse a otra ciudad. Una con un ritmo mucho más sosegado, con olor a sal y alma mediterránea. En la calle del Médico Manero Mollá, en Alicante, nació hace años una idea destinada a trascender su esquina. Entre la memoria y el nombre de un facultativo que enfrentó una pandemia y la intuición de dos empresarios adelantados a su tiempo, surgió Manero, un restaurante que hoy redefine el lujo español.

“Manero es un concepto de lujo marca España. Es el lugar donde la música, la comida, la bebida y el interiorismo se encuentran en un ambiente de diversión y placer, generando de forma natural un epicureísmo contemporáneo”, señala Carlos Bosch, quien, junto a Raquel Giménez, está al frente de este espacio, capaz de hacer converger los cinco sentidos nada más atravesar el dintel de su puerta. Para ella, “es la expresión del buen vivir mediterráneo con una sofisticación atemporal. Es ese espacio donde te sientes especial, donde todo está pensado para que disfrutes, pero sin perder la calidez que nos define como españoles”. Ambos conforman no solo la mejor dupla en lo empresarial, sino también en lo personal, y, como tal, saben de lo que hablan. Lo han construido desde sus cimientos.

En 2008, mientras una crisis económica azotaba el país, Carlos abrió El Portal en su “terreta” natal, que fue reconocido durante varios años como el mejor bar de España por la crítica especializada. “Allí creamos una categoría nueva en el mundo de los bares españoles”, recuerda. Tras una década desarrollando ese concepto, vio la oportunidad de crear algo escalable, capaz de representar el lujo de la gastronomía y la hostelería española en un formato que pudiera viajar. Así, en diciembre de 2017, Manero entra en escena con un local ubicado en la vía inicialmente citada.

“Yo me uní al proyecto desde el principio”, recuerda Raquel, y añade: “Carlos y yo realizamos un trabajo de investigación intenso, viajamos por los locales más interesantes de Europa para conceptualizar una marca de lujo española con identidad propia. Mi formación es en comercio internacional, pero gran parte de mi vida la he dedicado a la moda, creando mi propia marca de complementos. Esa sensibilidad por el diseño y la estética fue clave para dar forma a lo que Manero es hoy”.

“La evolución ha sido increíble”, coinciden. En marzo de 2021 inauguraron Manero Claudio Coello, en Madrid, justo cuando comenzó la pandemia. Un año después, en marzo de 2022, llegó Manero Balmis, también en Alicante, un concepto de bar con terraza. En septiembre de 2024 abrieron su “espacio más ambicioso hasta la fecha”, Manero Marqués de Cubas, donde nos encontramos, que combina bar, bistró y club de copas con música. Finalmente, el pasado mes de julio, Campari Bar Manero aterrizó en el Hotel Don Carlos de Marbella. “Cada apertura nos ha enseñado algo nuevo”, concluye Carlos. “Hemos ido refinando el concepto, escuchando a nuestros clientes, pero siempre manteniéndonos fieles a ese espíritu de autenticidad con sofisticación”.

Cuando se les pregunta por su mayor desafío, son contundentes: “Mantener la esencia y el estándar de calidad en cada local. Cuando creces, la tentación es replicar exactamente lo mismo, pero eso no funciona. Madrid es exigente, rápida y cosmopolita. Marbella tiene ese aire internacional pero más relajado, más veraniego. Alicante es nuestra casa, nuestras raíces”. Además, matizan: “La elección de estas ciudades no fue casual. Alicante surgió de manera natural, porque es donde nacimos. Madrid era inevitable si queríamos demostrar que podíamos competir al más alto nivel, mientras que Marbella representa ese lujo mediterráneo internacional que encaja perfectamente con nuestra propuesta”. “Todas estas ciudades tienen algo en común: un público que valora la buena vida, que entiende de gastronomía y que busca experiencias. No buscábamos simplemente crecer por crecer. Queríamos lugares donde Manero tuviera sentido, donde pudiera aportar algo único”, añade Raquel.

Y es que en estos locales nada está ahí por azar. “Son bares como si hubiesen sido creados hace 100 años, de estilos dispares, desde Art Decó hasta neoclásico, y siempre con mucha intervención artística”, explica Raquel. Carlos precisa: “Nos gusta contar historias con los espacios. Queremos que la gente se sienta como en su mejor casa”. Esa narrativa visual convierte cada visita a Manero en algo más que una cena o una copa. Hasta los baños tienen su aquel, con chistes de Chiquito de la Calzada sonando a todo trapo, porque el humor no está exento de formar parte del lujo.

“Buscamos espacios que tengan potencial para contar una historia, para crear una experiencia memorable”, señala Carlos, mientras Raquel apostilla: “Y también miramos el entorno arquitectónico. Nos gustan los edificios con historia, con carácter. Espacios que nos permitan intervenir y crear algo único. No queremos estar en cualquier sitio; queremos estar donde podamos hacer algo especial. Cada Manero tiene una identidad distinta. No hay ninguno que se parezca a otro. Pero todo el mundo sabe que son Manero. Eso es muy difícil de conseguir”. Para ello, cuentan con la ayuda de uno de los mejores: Lázaro Rosa-Violán, con quien colaboran, y a partir de ahí trabajan en equipo. “Viajamos constantemente, compramos piezas únicas, buscamos ese equilibrio entre elegancia y calidez. No queremos espacios fríos”, concluye Carlos.

En el mundo de Bosch y Giménez, la experiencia del cliente es sagrada. “Puedes tener el mejor producto del mundo, pero si el cliente no se siente bien, no vuelve”. Por ello, la calidad de sus propuestas, la atención personalizada y un entorno distintivo constituyen los tres pilares fundamentales de su ADN.

El grupo GastroPortal, matriz de Manero, cuenta ya con más de 300 empleados —200 de ellos en dicho establecimientos— y ha implementado un modelo laboral que rompe con los clichés del sector. Sueldos por encima del mercado, horarios estables, incentivos que pueden elevar el salario hasta un 40% y una cultura de respeto mutuo. “Manero es familia. El equipo, los proveedores, los clientes habituales… todos somos parte de lo mismo”, dice Raquel.

Esa visión humana, combinada con un sentido estético impecable, ha convertido a Manero en una de las marcas más reconocidas del país, con numerosas distinciones a sus espaldas. Pero, más allá de los galardones, la verdadera validación llega de quienes llenan sus mesas noche tras noche, “la mejor publicidad”, según Raquel.

“La competencia te obliga a mejorar, pero nosotros no nos obsesionamos con ella. Nos obsesionamos con hacer las cosas bien”

Desde hace unos años, la ciudad del kilómetro 0 ha visto cómo se multiplicaban día tras día las aperturas de locales gastronómicos, ofreciendo un abanico enorme de posibilidades y propuestas. “No intentamos competir copiando. Hacemos lo nuestro, con nuestra identidad. Nos diferenciamos por la coherencia: lo que prometemos, lo cumplimos. Y por la pasión”, dice Raquel. Carlos asiente: “La competencia te obliga a mejorar, pero nosotros no nos obsesionamos con ella. Nos obsesionamos con hacer las cosas bien”.

Esa manera, nunca mejor dicho, de entender un sector se refleja en cada detalle de su oferta culinaria. Y es que, como bien dice Raquel: “Los clásicos son nuestra base”. Entre sus platos estrella destacan el bocata de calamares, el pepito de ternera, los sazones, los ibéricos o los bikinis, junto a creaciones icónicas propias de su Caviar Bar, que Carlos describe como “todo un desarrollo de bocados”. La coctelería, al igual que los vinos, juega un papel fundamental en la experiencia Manero. “Hemos desarrollado durante estos años un control de unos 50 vinos propios de diferentes zonas de España: blancos, tintos, rosados, hasta vinos naturales, cava y champán. Tenemos la única marca registrada en champán española y desarrollamos nuestros propios ensamblajes”, explican.

Otra de sus novedades es el concepto del Campari Bar, que, como cuenta Bosch, es una idea creada por ellos mismos y “no se trata de ningún patrocinio”, sino de un espacio que fusiona la cultura italiana del aperitivo —con los célebres spritz y negroni— con la esencia del universo que han construido. “Es una barra especial que da valor a dos marcas de lujo en una experiencia más amplia y selecta”, añade.

Con el paso del tiempo, esa coherencia les ha permitido crecer sin perder el rumbo. “Hemos tenido mucha suerte. No creo que nos hayamos equivocado mucho —reflexiona Carlos—. Hemos cometido pequeños errores, sí, pero nos han ayudado a avanzar constantemente, a perfeccionar nuestra oferta. Más que grandes fallos, lo que hemos tenido es una evolución constante: un acierto continuo en la búsqueda de la calidad y el servicio”.

El futuro de Manero se expande sin prisa, pero con ambición. Portugal y Francia asoman en el horizonte, y nuevos conceptos —Manero Café, una tienda delicatessen con servicio de bar;  y Casa Manero, un hotel boutique — prometen ampliar ese universo donde gastronomía, diseño y cultura se funden en un mismo relato.

 “Me gustaría que, cuando alguien piense en disfrutar de la vida, celebrar algo especial o simplemente quiera darse un capricho, piense en Manero”, apunta Carlos, y completa: “Que seamos sinónimo de buen vivir. Y que hayamos logrado expandir ese concepto más allá de España, demostrando que el lujo español tiene su propia identidad, su propia voz.”

De momento, lo están haciendo. Lo que comenzó en una calle de Alicante se ha convertido en una filosofía que trasciende la hostelería, un estilo de vida donde cada detalle importa y cada experiencia cuenta. Un lugar para disfrutar y para recordar. Lo saben, por eso, sentencian: “Si no amas lo que haces, se nota. Y nosotros amamos esto profundamente”.

Por Marco de Pablos

“Comer bien en el centro de Madrid es casi misión imposible”, repiten muchos madrileños con resignación. Es cierto que el turismo acapara buena parte de la oferta hostelera que ofrecen los alrededores del kilómetro 0, pero no todos los restaurantes se dejan arrastrar por esa corriente. Basta aventurarse unas calles más allá del bullicio para descubrir que la capital todavía guarda secretos capaces de reconciliar a cualquiera con el placer de la buena mesa.

En la calle de Los Madrazo, una arteria discreta pero rodeada de historia y poder, entre el Congreso de los Diputados, el hotel Four Seasons y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se ubica La Cuadra de Salvador, un steakhouse limeño que ha desembarcó en la ciudad antes del verano para desafiar clichés y encender brasas.

Su propuesta combina la maestría de la parrilla con el alma vibrante de la gastronomía peruana, ofreciendo una experiencia donde la técnica, el producto y la pasión se dan la mano. En muy poco tiempo, se ha posicionado como uno de los destinos imprescindibles para los amantes de la carne y los sabores auténticos. Y, con la llegada de las fiestas navideñas, puede ser la ocasión perfecta para descubrir, o redescubrir, el sabor y la calidez de “la cuadra” más castiza.

El sabor del fuego con alma limeña

Nacido en Lima en 2013 como un homenaje familiar a Salvador, una figura entrañable en la vida de los fundadores, este emblemático steakhouse se convirtió rápidamente en un referente culinario en Perú, expandiéndose a cuatro locales antes de mirar más allá de sus fronteras. Tras una década de brasas, aromas y recetas que combinan tradición y maestría, Madrid se convirtió en su primera parada internacional, un escenario perfecto para llevar el fuego de la parrilla limeña y la calidez de su hospitalidad a un nuevo público.

“Queríamos rendir homenaje a nuestras raíces y conectar con la gran comunidad peruana que vive aquí”, explica Pedro Pablo Pazos, CEO del grupo, quien lidera la expansión de la firma con la misma pasión que se respira en sus cocinas y en cada uno de los espacios que este local atesora.

La Cuadra de Salvador destaca por ofrecer cortes premium como el Black Angus USDA Prime o el wagyu japonés A5, preparados en un horno broiler de alta temperatura que concentra los jugos y potencia la textura de cada pieza. A su lado, platos emblemáticos como los anticuchos de Salvador, el lomo saltado o el ossobuco al maíz morado rinden tributo a la tradición peruana con una interpretación contemporánea.

Todo se sirve bajo un techo de estalactitas doradas, iluminadas con delicadeza, en una sala presidida por una imponente pared reconvertida en bodega que invita a brindar sin importar la ocasión.

Y por si fuera poco… maridaje a la altura

La experiencia en La Cuadra de Salvador no se limita a sus cortes y platos emblemáticos. Cada propuesta culinaria se ve acompañada por una cuidada selección de bebidas pensada para realzar sabores y texturas. Su extensa carta de vinos ofrece etiquetas nacionales e internacionales, desde tintos robustos que potencian la intensidad del wagyu hasta blancos frescos que armonizan con los sabores más delicados de la cocina peruana.

Pero la experiencia va más allá del vino. La coctelería del restaurante, inspirada en los sabores del Perú, combina ingredientes autóctonos como el pisco, frutas tropicales y hierbas aromáticas, dando lugar a combinaciones originales que refrescan y sorprenden al paladar. Cócteles clásicos reinventados y creaciones exclusivas se convierten en la antesala perfecta para una comida memorable, o en el broche ideal tras una jornada en la capital.

La pasta es un plato que nunca falla, capaz de conquistar todos los paladares. Desde los clásicos macarrones con tomate que nos acompañan desde la infancia, hasta creaciones más sofisticadas con trufa o combinaciones gourmet, la pasta tiene siempre un lugar especial en la mesa. Este sábado 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Pasta, y para rendir homenaje a este icónico plato hemos preparado una ruta con tres paradas imprescindibles en Madrid. Ya sea en familia, en pareja o por amor a la buena pasta, aquí están los lugares donde disfrutarla como se merece.

Pasta con vistas en Papagena

Papagena, el clásico restaurante ubicado en la sexta planta del Teatro Real, propone un plato que combina lo mejor del mar y de la tierra: pasta de trigo duro con ragú de gamba roja y queso manchego. Si a esta propuesta le sumas las impresionantes vistas al Palacio Real y a los Jardines de la Plaza de Oriente, la velada se convierte en una experiencia gastronómica apta para los más románticos.

El verdadero sabor italiano en V Modern Italian

En un buen italiano nunca se falla, y V Modern, el nuevo hotspot culinario de Madrid, ofrece una carta variada de pastas ideal para compartir con amigos o en familia. Sus pastas frescas se elaboran de forma artesanal con sémola importada de Italia y se sirven siempre al dente, respetando la tradición italiana.

Entre sus propuestas destacan el Tartufo Nero, unos spaghettoni frescos bañados en crema de trufa con setas portobello asadas, crujiente de Grana Padano DOP, perejil y un toque de pimienta; el Pesto Rosso, pasta Fusilloni fresca con pesto rubio casero, tomate seco y ralladura de Grana Padano DOP; y la clásica Carbonara, elaborada con spaghettoni frescos, yemas de huevo, guanciale, Grana Padano DOP y pimienta negra.

La más creativa en Hard Rock Hotel

Ubicado en plena calle de Atocha, Hard Rock Hotel Madrid presenta una de las opciones más creativas de la ruta. Entre su amplia carta se encuentra una auténtica joya: fagottini rellenos de ricotta y pera, acompañados de una suave salsa de gorgonzola y nueces caramelizadas. Un plato elegante y sorprendente, perfecto para quienes buscan sabores diferentes.

La pasta, excusa perfecta para reunirse

El Día Mundial de la Pasta es la excusa perfecta para disfrutar de uno de los platos más queridos del mundo. Ya sea en versiones tradicionales o reinterpretadas por chefs contemporáneos, la pasta tiene la capacidad de reunirnos alrededor de la mesa y crear momentos únicos, celebrando sabor, creatividad y tradición en cada bocado.

El lujo más salvaje del mar vuelve a las mesas del Grupo La Máquina. Desde el 8 de octubre y hasta agotar existencias, los restaurantes del grupo celebran la Jornada del Percebe Gallego Terciado, un tributo al producto, al oficio y al sabor más puro del Atlántico.

Un viaje directo desde las costas gallegas

Recolectados a mano por percebeiros gallegos en los acantilados más bravos del Atlántico, los percebes llegan a Madrid y Málaga para convertirse en los protagonistas absolutos de esta cita. Cada pieza encierra una historia de valentía, tradición y respeto por el mar.

Su textura firme, sabor salino y aroma a océano resumen la esencia de Galicia en un solo bocado: pura naturaleza servida en la mesa.

Una experiencia gastronómica exclusiva

Durante estas semanas, todos los establecimientos del grupo —La Máquina Jorge Juan, Caleido, Original, Chamberí, La Moraleja, Casa Narcisa, Casa Nemesio, El Jardín de La Máquina, La Parrilla, Puerta 57 y el recién inaugurado La Máquina Málaga— incorporan a su carta una selección limitada de percebes terciados, capturados en pequeñas cantidades y ofrecidos a un precio especial de 13 €/100 g (IVA incluido).

Una propuesta que refuerza la apuesta de La Máquina por la excelencia del producto, la tradición y la autenticidad.

Un homenaje al mar y a sus héroes

“Traer el percebe gallego auténtico a nuestras mesas es una forma de celebrar el mar y a sus héroes”, señalan desde la dirección del grupo. Desde 1982, La Máquina ha convertido la calidad, la tradición bien entendida y la hospitalidad en su sello distintivo. Cuatro décadas después, sigue siendo un referente gastronómico que honra el origen y el oficio.

Un lujo efímero: solo hasta agotar existencias

La Jornada del Percebe Gallego estará disponible hasta fin de existencias, dependiendo de las mareas y del caprichoso Atlántico. Una cita imprescindible para los amantes del producto y una excusa perfecta para saborear el mar en su estado más puro, sin salir de Madrid ni de Málaga.