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“Vamos a Norah, Norah” podría ser la versión actualizada de aquel clásico que Juan Gabriel popularizó en los años 80. Y no es para menos. En el castizo barrio de Chamberí ha abierto un local con ese mismo nombre que trae consigo el sol, los sabores y el ambiente del Mediterráneo, convirtiéndose rápidamente en el destino foodie de moda.

Por MARCO DE PABLOS

“Te escribo desde una mesa bañada por la luz dorada de la tarde. Aquí, donde la brisa huele a sal y a pan recién horneado…”. Así comienza una nota escrita en el reverso de una postal, cuya instantánea muestra el lugar en el que se concibió a una criatura que, gracias al tesón de sus artífices, se ha convertido en uno de los restaurantes más aclamados de Chamberí: Norah.

Hace 15 años, Natalia Dzidziguri llegó a Madrid desde Georgia con la ambición de comerse el mundo. No solo lo está logrando, sino que, con los dos restaurantes que atesora en la capital, todos quienes los visitamos también podemos hacerlo en sentido literal. “Me enamoré de Madrid. Es el mejor lugar para los hosteleros. Hay mucha gente a la que le gusta comer, beber bien y disfrutar de la buena vida”, comenta a esta cabecera. Primero fue Persimmon’s, un local que aúna lo mejor de la gastronomía georgiana con sabores mediterráneos y aromas de Oriente Medio. Tiempo después llegó el turno de Norah, que abrió sus puertas el pasado mes de septiembre. Pero para entender su esencia es necesario volver a aquella postal y, sobre todo, a la imagen que aparece en ella. También conviene saber que este proyecto nació de la complicidad de un grupo de amigos: Natalia, Téa, Grigo y Gio.

“Cuando desarrollamos el concepto del local estábamos pasando tiempo juntos. Nos fuimos de viaje a San Sebastián y a Biarritz”, recuerdan. Fue allí, en el pueblo costero del sur de Francia, concretamente en el Eden Rock Cafe —un pequeño bar junto a la playa de Port Vieux, con sillas amarillas dispuestas sobre grandes arbustos en un mirador que se asoma al mar y a las enormes rocas que lo enmarcan, justamente lo que se muestra en la misiva—, donde la inspiración apareció. Se sintieron atraídos por la filosofía de los Murphy, quienes sostenían que este enclave era el lugar ideal para disfrutar de la vida mediterránea: tomar sol, beber buen vino y saborear buena comida. En ese instante, nació Norah y lo hizo con un lema firme: Born in the Mediterranean.

Poco a poco, la idea fue tomando forma. “Pensamos bien la localización. Queríamos un lugar que dejara entrar mucha luz. No queríamos algo cerrado, ya que estamos hablando del Mediterráneo. Queríamos transmitir esa sensación. Fue difícil encontrarlo”, dice Natalia. Hasta que dieron con él.

El número 15 de la calle Monte Esquinza, una de las arterias más bulliciosas y artísticas de la capital en los últimos meses, se convirtió en la morada de este proyecto. Desde la calle, un gran ventanal deja vislumbrar el interior, amplio y cargado de sencillez y sofisticación. La luz entra con fuerza, rebotando sobre mesas de estampados y vetas variopintas —desde caobas intensos hasta mosaicos coloridos—, paredes en tonos beige y barras revestidas con azulejos en azul o rojo.

El estudio de Marcos Trueba fue el encargado de llevar a cabo este designio con una premisa clara: transmitir la sensación de estar en casa. “Queríamos que los clientes, al entrar, sintieran que vienen a tu propia casa; que se sientan como en su hogar”, comentan.

“Todo ha fluido tan bien gracias a la energía positiva que hay”, reconoce Natalia. Y no es para menos. Su eslogan, que aseguran haber “revivido”, lo dice todo. “Con él promovemos aún más la esencia mediterránea”, explican, y lo hacen siempre ajustándose a la realidad. “No hace falta decir lo que no hay. La comida española, por ejemplo, la paella o cualquier otro plato típico, es comida española. No se puede afirmar que sea mediterránea si no refleja todo lo que esta zona abarca, como ocurre en el caso de Norah. Es mejor ofrecer información correcta y transparente, y no decir lo que no hay solo para atraer clientes”.

Guiados por esa filosofía, el chef Eli Shtein, que ya había trabajado junto a Natalia, se hizo cargo del diseño del menú de Norah. Nacido en Tel Aviv, Eli cuenta con una larga trayectoria en hostelería. Allí tiene su propio restaurante y vivió los coletazos más duros de la pandemia, por lo que conoce tanto las virtudes como los desafíos del oficio. Sin embargo, tanto él como el resto del equipo defienden que “el miedo es cuando te paras y no lo haces. Cuando te gusta lo que haces, el miedo no existe”. Esa convicción lo dice todo.

La carta se compone de un sinfín de referencias a la cocina y cultura del sur de Europa. Todo resulta familiar, pero las combinaciones, las técnicas y el toque final lo hacen completamente distinto. “Aquí en Norah tenemos toda la línea del Mediterráneo, pero sabes lo que estás comiendo, aunque sea totalmente diferente. Es familiar, pero con un giro particular. Siempre respetando ingredientes, temporadas…”, argumenta Eli. Cada plato refleja la filosofía y esencia de esta corriente, sin centrarse en ciudades específicas, sino en su espíritu.

PAULA TROCAOLA

Para él, armar el menú no fue complicado: “Italia es el mejor lugar del mundo, todo romántico. En Grecia… también”, comenta, dejando claro que cada creación es una verdadera criatura de estas costas, cercana y reconocible, pero única en sabor y concepto. Desde su ensalada de cordero con tzatziki (salsa elaborada con yogur griego) y hierbas aromáticas, hasta el steak tartare acompañado de crackers de aceite de oliva o la sardina ahumada con tomate sobre pan brioche. También destacan sus pastas, tanto la aliñada con pecorino y pimienta, como la que combina calamar y tomate picante, y, por supuesto, su toque más dulce, con torrija o tarta de limón. Un verdadero delirio de sabores que transporta al comensal en un viaje exprés por todas las regiones que rodean al mar Mediterráneo… sin salir de Chamberí. Completa la experiencia la coctelera, a cargo de Julio de la Torre.

Su acogida ratifica su éxito. Las reservas para diciembre rozan el lleno total. Todos quieren ir a Norah o simplemente disfrutar de un buen rato junto a ella. Parejas, familias, oficinistas, artistas y, sobre todo, vecinos del barrio se dejan seducir por la propuesta. “Antes de abrir ya teníamos clientes”, reconocen. Gente a la que le gusta comer bien, que aprecia un buen ambiente y, sobre todo, que quiere disfrutar de un rato agradable y, por qué no, sentir por un instante la sensación de vivir en un eterno verano.

PAULA TROCAOLA

PAULA TROCAOLA

La Máquina celebra su 43º aniversario ofreciendo una experiencia única que une historia, gastronomía y vino de excelencia. Su restaurante insignia, Puerta 57, se viste de gala con 43 añadas selectas de Alma Carraovejas, invitando a los comensales a un recorrido sensorial sin precedentes.

Un brindis que une tradición y pasión

La colaboración entre La Máquina y Alma Carraovejas rinde homenaje a más de cuatro décadas de trayectoria en la gastronomía y la viticultura españolas. Los vinos seleccionados, desde blancos frescos hasta tintos excepcionales, se combinan con la cocina de Puerta 57 para ofrecer un maridaje que celebra la esencia de ambas casas.

Voces que marcan historia

Javier Rueda, CEO de La Máquina, destaca: “Cada brindis, cada bocado, es un recordatorio del camino recorrido y de la pasión por lo que hacemos”. Por su parte, Pedro Ruiz Aragoneses, CEO de Alma Carraovejas, añade: “Celebrar el 43 aniversario del La Máquina con 43 añadas de los vinos de Alma Carraovejas, Pago de Carraovejas y Ossian en este caso, es un enorme orgullo para nosotros. Brindemos por muchos años más y por los clientes, que dan sentido a todo esto”.

43 añadas, un viaje sensorial

Entre las selecciones exclusivas se encuentran Pago de Carraovejas, El Anejón, Cuesta de las Liebres, Ossian y Capitel. Cada copa transporta al comensal a una historia de tradición, evolución y excelencia, y estará disponible únicamente en Puerta 57 hasta fin de existencias.

Una experiencia que trasciende el sabor

Más allá del vino y la gastronomía, esta propuesta es una celebración de la excelencia y del compromiso con la calidad. Los visitantes podrán disfrutar de un recorrido que combina historia, sabores únicos y un ambiente que convierte cada comida en un momento memorable.

El Barrio de Salamanca sumó anoche un nuevo punto de encuentro para los amantes de la gastronomía y el diseño. Nota Blu New Brasserie, el reconocido concepto del grupo marbellí Casanis Group, celebró su cena de apertura con Eva Longoria como madrina del evento y un elenco de invitados que reunió a figuras de la cultura, la moda y la empresa.

Una apertura con sello internacional

El proyecto marca la llegada a Madrid de una marca que ha consolidado su prestigio en Marbella y recientemente en Doha, dentro del Four Seasons Hotel. Con esta inauguración, Casanis Group continúa su expansión apostando por una fórmula que combina alta cocina mediterránea con inspiración francesa, en espacios de diseño y ambiente cosmopolita.

Una noche de referentes y gastronomía

El nuevo local de Claudio Coello 10 fue escenario de un encuentro que reunió a Vicky Martín Berrocal, Mar Saura, María Bravo, Amaury Nolasco, Ilia Topuria y Andrés Velencoso, entre otros nombres reconocidos. Los asistentes disfrutaron de un menú creado por el chef ejecutivo Fabián Cangas, que reinterpretó clásicos mediterráneos con un enfoque contemporáneo.

El apoyo de Eva Longoria a Zazou Belounis

La actriz y productora estadounidense mantiene una amistad de larga trayectoria con Zazou Belounis, fundador y CEO de Casanis Group. Durante la velada, Longoria quiso acompañarlo en este nuevo proyecto del grupo en España, destacando su visión y constancia en un sector cada vez más competitivo.

“Estoy muy feliz de estar aquí esta noche para apoyar a Zazou, un gran amigo y un verdadero visionario. Nota Blu New Brasserie es el reflejo de su pasión, su energía y su manera única de entender la hospitalidad”, señaló la actriz durante su intervención.

Casanis Group refuerza su presencia en España

Con la apertura de Nota Blu New Brasserie Madrid, el grupo consolida su presencia nacional y amplía su proyección internacional. Su apuesta por espacios de alta gastronomía con identidad propia confirma la ambición de Casanis por convertir su sello en una referencia de hospitalidad contemporánea.

Con motivo de la festividad de la Virgen de la Almudena, Carrera y Carrera celebra su estrecha relación con uno de los símbolos espirituales y arquitectónicos más emblemáticos de Madrid: la Catedral de la Almudena, hogar de una de las obras más significativas de la orfebrería contemporánea, La Estela de la Almudena.

Concebida por los maestros orfebres de la casa y fruto de la visión artística de Manuel Carrera, fundador de la firma, junto a su hijo Manuel Carrera Cordón, esta creación monumental trasciende los límites de la joyería para convertirse en un testimonio del arte sacro y del profundo vínculo de la firma con la capital española.

Una obra que une arte, fe y tradición

Tallada sobre sodalita azul, una piedra semipreciosa de tonos intensos, La Estela de la Almudena se erige como una columna escultórica que conjuga espiritualidad, técnica y belleza. En su fuste, una espiral de plata labrada a mano narra episodios de la historia sagrada, de la ciudad de Madrid y de la construcción de su Catedral.

La base rinde homenaje a los jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 y a la Reina Doña Mercedes, promotora de la edificación del templo. El conjunto culmina con una delicada escultura de La Piedad en plata, símbolo de devoción y esperanza.

“Con La Estela de la Almudena quisimos rendir homenaje a la Virgen y a la ciudad de Madrid. Cada relieve y cada textura reflejan nuestro compromiso con la tradición joyera española y con la búsqueda de la perfección artística”, explica Manuel Carrera.

El legado artístico de Carrera y Carrera

Donada a la Catedral por la Fundación Villa y Corte de Madrid, la obra fue presentada en 2012 como un símbolo de unión entre el arte sacro contemporáneo y la identidad de la capital. Su ejecución —más de un año de trabajo artesanal— implicó a un equipo de modelistas, fundidores, grabadores y orfebres del taller madrileño, herederos de una tradición joyera reconocida en todo el mundo.

Con esta pieza, Carrera y Carrera reafirma su papel como referente internacional de la alta joyería española, uniendo maestría técnica, creatividad y emoción.

Arte eterno

Más allá del metal y la piedra, La Estela de la Almudena representa la esencia de la casa: el dominio del volumen, la luz y la emoción transformados en arte eterno. Un legado que une a Madrid con su historia y a la joyería con la espiritualidad de su tiempo.

Chopard inaugura su nueva boutique en la calle Serrano de Madrid, consolidando su presencia en las capitales mundiales del lujo. El nuevo espacio, ubicado en el número 68 de la emblemática avenida madrileña, combina la herencia artesanal de la Maison suiza con una visión contemporánea del diseño, ofreciendo una experiencia inmersiva que celebra la elegancia atemporal y la cultura local.

Un homenaje al arte y la hospitalidad de Chopard

Cada boutique de Chopard es concebida por la familia Scheufele como un hogar lejos de casa. En Madrid, la atmósfera conjuga calidez y sofisticación: un vestíbulo bañado por la luz de una lámpara de Murano firmada por Barovier & Toso introduce las colecciones femeninas más icónicas, como Happy Sport, Ice Cube, Happy Hearts y Happy Diamonds Icons.

Los relojes masculinos se presentan en un entorno sobrio que resalta la excelencia de la Alta Relojería L.U.C, símbolo de precisión y savoir-faire suizo.

Espacios que reflejan la identidad de la Maison

En la planta inferior, el Gentlemen’s Club ofrece un espacio privado para coleccionistas y conocedores, mientras que el salón de Alta Joyería rinde tributo a Caroline Scheufele con tonos amatista y una obra inspirada en un diamante talla cojín creada junto al estudio milanés Fabscarte. Cada detalle arquitectónico, desde los espejos hasta los materiales nobles, evoca la precisión y la belleza de una joya.

Ediciones exclusivas para Madrid

Para conmemorar la inauguración, Chopard lanza dos ediciones limitadas exclusivas que capturan la energía y el espíritu de la capital española. Ambas creaciones reinterpretan el ADN de la Maison a través del color carmesí, símbolo de la bandera madrileña y emblema de pasión, fuerza y elegancia.

Ice Cube Madrid Edition: la geometría de la elegancia

La colección Ice Cube, una de las líneas más reconocidas de Chopard desde su lanzamiento en 1999, se reinterpreta para la ocasión en una edición cápsula inspirada en la vitalidad urbana de Madrid.

Cada una de las tres joyas —anillo, colgante y pulsera— ha sido elaborada en oro rosa ético de 18 quilates y engastada con espinelas rojas, una gema cuyo tono carmesí evoca la bandera y el espíritu de la capital española. Estas piezas, disponibles exclusivamente en la nueva boutique en series limitadas de siete unidades, reflejan la pureza geométrica y el minimalismo arquitectónico característicos de la colección.

Además, esta edición especial se vincula con la campaña internacional “Sculpted by Light”, protagonizada por Bella Hadid, que celebra la interacción entre luz, forma y modernidad en la joyería contemporánea de Chopard.

L.U.C XPS 1860 “De Madrid al Cielo”: el tributo más castizo

La segunda creación, el reloj L.U.C XPS 1860 Officer “De Madrid al Cielo”, rinde homenaje al escudo de armas de la ciudad. Su esfera en tono rojo en oro de 18 quilates y su tapa abatible grabada a mano con el icónico oso y el madroño encarnan el vínculo entre la tradición relojera suiza y la identidad cultural madrileña. Cada detalle refleja la excelencia técnica y la elegancia discreta que distinguen a la colección L.U.C.

Lujo ético y legado internacional

Ambas ediciones reflejan el compromiso de Chopard con el lujo sostenible, la artesanía ética y la conexión con las grandes capitales del mundo. Desde París hasta Nueva York, pasando ahora por Madrid, la Maison reafirma su legado de creatividad, innovación y pasión por la belleza en todas sus formas.

Ubicado en el número 7 de la calle Orfila, Brazza promete convertirse en uno de los templos gastronómicos más comentados de la capital. Es la primera aventura europea del chef argentino Franco Malacisa, un nombre de culto en Buenos Aires que, junto a su hijo Donato, presenta en Madrid una propuesta de cocina emocional, libre y profundamente personal, donde las brasas son el hilo conductor de cada plato.

Franco Malacisa y su cocina sin fronteras

Con más de treinta años de trayectoria, Franco Malacisa ha recorrido medio mundo antes de aterrizar en España. Su historia es la de un cocinero inquieto, que se formó entre Buenos Aires, Cinque Terre, Gales, Escocia, París o Moscú, y que hoy plasma en cada creación una mezcla de técnica, emoción y recuerdos familiares.

Inspirado por su abuela toscana, Malacisa afirma que “cocina como sus abuelas, solo que de forma profesional”. Esa herencia y su espíritu viajero dan forma a un estilo propio donde el fuego es tanto herramienta como lenguaje.

Una dupla familiar con sello argentino

Brazza es también una historia de familia. Donato, su hijo de 25 años, dirige el restaurante y comparte con Franco cada servicio, formando una pareja culinaria inseparable. A ellos se suma Eddy Espín, con experiencia en el Grupo La Ancha, al frente de la sala, garantizando que cada visita se viva como una experiencia sensorial completa.

Un viaje de sabores por medio mundo

La carta de Brazza cambia cada semana, movida por el impulso creativo del chef. En ella se mezclan influencias del Mediterráneo, Sudamérica y Europa del Este en platos donde cada ingrediente se exprime al máximo.
Entre los entrantes destacan el paté de campo casero con tostadas a la brasa, el falafel con tahina y labneh, o unas mollejas con crème fraîche de chimichurri que resumen la esencia del restaurante: intensidad, libertad y sabor.

El fuego como protagonista

En Brazza, todo pasa por las brasas. Desde los portobellos con emulsión de patata trufada o el pulpo a la brasa con patatas baby hasta los grandes cortes de carne argentina y europea: entraña, ojo de bife, cuadril o chuletón, entre otros.

También hay espacio para pescados como el atún rojo con mango y soja o el salmón rosado con espárragos y salsa teriyaki. Las guarniciones, como los espárragos trigueros o el boniato a la chapa con crema agria, completan la experiencia.

El dulce final: clásicos con carácter

La propuesta de postres rinde homenaje a los sabores argentinos con el queso y dulce, la chocotorta o el panqueque de dulce de leche. A ellos se suman opciones internacionales como la pavlova con frutos rojos o la tarta de queso con salsa de frutos rojos, perfectas para cerrar el festín.

Vinos y cócteles con historia

La bodega de Brazza es un viaje líquido: predominan los vinos españoles de pequeñas parcelas, con guiños a Francia y Argentina. Además, su carta de cócteles rescata clásicos reinterpretados con el sello de Malacisa, completando una propuesta pensada para disfrutar sin prisas.

Con su mezcla de autenticidad, carácter y emoción, Brazza se posiciona como una de las aperturas más esperadas del año. Una cocina que no busca etiquetas, sino despertar sensaciones.

Fotografía OCTAVIAN CRACIUN
Texto MARCO DE PABLOS

El callejero de cualquier metrópolis del mundo, además de orientar, a veces también puede inspirar. Basta con pasear por el madrileño barrio de Las Letras para comprobarlo en primera persona. A pocos metros de ese enclave se encuentra uno de los hotspots más vibrantes y codiciados de la capital, pero para comprender su origen, hay que remontarse a otra ciudad. Una con un ritmo mucho más sosegado, con olor a sal y alma mediterránea. En la calle del Médico Manero Mollá, en Alicante, nació hace años una idea destinada a trascender su esquina. Entre la memoria y el nombre de un facultativo que enfrentó una pandemia y la intuición de dos empresarios adelantados a su tiempo, surgió Manero, un restaurante que hoy redefine el lujo español.

“Manero es un concepto de lujo marca España. Es el lugar donde la música, la comida, la bebida y el interiorismo se encuentran en un ambiente de diversión y placer, generando de forma natural un epicureísmo contemporáneo”, señala Carlos Bosch, quien, junto a Raquel Giménez, está al frente de este espacio, capaz de hacer converger los cinco sentidos nada más atravesar el dintel de su puerta. Para ella, “es la expresión del buen vivir mediterráneo con una sofisticación atemporal. Es ese espacio donde te sientes especial, donde todo está pensado para que disfrutes, pero sin perder la calidez que nos define como españoles”. Ambos conforman no solo la mejor dupla en lo empresarial, sino también en lo personal, y, como tal, saben de lo que hablan. Lo han construido desde sus cimientos.

En 2008, mientras una crisis económica azotaba el país, Carlos abrió El Portal en su “terreta” natal, que fue reconocido durante varios años como el mejor bar de España por la crítica especializada. “Allí creamos una categoría nueva en el mundo de los bares españoles”, recuerda. Tras una década desarrollando ese concepto, vio la oportunidad de crear algo escalable, capaz de representar el lujo de la gastronomía y la hostelería española en un formato que pudiera viajar. Así, en diciembre de 2017, Manero entra en escena con un local ubicado en la vía inicialmente citada.

“Yo me uní al proyecto desde el principio”, recuerda Raquel, y añade: “Carlos y yo realizamos un trabajo de investigación intenso, viajamos por los locales más interesantes de Europa para conceptualizar una marca de lujo española con identidad propia. Mi formación es en comercio internacional, pero gran parte de mi vida la he dedicado a la moda, creando mi propia marca de complementos. Esa sensibilidad por el diseño y la estética fue clave para dar forma a lo que Manero es hoy”.

“La evolución ha sido increíble”, coinciden. En marzo de 2021 inauguraron Manero Claudio Coello, en Madrid, justo cuando comenzó la pandemia. Un año después, en marzo de 2022, llegó Manero Balmis, también en Alicante, un concepto de bar con terraza. En septiembre de 2024 abrieron su “espacio más ambicioso hasta la fecha”, Manero Marqués de Cubas, donde nos encontramos, que combina bar, bistró y club de copas con música. Finalmente, el pasado mes de julio, Campari Bar Manero aterrizó en el Hotel Don Carlos de Marbella. “Cada apertura nos ha enseñado algo nuevo”, concluye Carlos. “Hemos ido refinando el concepto, escuchando a nuestros clientes, pero siempre manteniéndonos fieles a ese espíritu de autenticidad con sofisticación”.

Cuando se les pregunta por su mayor desafío, son contundentes: “Mantener la esencia y el estándar de calidad en cada local. Cuando creces, la tentación es replicar exactamente lo mismo, pero eso no funciona. Madrid es exigente, rápida y cosmopolita. Marbella tiene ese aire internacional pero más relajado, más veraniego. Alicante es nuestra casa, nuestras raíces”. Además, matizan: “La elección de estas ciudades no fue casual. Alicante surgió de manera natural, porque es donde nacimos. Madrid era inevitable si queríamos demostrar que podíamos competir al más alto nivel, mientras que Marbella representa ese lujo mediterráneo internacional que encaja perfectamente con nuestra propuesta”. “Todas estas ciudades tienen algo en común: un público que valora la buena vida, que entiende de gastronomía y que busca experiencias. No buscábamos simplemente crecer por crecer. Queríamos lugares donde Manero tuviera sentido, donde pudiera aportar algo único”, añade Raquel.

Y es que en estos locales nada está ahí por azar. “Son bares como si hubiesen sido creados hace 100 años, de estilos dispares, desde Art Decó hasta neoclásico, y siempre con mucha intervención artística”, explica Raquel. Carlos precisa: “Nos gusta contar historias con los espacios. Queremos que la gente se sienta como en su mejor casa”. Esa narrativa visual convierte cada visita a Manero en algo más que una cena o una copa. Hasta los baños tienen su aquel, con chistes de Chiquito de la Calzada sonando a todo trapo, porque el humor no está exento de formar parte del lujo.

“Buscamos espacios que tengan potencial para contar una historia, para crear una experiencia memorable”, señala Carlos, mientras Raquel apostilla: “Y también miramos el entorno arquitectónico. Nos gustan los edificios con historia, con carácter. Espacios que nos permitan intervenir y crear algo único. No queremos estar en cualquier sitio; queremos estar donde podamos hacer algo especial. Cada Manero tiene una identidad distinta. No hay ninguno que se parezca a otro. Pero todo el mundo sabe que son Manero. Eso es muy difícil de conseguir”. Para ello, cuentan con la ayuda de uno de los mejores: Lázaro Rosa-Violán, con quien colaboran, y a partir de ahí trabajan en equipo. “Viajamos constantemente, compramos piezas únicas, buscamos ese equilibrio entre elegancia y calidez. No queremos espacios fríos”, concluye Carlos.

En el mundo de Bosch y Giménez, la experiencia del cliente es sagrada. “Puedes tener el mejor producto del mundo, pero si el cliente no se siente bien, no vuelve”. Por ello, la calidad de sus propuestas, la atención personalizada y un entorno distintivo constituyen los tres pilares fundamentales de su ADN.

El grupo GastroPortal, matriz de Manero, cuenta ya con más de 300 empleados —200 de ellos en dicho establecimientos— y ha implementado un modelo laboral que rompe con los clichés del sector. Sueldos por encima del mercado, horarios estables, incentivos que pueden elevar el salario hasta un 40% y una cultura de respeto mutuo. “Manero es familia. El equipo, los proveedores, los clientes habituales… todos somos parte de lo mismo”, dice Raquel.

Esa visión humana, combinada con un sentido estético impecable, ha convertido a Manero en una de las marcas más reconocidas del país, con numerosas distinciones a sus espaldas. Pero, más allá de los galardones, la verdadera validación llega de quienes llenan sus mesas noche tras noche, “la mejor publicidad”, según Raquel.

“La competencia te obliga a mejorar, pero nosotros no nos obsesionamos con ella. Nos obsesionamos con hacer las cosas bien”

Desde hace unos años, la ciudad del kilómetro 0 ha visto cómo se multiplicaban día tras día las aperturas de locales gastronómicos, ofreciendo un abanico enorme de posibilidades y propuestas. “No intentamos competir copiando. Hacemos lo nuestro, con nuestra identidad. Nos diferenciamos por la coherencia: lo que prometemos, lo cumplimos. Y por la pasión”, dice Raquel. Carlos asiente: “La competencia te obliga a mejorar, pero nosotros no nos obsesionamos con ella. Nos obsesionamos con hacer las cosas bien”.

Esa manera, nunca mejor dicho, de entender un sector se refleja en cada detalle de su oferta culinaria. Y es que, como bien dice Raquel: “Los clásicos son nuestra base”. Entre sus platos estrella destacan el bocata de calamares, el pepito de ternera, los sazones, los ibéricos o los bikinis, junto a creaciones icónicas propias de su Caviar Bar, que Carlos describe como “todo un desarrollo de bocados”. La coctelería, al igual que los vinos, juega un papel fundamental en la experiencia Manero. “Hemos desarrollado durante estos años un control de unos 50 vinos propios de diferentes zonas de España: blancos, tintos, rosados, hasta vinos naturales, cava y champán. Tenemos la única marca registrada en champán española y desarrollamos nuestros propios ensamblajes”, explican.

Otra de sus novedades es el concepto del Campari Bar, que, como cuenta Bosch, es una idea creada por ellos mismos y “no se trata de ningún patrocinio”, sino de un espacio que fusiona la cultura italiana del aperitivo —con los célebres spritz y negroni— con la esencia del universo que han construido. “Es una barra especial que da valor a dos marcas de lujo en una experiencia más amplia y selecta”, añade.

Con el paso del tiempo, esa coherencia les ha permitido crecer sin perder el rumbo. “Hemos tenido mucha suerte. No creo que nos hayamos equivocado mucho —reflexiona Carlos—. Hemos cometido pequeños errores, sí, pero nos han ayudado a avanzar constantemente, a perfeccionar nuestra oferta. Más que grandes fallos, lo que hemos tenido es una evolución constante: un acierto continuo en la búsqueda de la calidad y el servicio”.

El futuro de Manero se expande sin prisa, pero con ambición. Portugal y Francia asoman en el horizonte, y nuevos conceptos —Manero Café, una tienda delicatessen con servicio de bar;  y Casa Manero, un hotel boutique — prometen ampliar ese universo donde gastronomía, diseño y cultura se funden en un mismo relato.

 “Me gustaría que, cuando alguien piense en disfrutar de la vida, celebrar algo especial o simplemente quiera darse un capricho, piense en Manero”, apunta Carlos, y completa: “Que seamos sinónimo de buen vivir. Y que hayamos logrado expandir ese concepto más allá de España, demostrando que el lujo español tiene su propia identidad, su propia voz.”

De momento, lo están haciendo. Lo que comenzó en una calle de Alicante se ha convertido en una filosofía que trasciende la hostelería, un estilo de vida donde cada detalle importa y cada experiencia cuenta. Un lugar para disfrutar y para recordar. Lo saben, por eso, sentencian: “Si no amas lo que haces, se nota. Y nosotros amamos esto profundamente”.

“Comer bien en el centro de Madrid es casi misión imposible”, repiten muchos madrileños con resignación. Es cierto que el turismo acapara buena parte de la oferta hostelera que ofrecen los alrededores del kilómetro 0, pero no todos los restaurantes se dejan arrastrar por esa corriente. Basta aventurarse unas calles más allá del bullicio para descubrir que la capital todavía guarda secretos capaces de reconciliar a cualquiera con el placer de la buena mesa.

En la calle de Los Madrazo, una arteria discreta pero rodeada de historia y poder, entre el Congreso de los Diputados, el hotel Four Seasons y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se ubica La Cuadra de Salvador, un steakhouse limeño que ha desembarcó en la ciudad antes del verano para desafiar clichés y encender brasas.

Su propuesta combina la maestría de la parrilla con el alma vibrante de la gastronomía peruana, ofreciendo una experiencia donde la técnica, el producto y la pasión se dan la mano. En muy poco tiempo, se ha posicionado como uno de los destinos imprescindibles para los amantes de la carne y los sabores auténticos. Y, con la llegada de las fiestas navideñas, puede ser la ocasión perfecta para descubrir, o redescubrir, el sabor y la calidez de “la cuadra” más castiza.

El sabor del fuego con alma limeña

Nacido en Lima en 2013 como un homenaje familiar a Salvador, una figura entrañable en la vida de los fundadores, este emblemático steakhouse se convirtió rápidamente en un referente culinario en Perú, expandiéndose a cuatro locales antes de mirar más allá de sus fronteras. Tras una década de brasas, aromas y recetas que combinan tradición y maestría, Madrid se convirtió en su primera parada internacional, un escenario perfecto para llevar el fuego de la parrilla limeña y la calidez de su hospitalidad a un nuevo público.

“Queríamos rendir homenaje a nuestras raíces y conectar con la gran comunidad peruana que vive aquí”, explica Pedro Pablo Pazos, CEO del grupo, quien lidera la expansión de la firma con la misma pasión que se respira en sus cocinas y en cada uno de los espacios que este local atesora.

La Cuadra de Salvador destaca por ofrecer cortes premium como el Black Angus USDA Prime o el wagyu japonés A5, preparados en un horno broiler de alta temperatura que concentra los jugos y potencia la textura de cada pieza. A su lado, platos emblemáticos como los anticuchos de Salvador, el lomo saltado o el ossobuco al maíz morado rinden tributo a la tradición peruana con una interpretación contemporánea.

Todo se sirve bajo un techo de estalactitas doradas, iluminadas con delicadeza, en una sala presidida por una imponente pared reconvertida en bodega que invita a brindar sin importar la ocasión.

Y por si fuera poco… maridaje a la altura

La experiencia en La Cuadra de Salvador no se limita a sus cortes y platos emblemáticos. Cada propuesta culinaria se ve acompañada por una cuidada selección de bebidas pensada para realzar sabores y texturas. Su extensa carta de vinos ofrece etiquetas nacionales e internacionales, desde tintos robustos que potencian la intensidad del wagyu hasta blancos frescos que armonizan con los sabores más delicados de la cocina peruana.

Pero la experiencia va más allá del vino. La coctelería del restaurante, inspirada en los sabores del Perú, combina ingredientes autóctonos como el pisco, frutas tropicales y hierbas aromáticas, dando lugar a combinaciones originales que refrescan y sorprenden al paladar. Cócteles clásicos reinventados y creaciones exclusivas se convierten en la antesala perfecta para una comida memorable, o en el broche ideal tras una jornada en la capital.

Del 5 al 8 de noviembre, Dom Pérignon inaugura en Madrid una pop-up efímera que celebra la creatividad, el arte y la innovación sensorial. Situada en Calle Barquillo 13, la experiencia ofrece a los visitantes un recorrido único que conecta el mundo del champagne con el arte contemporáneo a través de tres espacios inmersivos.

Presentación de las ediciones limitadas

La pop-up presenta las nuevas ediciones limitadas Dom Pérignon Vintage 2015 y Dom Pérignon Rosé Vintage 2010, diseñadas por el artista japonés Takashi Murakami. Este encuentro artístico refuerza el compromiso de la Maison con la exploración de caminos creativos y la colaboración con artistas visionarios.

Experiencia gastronómica de alto nivel

El chef Eneko Atxa, tres estrellas Michelin y miembro de la Dom Pérignon Society, ha creado un maridaje exclusivo que eleva la experiencia sensorial del champagne. Durante los días de apertura, los visitantes podrán degustar el Dom Pérignon Vintage 2015 acompañado de flan de pato y setas, o disfrutar del Dom Pérignon Rosé Vintage 2010 combinado con un delicado néctar de rosas, propuestas diseñadas para trasladar el arte del maridaje a una experiencia multisensorial única.

Exposición “Creation is an Eternal Journey

Por primera vez en España, llega la exposición presentada en la Tate Modern de Londres en mayo de 2025. La muestra se divide en dos movimientos: el pasado, que homenajea las conexiones históricas de Dom Pérignon con figuras culturales icónicas, y el presente, que destaca a los siete protagonistas del nuevo capítulo creativo de la Maison, incluyendo Zoë Kravitz, Tilda Swinton y Takashi Murakami.

La fusión de arte y champagne

La colaboración entre Vincent Chaperon, chef de cave de Dom Pérignon, y Takashi Murakami, refleja la unión entre tradición e innovación. Las icónicas flores sonrientes del artista japonés transforman la estética sobria de las botellas en un universo vibrante, donde refinamiento y fantasía coexisten en perfecta armonía.

Una invitación a la creación

La pop-up se convierte en un espacio para detener el tiempo y celebrar la creación en todas sus formas, invitando al público a explorar la tensión poética entre elegancia y exuberancia que define esta colaboración única.

La pasta es un plato que nunca falla, capaz de conquistar todos los paladares. Desde los clásicos macarrones con tomate que nos acompañan desde la infancia, hasta creaciones más sofisticadas con trufa o combinaciones gourmet, la pasta tiene siempre un lugar especial en la mesa. Este sábado 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Pasta, y para rendir homenaje a este icónico plato hemos preparado una ruta con tres paradas imprescindibles en Madrid. Ya sea en familia, en pareja o por amor a la buena pasta, aquí están los lugares donde disfrutarla como se merece.

Pasta con vistas en Papagena

Papagena, el clásico restaurante ubicado en la sexta planta del Teatro Real, propone un plato que combina lo mejor del mar y de la tierra: pasta de trigo duro con ragú de gamba roja y queso manchego. Si a esta propuesta le sumas las impresionantes vistas al Palacio Real y a los Jardines de la Plaza de Oriente, la velada se convierte en una experiencia gastronómica apta para los más románticos.

El verdadero sabor italiano en V Modern Italian

En un buen italiano nunca se falla, y V Modern, el nuevo hotspot culinario de Madrid, ofrece una carta variada de pastas ideal para compartir con amigos o en familia. Sus pastas frescas se elaboran de forma artesanal con sémola importada de Italia y se sirven siempre al dente, respetando la tradición italiana.

Entre sus propuestas destacan el Tartufo Nero, unos spaghettoni frescos bañados en crema de trufa con setas portobello asadas, crujiente de Grana Padano DOP, perejil y un toque de pimienta; el Pesto Rosso, pasta Fusilloni fresca con pesto rubio casero, tomate seco y ralladura de Grana Padano DOP; y la clásica Carbonara, elaborada con spaghettoni frescos, yemas de huevo, guanciale, Grana Padano DOP y pimienta negra.

La más creativa en Hard Rock Hotel

Ubicado en plena calle de Atocha, Hard Rock Hotel Madrid presenta una de las opciones más creativas de la ruta. Entre su amplia carta se encuentra una auténtica joya: fagottini rellenos de ricotta y pera, acompañados de una suave salsa de gorgonzola y nueces caramelizadas. Un plato elegante y sorprendente, perfecto para quienes buscan sabores diferentes.

La pasta, excusa perfecta para reunirse

El Día Mundial de la Pasta es la excusa perfecta para disfrutar de uno de los platos más queridos del mundo. Ya sea en versiones tradicionales o reinterpretadas por chefs contemporáneos, la pasta tiene la capacidad de reunirnos alrededor de la mesa y crear momentos únicos, celebrando sabor, creatividad y tradición en cada bocado.