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Por Bertie Espinosa Grau

El nombre de Gianni Versace sigue resonando con fuerza. Varios acontecimientos le han situado de nuevo en los titulares de la prensa mundial durante estos últimos años: el 20 aniversario de su muerte, la serie dedicada a los misterios de su dramática muerte y los documentales dedicados a su heredera estilistica: su hermana Donatella Versace, que a base de mantener un imperio y de renovar los códigos de la medusa, se ha convertido en una celebridad fashion.

Versace gozó de gran fama y popularidad en vida desde que en los años 80 se convirtiese en un diseñador de renombre que llevó su estilo por todo el mundo. Creó un universo repleto de referencias italianas, reconocible al ojo y deseado por las mujeres que ante todo querían ser sexies. “Nos vestimos para que alguien nos quiera desnudar”, declaraba. No buscaba la elegancia, porque para eso ya estaban sus paisanos Valentino o Gianfranco Ferré. Tampoco el concepto, donde Armani triunfaba -y sigue triunfando- con sus trajes deconstructurados. Buscaba a la mujer y su poder de seducción. Esencia de carne y curvas, unido a un barroquismo exuberante que fue adaptándose a los tiempos conforme los años pasaban. Sexualidad latente y manifestada a través de un estilo de vida y de los diseños que cada temporada lucían las principales modelos en la pasarela. Aún a día de hoy la marca sigue dejándonos en la cabeza momentos icónicos con sus musas de entonces, las supermodelos. Linda, Cindy, Naomi, y Christy, moviéndose al son de Freedom! ’90 de George Michael. Puro icono de una época. Versace era Gianni, quien hizo de su estilo de vida una oda de su propia marca.

Para Gianni, la moda un afrodisiaco que debían utilizar mujeres -y hombres- en todo momento. Precisamente por eso Lady Di vestía sus prendas, y precisamente también por eso rechazó ser imagen publicitaria de la firma. Si lo hizo en cambio Madonna, que vestía de Versace, al igual que Elton John. Grandes personajes para un diseñador que marcó época y estilo propios. Barroco y renacentista. Anti comedido y exagerado a partes iguales. Versace lo tuvo todo porque nunca reparó en gastos. Sus casas repartidas por medio mundo le convirtieron en una suerte de rey con una corte fashion que le seguía allá donde iba. Anna Wintour decía de él, que era quien “vestía a las amantes”, y fue precisamente una medusa la elegida como logo de la firma. Una paradoja que unía la picadura mortal con el mito. Y así acabó su vida, víctima de los excesos, y del gatillo de una pistola disparada por Andrew Cunanan en la mañana del 15 de julio de 1997 en la puerta de su casa de Miami. Esto también fue acoso. Un acoso hasta la muerte.

Se supo que Gianni había estado dos días antes con su asesino, que además de ofrecer sus servicios sexuales había matado a otros tres clientes dos meses antes. Fue la gota que colmó el vaso, porque pocos días después,Cunanan se suicidó, alimentando así los rumores y el mito. ¿Un crimen de celos, pasión, sexo?. Será imposible saber que pasó por la cabeza del asesino, y que le llevó a cometer tal crimen. Lo que si queda claro es que el exceso fue el hilo conductor de un desenlace fatal para Gianni, víctima de sí mismo, y de los delirios de Cunanan. La última imagen que Versace nos regaló fue su entierro en la Catedral de Milán, con unos primeros bancos que se asemejaban al front row de un desfile: Karl Lagerfeld, Lady Di, Elton John, Anna Wintour, Franca Sozzani…etc.

Su hermana menor y musa, Donatella Versace fue quien tomó las riendas del negocio, y del diseño. Y no le ha ido mal. Ella capitanea hasta hoy en día un imperio fundamentado en los pilares de la sensualidad y de lo too much. Puso orden en el legado estilístico manteniendo una estética que sigue siendo reconocible y que sigue llevando al deseo a millones de personas en todo el mundo. Reinventa estampados, formas e introduce a la marca a una modernidad que no deja atrás sus pilares. Siempre teniendo presente a Gianni, como en la línea de prendas que acaban de sacar, con la firma manuscrita de Gianni impresa en diversas prendas que pretenden convertirse en básicos de la casa. Donatella cuida del estilo, y es además, la imagen de lo que es Versace: exceso y legado.