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Por ALBERTO CASTILLO

La estación de Les Angles, en la comarca del Capcir, en los Pirineos Orientales, se posiciona cada verano como uno de los grandes destinos de turismo activo del Pirineo francés. Este pueblo-estación, que prolonga sus pistas desde la montaña hasta el mismo centro urbano, sigue atrayendo en la época estival a un gran número de visitantes en busca de una variada oferta de actividades que en gran medida gira en torno a la bicicleta. En su favor, cuenta con un bike park de referencia y con un rico espacio natural con una amplísima red de senderos y circuitos para recorrer a pie, en bici de montaña, o en bicicleta eléctrica, esta última, una opción que suma cada día más adeptos y que, como hemos podido comprobar, es sumamente adictiva una vez que se prueba.

El carácter familiar es uno de principales rasgos con los que se puede definir esta estación. Ofrece actividades en invierno y en verano para todo tipo de edades y niveles físicos. Senderos temáticos, circuitos de orientación, actividades infantiles, zonas de ocio y propuestas para disfrutar en grupo, convierten este destino en una opción muy completa y recomendable para familias que buscan un ocio activo en plena naturaleza. Les Angles es una estación de esquí moderna que ha sabido diversificar su oferta sin perder el carácter acogedor y el sabor de un auténtico pueblo de montaña.  

Más de 30 kilómetros de pistas en el Bike Park

La posibilidad de hacer deporte sobre dos ruedas es uno de los principales reclamos. El bike park, una de sus señas de identidad en verano y uno de los más importantes de los Pirineos, tiene mucho que ver en esto. Sus trazados se han diseñado pensando en el disfrute por cualquier tipo de usuario. Aquí los principiantes encuentran recorridos más suaves para iniciarse en el descenso, mientras que los más experimentados disponen de senderos especialmente diseñados para sentir la velocidad y la adrenalina.

Reúne cerca de 500 metros de desnivel repartidos en más de 30 kilómetros de pistas organizadas por colores en función de sus niveles de dificultad: verde, azul, azul técnica, roja y negra (con una variante doble negra). Los principales descensos han tomado sus nombres de personajes y lugares de El Señor de los Anillos: Frodon, la pista verde de iniciación al descenso para tener las primeras experiencias; Gandalf, azul, exige un cierto nivel técnico; Aragornla pista más larga del bike park, con obstáculos de madera y fuertes pendientes; Izangard, pista roja muy técnica; o Mordor y Sauron, negras con los descensos más duros del parque.

En Les Angles, la bicicleta es al verano como el esquí al invierno, está omnipresente y forma parte del paisaje local. Buen número de establecimientos especializados facilitan la práctica del mountain bike y ayudan a escoger las mejores opciones y rutas en función de tus condiciones y nivel físico. Además del bike park, Les Angles cuenta con múltiples rutas BTT y e-bike por los bosques y lagos del Capcir, que permiten descubrir algunos de los paisajes más bellos del Pirineo catalán francés.

Excursión en bici eléctrica al lago de Balcére

En nuestra visita hicimos la excursión al lago de Balcère. Es una de las rutas circulares más conocidas y recomendables por su belleza y por su facilidad, especialmente si se realiza caminando o si se utiliza la bici eléctrica, como fue nuestro caso. Esta modalidad permite encarar con un moderado esfuerzo pendientes que sin una buena forma física sería mucho más difícil superar, y por eso cada vez más establecimientos la incluyen en su oferta de alquiler. Para alguien que no se había subido antes a una bicicleta eléctrica, como es mi caso, la experiencia, una vez finalizada, se resume en un “quiero repetir”.  

Acompañados del director comercial de Les Angles, Antonio Martín, arrancamos la ruta en la parte alta del pueblo. Vamos dejando atrás las últimas casas mientras ascendemos por una moderada cuesta que a mí se me antoja como un puerto de montaña de primera categoría. Pero mi sorpresa llega con las primeras pedaladas. La bicicleta hace su trabajo mientras yo hago el mío, es decir, la asistencia eléctrica funciona a la perfección mientras pedaleo, acompasándose a mi esfuerzo. El resultado es que haces ejercicio, pero sin echar el alma en cada vuelta de pedal. La sensación me gusta y me llena de confianza para todo lo que me espera.

Dejamos atrás un mirador que ofrece una bella panorámica del pueblo con el lago Matemale al fondo y vamos ganando altura adentrándonos entre pinos y claros por los bosques del Parque Natural Regional de los Pirineos Catalanes, y entonces llega la primera sorpresa.

Antonio Martin nos había insistido en que íbamos a hacer una ruta “suave, de pendientes ligeras, casi un paseo”; yo en estos casos siempre tiendo a pensar que son verdades a medias y que nos esperan tramos mucho más exigentes de lo que nos dicen, pero efectivamente, no había “trampa” alguna y los tramos más duros los superamos con facilidad con el apoyo del motor eléctrico.

La gran sorpresa apareció ante nuestros ojos como una recompensa al esfuerzo de la subida. El lago de Balcère, simplemente majestuoso, un espejo de aguas quietas a 1.770 metros de altitud, apenas mecidas por el suave viento sobre la superficie que perfila sobre sí el reflejo de las copas de los pinares que lo circundan. Un rincón semi escondido de los Pirineos catalanes que la montaña nos regala para disfrutarlo con todos los sentidos. Desde el infinito horizonte que se divisa en el embarcadero que se adentra en sus aguas, al suave suspiro del viento que hace balancear los pétalos de las flores que estallan en mil colores esparciendo su aroma camuflado sobre el perfume de la resina. Las mesas de picnic esparcidas por las orillas del lago nos indican que esta es una excursión altamente recomendable para hacer en familia.

Un paisaje de postal en el Lago de La Basseta

Nos tomamos un respiro para admirar el lago en toda su belleza y retomamos la ruta hacia la segunda de las sorpresas. Después de haber ascendido 1.770 metros desde Les Angles hasta Balcère, sumarle otros 100 adicionales de desnivel positivo, aunque el camino se angosta y en algunos tramos complica enormemente el control de la bicicleta, merece la pena solo por dejarte envolver por la magia del lago de La Basseta, parada imprescindible para entender por qué este pueblo estación y sus alrededores cautivan al que se adentra en su territorio. Es apenas una sombra de la grandeza de su primo hermano, y, sin embargo, este pequeño lago parece dibujado a mano en un paisaje de postal guarecido por un silencio derramado sobre la quietud del agua que se esconde entre los bosques del Capcir. Sobrecoge tanta belleza. Si tuviera que adjetivar en una sola palabra lo que en ese momento siento, sin duda sería la «calma».

Desandamos el camino para retomar la ruta de regreso, pero en forma circular, por lo que en lugar de volver a Balcère, atravesamos el enclave de Valserra, donde nos reciben los restos de antiguos asentamientos, testigos mudos del paso de los primeros pobladores de estas montañas, y las ruinas de la Iglesia de Santa María de Vallserra. A partir de aquí, el camino nos va descendiendo por bosques y pastos donde pacen vacas y caballos en libertad, hasta desembocar finalmente en el punto de partida. En total, sumamos un recorrido que no supera los 25 kilómetros.

A toda velocidad por el Lou Bac Mountain

Tras la obligada parada para devolver las bicicletas y reponer fuerzas en una terraza degustando el exquisito magret de canard local, tomamos el telecabina de Les Pèlerins, punto de acceso al Plateau de Bigorre, para probar otra de las actividades estrella de la estación; el Lou Bac Mountain. Un trineo que se desliza sobre un monorraíl a endiablada velocidad durante casi 3 kilómetros de curvas y cambios de rasante desde la salida del telecabina hasta la base del remonte gobernado por una palanca con la que controlas cuándo y cuánto aceleras o frenas. Es adrenalina en estado puro. 

Terminamos la jornada con una suave ruta por el Sendero del Horizonte, un paseo que parte desde el Hors Sac, el espacio habilitado donde los visitantes pueden traerse y degustar sus propias carnes, asadas en gigantescas parrillas por personal de la estación. El sendero discurre por un bosque atravesando pasarelas de madera para terminar en un mirador desde el que se atisba una panorámica completa de todo el valle. El colofón a un intenso día que nos ha mostrado las diferentes caras de una misma realidad: Les Angles es mucho más que una estación de esquí.

Oporto siempre ha sido sinónimo de belleza. Calles empedradas, fachadas cubiertas de azulejos, bodegas históricas y miradores con vistas al Duero hacían de la Ciudad Invicta un lugar mágico. Pero la ciudad portuguesa guarda una nueva versión menos evidente y mucho más actual. A pocos minutos del centro histórico, la Avenida da Boavista se ha convertido en el epicentro de un Oporto diferente: más creativo, más sofisticado y con una energía urbana que mezcla arquitectura de vanguardia, cultura y una gastronomía que mira al futuro sin olvidar sus raíces.

Para descubrir esta nueva cara de la ciudad, el punto de partida perfecto es el Crowne Plaza Porto, un alojamiento que ha renovado por completo su propuesta para convertirse en mucho más que un lugar donde dormir. Tras una transformación integral, sus 232 habitaciones —incluidas 42 suites— presentan ahora una estética contemporánea, elegante y funcional, pensada para descansar después de un día explorando Oporto. Sus vistas privilegiadas al skyline de la ciudad convierten cada despertar en una pequeña invitación a salir a descubrir todo lo que ocurre más allá de la ventana.

Una llegada entre arquitectura futurista y una cena con alma mediterránea

El primer encuentro con el Oporto más moderno empieza a pocos pasos del hotel. La imponente Casa da Música aparece como una declaración de intenciones: un diamante de hormigón que rompió con la arquitectura tradicional portuguesa y que hoy es uno de los grandes símbolos culturales de la ciudad. Entrar en su interior es descubrir un sorprendente diálogo entre madera, azulejos portugueses y líneas futuristas que convierten cada espacio en una experiencia visual.

La visita puede coincidir incluso con alguno de los ensayos abiertos de la Orquesta Sinfónica, una de esas casualidades que hacen que un viaje tenga algo especial. Porque Oporto no se trata solo de ver monumentos; se trata de encontrar momentos.

Cuando cae la tarde, el plan continúa sin necesidad de desplazarse demasiado. En la planta baja del Crowne Plaza Porto espera soMos Restaurant & Lounge, uno de los grandes protagonistas de esta nueva etapa gastronómica del renovado establecimiento hotelero. Su terraza funciona como un pequeño oasis urbano en plena avenida, un espacio donde la ciudad baja el ritmo y la mesa se convierte en el centro de la experiencia.

Su propuesta apuesta por una cocina mediterránea basada en el producto fresco y de temporada, con platos que respetan el origen de cada ingrediente. Pescados y mariscos del Atlántico, carnes seleccionadas y recetas con identidad portuguesa forman parte de una carta que busca algo más difícil que sorprender: emocionar.

Sábado: arte, naturaleza y un refugio de bienestar en pleno viaje

El segundo día comienza con una de las visitas imprescindibles para entender el espíritu creativo de Oporto: la Fundação de Serralves. Este espacio único combina arte contemporáneo, arquitectura y naturaleza en un mismo recorrido. Diseñado alrededor del museo creado por el arquitecto Álvaro Siza Vieira y la elegante Casa Art Déco, Serralves representa esa mezcla tan característica de Oporto: respeto por la historia y una mirada constante hacia lo que viene.

Uno de los momentos más especiales llega al recorrer el Tree-top walk, una pasarela elevada entre las copas de los árboles que ofrece una perspectiva diferente del parque y de la propia ciudad. Es una pausa dentro del viaje, una forma distinta de observar Oporto lejos del ruido y las rutas habituales.

Después de una mañana cultural, el plan perfecto está dentro del propio hotel. El Porto Urban SPA del Crowne Plaza Porto ofrece ese momento necesario para bajar pulsaciones: circuito de aguas, baño turco, sauna y tratamientos personalizados pensados para recuperar energía. En una escapada de 48 horas, encontrar un espacio donde simplemente dejarse cuidar se convierte casi en un lujo.

Al caer la noche, Boavista vuelve a despertar. El destino es el histórico Mercado do Bom Sucesso, reconvertido en uno de los lugares más dinámicos de la ciudad. Entre puestos gastronómicos, productos locales y ambiente cosmopolita, es el sitio perfecto para comprobar que la nueva Oporto también se disfruta mezclándose con quienes viven allí.

Domingo: el brunch que convierte una despedida en una experiencia más del viaje

Oporto pertenece claramente a aquellos destinos que nunca querrías abandonar. Y la mejor forma de alargar la escapada llega de la mano de The Sunday Brunch de soMos Restaurant & Lounge.

Este brunch se convierte en uno de los grandes momentos del fin de semana: estaciones de show cooking con huevos preparados al gusto, carnes trinchadas, repostería artesanal, quesos nacionales, productos frescos y una irresistible fuente de chocolate que convierte la mañana del domingo en un auténtico ritual gastronómico.

Más que un desayuno tardío, es una experiencia para disfrutar sin mirar el reloj. Una celebración de la cocina, del producto y de esa manera tan portuguesa de entender la vida: con tiempo, conversación y placer alrededor de una mesa.

Antes de decir adiós a la ciudad, un último paseo por la Rotunda da Boavista permite contemplar el Monumento a la Guerra Peninsular y despedirse de esta zona que representa a la perfección el nuevo espíritu de Oporto: elegante, creativa y todavía capaz de sorprender.

De la playa de Foz al cóctel perfecto: el verano también tiene su propio plan en Oporto

Cuando llega el buen tiempo, Oporto suma un ingrediente más a su encanto: el Atlántico. Desde el Crowne Plaza Porto, las playas de Foz do Douro quedan a pocos minutos y ofrecen uno de esos escenarios que parecen diseñados para una tarde de verano perfecta. Allí donde el río Douro se encuentra con el océano, las playas, el paseo marítimo y la luz del atardecer crean uno de los rincones más especiales de la ciudad.

El plan es sencillo y precisamente por eso funciona: una tarde junto al mar, una vuelta al hotel y un cóctel en el soMos Lounge para empezar la noche. Su ambiente moderno, su carta de cócteles y su selección de snacks convierten este espacio en el lugar ideal para alargar la conversación hasta la madrugada.

Después llega la cena, de nuevo en soMos Restaurant & Lounge, donde la cocina mediterránea vuelve a ser protagonista con una propuesta ligera y basada en ingredientes frescos, muchos de ellos procedentes incluso del huerto urbano del propio hotel. Una experiencia que demuestra que en Oporto no hace falta elegir entre ciudad, mar y gastronomía: todo puede formar parte del mismo viaje.

Porque quizá el mayor descubrimiento de una escapada de 48 horas no sea solo conocer una nueva ciudad, sino encontrar la manera perfecta de vivirla. Y en el nuevo Oporto, esa manera pasa por Boavista, por el Crowne Plaza Porto y por lugares como soMos, donde diseño, sabor y hospitalidad se encuentran en el mismo punto.

Oculto entre los recónditos parajes de la Cantabria infinita se halla el Palacio de la Helguera, una casona del siglo XVII que conserva el esplendor de la nobleza de otra época y que hoy juega a ser mucho más que un hotel boutique: también es un peculiar anticuario. Aquí, el check-out puede incluir un recuerdo mucho más especial que una fotografía.

Por MARCO DE PABLOS

En un pequeño pueblo de los valles pasiegos de Cantabria se alza un palacio del siglo XVII cuya puerta principal permanece siempre entreabierta. Cercado por verdes y frondosos paisajes resulta mágico encontrar una fortaleza de estas dimensiones entre prados y montañas. Basta cruzar ese umbral, apenas abierto unos 45 grados, para comprender que el verdadero viaje empieza al otro lado.

La historia abre sus puertas

Su imponente fachada principal, levantada en sillería cántabra con piedra extraídas de los montes aledaños y conservada intacta desde su construcción, flanqueada por naranjos centenarios y asentada sobre el primer gran espacio ajardinado del establecimiento —dentro de las aproximadamente nueve hectáreas que conforman su propiedad—, da la bienvenida al Palacio de la Helguera. Esta distinguida casa señorial mandada construir por el Conde de Santa Ana de las Torres, destacado miembro de la familia Ceballos, linaje noble y propietario original del edificio, es hoy un exclusivo hotel boutique de lujo, integrado en la prestigiosa colección Relais & Châteaux, que cuenta con spa y restaurante reconocido por la Guía Michelin.

Malales Martínez Canut ha sido la artífice de este singular viaje en el tiempo. Actual propietaria del palacio junto a su marido, ha liderado también el proyecto de interiorismo que, en colaboración con María Mas, ha dotado al establecimiento del carácter tan peculiar que lo define. Once habitaciones —bautizadas y decoradas en consonancia a los personajes históricos vinculados al complejo que las inspiran, desde el Conde de la Gomera o el Barón de Puerto Rico hasta el Duque de Wellington—, un imponente salón, recibidores, patios y restaurante conforman un escenario de marcado carácter rococó. Sobre este envolvente conjunto se despliega un personalísimo mobiliario seleccionado pieza a pieza, compuesto por auténticas objetos de época que, en su mayoría, también están a la venta para los huéspedes. Y es que el hotel funciona, al mismo tiempo, como un anticuario.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Esta casona, declarada Bien Protegido, se distribuye en tres plantas vertebradas por una majestuosa escalera de piedra que conserva su balaustrada original. Cada uno de sus rincones desprende historia. A lo largo del recorrido, las paredes se visten con cuadros enmarcados en dorado que representan personajes de inspiración medieval, envueltos en un sutil halo de fantasía. La moqueta que cubre los suelos esconde antiguas maderas de olmo y roble, mientras los techos artesonados completan la atmósfera.

Uno de los espacios más cautivadores se encuentra en la entreplanta: un amplio salón que parece sacada de una novela histórica. Tapices, tresillos, cómodas afrancesadas, una imponente mesa, estanterías repletas de libros y obras de arte repartidas por doquier convierten este rincón en una suerte de museo viviente. Presidiendo la estancia, una espectacular chimenea aporta durante los meses más fríos una calidez que invita a demorarse entre sus paredes.

Fotografía ALBA GINÉR

Vistas infinitas

En el exterior, el encanto no hace más que crecer. El verde se convierte en el auténtico protagonista gracias a unos jardines exquisitamente cuidados, auténticos vergeles salpicados de flores, con especial protagonismo para las hortensias, que durante la visita lucían en su máximo apogeo y abrazaban la propiedad con una explosión de color digna de una pintura de Monet. Al final del jardín aguarda el plato fuerte, una piscina infinita que se asoma a la Vega de Pas, creando un contraste hipnótico entre el intenso azul del agua y el infinito manto verde del paisaje. Resulta difícil apartar la mirada. A su alrededor, un cuidado mobiliario de jardín con todo lo necesario y más, mientras que, a escasos metros, una piscina climatizada permite disfrutar de las mismas vistas en cualquier época del año. La experiencia se completa con un área wellness perfectamente equipada, donde no falta ningún detalle. Los huéspedes disponen de toallas, albornoces y todas las comodidades necesarias para disfrutar de un circuito de bienestar con jacuzzi, hamman, baño turco y gimnasio, además de una carta de tratamientos personalizados.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Sabores con doble origen

Pero aún hay más. El hotel también alberga su propuesta gastronómica, el restaurante Trastámara, liderado por el chef Renzo Orbegoso Hinojosa, cuya cocina establece un interesante diálogo entre la tradición cántabra y la peruana. Este rincón foodie cuenta con diferentes espacios, tanto en el interior —decorado con la misma estética señorial y aires pompadour que impregnan todo el palacio— como en una terraza exterior, especialmente recomendable al caer la tarde. Aquí, la despensa manda. Verduras de huerta, pescados del Cantábrico, quesos pasiegos y productos de temporada son la base de su carta. Entre los imprescindibles destacan el steak tartar, el mosaico de langostino y gambón con gel de lima y encurtidos, los nigiris de causa limeña o un ceviche que refleja a la perfección esa fusión entre las dos culturas gastronómicas. En los platos principales brillan la lubina con salsa de champagne y, para los amantes de la carne, el solomillo a la pimienta con aroma de tomillo, puré de batata y verduras de temporada, además del laminado de vacuno acompañado de milhojas de patata y bouquet de ensalada. Mención aparte merece el vino recomendado, Mar de Fondo, una de las grandes referencias de la región, con un marcado carácter salino, propio de las bodegas de la zona situadas a ras del mar. Por supuesto, conviene reservar un hueco para el postre. La crème brûlée con milhojas de manzana es todo un must, mientras que la torrija de sobao pasiego se convierte en un delicioso homenaje a uno de los productos más emblemáticos de la comarca. Precisamente los sobaos vuelven a cobrar protagonismo en los generosos desayunos que se sirven en este mismo enclave. Panes artesanos, bollería local, lácteos que narran la profunda tradición ganadera de la comarca y quesadas recién horneados componen el festín matutino. Cuando el tiempo acompaña, desayunar en la terraza, con semejante telón de fondo, es una de esas pequeñas experiencias capaces de marcar el resto de la jornada. Aunque en un lugar así, resulta difícil que algo vaya mal.

Fotografía ALBA GINÉR

Fotografía ALBA GINÉR

Alrededor de toda la finca, existen rincones pensados para detenerse a leer, conversar o, simplemente, contemplar, una vez más, el paisaje. Si apetece explorar los alrededores, pueblos con tanto encanto como Santillana del Mar o Suances se encuentran a escasos kilómetros, mientras que Santander está a apenas media hora en coche. Incluso para quienes viajan sin vehículo, la estación de Torrelavega queda muy próxima. Pero lo cierto es que cuesta encontrar una razón para marcharse. Palacio de la Helguera reúne todo lo necesario para desconectar, convirtiéndose en uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse y donde la verdadera experiencia reside en disfrutar del privilegio de habitar un palacio.

La escena gastronómica madrileña suma un nuevo protagonista con vocación de convertirse en punto de encuentro para locales y visitantes. Urban Hive Madrid ha presentado GINA, un ambicioso concepto que trasciende la idea tradicional de restaurante de hotel para convertirse en un universo gastronómico propio donde conviven la cocina italiana, el café de especialidad, la coctelería de autor y, próximamente, una de las terrazas más atractivas del centro de la capital.

Ubicado en el histórico edificio de Telefónica de 1954, el proyecto nace con una clara vocación urbana y social. La propuesta busca integrarse en la vida de Madrid ofreciendo distintos espacios y experiencias que acompañan el ritmo de la ciudad desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Bajo la dirección gastronómica del chef Matteo Sciacovelli, GINA apuesta por una cocina accesible, reconocible y cuidada, capaz de conectar con un público amplio sin renunciar a una personalidad propia.

Una trattoria actualizada en el corazón de Madrid

El epicentro de la propuesta es GINA Restaurant, concebido como una trattoria urbana donde la tradición italiana se reinterpreta desde una perspectiva mediterránea y cosmopolita. El espacio gira en torno a un gran horno central de piedra, elemento que no solo define la estética del local sino también una parte importante de su identidad culinaria.

La carta busca encontrar el equilibrio entre el respeto por los sabores clásicos italianos y una mirada contemporánea adaptada al contexto madrileño. Ingredientes de calidad, recetas reconocibles y una ejecución actual conforman una oferta pensada para compartir y disfrutar sin artificios. La experiencia pretende recuperar el placer de las largas sobremesas y de una gastronomía que invita a quedarse, alejándose de las tendencias más efímeras para apostar por la autenticidad y la cercanía.

Más allá de la propuesta culinaria, el restaurante quiere convertirse en un espacio abierto a la ciudad, capaz de atraer tanto a huéspedes del hotel como a madrileños en busca de un lugar donde comer o cenar en un ambiente relajado y con personalidad.

Del café de especialidad al cóctel perfecto

Uno de los elementos diferenciales de GINA es la amplitud de su propuesta. El concepto no se limita al restaurante, sino que incorpora un segundo espacio diseñado para acompañar los diferentes momentos del día.

GINA Bar se presenta como un punto de encuentro dinámico donde el café de especialidad convive con el aperitivo tradicional y la coctelería de autor. Durante la mañana, el espacio se transforma en un refugio para quienes buscan una pausa tranquila acompañada de una buena taza de café. Al mediodía, adopta el espíritu social del aperitivo, mientras que al caer la tarde da paso a una oferta líquida más sofisticada protagonizada por combinaciones creativas y una cuidada selección de bebidas.

La experiencia se completa con un atractivo patio interior rodeado de jardines verticales. En pleno centro de Madrid, este espacio aporta una sensación de calma poco habitual en una de las zonas más dinámicas de la ciudad y refuerza la vocación de GINA como lugar de encuentro y desconexión.

Un rooftop llamado a convertirse en uno de los grandes atractivos del verano

La tercera pieza del proyecto llegará a finales de junio con la apertura de GINA Oasis, un rooftop gastronómico situado en la séptima planta de Urban Hive Madrid. Su combinación de vistas panorámicas sobre la ciudad, una infinity pool y una propuesta culinaria diferenciada aspira a situarlo rápidamente entre los espacios más deseados de la temporada.

A diferencia del restaurante principal, Oasis desarrollará una oferta gastronómica donde la cocina italiana contemporánea dialoga con influencias japonesas. El resultado promete una experiencia más ligera y sofisticada, basada en productos de temporada, elaboraciones cuidadas y una estética minimalista que busca estimular tanto el paladar como la vista.

El espacio ha sido concebido para adaptarse a distintos momentos del día. Desde el aperitivo hasta las noches de verano, pasando por los atardeceres sobre los tejados de Madrid, el rooftop pretende convertirse en un enclave donde gastronomía, coctelería y paisaje urbano se integran en una única experiencia.

Mucho más que un restaurante de hotel

La apertura de GINA refleja una tendencia cada vez más consolidada en las grandes capitales europeas: la transformación de los hoteles en auténticos centros de vida social y cultural. En este contexto, Urban Hive Madrid apuesta por un modelo donde la restauración deja de ser un servicio complementario para convertirse en uno de los principales motores de identidad del proyecto.

El hotel, que ocupa un edificio histórico reinterpretado por el estudio Maison Malapert, combina patrimonio, diseño contemporáneo y una marcada inspiración madrileña. A ello se suma una filosofía basada en la sostenibilidad, la colaboración con proveedores responsables y la apuesta por productos locales y de temporada.

Con presencia ya en Milán y planes de expansión hacia París, la marca Urban Hive continúa reforzando su posicionamiento en algunos de los principales destinos urbanos europeos. En Madrid, lo hace de la mano de una propuesta gastronómica que aspira a convertirse en uno de los nuevos lugares imprescindibles para descubrir, compartir y disfrutar la ciudad desde una perspectiva contemporánea.

Hay viajes que dejan, literalmente, un buen sabor de boca. El Balneario de Panticosa es un histórico complejo hotelero conocido tradicionalmente por las propiedades de sus aguas termales. Un turismo orientado a la salud y al bienestar que atraía a sus visitantes favorecido por un entorno de alta montaña inigualable y en el que la propiedad del Grupo Nózar (Aguas de Panticosa SA, Bodegas Enate, Bodegas Laus, etc), ha abierto una nueva etapa con importantes cambios, tanto en la gestión como en el concepto de ocio. De cara a la temporada estival la nueva dirección ha apostado por situar la gastronomía en un lugar preferente en la experiencia del visitante y en una de las razones para visitar este enclave histórico del Pirineo aragonés.

ALBERTO CASTILLO para FEARLESS

En el Balneario de Panticosa el paisaje, además de ser admirado, se puede también saborear. A 1636 metros de altura, la alta cocina cobra todo el protagonismo para fundirse en una inmersión transversal con la naturaleza y el bienestar. Es entonces cuando placer de la mesa se saborea a fuego lento, como el tiempo, que parece detenerse al abrigo de las cumbres que rodean este mágico lugar del Valle oscense de Tena.

La cocina como nueva experiencia sensorial

El epicentro de esta nueva etapa que ha abierto la llegada a la dirección de Rafael Jiménez con su nuevo equipo de profesionales es El Lago, el restaurante donde el chef Rubén Pertusa ha desplegado una sofisticada propuesta de menú degustación cerrado en el que el producto juega con la creatividad y con la memoria del emblemático lugar que en su día fue este espacio dentro del Balneario y que hoy forma parte de uno de sus grandes atractivos.

Ubicado frente al icónico Ibón de Baños, el restaurante convierte cada servicio en algo casi escénico y en parte esencial del relato gastronómico. Desde el comedor se perciben las distintas tonalidades del paisaje, el movimiento del agua del lago y hasta casi la respiración de las montañas, convirtiendo cada velada en una experiencia única.

Podemos corroborar que el menú que degustamos, compuesto por unas combinaciones de puerro cítrico con salsa holandesa; foie mi cuit caramelizado con esturión Nacarii; trucha con salsa de cava, y lomo de ciervo asado con castañas, es deliciosamente exquisito.

El nuevo enfoque del restaurante El Lago forma parte de un viaje gastronómico completo, donde cada espacio juega su propio papel. En La Brasserie, en el Hotel Continental, y también bajo el sello de Pertusa, se ha revisado la tradición culinaria local desde un enfoque contemporáneo con una nueva carta que incluye entrantes fríos y calientes (patatas bravas, nachos, embutidos ibéricos…) como antesala del contundente plato principal basado en carnes a la brasa (paletilla de cordero, chuletón vacuno, solomillo o magret de pato). El sello de calidad de las carnes de la zona cocinadas en su punto de textura y sabor.

La Fontana, en la plaza central, mantiene el sabor de Italia con excelentes «antipasti», ensaladas, pastas con sabrosas salsas y una gran variedad de pizzas. Especialmente recomendables, la provoletta con champiñones, y la ensalada de burrata, rúcula y tomates secos. Y para alargar el tardeo con un coctel o un picoteo, el espacio El QBO es el punto de encuentro informal para relajarse y dejarse ver al aire libre.

El emblemático Gran Hotel de Panticosa

El Gran Hotel del Balneario de Panticosa, uno de los grandes iconos del Pirineo aragonés, ha dado un paso definitivo hacia el presente: permanecer abierto todo el año. Una decisión que va más allá de la operativa y que refuerza su vocación de convertirse en un destino sin temporada, pensado para disfrutarse en cualquier momento.

Inaugurado en 1895, este edificio histórico forma parte del ADN del balneario y acaba de ser distinguido como Hotel Monumento, una categoría que solo comparten tres establecimientos en Aragón y que reconoce su valor arquitectónico y cultural.

Su silueta, casi inalterada, conserva la elegancia de otra época, mientras el interior propone una experiencia que combina historia, calma y naturaleza. Alojarse aquí no es solo dormir en un hotel: es formar parte de un lugar donde el tiempo parece ir más despacio.

Aguas termales milenarias

Las aguas termales de Panticosa, conocidas desde época romana, siguen siendo el corazón del balnearioun legado que se traduce en tres formas de entender el bienestar: El Espacio Termal del Gran Hotel, exclusivo y de aforo limitado, pensado para la desconexión absoluta; Las Termas de Tiberio, con luz natural y con tratamientos personalizados, y el Balneario del Quiñón, orientado al cuidado terapéutico

Naturaleza inmersiva

En invierno, la proximidad a estaciones como Formigal y Panticosa refuerza su atractivo activo; en verano, el valle de Tena se convierte en un espacio de exploración y descanso con un sinfín de actividades: senderismo entre cascadas, ascensiones a picos emblemáticos, rutas accesibles como la Ruta del Pueyo o las Pasarelas, subida en el Tren de Tramascastilla al Ibón de Las Paules, la tirolina gigante de Hoz de Jaca, o el divertido laberinto de los Pirineos en el que deberás encontrar la salida de un bosque de 4.000 cipreses plantados, entre muchas otras posibles actividades.

Más de un siglo después de su origen, Panticosa sigue siendo fiel a lo que siempre fue: un lugar al que se viene a sanar, a respirar y a reconectar. Ahora, además, se viene a vivir una experiencia 360º.

Una madre representa cuidado, dedicación y constancia. Este Día de la Madre, más allá de los regalos materiales, la tendencia apunta hacia algo mucho más valioso: compartir tiempo y crear recuerdos. Desde propuestas gastronómicas hasta escapadas entre viñedos o planes urbanos y creativos, la clave está en regalar experiencias que perduren.

Sabores convertidos en recuerdo

En esta línea, FISAN propone elevar el regalo tradicional con una experiencia gastronómica de altura. Su Pack Deluxe Experiencia Jamón de Bellota transforma el acto de regalar en un momento de conexión alrededor de la mesa. Elaborado a partir de jamón de bellota ibérico 75% raza ibérica de Alta Gastronomía, el pack incluye diez sobres listos para disfrutar, presentados en una elegante caja. Una propuesta pensada para saborear sin prisas, donde el verdadero lujo es el tiempo compartido.

Madrid desde las alturas

Celebrar el Día de la Madre en Madrid es también una invitación a redescubrir la ciudad desde otra perspectiva: la de sus azoteas. Espacios donde el ritmo se ralentiza, las vistas se convierten en protagonistas y la gastronomía acompaña momentos que invitan a quedarse. Entre cielos abiertos y panorámicas únicas, estas direcciones elevan cualquier celebración.

El Cielo de Montera

Ubicado en plena Gran Vía, este hotel propone una experiencia donde la sofisticación se combina con el carácter castizo de la ciudad. Su restaurante, situado en la novena planta, se convierte en un oasis donde disfrutar de una cocina que rinde homenaje al producto local con técnicas contemporáneas. Platos como el tataki de atún rojo, las ostras aliñadas o el rodaballo salvaje dibujan una carta pensada para compartir y celebrar sin prisas, en un entorno luminoso con vistas al skyline madrileño.

Para quienes prefieren una celebración más distendida, esta azotea —la más alta de la Gran Vía— es el escenario perfecto. Con Madrid extendiéndose a sus pies, propone un plan relajado donde la coctelería de autor cobra protagonismo. Inspirada en los barrios más castizos, su carta líquida se acompaña de un picoteo gourmet con guiños a la tradición, ideal para un brindis al atardecer o una tarde que se alarga sin mirar el reloj.

Ginkgo Sky Bar

En uno de los laterales de la Plaza de España, este espacio se ha consolidado como uno de los imprescindibles para quienes buscan un plan especial. Su propuesta “The Art of Brunch” transforma esta tradición en una experiencia completa, donde la cocina internacional convive con smoothies, champagnes y una selección de cócteles cuidadosamente elaborados. Todo ello con la ciudad y su skyline como telón de fondo, en un ambiente cosmopolita y relajado que convierte el brunch en una ocasión perfecta para celebrar el Día de la Madre con estilo.

Escapada entre viñedos

En un momento en el que el verdadero lujo se mide en tiempo y calma, una escapada entre viñedos se convierte en uno de los regalos más especiales para el Día de la Madre. Lejos del ritmo de las grandes urbes, el paisaje de La Rioja invita a desconectar y reconectar, a partes iguales, en un entorno donde la naturaleza y la tradición marcan el compás.

Las Villas de Finca La Emperatriz representan a la perfección esta filosofía. Rodeadas de viñedos centenarios, estas villas ofrecen una experiencia íntima y sofisticada, pensada para disfrutar sin prisas. Paseos entre cepas, catas de vino, atardeceres infinitos y el silencio del campo se combinan para crear una estancia que va más allá del descanso. Aquí, cada detalle está diseñado para que el tiempo se detenga: desde la privacidad de las villas hasta la conexión directa con el mundo del vino, que permite descubrir el origen, el proceso y la esencia de uno de los grandes símbolos de nuestra cultura gastronómica. Una propuesta perfecta para regalar no solo una escapada, sino una vivencia compartida que invita a celebrar desde la tranquilidad, el paisaje y el placer de lo auténtico.

Siempre Sevilla 

Aunque sus grandes celebraciones, marcadas en el calendario por muchos, ya hayan pasado, Sevilla sigue siendo uno de los destinos más atractivos para una escapada primaveral, con grandes citas aún pendientes en su agenda social. Con temperaturas agradables y un ambiente más relajado, la ciudad hispalense invita a descubrir su esencia con calma.

Para alojarse, la colección de Mercer Hoteles ofrece distintas opciones con personalidad propia. Desde el encanto histórico de EME Catedral Mercer, ubicado en el barrio de Santa Cruz y con su icónica terraza con vistas a la Catedral, hasta la sofisticación de Mercer Plaza Sevilla, frente al Ayuntamiento y con restos de muralla romana en su interior.

Para quienes buscan una experiencia más íntima, Mercer Sevilla, en pleno barrio del Arenal, ofrece un exclusivo hotel boutique en una casa palacio del siglo XIX. Y si la idea es disfrutar de mayor independencia, Mercer Residences Sevilla combina la comodidad de un apartamento con los servicios de un hotel de lujo en una histórica casa palacio barroca.

La experiencia se completa con una oferta gastronómica a la altura. En Bar Plaza Restaurante, la cocina de producto y las vistas a la Plaza de San Francisco crean el escenario perfecto para un almuerzo relajado. Muy cerca de la Giralda, Mi Arma Restaurante ofrece una propuesta basada en la tradición sevillana con un toque actual.

Para los amantes del vino, Vinoteca Maestro se presenta como un refugio sofisticado donde descubrir referencias nacionales e internacionales acompañadas de tapas gourmet. Y para una experiencia más gastronómica, Restaurante María Luisa pone en valor el producto con una cocina mediterránea creativa y equilibrada.

Brindar… en casa

Celebrar en casa también puede ser especial si se cuidan los detalles. Jose Cuervo propone una forma desenfadada y versátil de celebrar, llevando la coctelería a cualquier momento del día. Con su tequila Tradicional Blanco, elaborado con 100% agave azul, la firma invita a reinterpretar clásicos que nunca fallan. La frescura cítrica de la Paloma, el equilibrio icónico de la Margarita o el toque especiado del Mexican Mule se convierten en aliados perfectos para brindar sin protocolos, adaptándose tanto a un aperitivo ligero como a una celebración más especial. Más allá de las recetas, la propuesta pone el foco en la experiencia: compartir, improvisar y disfrutar sin reglas. Porque, al final, lo importante no es solo el cóctel, sino el momento que se crea alrededor de él.

Un plan con “vidilla”

Para quienes buscan un plan diferente, Licores del Mono se une al espacio VI8RA para proponer una experiencia inmersiva donde arte, música y coctelería se encuentran en un mismo lugar. Entre luces neón, ambiente creativo y una cuidada selección musical, los asistentes podrán dejarse llevar mientras exploran sabores como Verbena de Limón, Sarao de Hierbas o Antojo de Galleta, en un formato pensado para disfrutar, crear y celebrar sin prisas. El evento tendrá lugar los días 6 y 7 de mayo, de 19:00h a 21:00h, y contará con plazas limitadas para mantener una experiencia íntima y cercana. Las reservas podrán realizarse a través de la web de VI8RA.

Este Día de la Madre, el mejor regalo no se envuelve: se vive. Ya sea alrededor de una mesa, frente al skyline madrileño o el sevillano o entre viñedos, la verdadera tendencia es clara: regalar tiempo, emociones y experiencias que se queden para siempre.

Entre el océano Pacífico y el desierto, Ica emerge como uno de los destinos más fascinantes —y aún poco explorados— del Perú. A tan solo unas horas de Lima, esta región reúne paisajes extremos, historia milenaria y una cultura gastronómica y vitivinícola que la convierten en una experiencia completa. Desde las enigmáticas Líneas de Nazca hasta la riqueza natural de Paracas, pasando por la tradición del pisco, Ica invita a un viaje donde cada parada conecta con la esencia más auténtica del país.

Un destino donde el desierto se encuentra con el océano

La región de Ica sorprende por su diversidad paisajística. En un mismo territorio conviven extensas dunas doradas y playas salvajes, configurando un escenario que parece sacado de otro mundo. Uno de sus grandes emblemas es la Reserva Nacional de Paracas, un espacio natural de más de 300.000 hectáreas donde los acantilados se funden con el mar y la biodiversidad se despliega en todo su esplendor.

Este enclave no solo destaca por su belleza, sino también por la variedad de experiencias que ofrece. Desde deportes acuáticos como kayak o windsurf hasta playas de aguas turquesas y arena blanca ideales para el descanso, Paracas es una parada imprescindible. A ello se suma su valor cultural, reflejado en espacios como el museo dedicado a la civilización Paracas, que permite comprender la profundidad histórica de la zona.

Más allá de la costa, el desierto de Ica abre la puerta a experiencias inolvidables. Recorridos en vehículos 4×4 entre dunas, atardeceres infinitos y propuestas de glamping convierten el paisaje en un escenario donde la aventura y el confort se encuentran. Cenas bajo las estrellas, rodeadas de silencio y naturaleza, elevan la experiencia a otro nivel.

Paisaje de la Reserva Nacional de Paracas.

Kitesurf en Paracas.

Islas Ballestas.

Las Líneas de Nazca, un misterio que sigue fascinando al mundo

Pocos lugares en el planeta generan tanta fascinación como las Líneas de Nazca, uno de los mayores enigmas arqueológicos de la humanidad y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estas gigantescas figuras trazadas sobre la tierra, visibles únicamente desde el aire, continúan despertando preguntas sobre su origen y significado.

Con cerca de 800 geoglifos que representan formas geométricas y figuras de animales, este conjunto monumental se extiende a lo largo de cientos de kilómetros. Su precisión, escala y antigüedad —se estima que fueron creadas entre el 500 a.C. y el 500 d.C.— convierten la visita en una experiencia tan impactante como difícil de olvidar.

Figura del mono. Líneas de Nasca

La Ruta del Pisco: tradición, sabor y cultura en cada copa

Hablar de Ica es hablar de pisco, la bebida insignia de Perú. La Ruta del Pisco se presenta como una de las experiencias más completas para adentrarse en la cultura local, combinando historia, gastronomía y tradición vitivinícola.

Este recorrido permite descubrir el proceso de elaboración del pisco, desde el cultivo de las uvas hasta la destilación, además de degustar distintas variedades y aprender a preparar cócteles icónicos como el pisco sour o el chilcano. Cada bodega ofrece una mirada única, convirtiendo la visita en un viaje sensorial.

Entre las paradas imprescindibles se encuentran la histórica Hacienda La Caravedo, considerada una de las destilerías más antiguas de América Latina, y Viña Tacama, uno de los viñedos más antiguos del continente. También destacan Hacienda Queirolo, Tabernero, Bodega San Nicolás y Bodega Murga, esta última reconocida por su enfoque que combina tradición e innovación en cada destilado.

Pisco Puro

Hotel Libertador en la Reserva Nacional de Paracas.

Excursión en el desierto, en la Reserva Nacional de Paracas.

Un destino que empieza a conquistar Madrid

El auge del pisco no se limita a Perú. En ciudades como Madrid, su presencia es cada vez mayor, tanto en tiendas especializadas como en restaurantes de cocina peruana, donde se reinterpretan los cócteles clásicos y se introduce al público europeo en esta tradición.

Este creciente interés convierte a Ica no solo en un destino turístico, sino en un embajador cultural que traspasa fronteras. Su capacidad para combinar paisajes únicos, historia ancestral y una identidad gastronómica sólida lo posiciona como uno de los lugares más atractivos para quienes buscan experiencias auténticas.

Ica, una joya por descubrir en el sur de Perú

A tan solo 300 kilómetros de Lima, Ica representa una escapada perfecta para quienes desean explorar una cara distinta del país. Su accesibilidad, sumada a la riqueza de sus atractivos, la convierte en un destino versátil que combina naturaleza, cultura y placer.

Lejos de los circuitos más masificados, Ica ofrece una experiencia genuina, donde cada paisaje y cada copa de pisco cuentan una historia. Un lugar que, una vez descubierto, deja claro por qué es uno de los secretos mejor guardados del Perú.

Si estás buscando un destino donde la Semana Santa no sea solo vacaciones, sino una experiencia que combine relax, naturaleza y diversión para toda la familia, entonces Sotogrande debería estar en tu radar. Desde aventuras para los niños y actividades al aire libre hasta momentos de desconexión frente al mar y experiencias gastronómicas únicas. ¡Aún estás a tiempo!

Diversión para los niños, desconexión para los adultos

Entre el 28 de marzo y el 5 de abril, los más pequeños tienen un abanico de actividades pensadas solo para ellos. Desde el Easter Kids Golf Camp en The Alto hasta los campamentos de pádel y tenis en Reserva Club, cada jornada combina deporte, creatividad y diversión al aire libre. El momento estrella llega el 5 de abril con la Easter Extravaganza en The Beach: una búsqueda de huevos, música y Mr. Bunny creando recuerdos que se quedarán para siempre.

Mientras los niños se divierten, los adultos pueden sumergirse, además de verdad, en el SPA & Wellness de SO/ Sotogrande, más de 3.500 m² de instalaciones con tratamientos inspirados en el Atlántico y la flora local. Jardines, piscinas y circuitos hidrotermales crean un oasis donde cada minuto se siente como un regalo para ti mismo.

Gastronomía de proximidad

En Sotogrande, comer no es solo saciar el hambre, es vivir la cultura local. En Cortijo Santa María 1962, el chef con estrella Michelin Nicolás Isnard y Leandro Caballero presentan el Menú Al-Andalus, un recorrido por la historia culinaria del sur reinterpretada con creatividad contemporánea.

Para quienes buscan algo más informal y social, Ancala ofrece “Entre Granos”, un menú que pone el producto local en el centro, y The Beach combina arena, piscina y un ambiente luminoso, convirtiéndose en un lugar perfecto para disfrutar de la primavera y compartir momentos con amigos o familia.

Naturaleza y mar en estado puro

El Mediterráneo y la naturaleza son los verdaderos protagonistas de Sotogrande. Clases de vela para principiantes, Wingfoil para los más atrevidos y rutas en e-bike por el Parque Natural de Los Alcornocales permiten descubrir paisajes que quitan el aliento. Las excursiones al Castillo de Castellar combinan historia, senderismo y picnic con vistas panorámicas que te hacen sentir que has viajado en el tiempo y en la naturaleza al mismo tiempo.

Cada actividad aquí tiene un encanto especial: desde recorrer bosques mediterráneos y avistar fauna local hasta deslizarse sobre el mar impulsado por el viento, todo está pensado para conectar con la belleza del entorno de manera activa y memorable.

Cultura, tradición y escapadas cercanas

Sotogrande permite combinar playa y descanso con cultura e historia. La Semana Santa de San Roque despliega solemnidad y emoción, mientras rutas históricas como la Ruta de Paco de Lucía y la Ruta de los Búnkeres muestran la riqueza cultural del área.

A pocos minutos, los pueblos blancos de Jimena de la Frontera y Casares invitan a paseos tranquilos, el Castillo de Castellar y Estepona ofrecen patrimonio y panoramas, y un salto a Gibraltar permite explorar The Rock, la cueva de St. Michael y su animada Main Street. Y, claro, para quienes buscan calma, las playas de Guadalquitón, Cala Los Toros y Cala Sardina se prestan para largos paseos y atardeceres de postal frente a un Mediterráneo especialmente luminoso en primavera.

En un momento en que el turismo global se enfrenta a profundas transformaciones —entre la saturación de los destinos más populares, el auge de nuevas formas de viajar y el renacer del interés por experiencias más ricas y conscientes— la figura de Viajes Mundo Amigo se destaca como un ejemplo paradigmático de cómo reinventar la manera de explorar el mundo. Con más de dos décadas de historia diseñando lo que ellos llaman “viajes de autor”, esta agencia madrileña ha convertido el viaje no en un simple desplazamiento, sino en una experiencia cultural profunda y cuidadosamente concebida, que pone el acento en el arte, la historia, la gastronomía y el encuentro con lo diverso. Fundada hace más de 27 años por dos viajeros apasionados y confesos como son Mikel González y Marisa de León , Mundo Amigo actúa hoy como puente entre quienes buscan más que paisajes y quienes desean adentrarse en las claves humanas, sociales y sensoriales de cada destino. Su trayectoria ilustra no solo la evolución personal de quienes han hecho del turismo su forma de vida, sino también la transformación de un sector que se debate entre el turismo de masas y un modelo más sostenible, consciente y enriquecedor.

De guía internacional a fundador de Mundo Amigo. ¿Qué aprendiste de aquellos primeros años en Mundo Joven?

En Mundo Joven, los guías internacionales nos autodefiníamos como “guerrilleros del turismo”. Se viajaba de una forma muy distinta a como se viaja hoy. Aprendí que un viaje es algo intangible, y de la inversión que el cliente realiza, solo quedan buenos o malos recuerdos. Y por ello, uno debe esforzarse al máximo porque la experiencia sea memorable.

Cuando decidisteis crear Mundo Amigo tras la quiebra, ¿qué querías hacer diferente? ¿Qué es y cómo defines Mundo Amigo?

Nos definimos como creadores de viajes. Mundo Amigo es lo más parecido al taller de un diseñador, donde permanentemente imaginamos cómo podrían ser los viajes del futuro. Adelantarnos a los deseos de nuestros clientes es en gran medida el pilar de nuestro éxito.

¿Cómo definirías hoy un “Viaje de Autor”?

Ante todo, una experiencia en la que tan importante es ver cosas, como que te pasen cosas.

Pasas seis meses al año viajando. ¿Sigue intacta la emoción del primer destino?

Absolutamente, sin duda alguna. Sería impensable emocionar a nuestros clientes sin sentir siempre la emoción del primer destino, aunque se repita mil veces. Porque además no solo cambian los destinos con el paso del tiempo, sino que también cambia uno mismo y los ve y disfruta de forma totalmente diferente.

Has recorrido Mali, Irán, Japón o el Himalaya. ¿Hay un viaje que te haya cambiado especialmente?

Varios, pero quizás Etiopía, Irán y Colombia sean los más significativos. El primero por sus inmensos contrastes humanos, increíbles festivales religiosos y fascinantes paisajes. El segundo, porque la calidez de sus habitantes es el mejor regalo para el viajero: en pocos lugares uno se siente tan bien acogido. Y el tercero, porque me sigue pareciendo uno de los países más amenos, variados y divertidos del planeta. Viajar recurrentemente a estos tres destinos ha cambiado mi forma de apreciar muchas cosas que, al final, no dejan de ser problemas del primer mundo.

Has dicho que Tokio, Nueva York o Múnich son ciudades donde te reconoces. ¿Qué tienen en común? ¿Qué tiene que tener una ciudad para que te reconozcas en ella?

Me fascinan las ciudades grandes, soy un urbanita confeso. Las tres cumplen esa premisa. Las dos primeras (Tokio y Nueva York) imprimen en el viajero un ritmo vertiginoso en el cuál me reconozco, y una oferta cultural y gastronómica apabullante. Múnich me aporta la elegancia y buen gusto de la vieja Europa, donde se cumple a rajatabla esa premisa de “modernicémonos para que nada cambie”.

Sería impensable emocionar a nuestros clientes sin sentir siempre la emoción del primer destino

Eres politólogo, saxofonista clásico y coleccionista de arte contemporáneo. ¿Cómo dialogan todas esas facetas con tu manera de viajar?

Mi formación académica me ayuda a contextualizar, y a poner siempre en cuestión las versiones monolíticas que tratan de definir tal o cuál país de forma simplista. Me gustaría tener más tiempo para tocar el saxofón, algo para mí difícil al viajar continuamente. En cuanto a mi faceta como coleccionista, me abre muchas puertas en todo el mundo vinculadas con museos, fundaciones, colecciones privadas y galerías de arte. Y me da la oportunidad, también, de conocer personalmente a muchos artistas, tanto consagrados como emergentes.

Wagner y Verdi, Broadway y el teatro contemporáneo. ¿Qué papel juega la escena en tu vida?

Juega un papel realmente importante. Al año puedo fácilmente disfrutar de cerca de dos centenares de espectáculos, incluyendo conciertos, óperas, teatro dramático, teatro musical… Es una parte importante de mi vida, que alimenta mi espíritu y me ha permitido acumular un sentido muy intuitivo de lo que es un espectáculo excepcional, o no tanto.

También eres amante del cine iraní y japonés, del neorrealismo italiano y la Nouvelle Vague francesa. ¿Te inspiran para diseñar itinerarios?

Sí, mucho. El cine siempre es una gran inspiración. De hecho, hay ciudades, como Alejandría, que solo existen ya en el cine y en la literatura, también en las canciones. Y si uno quiere descubrirlas, debe visitar los lugares de la memoria, que ya no existen físicamente. Ese tipo de turismo me entusiasma.

Coleccionas arte y admiras a Rothko o Marina Abramović. ¿Qué buscas cuando eliges una obra?

Simplemente busco una sensación. Sentir algo cuando me enfrento a una obra de arte. Que no es lo mismo que intentar entenderla, cosa que no considero tan importante en determinados casos.

Vienes de la cultura gastronómica vasca. ¿Qué paralelismo hay entre cocinar y diseñar un viaje?

Al fin y al cabo, son cosas muy similares: mezclar ingredientes dispares para que el resultado sea armonioso, al paladar o al disfrute viajero. Parece sencillo, pero es muy complejo, y exige enorme concentración, mucho conocimiento, algo de atrevimiento y grandes dosis de originalidad.

¿Qué necesitan hoy los viajeros culturales que no necesitaban hace 20 años?

Privacidad. La masificación de la cultura es uno de los males endémicos de nuestra época.

Después de más de tres décadas viajando, ¿qué has aprendido sobre el mundo… y sobre ti?

He aprendido que es absurdo querer coleccionar países, y obsesionarse con ello. Y en cierta forma, no importa repetir, porque el destino cambia y uno también cambia: el tiempo pasa para ambos. En cuanto a mí, he aprendido a relativizar: lo que a priori parece un problema irresoluble, termina resolviéndose.

Durante muchos años, los gestores políticos de ciertas ciudades han apostado por la cantidad, más que por la calidad

Por último, En los últimos tiempos han surgido numerosas voces críticas con el modelo turístico en España. Como profesional del sector, ¿cómo interpretas este debate?

El modelo desarrollista de sol y playa tiene los días contados y es evidente, pero es difícil que un país como el nuestro, con gran oferta de costa y enorme demanda de un tipo muy particular de viaje, dé pasos de gigante para transitar hacia otras ideas. Con casi 100 millones de visitantes anuales, debiéramos ser capaces como país de diversificar mucho más la oferta, haciendo tan atractivo el interior como el litoral. Francia, Grecia o Italia lo consiguieron hace años, ¿por qué no nosotros?

¿Crees que el rechazo que se percibe hacia el turismo en algunas ciudades responde a un problema de modelo, de gestión o de convivencia?

Quizás de los tres. Durante muchos años, los gestores políticos de ciertas ciudades han apostado por la cantidad, más que por la calidad. Esto modifica la oferta de ocio, alejándola del habitante, que termina no entendiendo por qué ha “perdido” su ciudad. Y ello provoca a la postre una convivencia imposible. Barcelona, Venecia o Dubrovnik son casos de estudio de cómo no deben hacerse las cosas.

Desde tu experiencia en el turismo cultural, ¿qué papel puede desempeñar un turismo más consciente y sostenible para cambiar esa narrativa negativa?

Un turismo más consciente y sostenible es la meta, pero alcanzarla no será sencillo. Vivimos en un mundo donde desplazarse es cada vez más fácil, y donde nuevas generaciones favorecen su tiempo de ocio a su éxito laboral: menos horas de trabajo, y más viajes. Somos más longevos y más activos en nuestros últimos años de vida, los países emergentes con gran capacidad de crecimiento, como China o India, aportan cada vez más viajeros al panorama global, y pretender que todo ese ingente caudal de nuevos turistas practiquen una sostenibilidad consciente es, cuando menos, un canto al sol. Lo que no es óbice para que se sigan implementando políticas de diversificación de destinos, desestacionalización y limitación de carga para, en la medida de lo posible, mitigar los efectos negativos de la hipermasificación de destinos. Porque, en esto también, menos puede ser más.

La temporada de verano se alarga en Ibiza y Formentera hasta finales de octubre, ofreciendo la oportunidad perfecta para disfrutar de una escapada fuera de los meses más masificados. Estos cuatro destinos con alma propia destacan por su autenticidad, calidad y el encanto mediterráneo que tanto inspira.

Lujo y esencia bohemia en Formentera

Hotel Five Flowers Formentera se presenta como el único hotel 5 estrellas de la isla, ahora integrado en la prestigiosa Meliá Collection. Ubicado a pocos metros de la playa de Es Pujols, ofrece lujo desenfadado, diseño vanguardista, rooftop con vistas 360º y gastronomía cuidada, ideal para escapadas de relax y wellness.

Tipic Formentera, fundado en 1971 con un concierto de Pink Floyd, sigue siendo un icono musical de la isla. Este 2025 se renueva con un estilo más elegante y sensorial, manteniendo su alma bohemia y respetando la arquitectura local, convirtiéndose en un destino imprescindible para los amantes de la música y la cultura mediterránea.

 Ibiza: creatividad y gastronomía con alma mediterránea

Pikes Ibiza Hotel es una leyenda viva de la isla pitiusa. Desde los años 70, ha sido refugio de artistas y epicentro de fiestas míticas, incluyendo la celebración del cumpleaños de Freddie Mercury. Jardines mediterráneos, piscina icónica, suites con personalidad propia, gastronomía de autor y noches inolvidables en Freddies hacen de Pikes un lugar para vivir y disfrutar.

Il Dek Ibiza, situado en el casco histórico de la isla, representa la elegancia italiana con un toque mediterráneo. Este bistrot toscano del grupo Casa Prato combina tradición e innovación en su carta y ofrece una bodega seleccionada por el sommelier Felice Cantone, con vinos de alta gama de Toscana, Piamonte y Borgoña. Un entorno encantador donde el Mediterráneo se saborea hasta la madrugada.