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Por MIGUEL SANZ

A veces el verano se vende como ese tiempo idílico en el que por fin vamos a leer todo lo pendiente. Luego llegan los días largos, el calor y la extraña capacidad de no avanzar más de dos páginas sin distraerse. Esta selección de títulos no viene a resolver ese pequeño engaño estacional, pero sí a acompañarlo con cierta dignidad o al menos con la intención firme de hacerlo.

Sara Barquinero nos ha brindado una de las mejores novelas de esta primera mitad del año, La chica más lista que conozco (Lumen). En ella se adentra en el campus universitario para diseccionarlo desde varios ángulos: las relaciones de amistad, afectivo-sexuales, de rivalidad o de envidia entre compañeros, así como las relaciones que se establecen entre profesores y alumnos. Con una mirada filosófica y analítica, sin caer en pretensiones excesivamente intelectualoides, construye una trama amena y verídica que puede considerarse un reflejo de nuestra época.   

Manuel Vilas escribe con la sinceridad y la crudeza a las que nos tiene acostumbrados sobre su reciente divorcio en Islandia (Destino). Al hilo de este, teje una serie de reflexiones sobre el amor, los afectos, la soledad o la convivencia, con las que muchos lectores pueden sentirse identificados.  

Daniel Ramírez logra engancharnos desde la primera página con Los días que no existieron (Espasa), poniéndonos en la piel de la aguerrida y atribulada Julia. Una de las grandes cualidades de la novela es mostrar brillantemente el complejo, conflictivo y plagado de incertidumbre funcionamiento de un periódico en la actualidad. Sin, por supuesto, dejar de interpelarnos sobre cómo habríamos actuado si nos hubiésemos visto envueltos en encrucijadas tan dramáticas como las que se narran a medida que la protagonista avanza en sus investigaciones. 

Rigurosamente documentada desde el punto de vista histórico y magníficamente escrita, conviene destacar la última novela de María José Rubio, La Marquesa y Bonaparte (Planeta). Una trama de alta política, con dosis de intriga y espionaje suficientes para mantenerte en alerta y que, además, nos introduce magistralmente en el mundo del arte y del coleccionismo de principios del siglo XIX. 

Fermina Cañaveras homenajea a varias mujeres que anhelan un amor correspondido y el cese de los enfrentamientos y de la violencia en La sonrisa rota (Espasa), que arranca meses antes del estallido de la Guerra civil española. El tomo nos traslada del barrio de Salamanca de Madrid al balneario manchego de El Milano, donde varios jerifaltes nazis se alojan con identidades falsas y planes truculentos. 

En su volumen de cuentos En el camping (Anagrama), la veterana autora Soledad Puértolas indaga, como es habitual en su obra, en los aspectos de la realidad que nos pasan desapercibidos, así como en los detalles chocantes de nuestra existencia y de nuestra relación con los demás.

Por otro lado, Alejandro Gándara nos acerca a veintidós textos de la Antigüedad seleccionados con el objetivo de concienciarnos sobre la necesidad de afrontar la vida sin miedos ni pesadumbre y de abrirnos paso con valentía y coraje en Los textos robados a la felicidad (Galaxia Gutenberg). Merecedor del Premio de Ensayo Eugenio Trías.

Cualquier persona mínimamente interesada en la edición literaria debería asomarse a El arte de rechazar manuscritos (Debate), de Constantino Bértolo. Los factores que impulsan a alguien a decantarse por juntar palabras, la tensión entre la vertiente literaria y la comercial, los egos editoriales o la cantidad de propuestas que se rechazan por cada obra que una editorial decide publicar son algunos de los ingredientes de este ensayo, plagado de datos y fruto de una larga trayectoria en el sector. 

Las memorias de un nieto confuso (Navona), de Máximo Pradera, no tiene desperdicio. En su caso, y como nos hace notar a cada paso, sus apellidos y sus antepasados pesan demasiado a la hora de explicar quién es, a qué se ha dedicado y cómo ha actuado. El capítulo dedicado a detallar la creación de Alianza por parte de su padre, Javier Pradera, así como la evolución posterior de la importante editorial, es de lo más relevante del libro. 

Adriana Herreros nos invita a entregarnos al placer de pasear por la ciudad sin pretensiones de ningún tipo y sin necesidad de buscar un afán o motivo para hacerlo en Andar por andar (Debate). El caminar como fuente de inspiración literaria o personal y la filosofía del paseo en varios autores son algunos de los temas que vertebran esta pequeña joya ensayística.

Los aficionados al mundo del arte disfrutarán con Ladrones de arte (Ariel), que se lee como un thriller, pero está basado en hechos reales. Ana Trigo nos sumerge en expolios, falsificaciones y misteriosas desapariciones de célebres obras de gran valor a lo largo de la historia. Ideal para pasar horas entre museos, palacios y cámaras acorazadas.

Finalmente, Pequeña historia de la Antigua Roma (Espasa) es una deliciosa recreación sintetizada, pero no exenta de solvencia y máximo rigor, que nos regala el latinista y divulgador del mundo clásico Emilio del Río, configurando junto al resto de títulos una selección variada y estimulante para un verano literario, en el que conviven novela, ensayo, memoria y divulgación con propuestas que invitan tanto a la reflexión como al disfrute.

Por ALBERTO CASTILLO

La estación de Les Angles, en la comarca del Capcir, en los Pirineos Orientales, se posiciona cada verano como uno de los grandes destinos de turismo activo del Pirineo francés. Este pueblo-estación, que prolonga sus pistas desde la montaña hasta el mismo centro urbano, sigue atrayendo en la época estival a un gran número de visitantes en busca de una variada oferta de actividades que en gran medida gira en torno a la bicicleta. En su favor, cuenta con un bike park de referencia y con un rico espacio natural con una amplísima red de senderos y circuitos para recorrer a pie, en bici de montaña, o en bicicleta eléctrica, esta última, una opción que suma cada día más adeptos y que, como hemos podido comprobar, es sumamente adictiva una vez que se prueba.

El carácter familiar es uno de principales rasgos con los que se puede definir esta estación. Ofrece actividades en invierno y en verano para todo tipo de edades y niveles físicos. Senderos temáticos, circuitos de orientación, actividades infantiles, zonas de ocio y propuestas para disfrutar en grupo, convierten este destino en una opción muy completa y recomendable para familias que buscan un ocio activo en plena naturaleza. Les Angles es una estación de esquí moderna que ha sabido diversificar su oferta sin perder el carácter acogedor y el sabor de un auténtico pueblo de montaña.  

Más de 30 kilómetros de pistas en el Bike Park

La posibilidad de hacer deporte sobre dos ruedas es uno de los principales reclamos. El bike park, una de sus señas de identidad en verano y uno de los más importantes de los Pirineos, tiene mucho que ver en esto. Sus trazados se han diseñado pensando en el disfrute por cualquier tipo de usuario. Aquí los principiantes encuentran recorridos más suaves para iniciarse en el descenso, mientras que los más experimentados disponen de senderos especialmente diseñados para sentir la velocidad y la adrenalina.

Reúne cerca de 500 metros de desnivel repartidos en más de 30 kilómetros de pistas organizadas por colores en función de sus niveles de dificultad: verde, azul, azul técnica, roja y negra (con una variante doble negra). Los principales descensos han tomado sus nombres de personajes y lugares de El Señor de los Anillos: Frodon, la pista verde de iniciación al descenso para tener las primeras experiencias; Gandalf, azul, exige un cierto nivel técnico; Aragornla pista más larga del bike park, con obstáculos de madera y fuertes pendientes; Izangard, pista roja muy técnica; o Mordor y Sauron, negras con los descensos más duros del parque.

En Les Angles, la bicicleta es al verano como el esquí al invierno, está omnipresente y forma parte del paisaje local. Buen número de establecimientos especializados facilitan la práctica del mountain bike y ayudan a escoger las mejores opciones y rutas en función de tus condiciones y nivel físico. Además del bike park, Les Angles cuenta con múltiples rutas BTT y e-bike por los bosques y lagos del Capcir, que permiten descubrir algunos de los paisajes más bellos del Pirineo catalán francés.

Excursión en bici eléctrica al lago de Balcére

En nuestra visita hicimos la excursión al lago de Balcère. Es una de las rutas circulares más conocidas y recomendables por su belleza y por su facilidad, especialmente si se realiza caminando o si se utiliza la bici eléctrica, como fue nuestro caso. Esta modalidad permite encarar con un moderado esfuerzo pendientes que sin una buena forma física sería mucho más difícil superar, y por eso cada vez más establecimientos la incluyen en su oferta de alquiler. Para alguien que no se había subido antes a una bicicleta eléctrica, como es mi caso, la experiencia, una vez finalizada, se resume en un “quiero repetir”.  

Acompañados del director comercial de Les Angles, Antonio Martín, arrancamos la ruta en la parte alta del pueblo. Vamos dejando atrás las últimas casas mientras ascendemos por una moderada cuesta que a mí se me antoja como un puerto de montaña de primera categoría. Pero mi sorpresa llega con las primeras pedaladas. La bicicleta hace su trabajo mientras yo hago el mío, es decir, la asistencia eléctrica funciona a la perfección mientras pedaleo, acompasándose a mi esfuerzo. El resultado es que haces ejercicio, pero sin echar el alma en cada vuelta de pedal. La sensación me gusta y me llena de confianza para todo lo que me espera.

Dejamos atrás un mirador que ofrece una bella panorámica del pueblo con el lago Matemale al fondo y vamos ganando altura adentrándonos entre pinos y claros por los bosques del Parque Natural Regional de los Pirineos Catalanes, y entonces llega la primera sorpresa.

Antonio Martin nos había insistido en que íbamos a hacer una ruta “suave, de pendientes ligeras, casi un paseo”; yo en estos casos siempre tiendo a pensar que son verdades a medias y que nos esperan tramos mucho más exigentes de lo que nos dicen, pero efectivamente, no había “trampa” alguna y los tramos más duros los superamos con facilidad con el apoyo del motor eléctrico.

La gran sorpresa apareció ante nuestros ojos como una recompensa al esfuerzo de la subida. El lago de Balcère, simplemente majestuoso, un espejo de aguas quietas a 1.770 metros de altitud, apenas mecidas por el suave viento sobre la superficie que perfila sobre sí el reflejo de las copas de los pinares que lo circundan. Un rincón semi escondido de los Pirineos catalanes que la montaña nos regala para disfrutarlo con todos los sentidos. Desde el infinito horizonte que se divisa en el embarcadero que se adentra en sus aguas, al suave suspiro del viento que hace balancear los pétalos de las flores que estallan en mil colores esparciendo su aroma camuflado sobre el perfume de la resina. Las mesas de picnic esparcidas por las orillas del lago nos indican que esta es una excursión altamente recomendable para hacer en familia.

Un paisaje de postal en el Lago de La Basseta

Nos tomamos un respiro para admirar el lago en toda su belleza y retomamos la ruta hacia la segunda de las sorpresas. Después de haber ascendido 1.770 metros desde Les Angles hasta Balcère, sumarle otros 100 adicionales de desnivel positivo, aunque el camino se angosta y en algunos tramos complica enormemente el control de la bicicleta, merece la pena solo por dejarte envolver por la magia del lago de La Basseta, parada imprescindible para entender por qué este pueblo estación y sus alrededores cautivan al que se adentra en su territorio. Es apenas una sombra de la grandeza de su primo hermano, y, sin embargo, este pequeño lago parece dibujado a mano en un paisaje de postal guarecido por un silencio derramado sobre la quietud del agua que se esconde entre los bosques del Capcir. Sobrecoge tanta belleza. Si tuviera que adjetivar en una sola palabra lo que en ese momento siento, sin duda sería la «calma».

Desandamos el camino para retomar la ruta de regreso, pero en forma circular, por lo que en lugar de volver a Balcère, atravesamos el enclave de Valserra, donde nos reciben los restos de antiguos asentamientos, testigos mudos del paso de los primeros pobladores de estas montañas, y las ruinas de la Iglesia de Santa María de Vallserra. A partir de aquí, el camino nos va descendiendo por bosques y pastos donde pacen vacas y caballos en libertad, hasta desembocar finalmente en el punto de partida. En total, sumamos un recorrido que no supera los 25 kilómetros.

A toda velocidad por el Lou Bac Mountain

Tras la obligada parada para devolver las bicicletas y reponer fuerzas en una terraza degustando el exquisito magret de canard local, tomamos el telecabina de Les Pèlerins, punto de acceso al Plateau de Bigorre, para probar otra de las actividades estrella de la estación; el Lou Bac Mountain. Un trineo que se desliza sobre un monorraíl a endiablada velocidad durante casi 3 kilómetros de curvas y cambios de rasante desde la salida del telecabina hasta la base del remonte gobernado por una palanca con la que controlas cuándo y cuánto aceleras o frenas. Es adrenalina en estado puro. 

Terminamos la jornada con una suave ruta por el Sendero del Horizonte, un paseo que parte desde el Hors Sac, el espacio habilitado donde los visitantes pueden traerse y degustar sus propias carnes, asadas en gigantescas parrillas por personal de la estación. El sendero discurre por un bosque atravesando pasarelas de madera para terminar en un mirador desde el que se atisba una panorámica completa de todo el valle. El colofón a un intenso día que nos ha mostrado las diferentes caras de una misma realidad: Les Angles es mucho más que una estación de esquí.

Por Jorge Fernández Peiró 

El verano es una estación extraña. Empieza mucho antes de empezar. Empieza cuando alguien propone una escapada que todavía no tiene fecha. Cuando vuelven los helados de siempre. Cuando descubres que a las nueve y media de la noche sigue habiendo luz y te parece que el mundo, de repente, tiene más tiempo. Y entonces aparece la música. Aunque casi nunca sea la que esperabas.

Cada una —y cada uno— tenemos un sitio favorito en el mundo. El mío es un faro en la costa norte de Menorca que se llama Cavalleria. Está en lo alto de un acantilado desde el que el Mediterráneo parece no tener fin. Si llegas temprano, cuando todavía no hay turistas, el silencio que hay es una mezcla de viento, espuma de mar y sal y todo suena a Vivaldi. Porque El verano de Las Cuatro Estaciones no habla de playas paradisíacas. Habla de esas tormentas inesperadas que llegan tras la calma. Del instante en que el aire deja de moverse y sabes que algo está a punto de pasar. El verano no siempre fue una postal. A veces también fue una promesa.

Pero antes de Menorca estaba Santa Pola. Los veranos con mis padres, mi hermano, los tíos y los primos. El mar a pie de calle, el olor a crema solar, la petanca, las horas que no eran como las del resto del año. Esos veranos tenían un ritmo propio que el cuerpo reconocía antes que la memoria. Sonaba Rick Astley, sonaban Los Rebeldes y su Mediterráneo, Mecano y hasta Ana Belén y Víctor Manuel. El verano en familia siempre fue una banda sonora en modo aleatorio aunque nadie la haya grabado.

Y luego llegó el FIB. El Festival Internacional de Benicàssim de los años en que el FIB era el centro del mundo. El de la tienda de campaña, la cerveza caliente y el calor tan brutal que no importaba. El universo donde colisionaban Blur y Oasis. Donde Brett Anderson, de Suede, se movía en el escenario como si fuera una pantera. El lugar exacto en el que Placebo, con Brian Molko al frente, se convirtió en mi salvavidas musical y el escenario donde la magia trajo la aparición estelar de Raimundo Amador en plena actuación de Björk, que es exactamente el tipo de momento que solo puede ocurrir en un festival cuando los dioses de la programación tienen un buen día. Y hablando de Un buen día, también estaban Los Planetas (y el día que Mendieta marcó un gol realmente increíble, esta vez con su guitarra), La Habitación Roja, Lori Meyers o Nosoträsh. El indie nacional de aquella época. Cuando escuchar esa música te hacía pertenecer a algo. A una forma de entender el mundo que te hacía sentir especial. El verano olía a esa música. Todavía lo hace.

Han pasado muchos veranos desde entonces. El Sonorama Ribera en Aranda, otros festivales, otras noches. Y cada año el verano necesita su propia música. Sus nombres propios. Los del presente. Este año uno de esos nombres es Ultraligera, que en cada festival está dejando ese rastro inconfundible de rock, sudor y expectación con temas como Lapsus o Matanza en el hotel. Otro nombre es Barry B, que acaba de presentar Silverado como adelanto de su nuevo disco que verá la luz en otoño. A nivel internacional el verano sonará a Fontaines D.C., que este agosto pasarán por Cádiz, Alicante y Pamplona en una gira que no es un festival sino algo más parecido a un acontecimiento. Hay grupos que hacen conciertos. Fontaines D.C. van a hacer recuerdos. Y luego está Bad Bunny. Porque hay veranos que pertenecen a canciones y otros que pertenecen a personas. Este parece pertenecerle a él. No es una cuestión de gustos. Es una cuestión de presencia. El verano de 2026 tiene dueño.

Pero el verano también sigue sonando a verbena. Por mucho algoritmo que exista, España sigue siendo un país que baila en plazas de pueblo con orquestas tocando mientras tres generaciones bailan la misma canción. De Raffaella Carrà. O de Georgie Dann. O de Sonia y Selena. Yo quiero bailar, toda la noche… Canciones que nadie elegiría voluntariamente en su casa, pero que forman parte de nuestra educación sentimental. Pura herencia musical.

Y luego está agosto a las tres de la madrugada. Las Perseidas. Una toalla en el suelo o una hamaca. El calor que por fin ha bajado lo suficiente. Una conversación que se alarga. Un silencio cómodo. A veces son la misma cosa. Mi compañero de vida se llama Shelly, su madre es una husky, aunque él no se parezca en absoluto, y se comunica conmigo como si fuera un niño. Ahora tiene seis años. Tenerlo tumbado, a mi lado, en lo alto de una montaña viendo estrellas, o en la playa con el sonido del mar al fondo, es lo mejor del verano. Ese instante suena a canción que no recuerdas de dónde viene pero que llevas dentro desde hace tiempo.

Quizá el verano de 2026 suene a Bad Bunny llenando estadios. Quizá suene a Fontaines D.C. recorriendo España. Quizá suene a Ultraligera o Barry B conquistando festivales. Quizá suene a Vivaldi trescientos años después. Quizá suene al FIB, a Sonorama o al indie que te hacía pertenecer a algo. O a las noches en Santa Pola. O al faro de Cavalleria en Menorca. O quizá suene a un viaje a Berlín o simplemente a esa conversación en una terraza cuando ya han recogido todas las mesas menos la vuestra. Porque el verano no solo se queda a vivir en las canciones. Se queda a vivir en los momentos. Y las canciones son la forma que tienen esos momentos de volver a encontrarnos cuando ya creíamos haberlos olvidado.

Cada verano hay quienes buscan grandes viajes y quienes prefieren descubrir destinos que lo tienen todo a pocas horas de casa. Cantabria pertenece a ese segundo grupo. En apenas unos kilómetros es posible pasar de una playa salvaje a un pueblo medieval, caminar entre bosques, visitar una cueva Patrimonio de la Humanidad y terminar el día compartiendo unas rabas frente al mar o tomando un vermut en una barra con décadas de historia.

Si todavía no has decidido dónde escaparte este verano, hay un itinerario que combina naturaleza, gastronomía y alojamientos con personalidad para conocer una de las regiones con más encanto del norte de España.

Dormir entre prados, a veinte minutos de Santander

Uno de esos lugares que invitan a bajar el ritmo se encuentra en Barcenaciones, un pequeño pueblo del valle de Reocín donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Allí, rodeado de prados y muy cerca de algunos de los principales atractivos turísticos de Cantabria, se encuentra La Tierruca Homes, un complejo formado por siete bungalows independientes construidos a partir de contenedores marítimos reciclados y transformados en alojamientos de diseño.

Las viviendas, de una o dos habitaciones, cuentan con jardín privado, barbacoa, cocina totalmente equipada y acceso a una piscina común de agua salada. Todo está pensado para disfrutar de unos días de desconexión sin renunciar a la comodidad. Su ubicación permite visitar fácilmente lugares como Santillana del Mar, Comillas, las playas de Oyambre o Luaña, la cueva de El Soplao, el Parque Natural Saja-Besaya o las Cuevas de Altamira, mientras que el propio entorno invita a caminar entre prados, recorrer senderos junto al río Saja o simplemente descansar lejos del bullicio de la costa.

Para familias, parejas o grupos de amigos, reservar el complejo completo se convierte además en una opción perfecta para celebrar encuentros privados, retiros o escapadas compartidas.

Santander, una ciudad que se disfruta desde sus barras

Después de una mañana de playa o de una excursión por el interior, Santander ofrece otra de sus grandes razones para visitarla: su cultura gastronómica. Más allá de los restaurantes, la capital cántabra sigue conservando una tradición muy arraigada de vermuts, cañas, terrazas y tapeo que convierte cualquier paseo por el centro en una ruta gastronómica improvisada.

En pleno Ensanche santanderino, tres establecimientos representan especialmente bien esa manera de entender el ocio.

Las Hijas de Florencio, el regreso de un clásico

La reapertura de Las Hijas de Florencio ha supuesto la recuperación de uno de los bares históricos de Santander. Situado junto al Paseo de Pereda, mantiene la esencia de las tabernas tradicionales con dos barras protagonistas, una amplia terraza frente al mar y una carta basada en los grandes clásicos del aperitivo: croquetas, tortillas, ensaladilla, embutidos, tostas o las ya conocidas lascas de parmesano.

Es uno de esos lugares donde resulta fácil alargar el vermut hasta la comida mientras se contempla la bahía.

Cortés, el bar donde siempre pasa algo

A pocos metros aparece Cortés, uno de los locales con más ambiente del centro de la ciudad. Su cocina permanece abierta durante buena parte del día, lo que permite pasar del aperitivo a una comida informal, continuar con una copa de vino o terminar compartiendo una cena. Su propuesta mezcla recetas tradicionales del Grupo Riojano con influencias mexicanas, donde conviven tacos de cochinita pibil, margaritas y mezcales con croquetas, ensaladilla o el ya popular bikini ibérico Cortés.

Su reconocimiento con un Solete Repsol confirma lo que muchos santanderinos ya sabían: es uno de esos bares a los que siempre apetece volver.

Vermutería Solórzano, una institución del aperitivo

Hablar de vermut en Santander es hablar de Vermutería Solórzano.

Con más de un centenar de referencias y un ambiente que conserva intacta la esencia de las vermuterías clásicas, este establecimiento continúa siendo uno de los grandes puntos de encuentro de la ciudad. Rabas, caracolillos, gildas o huevos rellenos acompañan una oferta donde el vermut sigue siendo el gran protagonista.

Su barra, marcada por décadas de historia, resume perfectamente esa costumbre tan santanderina de reunirse alrededor de un aperitivo antes de comer.

Mucho más que tres bares: una ruta gastronómica por Grupo Riojano

Detrás de estos establecimientos se encuentra Grupo Riojano, que durante los últimos años ha ido recuperando algunos de los espacios más emblemáticos de la hostelería cántabra al mismo tiempo que desarrollaba nuevos conceptos gastronómicos. Quienes dispongan de varios días pueden ampliar la ruta con algunas de sus direcciones más conocidas.

La histórica Bodega del Riojano sigue siendo uno de los grandes templos de la cocina tradicional de Santander; Kandela apuesta por la cocina de brasas y el producto; el Balneario de la Magdalena ofrece una de las terrazas con mejores vistas de la bahía para disfrutar de arroces y pescado; mientras que el Café Centro Botín resulta perfecto para hacer una pausa después de visitar uno de los grandes referentes culturales de la ciudad.

Fuera de Santander, la propuesta continúa con Bar Pepe, en Somo, una parada imprescindible tras un día de playa; Pan de Cuco, en Suesa, donde la cocina cántabra contemporánea encuentra uno de sus mejores exponentes; Primera Vaca, ideal para compartir pizzas artesanas y cocina de producto en un entorno rural; o La Carnaza, para quienes prefieran una buena hamburguesa con personalidad.

Una escapada que combina costa, naturaleza y gastronomía

Una de las grandes ventajas de Cantabria es que no obliga a elegir. Es posible dormir rodeado de naturaleza, desayunar viendo prados, pasar la mañana en una playa del Cantábrico, recorrer pueblos como Santillana del Mar o Comillas y terminar el día compartiendo unas tapas frente al mar en pleno centro de Santander. Ese equilibrio entre paisaje, patrimonio, tranquilidad y gastronomía es precisamente lo que convierte a la región en uno de los destinos más completos para quienes todavía buscan una escapada de verano. Y es que no hace falta recorrer miles de kilómetros para descubrir un lugar al que siempre apetece volver.

La influencia ya no se mide únicamente en cifras, aunque ellas acumulen millones. Se mide en la capacidad de generar conversación, de marcar tendencias y de conectar con una generación que consume contenido a la velocidad del vértigo. Lola Lolita y Sofía Surfers lo saben bien. Convertidas en dos de las personalidades digitales más relevantes del país, han hecho de la autenticidad su principal activo y de las redes sociales una plataforma desde la que construir algo mucho más grande que una comunidad.

FEARLESS las reúne este verano en el Hotel Santo Mauro de Madrid para retratar un momento clave de sus trayectorias. Jóvenes, ambiciosas y plenamente conscientes del lugar que ocupan, representan una nueva forma de entender la notoriedad: más cercana, más espontánea y, al mismo tiempo, extraordinariamente influyente.

Entre risas, confidencias y la compañía de Brownie, Cibeles y Cristiano, el inseparable perro de Lola y los gatos de la editora de esta cabecera, respectivamente, habla sobre la familia, el éxito, la exposición pública y los proyectos que están por venir. “Con nuestras diferencias, pero siempre hemos estado la una para la otra”, afirman. Una frase que resume el vínculo que las une y que explica, en parte, cómo han llegado hasta aquí.

Además, ambas son férreas defensoras de los derechos de los animales —una causa que apoyan activamente y visibilizan de forma habitual en sus plataformas—, y coinciden en una misma idea: «Los animales representan amor puro, hogar y paz». En este número queda reflejado. Son indomables.

Una mañana de lujo

Relojes y joyas capturan los primeros rayos de sol, ofreciendo un sinfín de propuestas con las que adornar la piel. Cada pieza traduce la elegancia del amanecer en forma de objeto, en una de las estaciones del año en las que más brillan.

Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet a la caza del mamut

Uno ha revolucionado la forma en que entendemos los espacios; la otra ha transformado la manera de contar historias. Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet son dos de los grandes creadores españoles de las últimas décadas. Proceden de disciplinas aparentemente alejadas y, sin embargo, comparten mucho más que años de amistad. Ahora también un posible nuevo proyecto cinematográfico con un sorprendente protagonista: un mamut de nombre Alvarito.

Sara Zaldívar, al servicio del arte

Por amor al arte, literalmente. Así ha construido su recorrido Sara Zaldívar, una de las mecenas y coleccionistas más destacadas de España. Hace tres años, junto a Alejandra Arias, decidió apostar por la cerámica con CerARTmic, reivindicando el poder del barro. Para demostrarlo, reúne a su particular pandilla, engalanada con metales preciosos, en una aleación tan inesperada como fascinante.

Aprende a decir NŌ (architects)

En el trabajo de NŌ architects hay algo que se resiste a ser explicado de forma directa. Sus espacios no buscan imponerse, sino revelarse lentamente, como si siempre hubieran estado allí. Entre el paisaje, la luz y el vacío, su arquitectura se construye desde una idea de esencialidad que remite más a lo ritual que a lo formal.

Agathizar la arquitectura

Precursora de un fenómeno propio, el de la “agathización”, la relación de Ágatha Ruiz de la Prada con la arquitectura se remonta a siglos atrás y ha acabado convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. En estas páginas, convive con algunos de los principales referentes de la disciplina en España, en un encuentro impulsado por ECOcero, y deja entrever que aún arrastra una cuenta pendiente.

La cantera del diseño nos descubre su interior desde Neolith

La cantera de la arquitectura y el interiorismo se reúne en Neolith llevando algo más que la casa a cuestas, su propio estudio. El resultado son estos bodegones tan personales que recuerdan que, aunque el resultado sea lo visible, lo verdaderamente decisivo siempre ocurre en el interior. 

Duchamp 2.0

El arte sigue explorando los límites entre lo cotidiano y lo estético, desplazando objetos funcionales hacia nuevos territorios de significado. En ese contexto, “Tienes una flor”, impulsada por Geberit, convierte el inodoro en un punto de partida para el diseño, reuniendo a veinte de los estudios más destacados del panorama actual.

Palito Dominguín lleva el arte en la sangre

Palito Dominguín ha crecido marcada por un instinto artístico poco común, propio de una de las estirpes más importantes del panorama cultural nacional. Aún así, no siempre lo ha tenido fácil. Abrirse paso en el mundo del arte más allá de su apellido también ha sido parte del recorrido. Ahora debuta con su primera exposición, un punto de partida que confirma que su trayectoria no es solo herencia, aunque lo lleve en la sangre.

Los enigmas de la Orden de Malta

Pocas instituciones pueden presumir de haber atravesado casi nueve siglos de historia sin renunciar a su esencia. La Orden de Malta, heredera de una tradición que hunde sus raíces en la Jerusalén medieval, sigue siendo hoy una referencia internacional en los ámbitos de la asistencia, la acción humanitaria y el compromiso cristiano. Al frente de su Asamblea Española se encuentra Aline Finat y Riva, condesa de Villaflor, primera mujer en ocupar la presidencia de la institución en nuestro país. Charlamos con ella acerca la realidad de una organización tan fascinante como desconocida para el gran público, donde la vocación de servicio continúa siendo, nueve siglos después, la principal razón de ser.

Si no lo viste, te lo perdiste, ¿o no? PREMIOS MUJER FEARLESS 2026

Todo estaba a favor. Todo menos el tiempo, que decidió colarse como invitado sorpresa en la V edición de los Premios Mujer Fearless, celebrados en el Teatro Magno. Aun así, y como ya es tradición, una veintena de mujeres —y algún que otro hombre— fueron reconocidos por hacer exactamente lo que mejor saben, cada cual en su terreno, abriendo no solo paraguas, sino también camino a las generaciones futuras.

Federico Jiménez Losantos, última parada

Federico Jiménez Losantos es uno de los comunicadores más reconocibles —y también más polémicos— del panorama radiofónico español. Voz inconfundible de la radio desde hace décadas, ha convertido la opinión en un género propio y el debate en un estilo de vida. Periodista, escritor y tertuliano, su figura ha atravesado medios, etapas ideológicas y momentos distintos de la vida pública y cultural española sin perder nunca el humor que le caracteriza.

Ya estuvo en FEARLESS hace casi dos años, cuando protagonizó una de nuestras portadas más icónicas, rodeado por quienes cada mañana le acompañan en la Crónica Rosa. Hoy vuelve a esta cabecera no para explicarse ni para justificarse, sino para responder. También para que le conozcamos aún mejor. No necesita biografía ni presentación, solo una pregunta tras otra. Y alguien que escuche.

Si el verano pasado el protagonismo fue para los estampados más salvajes y maximalistas, esta temporada el foco se desplaza hacia una elegancia más clásica, pero igual de magnética. Los lunares regresan con fuerza para convertirse en el motivo estrella del verano, reinterpretados en clave contemporánea y confirmando su estatus como uno de los estampados más atemporales de la moda.

Un clásico con historia que vuelve a marcar tendencia

Lejos de ser una novedad, los lunares —o polka dots— arrastran una historia que se remonta al siglo XIX, cuando comenzaron a popularizarse vinculados al auge del baile de la polca en Europa Central. Su carácter alegre y optimista los convirtió en un motivo recurrente que pronto trascendió su origen funcional para instalarse en el imaginario de la moda.

Con el tiempo, este estampado ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Asociado a la feminidad, el movimiento y una cierta estética lúdica, los lunares han pasado de los escenarios folclóricos a las pasarelas internacionales, consolidándose como un recurso recurrente cada temporada estival.

De la pasarela al armario: el regreso definitivo

La confirmación de su regreso no ha tardado en llegar desde las grandes firmas de la moda internacional. Casas como Carolina Herrera, Valentino, Jacquemus o Altuzarra han reinterpretado los lunares en sus últimas colecciones, elevándolos a la categoría de imprescindible.

Desde vestidos fluidos hasta camisas estructuradas o pantalones con carácter, los polka dots se adaptan a todo tipo de siluetas y estilos. Su versatilidad les permite oscilar entre lo naïf y lo sofisticado con una naturalidad que explica su regreso constante a la primera línea de tendencia.

La nueva lectura del lunar: sofisticación sin esfuerzo

En esta nueva temporada, el estampado se aleja de su lectura más clásica para abrazar una estética más depurada y contemporánea. Firmas como KIABI reinterpretan esta tendencia desde una perspectiva accesible y versátil, incorporando los lunares en piezas pensadas para el día a día, sin renunciar a un punto de sofisticación relajada.

Los vestidos se convierten en protagonistas absolutos, con diseños que juegan entre lo asimétrico y lo lencero, mientras que los pantalones introducen este motivo en el terreno de lo cotidiano, aportando un giro inesperado a básicos del armario. El resultado es una colección de prendas que entienden la moda como un gesto natural, fácil y expresivo.

El verano también se viste de lunares

La influencia del estampado no se limita al día a día urbano. La moda baño también se rinde a este motivo, que encuentra en el contexto estival su escenario perfecto. Bikinis y bañadores incorporan los lunares como un lenguaje visual que remite al verano clásico, pero actualizado con cortes modernos y una paleta depurada.

Más allá de su estética, los polka dots consolidan una idea clara: la moda siempre vuelve a sus códigos más reconocibles, pero lo hace reinterpretándolos. Y este verano, el regreso de los lunares no es una nostalgia, sino una reafirmación de su vigencia como símbolo de estilo atemporal.

La temporada de verano se alarga en Ibiza y Formentera hasta finales de octubre, ofreciendo la oportunidad perfecta para disfrutar de una escapada fuera de los meses más masificados. Estos cuatro destinos con alma propia destacan por su autenticidad, calidad y el encanto mediterráneo que tanto inspira.

Lujo y esencia bohemia en Formentera

Hotel Five Flowers Formentera se presenta como el único hotel 5 estrellas de la isla, ahora integrado en la prestigiosa Meliá Collection. Ubicado a pocos metros de la playa de Es Pujols, ofrece lujo desenfadado, diseño vanguardista, rooftop con vistas 360º y gastronomía cuidada, ideal para escapadas de relax y wellness.

Tipic Formentera, fundado en 1971 con un concierto de Pink Floyd, sigue siendo un icono musical de la isla. Este 2025 se renueva con un estilo más elegante y sensorial, manteniendo su alma bohemia y respetando la arquitectura local, convirtiéndose en un destino imprescindible para los amantes de la música y la cultura mediterránea.

 Ibiza: creatividad y gastronomía con alma mediterránea

Pikes Ibiza Hotel es una leyenda viva de la isla pitiusa. Desde los años 70, ha sido refugio de artistas y epicentro de fiestas míticas, incluyendo la celebración del cumpleaños de Freddie Mercury. Jardines mediterráneos, piscina icónica, suites con personalidad propia, gastronomía de autor y noches inolvidables en Freddies hacen de Pikes un lugar para vivir y disfrutar.

Il Dek Ibiza, situado en el casco histórico de la isla, representa la elegancia italiana con un toque mediterráneo. Este bistrot toscano del grupo Casa Prato combina tradición e innovación en su carta y ofrece una bodega seleccionada por el sommelier Felice Cantone, con vinos de alta gama de Toscana, Piamonte y Borgoña. Un entorno encantador donde el Mediterráneo se saborea hasta la madrugada.

Con la llegada del calor y ese impulso tan madrileño por encontrar terrazas, paseos y planes con sabor, la ciudad ofrece un refugio gastronómico imprescindible este verano: Kabuki Madrid. Ubicado en el número 38 de la calle Lagasca, este espacio reconocido con un Sol Repsol 2025 y presente en la Guía Michelin invita a vivir una experiencia culinaria donde el chef Alejandro Durán despliega una propuesta de alto nivel, sin artificios, donde hablan el producto, la técnica y la autenticidad.

Kabuki Madrid es el restaurante perfecto para quienes buscan disfrutar del verano madrileño desde la elegancia, el sabor y la precisión. Su propuesta se caracteriza por el uso de materias primas de altura para mantener los sabores y la autenticidad de los pescados, así como el uso de las técnicas más puras para trabajarlos, en especial los cortes, su precisión y el respeto a la estructura orgánica de los alimentos. La carta presume sin disimulo de un pescado excepcional. Imprescindibles son su tataki de lubina con mostaza japonesa, cebolleta, wakame y piñones, el nigiri de cigala con grasa de jamón ‘Joselito’ y salsa nikiri y la degustación de atún, selección de sus tres diferentes cortes.

Hay platos tradicionales y minimalistas japoneses. Desde el Daikon Nishine, rábano cocido sin agua, o Age dashi tofu, hasta otros más elaborados como la castañeta de wagyu cocida a baja temperatura durante 72 horas con parmentier, miso y teriyaki. La influencia mexicana del chef se nota en platos como el futomaki de cochinita pibil, senbei de tartar de toro con salsa pastor, nigiri de calamar con salsa chipotle, roll de papada de cerdo con salsa de chiles Tatemados o un aguachile de cenizas y pulpo con aguacate sunomono.

El chef Alejandro Durán demuestra una ejecución impecable del estilo robatayaki, una de las técnicas gastronómicas más aclamadas, resumida en fuego en parrilla de carbón. Su sakana kume niniku, pescado blanco con salsa cítrica, o el wagyu japonés de la región de Miyazaki, de grado A5, el más preciado, son sencillamente extraodinarios. El homenaje a la cocina popular madrileña está presente con los yakitoris de callos de wagyu, de oreja de cerdo o de mollejas de cordero, el bocata de calamares, de corte fino con emulsion de ajo negro y migas de pan y el tartar de atún y huevos rotos.

En la parte dulce, tienes que probar los clásicos mochis Kabuki, realizados de forma artesanal, su sopa de mango y jengibre con fruta fresca, helado de coco y dacquoise de coco o el brioche hojaldrado con chocolate guanajo 70%, azúcarillos de té matcha y un sorbete de coco y yuzu.

La barra más sensacional de Madrid

Los amantes de la comida en barra están de enhorabuena. Kabuki Madrid cuenta con seis asientos, el número perfecto para ofrecer una atención altamente personalizada, ver la delicadeza y precisión con las que el equipo de sushimen transforma cada bocado en una experiencia.

La veneración al arroz de sushi, shari en japonés, es emblemático en Kabuki Madrid, donde se trabaja con la receta y proceso de elaboración del chef del mítico restaurante Tokyo Taro, Masao Kikuchi. La característica más reseñable es que el shari es más sabroso que el elaborado por la mayoría de cocineros nipones y se adapta mejor al gusto occidental. No obstante, en Japón hay ejemplos notables de esta línea de elaboración, siendo el más destacado el del famoso chef Sukiyabashi Jiro en Tokio.

Podemos apreciar una visión del recetario nipón armonizado con destellos de I+D+i, logrando el equilibrio perfecto entre el color, la textura y el umami. En su amplia propuesta de sushi y sashimi no pueden faltar grandes clásicos de la Cocina Kabuki como el nigiri de huevo frito de codorniz con paté de trufa blanca, el usuzukuri de pa amb tomaquet, el de mojo verde canario y papa o una nueva incorporación, el nigiri de vaca marinada en toki, salsa macha y unas gotas del preciado whisky japonés Hibiki.

Kabuki Bar, el nuevo place to be de la capital

Una de las novedades con las que abre Kabuki Madrid es con su espectacular coctelería, Kabuki Bar, un exquisito templo de coctelería y carta corta para disfrutar de los mejores nigiris y makis clásicos así como de una selección de tapas japonesas de estilo Kabuki, en horario ininterrumpido desde las 13:00h hasta la 01:00h de la madrugada de martes a jueves, y se amplía hasta las 02:00h los viernes y sábados.

A su oferta de coctelería clásica se unen el sake, el umeshu, los whisky japoneses, el té matcha, el jengibre, el yuzu y otros ingredientes. Los productos nipones protagonizan las creaciones más novedosas. Kabuki Bar es el nuevo place to be de la capital madrileña. Un emplazamiento desenfadado, glamouroso y con mucha vida para los que sólo quieren picotear, tomar una copa durante su shopping por la zona o un afterwork con alma Kabuki.

Renacer. Una sola palabra que encierra el espíritu de las más de 160 páginas que componen este nuevo número de FEARLESS. En él, Karla Sofía Gascón se presenta de nuevo al mundo más libre y más humana, aunque, en el fondo, nunca haya dejado de serlo. Una mujer capaz de resurgir de sus propias cenizas con más fuerza y autenticidad.

Protagoniza la edición de verano con una triple portada que marca un antes y un después, tanto para ella como para la cabecera. Vestida de blanco, símbolo de pureza, y emergiendo de una gran concha, creada por la artista Ainhoa Moreno, Karla encarna a una Venus contemporánea inspirada en la icónica obra de Botticelli.

Además, y por primera vez, las portadas han sido intervenidas artísticamente por el reconocido diseñador Lázaro Rosa-Violán. Un acontecimiento sin precedentes tanto en su trayectoria como en la nuestra, ya que se trata de su primera colaboración creativa con una publicación editorial. Un verdadero hito.

Karla se abre como nunca antes. Reflexiona sobre su pasado, marcado por desafíos y sombras, y recorre su historia desde la infancia hasta sus proyectos más recientes. Habla también, sin filtros, de la polémica que opacó su camino hacia el Oscar y de cómo ha transformado ese dolor en fortaleza.

Porque, como señala Katy Mikhailova, directora de esta cabecera, en su carta editorial: El verano invita a quitarse capas. También a ponérselas con más intención. Quizá sea el momento de preguntarse a qué somos fieles en esta vida.” Nosotros, desde ahora, lo tenemos claro. Somos fieles a Karla Sofía Gascón.

Catorce mujeres unidas por una sonrisa en FEARLESS Woman

Catorce mujeres se reúnen en torno al que se dice es el verdadero reflejo del alma. La sonrisa. Esa primera impresión que dejamos en quien nos escucha, esa mueca que a menudo se convierte en el primer recuerdo o en la primera carcajada compartida. Ellas lo saben. Guiadas por la doctora Eugenia Cervantes, anfitriona del encuentro, se dejaron llevar por la energía que surge cuando la autenticidad se hace visible en un gesto simple, pero profundo. Son mujeres influyentes y plenamente conscientes del poder de una sonrisa.

Sara Baras deslumbra en FEARLESS Flamenco con un homenaje a Paco de Lucía

Sara Baras regresa a Madrid este septiembre con más fuerza que nunca. Su espectáculo «Vuela» aterriza en la capital como parte de la celebración por los 25 años de su compañía, y lo hace con un homenaje sin precedentes al eterno maestro Paco de Lucía.

Desde Rockwell Group… Eva Longoria

Carlota López-Chicheri se estrena en SHAMELESS Design, las páginas dedicadas a la arquitectura y el diseño. En esta entrega, lo hace junto a la otra Eva Longoria, la arquitecta que lidera el prestigioso estudio Rockwell Group.

Ambas se encuentran en un escenario excepcional: el Gran Hotel Inglés, una de las joyas arquitectónicas del estudio en Madrid. Un espacio que no solo refleja su visión del lujo , sino que también sirve de punto de conexión entre proyectos icónicos alrededor del mundo, como el JW Marriott Madrid o The Prince Gallery en Tokio.

¡De COSENTINO Madrid City al cielo!

Ocho años. Ocho familias. Ocho formas de habitar la arquitectura. Desde la azotea del emblemático edificio que ocupa la firma almeriense en la capital, cuyas puertas se abrieron por primera vez en 2017, celebramos algo más que arquitectura. Celebramos la transmisión de una herencia convertida en pasión. Bajo la atenta mirada de un cielo que ha visto crecer la ciudad, y con ésta como testigo, se cruzaron generaciones, ideas y formas de entender una misma profesión. Todo ello, con la familia Cosentino como anfitriona.

Sin mesas no hay paraísos y, en esta ocasión, tampoco huevos

Los supermercados más cercanos a Doimo Cucine-Cuoco Spazio, el showroom donde se llevó a cabo este reportaje, agotaron sus existencias de este preciado alimento. El polifacético Jazz Vilá invitaba a algunos de los integrantes de su pandilla, como Blanca Romero o Marcos Trueba, a una nueva «Penúltima cena», acuñada como «Los huevos de Jazz».

Un revuelto explosivo pero fascinante, que conquistó incluso a los paladares más exigentes del lugar. Críticos de gustos refinados, rendidos ante el sabor de lo auténtico. Y lo mejor de todo, como en las grandes series de culto, esto no termina aquí. Porque cuando algo es realmente bueno, merece un ‘Continuará’…

Martina Prieto Pariente, la reina de las viñas

Sin salir del mundo gastronómico, nos sumergimos en la historia de Martina Prieto Pariente. Hija de Victoria Pariente, fundadora de la emblemática Bodega José Pariente —referente del vino blanco en Rueda—, Martina lidera hoy el legado familiar junto a su hermano Ignacio, con una visión contemporánea y respetuosa con sus raíces.

Además, en 2012 ambos fundaron Prieto Pariente, un proyecto centrado en el vino tinto que pone en valor el paisaje vitícola de Castilla y León, con un firme compromiso con la autenticidad.

Sofía Bono se adentra en el mundo de CUARTO INTERIOR, el estudio de interiorismo del momento

La nueva entrega de «La familia que eliges» tuvo lugar durante la mágica noche de San Juan. Entre el calor del verano y la amenaza de tormenta, un verdadero oasis se abría paso en casa de Germán Álvarez, cofundador —junto a José Manuel Fernández, también presente— del estudio Cuarto Interior.

Hasta allí llegó Sofía Bono, acompañada por Gala, una de sus inseparables, que no tardaría en encontrarse con otro de su misma especie, para charlar y, por qué no, algún que otro chapuzón.

Revive la IV edición de los Premios MUJER FEARLESS con imágenes exclusivas

La noche de los sueños. Esa es, quizá, la mejor manera de resumir lo vivido durante la IV entrega de los Premios Mujer FEARLESS, celebrada el pasado 26 de mayo en el Teatro Magno. Una cita donde confluyeron la cultura, la política, la arquitectura o la gastronomía, en un espacio cargado de historia y simbolismo.

Todo esto y mucho más en el nuevo número de verano de FEARLESS.
¡Nos vemos bajo el sol!

En terrazas de diseño y bares con alma, hay una nueva protagonista que empieza a marcar tendencia: la 1800 Paloma. Lejos de ser un simple cóctel, esta reinterpretación elegante del clásico mexicano está conquistando los planes más cool del verano gracias a su sabor refrescante, su estética «instagrameable» y un ambiente que mezcla ritmos contemporáneos con acentos clásicos.

El cóctel —a base de 1800 Tequila Blanco o Cristalino, zumo de lima fresca, sirope de agave y soda de pomelo— se sirve con hielo, borde de Tajín (para los que buscan un toque más spicy) y una rodaja de pomelo como broche final. El resultado es una copa que mantiene la raíz mexicana del Paloma, pero con un giro internacional que lo convierte en el compañero perfecto para el terraceo, el afterwork o cualquier encuentro casual con estilo.

La copa que se pide sin explicaciones

Cada sorbo del 1800 Paloma se transforma en una experiencia sensorial completa: sabor vibrante, diseño cuidado y música envolvente. Las playlists que acompañan su consumo —una fusión de beats actuales con toques retro— refuerzan esa atmósfera de conexión relajada y auténtica que lo está posicionando como el cóctel revelación de la temporada en las ciudades más cosmopolitas.

Más que una bebida, la 1800 Paloma se ha convertido en una declaración de intenciones: frescura sin complicaciones, estética sin artificios, sabor con identidad. Todo en una copa que redefine el arte de saborear con belleza, equilibrio y un toque inesperado.