Por MIGUEL SANZ
A veces el verano se vende como ese tiempo idílico en el que por fin vamos a leer todo lo pendiente. Luego llegan los días largos, el calor y la extraña capacidad de no avanzar más de dos páginas sin distraerse. Esta selección de títulos no viene a resolver ese pequeño engaño estacional, pero sí a acompañarlo con cierta dignidad o al menos con la intención firme de hacerlo.
Sara Barquinero nos ha brindado una de las mejores novelas de esta primera mitad del año, La chica más lista que conozco (Lumen). En ella se adentra en el campus universitario para diseccionarlo desde varios ángulos: las relaciones de amistad, afectivo-sexuales, de rivalidad o de envidia entre compañeros, así como las relaciones que se establecen entre profesores y alumnos. Con una mirada filosófica y analítica, sin caer en pretensiones excesivamente intelectualoides, construye una trama amena y verídica que puede considerarse un reflejo de nuestra época.
Manuel Vilas escribe con la sinceridad y la crudeza a las que nos tiene acostumbrados sobre su reciente divorcio en Islandia (Destino). Al hilo de este, teje una serie de reflexiones sobre el amor, los afectos, la soledad o la convivencia, con las que muchos lectores pueden sentirse identificados.
Daniel Ramírez logra engancharnos desde la primera página con Los días que no existieron (Espasa), poniéndonos en la piel de la aguerrida y atribulada Julia. Una de las grandes cualidades de la novela es mostrar brillantemente el complejo, conflictivo y plagado de incertidumbre funcionamiento de un periódico en la actualidad. Sin, por supuesto, dejar de interpelarnos sobre cómo habríamos actuado si nos hubiésemos visto envueltos en encrucijadas tan dramáticas como las que se narran a medida que la protagonista avanza en sus investigaciones.
Rigurosamente documentada desde el punto de vista histórico y magníficamente escrita, conviene destacar la última novela de María José Rubio, La Marquesa y Bonaparte (Planeta). Una trama de alta política, con dosis de intriga y espionaje suficientes para mantenerte en alerta y que, además, nos introduce magistralmente en el mundo del arte y del coleccionismo de principios del siglo XIX.
Fermina Cañaveras homenajea a varias mujeres que anhelan un amor correspondido y el cese de los enfrentamientos y de la violencia en La sonrisa rota (Espasa), que arranca meses antes del estallido de la Guerra civil española. El tomo nos traslada del barrio de Salamanca de Madrid al balneario manchego de El Milano, donde varios jerifaltes nazis se alojan con identidades falsas y planes truculentos.
En su volumen de cuentos En el camping (Anagrama), la veterana autora Soledad Puértolas indaga, como es habitual en su obra, en los aspectos de la realidad que nos pasan desapercibidos, así como en los detalles chocantes de nuestra existencia y de nuestra relación con los demás.
Por otro lado, Alejandro Gándara nos acerca a veintidós textos de la Antigüedad seleccionados con el objetivo de concienciarnos sobre la necesidad de afrontar la vida sin miedos ni pesadumbre y de abrirnos paso con valentía y coraje en Los textos robados a la felicidad (Galaxia Gutenberg). Merecedor del Premio de Ensayo Eugenio Trías.
Cualquier persona mínimamente interesada en la edición literaria debería asomarse a El arte de rechazar manuscritos (Debate), de Constantino Bértolo. Los factores que impulsan a alguien a decantarse por juntar palabras, la tensión entre la vertiente literaria y la comercial, los egos editoriales o la cantidad de propuestas que se rechazan por cada obra que una editorial decide publicar son algunos de los ingredientes de este ensayo, plagado de datos y fruto de una larga trayectoria en el sector.
Las memorias de un nieto confuso (Navona), de Máximo Pradera, no tiene desperdicio. En su caso, y como nos hace notar a cada paso, sus apellidos y sus antepasados pesan demasiado a la hora de explicar quién es, a qué se ha dedicado y cómo ha actuado. El capítulo dedicado a detallar la creación de Alianza por parte de su padre, Javier Pradera, así como la evolución posterior de la importante editorial, es de lo más relevante del libro.
Adriana Herreros nos invita a entregarnos al placer de pasear por la ciudad sin pretensiones de ningún tipo y sin necesidad de buscar un afán o motivo para hacerlo en Andar por andar (Debate). El caminar como fuente de inspiración literaria o personal y la filosofía del paseo en varios autores son algunos de los temas que vertebran esta pequeña joya ensayística.
Los aficionados al mundo del arte disfrutarán con Ladrones de arte (Ariel), que se lee como un thriller, pero está basado en hechos reales. Ana Trigo nos sumerge en expolios, falsificaciones y misteriosas desapariciones de célebres obras de gran valor a lo largo de la historia. Ideal para pasar horas entre museos, palacios y cámaras acorazadas.
Finalmente, Pequeña historia de la Antigua Roma (Espasa) es una deliciosa recreación sintetizada, pero no exenta de solvencia y máximo rigor, que nos regala el latinista y divulgador del mundo clásico Emilio del Río, configurando junto al resto de títulos una selección variada y estimulante para un verano literario, en el que conviven novela, ensayo, memoria y divulgación con propuestas que invitan tanto a la reflexión como al disfrute.



