Hay restaurantes a los que uno va. Y luego están esos otros lugares a los que uno acaba perteneciendo un poco. Llevo años entrando y saliendo de Nonnetta. Primero fue el de General Castaños 15. Después llegaron las comidas improvisadas, las reuniones de trabajo que se alargaban más de la cuenta, las cenas con amigos y esas mesas que, sin saber muy bien cómo, terminan convirtiéndose en una especie de segunda casa.

Si me preguntan por qué vuelvo, nunca sé responder exactamente, porque en realidad no es una sola cosa. Es esa terraza escondida de General Castaños 15, un pequeño secreto en pleno centro de Madrid donde parece existir un microclima propio. Cuando la ciudad se derrite en verano, allí corre una brisa inesperada. Cuando llega el invierno, el frío siempre parece quedarse al otro lado de la puerta. Como si Nonnetta hubiera conseguido domesticar el tiempo.

Y luego está Simone. Hay personas que entienden la hostelería como un negocio y otras que la entienden como un arte. Simone pertenece claramente a la segunda categoría. Nos recibe siempre con esa mezcla de profesionalidad y cercanía que hace que uno se sienta importante sin necesidad de que nadie se esfuerce en demostrarlo.

Y, claro, está la mortadela trufada. Porque hay platos que terminan convirtiéndose en una costumbre. Y las costumbres, cuando son buenas, acaban siendo patrimonio emocional. La mortadela trufada de Nonnetta tiene algo especial. Quizá sea el equilibrio entre la intensidad de la trufa y la delicadeza de la mortadela. Quizá sea simplemente que la he comido demasiadas veces felices. No lo sé. Pero cada vez que llega a la mesa siento que estoy saludando a una vieja amiga.

Esta semana, sin embargo, descubrí otra versión de la historia: la de Nonnetta en Príncipe de Vergara 285, y entendí que no habían abierto un segundo restaurante. Habían construido un segundo capítulo. Antes de visitarlo me enviaron un pequeño briefing. Hablaban de una cocina mediterránea centrada en el producto, en el disfrute alrededor de la mesa y en el placer de compartir. De pescados frescos, carnes seleccionadas, mariscos, pasta elaborada a diario y pizzas de larga fermentación. De una cocina sencilla, equilibrada y enfocada al sabor. Pensé que era una bonita declaración de intenciones.

Después fui y comprobé que no era marketing. Era verdad. Nada más entrar uno comprende que allí todo está pensado para transmitir una sensación concreta. Alejarse del restaurante italiano convencional y construir un lugar con alma propia. Maderas recuperadas, libros antiguos, piezas con historia, una iluminación cálida y una atmósfera que mezcla tradición y actualidad sin caer en el decorado impostado.

Las fotografías apenas consiguen captarlo. Las vigas centenarias, las jaulas antiguas suspendidas del techo, las botellas alineadas entre objetos recuperados, los patios escondidos y esos rincones que parecen haber sido transportados piedra a piedra desde algún pueblo del sur de Italia.

Hay momentos en los que uno juraría estar en Sicilia. No en la Sicilia de las postales. En la de verdad. La de las sobremesas eternas. La de las cocinas donde importa más el producto que la etiqueta. La de las familias que entienden que una mesa es mucho más que una mesa.

Y luego llega la comida. El vitello tonnato merece un párrafo propio. Delicado, elegante, perfectamente equilibrado. De esos platos que parecen sencillos hasta que los pruebas y entiendes que detrás hay mucho oficio. Después llegó la pasta. En mi caso, una pasta con gamba absolutamente memorable. De esas que consiguen algo muy difícil: parecer sencillas cuando en realidad son extraordinarias. La textura perfecta, el sabor profundo del mar y esa sensación tan italiana de que no sobra ni falta absolutamente nada.

Porque esa es probablemente la palabra que mejor define a Nonnetta. Equilibrio. Todo tiene sentido. Todo parece estar donde debe estar: la carta, el espacio, el servicio, la cocina abierta, la barra, el ritmo de la sala, la forma en la que los platos llegan a la mesa…

En una época en la que demasiados restaurantes parecen diseñados para ser fotografiados, Nonnetta sigue perteneciendo a esa especie cada vez más escasa de lugares creados para ser vividos. Quizá por eso sigo volviendo, porque el de General Castaños 15 seguirá siendo para mí el lugar de las conversaciones largas, de las sobremesas improvisadas y de esa mortadela trufada que ya forma parte de mi biografía gastronómica, pero el de Príncipe de Vergara 285 me ha permitido descubrir otra faceta de la misma historia. Más abierta, más luminosa, más mediterránea. Dos direcciones distintas. Una misma alma. Y eso, en hostelería, es mucho más difícil de conseguir de lo que parece. Porque hay restaurantes donde se come. Y luego están esos lugares donde uno siempre encuentra una excusa para volver. Nonnetta pertenece, sin ninguna duda, a los segundos. Y quizá ese sea su verdadero secreto. Que no intenta impresionarte. Simplemente te hace sentir en casa. Una casa italiana, claro. De esas donde siempre hay alguien esperando al otro lado de la mesa. Y donde el verdadero lujo no consiste en lo que comes, sino en las ganas que tienes de regresar.

El reconocimiento más prestigioso de la industria vinícola internacional ya tiene nuevo nombre español. Berria, el espacio gastronómico y vinícola situado frente a la Puerta de Alcalá, ha sido distinguido con el Grand Award de Wine Spectator, la máxima categoría de los Restaurant Awards que concede la influyente publicación estadounidense. Un galardón reservado para aquellos establecimientos capaces de ofrecer experiencias vinícolas excepcionales y que sitúa al restaurante madrileño entre los grandes destinos internacionales del vino.

Con esta distinción, Berria pasa a formar parte de un exclusivo club integrado por apenas 99 establecimientos en todo el mundo y se convierte en el tercer restaurante español en lograr este reconocimiento, siguiendo la estela de Atrio y Rekondo. El premio supone además un espaldarazo a una de las propuestas enológicas más ambiciosas del país, respaldada por una bodega con más de 3.000 referencias y una oferta de más de 100 vinos disponibles por copas.

Una carta de vinos de referencia internacional

El Grand Award reconoce mucho más que el volumen de una bodega. El jurado de Wine Spectator valora especialmente la amplitud, profundidad y coherencia de una selección capaz de combinar grandes nombres nacionales e internacionales con pequeños productores, añadas singulares, elaboradores independientes y etiquetas difíciles de encontrar en otros establecimientos.

Detrás de este ambicioso programa vinícola se encuentra Mario Ayllón, Wine Director de Berria y una de las figuras emergentes más destacadas del panorama vinícola español. Su trabajo ha contribuido a consolidar una propuesta basada en el conocimiento, el rigor y la accesibilidad, acercando el mundo del vino tanto a aficionados experimentados como a quienes desean descubrir nuevas referencias en un entorno cercano y sin artificios.

La obtención del Grand Award coincide además con un momento especialmente simbólico para la casa: la celebración de su quinto aniversario. Un periodo relativamente breve en el que Berria ha conseguido posicionarse como uno de los grandes referentes del vino en Madrid y una parada imprescindible para los amantes de la cultura vinícola que visitan la capital.

Para Gabriela Alcorta, fundadora del proyecto, este reconocimiento representa la culminación de una visión que nació con vocación familiar y con el objetivo de ofrecer una manera diferente de disfrutar del vino. Un modelo que ha sabido combinar excelencia, cercanía y una constante búsqueda de nuevas experiencias para el cliente.

Cinco años construyendo un templo del vino en Madrid

Más allá de su extraordinaria bodega, Berria ha logrado construir una propuesta integral donde gastronomía, servicio y vino conviven de forma natural. Su cocina, reconocida también por la Guía Repsol, gira en torno al producto y se adapta a cualquier momento del día gracias a un servicio ininterrumpido que permite disfrutar desde un aperitivo hasta una comida pausada o una cena informal acompañada de grandes referencias vinícolas.

La experiencia se desarrolla en dos escenarios complementarios. Por un lado, un elegante espacio interior diseñado para disfrutar del vino con calma y atención al detalle. Por otro, una de las terrazas más privilegiadas de Madrid, acondicionada durante todo el año y con la Puerta de Alcalá como protagonista del paisaje.

Al frente de la propuesta gastronómica se encuentra la chef María Mena, mientras que Jorge García dirige un equipo de sala que ha convertido la hospitalidad en una de las señas de identidad del establecimiento. Junto al equipo de sumilleres, acompañan al comensal en un recorrido personalizado que trasciende la simple recomendación para transformar cada visita en una auténtica experiencia de descubrimiento.

La concesión del Grand Award confirma así la consolidación de Berria como uno de los grandes referentes internacionales del vino y refuerza la posición de Madrid en el mapa mundial de los destinos gastronómicos y enológicos más relevantes.

La escena gastronómica madrileña suma un nuevo protagonista con vocación de convertirse en punto de encuentro para locales y visitantes. Urban Hive Madrid ha presentado GINA, un ambicioso concepto que trasciende la idea tradicional de restaurante de hotel para convertirse en un universo gastronómico propio donde conviven la cocina italiana, el café de especialidad, la coctelería de autor y, próximamente, una de las terrazas más atractivas del centro de la capital.

Ubicado en el histórico edificio de Telefónica de 1954, el proyecto nace con una clara vocación urbana y social. La propuesta busca integrarse en la vida de Madrid ofreciendo distintos espacios y experiencias que acompañan el ritmo de la ciudad desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Bajo la dirección gastronómica del chef Matteo Sciacovelli, GINA apuesta por una cocina accesible, reconocible y cuidada, capaz de conectar con un público amplio sin renunciar a una personalidad propia.

Una trattoria actualizada en el corazón de Madrid

El epicentro de la propuesta es GINA Restaurant, concebido como una trattoria urbana donde la tradición italiana se reinterpreta desde una perspectiva mediterránea y cosmopolita. El espacio gira en torno a un gran horno central de piedra, elemento que no solo define la estética del local sino también una parte importante de su identidad culinaria.

La carta busca encontrar el equilibrio entre el respeto por los sabores clásicos italianos y una mirada contemporánea adaptada al contexto madrileño. Ingredientes de calidad, recetas reconocibles y una ejecución actual conforman una oferta pensada para compartir y disfrutar sin artificios. La experiencia pretende recuperar el placer de las largas sobremesas y de una gastronomía que invita a quedarse, alejándose de las tendencias más efímeras para apostar por la autenticidad y la cercanía.

Más allá de la propuesta culinaria, el restaurante quiere convertirse en un espacio abierto a la ciudad, capaz de atraer tanto a huéspedes del hotel como a madrileños en busca de un lugar donde comer o cenar en un ambiente relajado y con personalidad.

Del café de especialidad al cóctel perfecto

Uno de los elementos diferenciales de GINA es la amplitud de su propuesta. El concepto no se limita al restaurante, sino que incorpora un segundo espacio diseñado para acompañar los diferentes momentos del día.

GINA Bar se presenta como un punto de encuentro dinámico donde el café de especialidad convive con el aperitivo tradicional y la coctelería de autor. Durante la mañana, el espacio se transforma en un refugio para quienes buscan una pausa tranquila acompañada de una buena taza de café. Al mediodía, adopta el espíritu social del aperitivo, mientras que al caer la tarde da paso a una oferta líquida más sofisticada protagonizada por combinaciones creativas y una cuidada selección de bebidas.

La experiencia se completa con un atractivo patio interior rodeado de jardines verticales. En pleno centro de Madrid, este espacio aporta una sensación de calma poco habitual en una de las zonas más dinámicas de la ciudad y refuerza la vocación de GINA como lugar de encuentro y desconexión.

Un rooftop llamado a convertirse en uno de los grandes atractivos del verano

La tercera pieza del proyecto llegará a finales de junio con la apertura de GINA Oasis, un rooftop gastronómico situado en la séptima planta de Urban Hive Madrid. Su combinación de vistas panorámicas sobre la ciudad, una infinity pool y una propuesta culinaria diferenciada aspira a situarlo rápidamente entre los espacios más deseados de la temporada.

A diferencia del restaurante principal, Oasis desarrollará una oferta gastronómica donde la cocina italiana contemporánea dialoga con influencias japonesas. El resultado promete una experiencia más ligera y sofisticada, basada en productos de temporada, elaboraciones cuidadas y una estética minimalista que busca estimular tanto el paladar como la vista.

El espacio ha sido concebido para adaptarse a distintos momentos del día. Desde el aperitivo hasta las noches de verano, pasando por los atardeceres sobre los tejados de Madrid, el rooftop pretende convertirse en un enclave donde gastronomía, coctelería y paisaje urbano se integran en una única experiencia.

Mucho más que un restaurante de hotel

La apertura de GINA refleja una tendencia cada vez más consolidada en las grandes capitales europeas: la transformación de los hoteles en auténticos centros de vida social y cultural. En este contexto, Urban Hive Madrid apuesta por un modelo donde la restauración deja de ser un servicio complementario para convertirse en uno de los principales motores de identidad del proyecto.

El hotel, que ocupa un edificio histórico reinterpretado por el estudio Maison Malapert, combina patrimonio, diseño contemporáneo y una marcada inspiración madrileña. A ello se suma una filosofía basada en la sostenibilidad, la colaboración con proveedores responsables y la apuesta por productos locales y de temporada.

Con presencia ya en Milán y planes de expansión hacia París, la marca Urban Hive continúa reforzando su posicionamiento en algunos de los principales destinos urbanos europeos. En Madrid, lo hace de la mano de una propuesta gastronómica que aspira a convertirse en uno de los nuevos lugares imprescindibles para descubrir, compartir y disfrutar la ciudad desde una perspectiva contemporánea.

Antes de que empiece el show, ya está pasando algo. En los alrededores del madrileño estadio Metropolitano, lugar en el que Bad Bunny ha fijado su residencia en la capital, Hennessy ha instalado una pop-up que convierte la espera en parte del espectáculo. Un espacio diseñado para extender la energía del DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour más allá del escenario y empezar a construir la experiencia incluso antes de que el público acceda al concierto.

La propuesta se enmarca dentro de la colaboración global entre el artista puertorriqueño y la histórica maison de cognac, una alianza que une música, cultura y experiencia de marca bajo una misma idea: vivir el momento. En este caso, el objetivo es claro: trasladar el universo creativo de Bad Bunny al exterior del concierto y convertir esos instantes previos en una extensión del espectáculo.

Un pedazo de Puerto Rico en pleno Madrid

El espacio está concebido como una interpretación sensorial de Puerto Rico. A través de la música, la estética y la ambientación, la pop-up recrea una atmósfera que conecta directamente con la identidad cultural que atraviesa el tour. No se trata únicamente de decoración o ambientación temática, sino de una construcción de experiencia que busca transportar al visitante a otro lugar sin salir de la ciudad, jugando con la idea de que la cultura puede ser también un espacio físico y emocional.

Dentro del recinto, los asistentes pueden descubrir cócteles signature inspirados en Puerto Rico, diseñados como parte de la narrativa de la activación, además de recorrer diferentes elementos que reinterpretan el universo de Hennessy desde una mirada contemporánea. La experiencia está pensada para ser sensorial en varios niveles, combinando sabor, música y ambiente para generar una inmersión que va más allá del consumo tradicional y se acerca más a una vivencia compartida.

Un punto de encuentro previo al espectáculo

La pop-up también funciona como un punto de encuentro social previo al concierto, un espacio donde el público empieza a activar la experiencia colectiva que define a los grandes eventos en directo. El Hennessy Club, integrado dentro de la instalación, aporta una dimensión más exclusiva a la propuesta, combinando música, comunidad y un entorno premium pensado para prolongar ese momento previo al show y convertirlo en parte del ritual del concierto.

En este sentido, la activación amplía el propio concepto de evento musical, diluyendo la frontera entre lo que ocurre fuera y dentro del estadio. La espera deja de ser un tiempo muerto y pasa a formar parte del relato del concierto, donde la energía del público se va construyendo de forma progresiva. Así, la pop-up no solo acompaña el tour, sino que lo amplifica, convirtiendo el exterior del recinto en un espacio cultural en sí mismo, donde la música, la identidad y la experiencia de marca se encuentran antes incluso de que empiece el espectáculo principal.

En el universo de la alta gastronomía japonesa hay productos que van mucho más allá del plato para convertirse en auténticos rituales culturales, y el atún rojo es uno de los máximos exponentes de esa filosofía. Makoto Madrid, el primer restaurante en Europa del chef Makoto Okuwa, se prepara para ofrecer una experiencia irrepetible que trasciende lo puramente culinario y se adentra en la tradición más ancestral nipona con la celebración de una exclusiva ceremonia de Gomai Oroshi, el arte japonés del despiece del atún en cinco partes. 

La experiencia, que tendrá lugar el próximo 26 de mayo entre las 19:00 y las 21:00 horas, comenzará con el despiece en directo de un atún rojo de almadraba de aproximadamente 80 kilos, ejecutado por los sushimans del restaurante utilizando los tradicionales maguro bocho, unos imponentes cuchillos japoneses diseñados específicamente para el corte del atún, cuya precisión convierte cada movimiento en un gesto casi ceremonial. Este proceso, que recuerda al ronqueo aunque reinterpretado desde la estética japonesa, permite descubrir las diferentes capas, texturas y matices del atún rojo, desde el akami más magro hasta la codiciada ventresca otoro, pasando por el chutoro, donde la grasa y la delicadeza alcanzan su equilibrio perfecto.

Un ritual gastronómico donde el atún rojo revela todos sus matices

Tras el despiece en directo, los asistentes se adentrarán en un recorrido culinario diseñado para explorar en profundidad cada una de las partes del atún a través de un exclusivo menú degustación de diez pases. Una secuencia pensada para entender la complejidad del producto desde una mirada sensorial, donde cada elaboración pone en valor una textura, un corte y una intensidad distinta del pescado.

El viaje gastronómico comenzará con un Toro Tartar elaborado con ventresca de atún, soja, miso y ajonjolí, seguido de un Bo-Sushi de atún magro curado con cebollín y jengibre que introduce los matices más delicados del producto. A continuación, el Chutoro Ponzu aportará un contraste cítrico al equilibrio graso del atún medio, mientras que la Toro Tempura, con alioli de limón, añadirá un punto crujiente y sorprendente a la experiencia. La degustación continuará con una trilogía de nigiris de akami, chutoro y otoro, que permite apreciar la evolución del sabor y la textura a lo largo del corte del pescado, antes de dar paso a una sopa miso roja que actúa como transición hacia el tramo final del menú.

En ese cierre, el Negitoro Caviar Handroll combina la untuosidad de la ventresca con el toque salino del caviar, mientras que el postre, un delicado Shortcake de fresa, aporta el broche dulce a una experiencia que busca equilibrar intensidad, técnica y sutileza en cada fase del recorrido.

Restaurante Makoto en Madrid.

Restaurante Makoto en Madrid.

Makoto Madrid y la consolidación de una visión actualizada de la cocina japonesa

Desde su apertura junto al hotel Rosewood Villa Magna, Makoto Madrid se ha consolidado como uno de los grandes referentes de la cocina japonesa en la capital, combinando la tradición más depurada del sushi con una interpretación contemporánea del producto y una ejecución técnica de alto nivel. Esta filosofía ha convertido al restaurante en un espacio donde cada servicio se entiende como una experiencia cuidada, precisa y profundamente ligada a la cultura gastronómica japonesa. Con esta nueva propuesta, el restaurante refuerza su vocación de ir más allá de la restauración para ofrecer experiencias que conectan al comensal con el origen, la técnica y la historia de cada ingrediente. 

Las azoteas se han convertido en uno de los grandes símbolos del verano madrileño y pocas consiguen captar tan bien el espíritu de la ciudad como RT60 Rooftop Bar. La terraza de Hard Rock Hotel Madrid inaugura nueva temporada y lo hace reafirmando su posición como uno de los espacios imprescindibles para quienes buscan gastronomía, ambiente y vistas privilegiadas en pleno centro de la capital.

Situado en la octava planta del hotel, RT60 se aleja del concepto clásico de rooftop para convertirse en un punto de encuentro donde cada detalle está pensado para disfrutar del tardeo madrileño. Desde primera hora de la tarde, la terraza comienza a llenarse de una energía relajada que evoluciona al ritmo de la puesta de sol, los cócteles y la música, creando ese ambiente que transforma cualquier día entre semana en un pequeño plan de verano.

Con unas vistas abiertas hacia el Madrid de los Austrias y diferentes espacios que combinan zonas más animadas con rincones pensados para desconectar, el rooftop vuelve a posicionarse como uno de esos lugares a los que siempre apetece volver cuando suben las temperaturas en la ciudad.

Una cocina informal con sabores viajeros y espíritu veraniego

La nueva propuesta gastronómica de RT60 apuesta por una cocina fresca, accesible y muy pensada para compartir. Lejos de una carta excesivamente formal, la terraza propone una selección de platos concebidos para acompañar largas sobremesas, encuentros improvisados o cenas que empiezan con algo ligero y terminan alargando la noche entre amigos.

Los sabores del mar tienen un gran protagonismo en la carta con propuestas como los ceviches de lubina o atún rojo, elaboraciones ligeras y llenas de matices que encajan perfectamente con el ambiente veraniego del espacio. A ellos se suman opciones como el pulpo a la plancha, tacos de ternera melosa o lubina en tempura, en una combinación que mezcla inspiración internacional con un formato desenfadado y muy adaptable al ritmo de este espacio.

También hay hueco para platos más casual y reconocibles, desde hamburguesas hasta quesadillas o guacamole con totopos, pensados para compartir mientras Madrid empieza a caer lentamente bajo la luz del atardecer. Una propuesta gastronómica que entiende perfectamente qué busca el público cuando sube a una terraza.

Cócteles de autor y música para dejarse llevar

Si hay algo que define la experiencia en RT60 Rooftop Bar es su capacidad para convertir el atardecer en un auténtico ritual. La coctelería juega aquí un papel fundamental gracias a una carta de autor que apuesta por mezclas frescas, aromáticas y muy visuales, perfectas para acompañar uno de los momentos más especiales del día.

La propuesta líquida combina perfiles tropicales, cítricos y florales en creaciones como Matcha Colada, Violet Tonic o Spiced Paloma, mientras que opciones más golosas como Cheerscake o Espresso per Favore aportan un punto más divertido y sorprendente a la experiencia. Esta temporada, además, RT60 incorpora una selección especial de spritz elaborados junto a St-Germain, aportando un aire elegante y muy veraniego a la carta.

Más allá de la gastronomía y los cócteles, RT60 ha conseguido consolidar una personalidad propia dentro del circuito de terrazas madrileñas. Música, diseño, una ubicación privilegiada y una atmósfera cuidada hacen que cada visita funcione.

El 22 de mayo se celebra el Día Internacional del Cóctel Paloma y Tequila 1800 lo reivindica con una versión fresca, sofisticada y pensada para dominar terrazas, afterworks y noches largas.

El 22 de mayo no es una fecha cualquiera para los amantes del buen beber: es el Día Internacional del Cóctel Paloma. Un clásico mexicano que ha pasado de receta de bar tradicional a icono global del terraceo con estilo propio.

Su origen se atribuye al legendario bartender Don Javier Delgado Corona, desde su mítico bar La Capilla en Tequila, Jalisco. Desde ahí, el Paloma ha ido ganando calle, barras y reputación hasta convertirse en una de las copas más pedidas del mundo cuando suben las temperaturas. 

1800 Paloma: cuando lo clásico se pone en modo premium

La versión de Tequila 1800 no juega a copiar una receta clásica ni a disfrazarla de tendencia pasajera. Lo que propone es una reinterpretación mucho más refinada de un cóctel que lleva años conquistando barras de medio mundo. El 1800 Paloma se construye sobre una base de tequila 100% agave azul Weber —en versión Blanco o Cristalino para quienes buscan un perfil todavía más premium— y suma zumo de lima fresca, sirope de agave y soda de pomelo para lograr una mezcla fresca, cítrica y perfectamente equilibrada.

La clave está precisamente ahí: en el equilibrio. Tiene la frescura suficiente para convertirse en el cóctel perfecto de tardeo, pero también el carácter necesario para mantenerse como protagonista cuando cae la noche. No resulta empalagoso ni excesivamente dulce; entra limpio, refresca y deja ese punto ligeramente amargo del pomelo que invita automáticamente al siguiente trago.

A nivel visual también juega fuerte. Servido con mucho hielo, borde de Tajín para quienes buscan un giro spicy y coronado con una rodaja de pomelo, el 1800 Paloma tiene ese factor “quiero pedirlo porque queda bien en cualquier mesa” que hoy importa tanto como el sabor. Es sofisticado sin parecer pretencioso y moderno sin perder su esencia mexicana.

La nueva copa de las terrazas

Hay cócteles que requieren ceremonia y otros que simplemente fluyen con el plan. Ahí es donde el 1800 Paloma está encontrando su terreno natural. Se ha convertido en una de esas bebidas que aparecen cada vez más en terrazas, rooftops y cartas de coctelería donde la estética importa, pero el ambiente todavía más.

Su éxito tiene mucho que ver con el momento actual: consumidores que buscan bebidas más ligeras, refrescantes y fáciles de disfrutar, sin renunciar a cierta sofisticación. Frente a combinados más pesados o recetas excesivamente complejas, el Paloma entra como una opción directa, fresca y social. Funciona igual de bien en un afterwork improvisado que en una cena larga o una noche que empieza tranquila y termina sin hora.

Y otro punto a favor: también funciona en casa. Su preparación es sencilla, accesible y rápida, algo que encaja perfectamente con la tendencia de elevar los planes domésticos sin complicarse demasiado. Porque sí, hay cócteles para bartenders expertos… y luego está este, que consigue parecer especial incluso cuando lo improvisas un jueves cualquiera. Y es que el Paloma está más vivo que nunca.

Venecia suma un nuevo motivo para escaparse a la ciudad de los canales. En pleno centro histórico, a pocos pasos de la Piazza San Marco y del Teatro La Fenice, el hotel de cinco estrellas Nolinski Venezia, perteneciente a la colección Evok, incorpora una nueva firma gastronómica de referencia: el legendario restaurante genovés Zeffirino.

Fundado en 1939 en Génova, Zeffirino desembarca en la laguna veneciana con una propuesta que une tradición, producto y memoria culinaria. La apertura supone un nuevo capítulo para una casa histórica que ha servido a personalidades internacionales y que mantiene intacta su identidad a través de generaciones de la familia Belloni.

Un viaje gastronómico desde Génova hasta Venecia

La llegada de Zeffirino a Nolinski Venezia no es solo una apertura, sino un diálogo entre dos formas de entender la hospitalidad italiana. Por un lado, la sofisticación contemporánea del hotel veneciano; por otro, la tradición ligur de una cocina basada en el respeto absoluto al producto y a las recetas originales.

En este nuevo espacio, la propuesta gastronómica se centra en la cocina genovesa más auténtica, con una fuerte presencia de elaboraciones artesanales y pasta fresca elaborada a diario dentro del propio restaurante. La carta reivindica el sabor como eje central, sin artificios, apostando por la pureza de las materias primas.

El pesto como ritual: la esencia de la casa Belloni

Si hay un elemento que define la identidad de Zeffirino es su emblemático pesto genovés, considerado por muchos como uno de los más reconocidos de Italia. Elaborado con albahaca de Prà, Parmigiano Reggiano, pecorino, piñones, ajo y aceite de oliva virgen extra, sigue el método tradicional: todo se machaca en mortero de mármol.

En Venecia, este ritual gastronómico se traslada incluso a la sala, donde el pesto se termina de preparar frente al comensal en un carrito especial. Un gesto que refuerza la dimensión escénica y artesanal de la experiencia.

Platos icónicos de la tradición ligur

La carta de Zeffirino en Venecia reúne algunas de las recetas más representativas de la casa, todas ellas vinculadas a la cocina del norte de Italia, como las trofie al pesto, emblema absoluto de la cocina ligur; los paffutelli alla Frank, raviolis creados en homenaje a Frank Sinatra; la focaccia di Recco, una de las especialidades más icónicas de Liguria; el branzino al sale, lubina cocinada en costra de sal; y el gelato al pistacchio, preparado al momento con pistachos caramelizados. Cada uno de estos platos refuerza la idea de una cocina transmitida de generación en generación, donde la técnica y la memoria familiar ocupan un papel esencial.

Dos espacios, una misma filosofía

La experiencia de Zeffirino en Venecia se divide en dos conceptos complementarios dentro de Nolinski Venezia.

En la tercera planta, Zeffirino Ristorante representa la versión más elegante y gastronómica del proyecto. Es un espacio centrado en el servicio de comidas, donde la cocina se presenta en su forma más refinada y ceremonial.

En la planta baja, Il Caffè Zeffirino ofrece una interpretación más relajada y social. Con un ambiente más informal alrededor del patio interior del hotel, funciona como un punto de encuentro para distintos momentos del día, manteniendo siempre la esencia de la hospitalidad italiana.

Una nueva parada en el mapa gastronómico de Venecia

Con esta apertura, Zeffirino refuerza su presencia internacional sin renunciar a su origen genovés. La llegada a Venecia representa un equilibrio entre tradición y expansión, donde la cocina ligur encuentra un nuevo escenario en una de las ciudades más icónicas del mundo.

En la intersección entre historia, producto y lugar, Nolinski Venezia se convierte así en el nuevo hogar de una de las casas más emblemáticas de la gastronomía italiana.

Por MARCO DE PABLOS

En plena Milla de Oro madrileña se esconde otra milla menos conocida, la gastronómica, cuyo epicentro se encuentra en la calle Jorge Juan y sus confluencias. La principal de ellas: el callejón de Puigcerdà. Allí, en uno de los edificios que conforman este pequeño enclave convertido ya en referencia culinaria de la capital, se alza ÁRDIA, el proyecto con el que Nazario Cano regresa al lugar donde comenzó una parte decisiva de su trayectoria.

Han pasado veinticinco años desde que el chef asumiera por primera vez la jefatura de cocina en el desaparecido restaurante Amparo, también ubicado en ese emplazamiento. Desde entonces, su carrera lo ha llevado por distintos destinos hasta regresar a su tierra natal, Alicante, donde también dirige la propuesta gastronómica del resort Ritual de Terra Moraira. Pero su vuelta a Madrid solo podía producirse aquí, en el mismo enclave que acompañó su crecimiento profesional y al que ahora retorna reivindicando una cocina de raíz tradicional, apoyada en el gran recetario español y en el producto nacional de primer nivel.

El que tuvo retuvo

El proyecto, que abrió sus puertas el pasado mes de diciembre, desarrolla un universo culinario y experiencial con identidad propia. Para ello, Cano se ha reencontrado en los fogones con el chef Víctor Vila después de nueve años de trayectorias separadas. Juntos articulan una propuesta sustentada en una cocina sabrosa, clásica y profundamente vinculada al producto de temporada, donde los guisos, los platos de cuchara y los arroces —tanto secos como melosos, en claro guiño a sus raíces valenciana— conviven con elaboraciones terminadas a la brasa.

Las dos primeras plantas del espacio están destinadas al restaurante. La planta baja, concebida como homenaje a las tradicionales vermuterías madrileñas, funciona como punto de encuentro para el aperitivo y el picoteo informal, con propuestas que van desde gildas, quesos, salazones, anchoas y embutidos hasta opciones más sofisticadas como ostras y caviar, acompañadas por vermut de barrica y una reinterpretación propia del clásico Yayito madrileño. Todo ello en un espacio con cocina ininterrumpida desde el mediodía hasta la medianoche y terraza a pie de calle.

Una carta con sabor a tradición

Entrando en materia, ÁRDIA apuesta por una cocina reconocible y muy centrada en el producto, donde la tradición se revisa con cierta sofisticación, pero sin perder el sabor. Entre los entrantes destaca el brioche de tartar de atún rojo, uno de esos platos que sorprenden más en boca que a simple vista, gracias a la intensidad y equilibrio de sus matices, con especial predominio del atún y un riquísimo brioche, que no es tan fácil como puede parecer. También resulta especialmente llamativo el salpicón de bogavante, una de las sugerencias del chef, tanto por su apariencia estética (de lo más fotogénica) como por su frescura.

La huerta tiene igualmente un papel importante dentro de la carta. La coliflor a la brasa con hummus de burrata es uno de los platos más inesperados y recomendables, capaz de transformar por completo un producto aparentemente sencillo y raramente apetecible. A ello se suman opciones como las alcachofas fritas con salsa romescu, la ensalada de tomates con brócoli frito o las setas al ajillo.

Imprescindibles son también sus arroces, pensados para compartir y muy ligados a las raíces levantinas del fundador. Los hay para todos los gustos: desde propuestas más contundentes con lomo de vaca madurado hasta versiones marineras con bogavante o alcachofas.

En el apartado de carnes sobresale el rabo de toro guisado al vino tinto con parmentier de patata, especialmente meloso y tierno, además del pollo coquelet relleno de trufa y foie con setas de temporada y cebollitas. También destacan el cochifrito o el canelón de cocido con setas y trufa, otro de los imprescindibles de la casa. Entre los pescados, el rigatoni de lenguado a la meunière se posiciona como uno de los grandes aciertos de la carta y una recomendación obligada. Completan la propuesta el risotto de calamar o la merluza en salsa verde con kokotxas y almejas.

Los postres mantienen ese equilibrio entre tradición y creatividad. Desde la clásica tarta de queso, reinterpretada aquí con burrata y trufa rallada al momento, hasta propuestas más frescas como los crepes de pistacho, melón, hierbabuena y limón o el arroz con leche y coco. Para los más clásicos tampoco faltan la tarta de chocolate o la carrot cake.

La propuesta líquida corre a cargo del maître y sumiller João Silva, responsable de una bodega con más de un centenar de referencias en la que predominan los vinos nacionales, acompañados de algunas etiquetas internacionales procedentes de países como Francia o Argentina.

ÂM-BAR: El secreto mejor guardado

El ático de ÁRDIA se convierte en uno de los secretos mejor guardados de la temporada en Madrid. Bajo el nombre de ÂM-BAR, este cocktail floor ocupa la terraza superior del restaurante y propone un viaje líquido por la geografía española a través de una carta de siete cócteles inspirados en distintas regiones —Madrid, Galicia, Asturias, Castilla, Alicante, Andalucía y Canarias—, firmados por el mixólogo Alonso Serrano. A esta propuesta se suma una selección de clásicos y una cuidada bodega de destilados con más de sesenta referencias.

Con la llegada del buen tiempo, el espacio se perfila como uno de los grandes focos de actividad del proyecto, especialmente gracias a su terraza exterior, pensada para disfrutar de la propuesta al aire libre. De miércoles a sábado, a partir de las 21.00 horas, el rooftop cobra vida con sesiones de DJ en directo, consolidando su carácter de punto de encuentro entre gastronomía, coctelería y ocio nocturno.

La programación se amplía con diferentes propuestas experienciales, como los martes de whisky, sesiones de degustación guiada en torno a etiquetas como Hibiki, Macallan o Laphroaig, o los jueves de Champagne & Afterwork, una cita que invita a alargar la tarde con cócteles de autor, champagne y una selección gastronómica firmada por Nazario Cano, siempre acompañada de música en directo hasta la medianoche. A ello se suma el acceso a una cava de puros en el propio rooftop.

Entre las activaciones más destacadas de la temporada se encuentra también la llegada, por tiempo limitado, de Maguro Gishiki, el pop-up japonés que el chef dirige en el resort Ritual de Terra Moraira y que aterriza por primera vez en Madrid. Desde finales de abril hasta julio, el espacio acogerá una barra nikkei en la que se elaborarán en directo tiraditos, ceviches y nigiris, siempre bajo la mirada creativa de Cano y condicionados por el mejor producto fresco.

ÁRDIA se suma a la nueva energía gastronómica del callejón de Puigcerdà con una propuesta que combina cocina, producto y experiencia en un mismo espacio. Desde sus fogones hasta su terraza, el proyecto de Nazario Cano invita a descubrir una cocina de sabor reconocible y una forma distinta de entender el disfrute. Una excusa perfecta para acercarse, quedarse y volver.

El icónico queso italiano vive uno de sus mejores momentos en España y reivindica su versatilidad más allá de la pasta, conquistando desde restaurantes Michelin hasta bistrós de moda

Hay pocos productos capaces de moverse con naturalidad entre un menú degustación de alta cocina y una propuesta informal pensada para compartir. Parmigiano Reggiano es uno de ellos. El histórico queso italiano, considerado uno de los grandes emblemas gastronómicos de Italia, atraviesa además un momento especialmente relevante en España, donde continúa creciendo tanto en consumo como en reconocimiento gastronómico.

Lejos de quedar reducido al papel de queso rallado para platos de pasta, Parmigiano Reggiano se reivindica hoy como un ingrediente transversal capaz de aportar profundidad, textura y complejidad aromática en contextos culinarios muy distintos. Ese ha sido precisamente el mensaje que el Consorcio Parmigiano Reggiano ha querido trasladar en Madrid a través de dos encuentros gastronómicos celebrados en espacios radicalmente diferentes: el restaurante VelascoAbellà, con una estrella Michelin, y Tribeca Bistro, uno de los locales más dinámicos del panorama madrileño actual.

De la Edad Media a la cocina contemporánea

La historia de Parmigiano Reggiano explica buena parte de su singularidad. Su origen se remonta a la Edad Media, hace más de nueve siglos, cuando los monjes de la región italiana de Emilia-Romaña desarrollaron un queso de gran formato pensado para soportar largas conservaciones. Nacía así un producto elaborado únicamente con leche, sal y cuajo que, siglos después, sigue produciéndose bajo prácticamente los mismos métodos artesanales.

Hoy, su elaboración continúa protegida por la Denominación de Origen Protegida (DOP), que obliga a producirlo exclusivamente en las provincias de Parma, Reggio Emilia y Módena, además de determinadas zonas de Mantua y Bolonia. Todo el proceso —desde la alimentación de las vacas hasta la maduración mínima de 12 meses— debe realizarse dentro de esta área concreta del norte de Italia.

Esa fidelidad al origen es una de las claves de su prestigio internacional y también uno de los motivos por los que el consumidor español muestra cada vez más interés por el producto auténtico. España se ha consolidado ya como el séptimo país del mundo que más Parmigiano Reggiano importa, mientras las exportaciones continúan creciendo y la demanda internacional supera ya la mitad de las ventas totales del Consorcio.

Un queso capaz de cambiar según su maduración

Parte de la versatilidad de Parmigiano Reggiano reside en sus distintos tiempos de maduración. Los quesos más jóvenes, entre 12 y 19 meses, presentan perfiles delicados y lácteos con notas de yogur y mantequilla, ideales para aperitivos o platos frescos. A medida que avanza la maduración aparecen aromas más complejos, con recuerdos de frutos secos, especias, heno o caldo.

Las versiones más envejecidas, de más de 36 o incluso 45 meses, desarrollan matices intensos de cuero, tostados o setas secas, convirtiéndose en quesos de degustación casi contemplativa. Esta evolución aromática permite que Parmigiano Reggiano funcione tanto en elaboraciones sencillas como en platos de gran complejidad técnica.

De un Michelin a un bistró

En VelascoAbellà, el restaurante de Óscar Velasco y Montse Abellà, Parmigiano Reggiano ha servido como hilo conductor de una propuesta gastronómica centrada en el diálogo entre distintas maduraciones del queso y diferentes armonías con vino. Como ejemplo de esa interpretación gastronómica, el restaurante ofrecerá durante un mes una sopa fría de verduras, berberechos y lascas de Parmigiano Reggiano de 30 meses, un plato que explora el lado más elegante y umami del producto sin perder frescura.

Pero el queso italiano también ha demostrado su capacidad de adaptación fuera de la alta cocina. En Tribeca Bistro, Parmigiano Reggiano se ha integrado en una propuesta mucho más desenfadada a través de unos chips de berenjena crujientes con salsa pomodoro y espuma de Parmigiano Reggiano de 24 meses, una receta pensada para compartir y conectada con una gastronomía urbana y contemporánea.

Mucho más que un queso para pasta

La capacidad de Parmigiano Reggiano para integrarse en distintos estilos de cocina responde también a su propio método de producción. Elaborado exclusivamente con leche cruda y sin aditivos ni fermentos añadidos, el queso desarrolla de forma natural una complejidad aromática que lo convierte en un ingrediente extremadamente versátil.

Además, su larga maduración y el trabajo de las bacterias lácticas hacen que sea naturalmente sin lactosa, una característica cada vez más valorada por el consumidor actual.

Más allá de la cocina, Parmigiano Reggiano también ha encontrado un espacio creciente en el mundo del maridaje. Dependiendo de su afinidad aromática y de su maduración, puede acompañarse tanto de vinos blancos y tintos como de champagne o incluso cócteles clásicos como el Negroni o el Paloma.

Nueve siglos después de su nacimiento, Parmigiano Reggiano sigue demostrando que la tradición y la versatilidad no solo son compatibles, sino que pueden convertirse en la receta perfecta para seguir conquistando nuevas generaciones de consumidores.