Del sushi al wagyu, de la robata a los platos de temporada. Makoto Madrid reivindica una cocina japonesa contemporánea en un espacio donde el diseño y la gastronomía comparten protagonismo.
Makoto aterrizó en Madrid con vocación internacional y, después de su primer año en la capital, encara una nueva temporada dispuesto a hacerse mucho más que un hueco entre los nombres propios de la gastronomía japonesa de la ciudad. El restaurante del chef japonés Makoto Okuwa, convertido desde hace años en uno de los nombres de referencia en Miami y con presencia en distintos rincones del mundo, apuesta por una cocina contemporánea, un interiorismo de impacto y una carta pensada para distintos momentos y bolsillos.
Lo primero que llama la atención no está en la carta, sino encima de la cabeza y a su alrededor. El interiorismo, obra de Clavel Arquitectos, es uno de los grandes argumentos del espacio: los techos, emulando ondas de agua en tonos dorados, bañan el restaurante de una luz cálida y construyen una atmósfera especialmente envolvente. A este juego de luces y formas se suman diferentes toques vegetales, con el verde como protagonista, que aportan frescura y equilibran la calidez del conjunto. Una enorme barra ocupa buena parte del local y permite sentarse frente a la cocina para contemplar cómo se prepara cada plato. Fuera, la terraza prolonga esa experiencia en un ambiente más relajado, pero igualmente acogedor.

Restaurante Makoto en Madrid.

Restaurante Makoto en Madrid.
Un japonés que también se come con los ojos
Sin embargo, Makoto no quiere vivir únicamente de la puesta en escena. Su apuesta pasa también por una cocina japonesa reconocible pero abierta a otros sabores y, sobre todo, capaz de llegar a un público más amplio. La carta reúne algunos de los grandes éxitos de la marca —como el Hamachi Crispy Rice, el Dynamite Hand Roll, el Frosty Wagyu Fried Rice (imprescindible) o el Wagyu Beef Hot Stone— junto a nuevas incorporaciones de temporada como el tiradito koji, las ostras con mignonette, las coles de Bruselas o el cordero a la robata. Y es que ese es otro de sus puntos fuertes. La propuesta no permanece estática, sino que se adapta a cada estación para dar protagonismo a los productos que encuentran en ella su mejor momento.
No hace falta ser un fanático del sushi para disfrutar de Makoto. Hay pescado, sí, pero también carne, arroz, robata y otras elaboraciones que permiten construir una comida a medida. La materia prima se nota cuidada y las elaboraciones llegan bien ejecutadas, con ese equilibrio entre técnica japonesa y sabores más familiares que define la cocina de Okuwa.


Comer bien sin esperar una ocasión especial
La otra baza es el precio. Frente a la idea de que un japonés de estas características tiene que reservarse para una celebración, Makoto busca ampliar su público y convertirse también en una opción para el día a día. Hay propuestas más informales que permiten comer por menos de 30-40 euros y, a mediodía, sus Bento Box ofrecen una alternativa completa por 38 euros. Una estrategia que cobra especial sentido en una zona donde la competencia entre restaurantes japoneses no deja de crecer al mismo ritmo que lo hacen sus precios.
También ayuda que la cocina funcione non stop hasta el cierre. Makoto entiende que Madrid no come necesariamente a la hora que dictan los horarios convencionales y apuesta por un restaurante que pueda funcionar tanto para una comida improvisada como para una cena que se alargue, un encuentro entre amigos o una noche en la que el ambiente tenga tanto peso como lo que ocurre sobre el plato. Porque ese es, probablemente, el verdadero juego de Makoto en Madrid. No limitarse a ser un japonés más.

Un largo historial
Detrás está Makoto Okuwa, formado en Japón desde los 15 años y posteriormente instalado en Estados Unidos, donde trabajó junto a Masaharu Morimoto. Hoy su universo suma diez restaurantes entre Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, con Madrid como primera escala europea. Y la expansión continúa: antes de que termine 2026, el grupo prevé abrir un nuevo restaurante en Latinoamérica y estrenar un nuevo concepto al otro lado del charco.
Madrid, mientras tanto, parece ser una parada con intención de permanencia. Y Makoto juega sus cartas con bastante claridad: un espacio que entra por los ojos, una cocina que no exige ser devoto del sushi y una propuesta lo suficientemente flexible como para que comer bien no tenga que convertirse siempre en una excepción.


