El artista Nicoläs Villamizar conocido como «Acondiéresis» presentó en la Galería Jade su nueva obra El acto de caer. La exposición reúne una serie de pinturas que exploran el error, el desequilibrio y la pérdida de forma no como fallas, sino como motores de transformación.
Lejos de entender la caída como fracaso, Villamizar la propone como un instante fértil: el momento previo al impacto, cuando el cuerpo deja de obedecer y el gesto toma el control. Sus figuras fragmentadas no se rompen, se reorganizan. Cada trazo negocia con el espacio y cada color actúa como corrección de una estabilidad que nunca fue definitiva.
Jade: un espacio entre el arte y el ritual
Jade, un espacio singular en el icónico barrio de Salesas, donde el ritual japonés del té matcha dialoga con el pulso de la vida contemporánea, será el escenario que acogerá durante tres meses la nueva creación del artista. Más que una galería o café, Jade es un punto de encuentro donde el arte, el diseño y el bienestar conviven en una atmósfera inmersiva y cuidada al detalle. Su icónica barra metálica y su enfoque en la belleza de lo simple lo han convertido en un referente internacional que invita a detenerse, observar y experimentar.
La pintura como coreografía del desequilibrio
En estas obras, el dibujo parece tantear el soporte como si dudara de su propio equilibrio. Las líneas buscan apoyo, las manchas cromáticas irrumpen como ajustes espontáneos, desplazando cualquier intento de composición rígida, y la pintura se convierte así en registro del desequilibrio: una coreografía torpe y lúcida donde el error deja de ser interrupción para convertirse en dirección.


Caer como experiencia vital
“Caer no es descender sino perder la forma conocida. Antes del suelo aparece un instante extraño en el que el cuerpo deja de obedecer y empieza a negociar con el aire. Estas pinturas ocurren ahí: cuando la intención llega tarde y el gesto decide por su cuenta. Las figuras se reorganizan y el error deja de ser interrupción para convertirse en dirección. Caer es abandonar una postura que ya no servía, aunque la sostuviéramos por costumbre”, afirma el artista.
El acto de caer propone una lectura poética y directa sobre el proceso creativo y la experiencia vital contemporánea. De niños aprendemos a no caernos; de adultos descubrimos que casi todo lo importante consiste precisamente en eso: caer enamorados, caer bien, caer en la cuenta. Villamizar traslada esa paradoja al lienzo y plantea la caída como abandono consciente de una forma que ya no servía, aunque se sostuviera por costumbre.
“Al final caer se parece bastante a flotar, incluso un poco a volar; la diferencia es que uno no asciende, simplemente deja de fingir que estaba quieto. Y casi nunca ocurre cuando lo habíamos planeado, que es como empiezan las cosas que realmente valen la pena”, concluye. Con esta exposición, Nicoläs Villamizar consolida una investigación plástica centrada en el gesto como territorio de verdad, donde la pintura aparece no como representación sino como acontecimiento.


