Por MARCO DE PABLOS
Fotografía JUAN CARLOS VEGA
Estilismo NOELIA VILLAVERDE
ANA BRITO, conocida en redes como @elshowdebriten y respaldada por más de medio millón de seguidores, conquista a quien la descubre. Pódcast, libro y televisión dibujan una trayectoria en constante movimiento y siempre acompañada de una sonrisa, recordando que pase lo que pase el show debe continuar.
Existen días, por pocos que sean, en los que todo sale como uno espera. En cambio, hay muchos otros en los que los contratiempos y percances se encadenan uno tras otro. De cómo afrontes estos últimos es de lo que va la vida, y Ana Brito lo sabe bien. Comenzó a hacerse popular hace seis años de manera nada intencionada. Ella lo confirma: “De repente surgió. Me vi sin trabajo, empecé a hacer vídeos, se empezaron a viralizar, vi que gustaban y decidí profesionalizarlo y tomármelo más en serio”. El resto es historia viva de Internet. Si aún no le ponen cara, quizá lo hagan al leer su username en redes sociales: @elshowdebriten. Aglutina la friolera de más de medio millón de seguidores en Instagram y, junto al también creador de contenido y cómico Xuso Jones, copresenta uno de los pódcast más laureados por la crítica y el público, Poco se habla.
La mañana en la que se llevó a cabo esta producción, que por cierto resultó bastante accidentada y recordó a esos días llenos de imprevistos, Ana se mostró tal y como se deja ver tras la pantalla. Cruzó las puertas de los Teatros Luchana en compañía de uno de los miembros de su equipo de representación, ambos nerviosos, ya que al día siguiente ponían fin a la gira de su pódcast, colgando el cartel de sold out en los cines Capitol. Todo ello, en directo y frente a un patio de butacas a rebosar. Sin embargo, en ningún momento perdió la sonrisa, procurando que el resto del equipo presente tampoco lo hiciera.
Una sala repleta de asientos tapizados en terciopelo rojo, ocupados únicamente por plumíferos, bolsos y los looks que minutos después se enfundaría, la esperaba. Sin saberlo, se convirtió en la prueba de fuego para lo que enfrentaría horas después. Mientras la maquillaban en un cuarto de luces reconvertido en camerino, comentaba junto a su manager las campañas y demás colaboraciones que tenía pendientes para ese día. Le lancé la primera y única pregunta que pude hacerle durante ese momento, pues al poco tiempo comenzaron los flashes y, con ello, el espectáculo.
– ¿Aceptas todo lo que te proponen?
– No, al revés. Digo que no a muchas cosas, bien porque no se alinean con lo que quiero hacer o con la forma que tengo de hacerlas, o porque no es una marca que yo consumiría ni usaría sus productos. Creo que hay que mantenerse un poco en tus trece para no acabar siendo Wallapop.
En todo momento supo mantener el humor y la ironía que le caracterizan y que le han acompañado a lo largo de estos años, incluso en los momentos más difíciles. “Siempre lo he utilizado como una herramienta para desdramatizar las cosas malas que me pasaban a mí o a la gente de mi alrededor”, comenta, para luego rematar: “Para hacer la vida un poco mejor a los demás o para reírme de mí misma y de lo que me pasaba”.

Ana Brito lleva total look de cazadora y pantalón con estampado floral, de MOSCHINO JEANS, y sandalias negras de tacón de REDONDO BRAND para MARTINELLI.
Durante más de tres horas, conocimos a una mujer cercana, cariñosa y, como no, bromista. Un “híbrido”, tal y como ella misma revela, entre Briten y Ana Brito. Una existe únicamente para entretener. Es la showwoman. La otra encarna todo lo que no se ve, pero que resulta igual de importante: el back office, la planificación y el propósito. En ese sentido, comparte: “Cuando la gente me conoce espera que sea un chiste andante y yo ya voy con la coletilla de ‘no soy tan graciosa’. Quizá ese día no me apetece hacer bromas”.
«Cuanto menos enseñes de tu vida privada menos información tiene la gente para usarla en tu contra. Me he creado redes para entretener, a veces lo consigo y otras no tanto. Todo lo que no sea eso, no lo comparto»
La madrileña también tiene otras facetas mucho menos conocidas. “Aunque soy bastante payasa y siempre estoy haciendo el ganso, soy una persona calmada, callada, a la que le encanta hablar de filosofía, metafísica y temas místicos”, confiesa a esta revista. Y como cualquier mortal tiene sus límites: “De mi vida personal no publico casi nada y me encanta que sea así. Me protege, no solo de las redes. Cuanto menos enseñes de tu vida privada menos información tiene la gente para usarla en tu contra. Me he creado redes para entretener, a veces lo consigo y otras no tanto. Todo lo que no sea eso, no lo comparto”.
Finalizado el shooting, se despide uno por uno de quienes han participado en él, incluida su mano derecha. Propone continuar la entrevista en una cafetería. Apenas recorrimos unos metros por la madrileña calle Luchana, durante los cuales ahondé en su nerviosismo ante lo que se avecinaba. “Me suelo poner bastante nerviosa en los directos porque soy muy autoexigente, pero tengo un compañero con el que me entiendo muy bien. Sabemos sacar lo mejor el uno del otro y el público es súper agradecido. Soy más exigente conmigo misma que el público con nosotros”, cuenta.

Vestido mini de encaje negro con detalles florales y ribetes de plumas, de CELIA B, y sandalias de tacón de REDONDO BRAND para MARTINELLI.
«En redes hay un discurso muy hipócrita. Se exige honestidad y transparencia, pero cuando alguien se muestra tal cual es y no estás de acuerdo, se le ataca. Yo he tenido consecuencias»
Ya en el interior, con bastante ruido de fondo —incluido el llanto de un bebé, algo que no le perturba siendo madre de dos niños—, Ana pone todas las facilidades para que se escuche bien lo que quiere decir. Su elección es un café muy caliente. Mientras llega, continúa profundizando en las dos vertientes humorísticas que posee. “En redes, mi humor es más blanco, intenta no crear polémica y gustar a todo el mundo. Pero yo, Ana Brito, tengo un humor muchísimo más negro, y eso se ve, por ejemplo, en el pódcast, donde soy tal cual. De hecho, la mayoría de las polémicas que he tenido vienen de ahí”.
– ¿El pódcast se edita?
– Muy poco, salvo que el invitado lo pida. A veces cortan cosas para protegerme.
– ¿Tú lo habrías emitido?
– Sí. Siempre he sido de “lo hacemos y ya vemos”. El humorista inglés Ricky Gervais dice que el problema no está en lo que dices, sino en quién lo recibe. Mi comentario no es ofensivo; te ofendes tú ante mis comentarios. Otro ejemplo es Juan Dávila. En sus shows podría parecer que falta constantemente al respeto a la gente, pero también está dando voz a muchas personas que quieren sentirse vistas y que se toman con humor lo que a otros les parece políticamente incorrecto. Entonces, ¿quién tiene el problema ahí? La vida es muy corta. ¿Por qué le damos importancia a esas tonterías? Hay que darle valor a las cosas que realmente lo tienen.
Al hilo, añade: “La gente crea una imagen de ti en su cabeza y, cuando dices o haces algo que no encaja con esa proyección, se rompe el cliché y llegan los ‘no me esperaba esto de ti’ o ‘te dejo de seguir’”. Curtida en la era digital, afirma: “En redes hay un discurso muy hipócrita. Se exige honestidad y transparencia, pero cuando alguien se muestra tal cual es y no estás de acuerdo, se le ataca o intenta cancelar. Yo he tenido consecuencias. En redes te expones a ello”. Y es que Brito, pese a tener cierto grado de influencia —algo que ella misma reconoce—, manifiesta “cagarla” continuamente: “Hace poco me enteré de que tenía las solicitudes de mensajes cerradas, de que se podían quitar comentarios… Soy la típica que no sabe usar bien Instagram. Una boomer que se ha colado aquí sin querer”.
«Ahora mismo todo el mundo es cancelable. El ejemplo más claro es Karla Sofía Gascón: la suben, la hunden y luego la rescatan. Cancelar me parece poco ético e inmoral»
La influencer también ha coqueteado con los platós de televisión siendo colaboradora en varios programas de la parrilla en los últimos años. Su foto de perfil en redes, un montaje que superpone su rostro sobre el cuerpo, sofá y plató que utilizaba la reconocida presentadora estadounidense Ellen DeGeneres, refleja su admiración por formatos de esa índole. Fue ella, con su característico pelo corto y rubio, la conductora durante muchos años de uno de los espacios con mayores índices de audiencia en Norteamérica, conocido por su tono rebelde, su humor negro y por poner siempre a los famosos en el centro de la diana, quienes, pese a ello, acudían noche tras noche a sentarse frente a frente. A Brito le encantaría poder presentar algo similar en España. “Ya hay formatos que han abierto camino y demostrado que se pueden hacer cosas diferentes”, reflexiona. Sin embargo, la política de la cancelación también alcanzó a Ellen, eliminando su programa. Sobre esto, Ana responde: “Ahora mismo todo el mundo es cancelable. El ejemplo más claro es Karla Sofía Gascón: la suben, la hunden y luego la rescatan. Cancelar me parece poco ético e inmoral”.

Blusa de popelín con bolsillo y botonadura, de KARL LAGERFELD; sandalias de tacón de MARTINELLI; y sombrero de ala ancha prestado.
Hasta que ese momento llegue, puede presumir de haber publicado El lado bueno de las cosas (Ediciones Temas de Hoy), un libro que se presenta como una guía sincera y divertida para quienes buscan encontrar su propósito, superar sus miedos y vivir una vida más plena y feliz. “Me ofrecieron escribirlo y sentí que podía aportar desde lo que a mí me había servido en mi propio proceso de autoconocimiento”, explica. El 100 % de los beneficios recaudados se destina a la Fundación Soñar Despierto, que acompaña a jóvenes en riesgo de exclusión social cuando cumplen 18 años. “Igual que yo he cumplido mi sueño y lo sigo haciendo, quiero que estos chicos también puedan lograrlo”.
A corto plazo, aspira a conquistar nuevos territorios junto a Xuso. “Queremos ir a Latinoamérica; están surgiendo oportunidades y hay un mercado enorme, también en Estados Unidos”, cuenta. El objetivo parece estar al alcance de la mano y, a juzgar por su trayectoria, es casi una certeza. Como ella misma concluye: “El éxito está en sentirte bien con lo que haces, ilusionado y agradecido, escuchando tu intuición y siendo fiel a ti mismo. Si vives interpretando un papel, ese castillo se cae porque es mentira”. Ella cumple esa máxima al pie de la letra y motivos no le faltan para seguir materializando todo lo que se propone. Porque, al fin y al cabo, el show siempre debe continuar.



