Despertarse con el Atlántico al otro lado de la ventana, desayunar en la terraza y dejar que la luz recorra toda la casa. Esa forma de vida fue el punto de partida del estudio de arquitectura e interiorismo especializado en reformas integrales llave en mano, Studio by Clikalia para transformar este ático de 68 m² situado en la décima planta de un edificio frente al paseo marítimo de Cádiz.

La vivienda había perdido precisamente su mayor valor. Una intervención anterior había incorporado la terraza por completo al interior, borrando la separación entre ambos espacios, pero también debilitando la relación real con el exterior. Y Studio hizo justo lo contrario: recuperar la terraza original y reorganizar la casa para que el salón, la cocina y el dormitorio volvieran a abrirse a la luz, las vistas y el mar.

El resultado es una vivienda pensada para disfrutar sin prisas, recibir a los amigos y convertir cada estancia en parte de una experiencia cotidiana frente al Atlántico. “Queríamos que fuera una casa para disfrutarla desde el primer día, pero también un lugar capaz de acompañarlos en el futuro: hoy como refugio para recibir a los amigos y desconectar; mañana como su hogar definitivo frente al Atlántico”, explica María Riesgo, arquitecta en Studio by Clikalia.

Recuperar la terraza para recuperar el paisaje

Antes, cocina, salón-comedor y dormitorio compartían un único espacio prácticamente diáfano, sin una organización clara. La terraza se había cerrado mediante una estructura metálica que no ofrecía el confort técnico adecuado y había pasado a formar parte del interior, perdiendo su identidad como lugar de descanso y conexión con el entorno.

El proyecto devuelve a este espacio su función original y lo convierte en el verdadero corazón de la vivienda. La nueva distribución se organiza alrededor de él, de manera que las principales estancias disfrutan de luz natural, vistas directas al mar y una salida independiente al exterior.

Más que recuperar unos metros de terraza, la intervención recupera una manera de vivir: abrir las puertas, sentir la brisa y permitir que el paisaje forme parte de la casa durante todo el año.

Studio by Clikalia

Una vivienda que parece prolongarse hacia el mar

La sensación de amplitud no se consigue sumando metros, sino creando continuidad. El mismo pavimento porcelánico de gran formato, con acabado pétreo en tono marfil, recorre el interior y se extiende hacia la terraza, haciendo que ambos espacios se lean como una única superficie.

En el exterior, desagües y pendientes quedan ocultos bajo el suelo, evitando cortes visuales y reforzando esa imagen limpia y ordenada. El material, resistente y fácil de mantener, resulta además especialmente adecuado para una vivienda junto a la playa.

La paleta cromática acompaña esta conexión con el paisaje. Los tonos marfil multiplican la luminosidad, la madera aporta calidez y los detalles en negro introducen pequeños contrastes. Las texturas naturales, el mobiliario de líneas sencillas y las cortinas de lino rústico completan una atmósfera serena y mediterránea.

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Desde el salón, el límite entre dentro y fuera parece desdibujarse. La terraza se convierte en una estancia más de la casa y el horizonte permanece siempre presente.

Una cocina invisible que no compite con las vistas

La cocina fue concebida para integrarse en el espacio común sin competir con las vistas. Sus propietarios querían cocinar frente al mar, pero también mantener una estética limpia, sin electrodomésticos ni elementos tecnológicos dominando la estancia.

La solución más singular es un sistema de inducción invisible instalado bajo la encimera. La zona de cocción queda completamente camuflada, de manera que, cuando no está en uso, la superficie permanece continua y despejada.

La encimera puede funcionar así como espacio de preparación, apoyo o encuentro informal cuando llegan invitados. La campana integrada y el mobiliario de acabado negro mate refuerzan esa sensación de orden y permiten que la cocina forme parte del salón de una manera discreta.

Todo está pensado para que la experiencia de cocinar sea también una forma de disfrutar del paisaje.

Studio by Clikalia

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Una casa pequeña pensada para compartir

Aunque la vivienda dispone de un único dormitorio, fue diseñada para adaptarse con facilidad cuando llegan amigos. El salón puede transformarse temporalmente en una zona más íntima gracias a un estor motorizado y opaco que separa visualmente los ambientes sin introducir tabiques permanentes.

Cuando no cumple esa función, el mismo estor se convierte en una pantalla de proyección visible desde el dormitorio. Una solución práctica que permite imaginar noches de cine desde la cama o encuentros más informales en el salón.

La casa incorpora también un baño completo y un aseo-lavadero independiente, pensado para que las visitas puedan utilizarlo sin atravesar las zonas privadas. La lavadora y la secadora quedan aisladas para reducir el ruido, mientras el almacenamiento se integra de forma discreta para mantener las estancias despejadas.

De la luz del Atlántico a las noches frente al mar

Durante el día, la luz natural es la gran protagonista. Entra desde la terraza, rebota sobre los tonos claros y acompaña el recorrido entre el salón, la cocina y el dormitorio.

Al caer la tarde, la vivienda cambia de carácter. Una línea de iluminación LED oculta junto al techo baña suavemente el salón-comedor, mientras los apliques negros y las lámparas auxiliares crean rincones más íntimos.

Las cortinas y los estores de lino tamizan la luz sin ocultar por completo el paisaje. La iluminación indirecta, la madera y los textiles cálidos hacen que la vivienda pase de ser un espacio abierto y luminoso durante el día a convertirse en un refugio tranquilo al anochecer.

El dormitorio como refugio privado

Por su parte, el dormitorio principal cuenta con acceso independiente a la terraza, permitiendo empezar el día frente al mar sin necesidad de atravesar las zonas comunes.

La decoración mantiene el mismo lenguaje del resto de la vivienda: tonos naturales, madera, piedra y pequeños detalles en negro. Las lámparas suspendidas liberan las mesillas y un ventilador de techo en madera de roble y negro aporta confort sin romper la estética minimalista.

La estancia se plantea como un espacio sereno y recogido, conectado con el exterior, pero protegido del ruido y de los olores procedentes de la cocina.

Studio by Clikalia

La complejidad detrás de una reforma aparentemente sencilla

La calma que transmite la vivienda esconde una ejecución especialmente compleja. Los grandes ventanales y la encimera porcelánica, fabricada en una única pieza, tuvieron que elevarse hasta la décima planta mediante grúas.

La operación se realizó en pleno paseo marítimo y durante una época marcada por el viento y la lluvia, lo que obligó a coordinar cortes de calle, desvíos de tráfico y transporte público. También fue necesario impermeabilizar de nuevo la terraza y alinear con precisión pavimentos, rodapiés y revestimientos para conservar la continuidad visual.

El proyecto demuestra que, en ocasiones, la sensación de sencillez es el resultado de una enorme atención al detalle.

Esta reforma no habla tanto de ganar metros como de recuperar una forma de habitar. La terraza vuelve a ser terraza, el mar entra visualmente en cada estancia y la vivienda se adapta a los distintos momentos de la vida de sus propietarios.

“Este proyecto representa muy bien cómo trabajamos en Studio: escuchamos, entendemos cómo quieren vivir la casa y cuidamos cada detalle para hacerlo realidad. Nos encargamos de todo el proceso para que ellos puedan disfrutar tanto del resultado como del camino”, concluye Elena Barrigón, responsable de diseño en Studio by Clikalia.