En la imagen de portada, de izda. a dcha., Carlota López-Chicheri, Borja Esteras, Ana María Martín, Martín Mazarrasa y Katy Mikhailova. Fotografía de Juan Carlos Vega.

Por Katy Mikhailova
2025 no ha sido un año para hacer balance. Ha sido un año para aprender a no hacer el idiota. Para distinguir entre construir y sostener a otros. Para entender que no todo lo que se presenta como proyecto común lo es, y que hay personas que confunden el entusiasmo ajeno con un recurso renovable.

Ordenar un año no tiene nada de poético. Es práctico. Incómodo. Exige tomar decisiones que no quedan bien en redes y asumir que no todo el mundo suma, aunque lo diga con palabras bonitas. En ese sentido, 2025 ha sido un año especialmente pedagógico, intenso, rápido, contradictorio y revelador.

Conviene situar bien el contexto. Esto ocurrió en SHAMELESS, una empresa joven, nacida como marca en 2024 y constituida formalmente en 2025. No fue una cuestión económica. No había un problema de caja. Fue, supuestamente, una cuestión de ajuste y de armonía, de esas palabras grandes que a veces se usan para recolocar equilibrios ajenos. Dicho de otra manera, alguien consideró razonable sugerir que yo debía bajarme el sueldo. Ese alguien a quien, pocos meses antes, se le había sostenido la estructura, acompañado la economía y regalado media empresa como gesto de confianza, como si las ideas, la marca, los clientes y la energía fundacional fueran un extra negociable. Agradecí la franqueza. No la propuesta. Y ahí terminó una etapa. Hoy esa figura forma parte del folclore interno del proyecto, no como leyenda heroica, sino como una de esas historias que se cuentan con media sonrisa para que no se repitan.

Conviene dejar algo claro. En 2026 no solo no me voy a bajar el sueldo. Me lo voy a subir. Está decidido. No por revancha, sino por coherencia. Porque cuidar un proyecto también implica cuidar a quien lo sostiene y porque la generosidad mal entendida no es virtud, es desgaste.

SHAMELESS, hechos y posicionamiento

A partir de ahí ocurrió algo mucho más interesante. La marca volvió a su sitio, los clientes también, y el proyecto recuperó su sentido original sin ruido ni dramatismo, con una limpieza necesaria para que pudiera crecer lo importante. SHAMELESS se consolidó en tiempo récord como una empresa de nueva creación con estructura real y, además, claramente posicionada. Siete cuentas fijas, clientes puntuales que fueron llegando hasta alcanzar quince a lo largo del año y, detalle nada menor, todas las cuentas de 2025 han renovado con nosotros. En este sector eso no es habitual. Es una señal de confianza y de lugar. SHAMELESS no solo funciona como agencia, se ha posicionado como laboratorio de ideas de referencia en arquitectura, diseño y arte, un espacio donde se piensa, se conecta y se activa con criterio.

El equipo operativo lo formamos Ana María Martín, Carlota López-Chicheri, Juanma Sánchez y yo. En 2026 se incorpora también Nerea, a quien rescatamos desde sus comienzos en prácticas y que hoy ya forma parte del núcleo del proyecto. A ese equipo se suman socios muy activos, como Borja Esteras, con quien desarrollamos Babylon. Un proyecto que explica bien qué es SHAMELESS, porque no somos solo un laboratorio de ideas, también actuamos como intermediarios entre el cliente y los estudios de arquitectura. En ese caso fue Arquitalia y el resultado habla por sí solo.

En 2025 hemos producido y acompañado más de sesenta eventos y hemos patrocinado la primera lista de Forbes de los arquitectos más influyentes, publicada en diciembre. Para una empresa tan joven no es un hito menor. SHAMELESS no creció haciendo ruido. Creció haciendo bien las cosas.

FEARLESS, criterio sostenido

Mientras tanto, FEARLESS siguió haciendo lo que mejor sabe hacer. Firmamos probablemente algunas de las mejores portadas de nuestra historia reciente, con Hiba Abouk, Karla Sofía Gascón intervenida por Lázaro Rosa-Violán o Isabelle Junot, y trabajamos con fotógrafos como Mario Sierra o Rubén Vega, elevando el nivel visual y editorial de la revista como nunca antes. En febrero celebramos nuestro quinto aniversario, una fecha simbólica que marcaba un cierre y también un tránsito, porque en 2026 cumplimos seis años y empezamos el camino hacia el séptimo. El año empezó fuerte y continuó con criterio.

También fue el año en el que FEARLESS empezó a pensarse desde otro lugar. Se elaboró un business plan serio y se iniciaron conversaciones con dos grandes grupos editoriales, uno de ellos muy interesado en la adquisición de un 49 %. La operación, de momento, está en el limbo. Y no pasa nada. Todo tiene su momento y su lugar. No aterrizar a destiempo también es una forma de inteligencia. Este paréntesis nos ha dado pulmón, aire fresco y margen para seguir creciendo. Probablemente en 2026 las tornas del asunto cambien.

Detrás de los proyectos hay personas

Y detrás de los proyectos hay estados de ánimo, procesos internos y decisiones silenciosas. En FEARLESS, una figura clave ha sido Marco de Pablos, que llegó en 2024 como estudiante en prácticas en la revista y hoy es redactor jefe. Con 25 años, los pies en la tierra y una cabeza sorprendentemente ordenada, se ha convertido en un contrapeso imprescindible. Para mí, como editora y sí, a veces como cabra loca, ha sido un ancla. Rigor frente a impulso. Estructura frente a intuición. Categoría frente a ruido.

Este también ha sido un año profundamente personal. Un año de aprender a vivir la soledad no como carencia, sino como espacio. De silencio consciente. De calma. Después de muchos años sin conocerla, descubrirla ha sido una fuente de poder enorme. Cuando una se escucha de verdad, todo empieza a colocarse.

Vivo en permanente autocrítica. Me gusta rodearme de personas que saben más que yo. Escucho, analizo, reviso y trato de ser siempre una versión mejor de mí misma. No me comparo con los demás, me comparo conmigo. Y si comparo la Katy de finales de 2024 con la de ahora, el avance es evidente. Eso me dice algo importante sobre 2026. La tendencia es clara.

Somos, en gran medida, el resultado de nuestras decisiones. A veces no somos conscientes de la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia vida. Pensamos, actuamos y proyectamos. Y salvo episodios ajenos a nuestra voluntad, gran parte de lo que nos ocurre tiene que ver con nosotros.

Y sí, también soy mística. A finales de enero comienza el Año del Caballo, mi año según el zodiaco chino. Un año que premiará a quienes se suban, avancen y miren al frente, no a la retaguardia. Será un año favorable para quienes actúen con valentía, honestidad, lealtad y nobleza. Un año en el que quiero seguir haciendo limpieza emocional conmigo misma y también una limpieza social serena, valorando quién aporta y quién no.

No creemos en los relatos edulcorados ni en los cierres perfectos. Creemos en los procesos honestos, en las marcas que sobreviven porque saben proteger su identidad y en las personas que entienden que crecer también implica elegir. Cerrar 2025 no es mirar atrás con nostalgia. Es mirar adelante con una certeza tranquila. No todo el mundo suma, pero cuando eliges bien, todo crece. Y así seguimos.