Por Manuel Quintanar
I.
La “soave inquisizione” (Padovani) o “Storia della colonna infame” (Manzoni). Historia judicial que se repitió en el último cuarto del siglo XX con la excusa de una “legislazione di emergenza” creada por la política (especialmente la izquierda justicialista) para laminar las garantías procesal penales en procedimientos por tráfico de drogas, terrorismo y crimen organizado principalmente (también corrupción) y que se articuló bajo fórmulas de macro procesos con centenares de imputaciones, instrucciones eternas a mayor gloria del juez instructor (o fiscal), prisiones provisionales y medidas espectaculares de entradas y registros, detenciones, secreto sumarial, etc., pero, sobre todo, con “los denominados arrepentidos”.
II.
Dicha infamia delincuencial, bajo la cobertura del Estado y con la excusa de «la lucha contra el crimen» (jerga belicista impropia de una investigación judicial), se sustentaba en tres pilares fundamentales: a) el juez/fiscal instructor (el protagonista); b) los medios de comunicación (decisivos al momento de acabar con la fama, el honor y la dignidad de los inocentes atrapados bajo las garras del sistema inquisitorial); y c) el «arrepentido» o «arrepentidos» (personajes cuyo arrepentimiento residía en el evidente móvil de lucro, consistente en las ventajas procesales y sustantivas que el sistema les dispensaba a cambio de sus delaciones, sin sujeción alguna al control de la verdad).
III.
La mini serie de HBO Max resulta imprescindible, porque resume lo anterior con una fidelidad a la realidad basada en la verdad judicial (“verdad de papel”), lacerante y escarnecedora de los derechos del hombre (pedagógica para los alumnos de Derecho), en particular de este periodista de gran éxito en televisión, uno de los pioneros en la RAI, Enzo Tortora, falsamente acusado de pertenecer a la Camorra napolitana y de ser traficante de drogas, por fiscales y jueces, arrepentidos y medios de comunicación. El calvario, kafkiano, pues durante prácticamente la totalidad del proceso Enzo Tortora ignoraba la etiología de la acusación (tan falsa como esquizoide y mitomaníaco el principal acusador, Giovanni Pandico, por cierto, protagonizado por un gran actor), se prolongó por espacio de 5 años, casi un año bajo arresto domiciliario y siete meses de prisión provisional. Detenido en 1983 fue condenado por los cargos de pertenencia a la Nuova Camorra Organizzata de Raffaele Cuttolo y tráfico de drogas por el Tribunal de primera instancia de Nápoles el 15 de septiembre de 1985 a 10 años de prisión.
IV.
El 15 de septiembre de 1986 la Corte de Apelación de Nápoles lo absolvió con todos los pronunciamientos favorables por no sostenerse la fiabilidad y credibilidad de las pruebas (inexistentes si excluimos las declaraciones de los “denominados arrepentidos”, Pandico, Melluso y Barra). El 17 de junio de 1987 la Corte de Casación confirmó la absolución. Unos meses después en mayo de 1988 moriría Enzo Tortora.
V.
La víctima de un aquelarre judicial-mediático con la colaboración indispensable de unos delincuentes, muchos de ellos asesinos, pretendidamente “arrepentidos”, sin obligación alguna de decir verdad, sin consecuencia alguna de carácter ni penal ni procesal por llevar a término calumniosas invenciones en relación con un profesional independiente (tan distante de la democracia cristiana como del comunismo en cualquiera de sus versiones), hasta entonces no protegido de la jauría de fiscales y jueces de izquierda, por el “sistema”, y que fue llamado durante el calvario procesal sufrido por Marco Pannella para presentarse a las elecciones del Parlamento de Europa por el Partido Radical (liberal-progresista) por el que fue elegido renunciando poco tiempo después para que no se considerase un privilegio inmunizador el escaño europeo.
VI.
Uno de los victimarios de este escandaloso error judicial (¿) fue el Juez Di Pietro, posteriormente fundador de un partido político y diputado (¿estaría ya haciendo política a costa de las víctimas de la Camorra?). El Juez Marmo pidió perdón a Tortora con posterioridad (ya tarde). Surgían los jueces estrella de los que en España brilló en su vedettismo el ex Juez Garzón, condenado en España por prevaricación muchos años después, muy partidario de la gestión de estos arrepentidos sobre la base de cuyas declaraciones se construyeron enteras instrucciones sin mayor corroboración que una falsaria versión de la realidad en materias tan graves como tráfico de drogas o crimen organizado en general. También este último con sus expectativas políticas descaradas (llegó a ser diputado, tras lo cual volvió a su Juzgado, investigando a algunos de sus más señalados compañeros en el Gobierno). Por cierto, no abandona el foco, sea por fas o por nefas, ahora nombrado Presidente de una enfática y ridiculamente llamada “Comisión de la Verdad”. La Verdad y Garzón podría titularse la tragedia.
VII.
Pero, como decíamos, sin la colaboración de los medios es imposible el funcionamiento de los “jueces estrella” en su, en algunos casos, auténtico trastorno psicopático necesitado de notoriedad. A Tortora en la “Caserma” le prometen salir detenido por una puerta lateral sin esposas y de forma discreta. Lo cierto es que es icónica la imagen de Tortora saliendo del cuartel de Carabineros esposado y fotografiado por una multitud de medios incluyendo su cadena la RAI con la que cada viernes en su “Portobello” convocaba a 28 millones de italianos. Los medios como chacales ciegos en la destrucción de la imagen del periodista y, por supuesto, de la persona. Tortora no sabía de qué y por qué se le acusaba. Funcionaba todo como una denuncia anónima. Sufrimiento suyo y de su familia que, como a tantos, acaba por destrozar su vida en cualquier sentido, excepto en el moral.
VIII.
Y los arrepentidos: un proxeneta (Melluso) quien sostuvo que se le veía por locales nocturnos de Milán con Cuttolo y proveía de cocaína a artistas, actores, etc. (Tortora era conocido por no frecuentar este tipo de locales); un esquizoide fabulador (Pandico) asesino de dos funcionarios por no entregarle una copia de su certificado de nacimiento; Barra, un camorrista, asesino múltiple. La Justicia en manos de los delincuentes. Los Jueces siguiendo la línea de investigación marcada por la fantasía interesada de los “denominados arrepentidos”. La Ley a los pies de la delincuencia y el oportunismo.
IX.
Son muchas las disfunciones que se produjeron con los privilegios concedidos por la legislación italiana a los “arrepentidos” (legge dei pentiti e dei dissociati de 1982). Ley criminógena y fuente de la victimización de inocentes señalados por los delincuentes, incluso infiltrados en los procedimientos para desviar de la verdad las investigaciones, con el derecho a mentir y ninguna obligación. Las declaraciones se podían pactar previamente con los fiscales. También en España muy lamentablemente. Convertir a los inocentes en irreductibles y a los delincuentes “arrepentidos” bendecidos por los nuevos gestores de la moral colectiva beneficiarios de condenas reducidas, absoluciones y ausencia de medidas cautelares, incluso con falsas identidades, protección de sus familias, operaciones de cirugía, etc. La infamia de la que hablaba Beccaria elevada a la categoría de virtuoso mecanismo de lucha contra la criminalidad organizada. Ojo, no confundir al “arrepentido” gestionado por el Fiscal o el Juez Instructor con el confidente policial.
X.
En definitiva, una “cultura judicial” de “lucha” en busca de su “verdad”. El medro político y profesional de algunos togados. Afortunadamente, en Italia se operó una buena reforma del Códice di Procedura Penale y una Ley de Responsabilidad de Jueces y Fiscales por errores judiciales. En España lamentablemente no. Por ello, seria deseable una “Comisión de la Verdad para errores judiciales” y un Día de las Víctimas de Errores Judiciales.
XI.
Dedico este artículo a Mauro Mellini, amigo y maestro, y Miembro del Consiglio Superiore della Magistratura, Senador por el Partido Radical, quien me prestó todos los medios para poder estudiar estos casos de patología judicial en Italia en los años 90.



