“Comerse una manzana nunca había sido tan cool”. Con este espíritu, Pink Lady sorprendió el pasado 12 de febrero en pleno corazón de Madrid con una frutería pop-up efímera que transformó lo cotidiano en extraordinario. Coincidiendo con San Valentín, la marca convirtió una simple pieza de fruta en el nuevo love spot urbano.

Lejos de una acción promocional al uso, la firma materializó su nueva campaña europea —“Muy crujiente. Muy jugosa. Muy cool.”— en una experiencia real, inmersiva y absolutamente instagrameable. 

Una frutería futurista que rompió Instagram

El espacio sorprendía desde el primer paso: una estética metalizada e industrial que reinterpretaba las cámaras frigoríficas tradicionales con un giro contemporáneo. El resultado era un entorno inesperado, brillante y casi cinematográfico, donde la manzana se elevaba a icono lifestyle.

La atmósfera invitaba a fotografiar cada rincón. Entre luces, superficies cromadas y detalles cuidados al milímetro, la marca logró que el producto trascendiera su condición de fruta para convertirse en tendencia.

Degustaciones, cócteles y tatuajes: así se vivió el evento

En el interior, la experiencia combinó degustaciones de aperitivos con la manzana como protagonista indiscutible y una carta de cócteles inspirados en distintas love vibes de San Valentín.

La música marcó el ritmo de la velada gracias a un DJ set en directo, mientras un photobooth personalizado permitía inmortalizar el momento. Para los más atrevidos, un tatuador ofrecía la posibilidad de llevarse un recuerdo permanente de esta experiencia efímera.

La acción funcionó además como puente entre campaña y retail, trasladando la marca del lineal del supermercado al universo emocional y aspiracional del consumidor urbano.

El nuevo mood de Pink Lady en Europa

Con más de 25 años de historia, Pink Lady inicia una nueva etapa en Europa reafirmando su carácter premium y su ambición de reencantar la categoría.

Su nuevo posicionamiento celebra el gesto de morder una manzana como expresión de placer y libertad. El crunch —ese sonido inconfundible— se convierte en firma sensorial y en símbolo de actitud.

Cuando lo cotidiano se vuelve icónico

En un mercado donde la manzana ha sido tradicionalmente percibida como un producto básico, Pink Lady reivindica su poder cultural. La frutería pop-up de Madrid demuestra que incluso lo más cotidiano puede convertirse en objeto de deseo cuando se mira desde otra perspectiva.

San Valentín fue la excusa. La estrategia, mucho más ambiciosa: posicionar la manzana no solo como alimento, sino como experiencia. Porque para Pink Lady, la fruta no solo se consume. Se siente. Se comparte. Se desea.