Antonio López pinta su vida en esta edición exclusiva de ARTIKA: Paisajes es una obra de arte en sí misma, donde el autor muestra su interior a través de su forma de plasmar el mundo exterior sobre el lienzo. Una obra limitada y numerada, elaborada artesanalmente, en la que el artista se ha implicado en cada uno de los procesos de su creación, hasta llegar a firmar, personalmente, todos los ejemplares. Un retrato íntimo donde evoca pensamientos, vivencias y emociones, compartiendo su historia y su inspiración de la mano del arte de su tío y mentor, Antonio López Torres, y de su mujer, María Moreno. Este es el libro de artista definitivo de Antonio López: aquí están los escenarios, las obras y las personas más relevantes de su trayectoria.
Antonio López, el gran maestro del realismo, sabe mostrar la esencia de las cosas. No solo a través de su pintura: también cuando toma la palabra.
Para abarcar su recorrido artístico hacía falta una edición que incluyera su sello personal. Así surgió la colaboración con ARTIKA para crear una obra única: el libro de artista más íntimo de Antonio López.
Antonio se ha implicado en todas las fases del proyecto. Ha explorado sus archivos en busca de bocetos y dibujos, y ha querido compartir las pequeñas historias de las que nacen sus obras maestras.
El resultado es una obra viva, estructurada como un diario personal, que recorre toda su trayectoria creativa y vital. Aquí están los cuadros, los momentos y los lugares de su vida.





Para crear la mesa con esta colección de Bordallo Pinheiro, Miriam se ha basado en el campo “porque es lo que inspira y a donde evade la vajilla”. En la colección Flora destacan diferentes formas florales con tonos pasteles que combinan muy bien entre sí. “He querido arriesgar y crear ese efecto mix & match, mezclando todos los tonos y las formas creando composiciones únicas. No se repite ninguna composición con otra porque voy entrelazando diferentes piezas y colores”, confiesa Alía.
Flora representa un paseo por el campo lleno de plantas y flores, entre las que se incluyen amapolas, margaritas, rosas silvestres o malvas, que están grabadas en la superficie de las piezas, repletas de detalles con colores campestres, acentuados por la transparencia única de los esmaltes.
Este líquido, que hasta ahora solo ha estado disponible como una edición limitada hace 20 años, es un tesoro para los bartenders de todo el mundo ya que mantiene la esencia de Beefeater London Dry Gin, pero con un volumen de alcohol del 50% y captura las notas cítricas de la cáscara de pomelo. Una ginebra pura, que ofrece un equilibrio perfecto entre un sabor claro y una profundidad inconfundible.
En palabras de Desmond Payne, Maestro Destilador de Beefeater: “como una expresión elevada del estilo de nuestra casa, Beefeater Crown Jewel es una de mis creaciones favoritas dentro del porfolio de la marca debido a su aroma pleno, redondo y envolvente, por ello los bartenders han estado golpeando nuestra puerta repetidas veces para traerlo de vuelta. Al gusto, se perciben cítricos frescos con sabor a pomelo donde se pueden distinguir el toque del clásico enebro al final. Una larga progresión de cálidas especias, con un toque de regaliz dulce al final que terminan con un recuerdo de profundas notas cítricas. Los botánicos están perfectamente balanceados proporcionando un largo y complejo sabor que despierta el paladar hasta el final. El alto volumen del alcohol del 50% consigue levantar la esencia de los 10 botánicos.”
Beefeter Crown Jewel está disponible en El Club del Gourmet del Corte Inglés a un precio de 70€.



El resultado de la tercera colaboración del piloto con Hawkers es una colección actual y versátil. En ella encontramos diseños elegantes y atemporales como el Dust Brown, con lentes degradadas en verde y montura marrón con acabado brillante, o enigmáticos como el Stone Polarized, un modelo “all black” con lentes polarizadas. También descubrimos siluetas que reflejan la pasión del piloto por la moda y que marcan tendencia como el Diver Teal Carey, de estilo aviador y con una original montura en color carey con tintes azulados, o el Salt Carey, de estilo pantos, con lentes redondas en color terracota. Además, todos los modelos son unisex y llevan impreso el logo del piloto en la patilla
Por otro lado, en la sección de metáforas discursivas del retrato, la exposición presenta hombres, mujeres y seres andróginos desplegando plasticidad y gracia a través de formas, gestos y símbolos. En estos retratos, Bruchstein aborda cuestiones de identidad de género, la reconfiguración del cuerpo respondiendo a su entorno y el individuo como generador de cambios a través de sus propias reverberaciones físicas.


«Creo que todo lo que hay en la calle es un regalo. Pero sólo lo consigues si sales ahí todos los días».
Fue un encuentro con el famoso fotógrafo Robert Frank a principios de los sesenta -cuando Meyerowitz trabajaba como director artístico- lo que desencadenó su decisión de convertirse en fotógrafo. Tras observar cómo trabajaba el gran artista, Meyerowitz tomó la decisión de dedicarse también a la fotografía callejera. Durante los años siguientes tomó fotos en las calles de Nueva York; allí encontró el escenario perfecto para observar la vida y la gente de la gran ciudad.
Tras comenzar en color en 1962, Meyerowitz empezó a utilizar película en blanco y negro un año después. La formación que recibió en Nueva York se perfeccionó durante un viaje de un año por Europa en 1966/67. Muchas de las conocidas fotografías que forman parte de la inconfundible obra de Meyerowitz fueron tomadas en esa época en distintos países y ciudades. En los años siguientes a su regreso a EE.UU., el color cobró aún más importancia para el fotógrafo, y muchos de sus motivos legendarios son de esa época.
«A menudo pienso que la cámara es una vara de adivinación. Me guía. Porque tenerla conmigo, en mis manos o en mi hombro, es mi licencia para ver».
