Beefeater, la Ginebra más Premiada del Mundo, reinventa la tradición y lujo dentro de su categoría presentando Beefeater Crown Jewel, una referencia ultra-premium que se erige como la joya de la corona de la marca. Inspirada en las emblemáticas joyas albergadas en la Torre de Londres, este nuevo packaging evoca una preciada joya que encarna el espíritu atemporal de Londres, ciudad en la que la marca asienta sus orígenes desde 1820.
Este líquido, que hasta ahora solo ha estado disponible como una edición limitada hace 20 años, es un tesoro para los bartenders de todo el mundo ya que mantiene la esencia de Beefeater London Dry Gin, pero con un volumen de alcohol del 50% y captura las notas cítricas de la cáscara de pomelo. Una ginebra pura, que ofrece un equilibrio perfecto entre un sabor claro y una profundidad inconfundible.
Alojada en una nueva botella inspirada en el rubí, que toma como referencia los cortes de las preciosas joyas de la Corona que custodia la Torre de Londres. El nuevo packaging es también un tributo al patrimonio Londinense de Beefeater, incorporando elementos de diseño sobre una franja dorada donde puede verse el cuervo (animal que según una antigua leyenda custodiaba la torre) y los 10 botánicos que participan en su elaboración.
Antes de su lanzamiento, Beefeater Crown Jewel ya ha conseguido 7 medallas en las últimas competiciones internacionales de spirits, incluyendo un doble Oro en el concurso internacional Spirits Challenge 2022, Oro en el concurso San Francisco Wine & Spirits 2022, Oro en la International Wine & Spirits Competition 2022 y Oro en los World Gin Awards 2022. Estos premios, continúan afianzando el lema de la marca de “la ginebra más premiada del mundo”.
En palabras de Desmond Payne, Maestro Destilador de Beefeater: “como una expresión elevada del estilo de nuestra casa, Beefeater Crown Jewel es una de mis creaciones favoritas dentro del porfolio de la marca debido a su aroma pleno, redondo y envolvente, por ello los bartenders han estado golpeando nuestra puerta repetidas veces para traerlo de vuelta. Al gusto, se perciben cítricos frescos con sabor a pomelo donde se pueden distinguir el toque del clásico enebro al final. Una larga progresión de cálidas especias, con un toque de regaliz dulce al final que terminan con un recuerdo de profundas notas cítricas. Los botánicos están perfectamente balanceados proporcionando un largo y complejo sabor que despierta el paladar hasta el final. El alto volumen del alcohol del 50% consigue levantar la esencia de los 10 botánicos.”
Según María Lafuente, Senior Brand Manager de Beefeater ”Beefeater Crown Jewel, nuestra ginebra Ultra-Premium que tan bien había sido recibida anteriormente por bartenders y conocedores de renombre mundial, vuelve como una exclusiva edición limitada que encarna el espíritu atemporal de Londres. Recuperamos la joya más protegida de la casa Beefeater, que mantiene la esencia de la icónica receta de Beefeater London Dry Gin, la ginebra más premiada del mundo.”
Beefeter Crown Jewel está disponible en El Club del Gourmet del Corte Inglés a un precio de 70€.






El resultado de la tercera colaboración del piloto con Hawkers es una colección actual y versátil. En ella encontramos diseños elegantes y atemporales como el Dust Brown, con lentes degradadas en verde y montura marrón con acabado brillante, o enigmáticos como el Stone Polarized, un modelo “all black” con lentes polarizadas. También descubrimos siluetas que reflejan la pasión del piloto por la moda y que marcan tendencia como el Diver Teal Carey, de estilo aviador y con una original montura en color carey con tintes azulados, o el Salt Carey, de estilo pantos, con lentes redondas en color terracota. Además, todos los modelos son unisex y llevan impreso el logo del piloto en la patilla
Por otro lado, en la sección de metáforas discursivas del retrato, la exposición presenta hombres, mujeres y seres andróginos desplegando plasticidad y gracia a través de formas, gestos y símbolos. En estos retratos, Bruchstein aborda cuestiones de identidad de género, la reconfiguración del cuerpo respondiendo a su entorno y el individuo como generador de cambios a través de sus propias reverberaciones físicas.


«Creo que todo lo que hay en la calle es un regalo. Pero sólo lo consigues si sales ahí todos los días».
Fue un encuentro con el famoso fotógrafo Robert Frank a principios de los sesenta -cuando Meyerowitz trabajaba como director artístico- lo que desencadenó su decisión de convertirse en fotógrafo. Tras observar cómo trabajaba el gran artista, Meyerowitz tomó la decisión de dedicarse también a la fotografía callejera. Durante los años siguientes tomó fotos en las calles de Nueva York; allí encontró el escenario perfecto para observar la vida y la gente de la gran ciudad.
Tras comenzar en color en 1962, Meyerowitz empezó a utilizar película en blanco y negro un año después. La formación que recibió en Nueva York se perfeccionó durante un viaje de un año por Europa en 1966/67. Muchas de las conocidas fotografías que forman parte de la inconfundible obra de Meyerowitz fueron tomadas en esa época en distintos países y ciudades. En los años siguientes a su regreso a EE.UU., el color cobró aún más importancia para el fotógrafo, y muchos de sus motivos legendarios son de esa época.
«A menudo pienso que la cámara es una vara de adivinación. Me guía. Porque tenerla conmigo, en mis manos o en mi hombro, es mi licencia para ver».











Uno de los valores diferenciadores de Dominio Basconcillos es precisamente su localización. Cuando este proyecto comenzó en torno a los 2.000, y liderado por su fundador, su padre José María Basconcillos, cultivar viñas a una altura de 1.000 m se consideraba algo arriesgado e inexplorado. Sin embargo, en el actual contexto de cambio climático, los vinos de altura cotizan al alza.
La sostenibilidad, una de las tareas pendientes en los últimos tiempos, es uno de los hilos conductores de este proyecto desde sus inicios y lo que impulsó a José María Basconcillos a adentrarse en el mundo vitivinícola y ser, a día de hoy, una bodega pionera en viticultura orgánica. Un aspecto para el que Carmen y María José están en continuo proceso de aprendizaje y avance.
Aunque a priori parezca un pequeño negocio familiar que comenzó a finales de los años 90, la innovación ha ido siempre de la mano de esta bodega con el objetivo de conseguir la mejor calidad a base de aprovechar los beneficios de la tecnología llevados al campo y a los procesos de elaboración del vino.