La exposición se podrá visitar del 8 al 31 de enero de 2026 en la Fundación Ortega y Marañón de Madrid, con entrada gratuita de lunes a viernes de 9 a 21 h.
Del 8 al 31 de enero de 2026, la Fundación Ortega y Marañón en Madrid acoge Legado Niemeyer, la nueva exposición del fotógrafo asturiano Juan Carlos Vega. Con el apoyo de la embajada de Brasil y del Instituto Guimarães Rosa, la muestra propone un recorrido por la obra del arquitecto brasileño más influyente del siglo XX, Oscar Niemeyer (1907-2012), viajando desde Belo Horizonte hasta Brasilia, São Paulo, Niterói, Maceió, y haciendo escala en Milán y Asturias.
De Pampulha a Brasilia: los iconos de Niemeyer en fotografía
Vega retrata desde los primeros proyectos Niemeyer-Kubitschek en Belo Horizonte —como la Casa do Baile y la Iglesia de San Francisco, Patrimonio de la Humanidad— hasta los edificios más emblemáticos de Brasilia, como la Torre Digital y el Teatro Nacional, integrando también el Museo de Arte de Niterói y el OCA en São Paulo. Cada fotografía articula la arquitectura como un legado en constante construcción, revelando la forma, el ritmo y la dimensión espacial de las obras de Niemeyer.
Experiencia sensorial y accesible para todos
La exposición incluye fotografías en relieve de los proyectos de Niemeyer en Milán y Asturias, pensadas para personas con discapacidad visual. Además, Vega combina la fotografía con videoarte y deconstrucciones de imagen, ofreciendo un diálogo innovador entre arquitectura, espacio y percepción sensorial.


El lenguaje visual de Juan Carlos Vega
Juan Carlos Vega ha desarrollado un lenguaje artístico único donde la arquitectura y el ballet se fusionan. En Legado Niemeyer, los cuerpos de los intérpretes activan los espacios, mostrando cómo la obra de Niemeyer sigue generando nuevas relaciones con el paisaje y proyectando futuro. Cada instalación revela la arquitectura como un campo activo y coreografiado, donde la danza emerge como mediación entre forma y espacio.
Un broche de oro a 25 años de fotografía
Legado Niemeyer culmina los 25 años de carrera de Vega, especializado en fotografía de arquitectura y retrato, combinando estética, onirismo y rigor técnico. La exposición se enriquece con la colaboración de Alexandra, que aporta sillas intervenidas por Vega, Global TV con proyecciones de videoarte, y la Fundación Brito, consolidando un proyecto que une cultura, arte y memoria arquitectónica.






Pero, volvamos al Real, donde la noche cambia por completo la estética del recinto. Parece que nos encontramos en un lugar totalmente diferente del que hemos paseado durante el día. Las luces de los farolillos, -rojos y blancos- en sus calles, eclosionan con el sonido de las casetas, generando a veces, un shock audiovisual que se ve incrementado por la ingesta de manzanilla si se lleva demasiadas horas en la feria. Hay que decir que algunas casetas conservan la música en directo sin ningún tipo de amplificación, cosa muy admirable en estos tiempos y las nuevas corrientes están haciendo que por desgracia, se pierda todo tipo de autenticidad. En muchas de éstas, se sigue pudiendo oír a grandes artistas del mundo flamenco, así como ver “darse una patá” -expresión usada para denominar un baile corto por bulerías-, a magníficas figuras del baile.
Siete días en los que la ciudad se convierte en la escenografía perfecta para ponerse al servicio del espectáculo más grandioso del mundo. Esta afirmación puede resultar algo chovinista, pero piensen por un momento en cualquier tipo de manifestación en la que participen “actuantes” y espectadores. Miles de personas durante distintas jornadas, en torno a la mayor muestra pública de arte barroco, -con lo que eso supone en la capital, no solo de Andalucía, si no de la estética, en cuanto a sus fiestas de primavera se refiere-.
Aunque el que les escribe tiene inquietudes religiosas y profesa la fe católica, me gustaría hacer hincapié en otras cuestiones, tales, como las que supone para la ciudad el cambio rítmico de su día a día cotidiano o la mudanza de aspecto que torna su casco histórico.
Y es que durante estos siete días, -a los que se les suman dos de vísperas y la espesura de su cuaresma-, Sevilla se pone al servicio de su Semana Santa, cosa que asume el sevillano, (unos con fervor y alegría y otros con total resignación). Y escribo esto, porque no hace falta recordar que en estos tiempos de “libertad impostada”, las manifestaciones religiosas populares también despiertan ciertas controversias, aunque en Sevilla, -la tierra de María Santísima-, el que más o el que menos, el ateo o el agnóstico, tienen su predilección por alguna que otra cofradía.
El sevillano rancio, estrena cada Domingo de Ramos. El de a pie, se viste con lo mejor que tiene. El misticismo se mezcla con lo popular; la historia, con el presente, la austeridad de las cofradías de silencio, con el júbilo que traen las vecinas de los barrios del extrarradio, la música de capilla con las cornetas, la cola de la túnica de ruan, con el terciopelo de capa; el susurro al paso de un cortejo enmudecido con el clamor del misterio que viene haciendo cambios; el ¡ay! de la saeta con el ¡ole! al final del tercio; la luz del mediodía con la oscuridad de la madrugada; el recato y la penitencia con la sensualidad que despierta la primavera; el todo de los pasos en la calle y la nada cuando éstos se recogen…
No es tarea fácil tratar de esbozar unas líneas intentando explicar un suceso que lleva siglos desarrollándose en muchos aspectos de la misma forma exactamente, pero que cada año parece cosa nueva y se vive como una primera vez de todas.


De este modo ha utilizado la fotografía para “hablar” de Ucrania y de la realidad que se está viviendo en este país, más allá de lo que vemos a través de los medios de comunicación a diario. Fukunaga hizo un viaje recorriendo varios puntos del conflicto y captando con su cámara los rostros de personas anónimas, viviendas ya sin dueño y descampados que muestran un territorio desolado. Durante la duración de la exposición se pondrán a la venta 5 unidades de cada una de las fotografías, en beneficio de World Central Kitchen, la ONG liderada por el chef José Andrés.
Esta exposición está producida por Leica Camera Iberia, marca que ha hecho posible toda la producción para que las fotografías lleguen a España. Ha cedido una cámara modelo Leica Q2 para este proyecto. De hecho, Javier Liedo, director general de Leica Camera Iberia, ha querido que su espacio en la capital, Leica Gallery Madrid.





