Picasso en foto. Archivos del Museu Picasso de Barcelona es la próxima muestra que se podrá ver en la Sala de Exposiciones del teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Una exposición que acoge los fondos del archivo fotográfico del museo que permiten acercarse a la vida y los procesos creativos del genio y que otorgan una completa y desconocida visión sobre el artista.
La muestra, que es una producción de este espacio del Área de Cultura, Deporte y Turismo del Ayuntamiento de Madrid en colaboración con La Fábrica y dentro del marco de PHotoESPAÑA 2023, se podrá ver del 29 de abril al 28 de julio de 2023 en la Sala de Exposiciones.
El proyecto está dirigido por Emmanuel Guigon, director del Museu Picasso de Barcelona. La exposición recoge una selección de la colección de fotografía de este Museo. En palabras de Guigon, “esta exposición permite una aproximación a la figura de Pablo Picasso, el hombre y el artista, sus procesos de trabajo y la génesis del museo, con fotografía vernácula y de autor de grandes maestros como Lucien Clergue o David Douglas Duncan, contemporáneos y amigos del genio que le siguieron de cerca a lo largo de su carrera y su vida”.
Picasso en foto. Archivos del Museu Picasso de Barcelona se aproxima a todos los aspectos del genio a través de la obra de autores profesionales de gran importancia en la historia de la fotografía y también de imágenes vernaculares de amigos y familiares. Fotografías anónimas en ocasiones, pero que ayudan a aproximarse a Picasso desde una posición mucho más cercana y familiar. Entre las primeras la exposición incluye imágenes de los fondos de dos grandes autores de la fotografía contemporánea: Lucien Clergue y David Douglas Duncan.
El Museu Picasso de Barcelona conserva importantes archivos fotográficos que relatan la relación de Picasso con la Ciudad Condal. Los vínculos afectivos entre Picasso y Barcelona, esenciales para entender la creación del museo del que se celebra su 60 aniversario, se iniciaron en las postrimerías del siglo XIX con la llegada del artista a la ciudad en 1895, y se mantuvieron vivos hasta su muerte en 1973. Barcelona se convirtió en un nexo importante en la vida de Picasso, no solo durante su etapa de formación, sino también en su revelación como artista. El malagueño se fue definitivamente a París en abril de 1904, pero su familia y sus amigos de juventud, a través de los que hizo nuevas amistades barcelonesas, que viajaban de manera frecuente a visitarlo en sus residencias del sur de Francia, le mantuvieron unido a la capital catalana.
El Museu Picasso de Barcelona es, sin duda, el testimonio más evidente de este vínculo afectivo del artista con la ciudad. Creado por deseo expreso de Picasso, es fruto de la voluntad y la complicidad de sus amigos; en primer lugar, de su secretario personal y gran amigo Jaume Sabartés, pero también de los editores Gustau Gili, de los galeristas Joan y Miquel Gaspar y del notario Raimon Noguera. Todos ellos propiciaron, en pleno franquismo, que el sueño del artista se hiciera realidad: un museo monográfico en la ciudad a la que tanto quería.
Esta exposición presenta la versatilidad y la riqueza de usos que los fondos fotográficos de archivo poseen para generar narrativas visuales a través de diferentes soportes y formas de expresión. De esta manera, el visitante podrá explorar y apreciar las imágenes fotográficas en diferentes contextos y presentaciones artísticas como álbumes familiares, fotografías de prensa, inventarios de obras, pases de diapositivas, audiovisuales, reportajes de tipo documental y fotolibros.
Los fondos
Forman parte de esta exposición: Fondo Museu Picasso de Barcelona; Fondo Francesc Mèlich, compra 1970; Fondo Joan Vidal Ventosa, compra 1979; Fondo Jaume Sabartés, compra 2008; Fondo David Douglas Duncan, donación 2013; Fondo Gustau Gili y Anna Maria Torra, compra 2014-2018; Fondo Brigitte Baer, donación 2015; Fondo Lucien Clergue, compra 2016.
Picasso en foto. Archivos del Museu Picasso de Barcelona también da cuenta del valor de la fotografía como registro de la génesis del Museu Picasso, el único en el que el artista se involucró personalmente, viajando incluso a España para supervisar el proyecto, a pesar de que el país seguía bajo el régimen franquista. Junto con este registro del nacimiento del museo, de esa misma época, la exposición incluye fotografía vernácula de las familias que hicieron posible el nacimiento de este centro.
La muestra se desarrolla como una especia de “documento notarial” del genio en todos sus aspectos. Una oportunidad única de descubrir al artista, y también al hombre. A su vez la exposición da cuenta de la riqueza de la fotografía: como testimonio, como documento y como obra de arte. Una forma de entrar en contacto con todos los aspectos de la fotografía tomando como referencia la figura de Pablo Picasso.
Con esta íntima muestra, la programación expositiva del teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa se suma a otras actividades programadas en el marco de la Celebración Picasso 1973-2023 y que se organiza con motivo del cincuenta aniversario de la muerta del artista.



La romería del Rocío tiene muchísima enjundia histórica en la que por razones evidentes, no vamos a profundizar. Me limitaré a hacer una breve semblanza de su celebración en la actualidad.
Una vez llegados a El Rocío, las hermandades poseen sus casas en propiedad o terrenos donde se continúa una convivencia fraternal, diría que única, puesto que se da de comer al hambriento y de beber al sediento, así como se refleja en la sagradas escrituras, sin ni siquiera conocer a la persona que de uno requiere la bebida o el alimento. De igual manera sucede en las casas particulares donde se viven jornadas de puertas abiertas en las que no cesa la celebración a través del cante, el baile y la alegría.
Todos, esperando la procesión de la Virgen del Rocío, a la que precede una serie de actos, como son la presentación de las hermandades, la misa pontifical en las inmediaciones del Santuario o el rosario de las hermandades que anuncia la inmediata salida de la Virgen. Un momento de emoción desbordada en la que los hombres de Almonte realizan el ya tradicional salto de la reja para proceder a la procesión que llevará a la Blanca Paloma a cada una de las 124 hermandades filiales, que la honrarán con el rezo de la salve.
Una vez concluida la procesión, las hermandades vuelven a sus pueblos y ciudades, por los caminos que hay que las han traído a celebrar, para algunos, los días más maravillosos del año.











Pero, volvamos al Real, donde la noche cambia por completo la estética del recinto. Parece que nos encontramos en un lugar totalmente diferente del que hemos paseado durante el día. Las luces de los farolillos, -rojos y blancos- en sus calles, eclosionan con el sonido de las casetas, generando a veces, un shock audiovisual que se ve incrementado por la ingesta de manzanilla si se lleva demasiadas horas en la feria. Hay que decir que algunas casetas conservan la música en directo sin ningún tipo de amplificación, cosa muy admirable en estos tiempos y las nuevas corrientes están haciendo que por desgracia, se pierda todo tipo de autenticidad. En muchas de éstas, se sigue pudiendo oír a grandes artistas del mundo flamenco, así como ver “darse una patá” -expresión usada para denominar un baile corto por bulerías-, a magníficas figuras del baile.
Siete días en los que la ciudad se convierte en la escenografía perfecta para ponerse al servicio del espectáculo más grandioso del mundo. Esta afirmación puede resultar algo chovinista, pero piensen por un momento en cualquier tipo de manifestación en la que participen “actuantes” y espectadores. Miles de personas durante distintas jornadas, en torno a la mayor muestra pública de arte barroco, -con lo que eso supone en la capital, no solo de Andalucía, si no de la estética, en cuanto a sus fiestas de primavera se refiere-.
Aunque el que les escribe tiene inquietudes religiosas y profesa la fe católica, me gustaría hacer hincapié en otras cuestiones, tales, como las que supone para la ciudad el cambio rítmico de su día a día cotidiano o la mudanza de aspecto que torna su casco histórico.
Y es que durante estos siete días, -a los que se les suman dos de vísperas y la espesura de su cuaresma-, Sevilla se pone al servicio de su Semana Santa, cosa que asume el sevillano, (unos con fervor y alegría y otros con total resignación). Y escribo esto, porque no hace falta recordar que en estos tiempos de “libertad impostada”, las manifestaciones religiosas populares también despiertan ciertas controversias, aunque en Sevilla, -la tierra de María Santísima-, el que más o el que menos, el ateo o el agnóstico, tienen su predilección por alguna que otra cofradía.
El sevillano rancio, estrena cada Domingo de Ramos. El de a pie, se viste con lo mejor que tiene. El misticismo se mezcla con lo popular; la historia, con el presente, la austeridad de las cofradías de silencio, con el júbilo que traen las vecinas de los barrios del extrarradio, la música de capilla con las cornetas, la cola de la túnica de ruan, con el terciopelo de capa; el susurro al paso de un cortejo enmudecido con el clamor del misterio que viene haciendo cambios; el ¡ay! de la saeta con el ¡ole! al final del tercio; la luz del mediodía con la oscuridad de la madrugada; el recato y la penitencia con la sensualidad que despierta la primavera; el todo de los pasos en la calle y la nada cuando éstos se recogen…
No es tarea fácil tratar de esbozar unas líneas intentando explicar un suceso que lleva siglos desarrollándose en muchos aspectos de la misma forma exactamente, pero que cada año parece cosa nueva y se vive como una primera vez de todas.



Antonio López, el gran maestro del realismo, sabe mostrar la esencia de las cosas. No solo a través de su pintura: también cuando toma la palabra.

Por otro lado, en la sección de metáforas discursivas del retrato, la exposición presenta hombres, mujeres y seres andróginos desplegando plasticidad y gracia a través de formas, gestos y símbolos. En estos retratos, Bruchstein aborda cuestiones de identidad de género, la reconfiguración del cuerpo respondiendo a su entorno y el individuo como generador de cambios a través de sus propias reverberaciones físicas.


«Creo que todo lo que hay en la calle es un regalo. Pero sólo lo consigues si sales ahí todos los días».
Fue un encuentro con el famoso fotógrafo Robert Frank a principios de los sesenta -cuando Meyerowitz trabajaba como director artístico- lo que desencadenó su decisión de convertirse en fotógrafo. Tras observar cómo trabajaba el gran artista, Meyerowitz tomó la decisión de dedicarse también a la fotografía callejera. Durante los años siguientes tomó fotos en las calles de Nueva York; allí encontró el escenario perfecto para observar la vida y la gente de la gran ciudad.
Tras comenzar en color en 1962, Meyerowitz empezó a utilizar película en blanco y negro un año después. La formación que recibió en Nueva York se perfeccionó durante un viaje de un año por Europa en 1966/67. Muchas de las conocidas fotografías que forman parte de la inconfundible obra de Meyerowitz fueron tomadas en esa época en distintos países y ciudades. En los años siguientes a su regreso a EE.UU., el color cobró aún más importancia para el fotógrafo, y muchos de sus motivos legendarios son de esa época.
«A menudo pienso que la cámara es una vara de adivinación. Me guía. Porque tenerla conmigo, en mis manos o en mi hombro, es mi licencia para ver».