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Una madre representa cuidado, dedicación y constancia. Este Día de la Madre, más allá de los regalos materiales, la tendencia apunta hacia algo mucho más valioso: compartir tiempo y crear recuerdos. Desde propuestas gastronómicas hasta escapadas entre viñedos o planes urbanos y creativos, la clave está en regalar experiencias que perduren.

Sabores convertidos en recuerdo

En esta línea, FISAN propone elevar el regalo tradicional con una experiencia gastronómica de altura. Su Pack Deluxe Experiencia Jamón de Bellota transforma el acto de regalar en un momento de conexión alrededor de la mesa. Elaborado a partir de jamón de bellota ibérico 75% raza ibérica de Alta Gastronomía, el pack incluye diez sobres listos para disfrutar, presentados en una elegante caja. Una propuesta pensada para saborear sin prisas, donde el verdadero lujo es el tiempo compartido.

Madrid desde las alturas

Celebrar el Día de la Madre en Madrid es también una invitación a redescubrir la ciudad desde otra perspectiva: la de sus azoteas. Espacios donde el ritmo se ralentiza, las vistas se convierten en protagonistas y la gastronomía acompaña momentos que invitan a quedarse. Entre cielos abiertos y panorámicas únicas, estas direcciones elevan cualquier celebración.

El Cielo de Montera

Ubicado en plena Gran Vía, este hotel propone una experiencia donde la sofisticación se combina con el carácter castizo de la ciudad. Su restaurante, situado en la novena planta, se convierte en un oasis donde disfrutar de una cocina que rinde homenaje al producto local con técnicas contemporáneas. Platos como el tataki de atún rojo, las ostras aliñadas o el rodaballo salvaje dibujan una carta pensada para compartir y celebrar sin prisas, en un entorno luminoso con vistas al skyline madrileño.

Para quienes prefieren una celebración más distendida, esta azotea —la más alta de la Gran Vía— es el escenario perfecto. Con Madrid extendiéndose a sus pies, propone un plan relajado donde la coctelería de autor cobra protagonismo. Inspirada en los barrios más castizos, su carta líquida se acompaña de un picoteo gourmet con guiños a la tradición, ideal para un brindis al atardecer o una tarde que se alarga sin mirar el reloj.

Ginkgo Sky Bar

En uno de los laterales de la Plaza de España, este espacio se ha consolidado como uno de los imprescindibles para quienes buscan un plan especial. Su propuesta “The Art of Brunch” transforma esta tradición en una experiencia completa, donde la cocina internacional convive con smoothies, champagnes y una selección de cócteles cuidadosamente elaborados. Todo ello con la ciudad y su skyline como telón de fondo, en un ambiente cosmopolita y relajado que convierte el brunch en una ocasión perfecta para celebrar el Día de la Madre con estilo.

Escapada entre viñedos

En un momento en el que el verdadero lujo se mide en tiempo y calma, una escapada entre viñedos se convierte en uno de los regalos más especiales para el Día de la Madre. Lejos del ritmo de las grandes urbes, el paisaje de La Rioja invita a desconectar y reconectar, a partes iguales, en un entorno donde la naturaleza y la tradición marcan el compás.

Las Villas de Finca La Emperatriz representan a la perfección esta filosofía. Rodeadas de viñedos centenarios, estas villas ofrecen una experiencia íntima y sofisticada, pensada para disfrutar sin prisas. Paseos entre cepas, catas de vino, atardeceres infinitos y el silencio del campo se combinan para crear una estancia que va más allá del descanso. Aquí, cada detalle está diseñado para que el tiempo se detenga: desde la privacidad de las villas hasta la conexión directa con el mundo del vino, que permite descubrir el origen, el proceso y la esencia de uno de los grandes símbolos de nuestra cultura gastronómica. Una propuesta perfecta para regalar no solo una escapada, sino una vivencia compartida que invita a celebrar desde la tranquilidad, el paisaje y el placer de lo auténtico.

Siempre Sevilla 

Aunque sus grandes celebraciones, marcadas en el calendario por muchos, ya hayan pasado, Sevilla sigue siendo uno de los destinos más atractivos para una escapada primaveral, con grandes citas aún pendientes en su agenda social. Con temperaturas agradables y un ambiente más relajado, la ciudad hispalense invita a descubrir su esencia con calma.

Para alojarse, la colección de Mercer Hoteles ofrece distintas opciones con personalidad propia. Desde el encanto histórico de EME Catedral Mercer, ubicado en el barrio de Santa Cruz y con su icónica terraza con vistas a la Catedral, hasta la sofisticación de Mercer Plaza Sevilla, frente al Ayuntamiento y con restos de muralla romana en su interior.

Para quienes buscan una experiencia más íntima, Mercer Sevilla, en pleno barrio del Arenal, ofrece un exclusivo hotel boutique en una casa palacio del siglo XIX. Y si la idea es disfrutar de mayor independencia, Mercer Residences Sevilla combina la comodidad de un apartamento con los servicios de un hotel de lujo en una histórica casa palacio barroca.

La experiencia se completa con una oferta gastronómica a la altura. En Bar Plaza Restaurante, la cocina de producto y las vistas a la Plaza de San Francisco crean el escenario perfecto para un almuerzo relajado. Muy cerca de la Giralda, Mi Arma Restaurante ofrece una propuesta basada en la tradición sevillana con un toque actual.

Para los amantes del vino, Vinoteca Maestro se presenta como un refugio sofisticado donde descubrir referencias nacionales e internacionales acompañadas de tapas gourmet. Y para una experiencia más gastronómica, Restaurante María Luisa pone en valor el producto con una cocina mediterránea creativa y equilibrada.

Brindar… en casa

Celebrar en casa también puede ser especial si se cuidan los detalles. Jose Cuervo propone una forma desenfadada y versátil de celebrar, llevando la coctelería a cualquier momento del día. Con su tequila Tradicional Blanco, elaborado con 100% agave azul, la firma invita a reinterpretar clásicos que nunca fallan. La frescura cítrica de la Paloma, el equilibrio icónico de la Margarita o el toque especiado del Mexican Mule se convierten en aliados perfectos para brindar sin protocolos, adaptándose tanto a un aperitivo ligero como a una celebración más especial. Más allá de las recetas, la propuesta pone el foco en la experiencia: compartir, improvisar y disfrutar sin reglas. Porque, al final, lo importante no es solo el cóctel, sino el momento que se crea alrededor de él.

Un plan con “vidilla”

Para quienes buscan un plan diferente, Licores del Mono se une al espacio VI8RA para proponer una experiencia inmersiva donde arte, música y coctelería se encuentran en un mismo lugar. Entre luces neón, ambiente creativo y una cuidada selección musical, los asistentes podrán dejarse llevar mientras exploran sabores como Verbena de Limón, Sarao de Hierbas o Antojo de Galleta, en un formato pensado para disfrutar, crear y celebrar sin prisas. El evento tendrá lugar los días 6 y 7 de mayo, de 19:00h a 21:00h, y contará con plazas limitadas para mantener una experiencia íntima y cercana. Las reservas podrán realizarse a través de la web de VI8RA.

Este Día de la Madre, el mejor regalo no se envuelve: se vive. Ya sea alrededor de una mesa, frente al skyline madrileño o el sevillano o entre viñedos, la verdadera tendencia es clara: regalar tiempo, emociones y experiencias que se queden para siempre.

Fotografía BERTIE ESPINOSA con Leica D-Lux 7

Texto MANUEL LOMBO

Agradecimientos Leica, Beatriz Pérez, Adrian Moreno Lozano y a quienes han contribuido a hacer realidad esta explosión de estética.

A finales del mes de Enero, Sevilla comienza a construir en los aledaños del barrio de los Remedios una ciudad efímera que cobra vida por algo más de una semana y que pasada ésta, vuelve a ser un descampado al que todo el que deambula por allí (feriante, claro), mira con cierta nostalgia el resto del año.

Me gustaría considerar, sin hacer apología del sentimiento sevillano, que la Feria de Sevilla posee la estética más equilibrada y elevada al mayor grado de gusto en cuanto todo su conjunto se refiere. Las casetas en su inmensa mayoría están exornadas de forma exquisita; ¿a quién se le ocurre decorar un lugar de divertimento con encajes, cornucopias de madera talladas y doradas, mobiliario noble y lámparas de cristal? Les aseguro que sólo a los sevillanos, pioneros indiscutibles en darle ese toque de belleza a lo que en un principio fueron unos sombrajos y más tarde tiendas de campaña donde los tratantes de ganado cerraban las operaciones de compra y venta de animales. Recordemos que la actual celebración de esta fiesta tal y como la conocemos, tiene sus orígenes en una feria de ganado.

Como es tradicional cada año, la «portada» tiene un significado que alude a la conmemoración de alguna efeméride o está inspirada en la arquitectura de algún edificio emblemático de la ciudad.

La feria durante el día nos ofrece estampas de un costumbrismo muy romántico; coches de caballos con lacayos perfectamente ataviados, amazonas luciendo sombrero de ala ancha o catite, caballistas con hermosas mujeres a la grupa, la elegancia de los viandantes que pasean el real, vendedoras de claveles o el entusiasmo de los más pequeños que hacen sus juegos con todo tipo de artilugios o saborear un rico algodón de azúcar…

Otra parte fundamental estos días son las corridas de toros, donde durante más de una decena de festejos, incluyendo Domingo de Resurrección, «preferia» y «farolillos» (como se denomina a las que se celebran durante los días de Feria) comparecen las máximas figuras del escalafón taurino del toreo a pie y a caballo. El esplendor de la Maestranza no tiene parangón; en ésta se aúnan en un solo espectáculo una amalgama de caracteres de tipo social y artísticos, que mezcla con fluidez desde vendedores ambulantes hasta la elegancia del palco maestrante donde lucen las hermosas mantillas.

Pero, volvamos al Real, donde la noche cambia por completo la estética del recinto. Parece que nos encontramos en un lugar totalmente diferente del que hemos paseado durante el día. Las luces de los farolillos, -rojos y blancos- en sus calles, eclosionan con el sonido de las casetas, generando a veces, un shock audiovisual que se ve incrementado por la ingesta de manzanilla si se lleva demasiadas horas en la feria. Hay que decir que algunas casetas conservan la música en directo sin ningún tipo de amplificación, cosa muy admirable en estos tiempos y las nuevas corrientes están haciendo que por desgracia, se pierda todo tipo de autenticidad. En muchas de éstas, se sigue pudiendo oír a grandes artistas del mundo flamenco, así como ver “darse una patá” -expresión usada para denominar un baile corto por bulerías-, a magníficas figuras del baile.

Voy a hacer uso del refranero popular para dar un consejo que nadie me ha pedido: “cada uno cuenta la feria como le va”. Es por eso que cuando vayan a conocer cualquier fiesta de España y sobre todo en Andalucía, traten de ir acompañado de un autóctono que sepa mostrarle la autenticidad de estas manifestaciones, tan entendidas por muchos, como incomprendidas por otros.

Fotografía BERTIE ESPINOSA con Leica D-Lux 7 Textos MANUEL LOMBO

Agradecimientos Leica, Beatriz Pérez, Adrian Moreno Lozano
y a quienes han contribuido a hacer realidad esta explosión de estética.

La Semana Santa sevillana es el mayor paradigma de la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo, unida al sentir popular y con una fuerte corriente folclórica.

Siete días en los que la ciudad se convierte en la escenografía perfecta para ponerse al servicio del espectáculo más grandioso del mundo. Esta afirmación puede resultar algo chovinista, pero piensen por un momento en cualquier tipo de manifestación en la que participen “actuantes” y espectadores. Miles de personas durante distintas jornadas, en torno a la mayor muestra pública de arte barroco, -con lo que eso supone en la capital, no solo de Andalucía, si no de la estética, en cuanto a sus fiestas de primavera se refiere-.


Una “Semana Grande”, (denominada así por muchos), que no es otra cosa, que el culmen de todo un año de incesantes actividades por parte de las hermandades, -incluyendo las no dedicadas al culto-, que tienen como finalidad efectuar estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral. No debemos obviar la importantísima labor social de las cofradías durante todo el año, a través de sus bolsas de caridad y otros proyectos que tratan de mejorar las vidas, no sólo de sus hermanados más desfavorecidos, sino también de los feligreses pertenecientes a las parroquias donde están constituidas dichas cofradías o vecinos de los barrios donde tienen sus sedes.

Aunque el que les escribe tiene inquietudes religiosas y profesa la fe católica, me gustaría hacer hincapié en otras cuestiones, tales, como las que supone para la ciudad el cambio rítmico de su día a día cotidiano o la mudanza de aspecto que torna su casco histórico.

Y es que durante estos siete días, -a los que se les suman dos de vísperas y la espesura de su cuaresma-, Sevilla se pone al servicio de su Semana Santa, cosa que asume el sevillano, (unos con fervor y alegría y otros con total resignación). Y escribo esto, porque no hace falta recordar que en estos tiempos de “libertad impostada”, las manifestaciones religiosas populares también despiertan ciertas controversias, aunque en Sevilla, -la tierra de María Santísima-, el que más o el que menos, el ateo o el agnóstico, tienen su predilección por alguna que otra cofradía.


La ciudad se transforma, visual y espiritualmente. La luz se alarga y las sombras se ensanchan. En el aire se dificulta la distinción de los olores, que transitan entre el azahar de los alcorques, la garrapiñada de los puestos ambulantes, los fritos y el adobo, el incienso o el del papel y tinta del programa manoseado que indica el recorrido y horario de las cofradías.

El sevillano rancio, estrena cada Domingo de Ramos. El de a pie, se viste con lo mejor que tiene. El misticismo se mezcla con lo popular; la historia, con el presente, la austeridad de las cofradías de silencio, con el júbilo que traen las vecinas de los barrios del extrarradio, la música de capilla con las cornetas, la cola de la túnica de ruan, con el terciopelo de capa; el susurro al paso de un cortejo enmudecido con el clamor del misterio que viene haciendo cambios; el ¡ay! de la saeta con el ¡ole! al final del tercio; la luz del mediodía con la oscuridad de la madrugada; el recato y la penitencia con la sensualidad que despierta la primavera; el todo de los pasos en la calle y la nada cuando éstos se recogen…

No es tarea fácil tratar de esbozar unas líneas intentando explicar un suceso que lleva siglos desarrollándose en muchos aspectos de la misma forma exactamente, pero que cada año parece cosa nueva y se vive como una primera vez de todas.