Tras recorrer las grandes capitales europeas, Eduardo Chillida Belzunce regresa a Madrid con «Cruzando límites», una exposición que reúne 41 obras en NAVE 24 y recorre casi cuatro décadas de trayectoria artística. Pintura figurativa, abstracción, juegos de luz y esculturas monumentales conviven en una muestra que permite descubrir las distintas facetas de su universo creativo. La inauguración, prevista para el 29 de octubre, coincide con la presencia de su obra en Nueva York, donde participa en una exposición conmemorativa del 25.º aniversario del 11-S junto a artistas como Jasper Johns, Jeff Koons, Sean Scully y Antonio López.
De París a Londres, la escultura como territorio propio
Las esculturas monumentales de Eduardo Chillida Belzunce han recorrido algunos de los enclaves más emblemáticos de Europa. Sus grandes bronces se mostraron por primera vez al público en la plaza del Louvre de París, entre 2017 y 2018, antes de viajar a Lower Grosvenor Gardens, en el londinense barrio de Belgravia, a pocos pasos de Buckingham Palace. En 2025, las piezas permanecieron durante un año en el Skulpturenpark Wesenberg, en Alemania, rodeadas de árboles y agua. Ahora, ese itinerario internacional continúa en Madrid, donde el artista presenta una selección de obras que permite apreciar la dimensión y la fuerza expresiva de su escultura.


La exposición Cruzando límites abrirá sus puertas en NAVE 24 el jueves 29 de octubre y podrá visitarse hasta el 4 de enero de 2027. A través de 41 piezas, el recorrido propone un diálogo entre las distintas disciplinas y etapas creativas del artista. En el hall de entrada, Compañeras III dará la bienvenida a los visitantes, mientras que la sala principal acogerá esculturas como Abrazo III, Mano V, El jardín del silencio II y Mirando la noche. Sus volúmenes rotundos y su presencia física contrastan con la ligereza de otros trabajos expuestos, al tiempo que revelan una constante en su producción: el interés por el cuerpo humano como vehículo de expresión. Figuras, manos y abrazos adquieren en el bronce una intensidad particular, en la que la contundencia del material convive con una dimensión emocional.
La perspectiva rompe el lienzo
En la pintura de Chillida Belzunce, la realidad se transforma a través de perspectivas que desafían las convenciones visuales. Interiores, estudios, ciudades y paisajes parecen prolongarse más allá de los límites del lienzo, generando una sensación de profundidad que invita al espectador a adentrarse en cada escena. El artista juega con las proporciones y la representación del espacio para construir imágenes que se sitúan entre lo reconocible y lo imaginado. Obras como Cien años de ilusión, un lienzo de 200 por 400 centímetros, Mi estudio, Tower Bridge y Midtown reflejan esa capacidad para reinterpretar lugares y situaciones, convirtiendo la pintura en una experiencia que va más allá de la mera representación de la realidad.
Junto a esta vertiente figurativa, la exposición recupera una parte menos conocida de su proceso creativo: sus Orígenes, la serie que decidió mostrar públicamente en 2024, al cumplir 60 años. Estas obras revelan las capas iniciales de color que estaban presentes en el nacimiento de sus cuadros y que, posteriormente, quedaban ocultas bajo la pintura figurativa. De tonalidades intensas y carácter onírico, las composiciones abstractas permiten descubrir el punto de partida de muchas de sus imágenes y acercarse a una faceta más intuitiva y experimental de su trabajo. Al sacar a la luz esos primeros impulsos creativos, Chillida Belzunce amplía la lectura de su propia obra y muestra cómo la abstracción ha formado parte de su lenguaje incluso cuando no ocupaba el primer plano.



La luz introduce otra dimensión en este recorrido. Sus obras sobre metacrilato iluminado, entre ellas Es Vedrá, de 125 por 250 centímetros, están pintadas por ambas caras y modifican su apariencia según la iluminación y el punto de observación. La incidencia de la luz por delante, por detrás o desde ambos lados permite descubrir diferentes lecturas de una misma pieza, que cambia ante los ojos del espectador. La obra deja así de ser un objeto estático para establecer una relación directa con el espacio que la rodea. Pintura, materia y luz confluyen en una propuesta que muestra la amplitud de un lenguaje artístico en constante evolución.
La historia de un artista que volvió a empezar
Nacido en San Sebastián en 1964, Eduardo Chillida Belzunce creció en una familia vinculada al arte. Hijo del escultor Eduardo Chillida y de Pilar Belzunce, modeló su primera escultura a los cinco años con barro que le proporcionó su padre. Más adelante estudió en la Escuela de Artes de Deba y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde recibió clases de Antonio López. En 1988 celebró su primera exposición individual, dando comienzo a una trayectoria que se desarrollaría entre diferentes técnicas, materiales y lenguajes. Sin embargo, su camino quedó marcado por un grave accidente de moto sufrido en 1985, que le mantuvo en coma durante mes y medio y le dejó paralizado medio lado del cuerpo.
Contra los pronósticos, el artista consiguió volver a hablar, caminar y pintar, aunque tuvo que aprender a trabajar con la mano izquierda. Aquel proceso supuso un cambio profundo en su relación con la creación, pero no el final de su actividad artística. En 2010 recuperó también la escultura y, en 2023, volvió a pintar un cuadro con la mano derecha, la misma que había perdido como consecuencia del accidente. Su trayectoria está marcada por la capacidad de adaptación y por una búsqueda constante de nuevas posibilidades expresivas. La superación personal se entrelaza así con una evolución artística que ha llevado a Chillida Belzunce a explorar diferentes caminos sin renunciar a una identidad propia.

Una trayectoria internacional y una búsqueda sin fronteras
A lo largo de su carrera, Chillida Belzunce ha expuesto en ciudades como Madrid, Barcelona, París, Londres, Ciudad de México y Damasco, y su obra forma parte de colecciones como la del Museo Artium de Vitoria. Su producción reúne la influencia de un entorno artístico singular y una voz propia, construida a través de la experimentación y la libertad creativa. La figuración convive con la abstracción; los grandes volúmenes de bronce, con superficies atravesadas por la luz; y los paisajes reconocibles, con imágenes que alteran la percepción del espacio. Esa variedad no responde a una sucesión de etapas cerradas, sino a una manera de entender el arte como un territorio abierto a nuevas exploraciones.
Con Cruzando límites, NAVE 24 reúne estas diferentes líneas de trabajo en una misma exposición y ofrece una oportunidad para aproximarse a casi cuatro décadas de investigación artística. El regreso a Madrid coincide con la proyección internacional de su obra y permite contemplar la diversidad de un creador que ha hecho de la transformación una constante. Del cuerpo a la materia, del lienzo al espacio y de la figuración a la abstracción, Chillida Belzunce construye un universo en el que cada técnica abre nuevas posibilidades y en el que cruzar límites significa, también, encontrar otras formas de mirar el mundo.


