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Por KATY MIKHAILOVA

Querido Simón,

Anoche, desde una Venecia virtual, escribiste que habías entendido que “las flores nos sobreviven”. Yo te contesté que las flores sobreviven porque nunca aprendieron a despedirse.

Porque cumplir años (no diré cuántos) quizá consista precisamente en eso. En haber sobrevivido a suficientes despedidas como para empezar a sospechar que algunas cosas no desaparecen. Cambian de nombre. De plaza. De ciudad. De amor. De torero. De sueño. Incluso de siglo.

Tú, por ejemplo, llevas toda una vida despidiéndote sin terminar de irte.

Te despediste del niño al que Picasso puso una mano sobre la cabeza y le dijo que sería torero. Del joven que llegó a Madrid sin dinero. Del aspirante que soñaba con vestirse de luces. Del matador que tomó la alternativa en Nimes. De plazas, de toreros, de triunfos, de fracasos y seguramente de unos cuantos enemigos que, conociéndote, habrás tenido la cortesía de ir sustituyendo por otros.

Pero sigues aquí. Entre Picasso y Morante. Como si la Historia hubiera olvidado comunicarte que también tú tenías que pasar de página.

Simón Casas junto a Morante de la Puebla. (Fotografía extraída de @simoncasas1).

Contigo, además, una conversación rara vez termina en el mismo lugar en el que empezó. Uno puede comenzar hablando de una corrida en Nimes y terminar en “La Náusea” de Sartre. Preguntar por José Tomás y acabar hablando de Dios. Consultarte un problema sentimental y recibir una disertación sobre la muerte, el valor y la condición humana. Y a las cuatro de la mañana. Lo sé porque lo he hecho.

En realidad, creo que Simón Casas habla un idioma propio. No es exactamente francés, español, ni taurino.

Es simoniano. Un idioma en el que cabe todo: una plaza de toros, una mujer, un cuadro, la destrucción, un verso en prosa, un recuerdo de hace cincuenta años, la habitación 111 de aquellos felices años 60, y Morante de la Puebla. Todo ello en una misma oración sin que aparentemente exista delito gramatical alguno.

Y luego estamos los demás intentando traducirlo. Supongo que eso sucede cuando se han vivido demasiadas vidas dentro de una sola.

Hubo un tiempo en Madrid en el que no eras el hombre al que todos conocían. No dirigías plazas. No producías figuras. No escribías libros. No existía todavía alrededor de ti esa mitología construida durante décadas entre Francia y España, entre la gloria y el fracaso, entre Picasso y Morante.

Estabas solo.Tan solo que te escribías cartas a ti mismo.

Me contaste que ibas al Palacio de Correos y te las enviabas para experimentar, unos días después, esa pequeña felicidad doméstica de abrir el buzón y descubrir que alguien había pensado en ti. El remitente eras tú.

Kafka habría necesitado doscientas páginas. A ti te bastó un sello.

Siempre que recuerdo esa historia pienso que contiene bastante más de Simón Casas que cualquier biografía.

Después llegó todo. Picasso había puesto una mano sobre tu cabeza cuando eras un niño y te había anunciado que serías torero. Y torero fuiste.

El 17 de mayo de 1975 tomaste la alternativa en Nimes. Te la dio Ángel Teruel padre, con Paco Alcalde de testigo.

Y muy pronto comprendiste que no serías el torero que habías soñado ser. Hay personas que tardan una vida entera en descubrir para qué no sirven. Tú necesitaste bastante menos. Es bastante Simón Casas.

Así que hiciste algo mucho más extraño. Dejaste de intentar convertirte en el protagonista y empezaste a fabricar protagonistas.

Y es que hay algo extraordinariamente coherente en que un hombre como tú haya terminado viviendo intelectualmente entre Picasso y Morante. Entre el hombre que te anunció que serías torero y un torero que, algunos días, parece pintado por un hombre que lleva medio siglo muerto.

Y luego está la política. Me has contado que Jacques Chirac llegó a proponerte ser ministro. Dijiste que no. A cualquier otro hombre que rechazara ser ministro podríamos llamarlo loco. En tu caso, probablemente habría sido aceptar el cargo lo verdaderamente extravagante. Ministro de qué, además. ¿De Tauromaquia, Metafísica y Asuntos Morantistas? No habría presupuesto suficiente.

(Fotografía extraída de @simoncasas1).

Simón Casas junto a Rafael Garrido saludando al rey Felipe VI durante la última corrida de la Prensa celebrada. (Fotografía extraída de @simoncasas1).

También escribes. Libros, recuerdos, pensamientos y esas pequeñas bombas filosóficas que dejas caer como quien abandona pruebas en la escena de un crimen.

Supongo que Kafka habría disfrutado mucho contigo. O habría pedido cambiar de mesa. Todavía no lo tengo claro.

Lo más divertido de todo esto es que yo no sabía quién eras. Mientras otros podían recitar tu biografía taurina, yo había elaborado una teoría bastante más sencilla: aquel señor francés que aparecía constantemente alrededor de Talavante debía de ser una especie de fotógrafo excéntrico con muchísimo tiempo libre.

No estoy orgullosa. Aunque tampoco estaba completamente desencaminada.

Fue Ángel Teruel hijo quien tuvo que explicarme quién demonios era Simón Casas.

Y entonces ocurrió una de esas bromas privadas que le gustan a la Historia: descubrí que quien te había dado la alternativa en Nimes, medio siglo antes, había sido precisamente su padre.

Ahí comprendí que el mundo del toro no es pequeño. Es kafkiano.

Uno entra por una puerta en 2026 y se encuentra esperando dentro a alguien de 1975.

Días después llegó Ciudad Real. El callejón. Talavante. Roca Rey. La cena. Tus historias. Tus frases. Y algo más importante. La amistad.

Aunque tampoco sé si amistad es exactamente la palabra. Porque hay personas que llegan a nuestra vida horizontalmente y otras que, sin que nadie les conceda el cargo, terminan ocupando ese extraño lugar situado un poco más arriba. El del maestro. El del mentor. A veces, incluso, el del padre que la vida coloca fuera del árbol genealógico.

Tú has terminado ocupando para mí ese lugar. Quizá por eso puedo encontrarme a las cuatro de la mañana explicándote una catacrisis. Sí, catacrisis. La crisis se me había quedado pequeña.

Que, por cierto, los griegos llamaron “kátharsis” a esa extraña forma de purificación que llega después del dolor. Dicen que de esa misma idea de pureza y etimología nació Katerina como nombre , nuestra Katalina versión castiza; quizá por eso hay nombres que no designan a una persona, sino que anuncian una manera de atravesar la vida.

A esas horas de madrugada, además, cualquier desengaño sentimental adquiere dimensiones comparables a la caída del Imperio romano. Yo hablo. Tú escuchas. A veces te ríes. Otras me regañas. Después haces un silencio y dices una frase.

Normalmente no sé si la has leído en algún sitio, si acabas de inventarla o si llevo veinte minutos hablando únicamente para que pudieras colocarla. Pero funciona.

A veces no porque me des una respuesta, sino porque consigues desplazar el problema hasta un lugar desde el que parece más pequeño.

Eso hacen algunos padres. Eso hacen algunos maestros. Y eso hacen, sobre todo, quienes ya han vivido lo suficiente como para saber que casi ninguna tragedia es tan definitiva como parece de noche.

Quizá por eso vuelvo siempre a la historia de las cartas. Porque la vida tiene un sentido del humor bastante sofisticado.

Aquel joven que necesitaba escribirse a sí mismo para no sentirse solo terminó convirtiéndose, muchos años después, en el hombre al que otros llaman cuando sienten que la soledad les queda demasiado grande.

Hay cierta justicia poética en eso. O cierta ironía. Contigo nunca sé dónde termina una y empieza la otra.

Has dicho muchas veces que no eres empresario. Eres productor. Productor de emociones, de estética, de sueños. Puede ser.

Yo añadiría que también eres productor de personajes. Empezando por ti mismo.

Francés y español. Torero y productor. Escritor y provocador. Intelectual y pícaro. Sentimental y excesivo. Un hombre capaz de hablar de la muerte y cinco minutos después discutir un cartel. De escribir libros y rechazar ministerios.

Quizá por eso sigues teniendo algo de aquel niño al que Picasso puso una mano sobre la cabeza. Porque sigues creyendo. En el toro. En el arte. En la belleza. En los personajes. En Morante. En las flores. Y, sospecho, también en algunas cosas en las que aseguras no creer. Y sólo Dios lo sabe.

Anoche, desde tu Venecia virtual, dijiste que las flores nos sobreviven. Yo pensé que sobreviven porque nunca aprendieron a despedirse.

Hoy creo que me faltó añadir algo. Algunos hombres tampoco.

Feliz cumpleaños, Simón.

La firma de moda CHANEL y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid han inauguraron la exposición Picasso/Chanel, que se prolongará hasta el 15 de enero de 2023. El ministro de Cultura, Miquel Iceta, fue recibido por la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza antes de visitar la exposición en presencia de su directora artística y comisaria, Paula Luengo, directora del Departamento de Exposiciones del Museo. En el acto estuvieron presentes varios amigos de la Maison, como el director Pedro Almodóvar, las actrices Rossy de Palma, Greta Fernández, Olivia Baglivi o la coreógrafa Blanca Li.

Copyright by Cecilia Bayonas

Organizada con el apoyo de la Comunidad de Madrid, la Maison CHANEL, Telefónica y el Musée National Picasso-Paris — en el marco de la comisión nacional para la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Pablo Picasso — esta exposición explora la relación entre dos de los mayores creadores del siglo XX. Se dice que Pablo Picasso y Gabrielle Chanel se conocieron por primera vez en 1917 en el estreno del ballet Parade, a través de Misia Sert y Jean Cocteau, dos amigos íntimos de la diseñadora. Gracias a ellos, Gabrielle Chanel se adentra en el ambiente artístico parisino, del que Picasso ya era una figura prominente. Juntos colaboraron con Jean Cocteau en la adaptación de la tragedia de Sófocles Antígona (1922), para la que Gabrielle Chanel diseñó el vestuario. Dos años más tarde, volvieron a reunirse para el ballet Le Train Bleu, para el que creó conjuntos contemporáneos que podrían haberse llevado en la vida real, una revolución en el rígido mundo del ballet.

A través de cuatro secciones cronológicas, de 1908 a 1925, y de una excepcional selección de modelos de Alta Costura, pinturas, dibujos y otros objetos cedidos por prestigiosas instituciones internacionales, así como por el Patrimonio de CHANEL, esta exposición entabla un diálogo único entre las obras de Pablo Picasso y las creaciones de Gabrielle Chanel.

Imágenes: Copyright by Uxío da Val

Blanca Li

Ana Rujas

Juana Acosta

Pol Monen

Álex Villazan

Pedro Almodóvar

Carmen Cervera

Luna Lionne

Olivia Laglivi

Greta Fernández

Juana Acosta y Ana Rujas

Paco León

Greta Fernández

Alba Galocha

Saphie Wells

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta una exposición que explora la relación de dos grandes creadores del siglo XX: Pablo Picasso y Gabrielle Chanel, volviendo a reunir arte y moda en un nuevo proyecto expositivo. Picasso y Chanel colaboraron profesionalmente en dos ocasiones, ambas con Jean Cocteau: en Antígona (1922) y en el ballet de Serguéi Diághilev El tren azul (Le Train Bleu, 1924). Se habían conocido en la primavera de 1917, seguramente a través del propio Cocteau o de Misia Sert. La diseñadora entabló con ambos una larga y duradera amistad que la introduciría en el círculo del pintor español. A partir de entonces, Chanel frecuentará al matrimonio de Olga y Pablo Picasso, coincidiendo con la activa participación del artista en los Ballets Rusos de Diághilev. La creadora llegó a estar muy relacionada con el mundo artístico e intelectual del París de la época, hasta el punto de afirmar: “son los artistas los que me han enseñado el rigor”. (*)

La exposición Picasso/Chanel está comisariada por Paula Luengo, conservadora y responsable del Área de Exposiciones del museo, y cuenta con el apoyo de la Comunidad de Madrid y de CHANEL, así como de Telefónica/ACE, patrocinadores de la Celebración Picasso 1973/2023. La muestra reúne una excepcional selección de vestidos, óleos, dibujos y otras piezas procedentes de museos y colecciones americanos y europeos, entre los que destacan por su generosa colaboración Almine y Bernard Ruiz- Picasso, Patrimoine de CHANEL y el Musée national Picasso de París.

(*) Coco Chanel. Un parfum de mystère, Isabelle Fiemeyer, París 1999. Éditions Payot & Rivages “La plaque d’ébène”, p.146

Del 11 de octubre de 2022 al 15 de enero de 2023

Comisaria: Paula Luengo

En Madrid, en la sala Recoletos arranca la programación de otoño a partir del 23 de septiembre con la muestra Julio Gonzalez, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura y la exposición de la fotógrafa Ilse Bing.

Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura, realiza una revisión de la colaboración entre Julio González y Pablo Picasso durante el período 1928-1932, cuando Picasso requiere la ayuda técnica de su amigo Julio González para realizar el proyecto de un monumento funerario a Guillaume Apollinaire. Tradicionalmente, este trabajo conjunto ha sido considerado como el momento en el que se produce la «invención» de la escultura en hierro y, por lo tanto, la introducción de la abstracción en el territorio escultórico. La exposición recoge por tanto uno de los hitos fundamentales del arte del siglo XX: el desarrollo de un nuevo tipo de escultura en la que la masa y volumen son sustituidos por composiciones de planos abiertos, nuevos materiales y técnicas y la irrupción del vacío como nuevo elemento definitorio.

La muestra plantea, por primera vez, cómo este hecho no fue algo aislado y puntual sino fruto de una tendencia hacia la transparencia y desmaterialización escultórica que afectó en mayor o menor medida a distintos artistas en el París de los años veinte y treinta; es decir, como un desarrollo fruto del trabajo de creadores que colaboran entre sí, que se inspiran unos en otros y que buscan asimismo su propia línea creativa.

Hay además una circunstancia excepcional que convierte esta exposición en un sentido homenaje a Tomás Llorens, ya que se trata del último gran proyecto de este emblemático historiador del arte, fallecido en 2021. Comisariada junto a su hijo Boye, el proyecto culmina una línea de investigación a la que dedicó una parte central de su trabajo.

La exposición está organizada por Fundación MAPFRE con la colaboración del Musée national Picasso-Paris, la Comisión Nacional española para la Conmemoración del 50 aniversario de la muerte del artista español Pablo Picasso y la González Administration.

La muestra forma parte del programa oficial de la Celebración Picasso 1973-2023 que cuenta con Telefónica como empresa colaboradora en España.

Por otro lado, la Fundación presentará un completo recorrido por la producción fotográfica de Ilse Bing, que discurre entre 1929 y finales de la década de los años cincuenta. Un legado que, disperso entre numerosas colecciones europeas y norteamericanas, se reúne y se da a conocer por primera vez en España. La muestra está comisariada por Juan Vicente Aliaga.

La trayectoria artística de la fotógrafa alemana está marcada en parte por las ciudades en las que vivió, el Fráncfòrt anterior a los años treinta, el París de esa década y el Nueva York de la posguerra, donde fundamentalmente experimentó su condición de exiliada. Sin embargo, no resulta posible adscribir su trabajo a ninguna de las corrientes fotográficas o culturales que conoció, aunque se nutre de todas ellas. Su obra está influida por Das Neue Sehen (la Nueva Visión) de Moholy-Nagy, por la Bauhaus de la República de Weimar y por André Kertész, así como por el surrealismo de Man Ray.

Ilse Bing perteneció a una generación de fotógrafas que, por primera vez, conseguía cierta visibilidad en el mundo de las artes y la cultura, entre ellas Germaine Krull, Florence Henri, Laure Albin-Guillot, Madame d’Ora, Berenice Abbott —a quien Fundación MAPFRE dedicó una exposición en 2019—, Nora Dumas y Gisèle Freund

Será la primera edición en Barcelona, en la espectacular finca del Catalina de  Gavá , del chef Oscar Manresa.

Entre 64 propuestas plásticas destacan la obra de Guillermo Lorca , que expone  en el Museo Moco y la de Jacob Vilató, sobrino-nieto de Picasso.

Por primera vez en un festival de arte en España habrá un espacio inédito para la  obra de la famosa pintora Leonora Carrington , fallecida en 2011. Leer más