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Por MARCO DE PABLOS

Cuando Barcelona abrió el concurso para la rehabilitación de varios edificios del distrito 22@, José María Torralba, Alejandro Ciudad y Carlos Campos decidieron presentar una propuesta conjunta sin imaginar que aquel proyecto acabaría transformándose en algo mucho más determinante que una adjudicación. Lo que comenzó como un ejercicio compartido de intuición terminaría convirtiéndose en el origen de ROTO Estudio, hoy una de las firmas con mayor proyección dentro del panorama nacional arquitectónico.

El concurso —que finalmente no ganaron— permanece, sin embargo, como una pieza fundacional dentro de su trayectoria. “Aunque fue un proyecto que no nos adjudicaron, para nosotros sigue siendo una victoria personal”, explican sus fundadores. “Ha envejecido con una dignidad asombrosa sobre el papel. Volvemos a él constantemente y siempre nos arranca una sonrisa”. Lejos de entender aquella resolución como un fracaso, encontraron en ese proceso una certeza mucho más valiosa: la convicción de que su manera de pensar la arquitectura poseía ya una identidad propia, sólida y honesta.

Fundado en 2021, ROTO Estudio nació precisamente de esa intuición compartida. De comprender que el verdadero éxito no siempre reside únicamente en construir, sino también en ser capaces de sostener una mirada coherente sobre el espacio, la ciudad y la forma de habitar. “Fue el momento en el que entendimos que ROTO no era solo una idea, sino una realidad capaz de generar una arquitectura de la que siempre nos sentiríamos orgullosos”, recuerdan.

– El nombre del estudio es muy esclarecedor. ¿Qué significa para vosotros esa idea de “romper” dentro de la arquitectura?

Para nosotros, en un mundo que se consume a pasos agigantados y donde todo es desechable, romper es, simplemente, perdurar. Parece una contradicción, pero el acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido. Rompemos con la inercia de la obsolescencia. Romper no es un gesto de violencia sobre la forma, sino un compromiso con la resistencia: fracturar esa rueda de consumo frenético para proponer espacios que se mantengan en pie, física y emocionalmente, mientras todo lo demás pasa de largo. En ROTO, romper significa detener el tiempo.

– En un contexto donde la disciplina parece cada vez más ligada a lo inmediato y lo visual, ¿en qué momento sentisteis la necesidad de desafiar a ese modelo?

– Nos negamos a aceptar que la arquitectura tiene fecha de caducidad y nos dimos cuenta de que el sector estaba cayendo en una especie de fast-fashion espacial: proyectos diseñados para el impacto inmediato de un flash, pero que envejecen mal a los cinco años, tanto física como conceptualmente. Fundamos el estudio para perseguir la permanencia. No nos interesa lo que es tendencia hoy, sino lo que seguirá siendo relevante en un futuro. Queríamos romper con ese paradigma de la novedad por la novedad y proponer una alternativa donde el diseño no pase de moda porque no responde a ellas, sino a verdades constructivas y humanas. ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre.

«El acto más disruptivo que puede cometer un arquitecto hoy es crear algo que no necesite ser sustituido»

– Defendéis una arquitectura “sobria, precisa y silenciosa”. En un mundo saturado de estímulos, ¿puede lo silencioso convertirse en un verdadero lujo?

– Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura. Para nosotros, el silencio no es un concepto místico, es una herramienta de libertad. En un mundo saturado que intenta capturar nuestra atención a cada segundo, la arquitectura tiene la responsabilidad de actuar como un paréntesis: un lugar donde nada te invade.

Lo que hoy es verdaderamente escaso es la disponibilidad de uno mismo. Proyectar un espacio silencioso es, en realidad, regalar tiempo al habitante. Una arquitectura sobria y precisa no es una arquitectura vacía, es un escenario que no te impone un estado de ánimo ni te reclama atención constante. Es el valor de lo esencial: crear un refugio donde el ruido del mundo se detiene para que la vida, en su forma más pura y personal, pueda volver a suceder sin interferencias.

– También dais mucho peso al paso del tiempo. ¿Cómo se diseña un lugar pensando en cómo va a vivirse dentro de diez o veinte años?

– Diseñar pensando en el futuro no es intentar adivinar qué pasará en veinte años, sino construir un escenario que sea capaz de abrazar el cambio. Los sueños tienen diferentes plazos y la arquitectura debe ser lo suficientemente generosa para adaptarse a ellos. A veces, proyectamos un lugar sabiendo que es solo una etapa, un refugio para el presente; en esos casos, nuestra misión es exprimir todo el potencial de ese ‘ahora’ para que el cliente lo habite con plenitud. Otras veces, el diseño debe ser más elástico: prever la llegada de un nuevo miembro a la familia, la necesidad de un rincón para el pensamiento o la transformación del trabajo en el hogar. No diseñamos monumentos estáticos, sino estructuras sensibles que aceptan la evolución de quienes las viven. Para nosotros, proyectar a largo plazo es crear una base sólida y honesta que permita que la vida fluya, cambie y se reescriba sobre ella sin que el espacio pierda su sentido.

– Frente a una sostenibilidad muchas veces convertida en discurso, defendéis una postura más crítica basada en construir menos y mejor. ¿Cómo se convence a un cliente de ese enfoque?

– Convencer a un cliente de que construir menos es construir mejor requiere un cambio de perspectiva: pasar de la economía del coste a la economía del tiempo. Es cierto que lo que nace para perdurar exige una inversión inicial distinta, pero si medimos la vida de un edificio en décadas y no en meses, la durabilidad es la única apuesta segura. No hay nada más costoso y menos sostenible que aquello que debe ser reparado o sustituido al poco tiempo. Debemos ser conscientes de que operamos en un mundo de recursos finitos, y no me refiero solo a la materia, sino a la energía que sostiene cada espacio. Nuestra labor es pedagógica: enseñamos que la verdadera sostenibilidad no es un añadido tecnológico, sino una decisión arquitectónica. Al final, la mayor forma de respeto hacia el planeta es crear algo tan preciso y honesto que nadie sienta jamás la necesidad de derribarlo. La renuncia a lo superfluo es, en realidad, una ganancia de libertad y de futuro.

«Evitamos términos como lujo o paz porque suelen desvirtuar la realidad física de la arquitectura»

Entre Muros.

Desde esta visión, ROTO Estudio profundiza en las ideas que definen su manera de entender la arquitectura: desde su aproximación a los workplaces —cada vez más protagonistas en las nuevas dinámicas laborales— y al modelo contemporáneo de vivienda, hasta su relación con la ciudad y la forma en la que habitamos los espacios. Una reflexión sobre cómo construir lugares capaces de permanecer, adaptarse y responder de forma honesta a quienes los viven.

-En vuestros proyectos de workplace, la oficina se plantea como un espacio pensado para ser habitado. ¿Cómo creéis que debería evolucionar la arquitectura del trabajo en los próximos años?

– La oficina ya no es un lugar al que se va; es un lugar en el que se habita. Como ocurre en el cine o en la propia literatura, la arquitectura es un espejo de la sociedad, y hoy nuestra sociedad demanda refugio. El futuro del trabajo no pasa por jerarquías rígidas ni por espacios asépticos, sino por la domesticidad. En proyectos como LOOM Home, nuestra obsesión es que el usuario se sienta tan seguro y acogido como en su propio hogar. Crear espacios de oficina ‘domesticados’ significa entender que la productividad nace del bienestar. Necesitamos rincones para ese café que nos reconecta o zonas de descanso que respeten nuestros ritmos biológicos. No estamos diseñando estaciones de trabajo, estamos diseñando escenarios de vida. La arquitectura del trabajo debe evolucionar hacia una sensibilidad donde el espacio nos cuide, permitiéndonos ser más humanos mientras somos profesionales. El verdadero lujo en el workplace hoy es, simplemente, sentirse en casa.

-En vivienda, sin embargo, el enfoque parece aún más íntimo y específico. ¿Cómo evitáis la repetición en un contexto donde muchas soluciones tienden a estandarizarse?

– Evitamos la estandarización mediante un ejercicio de escucha casi antropológica. Cada persona tiene una forma de habitar que es única, un mapa de hábitos que no puede resolverse con soluciones genéricas. Nuestra labor es traducir esas necesidades íntimas en espacios, pero bajo una premisa clara: la buena arquitectura es la que se vuelve silenciosa.

Para nosotros, el éxito de un proyecto reside en que el habitante no note que la arquitectura está ahí porque jamás le pone barreras. Solo nos damos cuenta de que algo está mal diseñado cuando nos incomoda: ese mueble de cocina inaccesible o ese rincón muerto que nunca logras habitar. Proyectamos para eliminar esas fricciones. Buscamos que el espacio fluya de tal manera que el cliente pueda ser él mismo sin obstáculos. Al final, no diseñamos casas para ser admiradas, sino para ser vividas.

Vivienda LDR.

Vivienda LDR.

– Referenciáis a importantes figuras del sector. ¿De qué manera reinterpretáis esas influencias para evitar caer en una estética reconocible o derivativa?

– No miramos a los grandes nombres para calcar sus formas, sino para descifrar el rastro que dejaron. Reinterpretar no es repetir un lenguaje, es heredar una obsesión por la excelencia. No nos interesa el ‘estilo’ de un maestro, que no es más que el residuo del tiempo, sino la pulsión que le llevó a colocar una piedra sobre otra de una manera determinada. Para evitar lo derivativo, buscamos la raíz, no la hoja. Nos fijamos en cómo resolvieron el silencio, en cómo tensaron los materiales o en cómo domesticaron el vacío. La verdadera influencia se siente en la solidez de una decisión bien tomada.

«ROTO es nuestra forma de decir que el mayor cambio de paradigma hoy es, precisamente, volver a construir para siempre»

Con una identidad cada vez más definida y una manera de proyectar basada en la coherencia y la permanencia, ROTO Estudio atraviesa ahora una etapa de consolidación y crecimiento estratégico. Nuevos proyectos, distintas escalas y la exploración de otros ámbitos como el retail o la restauración forman parte de una evolución que el estudio aborda sin renunciar a la precisión ni al rigor que han marcado su trayectoria desde el inicio.

– Compartís una visión muy clara desde el inicio. ¿Cómo ha influido vuestra relación previa en la forma en la que trabajáis hoy?

– Nuestra relación es el cimiento de todo lo que construimos. Se basa en un respeto profundo que, con los años, se ha transformado en una suerte de gramática común. No necesitamos grandes explicaciones para entendernos; compartimos una frecuencia que nos permite detectar cuándo una idea tiene la fuerza suficiente para seguir adelante o cuándo debemos descartarla.

Auditorio Santalucía.

Auditorio Santalucía.

– En un momento de crecimiento, ¿cómo se protege esa coherencia inicial frente a la escala, los nuevos encargos y las inevitables presiones del mercado?

– Es un reto constante. Existe una vorágine exterior que parece querer engullirlo todo, pero la combatimos fortaleciendo nuestra mirada común. La coherencia de ROTO no nace de una imposición, sino de un equipo que comparte una misma forma de entender el oficio; eso es lo que nos permite crecer sin desvirtuarnos. Sin embargo, no somos ajenos a la realidad. Los arquitectos no poseemos verdades absolutas. En este momento de expansión, entendemos que nuestro papel es también el de gestores de la realidad de nuestros clientes. El mercado oscila sin pausa y nos obliga a ser flexibles. Ser coherentes hoy no significa ser rígidos, sino tener la lucidez de saber cuándo es necesario parar, reformular y continuar desde un nuevo paradigma que se adecue a la capacidad económica del proyecto. Para nosotros, proteger nuestra esencia es precisamente eso: saber adaptar nuestra precisión a las mareas del mundo real sin renunciar nunca a la honestidad de lo que construimos.