Desconocemos si su color favorito es el verde, pero hoy es la tonalidad que impregna su día a día y lo acompaña en cada paso. Hace ya tiempo que FERNANDO OJEDA decidió predicar con el ejemplo, sobre todo para inculcar a sus hijas los valores que defiende. De ahí nació (R)Forest Project, una iniciativa con la que apostó todo al verde y, como suele decirse, a hacer de este mundo un lugar mejor.
Fotografía ROBERTO MAROTO
El sol bañaba las copas de los árboles que pueblan las más de 100 hectáreas de los Jardines de El Buen Retiro, en pleno corazón de la capital. O mejor dicho, en uno de sus pulmones. La localización no podía ser más simbólica. Hasta allí llegó Fernando Ojeda, padre, modelo, empresario —durante un tiempo fue el encargado de gestionar algunos de los clubs que noche tras noche sacuden la vida nocturna madrileña y que se encuentran a escasos metros de este vergel metropolitano— y, desde hace seis años, activista gracias a (R)Forest Project, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la reforestación y la regeneración de ecosistemas que él mismo se encargó de fundar. En el marco de La familia que eliges, Fernando ha encontrado en la naturaleza esa familia extendida, diversa y generosa, a la que hoy dedica su vida y con la que ha decidido caminar.
Fernando, ¿qué fue lo que te llevó a replantearte tu estilo de vida anterior y dar el paso hacia la creación de (R)Forest Project? ¿Hubo algún hecho personal que marcó ese cambio?
Lo que me movió fue la necesidad de darles un ejemplo real a mis hijas. Me di cuenta de que no bastaba con enseñarles valores en casa, sino que debían vivirlos. Pese a haberme dedicado siempre a la hostelería y a la noche (quizás lo más opuesto que existe), siempre he disfrutado del campo y mi familia se ha dedicado al sector, por lo que el cambio fue total y arriesgado, aunque al mismo tiempo conocido y amable para mí.
¿Cómo fue la transición de tu vida pasada hacia este nuevo camino, y qué reacción tuviste por parte de tu entorno más cercano al compartir tu decisión?
Hubo quien pensó que era una locura y que no tenía sentido, pero yo soy cabezota y creía mucho en mi proyecto y en las ganas que tenía de que funcionase.
Mirando atrás, ¿cuál dirías que fue el mayor reto al iniciar (R)Forest Project?
El mayor reto fue convencer a otros de que era posible y viable. No solo se trataba de plantar árboles, sino de crear conciencia y de cambiar la idea preconcebida que muchos tenían de este sector. Al inicio, encontrar apoyo financiero y logístico fue difícil; sin embargo, tuve suerte de dar con las personas adecuadas y, poco a poco, fuimos creciendo.
¿Qué objetivos te planteaste en los inicios y cuáles son hoy las metas o retos principales que guían vuestro trabajo?
Al principio, el objetivo era claro: plantar árboles y restaurar espacios degradados. Hoy, además de eso, buscamos generar comunidad, fomentar la educación ambiental y desarrollar proyectos de resiliencia que permitan que lo que hacemos permanezca en el tiempo. Queremos que no se trate solo de reforestar, sino de regenerar, perdurar y ayudar a empresas y particulares a mejorar a través de sus propias acciones.

Hasta la fecha, ¿cuántos árboles habéis logrado plantar y qué proyecto consideras el más significativo de la fundación?
Aunque hemos plantado miles de árboles en distintos puntos, no llevo la cuenta porque no creo que sea eso lo que nos haga grandes, sino la voluntad y el resultado de cada uno de ellos. Cada proyecto tiene algo especial, y recuerdo perfectamente cada uno porque de todos siempre surge una anécdota única, un paisaje nuevo, una comunidad o personas que se involucran y se quedan en mi memoria.
¿Qué tipo de actividades desarrolláis en (R)Forest Project y de qué manera involucráis a la comunidad en ellas?
Organizamos jornadas de plantación para empresas, talleres educativos en colegios, charlas de sensibilización y actividades de seguimiento de los bosques. También ayudamos a particulares y empresas a compensar su huella de carbono y a adoptar mejores prácticas laborales. La comunidad es clave: son ellos quienes se comprometen a cuidar y defender los árboles plantados. Sin esa implicación, nada tendría sentido.
A lo largo de tu experiencia como emprendedor y activista, ¿cuáles han sido las lecciones más importantes que has aprendido liderando este proyecto?
He aprendido que la naturaleza no tiene prisa, pero nunca se detiene. También que la verdadera transformación empieza en lo pequeño: un gesto, una semilla, una conversación. Y, sobre todo, que las personas, cuando se sienten parte de algo grande, son capaces de mover montañas.
¿Cuáles son los principales desafíos que afrontáis al ejecutar proyectos de reforestación en España?
Los mayores desafíos son el clima, la falta de agua y la burocracia. España es un país con suelos muy degradados y cada vez más afectado por las sequías. Además, los trámites administrativos pueden ralentizar procesos que deberían ejecutarse con urgencia.

En un contexto marcado por los incendios forestales, especialmente cuando llega el verano, ¿qué opinas sobre esta situación y qué sensación te produce ver los bosques afectados? ¿Qué medidas consideras imprescindibles implementar para evitarlos?
Me duele en lo más profundo ver un bosque arder, porque sé lo mucho que cuesta llegar a verlos maduros y biodiversos. Los incendios no solo destruyen árboles, sino también historias, comunidades, biodiversidad y futuro. Creo que la prevención es clave: mantener cortafuegos, limpiar montes, educar en responsabilidad y apostar por un modelo rural vivo que cuide de sus bosques.
Una de las medidas que implementaremos desde (R)Forest es el proyecto “Lienzo en Negro”, que nace como una respuesta necesaria y transformadora ante la devastación de los incendios. Donde antes hubo llamas y cenizas, se imagina un lienzo oscuro que espera ser pintado de verde y de vida. La iniciativa busca recuperar terrenos quemados mediante la reforestación y la restauración de ecosistemas, devolviendo el color a la tierra y la esperanza a las comunidades. Cada árbol sembrado es una pincelada de futuro, una manera de demostrar que, incluso en los paisajes más oscuros, puede renacer la vida con más fuerza y belleza.
«Las personas, cuando se sienten parte de algo grande, son capaces de mover montañas»
Más allá de la reforestación, ¿qué otras medidas preventivas o de resiliencia estáis impulsando desde la fundación para proteger y mantener a largo plazo los bosques plantados?
Trabajamos en proyectos de regeneración del suelo, introducción de polinizadores y herbáceas en nuestras plantaciones para enriquecer la biodiversidad, sistemas de riego sostenibles y en implicar y concienciar a las comunidades locales en el cuidado de los bosques. Siempre apostamos por la plantación de especies autóctonas adaptadas al terreno, para que tengan más posibilidades de sobrevivir.
Si pudieras transmitir un mensaje a la sociedad sobre la importancia de cuidar los bosques, ¿cuál sería?
Los bosques son nuestros pulmones, nuestro refugio y nuestro legado. Sin ellos no hay vida. Cuidarlos no es un acto de generosidad, es un acto de supervivencia.
Sabemos que tienes un vínculo cercano con los animales y que forman parte de tu vida. ¿Qué papel juegan tus perros en tu día a día, y qué acciones existen para proteger la fauna que habita en los entornos que reforestáis?
Mis perros me recuerdan la sencillez y la alegría de estar en la naturaleza. En nuestras iniciativas, buscamos siempre crear hábitats para la fauna local: cajas nido, corredores biológicos y refugios que permitan que la vida vuelva a florecer junto con los árboles.
Por último, ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje que te ha enseñado el planeta?
El mayor aprendizaje es la humildad. El planeta no nos necesita a nosotros, pero nosotros sí lo necesitamos a él. Cuando lo entendemos, cambia por completo la forma en que vivimos y nos relacionamos con todo lo que nos rodea.


