Por MARCO DE PABLOS
Fotografía JUAN CARLOS VEGA
Idea original KATY MIKHAILOVA
La cantera de la arquitectura y el interiorismo se reúne en Neolith llevando algo más que la casa a cuestas, su propio estudio. El resultado son estos bodegones tan personales que recuerdan que, aunque el resultado sea lo visible, lo verdaderamente decisivo siempre ocurre en el interior.
Los bolsos hablan. También las mochilas, las tote bags gastadas por el uso, las fundas negras de ordenador, los cuadernos doblados, los neceseres imposibles y hasta las maletas que algunos arrastran de una reunión a otra como quien vive permanentemente entre escalas. Todo aquello que normalmente permanece cerrado, fuera de foco, se convierte aquí en el centro de la conversación. Porque quizá no exista una manera más precisa de entender cómo piensa alguien que observando aquello que decide llevar consigo cada día.
En el showroom de Neolith, un grupo de arquitectos e interioristas de la nueva generación se reúne alrededor de una idea tan sencilla como reveladora: el interior importa. Y no únicamente el de los espacios que diseñan, sino también el suyo propio. Sus obsesiones, referencias, rutinas y pequeñas supersticiones. Lo que guardan. Lo que necesitan cerca. Lo que, de forma inevitable, acaba definiendo una manera de mirar el mundo. Una premisa que no solo habla de talento emergente, sino también de materia prima, de origen mineral, de aquello que se extrae de la tierra para transformarse en arquitectura. Una coincidencia semántica casi perfecta para una firma como Neolith, que ha convertido la piedra sinterizada en uno de los materiales más influyentes del diseño actual.
Allí están Marcos Trueba, fundador de Trueba Studio, cuya sensibilidad caribeña todavía parece filtrarse en su forma cálida y espontánea de entender los espacios; Teresa Enríquez, de COMAD Arquitectos, con una mirada precisa y silenciosa; Alberto “El Tini”, alma de El Departamento Estudio, capaz de convertir cualquier conversación en una idea visual; Alicia y Alba, de Hurlé & Martín, moviéndose como un tándem perfectamente sincronizado; Álvaro Mesoneros Romanos, fundador de MR Studio; Álvaro Ferrándiz, de FL-ARE; Marta Woodward; la artista Ainhoa Moreno; Borja Esteras, CEO de Arquitalia; y Raquel Gutiérrez, cofundadora de POLIGHT., especializada en el lenguaje intangible de la luz.

Estrenada en la maternidad, Raquel Gutiérrez, cofundadora de POLIGHT., el estudio de la luz, por si quedaba alguna duda, posa con su Bolso Hammock Flip de LOEWE y, como nueva incorporación al kit esencial, un chupete que ya compite en importancia con cualquier herramienta de trabajo. Porque en su caso el universo profesional y el doméstico conviven sin demasiadas fronteras: reglas, metros, libretas, algún frasco de colonia y, por supuesto, un foco. No tanto por precaución técnica, sino por coherencia conceptual, ya que incluso en los momentos menos iluminados siempre hay que asegurarse de que, literalmente, se haga la luz.
Lo interesante no es únicamente quiénes son, sino qué llevan consigo. Hay libretas con esquinas dobladas y páginas llenas de ideas rápidas. Muestras de materiales que aparecen mezcladas con libros, cargadores, perfumes, gafas de sol, cosmética y hasta velas de cumpleaños. Algunos cargan con medio estudio a cuestas; otros apenas necesitan un ordenador y un cuaderno diminuto. El bolso se convierte entonces en una extensión física de la mente creativa, un archivo portátil donde conviven referencias, intuiciones y caos perfectamente organizado.
En una época obsesionada con mostrar el resultado final —la imagen impecable, el render perfecto, el interior terminado—, esta propuesta gira la mirada hacia el proceso. Hacia aquello que sucede antes. Porque diseñar un espacio no empieza frente a un plano, sino mucho antes. Es precisamente ahí donde Neolith encuentra su lugar natural dentro del relato. No como mero telón de fondo, sino como un material cuya filosofía dialoga con esa misma lógica interior. Una superficie arquitectónica creada a partir de materias primas naturales, concebida para estructurar desde dentro y expresarse hacia fuera. Cocina, baño, fachada, mobiliario o pavimento, sus aplicaciones son múltiples, pero todas parten de una misma idea de permanencia, funcionalidad y belleza.
La piedra sinterizada de Neolith lleva años redefiniendo la relación entre técnica y estética. Resistente, versátil y sostenible, el material se ha convertido en un aliado habitual de arquitectos e interioristas que buscan soluciones capaces de responder tanto a las exigencias prácticas como al deseo contemporáneo de crear espacios emocionalmente honestos. Porque hoy el lujo ya no se mide únicamente en apariencia, sino también en durabilidad, conciencia medioambiental y capacidad de mejorar la experiencia cotidiana.

Ellas valen por dos. Alicia y Alba conforman uno de los estudios de interiorismo más en boga del panorama nacional. Están de moda, como sus proyectos y, sobre todo, como sus accesorios, algunos de los cuales ni siquiera han aterrizado todavía en España, lo que da buena cuenta de su fondness of travelling. Sobre la mesa conviven un tote vintage de CELINE, concretamente el modelo Cabas en piel verde, y un bolso Galleria de PRADA en cuero marrón. Su particular y actualizado baúl de la Piquer guarda de todo: aparatología tecnológica vinculada a alguno de sus proyectos, envases de smoothies de firmas recién llegadas a la capital, cosmética americana y japonesa… y hasta los favoritos de las girlies, como los lip shades de Rhode, además de estampitas, accesorios, llaves, peines y neceseres, también identificables a simple vista. Nada falta en el universo de Hurle y Martín, tan particular como ellas mismas.
Quizá por eso el encuentro funciona tan bien. Porque, en el fondo, todos los presentes comparten una misma manera de entender el diseño. Algo que nace desde dentro. Mientras las conversaciones avanzan entre superficies pétreas, copas de vino, flashes y objetos desperdigados sobre las mesas, aparece una sensación generacional difícil de ignorar. La de una nueva hornada de creativos que ya no entiende disciplinas cerradas. Arquitectura, arte, interiorismo, creatividad, iluminación o diseño visual se mezclan constantemente en perfiles cada vez más transversales. Y quizá ahí reside el verdadero interés de esta cantera. En su capacidad para humanizar el diseño. Para devolverle cierta dimensión autobiográfica. Porque detrás de cada interior cuidadosamente proyectado existe siempre otro interior más complejo, más caótico y mucho más revelador: el de quien lo imagina.
Al final, los bolsos vuelven a cerrarse. Las mochilas regresan a los hombros y cada uno recoge sus objetos para continuar con su ritmo de vida vertiginoso. Queda, sin embargo, la certeza de que los espacios que habitamos hablan inevitablemente de nosotros. Y de que, antes de diseñar el exterior, todo creador necesita ordenar —o al menos entender— aquello que lleva dentro.

El bolso Puzzle Fold de LOEWE parece concebido para quienes entienden el movimiento como una forma de vida. Su arquitectura ligera y casi caprichosa permite plegarlo como si fuera papel, convirtiéndolo en el tote perfecto para huir, o trabajar mientras se huye. Lo sabe bien el interiorista Marcos Trueba, que lo lleva como quien traslada su propio estudio en versión miniatura. Dentro conviven la bruma de LA MER, unas gafas de sol de aire Matrix, exclusivos auriculares de Bang & Olufsen, un cuaderno siempre listo para ideas repentinas, un bolígrafo con vocación de plano y un masajeador de cabeza para despejar las ideas.

Marcos Trueba.

Álvaro Ferrándiz y el estudio que lidera junto a Luis Lombao, FLA-RE, juegan claramente en otra liga, más o menos como muchos de los futbolistas a los que acaban diseñándoles la casa. Por ello, no necesita mucho más que una mochila de cuero negra y, por supuesto, una de sus inconfundibles gorras, casi marca registrada. Asoma El Giro, de Stephen Greenblatt, junto a una funda de gafas con cierto aire retro que, a juzgar por su aspecto, probablemente haya dado más vueltas que muchos de nosotros, también su cámara Olympus, y cómo no, plumas y libretas, un clásico infalible para un arquitecto cuando la inspiración decide presentarse sin previo aviso.

Álvaro Ferrándiz.

A simple vista podría parecer una auténtica devota de la logomanía, pero nada más lejos de la realidad. Marta Woodward, una de las benjaminas del encuentro, llegaba acompañada de uno de los icónicos modelos GG de bambú de Gucci; sin embargo, su universo creativo habla el idioma del minimalismo, las líneas depuradas y la sencillez. Entre los objetos que despliega: un monedero con estampado de serpiente; perfume; carmín; un protector solar inevitable; un metro, lógico en alguien que piensa constantemente el espacio; y un ejemplar de Proyectar una casa, justo lo que ella no deja de hacer a través de su estudio (Woodward & Co).

Marta Woodward.

Ayn Rand es la autora del título que Alberto Eltini, de El Departamento Studio, lleva en su bolsa de viaje. Un tomo de considerable magnitud, La rebelión de Atlas, que imaginamos que debe de pesar lo suyo, aunque quizá no tanto si recordamos que forma parte de uno de los estudios más cotizados del momento, responsable de múltiples proyectos retail, entre ellos las tiendas de la firma de la Generación Z por antonomasia, Nude Project. Para contrarrestar semejante carga intelectual (y física), no falta una gorra, unos tapones para los oídos —cuando la tranquilidad se vuelve imprescindible— y, por sorpresa, las velas utilizadas en su último cumpleaños, celebrado días antes de esta producción. Por último y no menos importante, siguiendo la tendencia impulsada por Balenciaga, tan comentada como polémica, una cinta adhesiva con el nombre del estudio que representa serpentea entre todos sus atributos. ¿Lo veremos la próxima vez que aparezca en estas páginas al más puro estilo Kim Kardashian en aquel desfile de la maison, completamente envuelto en ella? Permanezcan atentos.

Alberto Eltini.

Un transportín es lo que utiliza Álvaro Mesonero-Romanos, de MR Studio, cuando necesita que todo vaya sobre ruedas. A ello se suma su iPad, con algunos de sus proyectos en continua revisión en la galería y sus cuadernos de anotaciones, porque, como decía Picasso, “que las musas te pillen trabajando”. El frescor lo aporta una colonia de Acqua di Parma, mientras que la lectura del momento es Nunca te pares, la autobiografía del fundador de Nike, que probablemente sirve de inspiración constante para no hacerlo precisamente (lo de quedarse quieto).

Álvaro Mesonero-Romanos.

Bolso Flamenco de LOEWE en piel de napa, perteneciente a una colección especial de la casa inspirada en la serie Homage to the Square de Josef Albers. Un accesorio de lo más especial, como su dueña: Teresa Enríquez, de Comad Arquitectos, quien acudió a la velada con una gama cromática perfectamente coordinada con su bolso y con todo lo que llevaba en su interior. Desde un subrayador fluorescente hasta una agenda forrada en terciopelo rosa, pasando por un lip combo de Dior en el mismo tono que el resto de los elementos. Una auténtica pink lady. No podía faltar un metro —por eso de que nunca se sabe— ni sus auriculares de hilo, siempre a mano.

Teresa Enríquez.

El bolso LouLou de SAINT LAURENT por ANTHONY VACCARELLO es el escenario perfecto para presentar a Ainhoa Moreno, encargada de firmar esta instantánea con un beso sellado en carmín. Dentro, lo esencial: cargador, llaves, un pañuelo, joyas y…, ¿una pila? Sí, una pila, para no apagarse nunca, o al menos para intentarlo.

Ainhoa Moreno.

Back to basics podría ser el eslogan que mejor defina el bodegón de Esteras. Un pequeño neceser, también de cuero negro,con lo imprescindible en su interior: tarjetero, gafas, llaves, llavero de aerolínea mediante, que deja entrever el espíritu viajero de su portador, como si hiciera falta confirmarlo, y perfume. Como elemento ligeramente disruptivo aparece un colorímetro con aspecto de catalejo y una mini cámara para dejar constancia de todo lo que sucede a su alrededor, porque mirar ya no siempre es suficiente y él lo sabe.

Borja Esteras.

