Entradas

Hay restaurantes a los que uno va. Y luego están esos otros lugares a los que uno acaba perteneciendo un poco. Llevo años entrando y saliendo de Nonnetta. Primero fue el de General Castaños 15. Después llegaron las comidas improvisadas, las reuniones de trabajo que se alargaban más de la cuenta, las cenas con amigos y esas mesas que, sin saber muy bien cómo, terminan convirtiéndose en una especie de segunda casa.

Si me preguntan por qué vuelvo, nunca sé responder exactamente, porque en realidad no es una sola cosa. Es esa terraza escondida de General Castaños 15, un pequeño secreto en pleno centro de Madrid donde parece existir un microclima propio. Cuando la ciudad se derrite en verano, allí corre una brisa inesperada. Cuando llega el invierno, el frío siempre parece quedarse al otro lado de la puerta. Como si Nonnetta hubiera conseguido domesticar el tiempo.

Y luego está Simone. Hay personas que entienden la hostelería como un negocio y otras que la entienden como un arte. Simone pertenece claramente a la segunda categoría. Nos recibe siempre con esa mezcla de profesionalidad y cercanía que hace que uno se sienta importante sin necesidad de que nadie se esfuerce en demostrarlo.

Y, claro, está la mortadela trufada. Porque hay platos que terminan convirtiéndose en una costumbre. Y las costumbres, cuando son buenas, acaban siendo patrimonio emocional. La mortadela trufada de Nonnetta tiene algo especial. Quizá sea el equilibrio entre la intensidad de la trufa y la delicadeza de la mortadela. Quizá sea simplemente que la he comido demasiadas veces felices. No lo sé. Pero cada vez que llega a la mesa siento que estoy saludando a una vieja amiga.

Esta semana, sin embargo, descubrí otra versión de la historia: la de Nonnetta en Príncipe de Vergara 285, y entendí que no habían abierto un segundo restaurante. Habían construido un segundo capítulo. Antes de visitarlo me enviaron un pequeño briefing. Hablaban de una cocina mediterránea centrada en el producto, en el disfrute alrededor de la mesa y en el placer de compartir. De pescados frescos, carnes seleccionadas, mariscos, pasta elaborada a diario y pizzas de larga fermentación. De una cocina sencilla, equilibrada y enfocada al sabor. Pensé que era una bonita declaración de intenciones.

Después fui y comprobé que no era marketing. Era verdad. Nada más entrar uno comprende que allí todo está pensado para transmitir una sensación concreta. Alejarse del restaurante italiano convencional y construir un lugar con alma propia. Maderas recuperadas, libros antiguos, piezas con historia, una iluminación cálida y una atmósfera que mezcla tradición y actualidad sin caer en el decorado impostado.

Las fotografías apenas consiguen captarlo. Las vigas centenarias, las jaulas antiguas suspendidas del techo, las botellas alineadas entre objetos recuperados, los patios escondidos y esos rincones que parecen haber sido transportados piedra a piedra desde algún pueblo del sur de Italia.

Hay momentos en los que uno juraría estar en Sicilia. No en la Sicilia de las postales. En la de verdad. La de las sobremesas eternas. La de las cocinas donde importa más el producto que la etiqueta. La de las familias que entienden que una mesa es mucho más que una mesa.

Y luego llega la comida. El vitello tonnato merece un párrafo propio. Delicado, elegante, perfectamente equilibrado. De esos platos que parecen sencillos hasta que los pruebas y entiendes que detrás hay mucho oficio. Después llegó la pasta. En mi caso, una pasta con gamba absolutamente memorable. De esas que consiguen algo muy difícil: parecer sencillas cuando en realidad son extraordinarias. La textura perfecta, el sabor profundo del mar y esa sensación tan italiana de que no sobra ni falta absolutamente nada.

Porque esa es probablemente la palabra que mejor define a Nonnetta. Equilibrio. Todo tiene sentido. Todo parece estar donde debe estar: la carta, el espacio, el servicio, la cocina abierta, la barra, el ritmo de la sala, la forma en la que los platos llegan a la mesa…

En una época en la que demasiados restaurantes parecen diseñados para ser fotografiados, Nonnetta sigue perteneciendo a esa especie cada vez más escasa de lugares creados para ser vividos. Quizá por eso sigo volviendo, porque el de General Castaños 15 seguirá siendo para mí el lugar de las conversaciones largas, de las sobremesas improvisadas y de esa mortadela trufada que ya forma parte de mi biografía gastronómica, pero el de Príncipe de Vergara 285 me ha permitido descubrir otra faceta de la misma historia. Más abierta, más luminosa, más mediterránea. Dos direcciones distintas. Una misma alma. Y eso, en hostelería, es mucho más difícil de conseguir de lo que parece. Porque hay restaurantes donde se come. Y luego están esos lugares donde uno siempre encuentra una excusa para volver. Nonnetta pertenece, sin ninguna duda, a los segundos. Y quizá ese sea su verdadero secreto. Que no intenta impresionarte. Simplemente te hace sentir en casa. Una casa italiana, claro. De esas donde siempre hay alguien esperando al otro lado de la mesa. Y donde el verdadero lujo no consiste en lo que comes, sino en las ganas que tienes de regresar.

El pasado 29 de septiembre, Callao24 vivió una velada gastronómica especial con “El Incomprendido: Pablo Ortega”, el primero de una serie de encuentros organizados por el Grupo Jhosef Arias vinculados a sus cervezas propias, Incomprendido y Supérame. La cita celebró la cocina criolla de raíz, ofreciendo una experiencia que combinó tradición, innovación y maridaje con cerveza artesanal.

Un menú de siete pases que trasciende la efeméride

La cena, ideada por Jhosef Arias junto al chef invitado Pablo Ortega, recorrió la tradición peruana a través de un menú de siete pases cuidadosamente maridado. Tras la gran acogida del público, cuatro de estos platos se incorporan a la carta de Callao24: Caucau (callos, patata, ají amarillo y hierbabuena), Picante de Patita con patatas y ají panca, Sangrecita (receta tradicional de disponibilidad ocasional) y Carapulcra Huaralina con Sopa Seca, un guiso emblemático de la sierra de Huaral, cerca de Lima.

Pablo Ortega, El Incomprendido 001

Con esta primera edición, Pablo Ortega se consagra como El Incomprendido 001, título que reconoce a chefs que rompen esquemas desde la tradición. Ortega, nacido en el Callao y actualmente al frente de Pueblo Libre – Taberna Peruana en Barcelona, aportó su visión de cocina popular limeña, honesta y emocional. Según el chef, la experiencia en Callao24 fue “volver a las entrañas de la peruanidad, de la cocina de casa”, trasladando sabores caseros a un formato de alta gastronomía.

Homenaje a la tradición y la memoria

Para Jhosef Arias, chef de Callao24, esta iniciativa es “un homenaje a mi madre y a su cocina, que empezó vendiendo en la calle conmigo recién nacido”. Con “El Incomprendido”, el restaurante busca recrear los sabores que permanecen grabados en la memoria, ofreciendo una experiencia auténtica de cocina peruana.

Un programa que continuará celebrando la cocina peruana

“El Incomprendido” marca el inicio de un programa de cenas de autor que reunirá a chefs invitados con Jhosef Arias, reinterpretando clásicos peruanos y maridándolos con las cervezas artesanales Incomprendido y Supérame. La primera cerveza, elaborada con la merma del cebiche, aporta un toque amargo y fresco ideal para acompañar platos contundentes como la Carapulcra, cerrando una velada que combina tradición, creatividad y excelencia culinaria.

Fotografía ROMÁN CEPEDA

Ante todo, me llena de satisfacción realizar este reportaje con mi hija Alejandra, quien en los últimos años se ha convertido en una figura destacada en el mundo de la gastronomía a través de su empresa Ansón+Bonet, Consultoría de Hostelería.

Rafael Ansón

Nos encontramos en un espacio que ejemplifica perfectamente la evolución actual de los restaurantes en Madrid y el mundo. Son establecimientos que ofrecen diversos ambientes y formas de consumo, permitiendo vivir diferentes experiencias: desde mesas tradicionales hasta una mesa comunal para compartir, taburetes altos o una zona de bar más informal. Todo ello complementado con un servicio extraordinariamente atento que se adapta a las necesidades específicas de cada cliente.

Alejandra y Rafael Ansón en el restaurante Llama Inn de Madrid. (Fotografía: Román Cepeda).

Alejandra, cuéntanos, ¿cómo surgió la idea de crear Ansón+Bonet junto a tu socio?

Hace una década percibimos que la hostelería comenzaba una revolución y detectamos la necesidad de crear una empresa capaz de diseñar proyectos gastronómicos desde una perspectiva integral, contemplando tanto el negocio como la rentabilidad. El sector se profesionaliza y Ansón+Bonet se posiciona como el acompañante ideal en este proceso. Esta profesionalización implica comprender mercados, analizar referencias y estudiar la competencia para definir negocios sólidos en todos sus aspectos. Si bien la creatividad es fundamental, el plan de inversión resulta aún más crucial.

¿Cuáles consideras que son las características esenciales de la restauración actual y su proyección futura?

La transformación principal radica en el cambio de prioridades. Anteriormente, los restaurantes se centraban principalmente en la comida y el servicio, relegando otros aspectos a un segundo plano. Actualmente, y esta tendencia continuará, resulta fundamental considerar el espacio, la iluminación, la experiencia del cliente y la música para crear un ambiente que marque la diferencia.

Y encontrándonos en FEARLESS surge la pregunta crucial: ¿qué papel desempeña y, sobre todo, qué rol debería tener la mujer en el futuro del marco gastronómico?

La hostelería es posiblemente uno de los sectores donde el techo de cristal para las mujeres es más evidente. Los horarios representan un factor determinante, así como el ambiente en las cocinas, aunque afortunadamente esta situación evoluciona positivamente.

Estas tendencias reflejan en gran medida la evolución del cliente de restaurante, tanto en el ámbito general como en la alta cocina en particular. ¿Qué opinas?

La hostelería ha evolucionado de tal manera que un mismo cliente requiere diferentes modelos de restauración para satisfacer sus distintas necesidades y preferencias. Este es el aspecto más significativo: la misma persona que disfruta de una experiencia ‘clásica’ de alta cocina, también busca espacios animados y distendidos para compartir con amigos, necesita opciones ágiles para comer entre reuniones, o desea visitar establecimientos especializados donde deleitarse con productos específicos de su interés.

Alejandra y Rafael Ansón en el restaurante Llama Inn de Madrid. (Fotografía: Román Cepeda).

No puedo concluir sin expresar mi profunda satisfacción y orgullo por haberme convertido, en términos gastronómicos, en el padre de Alejandra.