Entradas

La Real Academia de la Historia ha nombrado a José Luis Sánchez García Académico Correspondiente de la institución, a propuesta de los académicos Carmen Sanz Ayán, Javier Puerto Sarmiento y Luis Alberto de Cuenca y Prado. La comunicación oficial del nombramiento fue realizada por la directora de la Academia, Carmen Iglesias, Condesa de Gisbert, durante un acto celebrado en la sede de la corporación.

Durante la presentación se destacó la amplia trayectoria investigadora y académica de Sánchez García, subrayando especialmente su dedicación al estudio, la investigación y la difusión de la Historia a lo largo de su carrera. En la actualidad dirige la revista Cuadernos de Investigación Histórica y el Seminario Nacional de Historia «Cisneros», además de haber coordinado diez volúmenes colectivos dedicados a la investigación histórica y de haber publicado numerosos trabajos científicos que avalan su recorrido en este ámbito académico.

Asimismo, se puso de relieve su sólida formación intelectual, al ser Doctor en Filosofía Pura por la Universidad Lateranense de Roma y Doctor en Ciencias de la Educación por la Universitat de València. Ha desarrollado una extensa trayectoria en la Universidad Católica de Valencia, institución de la que fue uno de sus impulsores junto al cardenal Agustín García-Gasco, desempeñando distintos cargos de responsabilidad como Vicerrector y Director del Departamento de Ética, Antropología y Doctrina Social de la Iglesia, consolidando así una carrera académica de amplio alcance.

Tras recibir la distinción, el nuevo Académico Correspondiente expresó su agradecimiento a la Real Academia de la Historia por la confianza depositada en su persona y manifestó su voluntad de colaborar activamente con la institución en la promoción del conocimiento histórico y la investigación científica, reafirmando su compromiso con la divulgación rigurosa del pasado.

Durante su intervención evocó las enseñanzas de su maestro, el filósofo Julián Marías, afirmando: “La historia es el ámbito en el que aparece la realidad humana en su condición temporal. Por ello busca la verdad histórica sobre el hombre y su trayectoria a lo largo del tiempo”, una idea a partir de la cual subrayó la importancia de la búsqueda de la verdad histórica como una tarea racional, crítica y documentada, esencial para comprender con mayor profundidad la evolución de las sociedades.

El nuevo Académico Correspondiente destacó asimismo la labor que viene realizando la Real Academia de la Historia en la conservación, investigación y difusión del patrimonio histórico español, felicitando a sus miembros por su compromiso continuado con la cultura y el conocimiento. Finalmente, expresó su agradecimiento al académico Feliciano Barrios por su asesoramiento técnico y por el apoyo prestado en la organización del acto.

Con este nombramiento, José Luis Sánchez García se incorpora al cuerpo de Académicos Correspondientes de la Real Academia de la Historia, un reconocimiento que distingue su aportación a la investigación, la docencia y la promoción de los estudios históricos en el ámbito académico y cultural.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los debates más decisivos del siglo XXI. Su impacto ya es tangible en nuestra vida cotidiana y en sectores estratégicos de la economía global. Sin embargo, junto a sus enormes posibilidades, emergen interrogantes éticos, sociales y políticos que no pueden ignorarse.

La pregunta es tan directa como incómoda: ¿estará la IA al servicio del bien común o quedará concentrada en manos de unos pocos actores con capacidad de controlarla?

Los grandes beneficios de la IA

La IA ya está transformando múltiples ámbitos con resultados prometedores.

En salud, permite diagnósticos más rápidos y precisos, acelera el desarrollo de nuevos medicamentos y mejora la atención a personas con discapacidad mediante tecnologías de apoyo avanzadas.

En medio ambiente, facilita la predicción de desastres naturales, optimiza el uso de recursos y ayuda a diseñar políticas de sostenibilidad basadas en datos.

En educación, rompe barreras geográficas y lingüísticas, personaliza el aprendizaje y amplía oportunidades para estudiantes que antes quedaban excluidos del sistema.

También contribuye a la detección de fraudes y corrupción, impulsa la investigación científica en campos como la física, la biología o la astronomía, y ofrece soluciones para el acompañamiento de personas mayores y dependientes.

Más allá de sus aplicaciones prácticas, la IA nos obliga a reflexionar sobre cuestiones profundamente humanas: ¿qué significa ser persona?, ¿qué es actuar con justicia?, ¿cómo preservar el sentido y la dignidad en una era tecnológica?

Riesgos que no se pueden ignorar

Junto a sus beneficios, la IA plantea riesgos de enorme calado.

  • Deshumanización de las relaciones y posible pérdida de empatía en interacciones mediadas por sistemas automatizados.

  • Desempleo y aumento de la desigualdad derivados de la automatización del trabajo.

  • Concentración del poder económico y tecnológico en un reducido número de empresas y países.

  • Vigilancia masiva y pérdida de privacidad, especialmente mediante reconocimiento facial y rastreo digital.

  • Sesgos y discriminación algorítmica en decisiones judiciales, financieras o laborales.

La propia UNESCO ha advertido: “Los algoritmos no son neutrales; reflejan los valores de quienes los diseñan.” Esta afirmación subraya que la tecnología nunca es completamente objetiva: siempre incorpora decisiones humanas.

El gran desafío: la democratización

Actualmente, el desarrollo más avanzado de la IA se concentra en grandes corporaciones tecnológicas como Google, Microsoft, Meta, Amazon, Apple, Baidu y Tencent, así como en potencias como Estados Unidos y China.

Estos actores controlan modelos avanzados, infraestructuras críticas y enormes volúmenes de datos. Si no se impulsa una democratización real, aumentarán la dependencia tecnológica, la manipulación política y la exclusión de países y comunidades sin acceso a estas herramientas.

En esta línea, el papa León XIV afirmó: “Nuestra vida personal tiene más valor que cualquier algoritmo, y las relaciones sociales requieren espacios para desarrollarse que trascienden con creces los patrones limitados que cualquier máquina sin alma puede prefabricar.”

Camino hacia una IA inclusiva y justa

Para que la inteligencia artificial esté verdaderamente al servicio del bien común, son necesarias medidas concretas:

  1. Leyes claras y justas que regulen su desarrollo y aplicación.

  2. Educación ciudadana, ampliando el debate más allá de expertos y tecnólogos.

  3. Proyectos éticos y colaborativos que prioricen el interés público.

  4. Transparencia empresarial y gubernamental en el uso de algoritmos y datos.

  5. Participación activa de la sociedad civil, universidades, comunidades religiosas y medios de comunicación como contrapeso democrático.

Una decisión de futuro

El historiador y filósofo Yuval Noah Harari lo sintetizó con claridad: “La cuestión no es si las máquinas pensarán como los humanos, sino quién controlará a esas máquinas.”

La inteligencia artificial puede convertirse en un instrumento de justicia, solidaridad y progreso humano, o en un mecanismo de control y concentración de poder.

La dirección que tome no está predeterminada por la tecnología, sino por las decisiones políticas, éticas y sociales que adoptemos hoy. Solo mediante una acción conjunta y responsable será posible construir una IA inclusiva, justa y verdaderamente al servicio de todos.

Crédito de apoyo y fuente:
Contenido elaborado con el apoyo de ChatGPT (OpenAI, versión GPT-5), consulta realizada el 26 de agosto de 2025.