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Por MARCO DE PABLOS
Fotografía ALICIA RAMOS

Antes de imponer su filosofía del slow work en marcas de lujo como Taschen o Abadía Retuerta, Cristina Díaz de Bustamante ya sabía que en la creatividad, la prisa es enemiga. Desde su estudio, mezcla estrategia, paciencia y autenticidad, demostrando que escuchar más y correr menos puede ser la clave del éxito.

En un mundo donde la inmediatez parece ser la única moneda de cambio, Cristina Díaz de Bustamante propone una nueva alternativa. Reconocida como una de las voces más influyentes en dirección y estrategia de marca, ha logrado transformar ideas en experiencias memorables, liderando proyectos para firmas como Abadía Retuerta, Four Seasons Hotel Madrid, Paris 64 o Taschen.

Fundadora de su propio estudio creativo, compuesto por todo un equipo multidisciplinar que abarca desde diseñadores gráficos hasta productores audiovisuales, es férrea defensora de una máxima: “Siempre digo que somos ‘alfareros del diseño’, también que proponemos una comunicación ‘hecha a mano’. Trabajar más despacio te permite adentrarte en los mundos de tus clientes con una mayor visión y comprensión”.

La paciencia como ventaja

Defensora del slow work, un concepto quizá desconocido para muchos pero que acabará por imponerse, Cristina aclara que no se trata de un lujo ni de una renuncia, todo lo contrario, es una ventaja. “Las prisas no son buenas. Cuando trabajas despacio pones tus cinco sentidos en funcionamiento y los resultados son infinitamente mejores”, asegura. Este enfoque consciente y pausado no significa incumplir plazos, sino alcanzarlos y superar expectativas, siempre desde la calidad, la atención y la reflexión.

La escucha y la observación son pilares de su proceso creativo: “Vivimos en un mundo frenético, saturados de información. La observación es primordial para entender las tesituras de los clientes, para captar insights y tendencias que luego se pueden aplicar en el proceso creativo. Solo desde el silencio se puede crear con sentido”.

Este método requiere también enseñar a los clientes a valorar la calidad sobre la cantidad. Cristina describe su papel como un “acompañamiento en la definición de su estrategia desde la confianza”. “Nos interesa escucharles y luego ayudarles a ordenar sus ideas… No se trata de hacer mucho o todo, sino de hacer menos y, como bien dices, mejor”, puntualiza. “Para mí, el lujo es un concepto especial. Es la suma de muchos factores tratados con delicadeza… Las marcas de ese nivel deben tener una ‘empatía sofisticada’ y observar hacia dónde va el mundo”, ahonda desde la experiencia que la avala.

Y es que Díaz de Bustamante aplica la misma filosofía de autenticidad en cada proyecto, distinguiendo lo que es coherente de lo que simplemente sigue una tendencia. “Lo que es auténtico responde precisamente a la cultura de la empresa. Cuando una marca tiene una cultura real de sostenibilidad, buen hacer y sensibilidad, eso se percibe. Lo que no es real, cae por su propio peso. Es solo ruido”.

Mindfulness en acción

La dimensión espiritual es central en la vida y el trabajo de esta adalid del slow work. Certificada en Mindfulness y Psicología positiva, construye sus decisiones estratégicas desde la calma y la conciencia. “Uno de mis mantras es ‘vivir un día a la vez’, no futurizar demasiado. Entonces, intentas hacer lo mejor que puedes con aquello que tienes encima de la mesa. Meterte de lleno en una sola tarea facilita mucho tanto el proceso creativo como la toma de decisiones”, reflexiona.

Incluso la espiritualidad se refleja en la creación artística y cultural que abandera: “Muchos artistas han creado a lo largo de la historia desde este prisma, como Mark Rothko, o más recientemente Rosalía, que ha elaborado un álbum lleno de contenido místico que se nota que se gestó con mimo y tiempo”.

Asimismo, destaca por capacidad para conectar a mujeres líderes de opinión, fomentando un entorno de soporte mutuo: “Nos interesan el crecimiento y el progreso y colaboramos para que todo ello se dé. Nos nutrimos las unas a las otras desde la no competencia y creo que esto es porque somos cada vez más conscientes de que juntas, llegamos más lejos”.

Para ella, el éxito no se mide por premios o cifras: “Para mí el éxito es la paz interior”. Y para quienes sienten la presión de la vida acelerada, propone un gesto concreto y sencillo: “Propondría una pequeña rutina, un ‘ritual’ de media hora al día… Estás en silencio, te conectas con el momento presente y con la divinidad, y luego haces lo que tienes que hacer lo mejor que puedes y sueltas el resultado”. Porque como recuerda, la clave no está en correr, sino en avanzar con consciencia. O mejor dicho, vivir y trabajar sin prisa, pero sin pausa.