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Por MARCO DE PABLOS

Madrid no da tregua cuando llega el buen tiempo. Tampoco en invierno, pero es cierto que con el sol y las agradables temperaturas los planes se multiplican y elegir se vuelve casi una tarea imposible. Entre todos ellos, hay uno que nunca falla: el brunch. Más aún si viene acompañado de un paseo previo o posterior (más digestivo) por la ciudad que convierte cualquier sábado o domingo en un pequeño ritual.

Un clásico infalible

Entre las propuestas más interesantes de la temporada, destaca la de Zuma Madrid, uno de los restaurantes japoneses más aclamados de la capital, con presencia en más de metrópolis como Nueva York, Londres, Doha o Hong Kong. Visitar un espacio así siempre es un plan en sí mismo, con un diseño que impresiona desde el primer momento y una clientela que suele mezclar rostros conocidos, desde futbolistas hasta aristócratas, con habituales del buen comer. Y sí, su cocina y coctelería nunca fallan, pero su nuevo brunch lleva la experiencia un paso más allá.

Ubicado en pleno Paseo de la Castellana, a escasos metros de la plaza de Colón, el restaurante cuenta con una terraza íntima y agradable, cuya decoración floral varía según la temporada. Un pequeño oasis donde bajar el ritmo antes de sumergirse en el interior. Un espacio amplio y vibrante presidido por tres barras —la de cócteles, la robata y la de sushi— da la bienvenida, convirtiendo el servicio en un auténtico espectáculo.

Paso a paso

Disponible todos los fines de semana de 13:00 a 15:30, el brunch se articula en tres opciones. El menú Rosé (95 €), que propone una experiencia fresca y desenfadada con Habla de Ti Rosé 2024; el menú Signature (135 €) capaz de elevar la propuesta con una selección más refinada que incluye R&L Legras Blanc de Blancs Grand Cru NV, Marqués de Riscal Reserva 2021 y Marqués de Riscal Verdejo Lías; mientras que el menú Premium (330 €) representa la expresión más exclusiva, con referencias prestigiosas como Dom Pérignon Brut 2015, Milsetentayseis 2021 y Louis Jadot Puligny-Montrachet 2021.

En lo gastronómico, el ágape se organiza en varios pases que invitan a dejarse llevar. Todo comienza, cómo no, con los cócteles: desde un clásico Espresso Martini o un Bloody Mary hasta opciones sin alcohol, perfectas para quienes llegan resacosos de una noche frenética.

El primer pase reúne una amplia selección de aperitivos para compartir —y repetir— ideales para abrir boca. Aquí brillan platos como el pez limón con ponzu de ajo y chile, la brocheta de pollo con cebolleta, el tartar de salmón con aguacate y yuzu o las croquetas de bacalao negro con mayonesa de yuzu. Mención aparte merecen los calamares con chile verde y lima, imprescindibles, y el edamame, que nunca falla en este tipo de festín.

Después llega uno de los momentos más esperados: el sushi. Una selección cuidada que recorre nigiris, sashimis y makis, y que confirma el nivel de la casa. Conviene dosificar, porque aún queda lo mejor: el plato principal, a elegir, pone el broche salado con opciones para todos los gustos. Desde opciones carnívoras a la robata — tradicional parrilla japonesa de carbón— destacan el solomillo de ternera picante con sésamo o el baby chicken marinado en miso de cebada, sorprendentemente jugoso. Para los amantes del pescado, la lubina a la parrilla con tomate asado y jengibre o el salmón con teriyaki son apuestas seguras, mientras que opciones como la berenjena con miso y tofu ahumado conquistan incluso a los menos veggie.

El final llega con el Zuma Deluxe, un surtido de postres pensado para compartir que combina frutas de temporada, helados, sorbetes y su característico chocolate Zuma. Un cierre a la altura de una experiencia diseñada para disfrutarse de principio a fin. Así que, si todavía no tienes plan para este fin de semana —y más aún si hay una ocasión especial como el Día de la Madre—, aquí tienes una opción que difícilmente falla.

Cuando bajan las temperaturas, Madrid se adapta. El invierno llega con bufandas, platos de cuchara y calles frías, pero también con terrazas que se reinventan para seguir siendo protagonistas del ocio urbano. Estufas, mantas, cerramientos y una atmósfera cada vez más cuidada convierten el terraceo invernal en uno de los planes más apetecibles de la temporada.

El terraceo: un hábito madrileño

Lejos de ser una excepción, disfrutar de una terraza en invierno se ha consolidado como una costumbre en Madrid. Restaurantes y bares apuestan por espacios pensados para combatir el frío sin renunciar al aire libre, creando ambientes cálidos que invitan a quedarse, alargar sobremesas y convertir cualquier día en un plan especial.

Zuma Madrid: invierno con acento japonés

En pleno Paseo de la Castellana, la terraza de Zuma Madrid demuestra que el frío no está reñido con la sofisticación. Cubierta y perfectamente acondicionada, se presenta como un refugio elegante donde disfrutar tanto de un cóctel como de una cena completa. Su propuesta de cocina japonesa contemporánea y su cuidada coctelería convierten el espacio en una opción ideal para quienes buscan un plan invernal con un punto exótico y cosmopolita.
Paseo de la Castellana, 2

Lamucca a pesar del frío

El grupo Lamucca ha convertido el invierno en una oportunidad para transformar sus terrazas en auténticos escenarios de encuentro. Desde rincones íntimos para cenas tranquilas hasta espacios animados para comidas navideñas o tardeos, cada local ofrece una experiencia distinta. Luces cálidas, platos reconfortantes y un ambiente festivo hacen que sus terrazas sigan siendo un punto de referencia durante toda la temporada fría.

Ultramarines del Coso: el invierno sabe a vermut

En Malasaña, Ultramarines del Coso mantiene viva la tradición del aperitivo incluso en los meses más fríos. Su terraza en la plaza de San Ildefonso se convierte en el lugar perfecto para disfrutar del sol de invierno con un vermut, gildas o anchoas, mientras que al caer la noche el espacio invita a cenas informales al aire libre, con sabores de taberna reinterpretados por el chef Andy Boman “El Flaco”.
Calle de San Joaquín, 16

Magadán: comer al aire libre frente al Parque del Oeste

Con vistas privilegiadas al Parque del Oeste, Magadán apuesta por un terraceo invernal cómodo y bien pensado. Estufas, mantas y un ambiente acogedor permiten disfrutar de comidas y cenas al aire libre incluso en pleno invierno, convirtiendo su terraza en un plan perfecto para quienes no renuncian al exterior tampoco cuando bajan las temperaturas.
Calle Pintor Rosales, 9