Hay viajes que dejan, literalmente, un buen sabor de boca. El Balneario de Panticosa es un histórico complejo hotelero conocido tradicionalmente por las propiedades de sus aguas termales. Un turismo orientado a la salud y al bienestar que atraía a sus visitantes favorecido por un entorno de alta montaña inigualable y en el que la propiedad del Grupo Nózar (Aguas de Panticosa SA, Bodegas Enate, Bodegas Laus, etc), ha abierto una nueva etapa con importantes cambios, tanto en la gestión como en el concepto de ocio. De cara a la temporada estival la nueva dirección ha apostado por situar la gastronomía en un lugar preferente en la experiencia del visitante y en una de las razones para visitar este enclave histórico del Pirineo aragonés.
ALBERTO CASTILLO para FEARLESS
En el Balneario de Panticosa el paisaje, además de ser admirado, se puede también saborear. A 1636 metros de altura, la alta cocina cobra todo el protagonismo para fundirse en una inmersión transversal con la naturaleza y el bienestar. Es entonces cuando placer de la mesa se saborea a fuego lento, como el tiempo, que parece detenerse al abrigo de las cumbres que rodean este mágico lugar del Valle oscense de Tena.
La cocina como nueva experiencia sensorial
El epicentro de esta nueva etapa que ha abierto la llegada a la dirección de Rafael Jiménez con su nuevo equipo de profesionales es El Lago, el restaurante donde el chef Rubén Pertusa ha desplegado una sofisticada propuesta de menú degustación cerrado en el que el producto juega con la creatividad y con la memoria del emblemático lugar que en su día fue este espacio dentro del Balneario y que hoy forma parte de uno de sus grandes atractivos.
Ubicado frente al icónico Ibón de Baños, el restaurante convierte cada servicio en algo casi escénico y en parte esencial del relato gastronómico. Desde el comedor se perciben las distintas tonalidades del paisaje, el movimiento del agua del lago y hasta casi la respiración de las montañas, convirtiendo cada velada en una experiencia única.

Podemos corroborar que el menú que degustamos, compuesto por unas combinaciones de puerro cítrico con salsa holandesa; foie mi cuit caramelizado con esturión Nacarii; trucha con salsa de cava, y lomo de ciervo asado con castañas, es deliciosamente exquisito.
El nuevo enfoque del restaurante El Lago forma parte de un viaje gastronómico completo, donde cada espacio juega su propio papel. En La Brasserie, en el Hotel Continental, y también bajo el sello de Pertusa, se ha revisado la tradición culinaria local desde un enfoque contemporáneo con una nueva carta que incluye entrantes fríos y calientes (patatas bravas, nachos, embutidos ibéricos…) como antesala del contundente plato principal basado en carnes a la brasa (paletilla de cordero, chuletón vacuno, solomillo o magret de pato). El sello de calidad de las carnes de la zona cocinadas en su punto de textura y sabor.
La Fontana, en la plaza central, mantiene el sabor de Italia con excelentes «antipasti», ensaladas, pastas con sabrosas salsas y una gran variedad de pizzas. Especialmente recomendables, la provoletta con champiñones, y la ensalada de burrata, rúcula y tomates secos. Y para alargar el tardeo con un coctel o un picoteo, el espacio El QBO es el punto de encuentro informal para relajarse y dejarse ver al aire libre.
El emblemático Gran Hotel de Panticosa
El Gran Hotel del Balneario de Panticosa, uno de los grandes iconos del Pirineo aragonés, ha dado un paso definitivo hacia el presente: permanecer abierto todo el año. Una decisión que va más allá de la operativa y que refuerza su vocación de convertirse en un destino sin temporada, pensado para disfrutarse en cualquier momento.

Inaugurado en 1895, este edificio histórico forma parte del ADN del balneario y acaba de ser distinguido como Hotel Monumento, una categoría que solo comparten tres establecimientos en Aragón y que reconoce su valor arquitectónico y cultural.
Su silueta, casi inalterada, conserva la elegancia de otra época, mientras el interior propone una experiencia que combina historia, calma y naturaleza. Alojarse aquí no es solo dormir en un hotel: es formar parte de un lugar donde el tiempo parece ir más despacio.
Aguas termales milenarias
Las aguas termales de Panticosa, conocidas desde época romana, siguen siendo el corazón del balnearioun legado que se traduce en tres formas de entender el bienestar: El Espacio Termal del Gran Hotel, exclusivo y de aforo limitado, pensado para la desconexión absoluta; Las Termas de Tiberio, con luz natural y con tratamientos personalizados, y el Balneario del Quiñón, orientado al cuidado terapéutico

Naturaleza inmersiva

En invierno, la proximidad a estaciones como Formigal y Panticosa refuerza su atractivo activo; en verano, el valle de Tena se convierte en un espacio de exploración y descanso con un sinfín de actividades: senderismo entre cascadas, ascensiones a picos emblemáticos, rutas accesibles como la Ruta del Pueyo o las Pasarelas, subida en el Tren de Tramascastilla al Ibón de Las Paules, la tirolina gigante de Hoz de Jaca, o el divertido laberinto de los Pirineos en el que deberás encontrar la salida de un bosque de 4.000 cipreses plantados, entre muchas otras posibles actividades.
Más de un siglo después de su origen, Panticosa sigue siendo fiel a lo que siempre fue: un lugar al que se viene a sanar, a respirar y a reconectar. Ahora, además, se viene a vivir una experiencia 360º.

