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Por Manuel Quintanar

El padre Ariel Suárez ha llevado a cabo una maravillosa obra de reconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad la Virgen del Cobre en La Habana (la “Cachita”), sin apenas medios, con el esfuerzo, el trabajo y la fe de un pueblo también maravilloso que no se rinde, ni ser rendirá jamás ante la más descarnada adversidad, pues en su genética está el ser irreductible en su hispanidad.

Le conocí hace ya más de cinco años y hemos venido manteniendo una relación de apoyo y amistad mutuas que creo que son el paradigma de la hermandad, del mismo hispano cubano sentir, un mismo corazón y afán, y un tener una fe rendida a nuestra Madre la santa Virgen María. Lo suyo es una continuada labor de ayuda a los suyos en comedores sociales, labor pastoral a la infancia, juventud y compañía y asistencia a los mayores. Soy testigo de esa labor y de la feliz y sobria parroquia que gobierna en La Habana con la ayuda del Eterno Dios.

En el convencimiento de que la única Cuba libre, tiene que ver con lo que paradigmáticamente es renovar cotidianamente los citados esfuerzo y fe en el Templo eterno, esperamos todos una Cuba mejor, lo cual se vislumbra inevitable pues la situación es límite y de lesa humanidad. En un momento como el presente, es más necesaria dicha perseverancia y fe en la Libertad. Ninguna pócima mágica la va a proporcionar, y ninguna proclama encendida debe vendernos nadie, y menos algunos carroñeros a la espera de la muerte de la codiciada presa y dispuestos a la venganza o a un despiadado “hacer negocio”. Las soluciones políticas y económicas que se precipitarán próximamente podrán tener una fácil venta ante la reinante necesidad pero deberían tener muy presente el plano inclinado en que deben ser integradas y, sobre todo, la justicia social.

España, nación Madre Patria, debería ejercer un papel no secundario en la recuperación de nuestros hermanos cubanos, en cuya sangre está la nuestra, con la ayuda que le sea posible, y entiendo que es mucha, aunque sólo sea por los ininterrumpidos vínculos sostenidos con esa parte hermana del corazón de España (aquí cabe recordar a los maniqueos la buena relación Castro/Franco).  

Si como Unamuno recordaba “a presión de siglos nuestra lengua española lleva inserta una filosofía” y la misma es para Cuba y para España, el contenido de sentido de la palabra Libertad será mucho más que una constitución o un ordenamiento de derechos, conteniendo como esencia suya y propia, la dirección a lo auténtico, a lo verdadero, es decir, a la Dignidad humana. Y abandonado ya el espantajo comunista, en que sólo pueden creer unos cuantos nostálgicos, el mefistofélico fraude será mutar ese genuino concepto de Libertad por otros sustitutivos sucedáneos (y falsos), negocio para los carroñeros.

Ojalá no se imponga la descarada sumisión a los halcones oligocráticos que en nombre de los Estados Unidos de América se anuncia por su Gobierno. España también se la juega, aunque nuestro triste deambular por la escena internacional presagie una ayuda más bien débil e inoperante cuando no torpe (veáse la mínima y bufa imagen de Albares como compendio didáctico de “en los que hemos quedado”).

Desde hace siglos, el sufrimiento de los cubanos solo puede ser superado por los cotidianos esfuerzos de las gentes que todavía creen en una misma genética espiritual. Nos la jugamos una vez más. Esperemos que España esté a la altura y viva y comparta como propia la difícil situación. Esperemos también que el gobierno de España, ya muy desgastado el actual, esté liderado por un político que estimo a la altura y sensato. Esperamos la mayoría eso del señor Núñez Feijoó.

Desde los comienzos es imposible explicar la historia de España sin Cuba y la de Cuba sin España. La denominada generación del 98 no es más que el resultado de la profunda depresión y el inolvidable trauma de la definitiva separación, una reflexión intelectual sin la que es difícil entender nuestro presente. Una muerte anunciada hacía siglos, es al mismo tiempo la muerte de un proyecto, España, que como recuerda el Papa León XIV, es diálogo con Cristo y presencia de nuestra Santa Madre, y que tiene que ver con la dignidad humana, con la interpelación y diálogo constante con nuestro Creador, en nuestra lengua y sin acepción de razas o procederes.

Por eso, Padre Ariel, le escribo estas letras y siento son insuficientes para expresar lo que muchos españoles sentimos respecto de ese trozo de España, que es Cuba. Ojalá estemos a la altura todos en la inminente y progresiva catarsis de la bellísima Isla. ¡Viva Cuba libre, viva la auténtica Libertad!