Por Manuel Quintanar
I.
En la calle Orfila, dedicada por la Villa de Madrid a Mateo Orfila, ilustre mahonés, padre de la Toxicología forense en el último tercio del siglo XVIII y principios del XIX, y pionero en la revisión de errores judiciales (casos Mercier y Lafarge), químico formado en Valencia y, sobre todo en París, creador de su Museo de Anatomía, ex Decano de la Facultad de Medicina de París, en definitiva, prohombre de la Patria, se sitúa el Hotel Orfila. Exclusivo oasis de lujo en la mencionada y recoleta calle, cerca de la cual, por cierto, en 1936 fue apresada por anarquistas de la FAI y, con posterioridad, asesinada y martirizada en la Dehesa De la Villa por la vesania y el odio a la fe, otra mallorquina, María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa de la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico, delatada por el portero del edificio en el que se pudo refugiar en la aledaña calle de Monte Esquinza, y cuyos restos mortales descansan en la cercana Capilla “Cachito de Cielo” de la Calle Belén.
II.
El mencionado espacio (Hotel Orfila) ha sido testigo de numerosos e inolvidables encuentros, cafés y sobremesas en su precioso jardín, entre otros, con mi maestro el Profesor Cobo del Rosal, cuyas palabras vienen ahora a mi memoria, precisamente a propósito del lamento de la falta de reconocimiento en España de los errores judiciales, en parte debido a los estrechos márgenes de nuestro recurso de revisión ante el Tribunal Supremo, por cierto, cuya sede queda muy cerca del Hotel en la Plaza De la Villa de París.
III.
Pero antes de evocar algunas de las reflexiones de mi maestro, me permito subrayar, una vez más, las bondades de este hotel, la exquisita atención, extremo cuidado de cualquier detalle, la profesionalidad de quienes conforman su equipo, bien dirigidos, motivados, y extraordinariamente preparados, con un lujo de chef, Mario Sandoval, absoluto primer espada en su materia. Decorado por piezas y obras de arte de extraordinario buen gusto y valor, entre otros, un retrato del Rey Fernando VII de Vicente López.
IV.
En momentos en que la justicia criminal resulta zarandeada por las particulares contingencias de la política, con un ex presidente del gobierno de España investigado por la Audiencia Nacional, también a escasos metros, y numerosos cargos políticos investigados y/o juzgados por estos tribunales, recuerdo la sensibilidad con que ponderaba mi maestro el debido respeto del derecho a la imparcialidad de jueces y fiscales (inédita condena por delito contra la intimidad de un Fiscal General del Estado), al derecho a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva, fundamentales derechos condensados en el artículo 24.2 de la Constitución española. Entre otras razones, por la confianza que debe poder depositar la ciudadanía en la justicia y la evitación del escudo de los partidos políticos en el denominado lawfare o cualquier otro espurio interés por parte de una judicatura que en su representación en el Consejo General del Poder Judicial podría identificarse, de forma interesada, con alguna sintonía de carácter ideológico o particular medro personal.
V.
Proponía el Profesor Cobo del Rosal una radical laminación de ese injustificado privilegio del aforamiento, una más consensuada designación del Fiscal General del Estado, vía parlamentaria y no gubernamental, un más abierto acceso a la selección de jueces y fiscales por la vía de los denominados turnos (profesionales con aquilatada experiencia y neutralidad y prestigio), y una menos delegada instrucción en las unidades especializadas de Policía Judicial, cuya misión principal consiste en recabar indicios racionales de criminalidad. Pero dicho esto, como titula Emilia Landaluce en un brillante artículo en El Mundo de 16 de junio del presente 2026, “y Garzón emergió de la cloaca”.
VI.
Porque este inhabilitado ex juez nos “obsequió” recientemente con una entrevista en El País que retrata al personaje, una vez más (¿cuántos retratos de un delincuente inhabilitado por Sentencia firme del Tribunal Supremo se necesitan para caer en la cuenta de que no está bien idealizarlo o ponerlo como ejemplo en una entrevista, siquiera sea para que diga lo que convenga?). En palabras de Emilia Landaluce: “El domingo emergió Garzón, otra criatura de las aguas fecales, en El País para enturbiar el lodazal en el que chapotea la izquierda… En la entrevista, el juez inhabilitado dice cosas extraordinarias para alguien de quien conocemos su íntima relación con el ex comisario (Villarejo). ‘He trabajado muchos años con la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías autonómicas, que han hecho labores impresionantes, pero nunca he visto lo que estoy viendo ahora. En este caso (refiriéndose al de Begoña Gómez) hay juicios de valor, cuando un informe policial tiene que ser un análisis de hechos lo contrario es mediatizar al juez. Son palabras públicas. Las de sus comilonas con Villarejo y su mujer son de otra índole del primer juez, que en España recibió el apelativo de estrella y al que se apartó de la carrera por grabar en prisión, las conversaciones de los cabecillas de la Gürtel, con sus abogados'».
VII.
Para empezar, yo remitiría a numerosas publicaciones del Profesor Cobo del Rosal en relación con los jueces estrella, la Audiencia Nacional como “casa de los horrores” y al nulo respeto que este personaje les profesaba a las garantías procesales propias del Estado de Derecho. Pero por precisar, utiliza, siempre tendenciosamente, alguna terminología de técnica jurídica, para tachar indirectamente a la UCO y la UDEF, en los temas que afectan al presidente Sánchez y a su círculo (y circo) de tipos criminológicos de autor, de manipuladores de informes y de valoraciones invasivas y excesivas en el marco de su competencia, descalificando así la instrucción y haciendo al expresidente Zapatero una víctima del sistema. Omite, desconozco si voluntariamente, puesto que a fuer de leer numerosos autos suyos no creo que sea demasiado docto en Derecho, que los indicios racionales de criminalidad que deben reflejar, encontrar, recabar y aportar a la investigación las unidades de policía judicial, amén de objetivables, entrañan, ya en su desvelamiento, una inicial y prognóstica valoración. Por una parte, la racionalidad de los indicios (valoración lógica) y, por otra, su vinculación a la criminalidad que sólo define, por principio, exclusivamente el Código penal (tipos penales concretos, conceptos de autor, cooperador necesario, etc.), que, siendo ley, y para su interpretación, exige ya una previa y cierta valoración. Por tanto, los investigadores no pueden sustraerse a dicha inicial valoración jurídica, indispensable para desvelar que sea indicio y que no lo es. Por poner un ejemplo, en la actuación policial más elemental que es la detención, ya hay una valoración jurídica.
VIII.
Lo que a Emilia Landaluce le ha faltado decir en su artículo es que, si fue el primer juez estrella en España, lo fue por la operativa de una geometría mefistofélica a la que yo denomino triángulo diabólico. Se trata de: 1. Uso (y abuso) de la gestión de los arrepentidos (suave inquisición sin auténtico arrepentimiento pero con un inherente interés en el lucro de ventajas penales y procesales que genera por sistema el agravio con el impenitente que se declara inocente) o eufemísticamente colaboradores de la justicia. 2. Los medios de comunicación a los que se filtra la parte de instrucción que conviene a la propia ególatra y narcisista personalidad del propio juez estrella y a la oportunidad de medro político con instrumentalización del sistema de justicia, erigiéndose así en un político con toga (de hecho, Garzón llegó a ser diputado, y cuando su decepcionante paso por la política no le brindó la ocasión de ser Ministro del Interior (alma de comisario), regresó a su juzgado (regreso que motivó una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal con posterioridad) e intentó investigar al entonces presidente del gobierno don Felipe González Márquez, que a la luz del devenir de la historia en España, me parece un gran presidente del gobierno, o mejor dicho, expresidente del gobierno. Dicho triángulo es determinante, junto a una legislación siempre defectuosa, de macro procesos, generalmente en la Audiencia Nacional, con decenas o centenares de imputados, ralentización de los ritmos que permiten administrar justicia, y una sobre exhibición personal para mayor gloria de la figura del juez redentor de turno en España, en definitiva, de una justicia injusta.
IX.
De todas las querellas que le habrán interpuesto a este exjuez fue la de mis queridos colegas y amigos José Antonio Choclán e Ignacio Peláez (q.e.p.d.), la única que prosperó con toda razón, pero no la única que la tenía. De este tipo de jueces metidos a políticos trato en mi nuevo libro “La nueva justicia penal” (próxima publicación), con una capítulo dedicado a los errores judiciales y la responsabilidad que pueden contraer los jueces y fiscales así como la Administración (ya hablaremos de la ministra Robles conformando Sala en una Sentencia revisada por el Supremo continente un flagrante error judicial que llevó a la condena y cumplimiento de dos inocentes de nacionalidad marroquí, uno de los cuales falleció en prisión sin poder ver reconocida su inocencia).
X.
Que la Divina Pastora, cuya imagen se venera, por cierto, en la parroquia de enfrente del Hotel Orfila, Santa Elena, nos proteja, y que Dios nuestro Señor nos libre del mejor de los pleitos, porque siempre será peor que la peor de las componendas en los tiempos procesales corrientes de nuestra justicia criminal.

