Entradas

La maison francesa se alía con uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo para reinterpretar su icónico escudo a través de un diseño caleidoscópico. Una edición coleccionista que reúne dos vintages excepcionales, Dom Pérignon Vintage 2018 y Rosé Vintage 2010, en un diálogo entre tradición, experimentación y belleza.

El champagne también puede contemplarse como una obra de arte. Dom Pérignon lo demuestra con su edición limitada de final de año 2026, una colaboración con Damien Hirst que traslada el universo creativo del artista británico a dos de las referencias más emblemáticas de la maison. El resultado es una propuesta en la que el vino, el diseño y la creación contemporánea se encuentran para explorar una misma idea: la belleza como resultado de la complejidad.

La colección reúne Dom Pérignon Vintage 2018 y Dom Pérignon Rosé Vintage 2010 en dos interpretaciones visuales inspiradas en la serie Kaleidoscope de Hirst. El histórico escudo de la casa francesa se convierte en el protagonista de una composición geométrica que multiplica sus formas y transforma un emblema reconocible en una imagen en constante movimiento. El azul profundo y el rosa cálido distinguen ambas piezas, en referencia a la personalidad de cada champagne.

Damien Hirst y Dom Pérignon, un encuentro entre herencia y reinvención

La colaboración parte de una afinidad creativa: la convicción de que la innovación no exige renunciar al legado, sino encontrar nuevas formas de interpretarlo. En Dom Pérignon, esa búsqueda se materializa en el assemblage, el arte de combinar vinos para expresar la identidad de una añada. En la obra de Hirst, la selección, repetición y disposición de elementos constituyen una parte esencial de su lenguaje artístico.

Ambos procesos comparten la aspiración de alcanzar la armonía a través de la diversidad. Si el trabajo de la casa de espumosos consiste en revelar el carácter de las uvas de una cosecha concreta, el artista explora cómo la repetición y la transformación pueden generar nuevas lecturas de una composición. Dos disciplinas diferentes que encuentran en el equilibrio entre precisión y libertad un territorio común.

La edición limitada de 2026 lleva esta conexión al terreno visual. Inspirado en los patrones caleidoscópicos de Hirst, el escudo de Dom Pérignon se fragmenta, se repite y se multiplica sin perder su identidad. La imagen conserva la esencia del emblema original, pero la somete a un juego de simetrías y variaciones que parece dotarlo de movimiento. Una metáfora de la propia maison, cuya historia se construye sobre la permanencia de unos principios y la evolución constante de su expresión.

El universo caleidoscópico de Damien Hirst

Nacido en Bristol en 1965, Damien Hirst es una de las figuras fundamentales del arte contemporáneo británico. Vinculado al movimiento de los Young British Artists, alcanzó notoriedad internacional por una obra que cuestiona los límites entre belleza, vida, muerte, ciencia y religión. Desde sus célebres esculturas hasta sus series pictóricas, el artista ha desarrollado un lenguaje reconocible por su intensidad cromática, su rigor compositivo y su capacidad para provocar nuevas interpretaciones.

El motivo del caleidoscopio ocupa un lugar destacado en su universo creativo. A través de la repetición de formas y la multiplicación de fragmentos, Hirst explora cómo una misma materia puede transformarse en una estructura visual compleja. La armonía no surge aquí de la uniformidad, sino de la relación entre elementos diferentes.

Esta idea vertebra su colaboración con Dom Pérignon. El diseño no se limita a decorar las botellas, sino que traslada al objeto la lógica conceptual de su obra: tradición y cambio, orden y vitalidad, simetría y experimentación conviven en una misma composición.

La alianza se incorpora, además, a la trayectoria de colaboraciones artísticas de la maison, que durante décadas ha buscado nuevas perspectivas a través del diálogo con creadores de distintas disciplinas. De Karl Lagerfeld a Lenny Kravitz y Lady Gaga, Dom Pérignon ha explorado diferentes formas de acercar su identidad a la cultura contemporánea. La incorporación de Hirst prolonga esa apuesta por la experimentación y la reinterpretación de sus códigos más reconocibles.

Dos vintages, dos formas de entender la armonía

El diseño encuentra su correspondencia en los dos champagnes que protagonizan la edición limitada. Dom Pérignon Vintage 2018 y Dom Pérignon Rosé Vintage 2010 representan expresiones distintas, pero complementarias, de la filosofía de la maison.

El Dom Pérignon Vintage 2018 se caracteriza por una añada marcada por unas condiciones meteorológicas favorables, con abundante sol y una disponibilidad de agua adecuada para el desarrollo de la vid. La maduración temprana de las uvas permitió trabajar una expresión en la que conviven la fruta, la mineralidad, la salinidad y una mayor amplitud táctil. Su perfil se asocia al azul profundo de la edición, un color que evoca el infinito y la espiritualidad.

Por su parte, Dom Pérignon Rosé Vintage 2010 propone una interpretación más intensa e introspectiva. El Pinot Noir adquiere un protagonismo especial, aportando densidad y profundidad a un champagne que refleja la búsqueda de una expresión rosada de marcada personalidad. El rosa cálido elegido para esta edición remite precisamente a la delicadeza cromática y a la intensidad de esta variedad.

Dos perfiles que se complementan sin perder su carácter. El primero, solar y tenso; el segundo, profundo y envolvente. Juntos, componen una pareja concebida para quienes aprecian tanto la singularidad de una añada como el valor artístico de un objeto de colección.

Una edición limitada para coleccionar

La propuesta de Dom Pérignon y Damien Hirst trasciende el encuentro entre una maison de champagne y un artista. Su interés reside en la manera en que dos lenguajes creativos, el del vino y el del arte, comparten una misma aspiración: encontrar la armonía sin eliminar la complejidad.

El escudo histórico de Dom Pérignon se convierte así en el punto de partida de una nueva interpretación estética, mientras que los dos vintages aportan el carácter y la dimensión sensorial a la colección. Una edición limitada que reivindica el valor de la creación cuando la tradición no funciona como un límite, sino como el mejor punto de partida para reinventarse.