Si la juventud quiere llamar a la acción, tiene que alzar la voz, por Lucía Muñoz

Por LUCÍA MUÑOZ, diputada de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados @luciadalda

[Original publicado en el número de Fearless primavera 2022]

“Ser joven hoy en día no es fácil”, dijo la joven actriz Candela Recio en la gala de los Goya 2022. Precisamente por eso la premiada película documental “Quién lo impide” que ella co-protagoniza es una llamada a la acción. Así lo entiende también su director Jonás Trueba tras rodar durante cinco años este largometraje. Candela Recio pertenece a una generación marcada por dos grandes crisis, una en su infancia y otra en su adolescencia, un reto que se incrementa por el simple hecho de ser mujer.

“Ser joven nunca fue fácil”, nos responden desde una mirada adulta que relativiza el sufrimiento de las jóvenes generaciones. Sí, la juventud es una etapa de la vida llena de obstáculos. Pero no solo es una etapa. La juventud es un concepto cultural y por ello político. En la época de nuestras abuelas, eras joven hasta los 21 años, luego ya a los 25, ahora a los 30 e incluso hasta los 35.

Actualmente, juventud es sinónimo de precariedad, por eso ser joven hoy en día no es fácil, y menos aún ser joven y ser mujer. Y ante esto la respuesta es atrasar la incorporación de la juventud a la edad adulta. Aceptamos que es normal que las personas jóvenes cobren menos y tengan menos oportunidades, aceptamos que exista una brecha de género del 24 puntos en España (datos de CC.OO). Y la aceptación y resignación son la puerta a la precariedad más despiadada. Atrasar la etapa de juventud no es un gesto amable, es un acto de cobardía y de resignación social, y aceptar que los hombres cobren 5.000 euros más de media por el hecho de ser hombres es una lacra que no nos podemos permitir.

La precariedad además empeora la salud mental. Cuando una persona vive con un contrato basura, ahogada cada mes en alquileres, obligada a pagar el 90% de su salario si no quiere compartir piso, sin saber si tendrá un sueldo el mes que viene o si tendrá que volver con las orejas gachas a casa de tus padres, crece la probabilidad de desarrollar algún problema su salud mental. Y precisamente la incidencia de cuadros depresivos es el doble en mujeres que en hombres, según datos del INE de 2020.

Detrás de los suicidios, la depresión y la ansiedad de la juventud se esconde la precariedad. Así lo confirma un estudio sobre la relación de la situación laboral de personas jóvenes y su salud mental realizado por investigadoras del Centro de Investigación en Salud Laboral de la Universidad Pompeu Fabra, y del Instituto hospital del Mar de Investigaciones Médicas de Barcelona.

Por todo ello, el retrato de las jóvenes generaciones que nos encontramos a día de hoy en nuestro país nos tiene que hacer reflexionar, precisamente en el Año Europeo de la Juventud, en cómo se mira a la juventud desde una perspectiva adulta. Porque ser joven nunca ha sido fácil pero eso no nos tiene que impedir ver la situación dramática en la que nos encontramos.

El problema es que la juventud no es solo una etapa de la vida, también es una condición social en el escenario de las relaciones de poder, una condición de subordinación a las personas adultas. Existe una jerarquía generacional en la sociedad, un sistema de dominio de las personas adultas sobre las personas jóvenes, al que hace referencia el concepto de “adultocentrismo”.

En consecuencia, uno de los retos de las personas jóvenes es tener voz como generación que no quiere ser golpeada de nuevo, ser capaces de apoyarnos mutuamente y de pelear para que nuestros derechos sean papel mojado. Desde la estudiante que trabaja de camarera hasta el Congreso de los Diputados, ofreciendo un marco regulativo contra la precariedad y creando posibilidades feministas de futuro para la juventud de nuestro país. Si la juventud quiere llamar a la acción, debe alzar la voz. La buena noticia es que nadie lo impide.